domingo, 12 de octubre de 2014

El gobierno del PP a la deriva en un régimen en crisis.


 
 
                       
 


Reino de España: el callejón sin salida del “arriolismo”
G. Buster · · · · ·

12/10/14





Poco podían sospechar Mariano Rajoy y la dirección del Partido Popular lo que se les venía encima cuando se reunieron en Sigüenza.

Aunque corren diferentes versiones (1 y 2) del seminario de estrategia con el que la dirección del Partido Popular suele comenzar el curso, celebrado este año en Sigüenza el primer fin de semana de septiembre, todas destilan una cierta melancolía. Un estado de animo que no permite "encontrar gusto ni diversión en nada" y que según Aznar, él no padecía.  Pero no es para menos, teniendo en cuenta que, desde las elecciones europeas de mayo, la crisis del régimen de la segunda restauración borbónica es tan evidente que ha obligado una precipitada sucesión en la Corona, una refundación lampedusiana del PSOE, la actuación del Tribunal Constitucional para suspender cautelarmente una consulta no vinculante en Cataluña e incluso, que ya es decir, a una crisis/rebelión de gobierno al sacrificar al pragmatismo electoral la contrarreforma tridentina de la ley del aborto de Gallardón.

Y todavía no habían llegado el Ébola, las "tarjetas negras" de Caja Madrid y el cierre del proyecto de depósito de gas Castor, con su mil millonaria compensación a la constructora de Florentino Pérez.

El nuevo escenario del partido de las clases dominantes, según Arriola, el subcontratista del diseño estratégico del PP, era una potencial minoría mayoritaria del 35%, dando por consolidado un suelo electoral del 30% y la recuperación de aquí a las elecciones generales de noviembre de 2015 de 5 puntos de un electorado conservador que sumó el 44,9% en las de 2011. Siempre y cuando haya una diferencia de otros 5 puntos con el PSOE y que este siga siendo el principal partido de la oposición. Como un eterno retorno nietzschiano, el mapa político retrotraería a los comienzos del régimen de 1978, cuando la UCD gobernó con 168 escaños y alianzas puntuales a su derecha y su izquierda…hasta que estalló, dando paso a la actual alternancia en crisis entre el PP y el PSOE, con apoyos puntuales de CiU.

La diferencia, sin embargo, es que entonces todos los partidos actuaban en el marco del pacto constitucional pactado. Actualmente, las derechas e izquierdas nacionalistas, IU y Podemos lo cuestionan moderada o frontalmente y el PSOE propone una "tercera vía" que, a pesar de sus limitaciones, la secretaria general del PP, Cospedal, ha definido como "no una reforma, sino un cambio de constitución". Y además, la falta de una mayoría potencial de 2/3 bloquearía cualquier posible reforma, convirtiendo la agonía del régimen en una larga melancolía.

En estas circunstancias, la pregunta que se hacían algunos portavoces mediáticos de la derecha, como Pedro J. Ramírez o J A Zarzalejos, es si Mariano Rajoy es el dirigente que se requiere, capaz de situarse por encima de intereses concretos de las distintas fracciones de las clases dominantes, de las distintas capillas ideológicas y religiosas de la derecha española, y mantener el timón en aguas turbulentas.

Y en eso llegaron el Ébola, las "tarjetas negras" de Caja Madrid y Castor, el proyecto estrella de la ingeniería española, aumentaba el déficit el sólo en 1.350 millones de euros. Mientras que la prensa más reaccionaria de Madrid se empeña en convencer a sus lectores que el movimiento por el "derecho a decidir" catalán se ahoga en sus contradicciones, Enric Juliana, corresponsal de La Vanguardia, el principal periódico de Barcelona, huele a motín en Madrid.

El viaje a China

Cuando finalmente Rajoy consiguió emprender su aplazado viaje a China, era evidente que las cosas se estaban torciendo, una detrás de otra. La condición impuesta por Beijing para aceptar la visita era el cierre de la causa abierta en la Audiencia Nacional contra numerosos dirigentes chinos por crímenes contra la humanidad cometidos en Tibet. La reforma de la legislación sobre la justicia universal solventó el asunto. Rajoy excluía a los dirigentes chinos del mismo "imperio de la ley" que quería aplicar sin vacilaciones al Parlament de Catalunya por la ley de consultas no vinculantes que había aprobado. Con el movimiento democrático de Hong Kong ocupando las principales arterias de la antigua colonia británica para exigir sufragio universal y elecciones libres, tuvo que esquivar cualquier comparación con el movimiento por el derecho a decidir catalán. Para el presidente del partido de Barcena ha debido de ser de gran interés escuchar las explicaciones de Xi Jiping sobre la campaña anti-corrupción en curso en China.

Los resultados económicos de la visita, con un desfase de uno a cuatro a favor de China en la balanza comercial, se limitaban a anunciar inversiones millonarias en un nuevo complejo de casinos en Madrid, en el que millonario chino Wang Jianlin sustituía al norteamericano-israelí Sheldon Adelson en "Eurovegas".  Sin embargo, del objetivo táctico más importante del viaje, el apoyo de China a la candidatura española al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, no se supo nada.

Ruiz-Gallardón y González-Echenique

Lo que desde luego no estaba en el programa -ya tensionado por el juego institucional de la convocatoria de la consulta catalana y su prevista prohibición cautelar por el Gobierno Rajoy tras el dictamen del tribunal Constitucional-, era la dimisión del ministro de justicia Alberto Ruiz-Gallardón.  La inesperada dimisión tuvo lugar pocas horas después de que Rajoy anunciase la retirada definitiva del borrador del proyecto de contrarreforma de la ley sobre el aborto y hubiese iniciado su visita a China. Con Rajoy en vuelo a Beijing, y el rey Felipe VI en Nueva York asistiendo a la asamblea general de Naciones Unidas, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría tuvo que acumular cargos y gestiones en una situación sin precedentes.

La fronda de la derecha nacional-católica del PP, incluidas las acusaciones del arzobispo de Alcalá de que el partido había sido "infectado por el lobby homosexual", pusieron de manifiesto lo arriesgado del cálculo electoral de Rajoy y Arriola, a la búsqueda de un centro-derecha erosionado por la crisis económica, incapaz de aguantar la polarización ideológica conservadora del electorado.

Con motivo de la salida de Ruiz-Gallardón del Ministerio de Justicia, hubo alguna salida más de papeles, como las recomendaciones de la secretaria general del mismo de que se reformase el proyecto de real decreto por el que se hacían cargo del Registro Central los despachos de los registradores de la propiedad, cuerpo del estado al que pertenece Rajoy, mediante un programa informático adaptado y gestionado por contrato directo a la empresa Futuver. Inútil decir que las preguntas parlamentarias formuladas sobre este tema por el diputado de IU Gaspar Llamazares se han quedado sin respuesta.

Tres días mas tarde, con Rajoy aun en China, se producía la segunda dimisión significativa, la del presidente de RTVE, Leopoldo González-Echenique, incapaz de mantener la viabilidad de las cadenas públicas de radiotelevisión con el nuevo recorte presupuestario de Montoro, a pesar de las reducciones de plantilla, de salarios en el nuevo convenio y de producción propia. Ricardo Sixto, representante de IU en la comisión de control de RTVE, denunció el "lamentable camino" hacia el modelo del Canal Nou valenciano o de Telemadrid. Acertó plenamente, porque el nuevo presidente de RTVE sería José Antonio Sánchez, director en funciones de la desmantelada Telemadrid y que aparece en dos ocasiones en los "papeles de Barcenas" por trabajos para el PP. Una nueva contribución a la credibilidad del programa de "regeneración democrática" enarbolado por el PP.

Los presupuestos de la "recuperación"

Si, de acuerdo a las diferentes versiones de la reunión de Sigüenza, la recuperación electoral del PP se confía a que se aprecien los "brotes verdes" de la recuperación económica, las noticias no pueden ser más lúgubres. A poco más de un año de acabar la legislatura, los principales objetivos económicos de la misma –los que obligaron a Rajoy a "abandonar" su programa electoral- siguen sin cumplirse: la deuda pública ha aumentado hasta el 99,7% y su sostenibilidad depende por completo de la política de liquidez del BCE; el paro, a pesar de la caída de la población activa, sigue por encima del 25%, con una reducción anual, en el mejor de los casos, de un 1%; la deuda externa es la segunda mayor de la OCDE y ha llegado al 103% del PIB.

No es que los presupuestos del 2014 tuvieran la menor credibilidad. Ha hecho falta recalcular el PIB e incluir los tráficos ilegales y la prostitución para situar su crecimiento en 2014 en el 0,7%, frente a las previsiones del 1,2% del gobierno. Pero en un contexto de fuerte desaceleración y perspectivas de una tercera recesión desde 2008 en Europa, las posibilidades de un crecimiento de la economía española en 2015 del 2% -inestabilidades políticas a las que echar la culpa, aparte– ha obligado al ministro de economía Guindos, autoproclamado candidato a la presidencia del Eurogrupo, a declarar que "nuestros datos muestran una recuperación acelerada en la que ya se incluye el empeoramiento del contexto internacional".

Esa esperanza se proyecta en unas cifras que equilibran exportaciones e importaciones en un 5% respectivo del PIB y confían a la demanda interna gran parte del crecimiento, "gracias a la corrección de los desequilibrios internos", a pesar de una tasa de paro del 23%, una caída de los salarios del 5% en el último año y la congelación de los sueldos del sector público por quinto año consecutivo.

El hecho es que el gasto social cae del 60% al 52% y las transferencias a las Comunidades Autónomas en un -13,6%, lo que debería sugerir un poco de prudencia, si no fuera por la mayoría parlamentaria asegurada que aprobará los presupuestos y el carácter claramente electoral de la explicación de los mismos. A pesar de que es muy difícil que convenza a alguien que no esté ya convencido.

Un gobierno a la deriva en un régimen en crisis

La revelación de la corrupción generalizada en el consejo de Caja Madrid -piedra angular de las fusiones bancarias que llevaron a la bancarrota de Bankia y al agujero negro de la crisis financiera que ha costado al presupuesto al menos 40.000 millones de euros- mediante la utilización de las tarjetas de crédito "negras", ha desbordado la capacidad de resignación no ya de las decenas de miles de "preferentistas" esquilmados, si no del conjunto de los ciudadanos. La confirmación de sus peores sospechas de que una buena parte de la izquierda política y sindical madrileña estaban involucradas en ese mundo de "ladrillo, tuneladoras y opera" del boom especulativo que el PP presidió en la Comunidad y la ciudad, ha quebrado los últimos vestigios de legitimidad que quedaban en la capital del Reino.

Cualquier intento de Rajoy y de la mayoría que aun le apoya en su partido de culpar al PP de Madrid, presidido por Esperanza Aguirre, sigue siendo por el momento impotente. No manda en Madrid. Y su modelo de salida de la crisis es repetir una vez más el mismo ciclo de especulación inmobiliaria, sustituyendo el "Eurovegas" de Adelson por la "Eurochina" de Wang. Es demasiado tarde.

La gestión de la crisis del Ébola en Madrid, lo ha puesto de manifiesto. Las consecuencias del desmantelamiento de la sanidad pública madrileña, a pesar de la resistencia de la "marea blanca", no han podido ser mas evidentes en el Hospital Carlos III y en las improvisaciones y errores en el tratamiento de los dos misioneros repatriados, que ha terminado con el contagio de la enfermera Teresa Romero y el aislamiento de otras 16 personas. Los intentos de culpabilizar a los profesionales sanitarios, que se ofrecieron voluntarios para tratar a los dos misioneros, por parte del consejero de sanidad de Madrid Javier Rodríguez, y la completa incompetencia de la ministra de sanidad Ana Mato, han terminado con la creación de un comité de crisis presidido por Soraya Sáenz de Santamaría, cuya única misión es gestionar la crisis de imagen del propio PP.

Encerrado en el Palacio de la Moncloa, Mariano Rajoy se ha convertido en un personaje del Decamerón. Rodeado por la peste, se acerca a la entrada del Hospital Carlos III para alentar a los posibles infectados de la epidemia, y a todos los que temen contagiarse, dejándoles en manos de un comité de crisis, mientras él se retira de nuevo a su palacio florentino a planear como sobrevive al final de la legislatura. Tienen que ser muy buenos sus cuentos, y no es precisamente Boccaccio, para que alguien se los crea.

Más allá de cualquier estrategia, las últimas encuestas son reveladoras de hasta que punto la crisis del régimen de la segunda restauración borbónica lo contagia todo. Según la encuesta de Metroscopia, realizada justo antes de la crisis del ébola y las tarjetas de crédito "negras", el apoyo entre los ciudadanos (censo) del PP se desploma del 31,6% de las elecciones generales, al 15,9% actual, con una importante desmovilización de su electorado, frente a una izquierda, dividida, que supera con mucho a la derecha. La proyección de voto a partir de esta encuesta sitúa al PP en un 26,9%, casi 9 puntos por debajo del escenario de Arriola en Sigüenza.

En las próximas semanas, el gobierno del PP se lo juega todo a intentar canalizar el descontento y la indignación general en un enfrentamiento nacionalista con el movimiento por el derecho a decidir catalán. Si fracasa, bien porque no consiga movilizar a su favor ese descontento o porque se vea desbordado en Cataluña, la crisis de gobierno, tantas veces pospuesta, se hará inevitable antes de las elecciones municipales y autonómicas. Su resultado, de confirmarse las tendencias de las encuestas, podría poner en cuestión el propio liderazgo de Rajoy antes de las elecciones generales de noviembre de 2015.

Sin embargo, la principal baza de la derecha sigue siendo la división y la falta de una alternativa clara en la izquierda, a pesar del ascenso espectacular, pero aun limitado, de Podemos. La movilización de la izquierda social, paralela pero autónoma de la movilización electoral de la izquierda política, es la condición para reabrir un debate táctico y estratégico sobre la necesidad de un frente de izquierdas, que articule la unidad popular necesaria para derrotar a la derecha. La diferencia entre la "vieja" y la "nueva" política es la conciencia de una ventana de oportunidad que permite superar la gestión resistencial de la derrota de los últimos veinte años gracias a un proyecto unitario, pero plural, de mayoría de izquierdas que sustituya la crisis del régimen del 78 por procesos constituyentes. Esa es, en definitiva, la clave de todo.

Gustavo Buster es miembro del comité de redacción de Sinpermiso







www.sinpermiso.info, 12 de octubre de 2014





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