sábado, 31 de diciembre de 2022

El problema de España es su oligarquía.


El problema de fondo de la economía española y de España en general



 

Quienes analizan la economía española suelen destacar siempre algunos problemas mayores bien conocidos: un modelo productivo poco innovador y con insuficiente capacidad para generar empleo, servicios de poco valor, excesiva especialización en algunas actividades… Yo creo, sin embargo, que nuestra economía tiene un problema de fondo principal: está dominada por una auténtica oligarquía que lastra su desarrollo y le impide progresar como sería deseable.

El término oligarquía significa literalmente gobierno de unos pocos.  Aristóteles lo usaba en su Política para expresar la desviación o degeneración de la aristocracia (el gobierno de los mejores), cuando se gobierna sin otro fin que el interés personal de la minoría misma gobernante. Joaquín Costa, en su clásica obra Oligarquía y caciquismo en España, la definía de esa manera: «gobierno del país por una minoría absoluta, que tiende exclusivamente a su interés personal, sacrificándole el bien de la comunidad.»

Hoy día, las cosas son de otro modo. La democracia representativa se ha reforzado y el poder oligárquico actúa algo más disimulado, pero con la misma o mayor influencia.

La existencia de una auténtica oligarquía que impone sus intereses al conjunto de los españoles se ha puesto de relieve en numerosas investigaciones. Por citar tan solo tres de ellas, mencionaré la de Antonio Maestre (Franquismo S.A.), la de Andrés Villena (Las redes de poder en España. Élites e intereses contra la democracia) y otra algo anterior de Iago Santos (La elite del poder económico en España. Un estudio de redes de gobernanza empresarial) en la que se muestra que 1.400 personas controlaban recursos equivalentes al 80,5% del PIB.

La oligarquía española no solo controla la inmensa mayoría de las grandes empresas que dominan, sobre todo, los mercados y actividades estratégicas de nuestra economía, como banca y finanzas, energía, construcción, distribución comercial, telecomunicaciones… Su gran disposición de recursos le permite controlar igualmente las instituciones en las que se toman decisiones que pueden afectarle, bien para imponer su voluntad, bien para impedir que se impongan intereses diferentes a los suyos. Y, por supuesto, los medios de comunicación.

Ciertamente, la existencia de una oligarquía poderosa que controla y domina la economía y sociedad no es algo exclusivo de España. Aunque la nuestra tiene algunas características que la hacen singular.

Como está bien documentado, la mayoría de las grandes fortunas y privilegios de la oligarquía española no provienen del mérito y la innovación, sino del reparto de la riqueza que la dictadura hizo tras la guerra civil. Y cuando las han conseguido más tarde ha sido, salvo excepciones tan honrosas como escasas, mediante la concesión administrativa, las regalías, los favores, la corrupción, el fraude y, a veces, incluso a través del robo.

Eso es lo que hace que la oligarquía española sea especialmente cobarde y temerosa. Baste recordar cómo le temblaban las piernas cuando apareció Podemos y su reacción desproporcionada, corrupta e ilegal, para hacerlo desparecer literalmente, a pesar de que en sus programas prácticamente no había medidas que no se hubieran tomado en otros países capitalistas sin que sus cimientos se hubieran hundido.

La oligarquía española no sabe acumular sin el favor y la protección del Estado y eso la ha convertido en el lastre más pesado de la economía española. Teniendo a su alcance el conseguir todo tipo de facilidades para hacer negocios multimillonarios, no necesita modernizar, ni arriesgar, ni innovar. La oligarquía española es miedosa y de ahí que sea nacionalista pero no nacional. Está envuelta siempre en banderas rojigualdas y con la boca llena de proclamas españolistas, pero nunca le ha importado salvaguardar nuestra soberanía, ni vender nuestros activos más valiosos al capital extranjero si tenía a su alcance hacer un buen negocio. Decía Gumersindo de Azcárate que en su tiempo había en España «feudalismo de un nuevo género, cien veces más repugnante que el feudalismo guerrero de la Edad Media, y por virtud del cual se esconde bajo el ropaje del Gobierno representativo una oligarquía mezquina, hipócrita y bastarda…». Es verdad que las cosas han mejorado, pero no tanto como para que estas palabras hayan perdido completamente actualidad.

Otra consecuencia del dominio oligárquico la puso de relieve Joaquín Costa: » En colectividades tan extensas y tan complicadas como son, por punto general, las nacionalidades modernas, el régimen oligárquico supone necesariamente grados, correspondientes a los distintos círculos que se señalan en el organismo del Estado». Eso quiere decir que la oligarquía necesita reproducir su forma de actuar y generar a su vez regímenes oligárquicos en el resto de la sociedad y, sobre todo, pervertir las instituciones de representación democrática.

La oligarquía es por, definición, contradictoria e incompatible con la democracia y la transparencia. Por eso es la fuente de la polarización y de la degeneración  institucional; la que pudre a los partidos políticos para evitar la participación que pudiera empoderar a sus contrarios; a la administración de justicia para que la proteja por encima de cualquier otra cosa; a la política para que decida solo lo que le conviene; y a los medios para que mientan en su favor y manipulen la conciencia de la gente.

Lo que estamos viviendo en estos últimos meses es una manifestación clara de todo esto. Cuando la economía española se desempeña mejor que casi cualquier otra de la Unión Europea, la derecha política y mediática que protege a esa oligarquía no para de lanzar falsedades para hacer creer a la gente que todo va mal. La derecha judicial da un golpe de Estado para impedir que se pueda poner en peligro le defensa a ultranza de los corruptos que trabajan para la oligarquía y todo ello sin apenas disimulo. La inefable torpeza del nuevo líder de la derecha al menos ha tenido la virtud de expresar a los españoles que esto que vengo diciendo es lo que realmente sucede. Hace unos días, Alberto Nuñez Feijóo decía que mantenía bloqueada la renovación del Poder Judicial “para protegerlo” del Gobierno de Sánchez. La mitad o más de España que ganó las elecciones democrática y legítimamente no tiene derecho, según la derecha española, a ocupar las instituciones, porque eso podría no ya poner en peligro sino cuestionar el dominio oligárquico.

La economía dominada por un grupo tan reducido, egoísta y cobarde que deja gestionar sus intereses a una derecha política, judicial y mediática tan retrógrada y totalitaria, golpista, no puede funcionar como podría hacerlo la de un país tan privilegiado en recursos como el nuestro. Y una sociedad que no pone límites a ese poder corrupto que desprecia la verdad, el respeto y la paz civil está condenada al sufrimiento. Es indispensable una ofensiva democrática, una manifestación clamorosa de dignidad cargada de pedagogía, de información veraz, de respeto, patriotismo y fraternidad. Habría que darles una lección de ciudadanía responsable, pacífica y en libertad que no pudieran olvidar jamás.

Fuente: https://juantorreslopez.com/el-problema-de-fondo-de-la-economia-espanola-y-de-espana-en-general

miércoles, 28 de diciembre de 2022

La UE ha perdido el rumbo

 La UE ha perdido el rumbo 

 

Vasalla de EEUU, la UE redobla la apuesta, es más, la triplica: rocía sus sanciones contra cualquiera que "no esté con la narrativa" 

 

La UE, con mucho ruido y pocas nueces, anunció esta semana el NOVENO paquete de sanciones a Rusia. ¿Qué pasa con las sanciones que la UE no "entiende"? Rusia ha sobrevivido cómodamente a las sanciones financieras occidentales (incluso el fervientemente anti-Putin Economist está de acuerdo). Quizá sean las sanciones tecnológicas las que acaben "estrangulando a Rusia". ¡Buena suerte con la espera! ¿Quién acaba estrangulando a quién?  

La UE sigue ocupada intentando ("legalmente") anexionarse todos y cada uno de los activos rusos en Europa. ¿Y qué objetivos rusos ha encontrado la UE para sancionar? Bueno, no ha sido una caza fácil, puesto que ya se han sancionado muchas cosas. Así que la atención se centra en hacer ilegal cualquier última voz rusa que aún exista en Europa.  

Sí, los europeos estamos tan desorientados por la lluvia de desinformación estatal y por las mentiras escandalosas y evidentes, que muchos han empezado a cuestionarse su propia cordura y la de los que les rodean. En su perplejidad, han llegado a ver el "mensaje" de las interminables sanciones como "perfectamente racional". Han sido hipnotizados con "O estás 'con la narrativa' o contra ella". 

Así que, claramente, todo el discurso ruso dentro de Europa debe ser eliminado:  

"La cuestión es", dijo Alicia, "si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes". 
"La cuestión es", dijo Humpty Dumpty, "saber quién es el que manda... eso es todo". 
(A través del espejo, de Lewis Carroll)  

La semana pasada, el Consejo General de la UE declaró que le "preocupa que Turquía mantenga una estrecha asociación con Rusia, a pesar de la guerra en Ucrania y las duras sanciones occidentales contra Moscú". La profundización de los lazos económicos entre Turquía y Rusia es "motivo de gran preocupación", dijo el jefe de la política exterior de la UE, Borrell, en una carta al Parlamento Europeo. También era "motivo de preocupación" la política continuada de Turquía de "no sumarse a las medidas restrictivas de la UE contra Rusia", decía la carta. Es importante que Turquía no ofrezca a Rusia ninguna solución a las sanciones, advirtió Borrell.  

A lo que el Presidente Erdogan replicó: "Es una declaración fea". Borrell no puede definir y formalizar nuestras relaciones con Rusia. No tiene ni la cualificación ni la capacidad para tomar tales decisiones. ¿Quién es él para evaluar nuestras relaciones con Rusia en materia de sanciones?".  

Más tarde, el 12 de diciembre, Borrell anunció que la UE acordará un paquete de sanciones "muy duras" contra Irán: "Vamos a aprobar un paquete de sanciones muy duro. Tomaremos todas las medidas que podamos para apoyar a las mujeres jóvenes y a los manifestantes pacíficos. E intentaremos acordar más sanciones contra Irán por el suministro de drones a Rusia". 

En pocas palabras, la UE redobla la apuesta, es más, la triplica: rocía sus sanciones contra cualquiera que "no esté con la narrativa". 

Es sorprendente (o tal vez "no") que la UE no esté leyendo bien las runas sobre Ucrania, en términos de la lucha sobre la política ucraniana que tiene lugar en Washington. En pocas palabras: la élite realista de EEUU, junto con Henry Kissinger -un "halcón" que a veces se hace pasar por realista- se enfrenta a la élite rusófoba, insinuando que esta última desea una guerra mayor (que EEUU no haría bien en librar). 

Aunque la noción no sorprendería a la mayoría de los lectores, Kissinger -al decir que desmembrar Rusia o destruir su capacidad de dirigir una política estratégica es un "no-no"- desnuda implícitamente a la circunscripción neoconservadora al poner sus objetivos encubiertos a la vista (esta última siempre ha negado que su objetivo sea desmembrar Rusia en estados intrascendentes y luego apoderarse de sus recursos). Kissinger, al menos, "externaliza" la cuestión.  

Hasta ahora, estas maniobras entre las élites estadounidenses tienen más que ver con la preparación del terreno dentro de los grupos de debate sobre política exterior de EEUU que con el nacimiento de una nueva política. (¿Quizá sea demasiado pronto para eso?).  

La UE, sin embargo, quiere "marcar su territorio", pero no piensa bien las cosas. Olaf Scholz, con la muñeca floja, murmura sobre un alto el fuego y la retirada completa de las tropas rusas de Ucrania. 

El primer ministro británico, sin embargo, ha echado agua fría sobre cualquier alto el fuego: Occidente debería considerar que cualquier llamamiento ruso a un alto el fuego en su guerra contra Ucrania "carece por completo de sentido" en las actuales circunstancias, declaró el lunes Rishi Sunak 

Bueno, incluso si hubiera una retirada a las posiciones del 24 de febrero de 2022 (la propuesta de Kissinger), eso simplemente no funcionará como base para un alto el fuego, sino que pone de manifiesto la ingenuidad del "pensamiento" de la UE.  

La UE envuelve a Ucrania en la fantasía de un Estado democrático afín que lucha por su independencia contra un "gran hermano" prepotente. Esto no tiene sentido. Ucrania está dividida étnica, lingüística, cultural y afiliativamente. Está en plena guerra civil. Lleva años en guerra civil. Decenas de miles de muertos.  

Pretender simplemente que este hecho fundamental no afecta a ningún marco de alto el fuego es ridículo. Las líneas de asedio de los nacionalistas armados están situadas al alcance de los cohetes de las ciudades civiles del norte (culturalmente rusas, como Donetsk) que los ultranacionalistas desean conquistar y someter.  

Tal alto el fuego sería análogo a la reinserción de las fuerzas católicas del Ejército Republicano Irlandés (IRA) ante las narices de los paramilitares protestantes de Irlanda del Norte. ¿Cree alguien que Londres sería capaz de abandonar sin más a los protestantes ante semejante perspectiva? Pues bien, Moscú tampoco puede permitir que los rusos étnicos (sobre todo en tierras que forman parte de Rusia desde hace siglos) se dejen llevar por el viento de un alto el fuego en el que todo vuelva a ser "como antes" (es decir, cuando las fuerzas ultranacionalistas trataban libremente a la ciudad de Donetsk como un tímido vasallo).  

Para darle a Kissinger su merecido, reconoce la inverosimilitud del alto el fuego al referirse a la posible partición de Ucrania (a través de referendos) convirtiéndose en una necesidad - si su propuesta de alto el fuego resulta imposible. (La UE está muy lejos de pensar así).  

Más bien, la UE se ha atrincherado en una "trinchera Bakhmut" con su "Ucrania debe ganar", y "debemos apoyar a Ucrania durante el tiempo que haga falta". La UE actúa como si creyera tener el control; es decir, que la UE decidirá si "conceder un alto el fuego" a Rusia... o no. 

Lo más probable es que la UE sea un espectador que observa los acontecimientos desde fuera. No se sentará a la mesa. 

Y puede que nunca haya un "alto el fuego" formal. A los diplomáticos les gusta demasiado decir que los conflictos nunca se resuelven por medios militares, pero eso es totalmente falso. A menudo es necesaria una demostración de fuerza militar, precisamente para catalizar y provocar un cambio tectónico. 

O, sencillamente, el resultado puede surgir de "dentro afuera", es decir, de un reajuste de liderazgo de abajo arriba, o de fuera adentro, que se produzca dentro de Kiev o en el ejército ucraniano, al margen de cualquier implicación directa de la UE o EEUU. Esta posibilidad no debe pasarse por alto.  

Las consecuencias para estas elevadas pretensiones de la UE de intervenir en los acontecimientos de Ucrania no son triviales, sino de orden estratégico. La más inmediata es que el apoyo fanático de la UE a Kiev ha alejado cada vez más a la Ucrania étnicamente "antirrusa" de cualquier posibilidad de servir como Estado neutral o tampón. 

'Pari passu' para cualquier papel de la UE. Ha quemado cualquier puente como mediador. ¿Por qué iban a confiar los ucranianos étnicamente rusos en la UE (cuando el Kremlin no lo hace)?  

La exacerbación -por parte de los "activistas" ucranianos, dentro de la clase dirigente de la UE y al más alto nivel de Bruselas- de sentimientos tóxicos antirrusos ha abierto inevitablemente una amarga brecha en Ucrania. Sin embargo, no se limita únicamente a Ucrania: Está fracturando Europa y creando una línea de fractura estratégica entre la UE y el resto del mundo. 

El presidente Macron dijo esta semana que ve "resentimiento" en los ojos del presidente Putin. "Una especie de resentimiento" dirigido contra el mundo occidental, incluidas la UE y EEUU, y que está alimentado por "la sensación de que nuestra perspectiva era destruir a Rusia". 

Y tiene razón. Sin embargo, el resentimiento no se limita a los rusos que han llegado a despreciar a Europa, sino que en todo el mundo bulle el resentimiento por todas las vidas destruidas que ha dejado a su paso el proyecto hegemónico occidental. Incluso un embajador francés de alto rango describe ahora el orden basado en normas como un injusto "orden occidental" basado en la "hegemonía". 

La entrevista de Angela Merkel a la revista Zeit confirma al resto del mundo que la autonomía estratégica de la UE siempre fue una mentira. Admite que su defensa del alto el fuego de Minsk de 2014 fue un engaño. Fue un intento de dar tiempo a Kiev para reforzar su ejército, y tuvo éxito en ese sentido, dijo Merkel.  "[Ucrania] utilizó este tiempo para fortalecerse [militarmente], como se puede ver hoy. La Ucrania de 2014/15 no es la Ucrania de hoy".  

La UE se postula como un actor estratégico; una potencia política por derecho propio; un coloso del mercado; un monopsonio con poder para imponer su voluntad a quien comercie con ella. En pocas palabras: la UE insiste (y cree) que posee una agenda política significativa. Pero no tiene poder político ni militar per se (es vasalla de EEUU). Más bien, su influencia se deriva de su amplitud económica, que ha desperdiciado haciéndose daño a sí misma. 

Al Mayadeen