lunes, 12 de noviembre de 2018

La guerra fría : De Stalin a Putin .

Contrahistoria de la Guerra Fría

La Grand Soir

Traducido del francés para Rebelión por Caty R.

De Ucrania al asunto Skripal, de Siria al Russiagate, la actualidad ofrece una ración diaria de lo que bien podríamos denominar «la nueva guerra fría». Como en los buenos viejos tiempos, el mundo se divide en buenos y malos y sufrimos una avalancha impresionante de propaganda. Esto no es nuevo. Para acreditar una amenaza soviética suspendida como la espada de Damocles sobre las democracias occidentales, se propagó en repetidas ocasiones, hasta los años 80, que el arsenal militar de la URSS era claramente superior al de Estados Unidos. Pero era totalmente falso. «Durante todo ese período, señala Noam Chomsky, se desplegaron grandes esfuerzos para presentar a la Unión soviética más fuerte de lo que era realmente y dispuesta a aplastarlo todo. El documento más importante de la Guerra Fría, el NSC-68 de abril de 1950, intentaba disimular la debilidad soviética que el análisis relevaba, con el fin de dar la imagen deseada del Estado esclavista que perseguía implacablemente el control absoluto de todo el mundo» (Año 501. la conquista continúa). Esta amenaza sistemática era claramente una ficción. El arsenal soviético siempre fue inferior al de sus adversarios. Los dirigentes de la URSS nunca tuvieron la intención de invadir Europa Occidental y todavía menos de «conquistar el mundo». De hecho la carrera armamentista –y especialmente del armamento nuclear- es una iniciativa típicamente occidental, una especie de aplicación del dogma liberal de la competencia económica al asunto militar. Es por eso que esta competición mortífera –en la que rozamos el Apocalipsis atómico al menos una vez en octubre de 1962- fue la cantinela mantenida por Washington desde el día siguiente de la victoria aliada sobre Alemania y Japón.

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