viernes, 29 de julio de 2022

Europa acaricia con pavor las cabezas de sus hijos .

 Europa acaricia con pavor las cabezas de sus hijos .

  Guadi Calvo

Estos últimos días Occidente se ha encargado de demostrar que la crisis de Ucrania hasta ahora sólo está beneficiando a Moscú y no deja de producir efectos no deseados por los agentes del Departamento de Estado, confirmando el nivel de improvisación del plan del Pentágono, que con la pretendida defensa de Ucrania esperaba poner de rodillas al presidente Putin y desmembrar a la Federación de Rusia.

Lo que no se está verificando, al punto de que las consecuencias,  más allá de la muerte de rusos y ucranianos, la están comenzando a pagar los ciudadanos europeos y norteamericanos con inflación, desabastecimiento y una sensación cada vez más notoria de que algo está por cambiar de modo irreversible. Circunstancias que también sufre el resto del mundo, pero bueno, sabemos que ese resto es el resto.

Gracias al seguidismo sumiso de la OTAN, los mandatos de Washington han conducido a Europa al borde del colapso energético con todas las derivaciones que esto acarrea, fundamentalmente para la industria, dada la dependencia de muchos países europeos de los hidrocarburos rusos.

Es llamativo que nadie haya alzado la voz para advertir a los dirigentes europeos que se estaban gatillando en la boca cuando decidieron seguir a pie juntillas los planes del Departamento de Estado. Lo que también vale para los políticos norteamericanos que no se interpusieron a los nefandos planes de Biden y la canalla que lo maneja que ha llevado al país a una inflación del diez por ciento.

No cabe duda de que Rusia fue arrastrada a un conflicto que jamás tuvo intención de comenzar, ya que de haberlo querido y no estar apremiada por la amenaza de la OTAN, habría esperado al invierno para cortar los suministros energéticos, lo que rápidamente habría puesto a Europa de rodillas mendigando algo de calor para el inhóspito invierno. Lo que sucederá irremediablemente si el conflicto se extiende hasta entonces y posiblemente detone el sistema político que desde hace ya casi cinco meses ha mostrado que no es más que una cáscara hueca.

Rusia no se ha amilanado en estos meses de operaciones en Ucrania, y a pesar de la monumental catarata de armamento y medios norteamericanos y europeos puestos a disposición del ejército, los mercenarios y los grupos nazis que sostienen a Volodímir Zelensky, no han logrado hacer retroceder en nada a la Operación Z. que casi con exactitud de ajedrecista avanza cumpliendo ciclo tras ciclo de manera incontenible

Sin duda alguna sonrisa habrá brotado en el presidente Putin al ser informado de que algunos de sus conspicuos enemigos ya han comenzado a marchar a cuarteles de invierno, como el británico Boris Johnson, el italiano Mario Draghi o la estonia Kaja Kallas.

Lo que quizás sea para tomarse más en serio es el patético paso de comedia que protagonizaron el presidente francés Emmanuel Macron y su par norteamericano Joe Biden a la salida de una de las tantas reuniones de la cumbre del G-7 que se desarrolló el mes pasado en el castillo de Schloss Elmau en los Alpes Bávaros (Alemania), donde la se vio a Macron agarrando del brazo, casi con brusquedad, a un Biden ausente para, entre el ruego y la exigencia y olvidando que estaba frente a docenas de periodistas, reclamar acerca de la imposición norteamericana de que Europa deje de comprar petróleo ruso antes de fin de año, pleno invierno europeo, por si alguien no lo advirtió.

En ese momento Macron informó al geronte norteamericano, además de a todos los periodistas que en estado de éxtasis presenciaban la “mini cumbre”, de que en una entrevista telefónica con Mohamed bin Zayed (MbZ) el sheikh de Emiratos Árabes Unidos (EAU) le dijo: “Estoy al máximo (refiriéndose a la capacidad de producción petrolera)”, para seguir con que: “Los saudíes pueden aumentar en 150.000 (barriles por día), tal vez un poco más, pero no tendrán una gran capacidad antes de seis meses”.

Tal información fue lo que disparó a Macron a correr detrás de Biden a la vista de todo el mundo y entre el ruego y la exigencia pedirle que incrementara su producción petrolera. Algo que políticamente es muy difícil frente a las legislativas norteamericanas del próximo noviembre, dada la presión de los lobbies ambientalistas, lo que podría hacer tambalear, todavía más, al tambaleante presidente norteamericano.

Europa necesitará compensar la faltante de dos millones de barriles al día para sustituir las importaciones rusas y hasta ahora nadie parece con posibilidades de cubrir ese blanco que se generará si Estados Unidos no rectifica la prohibición de suspender la importación de los vitales insumos rusos.

La emotiva entrevista entre el desencajado Macron y el ausente Biden fue interrumpida por el asesor de Seguridad Nacional de los Estados Unidos Jake Sullivan, quien aconsejó a los egregios mandatarios que terminarán con el papelón público y se alejarán de los periodistas que transmitían en directo para los casi 450 millones de ciudadanos de la Unión  Europea (UE), muchos de los cuales en ese momento empezaron a acariciar con pavor las cabezas de sus hijos.

Como si faltasen noticias para profundizar la tragedia que vive Europa, se conoció que un nuevo misterio se precipitó a tierra en la noche del sábado, del que como todos los misterios la información es escasa. Un avión carguero ucraniano, fabricado en la era soviética, cayó entre las localidades de Antifilippi y Palaiochori, en el norte de Grecia.

El Antonov An-12 operado, según se dice ahora, por la carguera ucraniana Meridian, cubría la ruta Serbia-Bangladesh, con doce toneladas de “carga peligrosa”. Según vecinos de la zona, el avión explotó en el aire y se precipitó ya en llamas. Denys Bohdanovytch, director general de Meridian, informó de que los ocho tripulantes, todos ucranianos, habían muerto.

Mientras, las autoridades locales han ordenado a los vecinos del área  no salir de sus casas, sellar puertas y ventanas y utilizar mascarillas, en previsión de no aspirar “vapores peligrosos y tóxicos” emitidos por el material que transportaba la aeronave. Enseguida, hacia el lugar partieron patrullas entre los que se incluyen, además del personal de rescate, expertos en explosivos y llamativamente agentes de la Comisión de Energía Atómica griega, por lo que ya se está presumiendo que el vuelo no se dirigía al sudeste asiático, sino que transportaba algún tipo de armamento ¿nuclear? hacia Ucrania. Grecia ya presentó reclamos ante Serbia y Ucrania por no haber informado de las características de la carga.

Quizás sea hilar muy fino, pero sin duda es llamativo que el avión con la “carga peligrosa” haya partido de Serbia algunos días después de las declaraciones de su presidente, Aleksandar Vuvic, que con el dramatismo que la situación amerita declaró en una entrevista a medios rusos que cumplidos algunos próximos objetivos del Kremlin “Vladimir Putin, presentará una propuesta. Y si Occidente no la acepta, se desatará el infierno”.

Mientras tanto, las malas para el comediante Zelenski no terminaron en Grecia y en las declaraciones de Vuvic, ya que a pocas horas de conocerse la caída del Antonov con “carga peligrosa” se informó, sin poder confirmar que ambas noticias están relacionadas, de que Zelenski, despidió nada menos que a Ivan Bakanov, jefe del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) y a la fiscal de crímenes de guerra Iryna Venediktova, después de que se descubriera que, aparentemente, dirigían una red de espionaje rusa. Bakanov, hasta hace pocas horas, fue uno de los hombres más poderosos del Gobierno del comediante e íntimo amigo desde la infancia, mientras que Venediktova desempeñó un aguerrido papel en los juicios contra los prisioneros rusos acusados de crímenes de guerra. Según se ha conocido, la red de espías manejada por Bakanov y Venediktova tendría a más de 60 agentes entre los funcionarios gubernamentales, habiéndose conocido por lo menos 651 casos de supuesta traición y colaboración con Moscú. Muchos de los agentes descubiertos ya estarían trabajando, desde los territorios controlados por Rusia.

Estados Unidos, con grandes costos y sin haber logrado absolutamente nada más que provocar la muerte de miles de personas, la destrucción de decenas de ciudades y pueblos, además de una crisis financiera mundial que está poniendo todo de cabeza, por lo que nadie puede avizorar las consecuencias finales de este conflicto en el que Rusia ya ha conquistado una cuarta parte de Ucrania y las tres cuartas partes de su capacidad industrial. Un logro demasiado contundente para revertirlo.

Un viaje al caluroso desierto de la realpolitik

En una pirueta solo posible en el campo de la realpolitik, el presidente Biden, viajó al Golfo Pérsico -seguramente llevando en sus oídos el pedido desesperado de su amigo Macron- donde debió soportar el zamarreo de los saudíes a quienes durante la campaña electoral del 2019, para diferenciarse de Donald Trump, trató al reino de “Estado paría”, por aquello del asesinato del periodista Jamal Khashoggi en 2018, tras lo que se negó en su momento a entrevistarse con el príncipe heredero Mohamed bin Salman (MbS), hombre fuerte del régimen wahabita y responsable principal de la muerte del periodista, sin mencionar a Yemen, donde los muertos de MbS son centenares de miles más.

En la gira relámpago de la semana pasada también visitó el enclave sionistapara ratificar la alianza con su principal socio en el mundo, donde se volvió a comprometer con que Irán no tendrá acceso a energía nuclear, pero al menos no escuchó la insistencia de los sionistas de que era urgente iniciar una guerra urgente contra Teherán. Al tiempo Biden cumplió con la formalidad de pasar por Palestina, para enfrentar más tarde el verdadero motivo de su llegada Riad, donde se reunió con el rey Salman y con su hijo el príncipe MbS, lo que muchos interpretaron como un indulto de Biden al príncipe para avanzar enseguida hacia lo que importa, el petróleo. Del que hasta ahora no ha conseguido traerse un litro, lo que sin duda angustiará a Macron y al resto de los europeos, que se preparan para un fresco invierno. Tampoco Biden consiguió convencer a los sauditas de tomar una actitud más beligerante frente a Rusia.

A pesar del fracaso, Biden intervino en la cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) que se celebró en la ciudad saudita de Yedda con la presencia de sus seis socios: Arabia Saudita, Catar, Bahréin, Kuwait, Omán y los Emiratos Árabes Unidos, en la que también participaron Jordania, Egipto e Irak, donde insistió en que “No nos alejaremos y dejaremos un vacío para que lo llenen China, Rusia o Irán. Y buscaremos aprovechar este momento con un liderazgo estadounidense activo y basado en principios”. Sin especificar claro qué principios.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

miércoles, 27 de julio de 2022

España.- Negreros y capitalistas .

Una historia de  la esclavitud  moderna española.

Jesús M ª Montero Barrado

  


Hace unos días finalicé la lectura de Negreros. Españoles en los tráficos y en los capitales esclavistas (Madrid, Los Libros de Catarata, 2021), cuyo autor es José Antonio Piqueras. Estamos ante un libro denso e intenso, lleno de personajes que, en muchos casos, se encuentran entrelazados entre sí. Es una historia de la esclavitud moderna española, centrada en el periodo que va de finales del siglo XVIII a finales del XIX y relacionada con el despegue del capitalismo. Está conectada con lo ocurrido en otros países, como Gran Bretaña, EE.UU., Francia, Países Bajos o Portugal, pero sin olvidarse, entre otros, de países  latinoamericanos como Brasil, Venezuela o Argentina, o las por entonces todavía colonias españolas de Cuba y Puerto Rico. .

En todos esos países o colonias se conocieron situaciones cambiantes en torno a la esclavitud, si bien cobró importancia el caso de Gran Bretaña, que a partir de 1807 tomó un camino contrario a la trata de personas esclavas, dedicándose a perseguir, apresar y enjuiciar a quienes se dedicaban a ella en las aguas del océano Atlántico. Eso no óbice para que su sistema económico -lo que no debe olvidarse- formara parte de la canalización de los capitales que circulaban y se generaban en torno a esa actividad, así como sus empresas se dedicaran a la compra de materias primas (sobre todo, el algodón) y de productos para el consumo europeo (como el azúcar, el tabaco o el café). Y tampoco debemos perder de vista la constatación, una vez más, de que en la historia del capitalismo, en gran medida en sus orígenes, la trata de personas y su utilización como mano de obra de esclava fue una de las principales fuentes de acumulación de capital.

En el libro se menciona a muchas personas, que son situadas en sus entornos familiares y en los consiguientes entrelazamientos matrimoniales que se fueron dando entre ellas. Se alude también, por supuesto, a las redes de intereses económicos y políticos que se fueron desplegando a lo largo de esos años, tanto en los lugares donde está presente la esclavitud de una forma directa como en la propia metrópoli española. Aparecen, así, inversores de las expediciones, capitanes de barco, comerciantes, compradores, cargos públicos de la isla, militares, políticos de la metrópoli… Fue frecuente un trasiego de ida y vuelta entre la Península y América por una parte de esos personajes. Y no faltó la corrupción sistémica que involucró a numerosas personas a base de mordidas, participaciones directas o encubiertas, etc. 

En el caso español el circuito de la trata hizo uso del tradicional comercio triangular iniciado principalmente  a partir del siglo XVII: barcos que salían con productos europeos hacia la costas africanas, donde se trocaban por personas esclavas con destino a América, para finalmente regresar con productos americanos, trabajados, a su vez, con mano de obra indígena y/o esclavizada. En otros casos las expediciones salían de la propia Cuba, e incluso de EEUU, en un viaje de ida y vuelta intercontinental. Cobraron, así, importancia puertos como los de La Habana, Santiago de Cuba, Cádiz, La Coruña, Nueva York, Charleston o Boston; factorías comerciales ubicadas a lo largo de las costas de Sierra Leona, Benin, Angola o Mozambique; centros financieros como los de Nueva York, Londres o Barcelona; o ingenios azucareros que se ubicaron a lo largo y ancho del oeste y el centro de Cuba. 

Se ha estimado que desde 1819 participaron en el caso español entre 2.000 y 2.500 barcos para tales menesteres, de los cuales hay constancia de unos 350 apresados por los barcos británicos y llevados algunos de sus responsables a juicio en tribunales especiales ubicados en Sierra Leona y La Habana. Fueron, pues, centenares de miles las personas llevadas forzosamente al continente americano, en especial al área del Caribe y en mayor medida a la isla de Cuba. 

En el libro se mencionan también las localidades originarias de donde fue saliendo a lo largo de esos años esa minoría de españoles: vascos, cántabros, gallegos, catalanes, andaluces… Formaron parte de esa minoría enriquecida a los que se conoció como indianos. Menos, como negreros, entre otras cosas para evitar la mala prensa y la pérdida de honor que esa denominación suponía. Y por nombrar a unos pocos, entre los más destacados estuvieron los hermanos Cuesta Manzanal, Juan Madrazo, Antonio Frías, Carlos Drake del Castillo, Juan José Zangróniz, Pedro Blanco, Juan Manuel Manzanedo («el hombre más rico de España»), Antonio López y López…

Hay unos pasajes del libro, los referidos al último de los nombrados, que pueden ilustrar lo que fue esa realidad: «el futuro marqués de Comillas dista de figurar entre los grandes negreros de la trata. Ese lugar corresponde a Joaquín Gómez, Juan José Zangróniz, Juan Zulueta, Pedro Blanco, Pedro y Santiago Cuesta Manzanal, Domingo Aldama, Juan Madrazo, Antonio Frías, Bernardo Martínez de Pinillos, los O’Farrill, y tantos otros» (p. 199). 

Y es que el cántabro Antonio López y López, con la ayuda de su hermano Claudio en los primeros momentos, pasó de ser un humilde tendero a adquirir varios ingenios en Cuba, que eran trabajados por centenares de esclavos. A mediados del siglo XIX decidió regresar a la Península, sin perder de vista lo que había sembrado en la isla. Empezó a invertir en empresas de navegación ubicadas en Alicante, Barcelona y Cádiz, y luego decidió instalarse en la capital catalana. Con el paso de los años, nombramiento de senador vitalicio incluido, «recibió de Alfonso XII en 1878 el titulo de marqués de Comillas. En 1881 el rey le otorgó la Grandeza de España de primera clase [que conllevó su nombramiento como senador vitalicio]. Al fallecer en 1883, el antiguo comerciante de tienda en Santiago de Cuba, que anunciaba en la prensa local su voluntad de comprar esclavos, presidía el banco Hispano Colonial, el Banco de Crédito Mercantil, la Compañía General de Tabacos de Filipinas, la Compañía Transatlántica de España y la compañía de seguros La Previsión. Era vicepresidente de la Compañía de Caminos de Hierro del Norte de España. Levantó  los astilleros de Matagorda [en la Bahía de Cádiz] y grandes fincas rústicas en varias provincias. Era el empresario-financiero-industrial- más importante del país.  Había comprado el palacio Moja en Barcelona y había hecho construir el palacio Sobrellano y una villa en Comillas, El Capricho, a Antonio Gaudí». Ya fallecido, su hijo Claudio fue quien dio vida a la famosa Universidad Pontificia de Comillas, elitista donde las haya y entregada para su gestión a la Compañía de Jesús (pp. 199-200).

Y un añadido/inciso, por mi parte, sobre este personaje: es el mismo al que le erigieron estatuas con el fin de perpetuar su memoria como modelo hombre de negocios, intrépido y triunfador. Una, la de Barcelona, fue retirada en 2018 por decisión del Ayuntamiento, después que se reconociera que sus méritos estaban basados, como los de tantos otros negreros, en la trata y explotación de personas esclavas. Otra de las estatuas está ubicada en su localidad natal de Comillas, donde continúa levantada, sin que exista voluntad de reconocer la historia oscura que se esconde tras el personaje.

Volviendo al libro, todavía hasta la actualidad no ha dejado de mantenerse la presencia de esos personajes a través de lo que fueron sus creaciones materiales (esto es, empresas e instituciones) y, claro está, de quienes las han ido heredando. A modo de ejemplos, es lo que ocurre con personajes como las hermanas Koplowitz, Manuel Soroa, la familia Rato y Rodrigo Rato, Fernando Suárez, los Primo de Rivera, Alejo Vidal-Quadras, José María de Areilza, los hermanos Goytisolo, Joaquín Satrústegui, la familia Terry, la familia Borbón (a través de María Cristina y su consorte Agustín Fernando Muñoz), Eusebio Güell y familia, la familia Ybarra, Antonio Goicoechea…

En el libro se hace mención a un «partido negrero», un poderoso grupo de presión formado para que las cosas de la esclavitud, independientemente de la situación legal, siguieran como desde décadas atrás se había conformado. Cobró importancia desde los años centrales del siglo XIX y, entre otras cosas, como se señala en el libro, estuvo en la raíz del asesinato del general Juan Prim. No debemos perder de vista que en 1870 fue cuando se abolió parcialmente  la esclavitud en Puerto Rico y que entre las intenciones del general, por entonces jefe de gobierno, estaba acabar con la recién iniciada guerra de independencia en la isla y hasta la concesión de la autonomía. Desde los medios de ese «partido negrero» Prim fue víctima de una campaña de prensa lanzada bajo la acusación de querer vender la isla a EEUU (p. 293).  A finales de ese año fue víctima de un atentado mortal, en el que estuvo involucrada gente con vínculos con ese grupo de presión, como el general Francisco Serrano o el duque de Montpensier. Pocos años después, con Antonio Cánovas al frente del gobierno, se sobreseyó el caso y fueron puestos en libertad quienes habían estado en prisión como inculpados.

Fue en ese contexto donde surgió un patrioterismo español, mezcla de racismo y clasismo desaforado, que, sobre todo desde 1898, fue ganando adeptos en los círculos políticos y militares. Entre los primeros estuvieron Ramiro de Maeztu o Antonio Goicoechea, miembros de los años 30 de la rama fascista monárquica. Y entre los últimos, algunos de los que participaron en el golpe de estado de 1936. Sí, los Sanjurjo, Mola, Cabanellas, Queipo de Llano, Kindelán, Dávila…  Y  ya para terminar, no podemos olvidarnos de algunas de las personas que mostraron su oposición a la esclavitud, dando con ello muestras de la dignidad que estuvo ausente en quienes participaron en el negocio negrero. Una de ellas fue el sevillano José María Blanco White, que estuvo entre los primeros liberales españoles y fue autor del libro Bosquexo del comercio en esclavos. El motivo que le llevó a escribirlo fue llamar la atención «en nombre de las victimas que la codicia de algunos de sus paysanos está arrancando todos los días de la costa de África» (p. 275). Otra de esas personas fue Agustín Argüelles, uno de los redactores de la Constitución de 1812 y el diputado que propuso el fin de la trata de personas esclavos. Objeto de duros ataques por ello, se refirieron a su propósito con el término de «humo filantrópico» (p. 276). Y también está el general Jerónimo Valdés, quien desde su cargo de capitán general de Cuba durante los años de gobiernos progresistas combatió las prácticas ilegales llevadas a cabo y la corrupción existente.

Hace unos años leí otro libro de José Antonio Piqueras, Cánovas y la derecha española. Del magnicidio a los neocon (Barcelona, Península, 2008), con el que no quedé defraudado, sino todo lo contrario, algo que ahora se ha repetido. Mientras estaba leyendo Negreros no paré de dar vueltas al carácter sórdido de lo que se cuenta a lo largo de sus 300 páginas. Y hablo de sordidez en un doble sentido: porque estamos ante la realidad de la forma más extrema y perversa de sometimiento, explotación y degradación llevada a cabo por unos seres humanos sobre otros; y porque, en el caso que nos ocupa, el español, ha estado pasando desapercibida para la gran mayoría, de manera que sus responsables, en cualquiera de los grados que hubieran participado, han pasado y siguen pasando como personas de honor.

(El artículo ha sido publicado en el blog del autor Entre el mar y la mesetahttps://marymeseta.blogspot.com/2022/07/negreros-de-jose-antonio-piqueras-un.html).

lunes, 25 de julio de 2022

Zelensky destruye las leyes laborales.

 

Zelensky aprovecha la guerra para acelerar sus reformas ultraliberales


Laurent Geslin (Mediapart)

"Muchos sindicalistas están luchando en el frente, pero empiezan a detectar que les amenaza otro peligro, y que viene de dentro”. Vitaliy Dudin remueve su café con diligencia y reconoce que "es difícil pensar en este momento", pero que el Gobierno "debe seguir siendo criticado". 

Este hombre es miembro de la ONG Movimiento Social, una organización con sede en Kiev que ofrece asistencia jurídica a las trabajadoras y trabajadores en lucha. "Estamos en guerra y entendemos que hay que tomar medidas de emergencia para mantener la economía a flote, pero el ejecutivo está destruyendo el código laboral. Está aprovechando la situación para aprobar textos en el Parlamento sin debate ni consulta.” 

Los sindicatos denuncian especialmente dos nuevas leyes: la "regulación de las relaciones laborales durante la ley marcial", aprobada el 15 de marzo, y sobre todo el proyecto de ley 5371 "destinado a simplificar la regulación de las relaciones laborales en las pequeñas y medianas empresas y a reducir las cargas administrativas". El texto fue validado en primera lectura el 12 de mayo, y debería volver pronto a votación de los diputados.

Desde el comienzo de la ofensiva rusa, el 24 de febrero, los trabajadores ucranianos están sometidos a una inmensa presión. La economía del país se ha visto muy afectada por la guerra, tras la anexión de cerca del 20% del territorio nacional, la destrucción parcial o total de los principales centros industriales, como Járkov y Mariúpol, y el bloqueo de las mercancías que transitan por los puertos del Mar Negro, especialmente los cereales.

A principios de abril, el Banco Mundial estimó que el PIB de Ucrania se contraería un 45% en 2022, y las previsiones son cada día más pesimistas y no se vislumbra ninguna solución al conflicto. 

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a principios de mayo ya se habían perdido cinco millones de puestos de trabajo, de un total de 17,5 millones en el país a finales de 2021, mientras que 6,5 millones de personas han abandonado el país desde febrero y más de 7 millones se han desplazado dentro del propio país. El pasado 8 de junio, la Escuela de Economía de Kiev, a la que el gobierno encargó la evaluación de los daños financieros causados por los combates, estimó que "el importe total de los daños directos causados a la economía ucraniana por los daños y la destrucción de edificios residenciales y no residenciales e infraestructuras ascendía a 103.900 millones de dólares".

Una ley sobre el trabajo en tiempo de guerra 

Además de esta considerable destrucción, hay varios textos que completan la desregulación del mercado laboral, especialmente la ley de relaciones laborales, que establece que los empresarios pueden, entre otras cosas, aumentar la jornada laboral de 40 a 60 horas semanales durante el conflicto. Las empresas que no puedan operar pueden, además, despedir a sus empleados en un plazo de diez días. 

Todas las empresas del país tienen también la posibilidad de suspender temporalmente los contratos de trabajo de su personal. Siguen siendo formalmente empleados, pero ya no reciben sus salarios y el pago de los atrasos se les abonará al final de la guerra en virtud de una hipotética indemnización pagada por el "Estado que comete la agresión militar", es decir, Rusia. Se prevé que esta medida tenga consecuencias sociales catastróficas, ya que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señala que un conflicto prolongado podría llevar a "más de nueve de cada diez ucranianos a la pobreza o a la casi pobreza". 

"Hemos aceptado las disposiciones de esta ley de emergencia, porque poder conservar el trabajo en tiempos de guerra ya es algo bueno", explica Vasyl Andreyev, jefe del Sindicato de Trabajadores de la Construcción y Materiales de Construcción de Ucrania (PROFBUD), que cuenta con más de 50.000 afiliados. 

"El problema de estas disposiciones es que no están claros los criterios por los que un empleado debe seguir recibiendo un salario y cuál debe prescindir de él", afirma Veniamin Tymoshenko, presidente de la Asociación de Sindicatos Independientes de Trabajadores de Aviación. "El aeropuerto de Kiev-Boryspil emplea normalmente a 3.200 personas, pero todos los edificios están cerrados desde el 24 de febrero y se encuentran bajo la protección del ejército. La dirección no especifica qué empleados siguen cobrando. Por supuesto, los sindicalistas ya no cobran nada.”

La destrucción del derecho laboral

El proyecto de ley fue aprobado por el Parlamento ucraniano sin ser revisado ni debatido por los diputados, pero sus disposiciones "pueden ser necesarias para las empresas destruidas por los combates o situadas en el frente, como la fábrica Azovstal de Mariúpol, o las cervecerías de Lyssychansk", reconoce George Sandul, abogado de la ONG Iniciativas Sindicales, creada tras la revolución de 2014 y que organiza cursos de Derecho para sindicatos y trabajadores en lucha.

"Lo dramático, sin embargo, es que este texto prefigura el proyecto de ley 5371, que no se pretende suspender cuando acabe la guerra, y que completa la destrucción del código laboral ucraniano, aprovechando la prohibición de huelgas y manifestaciones durante la vigencia de la ley marcial. Además, este texto no se ajusta a las normas europeas que Ucrania tendrá que respetar si desea ingresar en la Unión.”

En las empresas con menos de 250 empleados, las normas de contratación y despido, la cuantía de los salarios y las prestaciones, las horas de trabajo y los periodos de descanso, pueden determinarse libremente

El proyecto de ley afecta a las empresas de menos de 250 empleados, que emplean al 70% de los trabajadores ucranianos, permitiendo a empresarios y trabajadores negociar directamente los contratos sin estar sujetos al código laboral ucraniano.

Es decir, todas las normas de contratación y despidos, la cuantía de los salarios y las indemnizaciones, las horas de trabajo y los periodos de descanso, pueden determinarse libremente, "de mutuo acuerdo entre ambas partes".

"Con este nuevo texto, será posible escribir literalmente cualquier cosa en los contratos. Por ejemplo, motivos de despido disparatados, o incluso una jornada laboral de 100 horas semanales, y todo a capricho del cliente", continúa George Sandul. “Pero, ¿cómo puede un empleado negociar con su jefe en igualdad de condiciones? ¿Cómo puede imponer sus condiciones a oligarcas ricos como Rinat Akhmetov o Ihor Kolomoysky, que emplean a cientos de miles de personas?”

Somos uno de los países más corruptos de Europa, y la legislación laboral era una de las pocas cosas que protegían a los más pobres", afirma. “En una crisis como la que estamos atravesando, esta ley convierte a los trabajadores en esclavos.”

Según el gobierno, el proyecto de ley 5371 debería simplemente impulsar la economía ucraniana y simplificar la normativa laboral y afirma que ésta sigue rigiéndose por el Código Soviético de 1971, a pesar de haber sido modificado más de 200 veces.

Zelensky ya había explicado su deseo de "modificar el código laboral en favor de las empresas" cuando llegara a la Presidencia en 2019

“La sobrerregulación del trabajo contradice los principios de autorregulación del mercado y la gestión moderna del personal, no responde a las necesidades actuales y crea muchos obstáculos burocráticos injustificados para la realización de los empleados y la competitividad de los empresarios", explica Hanna Lichman, diputada del partido Servidor del Pueblo, el del presidente Volodímir Zelensky, y miembro de la comisión parlamentaria de desarrollo económico. “Las innovaciones de la ley serán beneficiosas para ambas partes y permitirán incluir ciertas opciones y beneficios adicionales para el empleado". 

Para sus promotores, este texto también debería legalizar la situación de una buena parte de los tres millones de personas que trabajan en negro en el país.

El presidente Zelensky ya había explicado cuando asumió el cargo en 2019 que quería "modificar el Código Laboral en favor de las empresas", pero el proyecto de ley 5371, presentado inicialmente en abril de 2021, no fue votado por los diputados hasta el 12 de mayo.

"Los parlamentarios temían la reacción de los trabajadores ucranianos, pero se abrió una ventana de oportunidad con la guerra y la están aprovechando", dice el abogado George Sandul, "y cabe destacar que los diputados de la coalición Plataforma por la Vida y la Paz, un partido pro-ruso que fue prohibido el pasado marzo, votaron a favor del proyecto de ley". Es comprensible que, en el contexto actual, no hayan opuesto mucha resistencia. Los demás partidos de la oposición se abstuvieron con cautela.”

El proyecto de ley 5371 fue presentado oficialmente por Halyna Tretyakova, jefa de la comisión parlamentaria de política social y diputada por el partido gobernante. Fue redactado por una ONG ucraniana, la Oficina de Soluciones Simples y Resultados, creada por el ex presidente georgiano Mijail Saakashvili, que en su momento volvió a contar con el beneplácito de Zelensky tras cumplir condena en prisión bajo su predecesor Petro Poroshenko, y que trabaja en colaboración con asociaciones empresariales ucranianas.

Desde 2020, el Reino Unido también asesora al Ministerio de Economía ucraniano sobre cómo aprobar una nueva legislación laboral, a través de la consultora Abt Associates, cuyo plan de comunicación fue revelado por la Federación Europea de Sindicatos de Servicios Públicos (FSESP) en noviembre de 2021. Sugirió que el ministerio debería "hacer sus mensajes más fáciles y emocionales" y fomentar las reuniones informales de los líderes de opinión para comunicarse con el público.

Ni Halyna Tretyakova ni la Oficina de Soluciones y Resultados Simples respondieron a las solicitudes de entrevista de Mediapart (socio editorial de infoLibre).

La incorporación de trabajadores extranjeros

“Con la desaparición de las protecciones garantizadas por el Código Laboral ucraniano, por no hablar de la guerra, la emigración se va a acelerar aún más, todo el mundo se va a ir de Ucrania, cuando ya nos faltaban trabajadores cualificados, sobre todo en el sector de la construcción", lamenta Vasyl Andreyev, sindicalista de la construcción. “En parte debido a esta escasez, los salarios habían subido mucho en los últimos años, pasando de una media de 250 euros al mes en la construcción por 60 horas de trabajo a la semana en 2014, a 1.000 euros el año pasado."

Según el Banco Mundial, en 2021 Ucrania recibió más de 18.000 millones de dólares en remesas desde el extranjero, en especial las procedentes de Polonia. Se espera que esta cantidad aumente aún más en 2022, ya que millones de refugiados han abandonado Ucrania en los últimos meses.

"No todos los refugiados que se fueron volverán después de la guerra. Pero a quién le importa, la industria ucraniana ya ha sido destruida en gran medida y los oligarcas pronto sólo necesitarán 15 millones de personas para mantener la agricultura y el sector de los servicios", ironiza el sindicalista del sector aeronáutico Veniamin Timoshenko.

El 9 de junio, la comisión parlamentaria ucraniana de política social, presidida por Halyna Tretyakova, organizó una mesa redonda sobre el tema "el uso de mano de obra extranjera en Ucrania". La principal conclusión fue que para que la economía ucraniana sea "más competitiva" es necesario atraer mano de obra extranjera, por ejemplo suprimiendo los permisos de trabajo.

"La mayoría de los ciudadanos ucranianos están insatisfechos con el nivel salarial en nuestro país y buscan una vida mejor en los países occidentales. Estamos asistiendo a un éxodo de mano de obra", decía Mykhailo Tsymbalyuk, vicepresidente de esa comisión. “Si a los empresarios les resulta difícil encontrar personal allí, es necesario crear buenas condiciones de trabajo para los ciudadanos de otros países.”

Está claro que pronto será posible en Ucrania emplear legalmente a inmigrantes por salarios de miseria, sin protección de ninguna ley laboral. Sustituirán a los ucranianos que se han vuelto demasiado caros y a los que se van a ganar la vida a Europa Occidental.

"La sociedad civil ucraniana está fragmentada, débil y dividida, pero algo se está reconstruyendo en las trincheras", afirma Leonid Stoikov, también miembro de la ONG Iniciativas Sindicales.

 "Los voluntarios ucranianos están evacuando a las personas amenazadas por los combates, la gente recoge dinero para el ejército y organiza la ayuda humanitaria. Esta gente exigirá respeto cuando la guerra termine y pedirá cuentas al gobierno. Como decían los cosacos, "sólo los esclavos no son admitidos en el cielo".

Traducción de Miguel López.

Zelensky aprovecha la guerra para acelerar sus reformas ultraliberales (infolibre.es)


sábado, 23 de julio de 2022

Ucrania , precios agrícolas, seguridad alimentaria y especulació

     Ucrania  , precios agrícolas, seguridad alimentaria y especulación   .. 


Lucas Zelada  y  Frédéric Mousseau 

La verdad sobre las grandes empresas que se hacen con terreno agrícola ucraniano

Recientemente se ha difundido un texto en las redes sociales (incluso en la página de Facebook de [la revista italiana de jardinería] Il Giardiniere) en el que se alega que "tres grandes multinacionales estadounidenses compraron 17 millones de hectáreas de tierras de primera calidad a Zelenski". Anteriormente, los rumores de esa supuesta venta de "la mitad de Ucrania a Monsanto, Cargill y Dupont" se habían amplificado a través de una pequeña galaxia de diversos sitios conspirativos que, en algunas versiones, también atribuyeron la responsabilidad a los sospechosos habituales, George Soros y las élites financieras mundiales (incluidos Warren Buffett, Bill Gates y los fondos de inversión Blackstone, BlackRock y Vanguard).

 sigue...

Dossier: Ucrania, precios agrícolas, seguridad alimentaria y especulación - Frédéric Mousseau, Luca Celada | Sin Permiso

viernes, 22 de julio de 2022

Draghi , masacre social en Italia ..

                           

La primera mitad de la era Draghi: optimismo del régimen y masacre social en Italia .

Pietro Basso  


( Este artículo  no es de ahora  sino   de cuando fue nombrado  , y explica lo que represento y su dimisión su fracaso , como "hombre  providencial ")

 Si bien la economía y la política internacionales se enfrentan a una confusión particular, el capitalismo italiano parece haber encontrado a su "hombre providencial" [1]. Se trata del super-banquero Mario Draghi, expresidente del BCE (Banco Central Europeo), que asumió hace seis meses la presidencia del Consejo de Ministros (Primer Ministro), por decisión autocrática del presidente de la República, Sergio Mattarella. Este nombramiento siguió a un verdadero martillo mediático y a oscuras maniobras palaciegas; fue avalado por una amplísima mayoría (84% y 82% de los electos a la Cámara de Diputados y al Senado respectivamente), por un Parlamento cada vez más parecido a una caja de resonancia. Desde entonces, según el relato del régimen impuesto, todo va bien. El aterrador covid parece estar en declive notable. El crecimiento del producto interior bruto (PIB) se dispara eufóricamente más allá del + 5% (después de una caída del 8,9% en 2020). Desde la Unión Europea (UE), vista de repente como una madre y ya no como una madrastra, caen lluvias de euros. El orgullo deportivo es la consecuencia de la cosecha de las medallas olímpicas. Y, guinda del pastel, Italia vuelve a la vanguardia de la escena internacional con el lanzamiento, desde el G20[2], de una iniciativa sobre Afganistán (¿se repetirá?). El hecho en Italia se está recuperando; pero, por un lado, no sabemos si va a durar y, por otro, ya está teniendo efectos desastrosos para gran parte de las clases trabajadoras .

                                                ................

sigue .......

https://www.sinpermiso.info/textos/la-primera-mitad-de-la-era-draghi-optimismo-del-regimen-y-masacre-social-en-italia

 

 

martes, 19 de julio de 2022

La hora peligrosa en Ucrania .

 

La hora peligrosa

Sertorio

9/julio/2022

La guerra de liberación del Donbass no empezó este 24 de febrero: es un conflicto que lleva ocho largos años de combates y que ha podido ser concluido en varias ocasiones; pero una serie de falsas percepciones produjeron esta escalada, que ha convertido un conflicto local en el origen de una nueva Guerra Fría. Hace falta recordar que, mientras se negociaban los acuerdos de Minsk —que el propio expresidente de Ucrania, Petro Poroshenko, reconoció que eran una simple estratagema de Kíev para ganar tiempo—, Putin insistió a los dirigentes de las repúblicas populares de Donetsk (DNR) y Lugansk (LNR) para que reconocieran su condición de repúblicas autónomas dentro de Ucrania. En ningún caso, hasta seguramente enero de este año, el Kremlin cerró la vía política porque, contra lo que se ha vuelto el dogma indiscutible de la propaganda occidental, Putin es un político y un negociador, todo lo duro e intratable que se quiera, pero lo suficientemente sensato como para evitar aventuras militares. Desde 2008, en la cumbre de Bucarest, Putin advirtió varias veces que una Ucrania orientada en un sentido antirruso y como ariete de la Alianza Atlántica contra Moscú iba a perder sus provincias del sur y del este. La OTAN y Occidente en general subestimaron las advertencias y hasta las amenazas de Rusia. Tras el interludio de Trump, no hacía falta ser profeta para intuir que tendríamos guerra, que la administración Biden no iba a perder la oportunidad de enfangar al Kemlin en un conflicto de mediana o pequeña intensidad, y a ser posible duradero. Sin embargo, Rusia jugó sus cartas a su manera y le dio la vuelta a una situación que los estrategas de Occidente llevaban, como reconoció Jens Stoltenberg, catorce años preparando. (Véase, por ejemplo, cómo en un tiempo récord fue posible poner en marcha centenares de sanciones que precisan de un muy estudiado trabajo previo. No fueron improvisadas, ni mucho menos, las primeras batallas de la guerra económica. Trabajo inútil, las sanciones le han hecho mucho más daño a Europa que a Rusia.)

El primer paso que llevó a esta guerra fue, sin duda, una vieja tradición de las potencias occidentales: el menosprecio del vecino euroasiático. Obama llamó a Rusia un país pequeño por su peso relativamente menor en los mercados mundiales y en el mundo del dinero. Según esa visión del liberalismo occidental, Qatar y Singapur son países “grandes”, mientras que Pakistán y Egipto son “pequeños”. La realidad geopolítica e histórica es justo la contraria: las potencias se miden por su peso militar y político más que por su riqueza, aunque, desde luego, las arcas llenas siempre ayudan en los equilibrios de la diplomacia. La Unión llamada “Europea” es un pigmeo geopolítico, apenas una serie de Estados sometidos a Washington de la misma manera en que los principados indios del Raj obedecían a Londres. Pero, no cabe duda, el peso de Bruselas en la economía y el comercio mundial es muy superior al de Moscú. Este menosprecio de Rusia se nota en la propaganda atlantista: El Kremlin se quedaría sin misiles en abril; el rublo se iba a derrumbar frente al dólar; las sanciones pondrían a Rusia de rodillas y causarían una rebelión contra Putin, que sufría todas las enfermedades imaginables y caería derrocado en cuestión de semanas; los generales rusos eran un hatajo de borrachos e incompetentes, y sus soldados unos bárbaros, o unos cobardes, o unos bestias, o todo a la vez. Y sus armas, un montón de chatarra oxidada. La realidad es más bien de signo contrario: el ejército ruso se ha enfrentado siempre y en todos los escenarios en inferioridad numérica a los ucranianos, pero su pericia en el uso de la artillería y su supremacía aérea (la aviación militar original ucraniana, unos 156 aviones de combate, hace tiempo que desapareció; Kíev ahora usa el material ruso almacenado en los países de la OTAN) le han dado al ejército ruso una superioridad táctica en la que algo tendrá que ver la habilidad de sus oficiales y la profesionalidad de sus tropas. Las derrotas ucranianas son cada vez más rápidas y devastadoras: 

Mariúpol tardó meses en ser liberada. Severodonetsk, semanas. Lysichansk, días. Los que seguimos esta guerra de cerca, a diario, comprobamos que no pasa una jornada sin que los rusos avancen por un territorio meticulosamente trillado y con un número muy escaso de bajas. Aunque no habrá cifras oficiales hasta el fin de la campaña, a día de hoy sabemos que Ucrania custodia unos ochocientos prisioneros de guerra rusos, mientras que el de ucranianos cautivos sobrepasa los once mil. La proporción de muertos será seguramente parecida.

El menosprecio de Rusia y la exasperante —para los rusos y los partisanos del Donbass— prudencia de Putin excitaron el ardor guerrero del regimen de Kíev, que inició una escalada de la que hoy nadie parece acordarse; pero en el fin de semana previo a la intervención rusa, Zelenski lanzó un ultimátum a las repúblicas alzadas y se intensificaron los bombardeos de manera que parecía inminente (y lo era) una acción armada ucraniana; de ahí dos acontecimientos de los días anteriores al 24 de febrero: la evacuación en masa de la población civil del Donbass a Rusia y el reconocimiento de las dos repúblicas por Moscú. Ya hacía mucho tiempo que el Kremlin era perfectamente consciente de la orden de despliegue firmada por Zelenski en enero y que debía completarse el primero de marzo de este año para entrar a sangre y fuego en el Donbass, orden encontrada en las unidades ucranianas vencidas. Ni Zelenski ni ninguno de los que seguíamos los acontecimientos pensábamos que Rusia iba a intervenir como lo hizo por varias razones: el poco gusto de Putin por las aventuras, la incertidumbre acerca de la capacidad militar rusa, los problemas que podían causar las sanciones y los beneficios que un ataque contra Ucrania daría a los Estados Unidos, deseosos desde la deposición de Trump de una guerra “intermediada” contra Moscú. Nos equivocamos completamente: incluso el belicoso Biden se encontró con una situación que le superaba.

La idea que, más o menos, nos hacíamos de la guerra en el Donbass era la de una intervención rusa limitada a las dos repúblicas para frenar la agresión del régimen del Maidán. Posiblemente es lo que pensaba Zelenski y lo que creíamos todos. Los servicios de inteligencia americanos alertaron a Zelenski sobre una intervención rusa en toda Ucrania, especialmente por las maniobras de las semanas anteriores al 24 de febrero. Había un motivo muy serio para minusvalorar esas señales: con sólo ciento setenta mil hombres no se puede conquistar Ucrania. Y, como también pensábamos, era una maniobra demasiado audaz para lo que es habitual en el circunspecto Vladímir Putin. Los factores que operaban a favor de una intervención limitada sí era posible tenerlos en cuenta: el desgaste político que suponía para el gobierno de Rusia dejar que los ucranianos hicieran una limpieza étnica con los habitantes del Donbass y el peligro en el que quedaría Crimea, parte absolutamente irrenunciable de Rusia. El ataque ruso a toda Ucrania fue un paso inicial básico para el objetivo esencial de la guerra: liberar el Donbass, controlar el mar de Azov y reintegrar los territorios rusos adjudicados a Ucrania durante el período soviético y cuyos derechos lingüísticos, sociales y políticos estaban siendo pisoteados, contra todo lo que se pactó en 1991, por el régimen del Maidán. El ataque del 24 de febrero dejó “ciega” a la aviación ucraniana, que fue aniquilada en los días posteriores. En el óblast de Jersón, los soldados de Zelenski huían, se rendían o se pasaban a los rusos, igual que en el de Zaporozhia. Sólo donde acampaban las milicias de Azov o las unidades de élite del ejército se logró mantener el frente. En el mes de marzo estaba claro que el ataque a las estructuras esenciales de la defensa ucraniana no tenía como objetivo la conquista del país, sino la paralización de su ejército, que desde entonces sólo ha sido capaz de realizar contraataques locales muy limitados, pero no contraofensivas de gran estilo.

La realidad existe, por más que los liberales de Occidente la nieguen. A día de hoy, Ucrania no puede ganar la guerra; sólo Rusia podría perderla por colosales errores propios, cosa que parece improbable. El armamento occidental no ha sido la panacea; al revés, es menos práctico y sencillo que el ruso. El soldado ucraniano, recluta no profesional, es incapaz de manejar un material tan sofisticado, al tiempo que los aviones traídos de Polonia, Eslovaquia o Bulgaria son derribados un día sí y otro también por los cazas rusos, y su número se agota. Ni el Donbass, ni Crimea, ni Zaporozhia, ni Jersón volverán a ser Ucrania. Y si la situación se sigue prolongando, ni Járkov, ni Nikoláev, ni Poltava. El régimen de Zelenski cada vez es más corrupto y más ineficaz; además, hay claras muestras de que ya no es obedecido en todo el país y las autoridades locales empiezan a obrar por su cuenta. Los hombres escapan de las levas y hemos visto la inquietante sombra del babi bunt (motín de mujeres) contra el reclutamiento en regiones tan poco rusófilas como la Transcarpatia. Polonia, el agente de las potencias anglosajonas en este conflicto, ya piensa en anexionarse la Ucrania occidental ante el previsible colapso del régimen de Zelenski, que a día de hoy ha prohibido a la mayor parte de los partidos de la Rada (parlamento) y gobierna contra medio país gracias al terror y a la represión que reinan desde 2014. Régimen que recuerda mucho a los del Kuomintang chino de 1945-1950 y de Vietnam del Sur de los años setenta, con síntomas prácticamente idénticos, como la venta de material occidental a los rusos por los oficiales ucranianos. Lo último, dos obuses franceses Caesar, comprados por ciento veinte mil dólares y que ahora se examinan en las fábricas de armamento ruso de los Urales.

Ucrania se acerca a su hora más peligrosa. Estados Unidos ya ha hecho un buen negocio con esta guerra: ha vendido su pestilente gas líquido, caro e inútil, a sus colonias europeas, que dependen ahora de tan costoso combustible. También ha logrado aumentar el gasto militar en los países de la OTAN, que comprarán material y repuestos americanos, y ha quebrantado decisivamente cualquier veleidad europea de autonomía: Bruselas ya no es vasalla, es esclava. Sin su potencia natural —Rusia— Europa es una simple cabeza de playa del imperio yanqui y de su oligarquía dominante. Quedará para otra ocasión el analizar cómo Inglaterra, fuera de la Unión llamada “Europea”, es más influyente en Bruselas y entre sus socios comunitarios del Este que Alemania o Francia, presuntas potencias rectoras de la supuesta Unión.

Las opciones de Ucrania para evitar males mayores pasan por un alto el fuego; el caso es que Rusia quiera concederlo, cosa muy difícil mientras todavía esté en curso la liberación del treinta por ciento del Donbass. La situación interna del régimen de Kíev no es tan estable como parece. Los núcleos más nacionalistas se están dando cuenta de que se les ha utilizado como carne de cañón y de que se les sacrificó sin ningún remordimiento y hasta con la intención de anularlos como fuerza política. La población favorable a Rusia, la mitad del país, calla, espera y, si está reclutada, deserta o se rinde. Y la corrupción está desatada con la lluvia de millones y de armas que ha caído sobre Kíev. Zelenski, que es para Biden lo que Skoropadski[1] fue para los imperios centrales, acabará haciendo lo mismo que su antecesor en 1918: escapar. Y lo hará de una manera muy parecida a como Bulgákov narró la huida del hetman germanófilo en La Guardia Blanca. Petliura,[2] por cierto, también hizo lo mismo. Seguro que el arlequín del Dniéper no desmentirá la tradición. Poroshenko[3] ya está emboscado en Londres.

La caída del régimen del Maidán garantizaría el futuro de una Ucrania neutral, pero independiente y económicamente asociada a Europa. Durante estos últimos ocho años, Ucrania ha tratado de mutilarse, de arrancarse su condición de pueblo ruso —surgido de la Rus medieval, como los bielorrusos y los rusos—, de borrar más de trescientos años de historia y cultura común.

Nikolai Gógol, Dmitrii Bortnianski, Mijaíl Bulgákov…, ¿son ucranianos o son rusos? Pregunta absurda entre pueblos hermanos. Los intentos irracionales y salvajes de las autoridades ucranianas de prohibir la música rusa o de destruir los libros de Tolstói, Dostoyevski o Chéjov sólo sirven para demostrar, en la intensidad y fuerza de su rabia, lo profundo de esa historia compartida. Millones de ucranianos viven y trabajan en Rusia sin ser molestados por su origen. Los matrimonios “mixtos” son más que habituales y el origen de ambos pueblos es el mismo: un ucraniano no deja de ser el descendiente de los rusos que colonizaron los Campos Salvajes en los siglos XVI y XVII y que mostraron su deseo de independencia no contra Moscú, sino contra los polacos. Esa Ucrania real, no el país antirruso que pretenden construir los sicarios de Occidente, acabará por hacerse sentir. El escritor Olés Buziná, torturado y asesinado por el régimen del Maidán en abril de 2015, fue el portavoz más brillante de ese concepto de Ucrania asociada a los pueblos hermanos de la antigua Rus, que tarde o temprano deberá imponerse para salvar la existencia de su nación.

[1] Hetman del Estado ucraniano de 1918.
[2] Jefe nacionalista ucraniano en 1918-1920.
[3] Presidente de Ucrania de 2014 a 2019.

Fuente  La hora peligrosa | El Manifiesto

 

Ucrania . Luchas internas .

 Luchas internas

N.Sanzo

Cinco meses después del inicio de la intervención rusa en Ucrania, Kiev continúa jactándose de sus éxitos -reales o no- y sigue afirmando que su objetivo no es otro que la victoria militar en el frente. Solo entonces, como volvió a repetir ayer Dmitro Kuleba, podrá haber negociaciones con la Federación Rusa. Sin embargo, ni los éxitos militares de Ucrania son tales ni la cuestión militar es el único problema al que se enfrenta Kiev. Capítulo aparte merece el análisis de la situación económica, cada vez más problemática en un país en el que la economía está prácticamente paralizada, la defensa del valor de la moneda se realiza básicamente en base a asistencia exterior y emisión de billetes y donde, en lugar de una nacionalización y activación de la economía de guerra, se ha optado (como se está haciendo también en Rusia) por la profundización de la liberalización y la privatización. La semana pasada, Ucrania afirmaba públicamente que precisa de 9.000 millones de dólares al mes para mantenerse a flote, una cantidad que dobla la mencionada hace tan solo unos meses. Cargada cada vez de más deudas, esta situación parece insostenible a largo plazo.

Por el momento, la financiación extranjera mantiene en pie una parte suficiente de la economía ucraniana e impide el colapso completo. Sin embargo, es la situación política la que puede sufrir cambios a corto plazo. Es más, las últimas semanas ha sido evidente la existencia de diferentes conflictos dentro del círculo de poder ucraniano tanto en lo político como en lo militar. Mucho se ha hablado del enfrentamiento entre las autoridades militares y las autoridades políticas, que han impuesto su criterio en el frente pese a cumplir con ello los augurios del comandante en jefe del Ejército Ucraniano, Valery Zaluzhny, que presagiaba grandes bajas en batallas que Ucrania no podía ganar. Frente a la retirada de la primera línea en busca de una mejor posición de defensa que garantizara poder dar batalla a las tropas rusas, las autoridades políticas ordenaron luchar por Popasnaya, Severodonetsk y Lisichansk, batallas en las que Ucrania sufrió fuertes bajas y en las que no pudo mantener sus posiciones.

Esa lucha evidenció la fuerza de la Oficina del Presidente, en realidad único gobierno existente ahora mismo en Ucrania y círculo en el que se toman todas las decisiones importantes. Pero la lucha no se limita al tira y afloja entre las autoridades políticas y militares, sino que se extiende a otros sectores. Así lo evidencia la lucha que se ha venido librando en las últimas semanas entre el director del Servicio de Seguridad de Ucrania, SBU, y el jefe de la Oficina del Presidente, que muestra el intento de Andriy Ermak de hacerse -ya sea para su persona o para la Oficina del Presidente que dirige- cada vez con más poder.

Desde el avance ruso sobre la región de Jerson, que se produjo sin grandes batallas y ante la retirada ucraniana, que según algunas fuentes estuvo apoyada por la entrega de información de inteligencia de agentes ucranianos a las tropas rusas, el SBU ha sido la institución más cuestionada. Ucrania ha abierto docenas de causas penales por traición contra agentes del SBU de los que se sospecha colaboración con las tropas rusas. Y tras una visita a Járkov, Zelensky cesó al director del SBU en la región, que rápidamente acusó al presidente y su entorno de falsificar el avance de las tropas ucranianas en la zona.

La situación se repite ahora, aunque en un grado significativamente más grave, ya que quien ha sido apartado es el director de la institución, miembro del círculo más íntimo de Volodymyr Zelensky y figura importante en el ascenso político del exactor. Aunque difícilmente sorprendente que alguien sin preparación para el puesto ni experiencia previa fuera incapaz de cumplir con las exigencias de liderar un servicio de seguridad en un país en guerra, estos acontecimientos denotan en realidad una lucha de poder que se decanta ahora en favor de la Oficina del Presidente, especialmente de su peso político más pesado, Andriy Ermak.

Así lo resumía ayer el diario ucraniano Strana:

Volodymyr Zelensky ha realizado los cambios de personal de perfil más alto en Ucrania desde que comenzó la guerra con Rusia. Por decreto, el presidente ha despedido al director del Servicio de Seguridad de Ucrania, Ivan Bakanov, y a la Fiscal General de Ucrania, Irina Venedictova.

Zelensky ha justificado su decisión alegando que cientos de empleados de la Fiscalía y el SBU son sospechosos en casos de traición y colaboración. El presidente también mencionó la detención el día anterior de Kulinich, antiguo jefe del SBU en Crimea y cercano a Bakanov, acusado de cargos de alta traición.

Zelensky no siguió el procedimiento del cese de ambos (para lo que era necesario presentar una petición al Parlamento y esperar la votación), sino que publicó sendos decretos para apartar a Bakanov y Venediktova, lo que le ha permitido expulsarlos de sus puestos lo más rápidamente posible (aunque formalmente sea solo de forma temporal).

Esto indica la importancia que tiene para Zelensky la resolución de la cuestión del personal en las dos agencias de la ley más importantes del país.

Vasily Malyuk, segundo de Bakanov, ya ha sido nombrado director del SBU en funciones también por decreto presidencial, mientras que la función de Fiscal General del Estado ha sido adjudicada al segundo de Venediktova, Alexey Simonenko.

Ambos son considerados cercanos al jefe de la Oficina del Presidente, Andriy Ermak, que ha reforzado notablemente su posición política e influencia en el proceso de toma de decisiones.

Los cambios de personal no suponen cambio político alguno. En tiempos de Venedictova y Bakanov, la Fiscalía y el SBU han continuado con la tarea adjudicada a ellos en tiempos de Petro Poroshenko, con la continuación de la persecución de todo tipo de opositores bajo la justificación de la guerra con Rusia. Fue el SBU de Bakanov el que colocó una granada en el baño del periodista de Odessa Yuri Tkachev para justificar su detención el pasado marzo. Y ha sido la Fiscalía de Venediktova la que ha acusado de todo tipo de delitos de pensamiento a los hermanos Kononovich, un ejemplo nada más de una práctica que se ha realizado con aún más frecuencia que en los ocho años anteriores desde el 24 de febrero.

Luchas internas | SLAVYANGRAD.es.

 Y VER ...

  Zelensky destituye al jefe de inteligencia  y al fiscal general y los acusa de  traición .

Zelenski destitueix el cap d'Intel·ligència i la fiscal general, acusats de traïció (elnacional.cat)

 Ucrania lucha contra la infiltración rusa en los poderes del Estado | Internacional | EL PAÍS (elpais.com)...Y la noticia en El País. 

 Se necesita ser manipulador para decir en cierto momento  de  la India.. " una de las pocas potencias que se han mostrado próximas a Rusia".  Cuando en reunión del G-20 la semana  anterior no lograron  condenar a Rusia. .Es como si fueran avestruces  ocultando información.  Por otra parte no son  filtraciones a Rusia sino críticas y además  de un amigo de toda la vida como Bakanov .. no sabemos si es buscar cabezas  de turco o turcos sin cabezas ante los últimos fracasos militares. 

Según el presidente ucraniano, hay 651 casos abiertos contra miembros de las fuerzas de seguridad nacionales por presunta traición y colaboración con Rusia