martes, 1 de septiembre de 2026

Canciones para un depósito de cadáveres

Canciones para un depósito de cadáveres

   

A mediados de mayo de 2026, los tribunales de Kiev dictaron prisión preventiva de sesenta días para Andréi Yermak (ex jefe del gabinete de Zelenski durante seis años), un hosco personaje que pasaba por ser, tras el presidente, el segundo hombre más poderoso del gobierno. Yermak está acusado de blanquear nueve millones de euros con una urbanización de lujo, y ya estuvo implicado en 2025 en otra operación corrupta que blanqueó 86 millones de euros de la compañía Energoatom, que opera las centrales nucleares ucranianas. No era el único: con él, aparecían el ex ministro de Energía, Herman Halushchenko, y Oleksiy Chernishov, que hasta julio de 2025 fue viceprimer ministro y disponía de una red corrupta junto a diputados del partido de Zelenski. Yermak evitó días después la prisión preventiva con una fianza de tres millones de dólares, una cifra inalcanzable para cualquier ucraniano en un país donde el salario mínimo mensual es de 195 euros y el salario medio de unos 675 euros.

Con ellos está también implicado el empresario Timur Míndich, aliado y socio de Zelenski en la productora cinematográfica Kvartal 95, que abandonó el país tras las primeras detenciones para establecerse en Israel. Entre las operaciones corruptas tramadas por ese círculo tan cercano a Zelenski está la privatización del Sense Bank, uno de los bancos más importantes de Ucrania, y de Karpatneftekhim, la mayor planta petroquímica del país, hoy bajo control judicial del Estado, además de una urbanización de lujo, con casas construidas para Yermak, Míndich, Chernishov y una mansión para el presidente ucraniano aunque, tentándose la ropa, los responsables de la investigación no citaban a Zelenski. No es extraño que lo hiciesen así, porque los organismos anticorrupción y la policía están llenos de ladrones y corruptos, aunque siguen investigando por la presión de Washington y Bruselas que no quieren que una parte de sus ayudas millonarias acaben en las oscuras tramas de la corrupción. Ahora, el presidente ucraniano simula no tener nada que ver con Yermak, pero en el enfermizo mundo de intrigas, saqueos y corrupción que rodea al gobierno de Kiev está también implicada la esposa de Zelenski: en ese ambiente de nepotismo y depravación, Elena Zelenska y Yermak son los padrinos del hijo del fugado Chernishov. Para completar el delirio de esa corte de los milagros, de ladrones y estafadores, el siniestro Yermak tenía contratada a una adivina y astróloga, Veronika Anikiévich, para lanzar maldiciones de magia negra sobre el organismo anticorrupción y sobre periodistas entrometidos, y era consultada por Yermak incluso para nombramientos de ministros del gobierno.

La Oficina anticorrupción de Ucrania, NABU (que nació en 2015 bajo los auspicios de Estados Unidos y la Unión Europea tras el golpe de Estado del Maidán, y donde participan el FBI y la CIA) acusa a esos personajes del círculo de Zelenski de blanqueo de capitales, soborno y abuso de poder, y dispone de grabaciones de conversaciones telefónicas donde los miembros de esa red corrupta maquinan las operaciones y negocian el reparto de millones de euros. Nada nuevo. Las prácticas corruptas vienen de lejos: en 2019, personas asociadas con el anterior presidente, Poroshenko, se lucraban con estafas y robos en el Ministerio de Defensa y en compras de armamento, y la fiscalía y los organismos anticorrupción recibían presiones y amenazas: a finales de 2015, Biden, entonces vicepresidente, visitó Kiev y amenazó con retener mil millones de dólares si Poroshenko no destituía al Fiscal General, Víktor Shokin. Biden quería cerrar así las investigaciones sobre otra oscura trama de corrupción donde Hunter Biden, hijo del vicepresidente, recibía un millón de dólares anuales de una empresa ucraniana. El propio Biden alardeó públicamente de ello después, aunque mantuvo que su exigencia de que el Fiscal General ucraniano fuese destituido no era por la implicación de su hijo sino por la ineficacia de Shokin para combatir la corrupción. Fue conmovedor.

La NABU sufre hoy la constante intervención de la embajada estadounidense, que intenta controlar el destino de la enorme financiación que recibe Ucrania de Washington y Bruselas: se calcula que desde 2022 los países de la Unión Europea y Estados Unidos han destinado más de 360.000 millones de euros para ayuda militar y económica al gobierno de Zelenski, además de los 90.000 millones de euros aprobados recientemente por la Unión Europea para enviar a Ucrania en 2026-2027. En julio de 2025, Zelenski quiso poner los organismos de vigilancia de la corrupción a las órdenes del Fiscal General que controla tras haber nombrado para el puesto a Ruslán Kravchenko, un joven treintañero que ejerció de fiscal militar en el Donbás en 2014 y 2015 durante el ataque ordenado por Poroshenko. El intento de Zelenski fracasó por las críticas occidentales, que temen que buena parte de su financiación a Kiev acabe siendo robada: de hecho, participan también en el saqueo de Ucrania y de los fondos occidentales responsables de esos organismos anticorrupción (además de ministros, diputados, militares, empresarios, asesores estadounidenses, miembros de los servicios secretos y altos funcionarios) y los servicios de seguridad, SBU, han llegado a detener a funcionarios de la NABU. La corrupción es tan flagrante y extensa que llevó incluso a la Unión Europea a amenazar con detener la ayuda financiera si Zelenski no retiraba su proyecto de control de los organismos anticorrupción.

El dinero llega a Ucrania desde muchas fuentes, aunque las partidas más importantes proceden de la Unión Europea y de Estados Unidos, y sirve para nutrir al ejército ucraniano y a las estructuras del Estado, y también para incrementar la influencia cultural y política occidental. La USAID financiaba a buena parte de la prensa ucraniana (como Ukrainska Pravda, The Kyiv Independent, y radios y televisiones), prensa que paga esa hipoteca con contenidos informativos del agrado de Washington; se calcula que USAID financiaba a casi el 90% de la prensa «independiente» en Ucrania, lo que supone más de 700 medios de comunicación, además de unas 280 ONGs, a través de programas como el Media Program in Ukraine. Aunque Trump desmanteló la USAID en 2025, muchos de sus programas han sido asumidos por el Departamento de Estado y por la financiación de agencias de inteligencia. Sectores privados occidentales también colaboran en la financiación de todo tipo de entidades: el millonario ucraniano de religión judía Jan Koum, fundador de WhatsApp (que en mayo de 2026 tenía amarrado su yate Moonrise de cien metros, dotado de helicóptero, en el puerto de Barcelona) donó 17 millones a la European Jewish Association, un grupo de presión con sede en Bruselas a la que aporta casi todo su presupuesto, y decenas de millones más a la Federation of Jewish Communities of the CIS, cuya sede está en Nueva York y que actúa en todo el territorio de la antigua Unión Soviética. Ambas organizaciones jasídicas aseguran desarrollar «actividades humanitarias» en Ucrania.

La amordazada prensa ucraniana no informa sobre la corrupción que rodea a Zelenski, pese a las abundantes pruebas e indicios, protegido como está por el artículo 105 de la Constitución ucraniana que asegura impunidad para el presidente del país. Sin embargo, el gobierno de Washington conoce perfectamente la charca ponzoñosa en que se ha convertido el país, porque Ucrania está llena de estadounidenses: funcionarios del gobierno, militares del Pentágono, agentes de la CIA, policías del FBI y hombres de las empresas de mercenarios están presentes en todos los organismos gubernamentales ucranianos y en el ejército. En ese pozo de corrupción, drogas y codicia del gobierno y el Estado ucraniano, no pueden sorprender las revelaciones que hizo la secretaria de prensa de Zelenski, Yulia Mendel, en una entrevista con Tucker Carlson en mayo de 2026. Según Carlson, Mendel arriesga la vida.

La represión en el país no ha cesado, con todos los partidos de izquierda prohibidos y perseguidos, con miles de presos políticos (aunque el gobierno de Zelenski los califica de «espías», «traidores» y «colaboradores con Rusia»), y se recurre al siniestro expediente de ciudadanos «desaparecidos», y con la actuación de «escuadrones de la muerte». El anterior jefe del SBU, Vasil Malyuk, se vanaglorió de las «campañas de asesinatos selectivos» que sus hombres llevaban a cabo en Ucrania y también en el interior de Rusia. Malyuk fue sustituido en enero de 2026 por Evgeni Khmara, el cruel jefe de la “unidad de operaciones especiales”.

A la suspensión de las elecciones (el mandato de Zelenski terminó en mayo de 2024) se añade la existencia de un parlamento ornamental (once partidos políticos fueron prohibidos, entre ellos el comunista y el socialista) donde la mayoría absoluta la ostenta el partido de Zelenski y la oposición se agrupa en torno a las organizaciones de Petró Poroshenko, Yulia Timoshenko y Kira Rudik, los tres partidarios de la OTAN y de las redes occidentales. La compra de votos en la Rada es habitual: muchos de los miembros del partido de Yanukóvich, destituido por el golpe de Estado del Maidán, han sido comprados por los servicios de Zelenski y votan ordenadamente en el parlamento las propuestas del régimen, manteniendo el estricto decorado «democrático», aunque eso no evita las sordas luchas de facciones, en muchas ocasiones en busca de puestos bien remunerados y lucrativos «negocios» y privatizaciones. A la represión política y la corrupción extrema se ha añadido una economía de guerra gracias a los envíos occidentales que aseguran subvenciones, salarios y tramas clientelares.

A todo ello se unen los constantes gestos para honrar a los colaboradores del nazismo: en mayo de 2026 el gobierno aprobó la repatriación desde Luxemburgo de los restos de Andriy Mélnyk, dirigente de la OUN (Organización de Nacionalistas Ucranianos, de ideología fascista) entre 1938 y 1964, para enterrarlos en el Cementerio Conmemorativo Militar Nacional en Kiev (creado en 2025 a imitación del cementerio estadounidense de Arlington) con homenajes y honores militares. Mélnyk, agente de la Abwehr alemana, participó en la creación de batallones nazis durante la Segunda Guerra Mundial, se involucró en matanzas de comunistas y judíos soviéticos y polacos y en la creación de la División SS Galitzia para combatir al Ejército Rojo mientras pedía a Hitler «el honor de participar en la cruzada contra la barbarie bolchevique».

La Unión Europea y Estados Unidos han aceptado la imposición de un nacionalismo ucraniano que bebe en las fuentes de la complicidad con el nazismo y que ha convertido a la Ucrania soviética de 52 millones de habitantes en un desolado país de menos de 30 millones de ciudadanos. Washington y Bruselas han aceptado que los gobiernos de Kiev aprobasen la práctica prohibición del idioma ruso, hablado por una buena parte de la población del país; han consentido la persecución de toda oposición política, de los comunistas hasta sectores conservadores opuestos a la dictadura de Zelenski, y lo han acompañado del constante recurso de los portavoces occidentales a la mentira de que en Ucrania se lucha por la libertad y la democracia. Washington y Bruselas no han expresado la menor protesta por el reclutamiento forzoso de miles de personas que son cazadas en las calles ucranianas por patrullas del ejército y la policía, y tanto Estados Unidos como la Unión Europea ha cerrado también los ojos a las reiteradas muestras de unidades nazis en el ejército y la proliferación de símbolos hitlerianos. La Brigada Azov se ha convertido en un Cuerpo de Ejército y de sus tres mil integrantes ha pasado a incorporar a más de veinte mil militares, sin perder su inspiración nazi inicial.

Sin embargo, el pozo negro de la corrupción ucraniana, de la represión, de la complicidad con el nazismo, son asuntos menores para la Unión Europea y para Estados Unidos, cuyas diplomacias han impedido la paz desde las primeras semanas de la guerra, tras las negociaciones de Estambul, y no dudan ahora en apoyar a un histérico Zelenski (así lo define quien fue su ex responsable de prensa). La retórica occidental sobre los «valores» y la «defensa de la democracia y la libertad» en Ucrania era solo una trampa para elefantes, porque lo que persiguen es la continuación de la guerra y la derrota de Rusia. La decisiva visita del primer ministro británico, Boris Johnson, a Kiev en abril de 2022, a solo seis semanas del inicio de la intervención rusa, sirvió para dinamitar la posibilidad de terminar la guerra. Dos semanas después de la misión de Johnson llegaban a Kiev Blinken y el jefe del Pentágono y secretario de Defensa, Lloyd Austin, quien tras entrevistarse con Zelenski, reconoció después en Polonia que la guerra debía servir para «debilitar a Rusia» con la intervención y ayuda de «más de treinta países». La nueva presidencia estadounidense no ha cambiado nada en lo sustancial, porque a pesar de las reiteradas especulaciones en la prensa sobre la proximidad de Trump con Moscú, puede constatarse que su gobierno sigue apoyando y armando a Zelenski.

En ningún momento del conflicto los principales países europeos, Alemania, Francia, Italia o Gran Bretaña, han lanzado iniciativas diplomáticas para la paz: se han limitado a declaraciones reclamando el fin de los enfrentamientos para aplacar posibles exigencias de la población… mientras hacían posible la continuidad de la guerra, auxiliando a Zelenski y aumentando el despliegue militar en las proximidades de las fronteras rusas. El hostil discurso hacia Moscú es el eje de la política exterior y de las decisiones de la Unión Europea, y un cambio de suma gravedad ha sido el deslizamiento de Alemania hacia la guerra: del «discurso Zeitenwende» de Scholz en 2022 asignando 100.000 millones de euros al rearme se ha pasado a la decisión de Merz de destinar para ello más recursos todavía, rearmar la Bundeswehr para convertir el ejército alemán en «el más fuerte de Europa», levantar una poderosa industria armamentística y facilitar a Kiev armas con las que atacar el corazón de Rusia. Estremece que en Berlín resuenen de nuevo los tambores de guerra, y que vayan acompañadas de las palabras de Macron sobre la fuerza nuclear francesa y la posibilidad de que Francia y otros países envíen soldados a Ucrania, y de la decisión de los tres pequeños bálticos, Polonia y Finlandia de colaborar con el gobierno de Zelenski facilitando cobertura para los ataques con drones a territorio ruso. El ministro lituano de Asuntos Exteriores, Kęstutis Budrys, ha llegado a amenazar con un ataque de la OTAN a la región rusa de Kaliningrado, y con la destrucción de las bases militares rusas. En Kaliningrado está el cuartel general de la Flota del Báltico rusa y alberga misiles balísticos Iskander que pueden llevar ojivas nucleares.

Porque los países de la OTAN participan de hecho en la guerra ucraniana a través de su financiación, de la ayuda en el reclutamiento de mercenarios para Zelenski, de la información constante de sus servicios secretos y satélites militares estadounidenses, y del envío de armamento, incluso misiles y drones que ya producen fuera de Ucrania, golpeando a Rusia, y que han alcanzado algunos de los puntos de su dispositivo nuclear (se ha atacado territorio ruso con misiles balísticos ATACMS suministrados por Estados Unidos y con misiles de crucero Storm Shadow de fabricación británica, entre otros de procedencia europea), sin olvidar la decisiva colaboración de las compañías tecnológicas occidentales. Utilizando a Ucrania, la guerra por poder de la OTAN contra Rusia no se detiene, y la colaboración del MI6 británico en la matanza del colegio Starobelsk, en Lugansk, es otra muestra más.

De Biden a Trump, el análisis estratégico estadounidense no ha cambiado porque siguen señalando a China como la pieza a batir, manteniendo el acoso a Rusia pero traspasando una parte de ese esfuerzo (en la financiación, en el envío de armamento, en entrenamiento de militares ucranianos) a la Unión Europea, porque la leyenda servida por la prensa occidental sobre una supuesta «proximidad» de Trump con Rusia (se ha llegado a afirmar que el estrafalario presidente estadounidense era «el hombre de Moscú en Estados Unidos») no puede ocultar que Washington quiere apoderarse de las riquezas de Ucrania (en 2025, Trump impuso a Zelenski un duro acuerdo para la explotación de minerales en Ucrania), sigue operando en la periferia rusa, manteniendo a grupos terroristas en el Cáucaso y en Asia central, interviniendo en las diferencias de Moscú con Armenia: Marco Rubio acaba de visitar Ereván y ha suscrito un acuerdo con el ministro de Asuntos Exteriores, Ararat Mirzoyan, para el suministro de armamento estadounidense a Armenia, la formación de militares armenios en Estados Unidos y para hacer compatibles sus ejércitos. Con los mismos fines, Washington trabaja también en Azerbeiján y Georgia, envía armamento al gobierno de Kiev, facilita información de sus satélites, desde los KH-11 Kennen hasta la enorme red de los nuevos satélites espía mucho más pequeños que está desarrollando la National Reconnaissance Office, NRO, del Pentágono, además de la colaboración de compañías tecnológicas estadounidenses, entre ellas Starlink y Palantir, con el gobierno de Zelenski. Y no hay apenas diferencias estratégicas entre los dos partidos del régimen estadounidense en el intento de preservar la hegemonía mundial, aunque Trump prefiere que los países europeos de la OTAN asuman el mayor coste del acoso militar a Rusia, y a ese deseo responde la anunciada retirada de 5.000 militares estadounidenses de Alemania y el anuncio de la cancelación del envío de 4.000 soldados a Polonia (decisión anulada después por Trump en uno de sus erráticos merodeos, asegurando que enviará 5.000 soldados más) junto a otras medidas que estudia el Pentágono: ayuda a contener el disparatado déficit norteamericano, aunque sigue manteniendo la hipótesis acariciada por los sectores más extremistas del partido demócrata y de los republicanos de que la presión constante podría llevar a la caída de Putin y, en una culminación terminante, a la desintegración del país. Y, tras ello, llegaría el momento del acoso final a China. Esa temeraria política de Washington, que ha iniciado la guerra con Irán de la mano de Israel y va acompañada del criminal desvarío de Netanyahu, que dirige un país nuclear dispuesto a proseguir el genocidio palestino, y pone en riesgo la vida de millones de personas, ha conseguido algunas victorias que parecen avalar el rearme y la continuidad de la presión militar, económica y diplomática, porque no hay duda de que la caída de Siria (aliada de Rusia con Bashar al-Asad) culminada por los servicios de Biden semanas antes de la segunda llegada de Trump a la presidencia, la tutela impuesta sobre Venezuela tras el secuestro de Maduro, y el férreo acoso y bloqueo a Cuba, han sido duros golpes a Rusia y a China que alimentan las fantasías de los círculos más extremistas del Pentágono y la Casa Blanca.

La Unión Europea agrupa a una perfecta colección de irresponsables que especulan con llevar la guerra a territorio ruso. De Macron a Starmer, de Tusk a Merz, los dirigentes europeos apuestan por el rearme: la temeraria Kaja Kallas llegó a verbalizar hace unos meses la necesidad de «derrotar a Rusia, si queremos hacerlo también con China». Pero la agresividad de la Unión Europea, de distintos dirigentes de sus países miembros especulando con la hipótesis de «frenar a Rusia» con la entrada directa de la OTAN en la guerra ucraniana, ha recibido un nuevo aviso: en mayo, los ejercicios de las fuerzas nucleares estratégicas rusas, junto con Bielorrusia, fueron una severa advertencia contra el partido de la guerra que domina los organismos de la Unión Europea y ha conseguido que la mayor parte de los presidentes de gobiernos europeos se hayan involucrado en Ucrania, continuando la escalada, sin que sean conscientes de las consecuencias de acosar a la mayor potencia nuclear del planeta.

Ucrania es un depósito de cadáveres, envuelto en canciones y gestos «patrióticos», y también un peligroso espejismo para Occidente. Frente al desvarío de Washington y Bruselas, la declaración de Pekín suscrita por China y Rusia, certifica el fin del mundo controlado por Estados Unidos: «Los intentos de algunos Estados de gestionar por su cuenta los asuntos mundiales, imponer sus intereses al mundo entero y restringir las oportunidades de desarrollo soberano de otros países, al estilo de la era colonial, han fracasado.» Estados Unidos se muestra como un imperio que se resiste a morir, y sigue disponiendo de un ejército letal que puede llevar el mundo a la catástrofe, y China y Rusia admiten que los riesgos siguen presentes: «existe el peligro de fragmentación de la comunidad internacional y de un retorno a la <ley de la selva>», por eso, Pekín y Moscú se comprometen a respetar cuatro principios y piden que el mundo también lo haga: una cooperación inclusiva y mutuamente beneficiosa, el principio de que la seguridad es indivisible y debe ser igualitaria, la democratización de las relaciones internacionales y de gobernanza mundiales, y el respeto a la diversidad de civilizaciones.





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jueves, 27 de agosto de 2026

Como los medios fomentan el consenso en favor del genocidio.

 

De cómo los medios de comunicación venden el genocidio palestino

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Los medios de comunicación occidentales fomentan el consenso en favor del genocidio. Normalizan la ocupación militar y el apartheid que Israel lleva practicando desde hace décadas. Ocultan las flagrantes violaciones del derecho internacional por parte de Israel. Perpetúan la falacia de que Israel es la víctima. Traicionan, desacreditan y demonizan el trabajo de los periodistas y profesionales de los medios de comunicación palestinos en Gaza, de los cuales al menos 220 han sido asesinados por Israel entre el 7 de octubre de 2023 y agosto de 2025. Aceptan pasivamente la draconiana censura israelí. Se conforman con tibias cartas de protesta ante la negativa de Israel a permitir la entrada de periodistas extranjeros en Gaza —un intento de Israel por enmascarar sus crímenes de guerra—. Amplifican las mentiras israelíes, desde bebés decapitados hasta agresiones sexuales generalizadas contra mujeres israelíes el 7 de octubre, para ocultar la verdad.

Cuando se escribe sobre Gaza, los verbos están en voz pasiva. No hay sujeto. Nadie rinde cuentas. El genocidio, al parecer, es un acto de Dios. No es diferente de un terremoto o un tsunami. Los clichés y los adjetivos opacos, como el «ciclo de violencia» o los «enfrentamientos», distorsionan y falsifican la realidad.

«Si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento», advirtió George Orwell.

Términos como «genocidio», «atrocidad», «limpieza étnica» y «territorios ocupados» desaparecen por arte de magia de los informes de los medios de comunicación sobre los palestinos, cuya resistencia se describe habitualmente como «salvaje» y «bárbara». Los editores dan instrucciones a los periodistas del New York Times para que eviten términos como «Palestina», «genocidio», «carnicería», «campo de refugiados» o «matanza» y «masacre» en referencia a los palestinos.

Los medios de comunicación repiten servilmente lo que Israel les proporciona. Los bombardeos intensivos se convierten en «ataques aéreos quirúrgicos». El uso de la hambruna como arma por parte de Israel se convierte en una «escasez de alimentos». El asesinato de civiles desarmados —incluidos niños— se convierte en «enfrentamientos». Los recintos de los colonos judíos, situados en lo alto de las colinas y con aspecto de fortalezas, se convierten en «barrios». El asesinato extrajudicial de un periodista o un médico se convierte en «fallecimiento».

El genocidio, al que se hace referencia como la «guerra entre Israel y Hamás», se justifica como «autodefensa», parte del mantra del «derecho de Israel a defenderse». Cuando se destruyen escuelas, hospitales, clínicas, ambulancias, mezquitas, iglesias y otros objetivos civiles, se les tilda de «centros de mando de Hamás» o se les ataca porque Hamás está «utilizando a civiles como escudos humanos» —algo que Israel hace habitualmente, cuando el ejército ata a los palestinos detenidos y les obliga a entrar en edificios y túneles que podrían contener trampas explosivas, por delante de las tropas israelíes—.

Cuando los israelíes son retenidos por Hamás, son «rehenes», incluso si prestan servicio en el ejército. Cuando los palestinos —incluidos los niños— son retenidos sin cargos ni juicio y desaparecen en centros de detención israelíes, donde la tortura es «generalizada» y «sistemática», son «prisioneros».

Los ataques con misiles contra campamentos de tiendas de campaña u hospitales se achacan a grupos armados palestinos que lanzan cohetes errantes. Si Israel reconoce los ataques —lo cual ocurre muy raramente—, se describen como un «trágico error».

Las instituciones civiles de Gaza se califican como «dirigidas por Hamás» para poner en duda la veracidad de sus informaciones. El New York Times suele matizar los comunicados del Ministerio de Sanidad de Gaza señalando que «no distingue entre civiles y combatientes», ocultando así la matanza de decenas de miles de civiles.

El resultado son algunos de los textos más enrevesados de la historia del periodismo, como el titular del New York Times del 5 de noviembre de 2023 que reza: «Las explosiones que, según los habitantes de Gaza, fueron un ataque aéreo, dejan numerosas víctimas en un barrio densamente poblado».

«Cuando los periodistas de Middle East Eye Mohamed Salama y Ahmed Abu Aziz, junto con el fotoperiodista de Reuters Hussam al-Masri y los independientes Moaz Abu Taha y Mariam Dagga —que habían trabajado con varios medios de comunicación, incluida Associated Press— fueron asesinados en un ataque de ‘doble golpe’ —diseñado para acabar con los equipos de primera intervención que acudían a atender a las víctimas de los ataques iniciales— en el Complejo Médico Nasser, ¿cómo respondieron las agencias de noticias occidentales?» Lo pregunté en mi columna «La traición a los periodistas palestinos».

«El ejército israelí afirma que los ataques contra el hospital de Gaza tenían como objetivo lo que, según ellos, era un cámara de Hamás», informó Associated Press.

«Las Fuerzas de Defensa de Israel afirman que el ataque al hospital iba dirigido contra un cámara de Hamás», anunció la CNN.

El cámara pertenecía a Reuters, que afirmó que Israel era «plenamente consciente» de que la agencia de noticias estaba grabando desde el hospital.

«Cuando el corresponsal de Al Jazeera, Anas Al Sharif, y otros tres periodistas fueron asesinados el 10 de agosto en su tienda de prensa cerca del hospital Al Shifa, ¿cómo se informó de ello en la prensa occidental?», pregunté.

«Israel mata a un periodista de Al Jazeera del que afirma que era un líder de Hamás», tituló Reuters su noticia, a pesar de que Al Sharif formaba parte de un equipo de Reuters que ganó un Premio Pulitzer en 2024.

El periódico alemán Bild publicó en portada una noticia titulada: «Matan en Gaza a un terrorista disfrazado de periodista».

«Las piruetas lingüísticas empleadas por los medios llegaron hasta el punto de redefinir palabras, vaciándolas de significado», escribe Assal Rad en «No digas Palestina: cómo los medios fabricaron el consentimiento para el genocidio»: «Los medios de comunicación dominantes no describieron las repetidas infracciones del alto el fuego por parte de Israel utilizando el lenguaje propio de una violación. En su lugar, la cobertura siguió los mismos patrones de racionalizar los ataques de Israel y repetir acríticamente las afirmaciones de Israel para justificar sus acciones. Mientras se seguía matando a palestinos —durante un «alto el fuego»— y el flujo de ayuda no alcanzaba el nivel de necesidad ni lo acordado, los medios occidentales enmarcaron estas violaciones flagrantes como «pruebas» o «desafíos» a un «alto el fuego inestable». Mientras organizaciones líderes en derechos humanos como Amnistía Internacional advertían de que el genocidio, de hecho, no había terminado, los medios de comunicación tradicionales siguieron presentándolo como una guerra con un «alto el fuego frágil»».

Las palabras importan. Las palabras justifican las acciones. Si no hay genocidio, si Israel se está defendiendo en una guerra, Estados Unidos y los aliados europeos de Israel tienen derecho a proporcionar decenas de miles de millones de dólares en ayuda militar. Si se trata de una guerra iniciada por Hamás el 7 de octubre, entonces es posible lamentar la destrucción de Gaza y la matanza masiva perpetrada por Israel como el desafortunado resultado del ataque de Hamás.

Esta corrupción del lenguaje está diseñada, como señaló Orwell, para defender lo indefendible: «Cosas como la perpetuación del dominio británico en la India, las purgas y deportaciones rusas, el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Japón, pueden defenderse, sin duda, pero solo con argumentos demasiado brutales como para que la mayoría de la gente los afronte, y que no concuerdan con los objetivos declarados de los partidos políticos. Por ello, el lenguaje político tiene que consistir en gran medida en eufemismos, argumentos circulares y una vaguedad totalmente confusa. Se bombardean desde el aire pueblos indefensos, se expulsa a los habitantes al campo, se ametralla al ganado y se incendian las chozas con balas incendiarias: a esto se le llama «pacificación». A millones de campesinos se les arrebatan sus granjas y se les obliga a caminar penosamente por las carreteras con nada más que lo que pueden llevar encima: a esto se le llama «traslado de población» o «rectificación de fronteras». Se encarcela a personas durante años sin juicio, se les dispara por la nuca o se les envía a morir de escorbuto a los campamentos madereros del Ártico: a esto se le llama «eliminación de elementos poco fiables»».

Adam Johnson, en «How to Sell a Genocide: The Media’s Complicity in the Destruction of Gaza (Cómo vender un genocidio: la complicidad de los medios de comunicación en la destrucción de Gaza)», analizó más de 12.000 artículos de The New York Times, The Washington Post, CNN.com, Politico, Axios, USA Today y The Associated Press, además de 5.000 segmentos televisivos emitidos en la CNN y la MSNBC. Su libro, fruto de una minuciosa investigación, es una acusación contundente contra la justificación del genocidio por parte de los medios de comunicación «liberales».

La CNN y The New York Times dieron instrucciones a sus editores y periodistas de que los ataques solo podían atribuirse a Israel después de la confirmación por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y las coordenadas GPS. Johnson cita a una fuente de la CNN: «Ya fuera en la redacción o sobre el terreno, no podíamos atribuir nada a Israel a menos que cumpliéramos con este requisito imposiblemente exigente de tener que llamarlo «explosión», hasta que geolocalizáramos el lugar de la explosión, enviáramos las coordenadas a los israelíes y les pidiéramos un comentario».

Puedes ver una entrevista con Johnson sobre su libro en The Electronic Intifada aquí.

Los periodistas de la CNN que informan sobre Israel y Palestina deben enviar sus trabajos para su revisión a la oficina de la cadena en Jerusalén antes de su emisión. La oficina de la CNN, al igual que todas las oficinas de noticias en Israel, está obligada a acatar las restricciones impuestas por los censores militares israelíes.

A los muy pocos palestinos que aparecen en la CNN y otros medios de comunicación tradicionales se les pregunta sistemáticamente —por lo general, incluso antes de que se les permita salir en antena— si «condenan» a Hamás. A los invitados que expresan siquiera una crítica moderada hacia Israel se les pregunta si Israel «tiene derecho a existir».

A nadie se le pregunta jamás si condena el sionismo, el apartheid, la limpieza étnica, el genocidio o la guerra de cien años de Israel contra Palestina. Tampoco se les pregunta si los palestinos tienen derecho a defenderse —lo cual, según el derecho internacional, sí tienen, incluso con armas—.

Nuestros periodistas y medios de comunicación domesticados son, como señaló Robert Fisk, «prisioneros del lenguaje del poder». Repiten obedientemente el léxico oficial. Esto los convierte no solo en propagandistas, sino en cómplices del genocidio.

A quienes protestan contra el genocidio, incluidos los estudiantes en los campus universitarios —muchos de los cuales son judíos—, se les tacha de «partidarios de Hamás» y «antisemitas». Los periodistas buscan a los estudiantes sionistas, que suelen encontrarse refugiados en las casas Hillel de los campus, y que afirman «temer por su seguridad» a causa de las protestas. Los medios de comunicación prestan poca atención al aumento de la intolerancia antimusulmana o a la represión ejercida contra los estudiantes manifestantes, que incluye no solo la brutalidad policial y 3.000 detenciones y arrestos, sino también suspensiones, períodos de prueba, expulsiones, la retención de títulos y el despido de profesores solidarios.

Las consignas que reclaman la liberación de Palestina —entre ellas «Desde el río hasta el mar, Palestina será libre»— junto con la bandera palestina, se han tipificado como delito.

El mensaje es claro: las vidas judías importan. Las vidas palestinas, no.

«Los informes de los organismos de la ONU, de observadores de derechos humanos respetados, de revistas médicas y de personal médico profesional suelen ser tratados con respeto y se les da protagonismo en los medios de comunicación dominantes», escribe el historiador Rashid Khalidi en la introducción del libro de Robin Anderson, The Complicit Lens: US Media Coverage of Israel’s Genocide in Gaza: «No es así en esta guerra: por el contrario, si es que se citan tales fuentes, los medios de comunicación otorgan el mismo tratamiento a las escandalosas calumnias y difamaciones contra estas organizaciones y personas, difamaciones que producen en abundancia la legión de propagandistas profesionales de Israel y su miríada de defensores en EE. UU. Además de difamar a los críticos del genocidio de Israel tachándolos de partidarios de Hamás o simpatizantes del terrorismo, el arma principal de su arsenal de difamación es el uso indebido, sistemático y escandaloso de la acusación letal de antisemitismo».

La fuga masiva de lectores y espectadores de los medios de comunicación convencionales hacia las plataformas de redes sociales —que no filtran las noticias a través del lobby israelí, el Gobierno de EE. UU. o las grandes empresas— es un claro indicador de la bancarrota de los medios. La respuesta a esta fuga ha sido el «plataformicidio»: el uso de algoritmos, el «shadow banning», la restricción de las funciones de retransmisión en directo y el cierre de cuentas por parte de gigantes de las redes sociales como Facebook, Instagram, X, YouTube y TikTok, para reducir drásticamente el alcance de la información sobre Palestina.

Esta censura forma parte de un esfuerzo coordinado para ocultar al público el horror del genocidio.

Al hacer referencia constantemente al 7 de octubre, los medios occidentales sacan de contexto el genocidio. Ignoran el asedio de Gaza por parte de Israel, que dura ya 19 años. En los medios occidentales, el 7 de octubre se presenta como un acto «sin provocación previa». Se ignoran las masacres perpetradas por Israel contra palestinos desarmados en Gaza durante los inviernos de 2008 y 2009, así como sus ataques contra Gaza en 2012, 2014 y durante la Gran Marcha por el Retorno en 2018 y 2019.

Rara vez se menciona la Nakba de 1948 —cuando los sionistas europeos se apoderaron de más del 78% de la Palestina histórica, expulsaron violentamente a 750.000 palestinos, destruyeron más de 530 pueblos palestinos y mataron a 15.000 palestinos—. El 70% de los que fueron expulsados de sus hogares en 1948 se vieron obligados a refugiarse en Gaza.

El proyecto sionista se basa en fomentar la amnesia histórica.

«Una vez que Hamás quedó instituido como un grupo terrorista brutal cuyos miembros torturaban, desmembraban y decapitaban a bebés con regocijo y sin escrúpulos, no se necesitó ninguna explicación adicional», escribe Anderson en su libro. «Los medios de comunicación simplemente evitaron informar sobre el historial de violencia de Israel y, como resultado, los medios del establishment también ignoraron las condiciones de la vida cotidiana de los palestinos».

La ficción de que actualmente existe un alto el fuego en Gaza —Israel ha matado al menos a 1.286 palestinos y ha herido a 4.257 desde que supuestamente entró en vigor— se ha convertido en la excusa utilizada por los medios de comunicación occidentales para dar la espalda a Gaza. Esta negación del genocidio ha caracterizado la cobertura informativa desde sus inicios. Enmascara no solo los crímenes de Israel, sino también la intención declarada de Israel de llevar a cabo una limpieza étnica de todos los palestinos de Gaza. Neutraliza de hecho el derecho internacional. Y convierte en una burla la profesión del periodismo.

Cuando se produzca el último acto de limpieza étnica, los medios de comunicación occidentales, estoy seguro, seguirán bombardeándonos con propaganda israelí, eufemismos y clichés.

Y justificarán el genocidio hasta el final.

Chris Hedges es un escritor y periodista independiente que trabajó durante casi dos décadas como corresponsal extranjero para The New York Times, la National Public Radio y otros medios en Latinoamérica, Oriente Medio y los Balcanes. Formó parte del equipo de reporteros de The New York Times que ganó un Premio Pulitzer por su cobertura del terrorismo global. Hedges es miembro del Nation Institute y autor de numerosos libros, entre ellos War is a Force That Gives Us Meaning.

Texto en inglés: The Chris Hedges Report, traducido por Sinfo Fernández.

Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/08/24/de-como-los-medios-de-comunicacion-venden-el-genocidio-palestino/

martes, 25 de agosto de 2026

La deuda estadounidense es impagable.

 

El Imperio descontrolado: la deuda estadounidense de 20 millones es impagable 



La crisis de la deuda estadounidense es un legado de guerras interminables. También es un presagio de futuras guerras, a menos que el sistema estadounidense se transforme mediante una revolución o un colapso total.

Editorial de Strategic Culture 

Esta semana, Estados Unidos alcanzó un hito preocupante al anunciar que su deuda nacional había superado los 40 billones de dólares. Ningún otro país se acerca a este nivel de endeudamiento financiero absoluto.

No se trata simplemente de una quiebra financiera descontrolada. Es una señal ominosa de un imperio desquiciado que intenta desesperadamente enmendar su fracaso histórico mediante tácticas de tierra arrasada y guerras interminables.

El mundo está siendo rehén de un sistema patológico que ya no se puede tolerar en aras de la humanidad, el desarrollo y la paz.

Quizás más significativo que la cifra total —aunque astronómica— sea el ritmo acelerado de crecimiento de la deuda estadounidense. Desde 2016, los atrasos se han duplicado, pasando de 20 billones de dólares. Se prevé que, en la próxima década, la deuda nacional de Estados Unidos ascienda a 64 billones de dólares.

En el año 2000, la deuda estadounidense ascendía a tan solo 6 billones de dólares. Durante el último cuarto de siglo, la deuda se ha acumulado debido a guerras interminables, gastos militares irresponsables y recortes fiscales masivos para la élite empresarial. Bajo las políticas vigentes, la deuda se ha vuelto irreversible.

El pago de intereses por los atrasos asciende actualmente a un billón de dólares anuales y representa uno de los mayores gastos del presupuesto federal. Esto significa que Estados Unidos se encuentra atrapado en una espiral de deuda de la que no puede salir. Se está hundiendo cada vez más.

Esto tiene profundas implicaciones para Estados Unidos como sociedad. Como señaló Robert Reich, exsecretario de Trabajo, el pago de una deuda descontrolada significa menos dinero para “escuelas, sanidad, carreteras, puentes y redes de protección social”. La sombría conclusión es que la desigualdad social en Estados Unidos —que ya se encuentra en niveles récord— se volverá aún más destructiva. Esto augura un empobrecimiento y un colapso social.

También existen consecuencias negativas de gran alcance para la economía estadounidense y mundial. Incluso analistas convencionales advierten sobre una crisis fiscal histórica que se avecina para Estados Unidos debido al aumento vertiginoso de las tasas de interés y la hiperinflación. Esto, a su vez, se transmitirá al resto del mundo, especialmente a aquellos países con grandes tenencias de deuda estadounidense.

Pero el excepcional desastre financiero de Estados Unidos no es solo una cuestión económica. Es un asunto urgente de paz y seguridad mundiales.

Existen varias causas del creciente endeudamiento estadounidense. Sin embargo, la principal, con diferencia, es la implacable beligerancia y militarismo de la nación, como han sostenido durante mucho tiempo el economista Jeffrey Sachs y otros analistas . Es un problema sistémico y crónico.

Este año, Estados Unidos celebró su 250 aniversario desde su fundación como estado moderno. Durante la mayor parte de su historia, aproximadamente el 95 por ciento de esos 250 años, Estados Unidos ha estado en guerra, ya sea por conquista o por subterfugio, según sus propios registros del Congreso y eminentes historiadores como David Vine .

Ninguna otra nación moderna se acerca a esta conducta belicosa, y esa es una razón por la que ninguna otra nación se acerca al nivel de deuda financiera de Estados Unidos.

En resumen, la guerra y la deuda están estrechamente correlacionadas como causa y efecto.

Lo preocupante para el mundo es que, a medida que la deuda estadounidense se dispara a un ritmo acelerado, la consecuencia obvia es que los conflictos y las guerras también se manifiestan cada vez con mayor frecuencia.

Hoy en día, son pocas las personas que no se preocupan por la creciente percepción de tensiones, violencia y amenazas a la paz mundial. Vivimos en una época en la que se habla de una Tercera Guerra Mundial y una conflagración nuclear como una posibilidad inminente. Si bien los medios corporativos occidentales tienden a ocultar lo evidente, las encuestas muestran que un número cada vez mayor de personas en todo el mundo considera a Estados Unidos como la principal amenaza para la paz y la seguridad globales.

Las guerras actuales en Oriente Medio y Ucrania, así como las tensiones con China, tienen su origen en la política exterior de Washington.

La administración Trump ha bombardeado al menos siete países y amenaza con atacar a otros. Esta misma semana, Trump sonó como un capo de la mafia al decir que bombardearía Omán sin piedad por una supuesta ofensa. El desprecio de Estados Unidos por el derecho internacional siempre ha sido una constante, aunque no muy conocida, pero últimamente se ha vuelto flagrante.

Este presidente estadounidense ha insinuado en numerosas ocasiones el uso de armas nucleares para «aniquilar» a Irán, dado el rotundo fracaso de su criminal guerra de agresión contra ese país. Tan solo la guerra contra Irán ha incrementado la deuda nacional estadounidense en otros 100 mil millones de dólares —y la cifra sigue aumentando— en apenas seis meses.

George D. O’Neill Jr. escribe en The American Conservative : “Las guerras actuales han puesto al descubierto las deficiencias de nuestro ejército, que cuesta casi un billón de dólares, y sus sistemas de armas multimillonarios… Después de años de que nos dijeran que poseemos el ejército más poderoso de la historia, los estadounidenses están empezando a darse cuenta de que es una fantasía”.

En efecto, se trata de una fantasía cruel. Estados Unidos no es una nación excepcional y virtuosa, como afirma su propaganda; es un imperio excepcionalmente violento y criminal que ha acumulado una deuda monstruosa, evidenciada por sus propias incriminaciones.

El verdadero peligro reside en que el imperio se está desmoronando rápidamente tras décadas de abusos y corrupción. Para posponer ese ajuste de cuentas, la clase dirigente estadounidense está intensificando la guerra y el militarismo en un intento desesperado por crear un nuevo orden mundial, apostando a que de alguna manera beneficiará al capitalismo estadounidense.

No tiene por qué ser así. Si Estados Unidos realmente sirviera a las necesidades democráticas de su pueblo, en lugar de a la oligarquía y al complejo militar-industrial, aumentaría los impuestos a los superricos y controlaría el gasto militar y las guerras. Es decir, si Estados Unidos funcionara como una nación normal y respetuosa de la ley, podría evitar la crisis fiscal y relacionarse pacíficamente con el resto del mundo.

Pero el capitalismo estadounidense no funciona así. Es un sistema de suma cero impulsado por ambiciones de dominio mundial que engendran guerras, agresiones imperialistas y deuda.

La crisis de la deuda estadounidense es un legado de guerras interminables. También es un presagio de futuras guerras, a menos que el sistema estadounidense se transforme sistemáticamente mediante una revolución o un colapso total


https://observatoriocrisis.com/2026/08/23/el-imperio-descontrolado-la-deuda-estadounidense-de-20-millones-es-impagable/


 Y ver   ...https://www.lavanguardia.com/economia/20260823/11618257/corralito-trump.html

miércoles, 19 de agosto de 2026

Heidegger y el nacionalsocialismo .

 

Reseña de Heidegger y el nacionalsocialismo (Plaza y Valdés, 2013), de Ángel Xolocotzi Yáñez

Crónica sobre Martin Heidegger:


 1926-1936

   
 
 Salvador López Arnal | 18/08/2026 |

La intención general de su proyecto, observa Ángel Xolocotzi Yáñez [AYX a partir de ahora], es seguir de modo cercano la relación entre la biografía y la obra de Heidegger [H de aquí en adelante] a lo largo de su vida «y no solo respecto del compromiso con el nacionalsocialismo». Por otra parte, sostiene el autor (y este reseñador con él), tratar de entender esa relación «tomando solo el año del rectorado [1933] es una visión miope y no objetiva».

El proyecto de AXY ha sido estructurado en cuatro volúmenes. En este, el segundo de la serie, «se intenta cubrir el inicio del período que muestra el paso de la ontología fundamental al pensar ontohistórico, la famosa Kehre [que algunos estudiosos ponen en cuestión], y en el cual se inserta tanto el acercamiento al nacionalsocialismo como su paulatino alejamiento, pasando, por supuesto, por el período de rectoría en la Universidad de Friburgo» (29). El ensayo «se inserta en esa serie de trabajos que buscan mostrar la complejidad de la vida y obra de Heidegger». De ese modo, «se pretende dar herramientas para llevar a cabo una interpretación adecuada, es decir, que mediante la fuerza de la prueba pueda justificar los impulsos recibidos para el pensar o para el obrar correspondiente. Así se logrará un panorama más enriquecedor en torno al paso de la ontología fundamental al pensar ontohistórico», los dos grandes momentos del pensar heideggeriano en opinión de AXY.

Uno de los principios que han guiado la investigación y redacción del autor, el principal de ellos, «es lo que la tradición ha llamado el compromiso con la verdad. Eso quiere decir simplemente que de la documentación publicada y consultada en archivos no se ocultará nada». La selección de citas (que, claro está, es una elección) esta guiada «por la relevancia de las acciones y el momento histórico correspondiente» (25).

(Entre la serie de trabajos que aspiran a mostrar la complejidad de la vida y obra de H., AXL cita complacido el clásico de Hugo Ott (Martin Heidegger. En camino hacia su biografía, 1988), que refleja «la pasión por la documentación histórica»; el ensayo de Holger Zaborowski (Eine Frage von Irre und Schuld? Martin Heidegger und der Nationalsozialismus, 2010), y la tesis doctoral de 2011 de Florian Grosser, Revolution Denken. Heidegger und das Politische 1919-1969).

Otra de las consideraciones centrales de AXL: «Por las brechas que ha abierto, queda fuera de duda el carácter filosófico de su obra [la de H., que no es mera ideología, que no es mero envoltorio ideológico del nazismo como sostiene Faye, por ejemplo, vindicando su expulsión del mundo filosófico académico], aunque les duela tanto a los detractores [a los que AXL, ignoro las razones, nunca llama críticos]». De esa manera se deja ver claramente «que la interpretación de la totalidad de la filosofía heideggeriana, como algo enraizado en una ideología determinada, no hace sino pasar por alto los más simples cánones de rigurosidad que se exigirían a un trabajo serio». Y si esto no fuera suficiente, añade, «se desprestigia, de paso a todo aquel [Gadamer, Jonas, Arendt, Anders, Strauss, Levinas, Patocka, Derrida, Foucault, Sartre, Rorty… entre muchos otros “grandes filósofos” citados por el autor] que “lamentablemente” haya recibido impulsos de Heidegger» (23).

AXL ha recibido, sin duda, el impulso de H. Un ejemplo, entre muchos otros, de su buen hacer histórico-filosófico, de su excelente conocimiento de la vida y obra del autor de Sendas perdidas:

Ser y tiempo fue publicado por presiones externas al interés pensante de H. La necesidad de obtener condiciones favorables para su carrera y trabajo universitarios y el sostén de su familia «lo obligó a preparar la publicación». A partir de la publicación de la obra póstuma y de epistolarios [unas 10.000 cartas, 200 interlocutores, 35 volúmenes] «tenemos conocimiento de la formación del libro». El mito de que se trataba «de una ‘obra de inspiración’ ha sido superado». Si esta obra, una de los ensayos filosóficos más citados, estudiados y valoradas de la filosofía del siglo XX (y de lo que llevamos del XXI) «se inserta en una serie de condiciones que conducen a su publicación, la cuestión no se agota al ver solo a Ser y tiempo como la obra, ignorando su conformación y publicación». Ver solo la obra puede, «en mentes muy finas [la del autor, por ejemplo], dar impulsos fundamentales», pero en otros casos puede dar lugar a «atribuirle etiquetas inapropiadas como pensar que tal texto representa una antropología filosófica o existencialista». A partir de la obra póstuma y de epistolarios de H. se sabe hoy «que el libro fue publicado por presiones institucionales, pero extraído de otros manuscritos ahora accesibles». De esta forma, la obra, a partir de indagaciones biográficas (sobre vida y obra) llevó a ser aprehendida como lo que es realmente: «no es ningún texto fruto de la cabaña de Todtnauberg, sino un manuscrito que recolecta de modo sintético parte de lo ya trabajado en múltiples lecciones». De ahí que actualmente, sostiene AXL, una lectura rigurosa de Ser y tiempo «remite indiscutiblemente a su historia, es decir, a las lecciones de Friburgo y Marburgo dictadas por Heidegger entre 1919 y 1926». De lo cual no se infiere, en mi opinión, que Sein und Zeit no pueda ser leído y estudiado con independencia de esas lecciones.


La anterior nota es una de las documentadas informaciones-reflexiones que nos presenta y obsequia AXY en Heidegger y el nacionalsocialismo, un libro de título equivocado, una probable estrategia editorial con finalidades comerciales, que puede confundir al potencial lector. Un apunte sobre el autor.

Doctor en filosofía por la Albert-Ludwig Universität de Friburgo, AXY es (o ha sido) profesor de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (México). Tiene en su haber dos traducciones de Heidegger (Seminarios de Zollikon y Preguntas fundamentales de la filosofía), libros coordinados por él y ocho ensayos de su autoría. Entre ellos cabe señalar Fenomenología de la vida fáctica. Heidegger y su camino a Ser y tiempo (2004), Subjetividad radical y comprensión afectiva. El rompimiento de la representación en Rickert, Dilthey, Husserl y Heidegger (2007). AXY ha seguido trabajando sobre la filosofía tardía de Heidegger, así como en la elaboración de una crónica de su vida y obra de la que el libro que comentamos, como se ha señalado, sería una aproximación parcial, la del período 1926-1936.

Forman Heidegger y el nacionalsocialismo el prólogo, la introducción, «Crónica de la vida y obra de Martin Heidegger (1926-1936), que es, que debería haber sido, el título del ensayo, un índice de personas (pp. 165-182; entre ellas: Elfride Petri, Karl Löwith, Carlos Astrada, Emmanuel Levinas, Erik Wolf, Xavier Zubiri, Ernst Jünger, Ernst Nolte, Eugen Fink, Hans Jonas, Herbert Marcuse,…) y la bibliografía (en la que AXY no cita, por ejemplo, la tesis doctoral de Manuel Sacristán, Las ideas gnoseológicas de Heidegger).

Falta un índice onomástico que hubiera resultado muy útil en esta ocasión.

El capítulo «Crónica de la vida y obra de Martin Heidegger» está dividido en cuatro apartados de diversa longitud (el 2º y 3º son, con diferencia, los más extensos): 1. La publicación de Ser y tiempo. 2. De Ser y tiempo al rectorado (1928-1933). 3. Los meses del rectorado (1933-1934). 4. Del rectorado a los Aportes a la filosofía (1934-1936). ¿Por qué hasta 1936? Con palabras de AXL (que son, al mismo tiempo, una neta toma de posición): «La crónica mostrará que, después del rectorado, Heidegger se despreocupará cada vez más por la situación presente y regresará a la tradición filosófica. No solo la escasa referencia al Führer y al nacionalsocialismo se hará cada vez más patente, sino que poco a poco se dejará ver un incremento en su crítica. Uno de esos momentos en los que se externa la crítica es a lo largo de 1936, por ello se justifica que este volumen de la crónica abarque solo hasta dicho año» (24).

Una ilustración del «índice de nombres» (que no incluye a Ortega, a pesar de que AXY cita y reproduce parcialmente dos de las cartas que H. dirigió al autor de La rebelión de las masas): «Karl Löwith será, en sentido estricto, el primer alumno importante de Heidegger. Se doctora en Múnich con Moritz Geiger en 1923 con una tesis sobre Nietzsche y se habilita con Heidegger en Marburgo en 1928 con la tesis El individuo en el papel del prójimo. La relación con Heidegger será determinante a lo largo de su vida: primero verá a Heidegger como el gran maestro, y después lo criticará despiadadamente. En una carta a Petzet, Heidegger lamenta las críticas de Löwith (Petzet, 1983, 98-ss), y en otra carta a E. Blochmann, del 19 de enero de 1954, [Heidegger] incluso dice de Löwith: «Acerca del pensar no tiene la más mínima idea; quizás lo odia» (H-B, 103). El énfasis es mío y el despiadadamente (a veces escribe más razonablemente «detractores») es de AXL, quien, en cambio, nada dice del comentario (este sí, despiadado) de Heidegger sobre el pensar de su exalumno. (Sugerencia de lectura, una lectura que, a buen seguro, no les dejará indiferentes: Karl Löwith, Mi vida en Alemania antes y después de 1933. Un testimonio, Madrid, Visor, 1992).

Recordemos el objetivo del autor: «El trabajo que aquí presento se propone esclarecer algunos aspectos de la vida y obra de un pensador determinante para la filosofía contemporánea: Martin Heidegger». Se trata de una investigación que intenta dar a conocer «en forma de crónica, la relación entre la vida y la obra de Martin Heidegger a partir de documentos y cartas recientemente publicadas [son 29 los epistolarios consultados], así como de material consultado en archivos [son 16 los archivos y legados consultados]» (13). Su posición sobre el asunto histórico-filosófico vida-obra: «Quizás también hace falta conocer la obra para entender la vida de Heidegger y especialmente divisar en su justa medida la relación con el nacionalsocialismo. Sin embargo, lo que debe quedar claro es que se trata de un camino de exploración para una mejor comprensión de lo acaecido, sea del lado de la obra o sea del lado de la vida. Eso significa, pues, que no se puede anular ni una ni otra. Por ello entonces sería un error de principio el intentar subsumirlas y considerarlas de modo unilateral. En múltiples interpretaciones sobre Heidegger ha ocurrido tal proceder de modo que al final surgen dos bandos: los despreciadores, que subsumen la obra en la vida, y los idólatras, que hacen depender la vida de la obra» (21). (Los énfasis son míos y despreciadores es término, para mí desafortunado, del autor).

El trabajo presentado, señala AXY, es la continuación de las investigaciones que ha realizado y que de modo sintético se plasmaron en tres publicaciones: Una crónica de Ser y tiempo de Martin Heidegger (2011), Fundamentos y abismo. Aproximaciones al Heidegger tardío (2011) y, junto a Luis Tamayo, Los demonios de Heidegger. Eros y manía en el maestro de la Selva Negra. «Remito al lector a estos textos en donde encontrará una serie de elementos que se amplían, continúan o retoman en las diversas secciones de la presente investigación».

Las «moléculas informativas-reflexivas» que componen el libro de AXY, una especie de diario sobre vida y obra de H. construido en base a los materiales consultados indicados en la bibliografía, son textos (muchos de ellos del propio H.) del siguiente tenor:

I. 2 de octubre de 1929: H. escribe al Director de la Oficina de la Universidad del Ministerio para la Instrucción Pública de Baden, Viktor Schwörer: Lo que no puedo más que indicar indirectamente en mi informe, se lo puedo decir aquí claramente. Se trata nada menos que de la toma de conciencia urgente del hecho de que nos encontramos ante la siguiente alternativa: o bien dotamos nuestra vida espiritual alemana de fuerzas y de educadores auténticos, salidos de la tierra, o bien la dejamos definitivamente al enjudiamiento [Verjudung] creciente en el sentido amplio y en el sentido restringido del término. No encontraremos el camino más que si ayudamos a abrir nuevas fuerzas, sin preocupaciones ni complicaciones infructuosas. (Cf. Sieg, 1989, 50).

II. 20 de septiembre de 1930: H. expresa sus ideas en torno al papel de la universidad y después añade: Con ello no apruebo el «término medio», sino el hecho de que la realidad del pueblo y de las razas encuentre el camino hacia sus propias fuentes y fuerzas. (H-B, 20 de septiembre, 38).

III. Septiembre de 1930: H. se encuentra en Fránkfort con Hannah Arendt y su esposo Günther Stern [Anders]: Martin: cuando te vi hoy, perdóname que enseguida me pusiera a organizar. Pero en ese mismo momento se me cruzó por la mente la imagen de cómo tú y Günther estaríais juntos en la ventanilla y yo, en el andén, y no pude esquivar la diabólica claridad de lo que veía. Perdona./ Tantas cosas juntas me confundieron en sumo grado. No solo, como siempre, que verte despierta en mi una y otra vez la conciencia de la continuidad más clara y urgente de mi vida, de la continuidad –déjame decírtelo, por favor– de nuestro amor (Arendt a H, H-A, septiembre, 63).

La posición de AXY respecto al tema que da (mal) título al libro: «En el caso de los simpatizantes [él mismo sería un ejemplo] también se requiere apertura para reconocer que hubo un compromiso de Heidegger al “aplicar” y concretar sus propuestas filosóficas en la ideología nazi. Eso evidentemente deberá ser reconocido y cuestionado rígidamente. Ya no se puede mantener la idea de querer proteger a Heidegger como alguien que “prestó resistencia” contra el nacionalsocialismo. Esos intentos se llevaron a cabo cuando no teníamos acceso a documentos originales y epistolarios. Sin embargo, los discursos de Heidegger entre 1933 y 1934 muestran fehacientemente su fanatismo por Hitler y el movimiento nacionalsocialista así como un vergonzoso oportunismo» (21) (Todos los énfasis son míos).

Algunas consideraciones complementarias:

1. No hay duda del interés de las «moléculas» que componen la crónica de AXY sobre la vida, la obra y la interrelación vida-obra en H., pero se echan en falta, en mi opinión, más desarrollos sobre el contenido filosófico, sobre las tesis de la filosofía de H. y su filosofar, sobre su estilo argumentativo (incluidas sus «creativas y discutidas» etimologías).

2. No siempre AXY es mesurado en sus comentarios. Así, en la Introducción, en la p. 18, escribe: «Si ya el intento de tematizar la vida únicamente al servicio de la obra implica un reduccionismo inaceptable, dejar pasar por alto el hecho de que Martin Heidegger también fue un hombre de carne y hueso podría conducirnos a la creación de ídolos para dos sectas antagónicas: la que valora solo la obra y desprecia los acontecimientos vividos, y la que destaca solo la vida dejando a un lado la obra. De aquí que, para algunos, Heidegger represente toda una figura idolatrada de la filosofía, mientras que para otros, cuya fama depende de la publicación de libros y panfletos en su contra, tanto él como su pensamiento merezcan ser despreciados».

Con esos otros AXY hace referencia a autores como Víctor Farías, Emmanuel Faye o Julio Quesada. El uso del término «panfletos» no es, desde luego, inocente. No es fácil ver las razones por las que la fama de los tres citados (hay más ejemplos) dependa de escribir textos en «su contra» (¿en su contra?) y, en cambio, la fama de los simpatizantes de su filosofía y su hacer (la del propio AXY, por ejemplo) no dependa de escribir textos (o panfletos) a su favor.

«Desprecio», como se señaló, no parece un término adecuado para hablar de críticas. Más adelante, en la misma línea, el autor habla de idólatras y despreciadores.

3. En cambio, la posición equilibrada (e informada) de AXL se manifiesta en textos como el siguiente: «Sin embargo, no solo son cuestionables las interpretaciones de aquellos que buscan anular alguna propuesta filosófica en H. a raíz de su vida, sino que el bando [término mejorable sin duda] contrario también presenta problemas. Aunque, efectivamente, en la biografía de un autor no puede estar ausenta su obra, esta no es sinónimo de aquello que acompaña a su obra: los intentos previos, los impulsos recibidos, las condiciones materiales, los intentos de «aplicación concreta» de lo pensado, etc. Que eso no es secundario lo muestra el hecho de que en el caso de Heidegger su obra principal, Ser y tiempo, fue publicada por presiones externas a su interés pensante» (19).

4. La afirmación de que la obsesión de las exposiciones de Faye o Farías «dejan ver un problema más personal que científico» (26), tal como señala AXY, no parece del todo consistente con su reconocimiento de que en los ensayos de Faye (nada digo de las aproximaciones de Farías) hay un trabajo propio de investigación. Tampoco parece de recibo el tono de algunas de las advertencias de AXY: «Quiero advertir al lector que solo tomará de estos textos [Ott, Faye] las fuentes descubiertas, pero de ninguna manera comparto la interpretación unilateral que llevan a cabo a partir de una elección parcial de los documentos» (el énfasis es mío). ¿Elección parcial de los documentos? ¿Y la suya es la única adecuada?

5. Un texto de AXL: «6 de noviembre de 1932, Elecciones parlamentarias en Alemania. H. vota por el Partido Nacionalsocialista (NSDAP), pero rechaza ingresar al partido». No era aún militante. Lo fue desde el 30 de abril de 1933, n.º de afiliación 3.125.894: «Ayer ingresé al Partido no solo por convicción interior, sino también por la conciencia de que solo de esa forma es posible una clarificación y aclaración de todo el movimiento […] mediante la asunción del rectorado de repente metido en nuevas tareas y por el momento debo dejar por completo mi trabajo de trasfondo. Pero ahora uno no debe pensar en sí mismo, sino solo en el todo y en el destino del pueblo alemán». No era militante, decía, pero, si se piensa en la situación histórica de 1932 y en la real práctica política, ya entonces muy conocida del NSDAP, no era cualquier cosa votar al partido nazi.

6. AXL da cuenta (nota del 19 de agosto de 1934) que H. firmó la declaración «Los científicos alemanes detrás de Adolf Hitler» (firmada por unos 900 intelectuales y académicos alemanes). Pero no informa del contenido de la declaración, en la que se proclamaba el apoyo incondicional a la figura de Adolf Hitler y a la transformación nacionalsocialista de Alemania, al tiempo que se sostenía que la ciencia, la educación y la cultura debían subordinarse a los intereses raciales, políticos y militares del Tercer Reich.

7. Un punto de partida histórico-filosófico del autor (que este recensor comparte): «Comparto con muchos investigadores la idea de que un compromiso central del trabajo filosófico es derribar ídolos. Sin embargo, en ocasiones como esta, se requiere el auxilio de un trabajo historiográfico para tal tarea. Y en ello radica la importancia de esta crónica, la cual proporciona elementos para evitar tanto una idolatría incondicional a Heidegger así como un aguerrido desprecio a su obra» (22). El énfasis es mío; mi matiz: la crítica a la obra heideggeriana no es siempre equivalente a desprecio, y muchos menos a «aguerrido desprecio».

8. Las otras caras del poliedro H. están también presentes en la selección. No se olvida AXY de ellas. Por ejemplo, la carta de H. (25 de octubre de 1934) a Ortega y Gasset para interceder a favor de su discípulo judío Karl Löwith (145).

AXY finaliza su relato con una breve nota: «Para finalizar esta parte conviene recordar que la relación de Heidegger con el nacionalsocialismo no concluye en 1936. Esta crónica continuará en un tercer volumen que abarcará el papel de la figura y filosofía de Heidegger hasta la II Guerra Mundial y la situación al término de esta». Sé de la existencia de La salvación de Heidegger: la apertura al diálogo en la posguerra (1945–1960), pero desconozco si AXL llegó a publicar el libro del período 1936-1945.

En síntesis: libro recomendable para heideggerianos (el autor lo es, desde luego) y también para personas que, como es mi caso, mantienen reservas sobre la vida, la obra y el filosofar del autor de Cuadernos negros.

PS: Una sugerencia y una nota.

La sugerencia: una lectura que con seguridad no les decepcionará: Nicolás González Varela, Heidegger, nazismo y política del Ser, Barcelona, Montesinos, 2017.

La nota (Francisco Vázquez y Álvaro Castro, Heidegger en España. Historia de una recepción, Madrid: Akal, 2026, p. 346; hay más referencias): «Ramón Rodríguez en España y Xolocotzi en México se emplazan en el rango más elevado de los exégetas universitarios de Heidegger y sus disposiciones corporales e intelectuales están acomodadas a esa situación. Por eso se expresan con la seguridad y la certitudo sui que les da el reconocimiento duradero de su autoridad y competencia. Otros lectores, que han interiorizado también la mirada académica, pero que ocupan posiciones de menor jerarquía, muestran menos contundencia y más titubeo en sus críticas, aunque estas sean igualmente condenatorias». Entre esos lectores, Mateo Belgrano y Sara Forteza Gamundi.

Diario de la guerra ruso-ucraniana

Blitz’ de drones


 “Un ataque con drones ucranianos alcanzó durante la noche un almacén de Wildberries en la región de Moscú, provocando un incendio durante un ataque aéreo a gran escala”, se jactaba ayer The New Voice of Ukraine, uno de los medios creados al son de la guerra para defender la versión ucraniana de los hechos. Mientras en la retaguardia Ucrania pierde infraestructuras críticas, industria, puentes y vagones de tren con los que mover el armamento hacia el frente, los medios ucranianos se jactan de ese gran éxito, hacer estallar por los aires -en realidad, la empresa negó daños graves, al contrario que en otras ocasiones, en las que ha admitido las pérdidas- almacenes de comercio electrónico.

En Kiev, la cuenta oficial de la defensa de Ucrania, publicaba un post en el que, sobre la base de una imagen de un sistema antiaéreo Patriot vacío, sin misiles, proyectaba un texto en el que afirmaba que “el ciclo se ha vuelto a repetir. Mientras las explosiones retumbaban en el cielo, lo que necesitaba era lo único que no podía encontrar, y tú estabas allí, en la encrucijada, esperando para hacérmelo saber”. El mensaje se produce apenas un día después de que la CNN publicara un reportaje que podía leerse como un contenido promocionado por el Gobierno ucraniano en el que el periodista estadounidense entrevistaba a un comandante de la defensa aérea al lado de su Patriot carente de misiles y ubicado en un lugar perfectamente fotogénico. “Esta es realmente una imagen desgarradora cuando tienes equipo, pero no puedes interceptar ningún misil”, afirmaba el oficial, que alegaba que no había podido disparar un solo interceptor en dos meses y medio.

Según la misma fuente, hace seis semanas que no se dispara un solo misil Patriot, algo que podría explicar las situaciones extraordinarias que se están viendo actualmente en el frente. Ayer, un caza ruso sobrevoló territorio bajo control ucraniano en una misión en lugar de actuar como es habitual, acercándose lo máximo posible al frente, pero sin arriesgarse a encontrarse en el rango de la defensa aérea ucraniana. Es probable que la carencia de misiles PAC-3 y PAC-2 no sea tan grave como la presenta Ucrania, pero la escasez es evidente. Pero aun así, Ucrania se muestra optimista, resaltando cada día sus sanciones de larga distancia contra Rusia.

Victoria y derrota conviven a la perfección en el discurso oficial ucraniano, aunque gran parte de la prensa se centre solo en la primera parte, ocultando no solo los problemas, sino incluso los resultados de los ataques ucranianos. “Ucrania lanza 637 drones hacia Moscú, según el alcalde, y una instalación de Wildberries resulta afectada”, titulaba ayer ABC. “Ucrania lanzó 620 drones contra Moscú y sus alrededores en la madrugada del martes, según afirmó el alcalde de la capital, en uno de los mayores ataques aéreos de Kiev contra la región, mientras que Crimea, anexionada por Rusia, informó de que sufrió cortes de electricidad tras los ataques”, añadía Reuters, que incluía el único éxito real -castigar a la población civil de Crimea por su deslealtad- del que ha sido uno de los ataques ucranianos más potentes de la guerra y que se centró especialmente en la región de Moscú.

Sin embargo, en lo que debería ser una pista de cuáles fueron los éxitos, ninguno de los muchos artículos que habló incluso de blitz o de ”ofensiva con drones contra Moscú” mostró imágenes de los impactos, posiblemente porque no se produjeron. Los medios solo podían aspirar a imágenes de la caída de metralla, algo poco apetecible si el objetivo es resaltar las enormes capacidades ofensivas ucranianas y la forma en la que Kiev ha llevado la guerra hasta Moscú. E incluso eso cuenta con una trampa, ya que el ataque se produjo en la “región de Moscú”, que rodea a la capital rusa, pero que no la incluye.

Varios centenares de drones ucranianos, explicó Clément Molin, una de las referencias del seguimiento diario de la guerra en las redes sociales. Aunque su análisis es estrictamente proucraniano, Molin criticaba ayer la opción de atacar la región más defendida de la Federación Rusa. La tasa de drones no derribados ronda el 10-20% en el caso de aeronaves no tripuladas rusas en Ucrania, explicaba, para añadir que, en lo que respecta a Ucrania, la tasa ronda el 2-5%, todo ello con datos ucranianos, cuya credibilidad es cuestionable, ya que acostumbran a pecar de triunfalismo. Molin añadía también el escaso rendimiento de la joya de la corona, los misiles Flamingo, en cuyo uso los impactos son la excepción y no la norma. El razonamiento de Molin, que se sumaba al consenso que se produjo ayer entre las cuentas de seguimiento de la guerra, argumenta que la escasa tasa de éxito obliga a seleccionar cuidadosamente los objetivos. De la misma forma que los analistas han jaleado los ataques ucranianos contra refinerías rusas, el intento de Zelensky de llevar la guerra a la puerta de casa de los rusos está provocando las críticas de quienes no acostumbran a negar la razón al presidente ucraniano. Hay “numerosos objetivos menos defendidos” y al alcance de los drones “en las regiones fronterizas”, sentenciaba ayer Molin.

Los objetivos no se limitan a las regiones de la Federación rusa según su territorio internacionalmente reconocido. Ayer, Antonio Grossi, director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica y aspirante a secretario general de Naciones Unidas, denunciaba un ataque y exigía el cese “inmediato” de los “inaceptables” ataques contra la central nuclear de Zaporozhie, situada en Energodar, bajo control ruso desde marzo de 2022.   La ausencia del culpable en los titulares es suficiente para deducir que no se trataba de drones rusos, aunque los artículos que hacen referencia al incidente no mencionan quién dispara periódicamente contra la única central nuclear ucraniana en manos rusas. (1)

Esas “acciones inaceptables” que Grossi denuncia “están en absoluta contradicción con los siete pilares y cinco principios” de garantía de la seguridad de las instalaciones nucleares, algo aún más importante en un conflicto bélico y en un lugar tan cercano a la línea del frente. Los ataques no se producen únicamente en los alrededores de la central, desde la que Ucrania afirma que Rusia dispara artillería, pero que, a la vez, afirma que Rusia bombardea. Ayer, un dron impactó a las seis de la mañana en una parada de autobús utilizada por la plantilla de la central. Según las autoridades locales, el ataque dejó “16 víctimas entre personal y contratistas, incluyendo un fallecido y tres heridos graves”. Los ataques selectivos contra el personal de la central no se limitan al ingeniero jefe, asesinado por Ucrania hace unas semanas, sino que se extienden también al resto de la plantilla. Hay objetivos que son más sencillos que otros y las paradas de autobús no suelen ser lugares protegidos por la defensa aérea.

Para aquellos más complicados, Ucrania no solo cuenta con sus drones, que chocan contra las defensas de la región de Moscú, sino que dispone de la colaboración de sus principales aliados, entre los que destaca el Reino Unido, el más implicado de los socios occidentales de Kiev. “Apoyamos a Ucrania al 100% contra esta guerra ilegal dirigida por Vladimir Putin. Estamos proporcionando apoyo para que Ucrania pueda defenderse, y esa ha sido la posición británica a lo largo de todo este conflicto”, afirmó ayer el nuevo primer ministro británico Andy Burnham. El líder laborista quiso insistir en que el cambio de liderazgo no supondrá -como no lo ha supuesto en los cinco cambios de Gobierno que se han producido desde 2014- ninguna modificación en la forma en la que Londres va a gestionar la asistencia a Ucrania en la guerra común contra Rusia.

Esa cooperación va más allá de la compra de armas estadounidenses y suministro de financiación y se extiende a su uso en territorio de la Federación Rusa según sus fronteras reconocidas. Las palabras de Burnham respondían a la condena rusa que se había producido horas antes. “Las acciones de Londres tendrán, inevitablemente, consecuencias de las que tendrá que responder. Cuanto mayor sea su implicación en el conflicto y mayor su apoyo a la maquinaria terrorista de Kiev, más alto será el precio que pagará por ello”, afirmaba el comunicado ruso, que condenaba el uso de armamento británico en los últimos bombardeos. “Por primera vez, se utilizan drones británicos para llevar a cabo «ataques en profundidad» en el territorio continental de Rusia”, titulaba The Times. Con drones propios o ajenos, Ucrania continuará atacando objetivos sencillos en los territorios del sur, Donbass y Crimea, pero, ante todo, seguirá tratando de golpear aquellos lugares que le garantizan titulares más amplios e imágenes más espectaculares, ya sean las refinerías rusas o las dos capitales europeas, Moscú y San Petersburgo. Aunque eso implique un endurecimiento de la respuesta rusa en un momento en el que Kiev muestra a la prensa mundial sus sistemas Patriot carentes de misiles.

https://slavyangrad.es/2026/08/19/blitz-de-drones/#more-35131


 Nota del blog .-(1) 

https://insurgente.org/el-director-general-del-organismo-internacional-de-la-energia-atomica-oiea-rafael-grossi-exige-el-cese-de-inmediato-de-los-ataques-de-ucrania-a-la-central-nuclear-de-zaporiyia/

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