jueves, 29 de febrero de 2024

Los orígenes del capitalismo, la esclavitud



 

                                                                                    


Los orígenes del capitalismo, la esclavitud

Romaric Godin 25/02/2024

 

 Un libro publicado recientemente en el Reino Unido sitúa la esclavitud en el corazón de la Revolución Industrial británica. Un estudio valioso para comprender nuestro mundo y su evolución.

 La cuestión de los vínculos entre esclavitud y capitalismo viene de lejos y sigue desatando pasiones y debates. Si bien el estudio de los vínculos entre la producción basada en la esclavitud y el nacimiento de la sociedad capitalista está hoy bien asentado en Estados Unidos, esta labor sigue siendo menos importante para Europa, donde nació el capitalismo.

 Estados Unidos es un caso muy especial porque su economía se estructuró en torno a la esclavitud. En el Viejo Continente, los historiadores económicos apologistas del capitalismo han defendido durante mucho tiempo -y siguen haciéndolo- la idea de que la esclavitud fue un factor secundario en el nacimiento de la Revolución Industrial. Para muchos, la trata de esclavos fue una especie de "detalle" en la historia económica del capitalismo.

 Un libro publicado en 2023 por Polity y aún no traducido al francés arroja nueva luz sobre las primeras horas del nacimiento del capitalismo y desentraña esta narrativa, construida en gran medida a lo largo del siglo XIX, tras la abolición de la esclavitud.

 En Slavery, Capitalism en Industrial Revolution, dos investigadoras, Maxine Berg y Pat Hudson, sitúan la esclavitud y el sistema de plantaciones que surgió de ella en el centro del desarrollo de la economía británica en el siglo XVIII. Y lo convierten en un factor determinante de la Revolución Industrial y de las formas particulares que ha adoptado el capitalismo británico hasta nuestros días.

 El libro es importante porque se basa en una gran cantidad de datos que intentan trazar el impacto global de la esclavitud en el desarrollo económico. El objetivo de las dos investigadoras es comprender cómo esta actividad y la de la plantación caribeña, que no podría haber existido sin el comercio de esclavos, tuvieron un impacto más amplio en el conjunto de la economía británica: en el comercio, la industria, las finanzas, la agricultura y el consumo. Y cómo esta influencia sentó las bases de la Revolución Industrial y del poder capitalista británico en el siglo siguiente.

 Redescubrir la importancia de la esclavitud en la economía del siglo XVIII

 "La esclavitud formó parte [de la transformación de la economía capitalista británica en el siglo XVIII]. Y no sólo formó parte de ella, sino que estuvo en su centro, influyendo en la transformación de la agricultura doméstica, la formación de capital, el cambio tecnológico, la transformación de las prácticas comerciales y financieras, y la revolución de las finanzas públicas y privadas", explican las autoras.

 El libro explora cada una de estas facetas, no sólo "siguiendo el rastro del dinero" procedente de los beneficios de las plantaciones y el tráfico de seres humanos hacia las inversiones que alimentaron la Revolución Industrial, sino también considerando cómo estos sectores influyeron en la forma en que la gente hacía negocios, innovaba, contrataba créditos y consumía.

 Uno de los grandes intereses de este libro es que no se limita a "rastrear" los flujos financieros, sino que adopta un enfoque más global que ve la trata de esclavos y la industria como lo que realmente fueron: un importante sector capitalista dentro de una economía británica en transición.

 Como señalan las autoras, los contemporáneos eran muy conscientes del papel crucial que desempeñaba la esclavitud en la economía británica del siglo XVIII. En 1718, William Word, plantador jamaicano y autor de un Ensayo sobre el comercio, afirmaba que el comercio africano era "la fuente y el progenitor de donde procede todo lo demás".

 La influencia de los plantadores y esclavistas en el Parlamento británico era una característica dominante de la política británica a principios del siglo XVIII. Es cierto que el país que se convirtió en el Reino Unido de Gran Bretaña en 1707 mediante la unión de Inglaterra y Escocia iba a dominar el comercio de esclavos durante todo el siglo.

 Los británicos, que a finales del siglo XVII todavía aventajaban a los portugueses en la deportación de africanos, acapararon casi el 43% del comercio de esclavos entre 1751 y 1775, frente al 27% de los portugueses y el 17% de los franceses. A finales de siglo, seguían controlando el 37% de este espantoso mercado  .

El objetivo de estas deportaciones era abastecer las inmensas plantaciones de las numerosas islas antillanas controladas por los británicos, como Jamaica y Barbados, donde se producía café, tabaco y, sobre todo, azúcar. El azúcar estaba en el corazón de la primitiva máquina capitalista que había comenzado con la esclavitud.

 El gusto por el azúcar lo cambia todo

 Las dos autoras explican cómo se modificaron el consumo y los gustos de los europeos para que la producción de las plantaciones pudiera beneficiarse de un mercado inmenso y en constante crecimiento. "A medida que crecía la oferta de azúcar, también lo hacía su popularidad", resumen las autoras. Entre 1700 y 1783, la producción de azúcar en las Antillas británicas se cuadruplicó.

 Este fenómeno se logró a través de dos canales que no son ajenos a los mecanismos del capitalismo actual: la atracción del consumo de lujo que se había vuelto asequible, y la adicción al propio producto, que se convirtió en una "necesidad".

 La imposición del azúcar al consumo de los europeos, incluidos los más pobres, en el siglo XVIII es, en cierto modo, la primera victoria del marketing en apoyo de la producción en masa. Es un recordatorio de que la demanda y el consumo son a menudo las consecuencias más que las causas de las opciones de producción.

 Pero lo que el libro muestra es que esta revolución culinaria, concebida para garantizar la rentabilidad de las plantaciones de caña de azúcar basadas en la esclavitud, tuvo un efecto general en cadena sobre la economía. En primer lugar, alimentó la demanda de bebidas azucaradas procedentes de otras plantaciones esclavistas (café, chocolate) o del comercio asiático, como el té.

 La fiebre del azúcar también impulsó otros sectores, en el propio Reino Unido, como la cerámica, el comercio minorista, los intermediarios financieros y las infraestructuras portuarias. Todos estos sectores impulsaron a su vez el resto de la economía, en particular la producción de metales y minerales.

 Lo que Maxine Berg y Pat Hudson muestran es el efecto en cadena de esta industria basada en la esclavitud sobre la dinámica capitalista e industrial general del Reino Unido. Esta dinámica no siempre es inmediatamente visible. Pero las autoras destacan, por ejemplo, hasta qué punto esta revolución del consumo fue un elemento clave de la "revolución industrial", un cambio significativo en la relación con el trabajo que hizo posible la revolución industrial.

 Así, señalan, "el deseo de una nueva variedad de bienes condujo a cambios graduales en el comportamiento de los hogares ordinarios de Europa Occidental". Poco a poco, para poder permitirse el lujo ahora alcanzable del azúcar, se abandonó la economía de subsistencia en favor del trabajo asalariado. La gente estaba dispuesta a trabajar más y durante más tiempo para adquirir estos bienes, que se habían convertido, según los propios relatos de finales del siglo XVIII, en necesidades esenciales.

 Al mismo tiempo, el sistema de plantaciones sentó las bases de la futura organización capitalista del trabajo y la producción. La industria azucarera de la época era una "síntesis de campo y fábrica", un verdadero "agronegocio" que no se parecía a "nada conocido entonces en Europa". El jugo de la caña de azúcar debía procesarse rápidamente tras la cosecha para producir cristales de azúcar y melazas que, una vez destiladas, producían ron, un producto que pronto se popularizaría también en los mercados europeos.

 Productividad, innovación y disciplina

 La plantación era, por tanto, un sistema integrado que requería importantes innovaciones para su época con el fin de organizar y mejorar la producción. El sistema de contabilidad que se implantó permitió calcular con mayor precisión los rendimientos y, por consiguiente, reducir las "necesidades" de los esclavos en materia de alimentación, vivienda y vestido para extraer el máximo valor posible.

 Estas prácticas contables iban a desempeñar un papel decisivo en el nacimiento y desarrollo del capitalismo. "La contabilidad normalizada hizo posible la separación de la propiedad y la gestión, separación que sigue siendo poco frecuente en las empresas británicas y europeas más de un siglo después", señalan las autoras.

 La contabilidad también permitió aumentar el control y la intensificación de la mano de obra. El sistema de plantaciones confirmó la observación que Marx haría un siglo más tarde: el aumento de la productividad iba de la mano del deterioro de las condiciones de trabajo. El libro señala que "las condiciones de trabajo empeoraban a medida que mejoraban la gestión y la tecnología". Poco a poco, las plantaciones de las Indias Occidentales británicas del siglo XVIII se asemejaron a las grandes fábricas del siglo siguiente, con la violencia añadida del régimen esclavista, donde los rebeldes eran azotados, apaleados y ahorcados.

 Al mismo tiempo, la plantación también se esforzaba por mejorar la productividad mediante una mecanización cada vez mayor. Una vez más, vemos hasta qué punto es erróneo el argumento clásico (y ahora insostenible) de que la esclavitud impediría cualquier aumento de la productividad necesario para el desarrollo capitalista.

 Los autores muestran con gran detalle la importancia del sistema de plantaciones en las innovaciones clave del periodo. Esto fue particularmente cierto en términos de energía, donde el vapor se utilizó a escala masiva desde finales del siglo XVIII en las Indias Occidentales británicas, en un momento en que su uso era muy limitado en el Viejo Continente. Lo mismo ocurrió con la maquinaria y las técnicas agrícolas de selección y mejora de semillas. Todo ello fomentó la innovación en la metrópoli y fue una de las claves del avance británico a principios del siglo XIX.

 La financiarización de la economía

 La alta productividad del sistema de plantaciones y el atractivo de sus productos permitieron a Inglaterra, un país pequeño con muy pocos recursos naturales, "salir de las limitaciones de [su] economía doméstica" multiplicando los recursos agrícolas y los ingresos comerciales. De hecho, toda la economía británica iba a ser remodelada por el sistema esclavista.

 Los puertos comerciales del Atlántico, principalmente Liverpool y Glasgow, desarrollaron un hinterland que suministraba los productos manufacturados necesarios para el comercio triangular basado en la esclavitud, sobre todo textiles y productos metálicos. La geografía económica del Reino Unido se vio profundamente alterada como consecuencia de ello, y las principales zonas industriales ya estaban implantadas a principios del siglo XIX, antes de que se generalizaran la energía, el vapor y el ferrocarril, impulsados por el comercio atlántico.

 Una de las aportaciones más interesantes de este libro es el examen del desarrollo de las finanzas en el contexto del sistema esclavista. La magnitud de las inversiones necesarias para desarrollar las plantaciones hizo rápidamente imprescindible el uso de cartas de crédito y deudas. Del mismo modo, los riesgos inherentes al comercio marítimo condujeron al desarrollo del sistema de seguros. Por último, los colosales beneficios de la esclavitud alimentaron la necesidad de un sistema financiero capaz de gestionar su reinversión, según la lógica capitalista clásica.

 Londres se convirtió rápidamente en el primer centro financiero del mundo, superando a Amsterdam a finales del siglo XVII. Los financieros londinenses desarrollaron innovaciones que serían cruciales para el futuro desarrollo del capitalismo.

 Se estableció un sistema de garantías sobre los préstamos contraídos por los traficantes de esclavos, lo que permitió a los británicos intensificar el comercio de esclavos, mientras que holandeses y franceses tuvieron que hacer frente a la falta de crédito y a elevados riesgos. Al mismo tiempo, se desarrolló un verdadero mercado de bonos privados emitidos por las plantaciones. Se convirtieron en verdaderos instrumentos de pago que permitieron la industrialización de las zonas portuarias del interior.

 El dinero de la metrópoli se dirigía hacia las necesidades de las plantaciones, y luego volvía a Inglaterra y Escocia para financiar los sectores impulsados por el comercio triangular, pero también para financiar al Estado. Las autoras hacen especial hincapié en el hecho de que la demanda de deuda pública por parte de los plantadores permitió estructurar nuevos instrumentos que aún hoy constituyen la base de las finanzas, y que no sólo proporcionaron un apoyo estatal esencial para el desarrollo capitalista británico, sino que también financiaron las guerras coloniales que reforzaron el sistema de plantaciones.

 El efecto a largo plazo de la esclavitud sobre el capitalismo

 Maxine Berg y Pat Hudson no defienden, como ellas mismas afirman en su prefacio, la idea de que exista un vínculo causal o necesario entre esclavitud y capitalismo. Por el contrario, su meticuloso estudio pretende volver a situar la esclavitud en el centro del proceso que condujo a la constitución de la primera sociedad capitalista del mundo. Este intento fue lanzado por el historiador del Trinity College in Hartford, Connecticut, Eric Williams en 1944, pero desde entonces ha sido combatido y soslayado por la mayoría de los historiadores de la Revolución Industrial en el Reino Unido.

 Su trabajo permite restablecer la conciencia del papel formativo y central que desempeñó la industria esclavista en el surgimiento del capitalismo, así como captar la huella que tal hecho pudo dejar en el desarrollo de la historia económica británica.

 La esclavitud proporcionó al capitalismo moderno algunas de sus estructuras fundamentales de producción y consumo.

 Y, de hecho, los dos últimos capítulos del libro se esfuerzan por mostrar este impacto duradero. La abolición del comercio de esclavos por Londres en 1807, seguida de la abolición de la esclavitud entre 1833 y 1838, no puso fin al dominio de la esclavitud sobre el capitalismo británico.

 Los inversores londinenses no sólo siguieron apoyando masivamente las industrias basadas en la esclavitud en el sur de Estados Unidos, Cuba y Brasil, sino que reprodujeron una forma de sucedáneo de la esclavitud en las plantaciones de Guyana y el Caribe, con la deportación y la explotación violenta de trabajadores del sur de Asia.

 El impacto también es evidente a más largo plazo. La financiarización de la economía británica en los años 80 parece haber perpetuado la lógica de la plantación. No es casualidad, además, que muchas de las dependencias de la Corona caribeña, como las Islas Caimán y las Islas Vírgenes Británicas, se hayan convertido en paraísos fiscales paralelos en apoyo del poder global de la City.

 Los autores rastrean claramente una serie de rasgos de la sociedad británica contemporánea hasta esta historia original: no sólo el racismo, sino también el alto nivel de desigualdad, la formación muy estrecha de las élites y la fortísima división geográfica de Inglaterra.

 "La esclavitud dio al capitalismo moderno algunas de sus estructuras fundamentales de producción y consumo y promovió las desigualdades de raza, clase y lugar que han caracterizado a Gran Bretaña y al resto del mundo en los últimos tres siglos", escriben Maxine Berg y Pat Hudson. Esta conclusión coincide con muchos análisis recientes, algunos de los cuales adoptan un enfoque diferente, como el reciente de Sylvie Laurent (véase su entrevista aquí).

 ¿Por qué el Reino Unido?

 Por último, hay una cuestión que sigue siendo importante. El Reino Unido no fue la única potencia europea implicada en la esclavitud. El sistema de plantaciones y la deportación de esclavos comenzaron en el siglo XVI con Portugal, que, junto con Brasil (que no abolió la esclavitud hasta 1888), fue un actor importante a largo plazo. En Santo Domingo, Francia tenía la colonia azucarera más productiva del mundo y, junto con los Países Bajos, también fue un actor importante en este sistema.

 Entonces, ¿por qué surgió primero el capitalismo industrial en el Reino Unido? Sin duda, nos hubiera gustado contar con más elementos comparativos en este libro para entenderlo. Pero el libro proporciona algunas pistas interesantes. En primer lugar, hay que recordar que el capitalismo no es sólo el producto de la esclavitud. Algunas otras estructuras institucionales y económicas desempeñaron un papel importante, sobre todo en la agricultura.

 El terreno sobre el que se construyó el sistema de plantaciones no fue el mismo en todas partes. La resistencia de las estructuras feudales y del consumo de lujo en Francia y Portugal bloqueó sin duda la lógica de acumulación del mercado que funcionaba al otro lado del Canal de la Mancha.

 El libro aporta, sin embargo, pruebas más concretas del desarrollo británico, en particular la existencia de un centro financiero ya globalizado y muy innovador en Londres, y el efecto de arrastre hasta al menos 1776 de los asentamientos europeos en Norteamérica, que actuaron como correa de transmisión de los fenómenos antes descritos.

 Por último, hay un elemento central: el Estado británico fue un decidido partidario del sistema de producción de plantaciones, y lo demostró no sólo en el plano institucional, sino también en el militar. La derrota de Francia y los Países Bajos en 1763 al final de la Guerra de los Siete Años es, desde este punto de vista, un acontecimiento capital en la historia del capitalismo.

 El libro de Maxine Berg y Pat Hudson es una importante contribución a la historia de la Revolución Industrial, un tema que ha sido objeto de mucho debate en los últimos años. Sólo cabe esperar que esta obra se amplíe y extienda a otros países, como Francia.

 Desde este punto de vista, cabe señalar que la idea del libro surgió a raíz de la "descolocación" de las estatuas de esclavos en Bristol en 2021. Así pues, el movimiento de la sociedad fomenta y hace avanzar la investigación, contrariamente a lo que afirma el pensamiento conservador. Este no es el menor de los mensajes positivos del libro.

 Romaric Godin  es periodista desde 2000. Se incorporó a La Tribune en 2002 en su página web, luego en el departamento de mercados. Corresponsal en Alemania desde Frankfurt entre 2008 y 2011, fue redactor jefe adjunto del departamento de macroeconomía a cargo de Europa hasta 2017. Se incorporó a Mediapart en mayo de 2017, donde sigue la macroeconomía, en particular la francesa. Ha publicado, entre otros, La monnaie pourra-t-elle changer le monde Vers une économie écologique et solidaire, 10/18, 2022 y La guerre sociale en France. Aux sources économiques de la démocratie autoritaire, La Découverte, 2019.


  Traducción:Antoni Soy Casals

Fuente:https://www.sinpermiso.info/textos/los-origenes-del-capitalismo-la-esclavitud

https://www.mediapart.fr/journal/economie-et-social/140224/aux-sources-du-capitalisme-l-esclavage

domingo, 25 de febrero de 2024

Susana Baca: fuego y agua del Perú negro

 

Fue la primera persona negra en ser designada ministra de Cultura de Perú.

En lo que fue el primer disco de Susana Baca, en 1987, Silvio Rodríguez escribió: “Delicado es la primera palabra que llega cuando busco calificar ‘Poesía y Cantos Negros’, del Perú. Todo en este trabajo coincide para revelar tan difícil sustancia. Repertorio, orquestaciones, sonoridad de la grabación, y por supuesto la tierna levedad conmovedora, la humana voz de Susana Baca”.

Exactas palabras. Y es que ese disco se grabó en Cuba en 1987 para luego ser editado en Perú con un sello creado por Susana y su esposo Ricardo Pereira. “Nadie quería grabar un disco en el que hubiera poesía. Me miraban hasta mal”. Pero lo hizo, y aclara: “Habíamos hecho una grabación muy elemental en Perú con la que fuimos al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en la Unión Soviética (1985). Allá fue Silvio Rodríguez quien nos ofreció su estudio en Cuba para hacer un análisis más riguroso. Tuvimos entonces el privilegio de grabar con gente que después llegó a unos tops impresionantes. Esa matriz se quedó en La Habana. Los buscadores de grabaciones viejas buscaban cintas para ver si las volvían éxito como el Buena Vista Social Club. En este caso Tumi Records sacó el disco sin mi permiso: se trató de un robo, pero ganó el Grammy, y yo rechazaba firmar discos de ese sello porque se trataba de un robo”.

En esa grabación estaba “María Landó”, el tema que atrapó en 1995 a David Byrne. “Ah, bueno, ella tuvo éxito porque David Byrne la señaló”, habrían dicho, pero no fue así. “David Byrne se conmovió con mi canto y quiso que yo estuviera en un disco de una compilación que hizo. Pero él no se subía conmigo a los escenarios; yo era quien tenía que ganarme mi pan. Pero es muy lindo que él haya dicho: ‘Susana me gusta, Susana tiene un espíritu de la música y dice lo que siente’. Eso creo que lo conmovió”. Byrne conoció la voz y el proyecto de Susana a través de las clases de castellano que recibía en el Taller Latinoamericano en Nueva York de un argentino radicado en Estados Unidos, un excelente compositor y promotor de todo lo latino en el Norte: Bernardo Palombo, el autor de “Imágenes Latinas” y “Canción por el fusil y la flor”.

Susana Baca
Susana Baca tiene un espíritu de la música, dijo el músico estadounidense David Byrne.

Antecedentes

Se recuerda aquel mensaje de marzo de 2023 a través de sus redes sociales: “Gracias a todos por su amor, su cariño y su maravillosa energía. Hoy hemos vencido”. Había sido intervenida en una situación compleja de la que no se sabía mucho por parte de sus seguidores, millones en todo el mundo. Y eso aconteció en el hospital donde actualmente está de nuevo: el Hospital Edgardo Rebagliati, en Lima, la ciudad que la vio nacer.

Las plegarias de 2023 llevaron a muchos que no la habían detallado a pensar en ella, en su obra, en la importancia que ha tenido y mantendrá para la música y cultura afroperuana la nacida el 24 de mayo de 1944 en el seno de una familia musical y defensora de sus raíces, aunque tuvo dificultades que la marcaron, como la separación de sus padres siendo ella una niña. Fue su madre, a punta de cocina, sabor culinario y baile quien los levantó y formó, y Susana ha agradecido siempre el apoyo musical y el sabor de la gastronomía afroperuana, de manos de su madre. Ella recuerda con gratitud los primeros pasos por su ciudad natal. Es notable ese recuerdo de Susana porque toda la familia estaba involucrada en el ritmo y la melodía hasta el punto de que sus primos fundaron el legendario grupo “Perú Negro”. No pudo ser de otra manera: la entonces niña Susana Baca de la Colina tomó el camino de los suyos pero desde otra perspectiva: el estudio, la investigación y, claro, la puesta en escena de lo aprendido, de la mano de sus extraordinarias aptitudes interpretativas.

 

A los 24 años, en 1968, obtuvo su título universitario de educadora, y ha sido siempre inmensa promotora y divulgadora de la música afroperuana. Ejerció su profesión y la tarea en áreas rurales, lo cual le ayudó a compenetrarse con un mundo invisibilizado.

Después de graduada y con el tiempo, se enamoraron -comenzando la década de los ochenta- Susana Baca, educadora, y Ricardo Pereira, sociólogo, una yunta que se mantiene y que ha trabajado con ahínco en la recuperación de la memoria musical de origen africano en Perú.

En contexto

Cuando Mercedes Sosa dio a conocer en 1972 la “Cantata Suramericana” nos aproximó a Perú con aquel tema “Acércate Cholito” de Félix Luna y Ariel Ramírez: “Un pueblo que renueva de los Incas el solar/ y en el costado mismo de la América que crece/ su esperanza ya estremece con su canto popular”.

También durante un tiempo le correspondió a Tania Libertad dejarnos saber de la riqueza musical de su tierra, como lo había hecho Chabuca Granda y también Yma Sumac, y como luego lo haría Eva Ayllón, quien, pasmosamente, no es suficientemente conocida en el Caribe.

Susana Baca
La madre de esta intérprte peruana levantó y formó sus raíces musicales.

Pero no solo era la música. De Perú muchos nos prendamos a través de la literatura de Ciro Alegría, de quien nos marcó “El mundo es ancho y ajeno”, nos marcó César Vallejo, nos marcó José María Arguedas fundamentalmente con “Los ríos profundos” y más recientemente Antonio Cisneros. Vargas Llosa también marcó… y desmarcó.

Retomando el pentagrama, pudimos observar con alegría cómo Perú reivindicaba su Cajón, su historia negra, e incluso su particular afroandinidad, elementos que durante un buen tiempo fueron sacados de la historia oficial que a todos nos contaron en nuestro continente entonces adormecido.

No todo ha sido fácil para Susana Esther Baca de la Colina, pero esta mujer tiene una gran perseverancia surgida de sus convicciones, sus búsquedas, sus empeños y hasta su terquedad creadora, pudiéramos decir. Extraordinaria representante de la musicalidad de la nación peruana, y sobre todo del elemento africano en la conformación de esa musicalidad, Susana emprendió con vigor su camino. En 1972 obtuvo el primer premio en un festival internacional efectuado en Lima y en el que participaban, entre otros, Alfredo Zitarrosa y Víctor Heredia. Fue una clarinada.

Susana Baca
Una profunda y entrañable amistad unió a Susana Baca y Mercedes Sosa, La Negra.

Su primer álbum, “Poesía y Canto Negro”, fue el grabado en 1987 en Cuba, país que siempre abrió sus puertas a la autenticidad de Susana. Participaron músicos de Perú y cubanos de alta categoría. Entre los músicos cubanos participantes de esta experiencia estuvieron Carlos Averhoff y Germán Velazco en el saxo, el “Tosco” José Luis Cortés en la flauta, Martha Duarte en uno de los violines, Pedro Luis Ferrer en la guitarra, la Camerata de Cuerdas Brindis de Salas, integrantes del grupo Irakere y alumnos de la Escuela Nacional de Arte en los coros.

Roberto Arguedas, Juan Medrano y Félix Vílchez destacaron entre los peruanos en el arte de la guitarra, el Cajón y los efectos sonoros. El productor general fue el eterno compañero de Susana, Ricardo Pereira.

En este álbum sorprendente, donde la poesía y la música conviven en la voz de Susana, es donde encontramos el texto de Silvio Rodríguez: “Delicado es la primera palabra que llega cuando busco calificar ‘Poesía y Cantos Negros’, del Perú. Todo en este trabajo coincide para revelar tan difícil sustancia. Repertorio, orquestaciones, sonoridad de la grabación, y por supuesto la tierna levedad conmovedora, la humana voz de Susana Baca”.

 

Había poesía en esa producción, poesía como las de Benedetti, Vallejo, Neruda, Chabuca Granda, Guillermo Gálvez y Rodolfo de la Fuente. Es en este primer disco donde aparece María Landó con poesía de César Calvo y música de Chabuca Granda. Y al respecto, desde el vamos, Chabuca fue importante en la vida de Susana y viceversa porque Chabuca hasta la nombró su asistente personal y la llevó a vivir a su casa para que Susana escuchara música y poesía. Cuando Chabuca se iba a ausentar del hogar por algún compromiso o viaje, la orden era precisa: “Las puertas siempre se le abrirán a Susana para venga a escuchar música”.

Cuando Chabuca falleció, en marzo de 1983, Susana y su esposo se afincaron para rendirle honores siguiendo en la recuperación del sonido de su tierra. Para ello se fueron por toda la costa peruana recopilando testimonios orales, escritos y música afroperuana. Toda esa odisea quedó registrada en el libro “Del fuego y del agua”, contenido en una joya discográfica del mismo nombre, y que vio la luz en 1992.

Hay otros libros: “El amargo camino de la caña”, de 2015 y “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, de 2022.

 

Apuntes

Declarando en torno a las diferencias entre la música de la costa y la del interior de Perú, dijo: “La música afro es mucho más alegre, mientras que la música andina expresa la nostalgia de una población, pero lo más conmovedor de nuestros sonidos es que podemos disfrutar también de esa mezcla maravillosa que es la música afroandina y lo vemos en los cantos de adoración y en los cantos de Navidad. Ahí está la mezcla del zapateo del negro y los versos nostálgicos del interior”.

Consultada acerca de Chabuca Granda, declaró: “Ella fue muy generosa conmigo. Lo fue con su casa, con sus libros; escuchar su música para mí era como beber la esencia peruana. Chabuca tuvo épocas en las que exploró la música de la serranía, tanto como indagó en la vida de los personajes típicos de la costa. Un día ella me llevó a la casa de la mujer que inspiró su tema ‘La flor de la canela’, se llamaba Victoria Angulo, ya estaba viejita, pero conservaba su estirpe de reina. Chabuca se inspiraba en los personajes típicos de nuestra realidad”.

 

Susana ha logrado mucho, pero medios de difusión poderosos y con otros intereses no ayudan a divulgar esa magnífica obra condensada en discos como “Travesías”, “Lamento negro”, “Vestida de vida”, “Eco de sombras”, “Espíritu vivo”, “Afrodiáspora”, “Palabras Urgentes”, “A Capella” y el genial “Del fuego y del agua”, que en realidad no es un disco con información, sino un libro con un disco ilustrativo, resultado de once años de recorrido investigativo hecho por esta pareja a lo largo y ancho de la costa de su patria.

En 2011 Susana Baca fue designada ministra de Cultura de Perú, la primera persona negra en ocupar un cargo ministerial en esa cartera, pero ese tránsito fue breve, lo que no significa que ese haya sido el paso político de Susana Baca, pues para ella la política es otro estadio, es relacionarse con la vida, y ella lo ha hecho, no desde una militancia partidista sino desde la ternura y el amor a su pueblo.

Su más reciente producción musical, el disco “Epifanías”, estuvo recientemente entre los nominados al Grammy como mejor álbum de música global. Baca ganó un Grammy Latino por mejor álbum de música folclórica en 2002 con “Lamento Negro”, otro en 2011 por su colaboración con el grupo puertorriqueño Calle 13 en la canción “Latinoamérica” y el último en 2020 con su trabajo “A Capella”, surgido desde el aislamiento generado por la pandemia del coronavirus.

 

Epílogo

Se encuentra hospitalizada en la unidad de Cuidados Intensivos del hospital Edgardo Rebagliati, donde se hacen grandes esfuerzos para recuperarla. Ni su esposo Ricardo Pereira ni los médicos dan cuenta pública de lo que aqueja a Susana Baca. “Tiene achaques del tiempo y enfermedades nuevas e insospechadas”. Ese es el reporte oficial.

América Latina ora por ella y junto al pueblo peruano hace votos por la recuperación de una mujer como pocas en la historia musical y sociológica del Perú y de la América del Sur.


Susana Baca: fuego y agua del Perú negro | En Profundidad | teleSUR (telesurtv.net) 




sábado, 24 de febrero de 2024

La banalización del genocidio

 

 Gaza: sobre genocidio, judaísmo y nazificación

ARIEL FELDMAN

Las discusiones sobre el conflicto entre Palestina e Israel están saturadas de falacias y juegos retóricos, incluso en la justificación del genocidio en curso

 Los sucesos en Gaza son la demostración simple y brutal de una realidad cotidiana en cualquier sociedad: que hay vidas que valen más que otras. Sin embargo, en el día a día eso no suele justificarse racional ni políticamente. Vivimos con ello, como puede cada uno. Con angustia, negación, indiferencia, militando políticamente. Pero cuando en un conflicto que implica identidades colectivas se justifica desde una instancia de poder la falta de valor de un tipo de existencia, es que estamos a las puertas o ya cruzamos el umbral de un genocidio.

 En este momento, humanamente lo central es frenar el genocidio del pueblo palestino. Disputarle a Israel la prerrogativa de hablar en nombre de lo judío es central en esa tarea, y en otro artículo abordé la deformación y traición del judaísmo llevada adelante por el Estado de Israel que dice representarlo. Sin embargo, el judaísmo es ineludible en todos los aspectos de este conflicto, y pensarlo vuelve a ser central para permitirnos comprender parte de la dimensión de esta crisis.

 Hay que entender que la centralidad que gana esta masacre, frente a las que hubo en Siria o en Uganda, no tiene que ver con una especial empatía global con los palestinos, sino por quién es el agresor. Se explica por el hecho de que es el autoproclamado «judío» Estado de Israel el que esta cometiendo un genocidio en Gaza. Permitir un nuevo genocidio constituye una crisis civilizatoria ya de por sí, porque el hecho mismo habla de lo que podemos esperar del andamiaje institucional y político que organiza nuestra sociedad. Pero a su vez, este genocidio en curso genera una atracción trágica por la singularidad, repito, del victimario. Es central subrayar que lo judío como causa de la especial significación de la masacre que estamos viendo en Gaza nada tiene que ver con el antisemitismo, como intenta establecer la propaganda israelí y sectores de la comunidad judía en la diáspora. Lo medular es el hecho de que la gran víctima de la modernidad europea, los judíos, que estarían representados por el Estado de Israel, está cometiendo un genocidio en Gaza. Si bien el régimen israelí señala que lo hace en nombre de lo judío y su derecho a la existencia, veremos cómo la destrucción de la vida en Gaza va a contramano del significado mismo de ser judío. Israel está, en cambio, encarnando esa vieja Europa retrograda, capitalista y cristiana a la que, como señalara León Rozitchner, lo judío se enfrentaba con su mera existencia y que, por eso mismo, fue víctima de ella con persecuciones, progroms y finalmente con el Holocausto.

 Es conocida la idea de que la Ilustración, el alma de la modernidad europea, aquella que encarnaba la confianza occidental en una razón humana atada a la lógica del progreso, de lo afirmativo, la esperanza en el dominio progresivo de la naturaleza a través de la técnica, la ciencia y la administración de lo humano, fue herida en las trincheras de la Primera Guerra Mundial para finalmente morir en los campos de concentración. La Europa germano parlante encarnaba la cumbre de las capacidades civilizatorias que dicha razón occidental había podido alcanzar. La comunidad que había gestado a Mozart, Beethoven, Mendelssohn, Husserl, Kant, Hegel, Marx, Nietzsche, Goethe, Max Planck, Einstein, Humboldt, y muchos etcéteras, fue la misma que estaba utilizando todas esas mismas potencialidades racionales, científicas, químicas, tecnológicas, artísticas, comunicacionales, no para desarrollar una mejor vida colectiva sino para perpetrar un genocidio con el sello de las capacidades de dicha modernidad. La significación del Holocausto frente a otros genocidios no estuvo dada por el hecho de quiénes fueron sus víctimas, sino por quiénes fueron sus perpetradores.

 Filosóficamente, lo central es el victimario. Como señalara sobre el Holocausto Yeshayahu Leibowitz, teólogo y filósofo, conocido en su momento como la conciencia de Israel, «nosotros no lo hicimos. Los que lo hicieron fueron los alemanes; por lo tanto es su problema». Él lo señaló ante la evidente centralidad que el Estado le estaba dando a la victima judía que decía cobijar. Era ganancia para las dos partes: eximía del foco a la culpable sociedad europea y permitía al Estado de Israel la apropiación del Holocausto, que fue central para la nazificación de los árabes y en particular de los palestinos, como veremos más adelante. Enzo Traverso señala que dicha apropiación hizo que el Holocausto deviniera una «religión civil». De este modo se volvió discurso oficial, por lo tanto administrable, un dogma que no promovía la reflexión sino que era instrumentalizable para sostener la victimización de los judíos de forma extemporánea y poder así esgrimir una inexistente amenaza de aniquilamiento para justificar y lograr oprimir al pueblo palestino con la impunidad que brinda el halo de inocencia de ser la víctima eterna.

 La fascinación occidental por Israel no se entiende centralmente por la culpa. La fascinación está dada porque el flamante Estado de Israel permitía la salvación de esa idea de progreso sobre la que se basaba la civilización occidental y cuya hegemonía estaba en una crisis terminal luego de haber sido clave en el genocidio judío. Israel fue fundado por ciudadanos europeos libres de culpa del Holocausto, incontaminados de la mancha oprobiosa, una última esperanza de la Ilustración que fuera aniquilada con Auschwitz. Israel fue para occidente la conquista del desierto oriental, la colonización ilustrada de tierras bárbaras, unos cruzados que instauraban una democracia a la europea en tierra santa, el desarrollo tecnológico, el riego por goteo, la tecnología militar, la industria del software, el milagro económico de Medio Oriente. Primero como tragedia y luego como farsa. Israel utiliza todas esas capacidades, toda su razón instrumental, todo su desarrollo capitalista, occidental y judeocristiano, no para generar una comunidad próspera para todas las personas que habitan su territorio, sino para, en nombre de un sueño trasnochado de Ilustración revestido de choque civilizatorio, poner sus capacidades al servicio de la dominación y la inviabilidad de la vida de los palestinos.

 Los valores y conquistas de las libertades individuales que sí implicaba la modernidad, como son las conquistas democráticas y los derechos ciudadanos, son a su vez instrumentalizadas bajo la lógica de dicho dominio. La supuesta única democracia de Oriente Medio (donde las vidas de los palestinos de los territorios ocupados están gobernadas por el régimen sionista, pero no pueden votar autoridades de dicha administración), así como los derechos sexuales y de la mujer, son utilizados para justificar la destrucción de la vida palestina.

 Vale recordar que los procesos de deshumanización son elementos centrales en todo proceso genocida: no se puede masacrar a alguien que tiene alma si creemos en las almas, o si lo consideramos persona o, en el mejor de los casos, si lo reconocemos como un par. Ese procedimiento de quitarle la prerrogativa de lo humano no se da de un momento a otro. Los judíos sufrimos un largo camino de deshumanización que luego se volvió planificada por parte de la sociedad europea nazificada en los campos de concentración. Fuimos víctimas del genocidio más aberrante de la historia moderna. Lo sufrimos hace un par de generaciones solamente.

 En 1929 Albert Einstein le escribió una carta a Weismann, quien luego fuera el primer presidente del Estado de Israel, en la que le decía «Si nosotros nos revelamos incapaces de alcanzar una cohabitación y acuerdos con los árabes, entonces no habremos aprendido estrictamente nada durante nuestros dos mil años de sufrimientos y mereceremos todo lo que llegue a sucedernos». El desinterés de judíos israelíes y en la diáspora ante la masacre de gazatíes habla del proceso de deshumanización que sufren los palestinos hace años y, en consecuencia e indefectiblemente, de la perdida de humanidad y una tendencia creciente a la perdida de toda sensibilidad por parte de sus victimarios y cómplices. Es un proceso también largo, iniciado con la negación de la existencia de los palestinos en la tristemente famosa frase de los albores del sionismo político «una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra», que se volvió prontamente material con el proceso de colonización de un sionismo exclusivista que rezaba y reza que en un Estado seguro para los judíos no debía haber palestinos, aún si ese Estado se estuviera implantando por la fuerza en tierras pobladas, donde el problema del antisemitismo era insignificante.

 Einstein escribió esa carta frente a las politicas y tratos delesnables del movimiento sionista hacia la población nativa de Palestina ¡en 1929!, años antes de que se consumara la Nakbah y la limpieza étnica de 750.000 almas, antes del menos conocido régimen militar que sufrieron los palestinos-israelíes entre 1949 y el 1966, antes de la ocupación de los territorios en 1967, antes del drama de los refugiados, antes del Estado de apartheid en Jerusalem oriental y Cisjordania, antes del oprobioso e ilegal muro de separación, antes de las leyes discriminatorias aprobadas en el Parlamento israelí, antes del asedio y destrucción de Gaza y del llamado explícito al genocidio de varios altos funcionarios del Estado de Israel.

 Cuando se analiza la historia de los actos institucionales de Israel, los legales y los bélicos, es fácil comprobar que sólo de manera derivada su problema fue con las organizaciones políticas y político militares palestinas. Su problema siempre fue la población palestina misma, pues un Estado exclusivista que se autodenomina judío y democrático precisa limpiar étnicamente su territorio para poder ser tal. Pero la limpieza étnica, hecho comprobado y reconocido internacionalmente en el reconocimiento de los refugiados palestinos, si bien crimen de guerra, no constituye un genocidio. Hoy, sin embargo, estamos en presencia de otra cosa.

                                                     

Sistemáticamente se vandalizan los textos en árabe hasta que finalmente se la excluyó legalmente como lengua oficial.



El genocidio no se mide por su efectividad, porque lo central del genocidio es la intención de realizarlo, y por lo tanto su inminencia. No deberíamos acercarnos a su posibilidad siquiera. Por eso la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio tiene en su nombre el término prevención, pues la humanidad no puede permitirse esperar a que se realice para luego evaluar simplemente las sanciones. Por eso la voluntad de cometer un genocidio es uno de los elementos centrales para poder calificar una agresión como tal. Después del 7 de octubre el Ministro de Defensa israelí, afirmó: «Estamos luchando contra animales humanos», Avi Dichter, ministro israelí de Agricultura, llamó a la guerra a ser la «Nakba Gaza», el ministro Amihay Eliyahau sugirió como solución al «problema palestino» lanzar una bomba atómica en Gaza, diversos altos funcionarios denominaron nazis a los palestinos y señalaron su responsabilidad colectiva por el brutal ataque de Hamas, de lo que se derivaba la necesidad de la neutralización del colectivo responsable, no simplemente de una de sus organizaciones político militares. Lo sintetizó el vicepresidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas: «No hay inocentes en Gaza. Tal vez los niños menores de 4 años». Ese castigo colectivo se está llevando acabo centralmente por medio de un bombardero indiscriminado, matando miles de civiles y destruyendo las más básicas condiciones para la viabilidad de la vida de los gazaties, a la vez que el bloqueo absoluto del territorio, que afecta al cien por ciento de la población y no a los combatientes, está generando condiciones sanitarias y de hambruna con altísimo riesgo de muertes aun más masivas que las ya producidas por los ataques aereos y terrestres. Por eso la denuncia de Sudafrica tuvo un primer aval en las cautelares contra Israel de la Corte Internacional de Justicia, y especialistas como Luis Moreno Ocampo plantean la fortaleza del caso presentado.

 

Si alguien cree que no estamos ante un genocidio por la magnitud, porque un 1,5% de la población total no le es suficiente, que piense entonces en la construcción de una discursividad donde la vida palestina no vale lo que una vida humana. Esa visión, esa escala del valor de la vida, se apalanca en un largo proceso de nazificación de los palestinos. La nazificación de los opositores a las políticas sionista es una estrategia que se ha utilizado desde que la palabra «Nazi» cobró su significación y potencia simbólica. El historiador Nur Masahla cita numerosas declaraciones y escritos de los lideres sionistas que a partir de mediados de la decada del 30 analogaron el nacionalismo árabe al nazismo alemán. Desde ese momento hasta el presente ese mecanismo, esa industrilización del Holocausto como la llamó Norman Finkelstein, no dejó de utilizarse. La gravedad es máxima. El nazi es un monstruo frente al cual sólo cabe la eliminación, es irrecuperable. Y aquel que defiende a aquel que fue nazificado es a su vez un antisemita. O si sos judío, sos un Judenrat, un colaborador de los nazis. Es así que, como vimos más arriba, la administración del Holocausto como «religión civil», del judío eternamente amenazado en su existencia, permitió que una potencia ocupante, con uno de los ejercitos más potentes y mortíferos del planeta, se apropiara e instrumentalizara al judaísmo para plantarse como víctima de sus colonizados. El epítome perverso de esa inversión que permite la nazificación de los palestinos la formuló la entonces Primera Ministra israelí cuando en 1969 en una entrevista en la televisión inglesa dijo «Nunca perdonaremos a los árabes lo que nos obligaron a hacerles». Son innumerables este tipo de declaraciones, pues son política de Estado. En medio de los actuales ataques a Gaza pudimos presenciar el espectáculo grotesco de la comitiva israelí yendo a la ONU a justificar sus crimenes de guerra con la victimizante estrella de David amarilla con que se marcaba a los judíos en campos y guetos.

La contradicción última de ese proceso de nazificación es que en realidad el movimiento sionista, aquel que apela al señalamiento de antisemitismo e identifica nazis en instituciones internacionales y movimientos sociales, en intelectuales y artistas, llevó adelante una lucha en absoluto heroica contra el nazismo verdaderamente existente. Como recuerda Ilan Pappe, era mayoritario en el movimiento sionista el autocentramiento en el proceso migratorio, de modo que no querían enemistarse con el régimen de Hitler. El sionismo llegó a considerar un error el boicot declarado en la decada del 30 por el resto de los judíos del mundo contra los nazis. Ben Gurion, padre fundador del Estado de Israel, dijo en ese entonces que «Al sionismo le corresponde las obligaciones de un Estado; por consiguiente, no puede iniciar una batalla irresponsable contra Hitler mientras él siga siendo el jefe de un Estado». El movimiento sionista tuvo contactos con el régimen nazi hasta entrado el año 1937 para negociar la salida de judíos de Alemania de forma concertada, de modo que pudieran conservar sus bienes y llevarlos al futuro Estado. El historiador israelí Tom Segev afirmaba que los lideres sionistas sólo estaban interesados en salvar a los judíos que quisieran marcharse a Israel, y que tenían una actitud desdeñosa para con los judíos de la diáspora que, entrados los años 30, no se habían subido a la política sionista. Coincide con Ilan Pappe, quien señalaba que el abandono de toda estrategia de rescate de las organizaciones sionistas ante el inminente exterminio judío formaba parte de un repudio más amplio de la diáspora misma, cosa que se siguió evidenciando luego de la creación del Estado, que renegaba y reniega de «los judíos que fueron como ganado al matadero» frente a aquellos pioneros que emigraron a Israel para fundar el Estado. Es así que los levantamientos en campos de concentración y guetos, como el famoso de Varsovia, realizados por fuerzas de la resistencia que contenían muchos miembros antisionistas en su ceno, fueron sionisados como política de Estado. Había que apropiarse de la figura del judío empoderado. Los alzados eran la expresión del nuevo espíritu judío de armas tomar frente a los millones que habían decidido dejarse matar.

 Esto es lo que hizo y sigue haciendo el sionismo con el judaísmo, utilizarlo. Esa misma razón instrumental, que en su desbocamiento aplastó las fuerzas de la reflexión y develó su verdadero semblante en los hornos crematorios y en Hiroshima, es la que encarna Israel instrumentalizando al judaísmo, haciéndolo medio para otro cosa, medio para el dominio y la conquista como fin en sí mismo. Es así que el Estado de Israel y sus organizaciones sionistas satélites en la diáspora pueden estrecharse las manos con individuos y partidos de la derecha Europea y norte y latinoamericana, con marcadas posturas racistas en general y antisemitas en particular, siempre y cuando apoyen las políticas del Estado de Israel. Su lucha «contra el antisemitismo» no es otra cosa que la utilización del capital simbólico del judío galútico que en realidad desprecian, para justificar los horrores del sionismo. El supremacismo del sionismo desbocado genera fascinación en las derechas radicales occidentales, e Israel no ha dejado de abrazar dichos apoyos a costa de la lucha contra el verdadero antisemitismo, que es la lucha por la libertad, la igualdad y la justicia para todos los seres humanos.

 El judaísmo nada tiene que ver con ese endiosamiento del poder y el dominio. La identidad judía fue siempre un otro del poder, una negatividad de la Europa imperial, retrograda y racista. Poseedora de la experiencia en el cuerpo de la opresión, la identidad judía estaba sostenida en la resistencia a la violencia y en la reflexión, en el estudio de un libro no evangelizador, que no confería poder, que es absolutamente terrenal porque no promete un más allá, como recordaba León Rozitchner. En la tradición judía la festividad más significativa es la de Pesaj, en la que el pueblo judío festeja la salida de la esclavitud, una celebración de la libertad y el fin de la opresión que lo termina constituyendo como pueblo. Pueblo que luego se forjó durante dos milenios en la discriminación y la persecución que lo emplazaron indefectiblemente en el lugar de la negatividad frente al poder occidental y cristiano. No es casual el porcentaje de cuerpos y mentes rebeldes que dio el judaísmo, de Trotsky a Marx, de Rosa Luxemburgo a Walter Benjamin, de Zinóviev a Mordejai Anilevich, de Axelrod y Martov a Clara Zetkin. Nada genético, una identidad construida en una cultura de la resistencia. Por eso no hay que dejar de repetir que lo que vemos en Israel no es judaísmo, es más bien antijudaísmo, la transfiguración de una tradición de la resistencia en su opuesto fascistoide.

 Vale mencionar las excepciones. El sionismo, en tanto fue entendido como movimiento nacional de liberación de los judíos de su calvario europeo, tuvo representantes como Borojov, Buber y muchos otros, que entendieron que no se precisaba un inviable Estado exclusivista sino una convivencia justa en un Estado plurinacional y socialista con los palestinos. Pero nunca tuvieron posibilidades de que su línea se impusiera. Hay que decirlo: si bien hubo diversas corrientes dentro del cosmos sionista, la historia tuvo un solo sionismo verdaderamente existente, exclusivista y colonizador, que subvierte todos los valores humanistas del judaísmo. Podemos llamarlo Israelismo para rescatar a aquellos que creyeron y creen en un sionismo plurinacional y antirracista.

 La victima ejemplar, cuyo genocidio dio origen hace tan poco a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y a la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio (1948) se transformó por obra y gracias del secuestro identitario por parte del Estado de Israel, en el victimario ejemplar. Eso es lo que explica la trascendencia historia de la masacre en Gaza. La tragedia del secuestro del judaísmo por parte de Israel eleva una pregunta traumática a todos, judíos y no judíos: ¿Qué podemos esperar del ser humano que somos, así, arrojado a la historia, si una comunidad que sufrió un genocidio hace un puñado de años, termina encarnando las lógicas, el vocabulario, la estrategia y los valores de quien fuera su verdugo para, ahora en posición dominante, poder destruir un pueblo, porque lo considera necesario y, sobre todo, porque puede. La capacidad o incapacidad de que esto que está sucediendo genere algo en cuerpos, reflexiones, sensibilidades y nuestras instituciones, posiblemente constituya un acontecimiento que nos va a marcar como civilización, una cesura. La conciencia de generaciones futuras va a preguntarse qué hicimos cuando nos tocó defender lo que queda de humanidad en la humanidad.

 

Jacobinlat

 

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Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/gaza-sobre-genocidio-judaismo-y

 

jueves, 22 de febrero de 2024

Juan Carlos I espia americano

                                                                                   


 Juan Carlos espía americano

 .

 España: Según documentos desclasificados de la CIA el Rey Juan Carlos I fue su informante

Juan  Teixer

La CIA ha desclasificado más de 12 millones de páginas de información, de las cuales unas 12.500 entradas tratan sobre España. Los informes de estrategia y cables diplomáticos secretos reflejan la visión e influencia de la inteligencia norteamericana sobre el devenir del país en un momento clave de su historia como fue la Transición. Según los documentos, Juan Carlos I se convirtió en uno de los informantes más valiosos de EE.UU, revelando información confidencial a su contacto en Madrid, el embajador norteamericano Wells Stabler. Además, Juan Carlos habría pactado la entrega del Sáhara Occidental a Marruecos. Todo a cambio del apoyo norteamericano para convertirse en Rey.

Mediados de la década de los 70. La Revolución de los Claveles triunfa en Portugal. En Italia, los comunistas están muy cerca de llegar a formar parte del Gobierno. En Grecia la dictadura militar se desmorona. Y en España, el dictador Francisco Franco está en las últimas.

El panorama es muy preocupante para los intereses norteamericanos, que ven como sus aliados pierden fuerza. Además del propósito global de frenar al comunismo y al socialismo, para EE.UU esta zona es especialmente importante a nivel geoestratégico. En 1973 por ejemplo, los aviones norteamericanos que se dirigían a Oriente Medio para apoyar a Israel en la guerra del Yon Kippur solo consiguen autorización portuguesa para repostar, y es probable que a partir de ahora ya no sea así. Hay que hacer algo.

Esta necesidad de EE.UU de ganar influencia en la región encuentra un aliado muy oportuno: Juan Carlos I. El sucesor natural del dictador Francisco Franco no era del agrado norteamericano en un principio. La CIA veía poco capacitado al monarca para liderar una transición democrática en el país. Sus únicos puntos a favor eran su «encanto personal», su intención de no legalizar el partido comunista y no tener hemofilia (enfermedad hereditaria de los borbones). Todo lo demás estaba en su contra:

Hay poco entusiasmo por Juan Carlos y la monarquía en España, pero una cierta disposición a apoyarle al no haber una alternativa mejor … Si logra preservar la Ley y el orden mientras consigue una apertura política ganará apoyo. El reto es enorme. Y es improbable que el nuevo rey reúna las cualidades necesarias para lograrlo – Informe secreto de la CIA

Sin embargo, poco después la figura del Borbón como aliado internacional fue ganando peso en los informes de inteligencia, hasta el punto de referirse a Juan Carlos como «motor del cambio» ¿Qué sucedió para que se diera este cambio de parecer?

JUAN CARLOS I, ESPÍA NORTEAMERICANO

En 1975 se pone en marcha un proyecto secreto de la CIA que tiene como objetivo arrebatar la provincia número 53 de España: el Sáhara Occidental. Se trata no solo de un territorio rico en fosfatos, hierro, petróleo y gas, sino que es muy valioso a nivel geoestratégico. La inestabilidad en España debido a la enfermedad del dictador Francisco Franco es clave para llevar a cabo esta operación, que consiste en invadir la provincia española mediante una marcha de unos 350.000 ciudadanos marroquíes que se harían pasar por antiguos habitantes de la zona. Se trata evidentemente de la famosa Marcha Verde.

El 6 de octubre de 1975, los servicios de Inteligencia del Ejército español informan al dictador Francisco Franco de estos planes de «invasión pacífica» del Sáhara Occidental y le piden que mueva ficha. Y aquí es donde entra en juego Juan Carlos I, que se convirtió en confidente de EE.UU, enviando información secreta de todos los movimientos que Franco realizaba en la provincia del Sáhara. Es decir, el entonces príncipe Juan Carlos reveló información confidencial sobre los planes de España en el conflicto del Sáhara a una potencia extranjera que estaba jugando un papel clave en dicho conflicto. Hay quien lo denominaría alta traición.

De este modo, Juan Carlos I se convirtió en aquel momento clave de la historia del país en informante de EE.UU, con la esperanza de lograr así el apoyo norteamericano tras la muerte de Franco. Lo consiguió, y probablemente la historia de España sería muy diferente de no haber tomado esta decisión. El contacto del entonces Príncipe era el embajador norteamericano en España, Wells Stabler, que tenía contacto directo con la Casa Blanca y con el jefe del Departamento de Estado, Henry Kissinger, quien le comunicó a este respecto en uno de los documentos ahora desclasificados:

Tus contactos con el príncipe deben ser tratados con la mayor discreción. Estos informes tienen un grandísimo valor para EEUU y haremos lo que esté en nuestra mano para asegurarnos de que en el futuro se manejen de manera apropiada – Henry Kissinger.

EL SÁHARA A CAMBIO DE LA CORONA

31 de octubre de 1975, Juan Carlos asume la jefatura en funciones del Estado debido a la enfermedad del dictador Francisco Franco. Uno de los temas más urgentes que debe tratar es respecto a la decisión del rey Hasan II de Marruecos de lanzar una ofensiva para reclamar una provincia española: el Sáhara Occidental.

El mismo día de la toma de posesión de su nuevo cargo, Juan Carlos preside su primer Consejo de Ministros, y muestra su intención de ponerse al cargo del asunto del Sáhara, pero no informa de que ya había enviado a Washington a su hombre de confianza, Manuel Prado y Colón de Carvajal, con la finalidad de conseguir el apoyo norteamericano y evitar así un conflicto con Marruecos que le podría costar su añorada Corona. De este modo, Kissinger media con Hassan II y finalmente se firmaría el pacto secreto por el que Juan Carlos entregaría el Sáhara español a Marruecos, a cambio de que EE.UU se convierta en su aliado en el complejo futuro que tiene por delante.

El 2 de noviembre, Juan Carlos viaja a la capital del Sáhara Occidental , El Aaiiún, donde asegura ante las tropas españolas: «Se hará cuanto sea necesario para que nuestro Ejército conserve intacto su prestigio y su honor». Hasta se permite decirles a los oficiales de sus tropas: “España no dará un paso atrás, cumplirá todos sus compromisos, respetará el derecho de los saharauis a ser libres”, y también: “No dudéis que vuestro comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo”. Sin embargo, sabía que estaba mintiendo. Ya había pactado con Hassan II los términos de la entrega del Sáhara.

En uno de los documentos desclasificados, el embajador de EE.UU en España comunica a Washington: «Madrid y Rabat han acordado que los manifestantes sólo entrarán unas pocas millas en el Sáhara español y que permanecerán un corto periodo de tiempo en la frontera, donde ya no hay tropas españolas (…) El príncipe [Juan Carlos] ha añadido que una delegación representativa de unos 50 marroquíes tendrá permitido entrar en la capital territorial de El Aaiún».

En el documento también se puede apreciar el temor de la inteligencia norteamericana a que se descontrolara la situación: «La zona en la que no está prevista que caminen los manifestantes está claramente marcada como campos de minas. Juan Carlos dijo que las fuerzas españolas usarán cualquier medio a su disposición para evitar que los marroquíes crucen esta línea» …»Una vez que los manifestantes crucen la frontera, la situación puede descontrolarse fácilmente». También se habla de los posibles movimientos del Frente Polisario: «Algunos de sus miembros están en el área que ya han abandonado las tropas españolas»… «Casi con total seguridad intentarán atacar a los manifestantes».

Finalmente, el 6 de noviembre de 1975 la Marcha Verde invade la provincia española. Todo estaba preparado de antemano. Los campos de minas y los legionarios se retiraron de la frontera. La ONU, atónita ante los acontecimientos, urge a Hassan II a retirarse y a respetar la legalidad internacional. El Consejo de Seguridad se pronunció aprobando la resolución 380, en la que «deplora la realización de la marcha» e «insta a Marruecos a que retire inmediatamente del territorio del Sáhara Occidental a todos los participantes en la marcha», así como volver a hacer un llamamiento al diálogo. Sin embargo, todo estaba pactado ya.

En plena Guerra Fría, Estados Unidos y Francia anhelaban la anexión marroquí del territorio, puesto que Argelia y el Frente Polisario eran cercanos a la Unión Soviética. Hassan II, que atravesaba una compleja situación política interna, marcaba un tanto por la escuadra. Y España perdía un territorio clave, pero Juan Carlos I ganaba un reinado. Todos contentos. Excepto claro está, los habitantes del territorio en cuestión, que fueron las víctimas colaterales de este pacto/traición, y cuyo sufrimiento generado se ha alargado hasta nuestros días.

El pecado que España cometió contra el Sáhara sigue siendo fuente de sufrimiento para quienes un día fueron ciudadanos suyos de pleno derecho – Tomás Bárbulo, periodista  y escritor especializado en la temática sobre el Magreb.

MI NOMBRE ES BON… BOR-BÓN

Los movimientos ocultos, las mentiras y la deslealtad de Juan Carlos con el tema del Sáhara podrían ser considerados sin duda alta traición. Sin embargo, son un juego de niños comparado con lo sucedido unas semanas antes. El 16 de octubre, el dictador Francisco Franco sufría una crisis cardíaca que le dejó al borde de la muerte. La embajada norteamericana en Madrid incluso lo llegó a dar por muerto.

En estos días, Juan Carlos se convirtió en el mejor informador de EE.UU de todo lo que estaba sucediendo en Madrid, e incluso pidió ayuda al embajador Stabler para que intercediera por él ante el presidente Carlos Arias Navarro con la finalidad de convencerlo de que Franco le traspasara sus poderes antes de morir. Kissinger se negó en rotundo por miedo a que relacionaran a EE.UU:  «No estás -repito- no estás autorizado a mediar con Arias en este momento«. Así que Juan Carlos tuvo que esperar para ver colmadas sus ansias de poder.

 

Durante los siguientes meses, el contacto de Juan Carlos con el embajador norteamericano fue habitual. Además de las conversaciones telefónicas documentadas en los archivos desclasificados, cualquier ocasión era buena para verse en persona: en la base militar de Torrejón, en un encuentro con estudiantes del National War College o en Palma de Mallorca.

Cualquier excusa era buena para que Juan Carlos informara de todo lo que estaba sucediendo en las altas esferas españolas y acercarse así a EE.UU, su mejor baza para llegar al ansiado reinado. Sin embargo, este presente en forma de información confidencial era un esfuerzo eran prescindible, puesto que EE.UU ya tenía claro que Juan Carlos era el mejor candidato para sus intereses en España (y no eran pocos).

La desaparición de Franco allana el camino para una era más esperanzadora, pero la desaparición de Juan Carlos abriría las puertas a una lucha de poder donde los comunistas y los extremistas de todos los colores jugarían un papel determinante – Wells Stabler, embajador de EE.UU en España.

El 4 de noviembre de 1975 Wells Stabler envió a la Casa Blanca un informe gen. eral de la situación en España y de su incierto futuro tras la muerte del dictador, redactado en gran parte con la información obtenida a través de Juan Carlos I. Las respuestas sobre las líneas generales a seguir que Henry Kissinger le envía de vuelta a Madrid no tienen desperdicio:

«…el interés de EEUU reside en empujar a Juan Carlos a que dé un giro gradual, pero de manera decidida y no demasiado lenta, hacia la democratización. Debemos darle el apoyo que él claramente está pidiendo a EEUU».

«… no favoreceremos a ningún partido político en concreto más allá de las decisiones democráticas, pero anticipamos que la transición estará en manos básicamente del bloque conservador».

«Veríamos la participación del Partido Comunista en un futuro gobierno español como algo muy negativo que dañaría irremediablemente los lazos con nosotros y con las instituciones de Europa occidental».

«… los países de la Europa occidental deberían participar en la toma de poder de Juan Carlos y el funeral de Franco en una base positiva para el futuro, no en términos de recriminaciones sobre el pasado».

 

Traducción :

– NO ESTAMOS A FAVOR DE NINGUNA SOLUCIÓN POLÍTICA EN PARTICULAR NI DE NINGÚN PARTIDO DENTRO DE LA AMPLIA GAMA DE PENSAMIENTO DEMOCRÁTICO, PERO ANTICIPAMOS QUE LA TRANSICIÓN ESTARÁ EN MANOS DE PERSONAS ESENCIALMENTE CONSERVADORAS.

– VEMOS LA PARTICIPACIÓN COMUNISTA EN UN FUTURO GOBIERNO ESPAÑOL COMO UN HECHO INSALUBRE QUE PERJUDICARÍA INEVITABLEMENTE LOS VÍNCULOS CON NOSOTROS Y CON LAS INSTITUCIONES DE EUROPA OCCIDENTAL.

Obviamente la prioridad de EE.UU no era la democratización del país, sino principalmente lograr un acuerdo ventajoso para la instalación de las bases militares estadounidenses en España. El acuerdo anterior vencía precisamente en 1975, y Franco se había dedicado a torpedear la renovación al no poder formar parte de la OTAN.

De este modo, Juan Carlos se convirtió en la mejor baza norteamericana para lograr el ingreso de España en la Alianza Atlántica y lograr la instalación de varias bases militares en suelo español. Y EE.UU se convirtió en la mejor baza de Juan Carlos para llegar al poder. Una historia de amor y traición con drásticas consecuencias para el desarrollo de la historia reciente del estado español.

Finalmente, el 21 de septiembre de 1976 se firmó el Tratado de Amistad y Cooperación entre España y EE.UU, ya con Juan Carlos como rey, siendo el paso previo para el ingreso en la OTAN, que no llegó hasta 1982.

Juan Teixeir es periodista investigador chileno

 Fuentes: CIA // WikiLeaks //  Público // El Español // El Confidencial Saharaui

(Observatorio Crisis)