1926: La Plataforma, en los orígenes del anarquismo organizado
Hace cien años, un grupo de anarquistas rusos exiliados en Francia publicaba La Plataforma organizativa de la unión general de anarquistas. Con este texto, buscaban reformar el anarquismo a la luz de sus fracasos durante la revolución rusa. Siguieron cinco años de polémica. Sin embargo, la historia de la Plataforma no termina ahí. Su resurgimiento en las décadas de 1950, 1970 y 2000, da cuenta de la persistencia de un debate sobre la naturaleza misma del anarquismo: ¿espacio cultural o movimiento político?
El trauma de la Primera Guerra Mundial, la experiencia de la revolución rusa y el fracaso de la ola revolucionaria de 1919-1920 en Europa provocaron profundos cuestionamientos en el movimiento obrero.
El anarquismo no escapó a ello y existieron varios intentos de renovación teórico-práctica a partir de 1919, ya sea con el «primer Partido Comunista» de Raymond Péricat o con la Federación Comunista Libertaria del Norte de Georges Bastien [1]. En Italia, fue la revista Pensiero e Volontà, animada por el viejo Malatesta, Fabbri y Camillo Berneri, la que atacó la doxa kropotkiniana. El último de estos intentos, la Plataforma de los anarquistas rusos en el exilio, publicada en junio de 1926, es el más acabado y ambicioso. También es el que desatará más polémicas.
En la década de 1920, Francia era tierra de asilo para los revolucionarios perseguidos de toda Europa y, entre ellos, eran indudablemente los anarquistas rusos y ucranianos, aureolados por su participación en la mayor revolución de los tiempos modernos, quienes polarizaban las discusiones. Se trata, entre otros, de Voline, Piotr Archinov, Ida Mett y Néstor Majnó, el excomandante del Ejército Insurreccional Revolucionario de Ucrania. Formaban el Grupo de Anarquistas Rusos en el Extranjero y animaban la revista Diélo Trouda («La Causa del Trabajo»).
Diélo Trouda hace un balance sin concesiones del movimiento anarquista, estigmatizando la dispersión y la desorganización que, en Rusia, lo llevaron a su perdición. Con el objetivo de ponerle remedio, el grupo edita en junio de 1926 un folleto de 16 páginas titulado Plataforma organizativa de la unión general de anarquistas, subtitulado «proyecto». Su edición en francés –Voline fue el traductor– da cuenta de la voluntad de llevar el debate desde el primer momento más allá del ámbito ruso en el exilio y de impactar en el movimiento libertario internacional. Este opúsculo es el punto de partida de la polémica.

Desde la invasión rusa, las autoridades ucranianas integran a
Néstor Majnó en el relato nacional destacando su lucha contra el dominio
ruso, mientras relegan a un segundo plano el carácter anarquista,
internacionalista y antiestatal de la Makhnovschtchina. Así, una
experiencia revolucionaria basada en la autonomía de los trabajadores,
trabajadoras, campesinos y campesinas se reinterpreta parcialmente al
servicio de un gobierno autoritario.
DR
Un texto en sintonía con su tiempo
La Plataforma fue bien acogida en la Unión Anarquista Comunista, la organización francesa a la que Majnó y Archinov pronto se afiliarían. La organización estaba en plena evolución. De forma casi concomitante a la publicación de la Plataforma, adoptó, en el congreso de Orleans, un manifiesto de fuerte dominante comunista libertaria. Un año más tarde, la UAC adoptaría oficialmente las tesis de la Plataforma, durante su congreso de París, a finales de octubre de 1927. Con esa ocasión, se rebautizó como Unión Anarquista Comunista Revolucionaria (UACR).
Llevaba varios años la UAC madurando en ese sentido, cansándose la mayoría de ver cómo algunos de sus grupos eran parasitados por anarcoindividualistas que se adherían a la organización «como turistas». A partir de entonces, se precisó que la UACR «no acepta en su seno a los anarquistas individualistas, incluso si son partidarios de la organización» [2]. La organización reafirmó su carácter federalista; las cotizaciones regulares se convirtieron en la norma; se mandató una comisión administrativa, encargada de velar por la aplicación de las decisiones del congreso.
Esta transformación, sin embargo, se produjo a costa de una escisión. Hay que decir que, ocho meses antes del congreso, había estallado una violenta polémica en Le Libertaire, el semanario de la UAC.
«Bolcheviques» contra «diletantes»
Desde febrero de 1927, un individualista, Maldent, acusó a la Plataforma de querer «bolchevizar» el anarquismo [3]. Recibió una réplica contundente de Pierre Le Meillour, un metalúrgico de la UAC conocido por ser bastante brusco, que se burló de los «diletantes» [4]. «Bolcheviques» contra «diletantes»: los términos esenciales del debate quedaron establecidos y ya apenas variarían.
La controversia cobró relevancia en abril de 1927, con un panfleto de 40 páginas comúnmente llamado Respuesta a la Plataforma, cofirmado entre otros por Voline [5]. El tono, polémico, retoma la acusación de «bolchevización» del anarquismo. Cada punto de la Plataforma es diseccionado y refutado. ¿El carácter de clase del anarquismo? Se niega, siendo el anarquismo también una concepción «humanitaria e individual». ¿La parte constructiva de la Plataforma? Es un disfraz del «período de transición» estatal a la manera leninista. Los principios organizativos se asimilan a disciplina de cuartel. Incluso la defensa armada de la revolución, inspirada en la epopeya de Majnó –ese es el sentido de la palabra «Makhnovschtchina»–, es reprobada. Los autores de la Respuesta ven en ello la «creación de un centro político dirigente, de un ejército y de una policía a disposición de ese centro, lo que significa, en el fondo, la inauguración de una autoridad política transitoria de carácter estatal» [6].
La Respuesta, finalmente, desarrolla una idea, ya expresada por Voline desde hacía unos años, pero que haría fortuna. El anarquismo estaría dividido en tres corrientes: comunista libertaria, anarcosindicalista e individualista. El objetivo debería ser reconciliarlas para alumbrar una «síntesis» que sería la base del anarquismo moderno [7]. Pero mientras no se realizara ese trabajo de síntesis teórica, no debía haber organización anarquista.
Tras la publicación de este fascículo, la controversia se desboca. Difundiéndose ampliamente en la prensa anarquista, se prolongará hasta 1931.

Grupo de anarquistas en torno a Néstor Majnó (abajo a la
derecha), su compañera Galina Kuzmenko (a su lado) y Piotr Archinov de
pie en el centro.
szru.gov.ua
Nacimiento del sintetismo
Majnó y Archinov desestimaron sin demasiada dificultad las acusaciones de bolchevismo –no olvidemos el prestigio de la «Makhnovschtchina», que luchó tanto contra los ejércitos blancos como contra el Ejército Rojo. Más importante aún, atacaron el postulado fundamental de Voline: la existencia de las tres corrientes de una misma familia anarquista. Para ellos, si los anarquistas pertenecen a una familia, es exclusivamente a la del movimiento obrero, a sus valores, a sus luchas, a sus organizaciones de clase. Los individualistas se sitúan fuera del movimiento obrero, por lo tanto, fuera del anarquismo. Los pasajes de la Respuesta sobre la necesaria síntesis teórica no son más que palabras dilatorias: «En lugar de amenazarnos por centésima primera vez con producir un trabajo teórico profundo, ¿no harían mejor los autores de la Respuesta en emprender esa tarea, ponerla a punto y oponerla a la Plataforma?», se exaspera Archinov.
Al final, los plataformistas denuncian en la Respuesta una oposición ficticia, motivada únicamente por una resistencia perezosa al «espíritu de organización».
Tras la escisión de la UACR, las y los opositores a la Plataforma se agrupan en una relativamente ectoplasmática Asociación de Federalistas Anarquistas (AFA). Su líder, Sébastien Faure, se esfuerza por darle un contenido doctrinal publicando en 1928 un texto fundacional: La Síntesis anarquista. En este folleto de 16 páginas, Sébastien Faure compara el anarquismo con «lo que, en química, se llama un cuerpo compuesto […]: el anarcosindicalismo, el comunismo libertario y el individualismo anarquista. Su fórmula química podría ser S2, C2, I2. Según los acontecimientos, los medios […], la dosificación de los tres elementos variará. […] S3, C2, I1; o bien S2, C3, I1; o también S1, C2, I3 […]. Pero siempre ocurre que estos tres elementos […] están hechos para combinarse y para constituir, amalgamándose, lo que llamo: "la Síntesis anarquista"» [8].
Esta concepción algo pueril es una deformación del pensamiento de Voline. Mientras que el ruso reconocía que era necesaria una clarificación del anarquismo (pero no con el método plataformista), Faure considera que esa clarificación no es deseable. No sin cierto sentimentalismo, eleva a la cima el eclecticismo que su modelo parece fijar definitivamente tal cual.
Voline había inventado el término «síntesis». Con Sébastien Faure, nació el «sintetismo».
La UACR, por su parte, no seguiría siendo plataformista mucho tiempo. El hábito era seductor, pero en la práctica resultó demasiado rígido para una pequeña organización que atravesaba entonces el período más severo de vacas flacas desde su fundación. Abandonó la Plataforma en el congreso de 1930. La controversia se apagó hacia 1931. Luego fue eclipsada por otras preocupaciones: el ascenso del fascismo, el Frente Popular, la Revolución Española, la guerra.

Después de la subida al Muro de los Federados del 30 de mayo de
2026, la UCL fue a rendir homenaje a Néstor Majnó, cuya urna cineraria
se encuentra en el cementerio del Père-Lachaise.
UCL Paris Nord-Est

Superación y persistencia del debate
En 1931, el debate sobre la Plataforma parecía enterrado. ¿Definitivamente? No exactamente. Porque la controversia no se redujo a los enfrentamientos entre Majnó, Archinov y Voline. Para comprender sus resortes profundos, hay que considerar el escenario principal del enfrentamiento: la UAC y su semanario, Le Libertaire. El contexto de los años 1925 a 1930, que fue el de una fuerte regresión de las luchas y del movimiento obrero, era propicio para las disputas internas. En Le Libertaire, los artículos vengativos sucedieron a las respuestas contundentes. La polémica superó ampliamente la exégesis de la Plataforma: reveló una división mucho más profunda, que afectaba a la naturaleza misma del anarquismo.
Hay que entender que la controversia de la época –que aún hoy, en algunos países, no se ha agotado– se debió menos al contenido del texto en sí, que a una cuestión cíclica que se plantea al anarquismo: saber si debe ser un movimiento político o un espacio cultural. Esta disputa era muy anterior a la Plataforma, pero esta le dio su aspecto definitivo.
Es sin duda la razón por la que conocerá una larga posteridad. Esta Plataforma, que en 1931 todo el mundo creía enterrada, sería exhumada regularmente más tarde. Y cada vez, sería menos por su contenido que para desmarcarse del magma comunitario y marginalista donde el anarquismo a veces se ha atascado. Los jóvenes comunistas libertarios de las FA francesa e italiana la redescubrirán con fervor en 1949-1950. Los fundadores de la Organización Revolucionaria Anarquista (ORA) francesa en 1965-1967. Los y las de la ORA británica esperarán hasta 1973 para leerla [9]. Será nuevamente esgrimida por las jóvenes organizaciones libertarias que se crearán en las dos Américas durante la década de 1990. «¡Somos plataformistas!», anunciaba así con orgullo Rupture, el periódico francófono de la NEFAC canadiense en octubre de 2001. En la década de 2020, una organización alemana cercana a la UCL adoptó un nombre explícito: Die Plattform.
En Francia, el debate no se calmó hasta la década de 1990. René Berthier o Gaetano Manfredonia han propuesto enfoques desapasionados de la cuestión [10]. La muy sintetista Federación Anarquista, en realidad, se ha distanciado del catecismo de Sébastien Faure. La Unión de Trabajadores Comunistas Libertarios, constituida en 1976, había evolucionado rápidamente hacia una superación de la Plataforma, de la que retenía más el espíritu que la letra. En Alternative libertaire, a veces nos llamábamos, sonriendo, «post-plataformistas». La UCL se ha situado en esa continuidad.
Guillaume Davranche (UCL Montreuil)
Este artículo es una versión ligeramente modificada del publicado en Alternative libertaire en 2007.
La Plataforma: un objetivo, un método
La Plataforma consta de tres partes: una «parte general», sobre el capitalismo y la estrategia para derrocarlo; una «parte constructiva», sobre el proyecto comunista libertario; y una «parte organizativa», sobre el movimiento anarquista en sí mismo.
I. La «parte general» afirma que el anarquismo no es una «bella fantasía ni una idea abstracta de filosofía», sino un movimiento revolucionario obrero. Propone un marco de análisis basado en el materialismo y la lucha de clases como motor de la historia. En una situación revolucionaria, la organización anarquista debe proponer una orientación «en todos los ámbitos de la revolución social: [el de] la nueva producción, el de la guerra civil y la defensa de la revolución, el del consumo, el de la cuestión agraria, etc. Sobre todas estas cuestiones y sobre muchas otras, la masa exige de los anarquistas una respuesta clara y precisa.» El objetivo es «vincular la solución de estos problemas a la concepción general del comunismo libertario.»
II. La «parte constructiva» propone precisamente un proyecto de sociedad transitoria. La producción industrial deberá seguir el modelo de los sóviets federados. En cuanto al consumo y la cuestión agraria, la Plataforma se distancia del «comunismo de guerra» de Lenin, que consistía en despojar al campo para alimentar las ciudades: «serán los campesinos revolucionarios quienes establecerán [...] la explotación y el usufructo de la tierra. No es posible ninguna presión externa en esta cuestión.» La Revolución Española, diez años después, aportará respuestas prácticas a esta cuestión sobre la que la Plataforma se muestra prudente. En cuanto a la defensa de la revolución, el modelo es –sin que se la mencione– el de la Makhnovschtchina: «carácter de clase del ejército», «voluntariado», «libre disciplina», «sumisión completa del ejército revolucionario a las masas obreras y campesinas». Lo que también se encontrará en las milicias libertarias del verano de 1936.
III. Por último, la «parte organizativa» enumera cuatro «principios fundamentales» para una organización anarquista:
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La «unidad teórica»: para una ruptura con el aspecto «rompecabezas» de la UAC, que debe definirse claramente como comunista libertaria.
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La «unidad táctica»: para que los militantes actúen de común acuerdo, no de forma dispersa ni contradictoria.
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La «responsabilidad colectiva» es un llamamiento a la autodisciplina y a una ruptura con el consumismo militante.
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Con el «federalismo», una instancia federal, sujeta al mandato imperativo, debe velar por la aplicación de las decisiones del congreso.
NOTAS
[1] David Berry, A History of the French Anarchist Movement 1917-1945.
[2] Le Libertaire, 19 novembre 1927.
[3] « Bolchevisation de l’anarchisme », Le Libertaire, 10 février 1927.
[4] « Les dilettantes à l’assaut de la “plate-forme” », Le Libertaire, 25 mars 1927.
[5] Le fait que Voline soit le traducteur de la Plateforme en même temps que son principal détracteur a semé le trouble à l’époque. Il fut accusé de traduction déloyale, pour donner au texte une tournure autoritaire. Dans son étude de 1987, Alexandre Skirda, russophone, atteste que la traduction de Voline était effectivement tendancieuse.
[6] Cité dans Alexandre Skirda, Autonomie individuelle et force collective, 1987.
[7] Gaetano Manfredonia, « Le Débat Plateforme/Synthèse », Itinéraire n° 13.
[8] Sébastien Faure, La Synthèse anarchiste, 1928.
[9] « Anarchist communism in Britain, 1870-1991 », Organise ! no 42, printemps 1996.
[10] René Berthier, « À propos des 80 ans de la Révolution russe », Le Monde libertaire, 18 décembre 1997.


