domingo, 11 de octubre de 2026

Irán y la deuda estadounidense

Lo que Iran sabe de la deuda estadounidense Pablo de Melo 07/10/26 Durante ochenta años, cada vez que el mundo ha entrado en crisis, el dinero ha buscado refugio en el mismo lugar: la deuda del Gobierno de Estados Unidos. Ocurrió tras los atentados del 11 de septiembre, durante la quiebra de Lehman Brothers en 2008 e incluso en 2011, cuando una agencia de calificación rebajó la nota de la propia deuda estadounidense y los inversores, paradójicamente, compraron todavía más. Esa deuda era el activo sin riesgo por definición, la base sobre la que se construye el resto del sistema financiero. Lo que está ocurriendo desde este verano pone en cuestión esa condición. En apenas un año, lo que paga el Tesoro estadounidense por endeudarse a diez años ha pasado de en torno al 4 % al 5,24 % que marcaba el 1 de octubre, con una subida especialmente brusca desde mediados de agosto, cuando aún rondaba el 4,6 %. No superaba el 5 % desde el verano de 2007, cuando empezaban a aflorar los primeros impagos de las hipotecas basura que desembocarían en la gran crisis financiera. Conviene detenerse en qué significa esto. Cuando un Estado gasta más de lo que ingresa, cubre la diferencia pidiendo prestado, y lo hace emitiendo bonos: quien los compra adelanta dinero hoy y el Estado se compromete a devolverlo en un plazo fijo, pagando un interés mientras tanto. Ese interés no lo fija el Gobierno, sino la subasta en la que los inversores pujan por los bonos. Cuando “confían”, se conforman con poco; cuando “desconfían”, exigen más. Que el Estado más poderoso del mundo tenga que pagar más de un 5 % significa que sus prestamistas exigen ahora una compensación por riesgos que antes no veían: más inflación, más deuda y más incertidumbre política. La deuda estadounidense, además, no es una deuda cualquiera. Con cerca de 30 billones de dólares en circulación, es el mayor mercado de deuda del planeta, y el interés que paga funciona como precio de referencia del dinero en todo el mundo. A partir de él se calculan hipotecas, préstamos a empresas y las condiciones a las que se financian otros Estados. En Estados Unidos, el tipo fijo de una hipoteca a treinta años ya supera el 7 %. Por qué está ocurriendo La primera causa es la guerra con Irán. Desde que Teherán cerró el estrecho de Ormuz en febrero, el petróleo se ha movido en torno a los cien dólares por barril, frente a los 72 de antes del conflicto. En Estados Unidos, el gasóleo alcanzó el 22 de septiembre un récord histórico de 6,53 dólares por galón. El precio de la energía repercute en el resto de precios mientras la inflación estadounidense se mantiene en el 3,4 %. La inflación reduce lo que realmente gana quien tiene un bono: si cobra un 5 % pero los precios suben un 4 %, su ganancia real es mínima, de modo que exige más interés para compensar. La inflación ha empujado además a los bancos centrales a subir los tipos de interés, justo lo contrario de lo que pide la Casa Blanca. El 16 de septiembre, la Reserva Federal los elevó por primera vez desde 2023, hasta la horquilla del 3,75 % al 4 %, y lo hizo por unanimidad, mientras Donald Trump exigía públicamente que estuvieran “en el 1 % o menos”. Seis días antes, el Banco Central Europeo había hecho lo mismo, situando su tipo de depósito en el 2,50 % con una inflación en la eurozona del 3,3 %. La segunda causa es más profunda. La deuda federal superó en agosto los 40 billones de dólares. En los once primeros meses del año fiscal que acaba de cerrar, el Estado pagó más de un billón de dólares solo en intereses, algo que nunca había ocurrido. Es ya la segunda partida del presupuesto federal, únicamente por detrás de las pensiones públicas y por encima del gasto en defensa. A esa pila se suman las rebajas fiscales aprobadas en 2025, que la Oficina Presupuestaria del Congreso calculó que añadirían más de tres billones de dólares de deuda en una década, y ahora la factura de la guerra: el Pentágono cifra el coste en 43.600 millones de dólares hasta el 3 de septiembre y ha pedido al Congreso 67.100 millones adicionales. La tercera causa es la menos conocida: quién compra esa deuda. Durante los años dos mil, los grandes compradores eran los bancos centrales de China, Japón o los países petroleros, que reinvertían en bonos estadounidenses los dólares que ganaban exportando. Eran compradores pacientes, que guardaban los bonos durante años. Ese flujo se ha ido secando y el hueco lo han ocupado los fondos de inversión especulativos, los llamados hedge funds. Según la oficina de investigación financiera del propio Tesoro estadounidense, estos fondos acumulan ya unos dos billones de dólares en bonos, el 7 % del mercado, un récord absoluto y casi el triple que hace cinco años. El problema es cómo los compran. Su operación favorita consiste en adquirir un bono y, a la vez, vender un contrato que fija su precio de entrega a futuro, embolsándose la pequeña diferencia entre ambos precios. Como esa diferencia es minúscula, la única manera de ganar dinero de verdad es repetir la operación muchísimas veces con dinero prestado, a menudo a un solo día, dejando los propios bonos como garantía. Es un castillo de naipes muy rentable mientras nada se mueve. Si el préstamo diario se encarece de golpe, o si los mercados se agitan y los acreedores reclaman más garantías, el fondo tiene que vender sus bonos de inmediato. Si muchos fondos venden a la vez, los precios se desploman y el mercado se paraliza. No es una hipótesis, ocurrió en marzo de 2020, al inicio de la pandemia, y la Reserva Federal tuvo que intervenir de urgencia comprando hasta 75.000 millones de dólares en bonos al día para evitar el colapso. En septiembre estos fondos han empezado a reducir posiciones. Morgan Stanley estima que el volumen de esta operación ha caído un 20 % en lo que va de año, hasta unos 1,2 billones de dólares. Eso supone menos apalancamiento, pero plantea otra cuestión: si los especuladores se retiran y los bancos centrales extranjeros ya no vuelven, ¿quién va a comprar los bonos que el Tesoro necesita colocar cada semana? El Gobierno de Trump ha intentado calmar al mercado con medidas de urgencia. El 19 de agosto, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, duplicó las operaciones de recompra de deuda antigua, hasta 4.000 millones de dólares por operación, con la intención de bajar el interés de los bonos largos. El alivio duró menos de veinticuatro horas. Una nueva operación el 10 de septiembre decepcionó y los intereses volvieron a subir. Por qué debería importarnos Sería un error leer todo esto como un problema doméstico de Estados Unidos con algunos ecos en Europa. Los bonos del Tesoro son la pieza sobre la que descansa el sistema financiero internacional. Son la garantía que bancos y fondos de todo el mundo entregan cuando piden dinero prestado, una parte central de las reservas de los bancos centrales y la referencia para fijar el precio de casi cualquier préstamo. El dólar interviene en el 89 % de las operaciones de cambio de divisas que se realizan en el planeta. Cuando cambia el precio de ese activo, cambia el precio del dinero en todas partes. Es lo que ya está ocurriendo. En las mismas semanas en que el bono estadounidense superaba el 5 %, el británico a treinta años alcanzaba el 6 % por primera vez desde 1998, el japonés a diez años marcaba máximos desde 1996 y el alemán, referencia de la zona euro, tocaba su nivel más alto en diecisiete años. El bono español a diez años llegó al 4,14 %, el máximo desde enero de 2014, cuando el país acababa de salir del rescate bancario, y hoy paga casi nueve décimas más que hace un año. La diferencia con Alemania, la llamada prima de riesgo, sigue siendo moderada: en agosto era de 44 puntos básicos, por debajo de Italia o Francia. El encarecimiento no responde a una desconfianza específica hacia España, sino a que el precio del dinero sube en todo el mundo a la vez. Se trata de un coste importado. Ese coste acaba en las cuentas públicas. España pagó en 2025 más de 40.300 millones de euros en intereses de su deuda, una cantidad equivalente a todo lo que recauda por el Impuesto de Sociedades, y la AIReF calculaba unos 43.300 millones para 2026 antes de la última subida de tipos. Como la deuda española tiene una vida media de unos ocho años, el golpe no llega de una vez: cada año vence una parte y se refinancia a los tipos del momento. En 2025 el Tesoro emitía a un coste medio del 2,7 %; hoy el bono a diez años supera el 4 %. Esa diferencia se traduce, año tras año, en miles de millones que dejan de estar disponibles para sanidad, educación, vivienda o dependencia, en el mismo momento en el que se negocia el nuevo Marco Financiero Plurianual de la Unión Europea con la presión a los Estados miembros para que aumenten el gasto militar. A los hogares les llega también por otra vía. La inflación importada a través de la energía ha llevado al Banco Central Europeo a subir los tipos dos veces este año, y esas subidas se trasladan al euríbor y, de ahí, a las hipotecas variables y al crédito de familias y empresas. Buena parte de las hipotecas vivas en España sigue referenciada al euríbor. Europa, además de sufrir el contagio, es acreedora. Los inversores de la zona euro tienen unos dos billones de dólares en bonos del Tesoro, una cifra récord, y los japoneses otros 1,24 billones. Cuando sube el interés de un bono, baja el valor de los que ya están en circulación, de modo que bancos, aseguradoras y fondos de pensiones europeos acumulan pérdidas en esas carteras. También ha dejado de funcionar la regla según la cual las caídas de la bolsa se compensaban con subidas de los bonos: con el petróleo caro, ambos caen a la vez y los fondos de pensiones pierden su principal amortiguador. El Reino Unido dio en 2022 un anticipo de lo que eso puede suponer, cuando una venta brusca de deuda pública dejó al borde del impago a fondos vinculados a los planes de pensiones y el Banco de Inglaterra tuvo que intervenir de urgencia. En el propio Estados Unidos, la factura tiene un reparto muy desigual. El billón de dólares anual en intereses es dinero público que va a parar a quienes poseen la deuda, en general: grandes fondos, bancos y patrimonios elevados. Al mismo tiempo, los precios suben por la energía mientras el empleo se frena (en septiembre se crearon apenas 29.000 puestos de trabajo), una combinación que castiga principalmente a quien vive de un salario. Queda, por último, la tentación política. Un Gobierno endeudado y en guerra, con un presidente que exige tipos del 1 %, puede acabar presionando al banco central para que compre deuda de forma masiva y la financie a intereses artificialmente bajos. Es lo que se conoce como represión financiera: la inflación reduce el peso real de la deuda a costa de los ahorros y los salarios, un pago “encubierto” que recae sobre quienes no tienen activos con los que protegerse. Y si las apuestas apalancadas de los fondos especulativos salen mal, el precedente de 2020 indica que será el banco central, con dinero público, quien acuda al rescate. Las ganancias de esas apuestas son privadas; el riesgo de sus pérdidas lo asume el conjunto de la sociedad. La guerra con Irán y la negociación de paz El mercado de bonos y la guerra están conectados de forma directa. Irán sabe que el cierre de Ormuz golpea a Washington en el precio de la gasolina, en la inflación y en el coste de su deuda, y que lo hace a un mes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, con la aprobación de Trump en el 32 %, la más baja de su carrera y solo un 17 % de ciudadanos que aprueban su gestión del coste de la vida. Desde septiembre, esa presión tiene un segundo frente. Los hutíes de Yemen, aliados de Teherán, declararon en julio un bloqueo naval del estrecho de Bab el-Mandeb contra Arabia Saudí, y entre el 10 y el 12 de septiembre tomaron la ciudad portuaria de Moca y las islas de Perim y Zuqar. Con ello controlan toda la costa yemení del mar Rojo y la entrada sur del estrecho. Por Bab el-Mandeb pasa en torno al 12 % del comercio mundial, el 11 % del petróleo transportado por mar y el 8 % del gas natural licuado, y es la puerta de acceso al canal de Suez, la ruta por la que llega a Europa buena parte de lo que importamos de Asia. El movimiento desbarata la principal vía de escape que Arabia Saudí había preparado para esquivar Ormuz, un oleoducto que atraviesa el país hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, porque el crudo que llega a Yanbu con destino a Asia tiene que salir igualmente por Bab el-Mandeb. Con los dos estrechos que dan salida a la península arábiga bajo control de Irán y sus aliados, el petróleo volvió a superar los cien dólares, y los buques que evitan el mar Rojo deben rodear África por el cabo de Buena Esperanza, lo que añade semanas de travesía y encarece fletes y seguros. Sobre el papel, esta presión debería empujar a la Casa Blanca hacia un acuerdo. Pero lo ocurrido en las últimas semanas apunta en otra dirección. Durante la Asamblea General de Naciones Unidas, a finales de septiembre, tras la amenaza de Trump de llegar a un acuerdo de paz o “aniquilar” Irán, la República Islámica presentó un plan de siete días para reabrir el estrecho de forma escalonada, condicionado a que Washington cumpla los compromisos del memorando de junio que acabó naufragando. Teherán ha llegado a ofrecer el traslado de su uranio enriquecido al 60 % a un tercer país, bajo supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica. Trump rechazó la propuesta alegando que era “lo que quizá habríamos aceptado hace un año”. Las conversaciones indirectas en Nueva York, con mediación de Catar, no han dado fruto. Mientras tanto, la Administración refuerza su despliegue militar. El portaaviones Theodore Roosevelt navega hacia la región, la cúpula de seguridad nacional se reunió el 2 de octubre en Camp David para abordar la guerra con Irán y el conflicto entre Arabia Saudí y los hutíes, y Trump asegura que Irán está “a punto de rendirse” y que la victoria llegará “justo después de las elecciones”. Desde Teherán, fuentes oficiales hablan de prepararse para una “nueva gran ronda de combates”. El mercado de bonos influye en la negociación. En primer lugar, funciona como un reloj. Cada semana con Ormuz cerrado y el mar Rojo bloqueado añade inflación, mantiene altos los tipos y encarece la deuda estadounidense. Para Irán, ese reloj es una baza. Según la analista Negar Mortazavi, Teherán ha demostrado que está dispuesto a soportar un enorme sufrimiento económico antes que negociar en los términos de Washington. La inflación iraní ronda el 60-70 %, su economía se ha contraído alrededor de un 10 % y el rial ha caído a mínimos históricos. Washington confía en que la economía iraní se derrumbe primero y Teherán confía en que lo hagan antes los mercados y los votantes estadounidenses. Bab el-Mandeb añade otra complicación, porque los hutíes tienen su propia agenda frente a Arabia Saudí y un acuerdo entre Washington y Teherán sobre Ormuz no garantizaría por sí solo la reapertura del mar Rojo. Una paz limitada a Ormuz sería incompleta, y cualquier negociación seria tendrá que incluir a Arabia Saudí y la guerra de Yemen. En segundo lugar, puede actuar como detonante. Si después de las elecciones Washington opta por una nueva campaña de bombardeos, el petróleo volvería a dispararse y, con él, los tipos de interés. En un mercado tan dependiente de apuestas apalancadas, un sobresalto así podría desencadenar la venta en cadena que los supervisores llevan meses temiendo, es decir, un accidente financiero en plena escalada militar. Lo que viene Los próximos meses estarán marcados por tres citas: la reunión de la Reserva Federal del 27 y 28 de octubre, en la que el mercado duda ya de una nueva subida tras el mal dato de empleo; las elecciones del 3 de noviembre, que Trump ha convertido en el horizonte de su estrategia militar; y la evolución de la mediación catarí. En cualquier escenario, lo previsible es que Estados Unidos tenga que financiarse más caro durante años, que se repitan los episodios de tensión y que la tentación de cargar el coste sobre las mayorías sociales, por la vía de los recortes o por la de la inflación, esté muy presente. Para Europa, la situación confirma que su dependencia energética y financiera de decisiones que se toman en Washington tiene un coste que pagan las familias trabajadoras en la gasolinera, en la hipoteca y en los servicios públicos. También refuerza la necesidad de que la Unión Europea ejerza todo su peso diplomático a favor de una salida negociada que incluya Ormuz y el mar Rojo, porque la factura de esta guerra ya forma parte de nuestros presupuestos. Fuentes Reserva Federal: comunicado del FOMC, 16 de septiembre de 2026 y serie H.15 de tipos diarios Oficina de Investigación Financiera: Las tenencias de tesorería en efectivo de los fondos de cobertura alcanzan los 2 billones de dólares (19 de agosto) Fundación Peter G. Peterson: Costos de interés de la deuda nacional CRFB: El rendimiento de la subasta de bonos del Tesoro alcanza su nivel más alto en 25 años (14 de agosto) Euronews: Bessent promete mayores recompras después de que la caída de los rendimientos de los bonos anulara el repunte de alivio del Tesoro estadounidense (21 de agosto) Reuters vía WTVB: Los fondos de cobertura se muestran descontentos con las operaciones de arbitraje de precios a medida que continúa la venta masiva de bonos del Tesoro (24 de septiembre) Al Jazeera: La Reserva Federal de EE. UU. sube los tipos de interés por primera vez en tres años (16 de septiembre) y ¿Está Irán perdiendo influencia sobre el estrecho de Ormuz? (30 de septiembre) Lista de asistencia: La última estimación del Pentágono sobre el coste de la guerra contra Irán: 43.600 millones de dólares (18 de septiembre) Yahoo Finanzas: La guerra con Irán está impulsando la inflación al alza, y no solo por el petróleo. Perspectivas de los asesores: Panorama general de los rendimientos de los bonos del Tesoro, 25 de septiembre de 2026 FXStreet: La rentabilidad de los bonos estadounidenses a 10 años vuelve a alcanzar los máximos de 2007 (28 de septiembre) Quartz: Los rendimientos de los bonos del Tesoro caen tras el débil informe de empleo de septiembre (2 de octubre) CBS News: negociaciones y propuesta iraní (28-29 de septiembre) y reunión de Camp David (2-3 de octubre) The National: Irán se prepara para una "gran ronda de combates" con EE. UU. (3 de octubre) Trading Economics: bono español a 10 años (2 de octubre) Finect: el BCE sube tipos en septiembre (10 de septiembre) Euronews: Los hutíes se apoderan de una isla yemení en Bab el-Mandeb y toman el control del estrecho (12 de septiembre) Al Jazeera: Las naciones del Mar Rojo observan cómo los hutíes se apoderan del estrecho de Bab al-Mandeb (13 de septiembre) y controlan una ruta marítima clave (11 de septiembre). NPR: Los hutíes declaran un bloqueo a Bab el-Mandeb (21 de julio) Zona de guerra: El control de los hutíes sobre Bab al-Mandab se fortalece (10 de septiembre) Diplomacia moderna: El Mar Rojo, no el Ormuz, ahora decide la política exterior de Arabia Saudita (2 de octubre) UNCTAD: Un mundo de deuda 2025 Trading Economics: bonos a 10 años de Reino Unido, Japón y Alemania (2 de octubre) Wolf Street: Los mayores tenedores extranjeros de valores del Tesoro estadounidense, abril de 2026 Vozpópuli: El gasto en intereses de la deuda rompe la barrera de los 40.000 millones El Español: España pagará más de 40.000 millones en intereses, el equivalente a la recaudación en Sociedades BCE: tipos a largo plazo a efectos de convergencia, media de agosto de 2026 (prima de riesgo frente al Bund, cálculo propio) Pablo de Mello Activista social y analista internacional, amigo de Sin Permiso. Fuente: www.sinpermiso.info, 7 de octubre 2026

jueves, 1 de octubre de 2026

La estafa del rearme europeo




La gran estafa del rearme europeo

   

La corrupción en la OTAN y el aumento del gasto militar desvían fondos públicos de la sanidad europea hacia un negocio bélico que la calle exige frenar.

El rearme europeo se ha convertido en la prioridad absoluta de las élites institucionales. Bajo la retórica de la seguridad continental, se ha institucionalizado una economía de guerra que exige desviar fondos masivos de la sanidad, la educación y la vivienda hacia los monopolios del complejo militar-industrial.

En los años 2025 y 2026, las instituciones comunitarias han intensificado el proceso de militarización de la Unión Europea bajo el pretexto de la «amenaza rusa». La cúspide de esta escalada se materializó en marzo de 2025, cuando se oficializó la decisión política de movilizar hasta 800.000 millones de euros para el rearme de los ejércitos continentales mediante la estrategia denominada «Readiness 2030» [1][2]. Esta cifra, sin embargo, no representa un fondo único de dinero nuevo: se compone de 150.000 millones en préstamos SAFE —deuda comunitaria emitida por la Comisión Europea— [3][4] y 650.000 millones en gasto nacional habilitado por la flexibilización de las reglas fiscales del Pacto de Estabilidad [1][2].

El gasto militar agregado de las naciones europeas alcanzó los 864.000 millones de dólares en 2025. Según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), esto representa el nivel más alto de militarización en el continente desde el final de la Guerra Fría, consolidando una década de incrementos ininterrumpidos que han terminado por duplicar el peso del sector defensa en las economías europeas respecto a los mínimos de la década anterior [5][6]. Pero este monumental esfuerzo financiero no garantiza una mayor seguridad colectiva y, al mismo tiempo, impone costes económicos y sociales abrumadores.

La historia económica y geopolítica ha demostrado de manera reiterada que las guerras, la tensión permanente y la histeria bélica generan negocios inmensamente lucrativos para Estados Unidos. Washington no solo moderniza y expande su complejo industrial militar a costa del erario ajeno, sino que, en el contexto de una crisis inducida y sostenida contra Rusia, ha encontrado un mecanismo para consolidar su influencia sobre los aliados europeos, imponiendo sus intereses a través de la dependencia y la presión política [5][7].

La excusa existencial

Los defensores del rearme esgrimen un argumento central: la agresión rusa contra Ucrania demostró que la amenaza es real y que Europa debe estar preparada para defenderse. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha advertido que Rusia podría estar en condiciones de atacar la Alianza en un plazo de cinco años. Desde esta perspectiva, el gasto militar no sería un capricho burocrático, sino una necesidad existencial.

Este artículo no niega la existencia de tensiones geopolíticas ni la complejidad del escenario post-Ucrania. Lo que cuestiona es que esas tensiones constituyan una amenaza existencial que justifique movilizar 800.000 millones de euros en armamento. La pregunta que formula es otra: ¿es la militarización acelerada y unilateral la respuesta adecuada a esas tensiones? 

Los datos sugieren que no. Un aumento del gasto militar que se traduce en compras masivas a contratistas estadounidenses no construye una defensa europea autónoma; consolida la dependencia de Washington. Y un gasto que desvía fondos de la sanidad, la educación y la vivienda debilita la cohesión social, que es la primera línea de defensa de cualquier democracia [5].

Tensiones que, como se argumentará a lo largo de este texto, no nacen de una agresión rusa inminente, sino de la propia retórica de confrontación que las élites europeas han promovido.

Al militarizarse sin canales de comunicación directa con Moscú y sin marcos de control de armamentos, Europa no se protege, sino que precipita el conflicto que dice querer evitar. Como advirtió el Financial Times, se trata de una «profecía autocumplida»: la preparación para la guerra genera las condiciones de la guerra [8]. La carrera armamentística no responde a la amenaza; la produce.

La aritmética de la estafa

La principal preocupación que suscita esta cruzada armamentística es el impacto macroeconómico negativo que tiene el aumento del gasto militar en la economía civil. La nueva carrera armamentística exige desviar masivamente fondos públicos de ámbitos vitales como la educación pública, la sanidad, la cultura y la atención social. 

Las enormes inversiones y el blindaje del complejo militar-industrial reducen las posibilidades de desarrollo tecnológico civil, obstaculizan el bienestar de los ciudadanos y lastran las bases para un crecimiento económico sostenible [7][9].

Para sostener este esfuerzo financiero, Europa ha desplegado una arquitectura fiscal sin precedentes:

Préstamos SAFE (Security Action for Europe): instrumento adoptado por el Consejo de la UE que utiliza la elevada calificación crediticia de la Comisión Europea (AAA por S&P, Moody’s y Fitch) para emitir bonos en los mercados de capitales y transferir préstamos a los Estados miembros para adquisición conjunta de armamento. 

Diecinueve países han comprometido la totalidad del fondo [4][5]. El mecanismo, al mutualizar la deuda bajo el paraguas crediticio de Bruselas, permite a los Estados endeudarse a tipos inferiores a los que obtendrían individualmente —pero también transfiere el riesgo sistémico al conjunto de contribuyentes europeos, que asumirán el coste durante décadas independientemente de que los armamentos adquiridos generen o no la seguridad prometida.

Activación de la Cláusula Nacional de Salvaguardia: Bajo el marco revisado de gobernanza económica, se ha flexibilizado la aplicación del límite de déficit del 3% y deuda del 60% del PIB, catalogando el aumento del gasto militar como «circunstancia excepcional». Esta ventaja regulatoria se niega sistemáticamente a la inversión en escuelas, hospitales o transiciones ecológicas [1][2].

Reprogramación de Fondos de Cohesión y Competitividad: Partidas del FEDER y del Fondo de Cohesión están siendo transferidas hacia infraestructuras de movilidad militar y de doble uso [7].

El coste de oportunidad de esta orientación presupuestaria resulta revelador al contrastarlo con las urgencias materiales de la población europea:

  • El Banco Europeo de Inversiones (BEI) y Housing Europe estiman que la Unión Europea padece un déficit estructural acumulado de 2,25 millones de viviendas asequibles y sociales [10].
  • Cerrar esta brecha habitacional requeriría un desembolso estimado de 340.000 millones de euros [10].
  • El techo de gasto habilitado por el plan de rearme —800.000 millones, en el supuesto de que se agote todo el margen fiscal— equivale a 2,35 veces ese capital [7]. Pero incluso sin recurrir al techo máximo, la desproporción es elocuente: los 150.000 millones en préstamos SAFE, la única cifra de deuda comunitaria nueva y garantizada, representan ya el 44% de la inversión necesaria para cerrar la brecha habitacional europea.

Frontex y la proyección imperialista al Sur Global

A este despojo interno se suma su proyección imperialista hacia el Sur Global. Mientras se recortan drásticamente los presupuestos de cooperación al desarrollo, esos mismos recursos se reasignan para militarizar las fronteras del Mediterráneo, expandir las operaciones de Frontex y sostener a regímenes autoritarios en el norte de África como ‘socios de seguridad’. 

El rearme europeo no es solo un negocio transatlántico; es la profundización de la violencia estructural contra los pueblos del Sur. La misma lógica que justifica comprar misiles a Washington justifica externalizar la violencia fronteriza y blindar la Fortaleza Europa. 

Esta arquitectura de contención dinamita, además, cualquier remanente de credibilidad diplomática frente al Sur Global y el emergente bloque de los BRICS. Bruselas no puede seguir presentándose en los foros internacionales como adalid de los derechos humanos o mediador legítimo mientras asfixia sus propios fondos de cooperación para financiar armas. En el escenario multipolar, Europa ha dejado de ser un socio confiable para convertirse en un actor atrincherado y hostil.

El despojo —interno y externo— destruye el tejido laboral. Los estudios econométricos basados en matrices input-output demuestran que el gasto militar es intrínsecamente ineficiente en términos de empleo [9]:

SectorEmpleos por cada 1.000 M€
Educación primaria y secundaria~16.500
Cuidados y sanidad pública~13.200
Construcción de vivienda social~11.800
Electrificación renovable~9.800
Adquisiciones de defensa~6.400 – 7.200

El mito del «keynesianismo militar»

La inversión en sectores civiles de bienestar genera de forma consistente entre un 35% y un 160% más puestos de trabajo por euro que la industria armamentística, según el sector comparado, como se desprende de la tabla anterior. 

Además, la asignación propuesta de 131.000 millones de euros exclusivamente a la ventana de defensa comunitaria ilustra un trasvase de recursos que habría transformado el panorama social europeo. 

Al consolidar esta inmensa partida dentro del Marco Financiero Plurianual (MFP) 2028-2034, las instituciones europeas revelan que el rearme no es una medida de emergencia temporal frente a la crisis de Ucrania, sino un secuestro financiero crónico. 

La Unión Europea está hipotecando su presupuesto a largo plazo para la próxima década, institucionalizando una economía de guerra permanente que hará irreversible el desmantelamiento de la cohesión social. 

Para dimensionar esta pérdida material, basta señalar que esos recursos habrían permitido [7]:

  • Financiar íntegramente los salarios y cotizaciones de 300.000 profesionales de enfermería en los hospitales públicos de la UE a lo largo de diez años.
  • Construir más de medio millón de viviendas sociales nuevas y energéticamente eficientes.
  • Rehabilitar térmicamente 6,5 millones de hogares, combatiendo la pobreza energética.

Estas cifras no son teóricas: se traducen en una compresión directa del nivel de vida y en tensiones inflacionarias. La competencia por materias primas encarece las cadenas manufactureras civiles [1], mientras la acumulación de deuda mediante SAFE compromete la capacidad tributaria futura [7].

Voces de gran autoridad moral han señalado esta contradicción. El Papa León XIV, en su discurso del 14 de mayo de 2026 ante estudiantes italianos, afirmó: «No llamemos ‘defensa’ a un rearme que aumenta la tensión y la incertidumbre, reduce las inversiones en educación y sanidad, socava la confianza en la diplomacia y enriquece a las élites, a las que no les importa el bien común» [12].

Frente a estas evidencias, los defensores del rearme recurren a la vieja tesis del “keynesianismo militar”: el gasto en defensa estimularía la demanda agregada, generaría empleo industrial y dinamizaría la innovación tecnológica.

Los datos desmienten esta premisa. Como evidencia la matriz de multiplicadores analizada, la economía de guerra resulta intrínsecamente ineficiente como motor laboral frente a la inversión pública civil. Y a esta debilidad estructural interna se suma una fuga de valor hacia el exterior: el dinero de los contribuyentes europeos financia empleos en Texas, Connecticut o Arizona, no en las regiones europeas que necesitan revitalización.

Incluso John Maynard Keynes, cuyo nombre se invoca para justificar el estímulo militar, dejó claro que el gasto bélico no era superior al civil. En un discurso radiofónico de la BBC en mayo de 1939, tras reconocer que el rearme podría aliviar temporalmente el desempleo, advirtió: «Si podemos curar el desempleo para los propósitos desperdiciados de los armamentos, podemos curarlo para los propósitos productivos de la paz» [13]. La lógica keynesiana, por tanto, no justifica el rearme: lo que justifica es la inversión pública, y el gasto civil es más eficiente que el militar.

Pero si el gasto militar no genera empleo neto ni fortalece la economía, ¿por qué se insiste en él? La respuesta exige examinar a los actores que capturan los beneficios y el argumento que los legitima.

Los dueños del negocio

Desmontada la coartada económica de la supuesta creación de empleo, el establishment europeo recurre a su segundo escudo ideológico: el argumento de la paz. Quienes defienden este relato sostienen que la OTAN y el gasto militar han garantizado la paz en Europa desde 1945. Sin la disuasión de la Alianza Atlántica, afirman, el continente habría vuelto a los conflictos que marcaron su dramática historia.

Este argumento confunde dos cosas: la existencia de una alianza defensiva y la militarización acelerada que hoy se promueve. La OTAN no fue creada como un club de paz, sino como una alianza militar con un propósito defensivo concreto: contener a la Unión Soviética. 

Durante la Guerra Fría, la disuasión funcionó en gran medida porque existían canales de comunicación y marcos de control de armamentos que hoy se han desmantelado. La situación actual es diferente: la OTAN se expande hacia las fronteras rusas, Europa se militariza sin diálogo con Moscú, y la retórica belicista alimenta una espiral de hostilidad.

Además, la paz en Europa no se ha sostenido solo con armas. El proyecto europeo se construyó sobre la integración económica, la cooperación institucional y el Estado del bienestar. Desviar recursos de esos pilares para financiar armamento no refuerza la paz; debilita los fundamentos materiales de la convivencia democrática.

En estas circunstancias, los beneficiarios reales y tangibles de la política de bloques son los grandes monopolios del complejo militar-industrial. Consorcios europeos como Rheinmetall, Thales, BAE Systems, KNDS, Leonardo y Saab han multiplicado sus carteras de pedidos y sus valoraciones bursátiles a expensas directas del erario público [14][15][16]:

EntidadCartera de Pedidos (2021)Cartera de Pedidos (2025/26)Revalorización Bursátil (2022-26)
Rheinmetall AG (DE)€24.500M€63.800M+540% a +580%
BAE Systems (UK)£44.000M£83.600M+145% a +165%
Thales Group (FR)€34.800M€53.000M+120% a +140%
KNDS / Leonardo / Saab€31.000M (agreg.)€62.000M+180% promedio
  • Rheinmetall AG: se convirtió en el epicentro continental de la producción terrestre y de munición, capitalizando la escasez de proyectiles de 155 mm y elevando sus márgenes operativos por encima del 20% [14][17].
  • BAE Systems plc: cerró 2025 con una cartera histórica y ejecutó programas de recompra de acciones y distribución de dividendos por más de 1.500 millones de libras anuales, transformando presupuestos públicos en liquidez para fondos de inversión globales como BlackRock y Vanguard [15][18].
  • Thales Group: acumuló una cartera récord con márgenes de dos dígitos en sistemas de radar, guerra electrónica y ciberdefensa [16].

El espejismo de la autonomía y el vasallaje atlántico

Sin embargo, incluso con estos contratos para los magnates continentales, la conveniencia de realizar semejantes inversiones en defensa resulta dudosa. La proclamada «Autonomía Estratégica Europea» no se materializa en los flujos de contratación. La inmensa mayoría de las nuevas adquisiciones fluyen hacia el otro lado del Atlántico. 

Los datos desclasificados por el SIPRI revelan que, entre 2021 y 2025, el 58% de las importaciones de armamento realizadas por los Estados europeos miembros de la OTAN procedió directamente de fabricantes de Estados Unidos. Francia proveyó únicamente el 9,8% y Alemania el 7,1% [5].

CategoríaRetención UEFuga a EE.UU.Plataformas principales
Aviación de combate22-28%72-78%F-35A Lightning II
Defensa antiaérea30-35%65-70%Patriot PAC-3 (EE.UU.), Arrow 3 (Israel/IAI-Boeing)
Artillería de cohetes25-30%70-75%M142 HIMARS, ATACMS
Blindados72-82%18-28%Leopard 2A8, Boxer
Munición 155mm55-65%35-45%Producción UE dependiente de nitrocelulosa importada

Sistemas críticos como los cazas F-35 (Lockheed Martin), las baterías Patriot (Raytheon) o los lanzacohetes HIMARS dominan las compras de la UE. A esa dependencia estadounidense se suma una dimensión que el discurso oficial europeo silencia: la integración creciente de la industria militar israelí en la arquitectura de defensa continental.

 El sistema Arrow 3, adquirido por Alemania como pieza central de su escudo antiaéreo, es un desarrollo conjunto de Israel Aerospace Industries y Boeing, probado operativamente contra objetivos en Gaza y Líbano. Elbit Systems, el mayor fabricante de drones de Israel, ha suministrado componentes electrónicos, sistemas de guía y municiones avanzadas a la NSPA y a varios ministerios de defensa europeos. 

No se trata de una relación comercial neutra: las mismas plataformas que Europa adquiere para su «defensa» han sido ensayadas sobre población civil palestina. 

El complejo militar-industrial israelí funciona como laboratorio del eje imperial: las armas se prueban en condiciones de ocupación, se validan como ‘probadas en combate’ y se venden a los ejércitos europeos con un sello de eficacia que solo la impunidad puede garantizar. 

Comprar Arrow 3 o contratar a Elbit no es un acto técnico. Es complicidad estructural con un régimen cuyas políticas la Corte Internacional de Justicia, en su opinión consultiva de julio de 2024, declaró contrarias al artículo 3 de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial —el artículo que prohíbe expresamente el apartheid y la segregación racial—, y que organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han documentado sistemáticamente como un régimen de apartheid y ocupación ilegal [19][20][21].

Pero esta captura va mucho más allá de la chatarra balística; se adentra en el corazón de la soberanía digital. La guerra contemporánea es algorítmica, y el rearme europeo está hipotecando sus bases de datos a los gigantes del tecnocapitalismo militar. Las adquisiciones europeas integran masivamente plataformas de inteligencia artificial y procesamiento masivo de datos de corporaciones estadounidenses como Palantir y gigantes tecnológicos israelíes.

Europa está comprando «soberanía» entregando el cerebro de sus operaciones militares a sistemas de vigilancia y algoritmos predictivos diseñados, controlados y operados desde el extranjero. No hay autonomía estratégica posible cuando los datos de inteligencia de un continente se procesan en los servidores de potencias extracomunitarias.

El sistema logístico y de software centralizado (ODIN) del F-35 otorga al Pentágono y a Lockheed Martin el control del mantenimiento y la capacidad operativa en tiempo real [22]. 

Como señaló el diputado español Txema Guijarro en junio de 2025, los euroburócratas hablan de un objetivo arbitrario que no se basa en un análisis de las necesidades reales de seguridad y que contradice el rumbo hacia una mayor autonomía estratégica de Europa respecto a EE. UU. “¿Alguien cree de verdad que la Unión Europea va a ganar la tan ansiada autonomía estratégica aumentando el gasto en Defensa cuando la mayor parte de las compras van destinadas a empresas norteamericanas?” [23].

Lejos de rectificar este rumbo, y bajo presión directa de Washington, los líderes europeos se plegaron en la Cumbre de la OTAN, celebrada en La Haya en junio de 2025, comprometiéndose a invertir el 5% del PIB anual para 2035 —con al menos un 3,5% en defensa central y hasta un 1,5% en gastos relacionados con seguridad—. 

No se trata de una obligación legal vinculante, sino de un compromiso político sujeto a revisión en 2029 [24]. Esta meta, en economías con crecimiento moderado (0,5%-1,2% en la eurozona) y ratios de deuda superiores al 100% en varios Estados miembros, implica una presión estructural sobre los presupuestos públicos.

Francia, Polonia y Alemania: tres rutas hacia la misma sumisión

El rearme europeo, sin embargo, no es un bloque homogéneo. Existen diferencias profundas entre los Estados miembros que conviene reconocer para no simplificar el análisis.

Francia es el caso más singular. Como única potencia nuclear de la UE, París ha impulsado una agenda de «autonomía estratégica» que busca reducir la dependencia de Washington. Francia y el Reino Unido establecieron en 2025 un marco de coordinación de sus fuerzas de disuasión nuclear, formalizado mediante la creación de un Grupo de Dirección bilateral (Nuclear Steering Group) que celebró su primera reunión en diciembre de ese año [25], y Macron ha propuesto extender el paraguas nuclear francés a otros socios europeos [26]. 

Esta retórica autonomista, no obstante, coexiste con una dependencia crítica de componentes y tecnologías estadounidenses en sectores decisivos. La autonomía francesa es más declarativa que efectiva.

Polonia representa el extremo opuesto. Con un gasto en defensa que alcanza el 4,5% del PIB en 2025 —el más alto de la OTAN—, Varsovia ha apostado por una modernización militar acelerada que combina compras masivas a Estados Unidos (HIMARS, Patriot, Apaches) con acuerdos con Corea del Sur (casi 1.000 tanques K2, más de 350 obuses K9) [27]. 

La memoria de la ocupación nazi y la dominación soviética es un hecho histórico. Pero esa memoria ha sido instrumentalizada por las élites polacas y el aparato atlantista para justificar un rearme que, lejos de garantizar la seguridad del país, lo encadena a la dependencia tecnológica y financiera de Washington. 

El trauma histórico puede ser real; la conclusión que se extrae de él —comprar masivamente a Lockheed Martin, Raytheon y Hyundai Rotem— no es una respuesta de seguridad, sino una operación de captura. Polonia no responde a una amenaza presente: responde a un relato construido sobre una herida pasada, y ese relato beneficia a quienes venden las armas.

Alemania ocupa una posición intermedia y contradictoria. Tras décadas de «dividendo de la paz», Berlín aprobó en 2025 una reforma constitucional para permitir endeudamiento ilimitado en defensa, con un presupuesto que alcanzará los 108.000 millones de euros en 2026 y los 152.800 millones en 2029 [28]. 

Pero este rearme enfrenta obstáculos estructurales: dependencia de proveedores externos —entre ellos Israel, cuyo sistema Arrow 3 constituye la columna vertebral del escudo antiaéreo alemán—, problemas de reclutamiento por razones demográficas, y críticas sociales por el impacto en el gasto sanitario y educativo.

En definitiva, los tres modelos —la autonomía declarativa francesa, la compra masiva polaca y el rearme constitucional alemán— comparten un rasgo común: ninguno ha logrado traducir su esfuerzo financiero en seguridad proporcional. Francia sigue dependiendo de componentes críticos estadounidenses, Polonia compra a terceros lo que no produce, y Alemania no consigue construir una industria de defensa competitiva a pesar de su músculo presupuestario. 

El resultado es un gasto militar que crece sin generar autonomía estratégica real. A esta sumisión bélica se suma el expolio energético, el verdadero motor no declarado del conflicto. 

Al cortar los lazos con la energía barata rusa —el cimiento histórico de su competitividad industrial—, Europa cayó en un doble vasallaje frente a Washington: hoy no solo depende de Estados Unidos para armar a sus ejércitos, sino que está atada al costoso Gas Natural Licuado (GNL) norteamericano para evitar el apagón de sus fábricas. Es una pinza extractiva perfecta. Europa financia el rearme atlantista mientras sufre un proceso de desindustrialización acelerada provocado por los propios costes de la energía.

La sumisión no exige obediencia explícita: basta con que todas las opciones disponibles conduzcan al mismo lugar. Francia, Polonia y Alemania recorren caminos distintos, pero los tres desembocan en la dependencia tecnológica, financiera y operativa del complejo militar-industrial atlantista. No es sumisión voluntaria; es captura estructural.

El secuestro de las élites y el negocio del miedo

¿Por qué las élites europeas no logran —o no quieren— escapar de esta captura? No es solo por miedo a Rusia ni por incompetencia. Hay razones estructurales que conviene examinar. 

Primero, la integración de las élites políticas y militares europeas en las redes transatlánticas: generaciones de funcionarios, diplomáticos y oficiales se han formado en instituciones estadounidenses y han hecho carrera en estructuras vinculadas a la OTAN, lo que genera una afinidad estructural difícil de romper. 

Segundo, el peso del complejo militar-industrial: las empresas de defensa no solo venden armas, también financian campañas, colocan a exfuncionarios en puestos clave y participan en grupos de trabajo que definen las políticas de adquisición. 

Tercero, la ausencia de un proyecto político alternativo: la socialdemocracia europea abandonó hace décadas el proyecto de transformación social y se ha integrado en el consenso neoliberal. Sin una alternativa, la militarización se presenta como la única respuesta posible. 

Y cuarto, el miedo como herramienta de legitimación. La «amenaza rusa» no es un dato de la naturaleza, sino una construcción política sostenida por un lenguaje bélico incesante. 

Las élites occidentales, amplificadas por los grandes grupos mediáticos, han normalizado un vocabulario de confrontación —hablan de «economía de guerra», de «victoria total», de «amenaza existencial»— que no solo justifica el gasto militar, sino que provoca la reacción defensiva y hostil de Moscú. 

Es una profecía autocumplida orquestada desde las cancillerías y los platós de televisión: se tensa la cuerda retórica, se militariza la frontera, y cuando la contraparte responde a esa asfixia estratégica, se presenta su reacción como la prueba irrefutable de su agresividad. El miedo es funcional al sistema porque silencia el disenso y convierte la diplomacia en traición.

Esta paradoja no es casual. La opacidad que rodea a las adquisiciones militares —justificada por la «confidencialidad de defensa» y el secreto de Estado— impide el escrutinio público y parlamentario que toda inversión de esta magnitud exigiría. Y donde no hay control democrático, proliferan los intermediarios, el tráfico de influencias y las comisiones ilegales.

La falta de resultados tangibles en seguridad no es solo un problema de eficiencia: es el síntoma de un sistema de contratación capturado por redes de interés que anteponen el lucro privado al bien común. Es en ese caldo de cultivo donde estalla el escándalo de la Agencia de Apoyo y Adquisiciones de la OTAN (NSPA).

Las élites europeas han entregado la autonomía industrial y energética del continente a los monopolios atlantistas, justificando el saqueo bajo la coartada de una amenaza inminente. Pero este despojo no solo obedece a presiones geopolíticas; se sostiene sobre un andamiaje de sobornos y puertas giratorias.

En la segunda entrega de esta investigación, destaparemos la red de corrupción que sacudió los cimientos de la agencia de adquisiciones de la OTAN, la impunidad judicial que protege a Estados Unidos y las contundentes alternativas de seguridad que hoy exige la ciudadanía en las calles de Europa.

REFERENCIAS

[1] Comisión Europea. (2025). White Paper for European Defence – Readiness 2030. COM(2025). Dirección General de Industria de Defensa y Espacio. Disponible en: https://defence-industry-space.ec.europa.eu/eu-defence-industry/white-paper-european-defence-readiness-2030_en 

[2] Parlamento Europeo. (2025). ReArm Europe Plan / Readiness 2030: Briefing Analysis. EPRS_BRI(2025)769566. Disponible en: https://www.europarl.europa.eu/thinktank/en/document/EPRS_BRI(2025)769566 

[3] Consejo de la Unión Europea. (2025, 27 de mayo). SAFE: Council adopts €150 billion boost for joint procurement on European security and defence. Bruselas: Press releases. Disponible en: https://www.consilium.europa.eu/es/press/press-releases/2025/05/27/safe-council-adopts-150-billion-boost-for-joint-procurement-on-european-security-and-defence/ 

[4] DG DEFIS – Comisión Europea. (2025-2026). Security Action for Europe (SAFE) Operational Guidelines. Dirección General de Industria de Defensa y Espacio. Disponible en: https://defence-industry-space.ec.europa.eu/eu-defence-industry/safe-security-action-europe_en 

[5] Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). (2026). Trends in World Military Expenditure, 2025 [Disponible en: https://www.sipri.org/publications/2026/sipri-fact-sheets/trends-world-military-expenditure-2025] y Trends in International Arms Transfers, 2025 [Disponible en: https://www.sipri.org/publications/2026/sipri-fact-sheets/trends-international-arms-transfers-2025]. SIPRI Fact Sheets. Solna: SIPRI Publications. 

[6] Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). (2026). SIPRI Military Expenditure Database [Conjunto de datos / Dataset]. Solna: SIPRI Publications. Disponible en: https://milex.sipri.org/sipri 

[7] Costs of War Project. Economic Costs: The Macroeconomic Opportunity Costs of Military Spending. Watson Institute for International and Public Affairs, Brown University. Disponible en: https://costsofwar.watson.brown.edu/costs/economic 

[8] Notte, Hanna. «Europe risks a self-fulfilling prophecy over the threat from Russia». Financial Times, 19 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.ft.com/content/f3b75869-6bb0-4c45-ae51-855066a7f13a 

[9] Political Economy Research Institute (PERI) – UMass Amherst. The U.S. Employment Effects of Military and Domestic Spending Priorities. Amherst: University of Massachusetts. Disponible en: https://peri.umass.edu/publication/the-u-s-employment-effects-of-military-and-domestic-spending-priorities/ 

[10] Banco Europeo de Inversiones (BEI) y Housing Europe. (2026). Estimaciones del déficit de vivienda asequible. Citado en: European Parliamentary Research Service (EPRS). Briefing PE 782.675. Disponible en: https://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/ATAG/2026/782675/EPRS_ATA(2026)782675_EN.pdf  

[11] Watson Institute for International and Public Affairs – Brown University. (2025, Noviembre). The Costs of War: Profits of War and Corporate Monopoly in Western Rearmament Strategies. Providence: Brown University. Disponible en: https://home.watson.brown.edu/research/research-briefs/profits-war 

[12] Papa León XIV. Discurso en la Universidad Sapienza de Roma. 14 de mayo de 2026. Citado por Vatican News. Disponible en: https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-05/leon-xiv-visita-pastoral-universidad-la-sapienza-roma-discurso.html 

[13] Keynes, John Maynard. «Will Re-armament Cure Unemployment?». The Listener, 1 de junio de 1939, pp. 528-532. Transmisión radiofónica de la BBC, 23 de mayo de 1939. Reimpreso en: The Collected Writings of John Maynard Keynes, Vol. XXI: Activities 1931-1939. Londres: Macmillan, 1982. 

[14] Rheinmetall AG. (2026, Mayo). Financial Report Q1 2026 and Annual Report 2025: Record Operating Earnings, Order Intake and Backlog Evolution. Düsseldorf: Investor Relations Rheinmetall. Disponible en: https://www.rheinmetall.com/en/media/news-watch/news/2026/05/2026-05-07-rheinmetall-news-quarterly-statement-q1 

[15] BAE Systems plc. (2026, Febrero-Julio). Full Year Results 2025 and Half Year Results 2026: Order Backlog Analysis (£83.6bn) and Capital Allocation Report. Londres: BAE Systems Media Centre. Disponible en: https://investors.baesystems.com/why-invest-in-bae-systems 

[16] Thales Group. (2026, Marzo-Julio). Full Year 2025 Financial Results and 2026 Half-Year Statement: Defense & Security Book-to-Bill and EBIT Margin Expansion. París: Thales Communications. Disponible en: https://www.thalesgroup.com/en/news-centre/press-releases/thales-reports-its-2026-half-year-results 

[17] Morningstar Equity Research. (2026, Marzo). Rheinmetall AG: Structural Growth, Munitions Monopolization and Order Backlog Valuation. Fráncfort: Morningstar European Industrial Analysis. Disponible en: https://global.morningstar.com/en-eu/stocks/rheinmetall-earnings-order-delays-mask-record-backlog-structural-growth-fair-value-raised-7

[18] BAE Systems plc. «Share buyback programme». Investor Relations. Londres. Disponible en: https://investors.baesystems.com/share-buyback-programme 

[19] Corte Internacional de Justicia (CIJ). Legal Consequences arising from the Policies and Practices of Israel in the Occupied Palestinian Territory, including East Jerusalem. Advisory Opinion, 19 de julio de 2024. La Haya: ICJ. Publicación ONU: 19 de diciembre de 2024. Disponible en: https://www.un.org/unispal/document/report-of-the-secretary-general-icj-19dec24/ 

[20] Amnistía Internacional. Israel’s Apartheid against Palestinians: Cruel System of Domination and Crime against Humanity. Londres: Amnesty International, febrero de 2022. Disponible en: https://www.amnesty.org/en/latest/news/2022/02/israels-apartheid-against-palestinians-a-cruel-system-of-domination-and-a-crime-against-humanity/ 

[21] Human Rights Watch. A Threshold Crossed: Israeli Authorities and the Crimes of Apartheid and Persecution. Nueva York: HRW, 27 de abril de 2021. Disponible en: https://www.hrw.org/report/2021/04/27/threshold-crossed/israeli-authorities-and-crimes-apartheid-and-persecution 

[22] US Government Accountability Office (GAO). (2025, Septiembre). F-35 Joint Strike Fighter: Sustainment Challenges, Software Architecture and Foreign Military Sales Dependencies. Report GAO-25-106421. Washington, D.C.  Disponible en: https://files.gao.gov/reports/GAO-25-107632/index.html 

[23] Guijarro, Txema. Portavoz de Sumar en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados. Declaraciones citadas en: «Sumar exige a Robles que se plante ante el aumento del gasto en Defensa y alerta de que solo beneficiará a EEUU e Israel». Europa Press, 18 de junio de 2025. Disponible en: https://www.europapress.es/nacional/noticia-sumar-exige-robles-plante-aumento-gasto-defensa-alerta-solo-beneficiara-eeuu-israel-20250618141247.html 

[24] NATO. (2025, 25 de Junio). The Hague Summit Declaration: Issued by the Heads of State and Government participating in the meeting of the North Atlantic Council. La Haya: NATO Public Diplomacy Division. Disponible en: https://www.nato.int/en/about-us/official-texts-and-resources/official-texts/2025/06/25/the-hague-summit-declaration 

[25] Élysée. New UK-France Nuclear Steering Group met for the first time in Paris. París: Presidencia de la República Francesa, 18 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.elysee.fr/en/emmanuel-macron/2025/12/18/new-uk-france-nuclear-steering-group-met-for-the-first-time-in-paris 

[26] Macron, Emmanuel. Discurso a la nación sobre la disuasión nuclear y la autonomía estratégica europea. París: Palacio del Elíseo, 5 de marzo de 2025. Disponible en: https://www.elysee.fr/en/emmanuel-macron/2025/03/05/address-to-the-french-people 

[27] Yonhap News Agency. Hyundai Glovis completes delivery of K2 tanks, K9 howitzers to Poland. Seúl, 17 de noviembre de 2025. Disponible en: https://en.yna.co.kr/view/AEN20251117002500320 

[28] Bundesministerium der Verteidigung (BMVg). Verteidigungshaushalt 2026-2029. Berlín: Ministerio Federal de Defensa de Alemania, 26 de noviembre de 2025. Disponible en: https://www.bmvg.de/de/aktuelles/deutschland-investiert-in-verteidigung-und-staerkt-das-buendnis-6045046 

https://rebelion.org/la-gran-estafa-del-rearme-europeo/

 Y ver  ...EL CAOS DEL REARME  EUROPEO

https://www.publico.es/internacional/descoordinacion-estados-encarece-miles-millones-gigantesco-rearme-europa.html


La farsa democrática marroquí .

 

Los marroquíes dan la espalda a las urnas,

 Mohamed VI conserva el poder


 


El 77% de los electores potenciales optó por la abstención.

Solo cuatro de cada diez electores inscritos participaron en las elecciones legislativas celebradas en Marruecos. La abstención masiva, más que la victoria del PAM o el resurgimiento islamista, vuelve a plantear una cuestión fundamental: qué poder pueden realmente elegir los marroquíes cuando la Corona conserva los principales resortes estratégicos del Estado.

Por A.R. SUÁREZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

El pasado 23 de septiembre se celebraron en Marruecos elecciones legislativas para renovar los 395 escaños de la Cámara de Representantes, la principal cámara parlamentaria del país. Los comicios dieron la victoria, según los resultados provisionales todavía pendientes de validación, al Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), con 97 diputados, seguido por la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), con 66; Istiqlal, con 65; y el islamista Partido Justicia y Desarrollo (PJD), con 54. Pero el dato que mejor resume la jornada quizá no esté en el reparto de escaños, sino en la magnitud de la abstención: solo el 38,08% de los electores inscritos acudió a votar. 

LA MAYORÍA SE QUEDÓ EN CASA

La participación cayó más de doce puntos respecto a 2021, cuando alcanzó el 50,86%, y quedó también por debajo del 42,27% de 2016. Tan solo unos seis millones de personas depositaron una papeleta. La cifra es todavía más significativa si se recuerda que, antes de los comicios, solo 15,8 millones de los aproximadamente 26,7 millones de ciudadanos con derecho potencial a voto figuraban inscritos. 

La abstención puede deberse a diferentes factores: apatía, desinterés, dificultades de inscripción y también a una actitud de protesta o rechazo al sistema político. Pero, sean cuales sean las causas del fenómeno, cuando casi dos de cada tres inscritos no votan, semejante distancia entre la población y las urnas obliga a mirar más allá del resultado partidista.

Ese alejamiento se produce, además, en un contexto social muy concreto. Marruecos llegó a estas elecciones después de las movilizaciones juveniles de 2025 encabezadas por GenZ212, que reclamaron mejoras en sanidad y educación y denunciaron corrupción y gasto en grandes acontecimientos deportivos. Human Rights Watch documentó centenares de detenciones y el empleo de fuerza letal durante algunas protestas. El desempleo entre los jóvenes de 15 a 24 años alcanzó aproximadamente el 37% en 2025.   Para una generación que convive con precariedad, desigualdades territoriales y dificultades de acceso a servicios públicos, las elecciones aparecen así como un mecanismo cuya capacidad para modificar los centros fundamentales de decisión resulta nula.

SE ELIGE PARLAMENTO, NO EL CENTRO DEL PODER

Esa limitación está escrita en la propia Constitución. El rey debe nombrar jefe del Gobierno a un miembro del partido que obtenga más escaños, pero Mohamed VI preside el Consejo de Ministros. Ese órgano decide sobre las orientaciones estratégicas del Estado, los asuntos militares, la guerra, el estado de sitio y numerosos nombramientos esenciales en seguridad, diplomacia, administración territorial y empresas públicas estratégicas. El Gobierno posee competencias ejecutivas reales, pero las decisiones fundamentales están insertas en una arquitectura institucional cuya cúspide sigue ocupando la Corona.

Esta realidad ayuda a comprender por qué las diferencias entre los partidos, aunque existen, no equivalen a alternativas de poder.

El vencedor de los comicios, el PAM, nació en 2008 impulsado por Fouad Ali El Himma, antiguo alto cargo de Interior, amigo y consejero del monarca. Estudios de Carnegie lo han descrito históricamente como una formación estrechamente relacionada con el Palacio. Su victoria difícilmente puede interpretarse, por tanto, como una ruptura con el núcleo del sistema.

El RNI, segundo con 66 diputados, ocupa igualmente un espacio  empresarial y ha encabezado el Gobierno desde 2021 bajo Aziz Ajanuch. Su caída desde 102 escaños constituye un importante castigo electoral, pero no altera en nada la estructura estatal.

Istiqlal, con 65 diputados, es el histórico partido del nacionalismo marroquí, conservador y plenamente integrado desde hace décadas en el marco monárquico. 

EL REGRESO DE LOS ISLAMISTAS

El PJD representa el movimiento electoral más llamativo. Gobernó durante una década, obtuvo 125 escaños en 2016, se desplomó hasta apenas 13 en 2021 y ahora recupera 54. Su propia experiencia gubernamental mostró, sin embargo, hasta qué punto gobernar Marruecos no significa controlar el conjunto del aparato estatal. Investigaciones de Carnegie han descrito cómo el partido asumió durante sus años en el Ejecutivo la permanencia de importantes ámbitos de decisión bajo la influencia del Palacio. Al Jazeera

A la izquierda, la USFP obtuvo 26 diputados y el PPS, heredero del antiguo Partido Comunista Marroquí, 19. Ambos proceden de tradiciones políticas que en otras etapas mantuvieron una oposición más marcada a la monarquía, pero acabaron incorporándose al funcionamiento institucional e incluso participando en gobiernos.

La Alianza de Izquierda consiguió ocho escaños.

El pluralismo partidista existe. Lo que permanece prácticamente fuera de l a disputa electoral es la estructura fundamental del poder.

EL MAJZÉN Y LA NATURALEZA DEL ESTADO

El Estado no puede analizarse exclusivamente por la forma jurídica de sus instituciones, sino atendiendo a las relaciones sociales que reproduce, a las clases con capacidad efectiva de decisión y a la conexión existente entre poder político y el poder económico.

En Marruecos, la monarquía no constituye una institución meramente ceremonial. Se encuentra en el centro de una red formada por la alta administración, las fuerzas de seguridad, sectores empresariales y tecnocráticos y las estructuras políticas relacionadas con el Palacio, tradicionalmente englobadas bajo el concepto de Majzén.

En este sistema, hay partidos, campañas electorales, oposición parlamentaria y alternancias gubernamentales; pero la la Corona conserva los poderes esenciales, que no dependen del resultado electoral y los periodistas, activistas y críticos de la monarquía son duramente reprimidos.   Estamos, por tanto, ante un sistema de fuerte concentración monárquica del poder que incorpora mecanismos electorales sin someter a ellos  los resortes fundamentales del Estado.

LA ABSTENCIÓN COMO SÍNTOMA 

Es este contexto el que da sentido a la pírrica participación registrada en las elecciones. El Ministerio del Interior marroquí situó oficialmente la participación en el 38,08%, pero ese porcentaje se calcula exclusivamente sobre los 15.801.162 ciudadanos inscritos en las listas electorales. En total votaron algo más de seis millones de personas.

La dimensión real del fenómeno aparece con mayor claridad cuando se compara esa cifra con el conjunto de la población que podía potencialmente ejercer el derecho al voto. Associated Press estimaba en unos 26,7 millones los ciudadanos marroquíes en edad y condiciones de votar. Si tomamos esa referencia y relacionamos los aproximadamente 6,02 millones de votos emitidos con esos 26,7 millones de electores potenciales, la participación efectiva se reduce a aproximadamente un 22,5%. Dicho de otra forma: algo menos de uno de cada cuatro ciudadanos potencialmente habilitados para votar terminó depositando una papeleta en las urnas.

La abstención no demuestra automáticamente una conciencia antimonárquica ni una ruptura organizada de las clases populares con el régimen. Pero semejante desmovilización sí revela las enormes dificultades del Parlamento y de los partidos para convencer a una parte muy amplia de la sociedad de que las urnas pueden modificar sus condiciones materiales de existencia o alterar la estructura en la que se concentra el poder

Cuando el cuerpo electoral efectivo queda reducido a poco más de una quinta parte de quienes potencialmente podían votar, la cuestión deja de ser solamente quién ganó las elecciones. La pregunta fundamental pasa a ser otra: ¿qué capacidad tienen unas elecciones con semejante nivel de participación para legitimar un sistema en el que, además, los principales resortes del poder permanecen fuera del alcance de las urnas?

 https://canarias-semanal.org/art/38688/los-marroquies-dan-la-espalda-a-las-urnas-mohamed-vi-conserva-el-poder

viernes, 25 de septiembre de 2026

Revolución en el Yemen: Arabia infeliz

 

Los yemeníes han colocado a la monarquía Saudita en una disyuntiva existencial.


El proyecto de AnsarAllah es una “ revolución »: una lucha contra el poder monárquico impuesto durante la época colonial por británicos y estadounidenses

Alastair Crooke, diplomático senior británico

Arabia Saudí se enfrenta a una disyuntiva estratégica: capitular ante las exigencias de AnsarAllah o caer en una trampa de credibilidad. Esta trampa reside en que Mohammed bin Salman (MbS) podría intentar mantener la credibilidad del Reino como custodio de los Lugares Santos y como referente islámico sunita, negándose a ceder ante las demandas de AnsarAllah. 

El dilema reside en que, por un lado, cualquier concesión corre el riesgo de dar más impulso a  la «revolución » de AnsarAllah, que está ganando fuerza y movilizando a la gente en todo Oriente Medio. Por otro lado, al insistir en la monarquía saudí y las prerrogativas inherentes a su sistema, MbS podría movilizar a la oposición interna desde una dirección diferente: la de las diversas tribus saudíes, muchas de las cuales aún albergan resentimiento por su marginación, la disminución de su posición y su estatus impuesta por la «empresa monárquica de una sola familia». 

Desde sus inicios, la monarquía saudí ha concentrado los beneficios económicos del país en una sola familia, denominándolo «unidad». Sin embargo, esta unidad basada en la exclusión es una fractura vulnerable a las demandas de las tribus marginadas, que reclaman el peso político que les corresponde y una participación justa en los ingresos del Reino.

Hoy en día, los occidentales observan al Reino de Arabia Saudí con una perspectiva diferente; su mirada se centra en su riqueza, su aparente modernización y su declarado liderazgo en el mundo islámico, en lugar de en las contradicciones fundamentales que subyacen al Reino. Prefieren suponer que el Reino se está adaptando a las exigencias de la vida moderna y que la gestión y transformación del islam sunita también lo adaptarán a ella.

Sin embargo, la postura del Reino de Arabia Saudí es peculiar y más débil de lo que se suele creer. Las contradicciones internas del país podrían llevar a Riad a intensificar la guerra en Yemen para preservar su posición, a pesar de la evidente falta de apoyo de sus aliados. (Parece que la reticencia de Trump a ayudar a Arabia Saudí podría reflejar la intensa presión ejercida por los Emiratos Árabes Unidos —el acérrimo rival de MbS—, que busca persuadir a Trump para que no apoye una nueva guerra saudí contra Yemen, ya que esto debilitaría aún más los menguantes intereses de los Emiratos Árabes Unidos en el sur y la costa de Yemen).  

La singularidad de la estructura interna del Reino se remonta a la naturaleza de su fundación por Ibn Saud en 1932, y a la decisión posterior de Estados Unidos de invertir el equilibrio de poder histórico de Asia Occidental a favor de Arabia Saudí y los monarcas, emires y jeques del Golfo (recién designados tras la Segunda Guerra Mundial).  

Hace algún tiempo escribí que la historia de las tensiones dentro de la identidad saudí «pertenece directamente a Muhammad ibn ʿAbd al-Wahhab (el fundador del wahabismo) y al uso que Ibn Saud hizo de su puritanismo radical y excluyente»:

La segunda vertiente de esta desconcertante dualidad se relaciona precisamente con el posterior giro del rey Abd-al Aziz hacia la formación de un Estado en la década de 1920. Inicialmente, siguiendo el consejo del oficial británico Harry St. John Philby, aceptó la recomendación de que, instrumentalizando el wahabismo, podría y lograría liderar Oriente Medio.

Sin embargo, la posterior contención de la violencia wahabí por parte de Abd al-Aziz (para mantener el estatus diplomático de Estado-nación ante Gran Bretaña y Estados Unidos) y su institucionalización del impulso wahabí original, junto con el posterior aprovechamiento del floreciente flujo de petrodólares en la década de 1970, provocaron que canalizara la volátil corriente wahabí lejos del ámbito nacional hacia la exportación .

Esta corriente wahabí (posteriormente transformada en ISIS), que Philby tanto admiraba, era, sin embargo, una reencarnación del primer y feroz movimiento de vanguardia semi-independiente de «moralistas» armados y comprometidos del desierto, que casi lograron apoderarse de Arabia a principios del siglo XIX. 

Abd al-Aziz, sin embargo, comenzó a sentir que sus intereses generales se veían amenazados por el «jacobinismo» revolucionario exhibido por el movimiento de vanguardia. Este último se rebeló entonces ante el intento de reprimirlos, lo que dio lugar a una guerra civil que duró hasta la década de 1930, cuando Abd al-Aziz ordenó sofocar a los extremistas: los británicos los ametrallaron.

La cuestión es que la interpretación wahabí del islam por parte de Arabia Saudí no desapareció en la década de 1930. Retrocedió y mantuvo su influencia en ciertos sectores del sistema; de ahí la dualidad que observamos hoy en la actitud saudí hacia la guerra sectaria contra estados regionales como Siria.

El proyecto saudí se consolidó cuando Richard Perle y David Wurmser, por encargo de Netanyahu (en aquel entonces primer ministro de Israel), elaboraron el  documento Estrategia de Ruptura Limpia  en 1996. Irán debía ser despojado de sus aliados, y los monarcas y jeques del Golfo Pérsico debían liderar el nuevo paradigma estratégico en Asia Occidental.  

Los monarcas y jeques del Golfo fueron ungidos simultáneamente como los principales representantes del dominio energético estadounidense en Oriente Medio, así como el telón de fondo tras el cual Netanyahu podía tramar el proyecto del «Gran Israel» (Acuerdos de Abraham). 

En el verano posterior a la guerra (fallida) de Israel contra Hezbolá en 2006, Dick Cheney profundizó en esta estrategia de ruptura total. Cheney se sentaba en su despacho lamentando en voz alta la continua fortaleza de Hezbolá; y peor aún, que le parecía que Irán había sido el principal beneficiario de la guerra de Irak de Estados Unidos en 2003.

El interlocutor de Cheney, el entonces jefe de inteligencia saudí, el príncipe Bandar, coincidió enérgicamente (como relata  John Hannah, quien participó en la reunión). Para sorpresa de todos, el príncipe Bandar afirmó que Irán aún podía ser neutralizado: Siria era el eslabón débil entre Irán y Hezbolá, que podría ser desmantelado mediante una insurgencia islamista, propuso Bandar. 

El escepticismo inicial de Cheney se transformó en júbilo cuando el príncipe Bandar declaró que la participación estadounidense sería innecesaria: él mismo orquestaría y gestionaría el proyecto. «Déjenmelo a mí» , dijo.

Bandar le dijo a John Hannah: «El Rey sabe que, aparte del colapso de la propia República Islámica, nada debilitaría más a Irán que la pérdida de Siria».

Así comenzó una nueva fase de desgaste contra Irán. El equilibrio de poder regional se inclinaría decisivamente hacia el islam sunita, liderado por Arabia Saudita, en alianza con las demás monarquías de la región. De este modo, el vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, legitimó la guerra sectaria.

En resumen, Arabia Saudita fue el pilar sobre el cual Occidente construyó su acercamiento al islam sunita para contener y confrontar a Irán y sus aliados en el frente de la Resistencia. Posteriormente, los estados del Golfo se convertirían en la pieza clave sobre la cual se construirían los Acuerdos de Abraham y la normalización de las relaciones con Israel.

Sin embargo… el proyecto contenía contradicciones inherentes: la naturaleza violenta del wahabismo nejdí significaba que Arabia Saudita, a pesar de toda su fanfarronería sobre su liderazgo islámico, carecía de la legitimidad para lograr que una Umma musulmana (comunidad musulmana) aceptara el liderazgo teológico saudí.  

En segundo lugar, el Reino se construyó sobre la inestable base de una renuente aquiescencia tribal, una dinámica que podía verse desafiada ante los primeros indicios de que el control monárquico se estaba debilitando. Informes recientes sugieren que Irán y Hezbolá podrían estar negociando un nuevo acuerdo con los líderes tribales de la Península.

Los yemeníes no sienten aprecio por los saudíes. De hecho, Yemen representa la base más auténtica del mundo árabe que Arabia Saudí. Muchas tribus, si no la mayoría, de Oriente Medio tienen orígenes yemeníes. 

A principios de la década de 1930, el fundador de la Arabia Saudita moderna, el rey Abd al-Aziz al-Saud, se apoderó y anexó de forma perentoria tres provincias del norte de Yemen e intentó imponer el wahabismo al islam zaidí e ismaelita, de corte esotérico, propio de Yemen. Más recientemente, durante los últimos diez años, Arabia Saudita ha mantenido el bloqueo contra Yemen, controlado por Ansar Allah. 

Por eso el proyecto de AnsarAllah es una  « revolución »: una lucha contra el poder impuesto durante la época colonial. El ayatolá Jomeini previó que la Revolución iraní por la liberación y la soberanía nacional no sería la última revolución en la región; anticipó que inevitablemente surgirían otras revoluciones. El nuevo líder supremo de Irán, Mujtaba Jamenei, aludió recientemente a esto al hablar de Yemen. 

Ibrahim al-Amine, editor de Al-Akhbar, escribió esta semana: 

“… Algún día, alguien relatará la historia de la relación entre ‘Ansar Allah’, Hezbolá e Irán; por el momento, es necesario destacar solo algunos puntos clave… Sayyed Hassan [Nasrallah]… trabajó para establecer la ‘interpretación más precisa’ —que se convirtió en política oficial en Irán—, moldeando su percepción de la posición y el papel del movimiento ‘Ansar Allah’. [Nasrallah] insistió en que el apoyo a este valiente grupo no tenía otro precio que los logros que consiguieron, los cuales inevitablemente sirvieron a la causa mayor…

«Lo que Ansar Allah ha logrado en Bab al-Mandab supone un salto cualitativo en el progreso de este movimiento. Es un acontecimiento inseparable de lo que está ocurriendo en toda la región… Los pueblos del Líbano y Palestina comprenderán la importancia de lo que Ansar Allah ha hecho… un puñado de hombres libres logró derribar castillos de arena de un solo golpe…».

Es demasiado pronto para saber si lo que Ibrahim Al-Amine describe como un «ambiente revolucionario» en la región se extenderá. Mientras tanto, los principales medios de comunicación occidentales, como era de esperar, ven los ataques yemeníes contra Arabia Saudí exclusivamente desde la perspectiva de su impacto en la crisis energética de Occidente y sus implicaciones para las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudí. Pero al hacerlo, ocultan el otro aspecto: el impacto del rotundo éxito de Ansar Allah al crear un momento revolucionario. Como señala Al-Amine:

«AnsarAllah logró convencer a una importante mayoría de las tribus argumentando que no le conviene a Yemen dejar el país en manos de estados, gobiernos y potencias que lo han privado de su riqueza durante muchas décadas, han robado sus recursos, lo han empobrecido… y luego han intentado imponer una perspectiva ideológica contraria a todo lo que ha estado arraigado entre la gente del sur de la península durante más de dos mil años».

Lo que estamos presenciando es un retroceso: Asia Occidental parece estar volviendo a estructuras de poder anteriores, históricamente más auténticas, a medida que el efímero aprovechamiento de la iniciativa neoconservadora/Cheney, de base muy precaria (que utiliza el vanguardismo wahabí como arma de demolición), comienza a ser ignorado por la conciencia y la movilización populares.