jueves, 13 de agosto de 2026

La guerra del petróleo.

 

Quid pro quo .


En 2020, cuando luchaba contra Joe Biden, un candidato al que no quería nadie pero que, como Zelensky, consiguió llegar al poder con una campaña en la que insistía simplemente en que no era su oponente, Donald Trump trató de conseguir del presidente ucraniano el kompromat -material comprometido- con el que acabar con cualquier posibilidad de victoria Demócrata. Zelensky había llegado al poder apenas unos meses antes con una campaña en la que únicamente tuvo de dejar hablar a Petro Poroshenko, que en sus cinco años de mandato se había deslegitimado tanto que el aspirante apenas tuvo que esforzarse para derrotarle. La legislatura de Zelensky comenzó con una falsa esperanza que nadie debió creer, pero que caló incluso en Rusia: si el nuevo presidente quería diferenciarse de su predecesor, tenía que prometer, como hizo para después no cumplir, limitar las leyes nacionalistas y lograr un compromiso con Moscú para detener la guerra en Donbass. Ese discurso dio a Zelensky una abrumadora victoria en las elecciones presidenciales y la mayoría absoluta en el Parlamento, otorgándole el control político absoluto del país y la fortaleza de permitirse decir que no al entonces presidente de Estados Unidos. Ayudó, sin duda, que Zelensky y su equipo percibieran que las posibilidades de reelección de Trump eran escasas.

Ucrania no ayudó a Donald Trump suministrando los datos que el Partido Republicano buscaba para probar la corrupción de la familia Biden y que tenían uno de sus escenarios preferidos en Ucrania. Allí, Joe Biden se había jactado de haber dado a Ucrania la orden de cesar al Fiscal General del Estado y su hijo Hunter, que carecía de la cualificación para el puesto, había sido obsequiado con un lucrativo cargo en el consejo de administración de Burisma, la mayor empresa privada del sector del gas, algo que siempre pareció un pago por los servicios prestados. Burisma debía ser la carta escondida en la manga de Trump, que ofrecía a Ucrania apoyo de Estados Unidos a cambio de ese material comprometido con el que compensar la mala situación económica con la que el presidente Trump se aproximaba a las elecciones, una circunstancia que hacía prácticamente imposible su victoria. Su derrota se debió a la coyuntura económica vinculada a la pandemia y al malestar social que se había creado durante el verano por el asesinato de George Floyd, las posteriores manifestaciones de Black Lives Matter y la movilización social y política que eso generó. Sin embargo, Donald Trump nunca dejó de reprochar a Zelensky que no le ayudara en su misión de derrotar a Joe Biden. El quid pro quo que, a la desesperada, a las puertas de la derrota, buscó Donald Trump se convirtió muy pronto en una alianza Biden-Zelensky que dio grandes réditos al presidente ucraniano, cuando su homólogo estadounidense reaccionó con rapidez y entusiasmo en el momento en el que le notificó que no necesitaba “un transporte, sino munición”.

Los tiempos y el Gobierno de Estados Unidos han cambiado y Zelensky ha alargado indefinidamente su legislatura gracias a la ley marcial, pero las necesidades de Ucrania siguen siendo las mismas. El presidente ucraniano, que hace un año fue sometido a la humillación del Despacho Oval, una reunión en la que tuvo que soportar un discurso en el que se le insistía que Ucrania carecía de cartas que jugar en la guerra, ha conseguido dar la vuelta a la relación con Estados Unidos y es ahora un proxy importante para Washington en su intento de controlar el mercado mundial de petróleo. Solo seis meses después de aquel recordado encuentro en la Casa Blanca, Donald Trump había comprendido ya la utilidad que Ucrania podría tener para Estados Unidos. Solo así pueden entenderse los pasos dados por el presidente estadounidense en el verano de 2025.

Por una parte, desde la tribuna de la Asamblea de Naciones Unidas, Donald Trump dio órdenes a sus aliados europeos de prohibir la adquisición de petróleo y gas ruso. En su encuentro con Zelensky, el líder estadounidense sugirió que Ucrania podría ganar la guerra e incluso recuperar sus territorios perdidos, algo tan falso como la afirmación de que Kiev carecía de cartas con las que luchar (Ucrania seguirá teniendo cartas mientras los países europeos sostengan el Estado y el ejército ucraniano). Fue entonces, y no ahora debido al espejismo mediático del cambio de tendencia en la guerra, cuando se gestó el en la postura de Trump que, por otra parte, autorizó la operación ucraniana que tenía como objetivo destruir las infraestructuras petroleras rusas. Como confirmaron los medios meses después, Estados Unidos aporta la inteligencia que hace posibles los ataques.

Si algo ha quedado claro este último año es la voluntad de Donald Trump de mantener el control del flujo del petróleo en sus manos o en las de sus aliados. Estados Unidos ha atacado directamente a dos grandes productores que no se encontraban bajo su tutela, Venezuela e Irán, este último con un resultado desastroso que, pese a negar a diario, se hace cada vez más evidente. Indirectamente, tanto gracias a la intervención ucraniana como a las sanciones, a las que se han sumado recientemente algunas incautaciones europeas de buques de la flota fantasma, Estados Unidos ha atacado también al principal productor rival político y petrolero de Estados Unidos, la Federación Rusa. Pese a las aparentemente buenas palabras de Trump y las sonrisas de Witkoff en cada una de las muchas ocasiones en las que ha visitado el Kremlin, la lucha de Estados Unidos contra el petróleo ruso era evidente incluso antes de que el presidente diera su visto bueno para la tramitación de la ley con la que aspira a imponer aranceles prohibitivos a los clientes del crudo ruso.

Sin embargo, todo tiene sus límites. “Ucrania ha suspendido una intensa campaña de ataques con drones contra petroleros que utilizan un puerto clave del mar Negro, tras una petición realizada a finales del mes pasado por el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, según fuentes oficiales ucranianas”, explicaba ayer Financial Times, que añadía que “Washington estaba alarmado por el hecho de que Ucrania estuviera desestabilizando aún más los mercados petroleros y perjudicando a las empresas estadounidenses al atacar petroleros que transportaban crudo desde Kazajistán hasta una terminal del Consorcio del Oleoducto del Caspio (CPC) en el puerto ruso de Novorossiysk”. Durante los meses de hostilidades de alta intensidad en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el petróleo ruso -y también el iraní- recibió exenciones a las sanciones para evitar un alza prohibitiva que desestabilizara completamente la economía mundial. Controlado el ascenso, el petróleo ruso ha dejado de ser la solución que fue durante un tiempo para volver a ser un rival al que expulsar del mercado y cuyas infraestructuras pueden ser destruidas. Eso sí, sin que eso perjudique a las empresas estadounidenses y su oligarquía, una de las bases del apoyo del trumpismo.

El objetivo de la llamada a Kiev es proteger los intereses de Exxon y, sobre todo, Chevron, una de las grandes ganadoras de estos años también en Venezuela. A finales de julio, The Wall Street Journal ya había explicado que “el director ejecutivo de Chevron, Mike Wirth, se reunió a principios de esta semana con responsables de la Administración Trump para tratar un asunto urgente: cómo evitar que las enormes operaciones del gigante petrolero estadounidense en Kazajistán se conviertan en daños colaterales de la guerra entre Ucrania y Rusia. Un reciente ataque con drones ucranianos alcanzó a cuatro petroleros, incluido uno fletado por Chevron, en el mar Negro, cerca de Novorossiysk. Este puerto ruso es un centro clave para la exportación de petróleo y el punto de llegada de un oleoducto —del que Chevron es copropietaria— que suministra el 2% del abastecimiento diario mundial de petróleo. Desde entonces, se han restringido las cargas de crudo en el oleoducto, lo que ha obligado a Kazajistán a reducir la producción de petróleo debido a su limitada capacidad de almacenamiento”. Ayer, Ucrania se jactó de sus ataques contra Novorossiysk, pero no bombardeó las infraestructuras petroleras, sino la base de la flota rusa del mar Negro.

Al contrario que en el caso del Nord Stream, cuando Ucrania supuestamente incumplió la orden de la CIA de no continuar con la operación de destrucción del gasoducto copropiedad de Alemania y Rusia, es previsible que, en esta ocasión, Kiev cumpla con lo exigido por Washington. Estados Unidos había luchado durante años contra el gasoducto rusoalemán por la competencia que suponía. En este caso, insistir en estos ataques supondría perjudicar a las grandes empresas norteamericanas, algo que Ucrania no puede permitirse, al menos a priori. Porque, a juzgar por lo publicado ayer por Financial Times, la actuación ucraniana busca ser un quid pro quo similar al que Trump esperaba de Zelensky en 2020. “Una persona familiarizada con la posición de Ucrania dijo que Kiev accedió a la solicitud de la administración Trump porque estaba buscando una licencia de Estados Unidos para producir misiles interceptores Patriot. También espera comprar varios cientos de ellos antes del invierno, cuando se espera que Rusia intensifique sus asaltos aéreos contra la infraestructura crítica. Zelensky le dijo a Vance durante la llamada del 31 de julio que los Patriots y la defensa aérea eran la «máxima prioridad» de Kiev, según dijo la oficina del presidente ucraniano”, explicaba el medio. Tan a la desesperada como Donald Trump durante la campaña en la que se esperaba la derrota, Ucrania busca utilizar el argumento de la protección de los intereses estadounidenses en Kazajistán para conseguir lo que no puede lograr de otra manera, misiles para su defensa aérea, una petición que Estados Unidos no puede cumplir de la forma que Zelensky desea. La única duda es si Ucrania cumplirá las órdenes de Washington con la esperanza de conseguir lo que pide o si utilizará ataques cercanos a esos intereses estadounidenses como chantaje para lograrlo.

https://slavyangrad.es/2026/08/13/quid-pro-quo/#more-35100



 Nota  del Blog  .


  Nada nuevo . A estas alturas   esta claro que esta  es la guerra del petróleo y del petrodólar base  del sostenimiento de la  deuda americana   y de su hegemonía . Después de Venezuela , Irán  y luego Rusia  por  si alguien se se creyó que Trump estaba aliado con  Putin. O que el apoyo a  Netanyahu  y a  Israel era   otra cuestión . Trump con  Irán  ha perdido la batalla , pero aun no sabemos si  la. guerra . Y así cuando Kiev  destruye refinerías en la  Federación rusa Trump le apoya .Eso que los logros de Kiev  son poco significativos  a pesar de la propaganda  ya que solo afecto a un 19 %  .  El dominio  de Moscú  sobre el espacio de Kiev   es total https://slavyangrad.es/2026/08/07/35061/#more-35061  y los misiles rusos ya no logran interceptarlos por eso la prisa de Kiev en conseguir mas Patriots, pero la empresa que los produce  no cede su patente  por ello hay que pagárselos y fabricarlos en USA. Y como en este  momento a  ningún país  le sobran Kiev está  sin ellos.


LDM

miércoles, 12 de agosto de 2026

¿ Una OTAN musulmana?

 

La “OTAN musulmana” marca el fin de la hegemonía de EEUU

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmaeil Baqaei, calificó el pacto como una señal de que los países de la región están dejando de depender de Estados Unidos para su seguridad.

Alex Keiner,


12 agosto, 2026


( Analista estadunidense)  

Pakistán, Arabia Saudita y Turquía firmaron el «Acuerdo de Fuerza Conjunta de La Meca», un pacto de defensa mutua. Su disposición más destacada es similar al Artículo 5 de la OTAN, según el cual un ataque contra cualquiera de las tres naciones se considerará un ataque contra las tres. Esto llevó a los analistas a calificar inmediatamente el acuerdo como la «OTAN musulmana», aunque por lo demás no guarda ninguna similitud. 

Para empezar, el texto completo del acuerdo no se ha hecho público. En su lugar, solo contamos con una breve declaración conjunta de los tres firmantes: 

Guiados por los lazos históricos de larga data entre los tres estados, basados en los vínculos perdurables de hermandad y solidaridad islámica que los unen, y aprovechando sus intereses estratégicos compartidos y su cooperación en materia de defensa de larga data, Su Alteza Real el Príncipe Heredero, el Presidente de Turquía y el Primer Ministro de Pakistán firmaron el Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca, que refleja el compromiso compartido de los tres estados de fortalecer aún más su seguridad colectiva y de promover la paz, la seguridad y la estabilidad en la región y más allá, en busca de un futuro seguro y próspero. 

El acuerdo tiene por objeto reforzar la disuasión colectiva contra cualquier acto de agresión y estipula que cualquier ataque armado contra cualquiera de los tres estados será considerado un ataque contra todos ellos. Asimismo, prevé el fortalecimiento de todos los aspectos de la cooperación en materia de defensa entre los tres estados.

Además, al menos por ahora, el acuerdo no parece prever una organización formal, una sede central ni estructuras de mando conjuntas. A pesar de ello, el acuerdo podría convertirse en uno de los acontecimientos geopolíticos más trascendentales derivados de la actual crisis en Oriente Medio. 

¿Una alianza proisraelí o antiisraelí?

Dado que los tres signatarios son, al menos formalmente, aliados de Estados Unidos, muchos analistas interpretaron el anuncio del viernes como la creación de una nueva alianza que, en última instancia, serviría a los intereses estadounidenses en Oriente Medio y, por extensión, representaría un nuevo baluarte para la defensa de Israel. Sin embargo, creo que esas interpretaciones resultarán erróneas.

Un punto en común para estas tres naciones es que todas han sido amenazadas por Israel en el pasado. El proyecto de Eretz Israel, o Gran Israel, tiene ambiciones territoriales muy significativas que incluyen una gran parte de Arabia Saudita. Aquí les mostramos un mapa de la visión de los líderes sionistas: 

Como podemos observar, Eretz Israel también incluye una parte de Turquía y la mayor parte de Siria, territorio que Turquía considera su propia esfera de influencia estratégica. Esto ha puesto a Turquía en el punto de mira de la creciente retórica bélica de los funcionarios israelíes.

Por ejemplo, el ministro israelí de Asuntos de la Diáspora, Amichai Chikli,afirmó que Israel debería prepararse para un posible enfrentamiento futuro con Turquía, calificando un encuentro naval como algo que «no es imposible» y que «podría ocurrir incluso mañana por la mañana». 

El ministro de Defensa, Israel Katz, advirtió explícitamente a Turquía contra el aumento de su presencia en Siria, y el ex primer ministro Naftali Bennett ha calificado a Turquía como el «nuevo Irán» y una amenaza estratégica. El primer ministro Benjamin Netanyahu declaró que se toma «muy en serio» las declaraciones antiisraelíes del presidente Erdogan y presionó a la administración Trump para que no vendiera aviones F-35 a Turquía, argumentando que destruiría el equilibrio de poder regional. 

La ambición de aplastar a Pakistán

Ese “equilibrio de poder regional” también puso a Pakistán en el punto de mira de los sionistas, y en este sentido, Israel ya ha planeado acciones hostiles contra Pakistán en colaboración con su aliado, India. Ya en 2011, Benjamin Netanyahu hizo la siguiente declaración: 

«…nuestra misión más importante es impedir que un régimen islámico radical adquiera armas nucleares, o que armas nucleares se encuentren con un régimen islámico radical. El primero se llama Irán. El segundo se llama Pakistán. Porque si estos regímenes radicales poseen armas nucleares, no respetarán las normas que se han respetado durante las últimas casi siete décadas.»

El plan para someter y neutralizar a Pakistán es claramente de larga data, con el pleno apoyo de los grupos de presión sionistas e indios en Washington D.C. Las acusaciones y la retórica bélica habituales ya circulan en los medios de comunicación populares, llegando incluso a calificar a Pakistán como un Estado patrocinador del terrorismo. 

De hecho, el temor a que una nación islámica posea una bomba nuclear no es algo nuevo: es la razón por la que Israel atacó Egipto en 1967 e Irak en 1981. 

Operación Shakti

En 1981, Israel elaboró un plan para atacar el programa nuclear de Pakistán. En este plan, India apoyaba a Israel proporcionando bases aéreas donde los F-16 y F-15 israelíes pudieran aterrizar y repostar antes de los ataques. Los indios bautizaron el plan como «Operación Shakti» y los pilotos israelíes ya habían comenzado su entrenamiento.

Sin embargo, el servicio de inteligencia pakistaní ISI se enteró de esto y el entonces gobernante del país, Zia ul-Haq, reaccionó de inmediato, advirtiendo a Israel que si atacaban las instalaciones nucleares de Pakistán, Pakistán atacaría Dimona. Ul-Haq también lanzó una advertencia a la India. Ante la perspectiva de una guerra a gran escala contra Pakistán, la India dio marcha atrás. Sin la ayuda de la India, Israel no tenía forma de llevar a cabo el ataque, por lo que el plan fue archivado.

En 1998 se estaba elaborando un nuevo y mejorado plan. En aquel entonces, el gobierno pakistaní recibió un informe de inteligencia que indicaba que India e Israel planeaban nuevamente llevar a cabo un ataque conjunto contra las instalaciones nucleares del país. Shamshad Ahmad(exsecretario de Relaciones Exteriores de Pakistán) explicó el informe de inteligencia que recibieron: 

“Señor, acabamos de recibir un informe de inteligencia que indica que en un aeropuerto indio, escuadrones de las fuerzas aéreas indias e israelíes están posicionados y preparándose para un ataque contra las instalaciones nucleares de Pakistán en Baluchistán. Luego llamé a nuestro embajador en Nueva York, Ahmed Kamal .” 

Le dije: «Ve a CNN y di que Pakistán tiene información de que India e Israel están a punto de lanzar un ataque conjunto contra Pakistán». El embajador apareció en directo en CNN y tuvo un buen impacto, porque si India e Israel hubieran tramado tal plan, se habría cancelado antes de la mañana.

Como aliado no occidental más importante de Israel, India ha mantenido una estrecha colaboración con la inteligencia israelí para coordinar acciones contra Pakistán. En particular, tras la humillación sufrida a manos de la Fuerza Aérea pakistaní durante su breve enfrentamiento en mayo de 2025, India se ha mostrado deseosa de apoyar el próximo ataque israelí contra Pakistán. 

El verano pasado, el periodista pakistaní Hamid Mir explicó qué fue lo que atrajo la atención mundial sobre este tema: 

Curiosamente, la guerra de los doce días [entre Israel e Irán] puso al descubierto los planes para una nueva guerra: Israel e India contra Pakistán. Ahora, la amenaza de una nueva guerra se cierne sobre el sur de Asia. Esta amenaza no es solo producto de la imaginación. 

La cumbre de La Meca significa el fin de la hegemonía estadounidense en Asia Occidental.

En vista de todo esto, sería difícil imaginar por qué Pakistán, Arabia Saudita o Turquía se unirían para defender a Israel. Lo más probable es que se unieran para protegerse de Israel y sus aliados occidentales, incluidos Estados Unidos, el Reino Unido, la OTAN y, en el caso de Pakistán, también de la India.

A juzgar por las declaraciones de Teherán y las acciones de Ansarallah en Yemen, es evidente que no se sienten amenazados por la nueva alianza. Por ejemplo, ayer mismo, Ansarallah de Yemen lanzó un ataque con drones contra una refinería de Saudi Aramco en Jazan, seguido de un ataque contra las fuerzas respaldadas por Arabia Saudí en el puerto yemení de Mocha. Esta mañana, Teherán emitió un comunicado oficial sobre el Acuerdo de Fuerzas Conjuntas de La Meca.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmaeil Baqaei, calificó el pacto como una señal de que los países de la región están dejando de depender de Estados Unidos para su seguridad. Subrayó que, desde la perspectiva de Teherán, el tratado no está dirigido contra Irán, haciendo hincapié en los profundos lazos históricos y religiosos que lo unen a Arabia Saudita, Turquía y Pakistán.

Creo que la declaración del Sr. Baqaei es correcta. No mencionó que las tres naciones e Irán se enfrentan a una amenaza común y a los mismos enemigos. La nueva «OTAN musulmana» representa una reconfiguración del equilibrio de poder en la región y el surgimiento de una nueva arquitectura de seguridad que claramente no tiene cabida para Estados Unidos, el Reino Unido, la OTAN ni Israel.

Esta opinión se ve corroborada por la notoria ausencia de cualquier declaración oficial del gobierno de Trump sobre el acuerdo de La Meca, lo que sugiere que no fueron consultados ni participaron en la elaboración del nuevo pacto de defensa. Ese silencio denota vergüenza por haber sido excluidos de acontecimientos tan trascendentales por sus propios aliados. Pero lo que puede resultar embarazoso para el gobierno estadounidense podría generar pánico en Israel.



https://observatoriocrisis.com/2026/08/12/la-otan-musulmana-marca-el-fin-de-la-hegemonia-de-eeuu/


Nota del blog .
Es bien cierto, que los conflictos   y mas los de guerras  son imprevisibles  por donde pueden derivar  y estallar. El craso error de los sionistas  y americanos al atacar a Irán ..destapo  una caja de Pandora .  Tampoco es extraño que  desde Oriente le denomine a  Oriente Medio  , Asia Occidental .

domingo, 9 de agosto de 2026

Como Israel ayuda a los nazis ucranianos.


Detrás del escenario están los genocidas: Israel instruye silenciosamente a la maquinaria de guerra de Ucrania


Fabrizio Poggi

No hacía falta alardear de habilidades analíticas especiales ni de un conocimiento específico de los hechos para escribir, como hice hace unos días , que la destitución del ahora exministro de Guerra ucraniano, Mikhail Fyodorov, se basaba esencialmente en cuestiones de «negocios». En las «decisiones» del régimen del golpe nazi en Kiev, la mano de los asesores externos del régimen siempre aparece entre los pliegues de las «decisiones autónomas» de la junta. Dinero; mucho dinero que va y viene entre Kiev y los centros de negocios llamados «gobiernos», encargados de administrar las ganancias de la industria bélica europea. Ahora bien, de hecho, nuestro conocimiento limitado no nos permite determinar cuáles, exactamente, de las multinacionales del complejo militar-industrial occidental se sintieron «ignoradas» y cuáles otras, por el contrario, se beneficiaron de las decisiones del «modernizador de treinta y cinco años», como el Corriere della Sera, apostando evidentemente por un ambiguo factor de «juventud», define al exministro, «partidario de una guerra cada vez más automatizada». Pero no cabe duda de que la decisión de Zelensky de destituir inmediatamente a la primera ministra Yulia Sviridenko, lo que conllevó la disolución de todo el gabinete y, por consiguiente, la destitución del ministro de Guerra, que no fue reelegido en el nuevo gobierno, estuvo vinculada a las recomendaciones de los asesores externos del régimen. Esto viene ocurriendo desde 2014, cuando, tras un golpe de Estado nazi dirigido personalmente en Maidan Nezalezhnosti por funcionarios de la Embajada de Estados Unidos y del Departamento de Estado, fue la propia Victoria Nuland quien ordenó el nombramiento del banquero Arsen Yatsenyuk como primer ministro. Una junta militar golpista impuesta desde el exterior desde sus inicios, que sigue gobernada únicamente por los intereses estratégicos de la UE, Estados Unidos y la OTAN, cuyos líderes, designados por los padrinos euroatlánticos, actúan en todo caso solo según los dictados de asesores externos.

 Sigue ..

 https://geoestrategia.eu/noticia/46516/ultimas-noticias/detras-del-escenario-estan-los-genocidas-israel-instruye-silenciosamente-a-la-maquinaria-de-guerra-de-ucrania.html

sábado, 8 de agosto de 2026

El colapso de la defensa aérea en Ucrania

 

Misiles Patriot y el colapso de la defensa aérea

 “Las fuerzas ucranianas no lograron derribar ni un solo misil ruso en la madrugada del miércoles durante el último bombardeo aéreo de Moscú sobre Kiev y la región circundante, lo que, según el presidente Volodymyr Zelensky, se debió a la drástica reducción de los sistemas antibalísticos suministrados por sus aliados, entre ellos Estados Unidos”, escribía el miércoles The Washington Post. El texto se refería a los bombardeos de la noche del martes al miércoles, en la que Ucrania fue capaz de derribar drones, pero Rusia consiguió que los 28 misiles balísticos lanzados llegaran a su destino, un colapso -o estrategia de exagerar la derrota para justificar exigir aún más misiles para los sistemas Patriot- de las defensas aéreas ucranianas que no es un hecho aislado. Desde hace varios días, la aviación rusa ha podido volar más cerca del frente, en parte atrayendo a los cazas ucranianos, pero también probando la disponibilidad de misiles defensivos.

Repentinamente, Rusia ha sido capaz de lograr ciertos avances en el frente terrestre, acercándose a los grandes núcleos urbanos de Donetsk y comenzando operaciones de reconocimiento en lugares como Orejov, localidad de Zaporozhie a la que no había podido llegar. Moscú se aprovecha también de la novedad que son los misiles Banderol, un arma intermedia entre los drones, más sencillos de derribar, y los misiles, mucho más caros de producir. Saturar las defensas ucranianas siempre ha sido la táctica rusa, pero el resultado está siendo más exitoso actualmente.

En la retaguardia, Ucrania sigue jactándose de grandes éxitos contra las refinerías y los almacenes logísticos de Wildberries, actos que Zelensky califica a diario de sanciones de largo alcance. Esas imágenes logran paliar ligeramente otras similares que se producen en Ucrania. “Rusia ha destruido más de 400.000 metros cuadrados de almacenes y complejos logísticos ucranianos desde principios de julio de 2026.

Entre las empresas afectadas figuran Fozzy Group, Novus, Rozetka, Epicentr, Nova Poshta, Puma, Liqui Moly y Toyota Ucrania. La región de Kiev ha perdido ya más de un millón de metros cuadrados de superficie de almacenamiento desde el inicio de la invasión a gran escala, lo que supone aproximadamente la mitad de su capacidad previa a la guerra”, admitía Forbes Ukraina, que apunta a cuáles están siendo actualmente algunos de los objetivos prioritarios de Rusia, la logística en la que supone que pueden almacenarse misiles y otro material militar. Ante la dificultad de las defensas de proteger la enorme cantidad de objetivos que existen en ambos países, Rusia y Ucrania apuestan por intentar destruir las armas sobre el terreno, una forma de actuar que requiere de un fuerte aumento de la producción o, en el caso de Kiev, del suministro de armas por parte de sus aliados. Para Rusia, estos objetivos son aún más claros, ya que Ucrania no cuenta con una industria militar tan amplia como la rusa, que supone un elevado número de blancos contra los que Kiev aspira a utilizar sus drones y, sobre todo, misiles.

“Ucrania está indefensa contra los misiles balísticos rusos. Rusia está indefensa contra nuestros drones y misiles de crucero. Su defensa aérea protege a Moscú, San Petersburgo y las residencias de Putin. Ucrania tiene suficientes armas para hacer arder Rusia sin la aprobación de sus socios”, afirmó ayer Dmitro Kuleba, exministro de Asuntos Exteriores. “Junto con nuestros socios, debemos crear nuestro propio sistema nacional de defensa aérea. El ejército sabe que su tarea es destruir los lanzadores enemigos para reducir el número de ataques contra Ucrania, contra la infraestructura estratégicamente importante y contra los civiles. Lo están haciendo y seguirán haciéndolo”, se había jactado horas antes Zelensky.

Sin embargo, frente a las crecientes dificultades de la defensa aérea ucraniana, Rusia consiguió ayer derribar todos los misiles Flamingo con los que Kiev trataba de atacar la principal refinería del país. Se trata de la tercera ocasión en unos días en la que ninguno de los proyectiles ucranianos consigue impactar en territorio ruso a pesar de conseguir penetrar en el espacio aéreo y utilizar la estrategia de seguir las rutas de los ríos y volar a baja altitud para engañar a las defensas rusas. Estos éxitos rusos son menos mediáticos que las imágenes de ataques contra almacenes de comercio electrónico o refinerías.

Con sus palabras, Kuleba confirmaba abiertamente la estrategia de empeorar al máximo la situación sin más objetivo que obligar a Rusia a ceder. La táctica rusa no es excesivamente diferente y el Kremlin también busca hacer inviable para Ucrania continuar luchando, pero lo hace para conseguir su objetivo territorial, el control de Donbass, tras lo que ofrecería a Ucrania congelar el frente y proceder a una negociación a la que no llegaría en posición de debilidad, escenario que Kiev y sus aliados europeos tratan de evitar a toda costa.

“Ucrania tiene cuatro opciones: obtener más misiles Patriot, improbable; construir una plataforma antimisiles ucraniano-europea, posible pero lenta; atacar las plantas de misiles balísticos rusos, aeródromos e Iskanders; o presionar a Europa para que aumente drásticamente la producción de SAMP/T, también improbable”, explicó Kuleba en la misma entrevista. Ucrania ha apostado su suerte a su capacidad de hacer daño en la retaguardia rusa, restando importancia a la guerra terrestre mientras, en paralelo, exige a sus aliados que den pasos hacia cumplir los otros tres postulados que menciona.

“Es importante recortar toda la burocracia y tomar las decisiones políticas necesarias. Literalmente todos los días, las vidas de las personas aquí en Ucrania dependen de la determinación de nuestros socios en Europa y Estados Unidos”, escribió ayer Volodymyr Zelensky, que apela a todos sus aliados extranjeros. “Los gobiernos europeos, principales aliados militares de Ucrania, se han mostrado reacios a ceder más misiles Patriot por temor a que ello pudiera debilitar sus propias defensas. A principios de este año, la Administración Trump instó a varios países europeos a enviar a Kiev sus misiles Patriot, pero algunos se negaron debido a esa preocupación, según afirmaron fuentes familiarizadas con las conversaciones privadas”, comentaba el artículo de The Washington Post en su artículo sobre el reciente fracaso de las defensas aéreas ucranianas, una forma poco sutil de seguir la línea de Ucrania de utilizar las dificultades para explotar el riesgo de la derrota, un argumento que, por el momento, no convence a Donald Trump. «Necesitamos más munición todo el tiempo. Le dimos una cantidad tremenda de munición a Ucrania. Los de Biden lo hicieron, gratis, sin cargo. Cientos de miles de millones de dólares», afirmó ayer en el Despacho Oval ante una pregunta de la prensa sobre el deseo ucraniano de obtener más munición para los sistemas Patriot.

El suministro de munición antibalística, alega Zelensky, se ha reducido en 2026 hasta la tercera parte, motivo por el que Kiev insiste en que sus defensas están sufriendo. Ucrania olvida mencionar que los países europeos adquieren a Estados Unidos según las exigencias de Kiev, disponibilidad de stock y unas necesidades que han aumentado a raíz del endurecimiento de la guerra aérea por orden de Zelensky. El Gobierno ucraniano ha optado por la táctica de la escalada masiva, que aspira a convertir en permanente, en un momento en el que Rusia aumenta su capacidad de fuego, en Kiev escasea la munición antiaérea y en Estados Unidos no se han repuesto aún los arsenales tras la fase activa de la guerra contra Irán. Sin embargo, para Zelensky tiene que haber siempre una razón ulterior. “Los socios nos dijeron que la escasez de misiles Patriot proviene de la guerra en Oriente Medio. Estados Unidos y Europa solían reabastecer nuestros Patriots y otros sistemas de defensa aérea. Tal vez esa no sea la única razón. Tal vez algunos también quieran que Ucrania sea más complaciente”, sentenció el presidente ucraniano, dispuesto a utilizar esta teoría de la conspiración que no tiene ninguna base para seguir exigiendo a sus aliados objetivos imposibles.


https://slavyangrad.es/2026/08/07/35061/#more-35061


NOTA DEL BLOG ..

El analista militar y profesor de historia naval el historiador brasileño Ricardo Pereira Cabral, coautor de la obra colectiva Guerra na Ucrânia: Análises e Perspectivas, sostiene que Rusia demuestra mayor agilidad que la OTAN en su capacidad de adaptación táctica y de respuesta frente a los desafíos del campo de batalla moderno.

 La estructura de mando centralizada de Rusia permite un tiempo de reacción más veloz ante imprevistos tácticos en comparación con la burocracia de la OTAN.

La velocidad para asimilar lecciones operativas y reconfigurar fuerzas resulta decisiva en la guerra contemporánea. El flujo masivo de recursos financieros hacia Kiev no se traduce necesariamente en victorias estratégicas tangibles en el frente. El esfuerzo financiero sostenido debilita los inventarios y la capacidad de modernización de ejércitos europeos como los de Alemania, Reino Unido y Francia.

 Las dificultades acumuladas por las fuerzas ucranianas colocan a su liderazgo político en una posición de creciente vulnerabilidad de cara al respaldo internacional y cada vez mas esta en peor situación .

 

Y esto pone a las autoridades de Ucrania en una "situación delicada" ante sus patrocinadores occidentales, Además, aunque el reclutamiento de mercenarios —en particular, suramericanos— por parte del Ejército ucraniano aumenta el número de efectivos, no genera cambios cualitativos, ya que los mercenarios carecen de la preparación táctica y de combate adecuada,

 Además, aunque el reclutamiento de mercenarios —en particular, suramericanos— por parte del Ejército ucraniano aumenta el número de efectivos, no genera cambios cualitativos, ya que los mercenarios carecen de la preparación táctica y de combate adecuada,



jueves, 6 de agosto de 2026

Trump y la crisis del capitalismo neoliberal

La crisis del capitalismo y la estrategia de Trump


6 agosto, 2026


 

La estrategia de Trump se propone obtener las mismas “ventajas” que Gran Bretaña con su imperio colonial. Este componente de la estrategia equivale a una recolonización del Sur Global .


 

Prabhat Patnaik

 

Profesor emérito del Centro de Estudios Económicos de la Universidad Jawaharlal Nehru, India


 

La actual crisis estructural del capitalismo presenta al menos dos aspectos económicos importantes. El primero es el estancamiento generalizado y el aumento del desempleo al que se ha enfrentado el capitalismo mundial en su fase neoliberal. En muchos casos, como en Estados Unidos, el mayor desempleo se disimula con una reducción de la tasa de participación laboral, pero su realidad es innegable. El estancamiento ya se manifestaba antes de la pandemia: la tasa de crecimiento decenal de la economía mundial durante la década de 2010 fue inferior a la de cualquier década anterior desde la Segunda Guerra Mundial. Aumento de la proporción de excedentes y sobreproducción ex ante La razón de este estancamiento radica en la propia naturaleza del capitalismo neoliberal, que ha provocado un aumento masivo de la desigualdad de ingresos y riqueza dentro de cada país.

 

Dado que el capital, incluidas las finanzas, goza de una movilidad global más o menos libre bajo el régimen neoliberal, mientras que los trabajadores permanecen confinados a sus respectivos países (salvo cuando se les permite específicamente migrar), los trabajadores de los países desarrollados compiten, de hecho, con los trabajadores de salarios más bajos del Sur Global, a los que siempre se puede trasladar el capital. Como resultado, los trabajadores de los países desarrollados apenas experimentan un aumento en sus salarios reales, incluso en términos absolutos: de hecho, Joseph Stiglitz estimó que el salario real promedio de un trabajador estadounidense en 2011 era ligeramente inferior al de 1968. 1 Al mismo tiempo, a pesar de la reubicación de la actividad económica del Norte al Sur, las grandes reservas de mano de obra del Sur —legado de su pasado colonial— no se agotan. Por el contrario, aumentan en relación con la fuerza laboral, debido al considerable incremento de la productividad laboral que se produce en todas partes como consecuencia de la adopción de un cambio tecnológico más rápido, resultado de la intensificación de la competencia en el mercado mundial bajo el régimen neoliberal.

 

La no disminución del tamaño relativo de las reservas de mano de obra implica que los salarios reales en el Sur Global permanecen más o menos ligados al nivel de subsistencia. Así, tanto en el Norte como en el Sur, el vector de los salarios reales apenas aumenta, incluso cuando la productividad laboral crece a buen ritmo, lo que da lugar a un incremento de la proporción del excedente económico en la producción mundial y también dentro de cada país. 

 

Dado que, en promedio, los trabajadores consumen una mayor proporción de sus ingresos que quienes viven del excedente económico, un aumento en la proporción de este último tiene el efecto de mantener baja la demanda de consumo y, por ende, la demanda agregada en relación con la producción.

 

Esto, a su vez, genera una tendencia ex ante hacia la sobreproducción, de la cual el estancamiento y el aumento del desempleo observados son manifestaciones.

 

Lo más destacable del capitalismo neoliberal no es solo esta tendencia al estancamiento y al aumento del desempleo; aún más sorprendente es el hecho de que la contramedida más eficaz contra él —a saber, un mayor gasto público— se vuelve prácticamente ineficaz bajo el capitalismo neoliberal. Para que un mayor gasto público incremente el nivel de demanda agregada y contrarreste el estancamiento, debe financiarse mediante un déficit fiscal (en cuyo caso nadie paga impuestos adicionales y, por lo tanto, el consumo de nadie disminuye, incluso cuando la demanda estatal aumenta), o mediante mayores impuestos a los ricos (quienes ahorran una parte de sus ingresos, de modo que su consumo no disminuye en la totalidad de los impuestos adicionales, con el resultado de que el gasto de los ingresos fiscales genera un aumento neto de la demanda).

 

Si el mayor gasto estatal se financia mediante impuestos a los trabajadores, que consumen prácticamente la totalidad de sus ingresos, la demanda generada por el gasto estatal adicional se vería compensada por la demanda reducida debido a la disminución del consumo por parte de los trabajadores, de modo que no habría un aumento neto de la demanda agregada ni un alivio del estancamiento y el elevado desempleo.

 

Sin embargo, ambas formas de financiar un mayor gasto estatal, si dicho gasto ha de ser expansivo, encuentran oposición por parte del capital financiero. Este se opone a mayores impuestos para los ricos, dado que los grandes financieros ocupan un lugar destacado entre ellos; y se opone a mayores déficits fiscales, razón por la cual la mayoría de los países en la era neoliberal cuentan con legislación de «responsabilidad fiscal» que limita la relación entre el déficit fiscal y el producto interno bruto (generalmente a alrededor del 3%).

 

Y dado que el capital financiero está globalizado, mientras que el Estado sigue siendo un Estado-nación, la autoridad del primero debe prevalecer en materia de política estatal, pues de lo contrario el país estaría sujeto a una fuga de capitales, precipitando una crisis.

 

Por lo tanto, el neoliberalismo no solo genera una sobreproducción ex ante , causando estancamiento y mayor desempleo, sino que también frustra las contramedidas más eficaces contra ella. Dentro del neoliberalismo no hay escapatoria del estancamiento y el aumento del desempleo que él mismo genera . En otras palabras, el neoliberalismo lleva al capitalismo mundial a un callejón sin salida del que no hay escapatoria a menos que se trascienda el propio neoliberalismo. Esta es la situación en la que se encuentra hoy el capitalismo mundial.

 

 El auge del neofascismo La respuesta del capitalismo mundial a este callejón sin salida ha sido, hasta ahora, la promoción del neofascismo. Elementos neofascistas existen en toda sociedad moderna, fomentando el odio en la mayoría de la población contra alguna minoría étnica o religiosa desfavorecida, pero generalmente como un fenómeno marginal. Solo acceden al centro del escenario, e incluso a los puestos de poder, cuando obtienen el apoyo financiero y mediático del capital monopolista en general, y especialmente de un segmento dentro de este compuesto por nuevos elementos del capital monopolista.

 

Y esto solo ocurre cuando hay una crisis económica cuyos efectos nocivos sobre la pequeña burguesía, la clase trabajadora e incluso los pequeños capitalistas generan descontento entre ellos, lo que amenaza la hegemonía del capital monopolista.

 

Surge entonces una alianza empresarial-neofascista que suprime los derechos e instituciones democráticas; utiliza una combinación de represión estatal y represión por parte de matones fascistas contra opositores políticos, intelectuales, artistas y la izquierda; intenta construir un culto a la personalidad en torno al “líder” que supuestamente simboliza la “nación”; y busca crear y propagar un discurso de odio que distraiga, con el objetivo de dividir a la clase trabajadora e impedir cualquier desafío a la hegemonía del capital monopolista.

 

 El auge del neofascismo en todo el mundo es sintomático de la actual crisis estructural del capitalismo global. En algunos países, como Argentina, India, Italia y Estados Unidos, los neofascistas han llegado al poder; en otros, como Francia y Alemania, están cerca de conseguirlo; pero en todas partes se observa claramente un giro hacia la extrema derecha. Sin embargo, el neofascismo tampoco está en condiciones de superar la crisis económica; los mismos factores que hacen que el Estado liberal-burgués sea incapaz de contrarrestar la tendencia al estancamiento y al aumento del desempleo también obstaculizan al Estado neofascista.

 

La contradicción que surge de la globalización de las finanzas en un mundo de Estados-nación afecta al Estado neofascista tanto como al Estado liberal-burgués. Como resultado, el neofascismo actual no puede replicar lo que hizo el fascismo en la década de 1930, a saber, superar el desempleo masivo en los países donde llegó al poder, mediante un enorme aumento del gasto estatal en rearme financiado con déficit fiscal.

  Esto le da al neofascismo menos control sobre la sociedad que el que tenía el fascismo clásico, pero también lo convierte en un fenómeno más persistente; Los neofascistas incluso podrían ser destituidos del poder mediante el voto (ya que, si bien utilizan todo tipo de artimañas para sabotear la democracia, no necesariamente anulan las elecciones), pero seguirían estando en la sombra e incluso podrían volver al poder (como lo ha hecho Donald Trump). Sin embargo, incluso los neofascistas deben tener una agenda económica, pues el discurso distractor de la «otredad» hacia una minoría no puede ser suficiente para siempre.

Las dos posibles maneras de superar la contradicción entre el Estado-nación y las finanzas globalizadas son inviables para el neofascismo: una es tener un «Estado mundial» sustituto o imitar un «Estado mundial» para controlar el capital internacional y aumentar la demanda agregada global.

 

Esto significa, en efecto, un estímulo fiscal coordinado entre muchos países, donde cada Estado gasta más, ya sea aumentando el déficit fiscal o gravando simultáneamente a los ricos.⁷ La otra vía es una desvinculación total del régimen de globalización financiera mediante la imposición de controles sobre los flujos de capital a nivel nacional y el aumento del gasto estatal a través de cualquiera de estos medios (aumento del déficit fiscal o impuestos a los ricos). El capital monopolista rechazaría ambas opciones, ya que representan un medio para eludir su hegemonía. Por lo tanto, el programa que el neofascismo puede proponer en este contexto se convierte en un punto de interés.

 

Capitalismo de posguerra: Un líder sin colonias El segundo aspecto económico de la actual crisis estructural del capitalismo radica en la propia naturaleza del capitalismo de posguerra. El capitalismo posterior a la Segunda Guerra Mundial se diferenciaba del capitalismo anterior a la Primera Guerra Mundial —excluimos el período de entreguerras, caracterizado por una turbulencia y transición excepcionales— de una manera crucial.

 

En la posguerra, el sistema tuvo que desprenderse de su imperio colonial, lo que implicó dos cosas: primero, perdió todos sus «mercados a disposición», parafraseando al historiador económico británico S.B. Saul; y segundo, el «drenaje anual de excedentes» de las colonias dejó de estar disponible para el nuevo líder del mundo capitalista, Estados Unidos.⁸

 

Este «drenaje» había significado que la principal potencia capitalista del período anterior, Gran Bretaña, simplemente se apropiara, sin contraprestación alguna, del excedente de exportación de sus colonias frente al resto del mundo. La descolonización supuso el fin de este «drenaje».

 

 Ambos desarrollos derivados del fenómeno de la descolonización tuvieron un profundo efecto en la economía del líder del mundo capitalista de la posguerra. El mundo capitalista siempre ha tenido un líder bajo cuya égida el capitalismo se difunde a nuevas áreas y que, además, actúa como defensor del sistema. La tarea del liderazgo exige necesariamente que el líder mantenga un déficit por cuenta corriente con respecto al mundo no colonial.

 

Esto se debe a que la difusión del capitalismo a nuevos países requiere que estos encuentren mercados para sus productos, y el líder debe satisfacer estas ambiciones manteniendo su propio mercado abierto a dichos productos, lo que implica un déficit por cuenta corriente con respecto a ellos. Además, la gestión del dominio global del capitalismo, una de las tareas del líder, requiere que este gaste grandes sumas de dinero, lo que también implica un déficit por cuenta corriente. Estados Unidos, por ejemplo, mantiene más de 750 bases militares en todo el mundo para defender el sistema (incluido su propio imperio, que es parte integral del sistema). Esto significa gasto en bienes y servicios locales en todo el mundo, lo que contribuye a su déficit por cuenta corriente.

 

Históricamente, la extracción de recursos de las colonias y la venta de los productos del líder en los mercados coloniales han desempeñado un papel fundamental en el pago de este déficit, de modo que el líder no solo no se endeuda, sino que incluso cuenta con un superávit por cuenta corriente que le permite realizar exportaciones de capital que facilitan la difusión del capitalismo.

 

Como líder del capitalismo de posguerra, Estados Unidos —al no poseer un imperio colonial— se endeudó externamente de forma creciente mientras ejercía su liderazgo. Si bien contaba con un imperio, entendido como un territorio económico que controlaba y del cual obtenía sus materias primas esenciales, no podía absorber dicho superávit mediante impuestos. Es decir, no podía obtener una parte sustancial de estas materias primas gratuitamente , ni vender sus productos allí sin enfrentar resistencia arancelaria. Por consiguiente, aunque Estados Unidos comenzó con un importante superávit por cuenta corriente inmediatamente después de la guerra, a mediados de la década de 1970 cayó en un déficit crónico y hoy es el país más endeudado del mundo.

 

La forma en que Gran Bretaña, el antiguo líder del mundo capitalista, evitó este destino queda claramente reflejada en la obra de Saul. En 1910, el déficit total de Gran Bretaña, tanto en cuenta corriente como de capital (los déficits de cuenta de capital se refieren a las exportaciones de capital), con respecto a los países con los que tenía un déficit general —es decir, Europa continental, Estados Unidos y otras regiones templadas de asentamiento europeo como Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica— ascendía a 145 millones de libras; su déficit general con respecto a Europa continental y Estados Unidos ascendía a 90 millones de libras. Mientras tanto, se obtuvo un superávit por cuenta corriente de hasta 60 millones de libras con una sola colonia: la India. Esta suma de 60 millones de libras esterlinas tenía tres partes:

 

El superávit de exportación de mercancías de Gran Bretaña a la India, en una situación en la que sus exportaciones aún estaban dominadas por textiles de algodón que habían tenido un impacto “desindustrializador” en la economía india al desplazar a sus productores precapitalistas tradicionales, incluidos los tejedores de telares manuales;

 

El “drenaje” de la India, consistente en el superávit de exportación de mercancías de la India al resto del mundo, que Gran Bretaña se apropió; y las ganancias netas invisibles de Gran Bretaña en la India en forma de transporte marítimo, seguros y otros artículos comerciales. Estas obligaciones impuestas a la India, que pagó hasta dos tercios del déficit total de Gran Bretaña frente a Europa continental y los Estados Unidos, y dos quintos de su déficit total frente a todos los países con los que tenía un déficit general, fueron posibles debido al estatus colonial de la India. Estados Unidos, al no tener colonias y por lo tanto acceso a tales exacciones, cayó en una deuda creciente. Por supuesto, tener colonias podría no haber sido suficiente para evitar el endeudamiento; Pero eso no viene al caso. Simplemente no tenía colonias, a diferencia de Gran Bretaña. Contraer deuda externa no supone ningún problema siempre que la moneda del país líder se considere «tan buena como el oro»: las instituciones económicas y los particulares de todo el mundo están dispuestos a mantenerla en cantidades ilimitadas. Bajo el sistema de Bretton Woods, el dólar estadounidense fue oficialmente designado como «tan bueno como el oro», convertible en oro a 35 dólares la onza. Incluso después de que la administración Nixon pusiera fin a la convertibilidad oficial del dólar en oro —debido, entre otras cosas , a la presión ejercida por el alejamiento de Francia del dólar bajo el mandato del presidente Charles de Gaulle—, la confianza en el valor del dólar pronto se restableció con una nueva paridad, aunque ya no contaba con apoyo oficial. Si bien esta confianza ha sostenido el sistema financiero internacional, es innegable la enorme amenaza que representa para el dólar, y por ende para este sistema, la posición de Estados Unidos como el mayor deudor mundial y los billones de dólares (o activos denominados en dólares) que circulan por el mundo.

 

Esta amenaza suele analizarse en términos de una posible migración de los poseedores de riqueza mundial del dólar a otra moneda ; y dado que ninguna otra moneda es tan importante como el dólar en la economía mundial actual, esta amenaza suele subestimarse. Sin embargo, todo este análisis omite la amenaza para el sistema financiero internacional que supone un posible cambio del dólar a las materias primas , en particular a una materia prima crucial como el petróleo. De hecho, se puede afirmar que la estabilidad del sistema posterior a Bretton Woods se basó en la expectativa de un precio del petróleo estable en dólares (a pesar de las fluctuaciones a corto plazo); de hecho, este factor es tan importante que todo el sistema posterior a Bretton Woods puede considerarse un «patrón petróleo-dólar».

 

En resumen, incluso un cambio transitorio de dólares a petróleo puede desestabilizarlo fácilmente. La amenaza al sistema financiero Vale la pena recordar aquí un antiguo debate. Paul Baran, en La economía política del crecimiento, subrayó las limitaciones de la gestión keynesiana de la demanda argumentando que un déficit fiscal persistente aumenta la vulnerabilidad de la economía a la inflación. Joan Robinson criticó este argumento y acusó a Baran de recurrir a una teoría cuantitativa del dinero desacreditada. Sin embargo, el planteamiento de Baran era muy diferente de lo que Robinson había interpretado. Baran no se refería a «leer la ecuación cuantitativa de izquierda a derecha»; es decir, no hablaba de la acumulación de oferta monetaria o cuasimonetaria en manos privadas mediante déficits fiscales.

 

Se refería a la acumulación de riqueza privada en forma de créditos al gobierno. Incluso en un mundo donde la oferta monetaria es totalmente endógena, cuando se espera que el precio de una mercancía aumente lo suficiente como para que su compra con fines especulativos resulte rentable, la prima de riesgo marginal asociada a la compra de una unidad con fondos propios es menor que la asociada a su compra con fondos prestados. Esta es una proposición que se deriva directamente del principio de riesgo creciente. Por lo tanto, cuanto mayor sea la magnitud de la riqueza privada en forma de créditos al gobierno en relación con el producto interno bruto, más, ceteris paribus , propensa será la economía a la inflación debido a un posible cambio especulativo hacia las materias primas. 

 

Un argumento similar para la economía mundial puede aplicarse al caso que estamos analizando. Tener un imperio colonial, cuyas extracciones eliminan la necesidad de endeudamiento externo del país líder, es análogo, dentro de un mismo país, a que el gasto público se financie con impuestos, eliminando así la necesidad de un déficit fiscal. Del mismo modo, el aumento de la deuda externa del país líder para financiar su déficit por cuenta corriente es análogo a que un gobierno dentro de una economía nacional recurra al aumento de la deuda pública para financiar su gasto. Cuanto mayor sea la magnitud de esta deuda en relación con el flujo de producción, más propenso será este sistema a la inflación.

 

Esto no significa afirmar que un repunte inflacionario sea inminente en la economía mundial; simplemente se trata de señalar la precaria situación actual de la economía mundial debido a los persistentes déficits por cuenta corriente que el principal país capitalista ha mantenido durante un largo período. En caso de un repentino estallido de inflación, la economía mundial, que ya sufre estancamiento y un elevado desempleo, se vería empujada, por las medidas antiinflacionarias que la situación exigiría, hacia una grave recesión. La estrategia económica de Trump La estrategia económica de Donald Trump debe analizarse en este contexto. En los círculos liberales, es común tachar sus medidas económicas de imbéciles o de personas desequilibradas; pero esta es una interpretación demasiado simplista de la situación. Trump, por el contrario, tiene una estrategia con dos componentes. Uno de ellos es compartir el papel de Estados Unidos como «defensor del mundo capitalista» con otros países capitalistas avanzados. La insistencia de Trump en que los países europeos destinen el 5% de su PIB al gasto militar forma parte de este componente. Esto reduciría el déficit por cuenta corriente de Estados Unidos. El otro componente consiste en que Estados Unidos obtenga las mismas “ventajas” que Gran Bretaña derivó de su imperio colonial.

 

Este componente de la estrategia equivale a una recolonización del Sur Global . Si Trump ha sopesado plenamente las implicaciones de este proyecto de recolonización, y si este proyecto lograría superar la difícil situación en la que se encuentra actualmente el imperialismo estadounidense, son cuestiones que no abordaremos aquí; lo que nos interesa es la interpretación que se puede ofrecer de la estrategia de Trump. Decir que el objetivo es recolonizar el Sur Global no significa, por supuesto, gobernarlo con virreyes enviados desde Washington; la idea es tener regímenes dóciles en el Sur que apliquen políticas económicas dictadas por Estados Unidos.

 

La recolonización no implica una superación del neoliberalismo, que, como hemos visto, la burguesía monopolista rechaza rotundamente. Significa introducir una mayor asimetría en el orden neoliberal, donde el Sur Global permanece atrapado en el neoliberalismo en su forma original, mientras que Estados Unidos (y posiblemente el Norte Global) se distancia del neoliberalismo en materia de comercio, aunque lo mantiene en lo que respecta a la libertad de circulación de capitales, incluyendo las finanzas. Dicha asimetría implica necesariamente trasladar la carga de la crisis a los hombros del Sur Global, lo que significa, en efecto —dado que las burguesías monopolísticas de los países del Sur tendrían que ser cómplices del nuevo régimen económico que se está introduciendo— una intensificación de la presión sobre el campesinado, la pequeña burguesía, los pequeños capitalistas y, por supuesto, los trabajadores y jornaleros agrícolas del Sur Global. Recolonización del Sur Global Una parte de este esfuerzo de recolonización consiste en imponer tratados comerciales desiguales por parte de Estados Unidos a los países del Sur Global, como lo demuestra el tratado comercial entre India y Estados Unidos que se está negociando actualmente. (Si bien ya se había finalizado, el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos contra los aranceles de Trump lo ha abierto a la renegociación, aunque la nueva versión final no sería muy diferente de la anterior) .¹²

 

De hecho, la agresión arancelaria de Trump puede considerarse un instrumento para presionar a los países del Sur a aceptar dichos tratados desiguales como el «mal menor» en comparación con la alternativa de enfrentar enormes aranceles estadounidenses. El tratado comercial entre India y Estados Unidos permite a este último imponer aranceles a los productos indios, mientras que India puede imponer aranceles nulos o muy bajos a los productos estadounidenses. El tratado busca garantizar que India aumente sus importaciones a Estados Unidos, del mismo modo que las colonias se vieron obligadas a comprar a Inglaterra sin tener la libertad de proteger sus propias economías.

 

No contentos con esto, el tratado también establece objetivos concretos sobre la cantidad que India debe importar de Estados Unidos en fechas específicas; y estos objetivos son mucho más elevados que los niveles actuales de importaciones de India desde Estados Unidos. Significativamente, no existen objetivos correspondientes para las importaciones de Estados Unidos desde India, lo que subraya aún más la naturaleza desigual del tratado. La imposición de objetivos tan absolutos va incluso más allá de lo que prevalecía en el período colonial.

 

Si bien la India colonial, por ejemplo, no tenía libertad para imponer aranceles a los productos británicos, la cantidad real de importaciones de Gran Bretaña en el período colonial dependía de la demanda del mercado indio. Sin embargo, el tratado comercial entre India y Estados Unidos, no satisfecho con un acuerdo de esta naturaleza, estipula cuánto debe comprar India a Estados Unidos durante un período determinado.

 

Dado que no hay razón para creer que Estados Unidos sea particularmente vengativo con India, cabe esperar que se impongan tratados desiguales similares a otros países del Sur Global. Estos tratados impuestos a los socios comerciales tienen el efecto tanto de aumentar el empleo y la producción en Estados Unidos mediante una política de empobrecimiento del vecino como de reducir el déficit comercial estadounidense y, por ende, su déficit por cuenta corriente. Aumentan la producción y el empleo internos al incrementar la demanda agregada mediante un aumento de las exportaciones netas (es decir, de X a M) sin necesidad de aumentar el gasto público; por lo tanto, no se plantea la cuestión de enfrentarse al capital financiero internacional, aumentando el déficit fiscal o los impuestos a los ricos para financiar dicho mayor gasto público.

 

De este modo, se buscan soluciones a ambas crisis que aquejan al imperialismo estadounidense —el estancamiento de la producción y un enorme déficit por cuenta corriente— mediante estos tratados desiguales, sin que ello suponga un desafío a la hegemonía del capital financiero internacional. Sin embargo, esto es solo una parte del esfuerzo por recolonizar el Sur Global.

 

La otra parte de este esfuerzo radica en que Estados Unidos se apodere de fuentes de materias primas cruciales, especialmente petróleo, ubicadas en el Sur. El ataque a Venezuela, que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo; el secuestro del presidente venezolano; y el ataque a Irán, otro importante productor de petróleo, son indicativos de este aspecto del esfuerzo por recolonizar. La reivindicación de los recursos de Groenlandia, que cuenta con depósitos de tierras raras, un insumo fundamental para diversas actividades, también se inscribe en este patrón. Estados Unidos ya es el mayor productor de petróleo del mundo; hacerse con los recursos petrolíferos de Venezuela e Irán (y los de otros países que posteriormente serían objetivo de sus ataques) le daría a Washington un control absoluto sobre la economía petrolera mundial, que se vería reforzado por su cercanía con Arabia Saudita y otros productores de petróleo de Asia Occidental.

 

Este control absoluto ayudaría a Estados Unidos de diversas maneras a mantener el dominio del dólar. En primer lugar, garantizaría que el dólar siga siendo el medio de circulación en la inmensa mayoría de las transacciones petroleras mundiales; en segundo lugar, aseguraría que la expectativa de estabilidad en el precio del petróleo en dólares —lo que impide cualquier cambio del dólar al petróleo y, por lo tanto, mantiene el valor «real» del dólar frente al mundo de las materias primas— se mantenga aún más firmemente arraigada; y en tercer lugar, al abrir estos recursos petroleros a la explotación por parte de empresas estadounidenses, que pueden simplemente apropiarse de una parte de estos recursos, permitiría a Estados Unidos obtener una «extracción de excedentes» exactamente como lo hizo Gran Bretaña con sus colonias; esto último ayudaría a cerrar el déficit por cuenta corriente de Estados Unidos.

 

Si bien la descolonización política tras la Segunda Guerra Mundial transcurrió con relativa fluidez, le siguió una descolonización económica mucho más ardua, mediante la cual los países del Sur Global intentaron arrebatar el control de sus recursos naturales al capital metropolitano. El imperialismo se resistió ferozmente a la descolonización económica, orquestando golpes de Estado para derrocar a los gobiernos que intentaban llevarla a cabo e incluso fomentando guerras civiles para sabotear dichos esfuerzos. Los casos de agresión contra Jacobo Árbenz en Guatemala, Mohammad Mossadegh en Irán, Gamal Abdel Nasser en Egipto, Patrice Lumumba en el Congo y Salvador Allende en Chile son ejemplos claros de intentos por impedir la descolonización económica.

 

La Unión Soviética desempeñó un papel crucial en la derrota de muchos de estos intentos imperialistas y en el apoyo al proceso de descolonización económica. Trump insiste en revertir la descolonización económica; es más, está abriendo nuevos caminos en el proceso. Está recurriendo a la acción militar directa , en lugar de fomentar golpes de Estado y otras tácticas similares, para recuperar el control de los recursos del Sur, que actualmente están en manos de los países del Sur.

 

Irán es el ejemplo clásico. Esta acción militar directa, sin otro motivo aparente que el de apoderarse de sus recursos, constituye un capítulo totalmente nuevo en la historia del imperialismo moderno . Resistencia del Sur Global Sin embargo, los pueblos del Sur Global no aceptarán dócilmente tal recolonización por parte del imperialismo. En muchos países del Sur, la gran burguesía, frustrada por los obstáculos que el régimen colonial impuso a su crecimiento, se unió a la lucha por la independencia y formó parte del frente anticolonial; India es un ejemplo clásico.

 

Lo cierto es que la gran burguesía, e incluso un sector de la clase media alta urbana deseosa de que sus hijos se establecieran en países metropolitanos, cambiaron de bando y abandonaron el campo antiimperialista. Pero las demás clases, que formaron parte del frente anticolonial y que también se verían gravemente afectadas por el proyecto de recolonización del imperialismo estadounidense, opondrán una fuerte resistencia. Esta resistencia, además, no solo se dirigirá contra el imperialismo, sino también contra la burguesía monopolista nacional; asimismo, se dirigirá políticamente contra los regímenes neofascistas allí donde estos ostenten el poder con el apoyo de dicha burguesía. En consecuencia, tendrá un enorme potencial revolucionario. Por lo tanto, es probable que en los próximos meses se produzcan luchas encarnizadas en el Sur Global, que sin duda serán dolorosas, pero de gran importancia histórica. El hecho de que la recolonización imperialista no sea fácil queda demostrado por lo que ocurre en Irán.

 

De hecho, la resistencia iraní ha supuesto una gran sorpresa para el imperialismo estadounidense. Si Irán se hubiera rendido fácilmente, el imperialismo se habría envalentonado para llevar a cabo su proyecto de recolonización con aún mayor vigor y presteza, y otros países del Sur Global se habrían sentido debilitados en su lucha antiimperialista. En otras palabras, existe una dialéctica de la resistencia, donde la firme resistencia de un país fortalece la voluntad de resistencia de otros; también existe una dialéctica del debilitamiento, donde la débil respuesta de un país a la recolonización imperialista sirve para desalentar a otros. La intrépida lucha de Irán es una fuerza revitalizadora para el Sur Global en su conjunto. El imperialismo, por supuesto, no abandonaría su agenda de recolonización del Sur Global a causa de la resistencia iraní, pero sin duda vería ralentizada su ejecución.

 

Notas :

 

Joseph Stiglitz, “La desigualdad está frenando la recuperación”, New York Times , 13 de enero de 2013. La principal excepción a estas tendencias salariales mundiales es China, donde los salarios han aumentado notablemente, impulsados por las políticas gubernamentales. Sin embargo, esto no invalida la afirmación de que existe una creciente proporción del superávit económico en la producción mundial en su conjunto y en los países individuales del mundo capitalista .

 

El argumento presentado en el contexto de los Estados Unidos por Paul A. Baran y Paul M. Sweezy en Monopoly Capital (Nueva York: Monthly Review Press, 1966) se aplica aquí al mundo capitalista en su conjunto.

 

Este punto se analiza con mayor detalle en Utsa Patnaik y Prabhat Patnaik, Capital and Imperialism (Nueva York: Monthly Review Press, 2021).

 

Prabhat Patnaik, “Por qué el neoliberalismo necesita a los neofascistas”, Boston Review , 19 de julio de 2021. Japón fue el primer país en salir de la Gran Depresión de esta manera. Alemania hizo lo mismo después de que Adolf Hitler llegara al poder en 1933. En la década de 1930, John Maynard Keynes y un grupo de sindicalistas alemanes propusieron un plan de estímulo fiscal coordinado que involucrara a varios países para salir de la Gran Depresión, pero sin éxito.

 

Véase Charles P. Kindleberger, El mundo en depresión, 1929-1939 ( Berkeley: University of California Press, 1973). SB Saul, Estudios sobre el comercio británico en el extranjero (Liverpool: University of Liverpool Press, 1960).

 

Para un análisis y una estimación del “drenaje” de la India a Gran Bretaña, véase Patnaik y Patnaik, Capital e imperialismo . 

 

Joan Robinson, Filosofía económica (Harmondsworth: Penguin, 1966).

 

Para una presentación detallada de este argumento, véase Prabhat Patnaik, Accumulation and Stability Under Capitalism (Oxford: Clarendon, 1997), 81–86.

 

Para una crítica detallada de este tratado, véase Biswajit Dhar, “India Has Accepted Gross Asymmetry”, Frontline , 23 de febrero de 2026;


 

véase también Prabhat Patnaik, “Modi Government’s Gymnastics to Defend the Indo-US Deal”, MR Online, 4 de marzo de 2026. 

https://observatoriocrisis.com/2026/08/06/la-crisis-del-capitalismo-y-la-estrategia-de-trump/