domingo, 10 de mayo de 2015

La Europa alemana .


Germanwings
La Europa alemana nos lleva contra las rocas

La Vanguardia


Hace unos días, Eric Bonse, uno de los raros corresponsales alemanes en Bruselas con un punto de vista crítico e independiente, explicó cómo Alemania ha copado los puestos claves en las estructuras e instituciones de la Unión Europea, en un artículo publicado por la revista Blätter für deutsche und internationale Politik (https://www.blaetter.de/archiv/jahrgaenge/2015/maerz/europa-tickt-deutsch) cuyo contenido resumo a continuación.
El lector comprenderá que la tópica alternativa de una Europa alemana versus una Alemania europea que aún manejan algunos despistados, ha perdido todo sentido en beneficio de la primera realidad. Para ello ni siquiera es necesario observar cómo el kapo del lager europeo está pateando a una Grecia postrada y digna, ayudado por sus miserables vasallos españoles a los que, esperamos, les queden pocos meses en el poder, siempre y cuando la aplastante mayoría social de ibéricos estafados supere la prueba de dignidad que las próximas elecciones suponen.
El dominio alemán de Europa comienza en los despachos de las autoridades de Bruselas en los que se prepara la legislación europea, explica Bonse. En casi todos los despachos de los 27 comisarios, los alemanes tienen las riendas. Frente a los 31 “consejeros” alemanes del equipo del Presidente de la Comisión Europea, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, solo hay 21 franceses, 18 británicos y 8 luxemburgueses. Antes los alemanes eran los terceros en esa liga, hoy marcan el tono, explica el periodista.
La presencia alemana es impresionante en la jefatura. Alrededor de Juncker hay tres comisarios de estricta disciplina germana; el alemán Günther Oettinger, comisario de economía digital, la checa Vera Jourova (Justicia) y el croata Neven Mimica (Consumo). Otros cinco comisarios tienen vicejefes alemanes, entre ellos el francés Pierre Moscovici (asuntos económicos, monetarios, fiscales y aduaneros) y la italiana Federica Mogherini (exteriores y seguridad). No es que todos estos consejeros y jefes alemanes sean meros “abanderados” y ejecutores de Alemania, eso sería demasiado simplista explica Bonse, “pero entre sus tareas se encuentra la de tirar la cuerda hacia Berlín para minimizar posibles conflictos con los principales países miembros de la UE”.
Lo mismo ocurre con las otras dos grandes instituciones de la UE, el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo, integrado por los 28 jefes de Estado o de Gobierno de los países miembros, el Presidente de la Comisión Europea y el presidente del Consejo Europeo.
En el Parlamento Europeo, los alemanes copan los principales puestos; Martin Schulz (SPD) es su Presidente, Klaus Welle (CDU) es el secretario general y Manfred Weber (CSU) dirige el mayor y principal grupo parlamentario (popular). Las comisiones parlamentarias más decisivas tienen una gran presencia de alemanes: cinco sobre 20 están dirigidas por ellos. Ningún otro país tiene tantos jefes de comisión. El segundo grupo parlamentario de la cámara (socialdemócrata) está oficialmente dirigido por un italiano, Gianni Pitella, pero en la práctica es Martin Schulz quien se inmiscuye, una y otra vez, en esa función. El resultado es un control sobre la labor legislativa del parlamento calcado de la “gran coalición” de Berlín, donde socialdemócratas y democristianos gobiernan juntos. Tanto Schulz como Juncker se desmarcan de vez en cuando verbalmente de Merkel, explica Bonse, pero en realidad realizan una importante “función bisagra”, limando asperezas y sirviendo en última instancia a la agenda alemana.
En el Consejo de Ministros y el Consejo Europeo, el espacio de las “cumbres europeas”, no funciona la “gran coalición” ni hay un dominio alemán, sino que rigen otras reglas no escritas cuyo resultado es que, “todos esperan a ver lo que dicen los alemanes”, según la descripción que el periodista pone en boca de quienes participan en las sesiones. Sin Merkel o contra Merkel no funciona nada y el Presidente del Consejo Europeo lo sabe bien. El sucesor del irrelevante Herman Van Rompuy es el polaco Donald Tusk. En asuntos exteriores y de seguridad Tusk es, naturalmente, aún más antiruso que Merkel, pero con esa salvedad la sintonía entre ellos es buena. De hecho Tusk, un germanófilo que habla mucho mejor alemán que inglés, fue el candidato de Merkel a ese puesto.
Las cosas no son muy diferentes en otras instituciones como el Banco Europeo de Inversiones (EIB), órgano financiero comunitario de la Unión Europea, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), el organismo intergubernamental creado para velar por la estabilidad financiera de la zona euro, o la nueva Unión Bancaria. Todas esas instituciones fundamentales para gobernar la crisis financiera están dirigidas por alemanes. En el EIB el político liberal alemán Werner Hoyer, “se encarga de que los programas de inversión planeados por Juncker se apliquen de acuerdo con los deseos alemanes”, explica Bonse, mientras que en el MEDE Klaus Regling vela por la disciplina con un ojo bien puesto en Grecia. Respecto a la dirección de la Unión Bancaria, está en manos de Elke König, ex presidenta de la inspección financiera alemana (BaFin).
La única institución en la que Berlín no se ha impuesto del todo es el Banco Central Europeo (diseñado según un patrón alemán). Allí un ex consejero de Merkel y actual Presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, está en minoría, lo que explica que haya sido precisamente el BCE el protagonista de las pocas medidas paliativas de sentido común hasta ahora aplicadas, siempre contra la voluntad (o con el murmullo en contra) de Alemania.
Berlín puso su impronta en el Tratado de Lisboa -pasándose por la entrepierna los resultados de los referéndums en Francia y Holanda contra la Constitución Europea en 2005-, estableció en 2007 un sistema de voto en el que Alemania es la nación que más pesa, acabando con la anterior paridad que había con Francia y Reino Unido, ha trazado las líneas maestras de la política anticrisis y ha frenado los planes inversores de Juncker.
“La Europa alemana no necesita ningún gobierno para imponerse”. “Europa no solo habla alemán, como dijo el secretario general de la CDU, Volker Kauder, en 2011, sino que piensa y actúa según modelos y reglas alemanas”, concluye Bonse.
Hace dos años, desde Berlín, afirmamos en un libro conjunto con Àngel Ferrero y Carmela Negrete, que el dominio de esta Quinta Alemania(http://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/la-quinta-alemania-71626) está llamado a fracasar porque promueve la gran desigualdad, social y entre países, lo que tarde o temprano generará reacciones sociales y nacionales. Estamos en ello. La Unión Europea ya es un cadáver moral por haber puesto el pago de las deudas de la cleptocracia por delante del interés y el derecho ciudadano, y si su obvia desintegración práctica aún no es manifiestamente perceptible, es porque se trata de un proceso relativamente lento.
El escenario de esta Europa pilotada por Germanwings es de colisión. Alguien debe entrar en la cabina y darle una colleja a Merkel, antes de que nos estrelle contra las rocas, emulando por otros medios las grandezas y hazañas históricas de otros grandes dirigentes de su nación. El 9 de mayo, con una crisis bélica en Ucrania que es resultado de la estupidez europea acumulada durante decenios (el gran secreto que los think tanksdel establishment se empeñan en disimular) y con una crisis económica que es la traca final del neoliberalismo, representa una magnífica ocasión para recordarlo. Volamos contra los Alpes.

Fuente original: http://blogs.lavanguardia.com/paris-poch/?p=95

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