sábado, 5 de enero de 2019

La diferencia entre violencia machista y doméstica .


  ¿Por qué no son iguales todas las violencias? La diferencia entre violencia machista y doméstica


La violencia intrafamiliar en la que ahora quieren poner el foco Vox y PP ya está tipificada en el Código Penal; en ocho años fueron asesinadas más de 500 mujeres y 67 hombres por sus parejas o exparejas

La violencia de género es la que se ejerce por "una diferencia subjetiva entre sexos". Englobarlo junto a la violencia doméstica sería "encubrir las cifras que ha costado tanto evidenciar", explican desde Themis

"La doméstica sitúa el problema en el escenario, en lugar de hacerlo en la construcción de género que da lugar a la violencia contra las mujeres", argumenta el exdelegado del Gobierno Miguel Lorente

Belén Remacha   
El diario.es


El PP de Pablo Casado se ha plegado a Vox y le ha ofrecido comprometerse a aportar  ayudas a los hombres que sufran "violencia doméstica". El líder del partido lleva, desde que Vox comenzó a hacer campaña contra las leyes para erradicar lo que ellos llaman "ideología de género", evitando en ocasiones referirse a la violencia machista como tal. El día 3 de enero, Casado habló de la joven asesinada por su novio en Cantabria como de "la primera víctima de violencia doméstica de este año".

Entre 2008 y 2016, más de 500 mujeres y 67 hombres fueron asesinados por sus parejas o exparejas. Hasta que se implantó la Ley de Violencia de Género en 2004, con el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, en España se juzgaba la violencia contra las mujeres por parte de sus parejas o exparejas bajo el paraguas de la violencia doméstica o familiar que ahora pretenden recuperar Casado y Abascal. María Durán Febrer, vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, recuerda que lograr esa denominación fue un "caballo de batalla": "En la violencia doméstica no hay una carga histórica de dominación y creencia de poder sobre la mujer. Esa es la diferencia".


Desde ese año 2004, el consenso para que se le llame violencia de género se ha ido ampliando, y de hecho desde el feminismo hay voces –también lo ha defendido Podemos desde su creación– que abogan por que el término que se generalice sea 'violencia machista'. También por que se  amplíe el concepto a la violencia  ejercida fuera de la pareja. En 2015, Ciudadanos hizo un intento en su programa electoral de eliminar las penas específicas por violencia de género que tuvo que retirar de cara a los comicios del 26-J.

La violencia doméstica ya está protegida
La violencia doméstica es aquella que se produce en un entorno de convivencia entre los miembros de un núcleo familiar. Durán Febrer recuerda en conversación con eldiario.es que ese tipo de violencia contra los hombres ya está protegida por el Código Penal: el artículo 173.2 castiga a aquel que "habitualmente ejerza violencia física o psíquica sobre quien sea o haya sido su cónyuge o sobre persona que esté o haya estado ligada a él por una análoga relación de afectividad aun sin convivencia" o sobre una persona con la que tenga "cualquier otra relación por la que se encuentre integrada en el núcleo de su convivencia familiar", con especial foco en personas vulnerables por ser dependientes.

La violencia de género, según la describe el Instituto de la Mujer, "ha sido y sigue siendo una de las manifestaciones más claras de la desigualdad, subordinación y de las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres". "Se basa y se ejerce por la diferencia subjetiva entre los sexos. Las mujeres sufren violencia por el mero hecho de ser mujeres", continúan. La ONU también se centra específicamente en la violencia contra la mujer, y estima que el 35% de las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental o violencia sexual por parte de otra persona distinta a su compañero sentimental.

Por ello, volver a apostar por mezclar términos, en opinión de Durán Febrer, sería "encubrir las cifras que ha costado tanto evidenciar. Volver a tenerlo como algo que se queda en el entorno de la familia".También lo explica así en un extenso artículo Miguel Lorente, forense y exdelegado del Gobierno para la Violencia de Género. Para él, el primer problema que planteaba englobar la violencia machista dentro de la doméstica es que, antes de 2004, "muchos de los homicidios de mujeres en parejas sin convivencia –novios o exparejas– no se contabilizaban". Esos argumentos, escribe, forman parte de "estrategias" del machismo para mantener su "status y privilegios".

Hay dos consecuencias de recalcar una y otra vez la idea de que "toda violencia es violencia, o que los hombres también sufren violencia", incide Lorente. El primero, "ocultar la violencia contra las mujeres entre otras violencias para que no se conozca bien su dimensión y consecuencias, tal y como sucedía en 2003 antes de la LIVG". El segundo, "ocultar la construcción del machismo y esa normalización que existe detrás de ella. Hablar de violencia doméstica o familiar, además de mezclar y confundir las distintas violencias, sitúa el problema en el escenario, ese ambiente familiar o doméstico, en lugar de hacerlo en la construcción de género que da lugar a la violencia contra las mujeres".

Por otra parte, Durán Febrer también se refiere al argumento de las denuncias falsas. A lo largo del 2016, la Fiscalía no probó que se hubiera producido ninguna en el ámbito de la violencia de género. En los 8 años anteriores, de las 1.055.912 denuncias presentadas solo en 79 casos hubo sentencias por falsedad (0,0075 %). Lo que recuerda la vicepresidenta de Themis es que esa cifra, además de mínima, es "ínfima en relación con las denuncias falsas sobre accidentes de tráfico o sobre objetos o inmuebles asegurados. Es decir, son muchas más las denuncias falsas cuando hay que cobrar de la compañía de seguros que por violencia de género". 
https://www.eldiario.es/sociedad/diferente-violencia-domestica-genero_0_853564783.html

Notas del blog .-  Ante el espanto de Ciudadanos y una cierta perplejidad del Partido Popular, Vox ha decidido tocar uno de los nervios más sensibles de la sociedad española: el de los derechos de las mujeres. Al pinzar ese nervio, cambia el marco del debate. Ya no se discute únicamente sobre las características del cambio de gobierno en Andalucía. Ahora la atención se centra en las perspectivas de la política española a corto plazo, ante la posibilidad de que la gobernación de este país quede condicionado en los próximos meses por un partido de extrema derecha conectado con la internacional populistas que gira en torno a las posiciones del presidente norteamericano Donald Trump y sus más conspicuos discípulos: Jair Bolsonaro, Matteo Salvini y Marine Le Pen, entre otros. Esa expectativa es real. Esa puede ser la nueva “realidad” de la política española. Esta semana ha quedado claro .. https://www.lavanguardia.com/politica/20190105/453932763223/enfoque-enric-juliana-vox-cs-pp-andalucia-analisis.html




La extrema derecha no tiene nada que perder y todo por ganar. El órdago de Vox sobre la violencia de género es, en este sentido, un manual de éxito seguro: lo sitúa en posición de eje por donde vuelve a pivotar el debate de género, que, aparentemente, estaba cerrado y había conciliado amplios consensos; con ello prueba su capacidad de crear complicidades sociales con sus posiciones ultras, gana espacios ideológicos al polarizar en los extremos a la sociedad y recuerda su posición de fuerza emergente en el panorama político, mientras lanza un aviso para navegantes azules y naranjas, a los que pone en situación de rey desnudo. Es decir, los desnuda ante su pacto ignominioso, no en vano los maximalismos ultras desmontan la campaña de blanqueo que peperos y ciudadanos habían hecho de los Vox boys. Además, les avisa de dicha naturaleza del pacto y de los problemas que les acarreará en el futuro. Y lo que es más letal, pone en jaque las posiciones políticas de la derecha, ante su electorado, cada vez más escorado en el córner extremo. Por supuesto, parece evidente que no pueden aceptar los postulados de Vox respecto a la violencia de género, pero les abre un boquete ideológico entre sus votantes. Todo sumado, si PP y Cs no aceptan, Vox gana: se mantiene en su ideario y demuestra músculo político. Si PP y Cs aceptan, se derrumba su credibilidad política, provocan un escándalo social y pierden centralidad. Lo cual nos lleva a la lección que la historia repite insistentemente y nunca acabamos de aprender: irse a la cama con la extrema derecha siempre significa dormir con el enemigo.
dice comentario  ninja45 en  https://www.cuartopoder.es/cultura/comunicacion/2019/01/05/antonio-maestre-apm-fape-algunos-vivan-de-ellas/




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