martes, 25 de agosto de 2020

El Estado y la plurinacionalidad en España

 

'Un haz de naciones. El Estado y la plurinacionalidad en España (1830-2017)' de Xavier Domènech

 

 Xavier Domènech: “El ‘procés’ y la España vaciada son expresiones de un Estado que no reconoce la plurinacionalidad”

 

El historiador advierte que “sólo desde la asunción de la plurinacionalidad se pueden construir gobiernos estables” en la izquierda española ante el panorama actual

 

El historiador advierte que “sólo desde la asunción de la plurinacionalidad se pueden construir gobiernos estables” en la izquierda española ante el panorama actual

 

 

IÑAKI PARDO TORREGROSA,  

Xavier Domènech (Sabadell, 1974) dejó la política institucional y sus cargos en Podemos Catalunya y Catalunya en Comú en septiembre de 2018 después de tres años intensos y convulsos en los que fue diputado del Congreso –su espacio fue la fuerza más votada en las elecciones generales de 2015 y 2016– y del Parlament de Catalunya, donde entró después del octubre catalán y de la aplicación del 155.

 

Decidió volver a la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), al departamento de Historia Moderna y Contemporánea, y hace poco puso en marcha junto a otros exdirigentes políticos de la izquierda catalana el think tank Sobiranies. Durante 2019 disfrutó escribiendo lo que él considera un libro con “voluntad analítica”, el ensayo Un haz de naciones. El Estado y la plurinacionalidad en España (1830-2017) (Península), que se acaba de publicar. El título se debe a una frase de un artículo sobre la centralización del Diario de Barcelona de 1854 de Joan Baptista Guardiola:

 

“Que la raza española no es una sola; que el idioma en España no es uno solo; que el clima no es uno solo; y que la historia no es una sola: esto es, que en España los elementos constitutivos de su personalidad nacional no son uniformes sino variados, y que no hay en ella, por tanto, un solo pueblo, una sola nacionalidad, sino varios pueblos, varias nacionalidades: que España no es, en el riguroso y buen sentido de la palabra, una sola nación, sino un haz de naciones”.

 

¿Sigue vivo el procés?

 

Tal y como lo hemos conocido ya no existe. Siguen los problemas que lo originaron y los que se generaron durante el mismo. También los anhelos y sus consecuencias. Todo eso sigue vivo y una parte importante de la población de Catalunya sigue queriendo la independencia. Además, están los presos. Pero el procés que conocimos ya no está.

 

¿Por qué?

 

Hay un ejemplo muy evidente. Durante el procés siempre se miraba al futuro, se marcaba un horizonte con aquello que tenía que venir. A veces se planificaba a 18 meses vista, había hojas de ruta pautadas... y ahora hace mucho tiempo que no se mira al futuro, incluso se mira al pasado y se debate sobre lo que pasó en octubre de 2017 y lo que debería haber pasado. Pero eso no quiere decir que hayan desaparecido los problemas.

 

¿Dónde sitúa el origen del conflicto?

 

Hay dos vectores de análisis. Uno empezó hace unas décadas y es la crisis de las soberanías. Es la gran cuestión de esta época y toma diversas formas. En algunos lugares toma la forma de cuestiones o encajes nacionales irresueltos o de reconocimientos nacionales no realizados. Se ha visto en Catalunya, Escocia o Canadá. Pero eso es una crisis de los procesos de globalización y de las transformaciones del estado contemporáneo. Ese es un vector que nos afecta como catalanes, pero no es nuestro y, como decía, tiene diversas expresiones en diferentes lugares. Es un vector de época. Pero todo esto no pasa en medio de la nada, pasa en medio de una historia con unas raíces profundas. Uno puede ver el momento clave en la sentencia del Tribunal Constitucional de 2010 sobre el Estatut y otro puede ver el origen en 1714, cuando España deja de ser un país compuesto.

 

El ‘procés’ tal y como lo hemos conocido ya no existe”

 

En el libro toma otro punto de partida.

 

Yo me sitúo en la configuración del Estado liberal español, a mediados del siglo XIX. Se conforma un Estado enormemente centralista en uno de los países con mayor pluralidad protonacional de Europa. En el último tercio del siglo XIX, a medida que se configura el Estado-nación español centralista, monárquico y sin reconocimiento de los derechos de los ciudadanos, emergen proyectos políticos nacionales alternativos. Aparecen el catalanismo, el nacionalismo vasco, el galleguismo o el andalucismo y se genera una dinámica plurinacional en el Estado español. El libro recorre diferentes etapas, también analiza estas problemáticas en la Segunda República o en la transición.

 

¿Cuál cree que es el momento más decisivo para el procés que hemos conocido nosotros?

 

Cada momento tiene sus características. En la Primera República, en 1874, se da el momento iniciático. Intento explicar que es el gran momento de posibilidad de una reconfiguración de las bases del Estado español a partir de la idea de soberanías compartidas, un reconocimiento de las soberanías territoriales y una ampliación de la democracia muy potente en términos políticos y sociales. El fracaso de esa experiencia explica en gran parte la emergencia de los proyectos nacionales alternativos en el Estado. Hay otro momento en la Segunda República que es muy importante porque gran parte de las características de lo que vivimos hoy están ahí: el nacimiento del primer modelo autonómico en el caso de Catalunya o el nacimiento de los principios básicos de la constitucionalidad como el hecho de que los estatutos sean bloque de constitucionalidad. El otro gran momento evidentemente es en 1978. Se intenta dar una solución de una cierta ambivalencia y ambigüedad a los programas nacionales que acaba siendo lo suficiente ambigua como para permitir lecturas unilaterales desde el centralismo. Y después están las tres grandes crisis territoriales del siglo XXI, el plan Ibarretxe, el procés y el fenómeno de la España vaciada. Son expresiones de una problemática y de una dinámica política de un Estado que no reconoce su propia diversidad plurinacional y territorial. No es solo un problema de lo plurinacional. El tema de la España vaciada va ligado. Teruel Existe no quiere una nación, pero sí reclama que los grandes partidos nacionales españoles representen sus demandas.

 

El fracaso de la Primera República explica en gran parte la emergencia de los proyectos nacionales alternativos en el Estado”

 

¿Será Catalunya independiente? En el libro dice que no lo es, todavía.

 

Digo que no lo es todavía porque el futuro no está escrito. Explico porque no ha pasado, pero no digo que no pase. La dinámica política se ha basado en la cultura de la victoria y la derrota, la victoria de unos y a derrota de otros y no en la mirada al futuro y eso no significa que se haya acabado. En el futuro todas las posibilidades están abiertas. Los partidos de Estado tienen que tener claro que si quieren mantener a Catalunya necesitan nuevos pactos. Se puede explicar políticamente que ha sido todo un soufflé, que ha sido un juego de élites. Evidentemente hay intereses. Todo eso es evidente. Pero intento explicar que no es una cuestión táctica o estrategia política o de mantenimiento de poder, sino que hay un problema de raíz profunda. Y si no capaces de encararlo y solucionarlo no quiere decir que desaparezca. Seguirá existiendo y puede tener expresiones diversas en realidades históricas cambiantes. Es difícil que Catalunya sea independiente en esta época, pero eso no quiere decir que no lo vaya a ser en el futuro. Y quien quiera caminar hacia un nuevo proyecto conjunto debe tomar conciencia de eso, no sólo de cómo se ganan unas elecciones. Conciencia de cómo se puede ganar un proyecto común.

 

El soberanismo catalán y el independentismo deben caminar hacia la construcción de agendas compartidas con otros soberanismos del Estado”

 

¿Qué salida tiene el independentismo ante la negativa del Estado a abordar la autodeterminación?

 

La idea de la posibilidad de desconexión, a mi juicio, ya está agotada después del octubre de 2017. Hay un poder enorme de afirmación, de movilización, de construcción y de dominio de la institucionalidad. Pero hay que seguir el camino que dibujan otros soberanismos del Estado. Hace unos años era impensable el papel que están jugando en la dinámica estatal EH Bildu o el BNG. El soberanismo catalán y el independentismo deben caminar hacia la construcción de agendas compartidas con otros soberanismos del Estado, que probablemente no compartirán toda la agenda, pero una parte importante sí es común. No veo otra salida.

 

En el libro explica que el catalanismo siempre quiso reformar España. ¿Es esa la senda a recorrer?

 

Sí, pero ahora también lo siguen matrices nacionalistas que no estuvieron nunca en ese juego, como es le caso del nacionalismo vasco en su expresión abertzale y en su versión más conservadora. Ambas están jugando ese papel. En 2011 hubo un récord. Nunca había habido tantos diputados en el Congreso que representaban un proyecto nacional alternativo o regionalista. En 2015 y 2016 esa cifra menguó por el resultado de Podemos y sus confluencias, que abrieron un horizonte de esperanza plurinacional, pero en 2019 se ha batido el récord de nuevo. Ahora incluso se defienden provincias como, el caso de Teruel Existe. Es evidente que eso tarde o temprano lleva a una reconstrucción o transformación, sino una nueva formación del pacto territorial. Pero también del pacto político, social y democrático. Uno tiene que decidir si quiere estar o no en ese proceso. Pero estar es estar en el vacío y en la nada. No creo que haya campo fuera de ese proceso para el desarrollo, hay que participar. No se puede pretender solo que el Estado solucione o no una demanda y si no lo hace rechazar al Estado. No te puedes quedar fuera y esperar que el Estado lo solucione. Hay que transformar la realidad y el propio estado. Ese es el gran reto de todos, la transformación del propio Estado.

 

En el libro expone que aunque el pensamiento de José Ortega y Gasset no triunfó durante la Segunda República, sí lo hizo después. ¿El PSOE debe elegir entre lo que proponía Ortega y Gasset o el camino que marcó Manuel Azaña? Pedro Sánchez citó al segundo en su último discurso de investidura.

 

La configuración inicial del Estado en 1978 no es centralista ni regional sino que es un Estado que puede tener autonomías. No se define el modelo territorial, eso llegará poco después con el despliegue de los estatutos. Pero desde 1978 hasta ahora, menos en el momento originario, hay mucha influencia de los hijos de Ortega y Gasset y del pensamiento del filósofo, con su idea de la ‘conllevancia’, de tolerar al otro para no construir a partir del otro y la idea de erigir el Estado central como el gran rector ante la posibilidad de que haya poderes autonómicos. Para mí el camino de Ortega y Gasset ya es un camino agotado para las izquierdas españolas, porque les lleva a no gobernar. Ahora mismo la suma de las fuerzas territoriales hace muy evidente que solo hay dos alternativas en términos de configuración de poder en el Estado. Una es la que pasa por las tres derechas -PP, Ciudadanos y Vox- y la otra pasa por la plurinacionalidad. Solo desde la asunción de la plurinacionalidad se pueden construir gobiernos estables. Si no, se construyen a partir de mayorías y correlaciones de fuerzas que se unen puntualmente por el temor de que gobierne la derecha. Y un gobierno configurado sólo en base a los temores puede tener poco futuro.

 

Solo hay dos alternativas en términos de configuración de poder en el Estado. Una es la que pasa por las tres derechas y la otra pasa por la plurinacionalidad”

 

¿Hemos pasado entonces del bipartidismo de PP y PSOE, que primero fue UCD y PSOE, a la dicotomía entre la mayoría de la moción de censura que echó a Mariano Rajoy y la mayoría de Colón y de los tripartitos de la derecha?

 

Hay una idea alternativa a esos dos caminos. La ensayó el PSOE en la repetición electoral de 2019, cuando buscaba una vía que no le aboque a la asunción de la plurinacionalidad y las transformaciones que eso conlleva. No salió como esperaban, que Ciudadanos creciera. Subió Vox. Ahí está la respuesta a si hay otra alternativa a esa disyuntiva. Al menos ahora no se ve en el horizonte. O se toma como modelo la configuración que se dio en Andalucía o se asumen mayorías alternativas, que si quieren estables tienen que asumir transformaciones a medio plazo mucho más profundas de lo que se está haciendo hasta ahora.

 

¿Cómo se puede concretar hoy el proyecto plurinacional y federal en España?

 

Tiene que haber una aceptación de la plurinacionalidad y eso tiene elementos de federalismo y de confederalismo. Los problemas no se solucionan con una construcción más profunda del Estado de las autonomías, que no es un Estado federal. Se podía pensar cuando nació que era un suelo por el que transitar y no un techo y que España se podía convertir en un Estado federal. De hecho, hubo autores y políticos que defendían que ya era un Estado federal, pero tal y como ha evolucionado no lo es. La única vez que aparece la palabra federación en la Constitución de 1978 es para prohibir de forma específica la posibilidad de que las autonomías se federen. El Estado debe asumir la plurinacionalidad y que no es solo una cuestión cultural sino también de soberanías.

 

¿Y cómo se llega a ese punto?

 

En el libro dibujo varias vías de salida. Hay muchas. Puede haber una implosión del Estado o la independencia de Catalunya en un futuro indeterminado. Puede haber una vía de intentar un reformismo más o menos plural dentro del Estado autonómico, pero lo veo muy complicado. O por otra parte se puede llegar a un nuevo momento constituyente. Aunque a estos momentos constituyentes a veces no se llega por la capacidad de propuesta sino por la incapacidad de propuesta. Lo estamos viviendo ahora con el caso de la monarquía, que tiene que ver con la degradación de un sistema político y con una crisis de legitimidad creciente. Si no construyes una propuesta alternativa a eso puede acabar implosionando el sistema.

 

Si quieren estables las mayorías alternativas a la derecha tienen que asumir transformaciones a medio plazo mucho más profundas de lo que se está haciendo hasta ahora”

 

Asegura que el PSOE no es un partido federalista y que nunca lo ha sido a pesar de algunos de sus posicionamientos.

 

Cada uno puede ser lo que quiera independientemente de lo que digan los demás, pero durante sus gobiernos desde 1978 asta ahora no ha habido ninguna evolución federal del Estado. Si ellos dicen que lo son, yo no entraré a discutirlo. Pero para mí su matriz no lo es en la medida que la mayoría de las izquierdas se conformaron a partir de una matriz federal, mientras que el PSOE lo hizo a finales del siglo XIX desde una matriz diferente. Surgen de la versión más mecanicista del socialismo de la Segunda Internacional. No vienen de las raíces propias de España. Para simplificarlo, se da una paradoja. El PSOE es un partido socialista y obrero y hasta los años 80 del siglo XX, con el PSC, no consigue una base sólida en Catalunya. El espacio del Estado con más proletariado es donde menos presencia hay del PSOE durante el siglo XX. Eso seguramente tiene que ver con el hecho de tener una lectura más importada que propia. Y el PSOE sí ha tenido pensadores y figuras federalistas, pero su matriz no lo es. Creo que la Declaración de Granada de 2013 se explica por la relación del PSOE con el PSC, creo que viene más de la dialéctica del PSOE con su partido catalán, que sí necesita eso. De hecho, creo que esa declaración se hace en gran parte a cambio de que el PSC deje de defender el referéndum y el derecho a decidir de Catalunya. Ese es el compromiso, pero el PSOE no aplica luego la declaración. No ha habido ningún paso efectivo más allá de ese texto.

 

Hace poco vimos como Pablo Iglesias e Irene Montero usaban como foto de portada en sus redes la imagen de una escultura en homenaje a la Primera República de una plaza de Barcelona, que además también incluye un homenaje a Francesc Pi i Margall, uno de sus presidentes e intelectual federalista. ¿Sigue vigente su proyecto?

 

El republicanismo federal de mediados del siglo XIX era de raíz igualitaria, igualitarista y muy catalana. Ese movimiento se enfrentó a las grandes problemáticas de fondo. El libro empieza con un capítulo que se llama “El viaje de Lluís Companys”. Su declaración de 1934 se ha leído muchas veces como una declaración de independencia de Catalunya, pero no lo fue. Proclamó “el estado catalán dentro de la república federal española”, que es exactamente la fórmula de la Primera República. Companys señaló de forma clara que había un problema de origen que requería un cambio radical de la propia concepción del Estado. El libro se fija más en la configuración del Estado español como problema marco. Si no se soluciona eso, difícilmente solucionaremos otros problemas. Es un gran símbolo que hayan puesto esa foto. Cuando el republicanismo federal se agota en el siglo XIX sus hijos e hijas caminan por muchos espacios, como el anarcosindicalismo. Hay una gran herencia del republicanismo federal. De hecho, el mapa del republicanismo federal es el de la CNT posterior, prácticamente, en el arco mediterráneo. Pero también hay una parte que desemboca en el catalanismo, en el andalucismo o en el galleguismo… Probablemente a partir de todos esos sujetos políticos, nacionales y sociales se puede encontrar la solución volviendo al problema matriz que expresaba de forma muy clara el proyecto de Pi i Margall.

 

El republicanismo federal de mediados del siglo XIX era de raíz igualitaria y muy catalana. Ese movimiento se enfrentó a las grandes problemáticas de fondo”

 

¿Por qué cree que sólo se acepta la cesión de la soberanía si es hacia arriba y no hacia abajo.

 

En algunos discursos de Pedro Sánchez que ataca al independentismo se ve. Después de la sentencia del Tribunal Supremo contra los líderes del independentismo el presidente del Gobierno dijo que era un movimiento que estaba fuera de época porque estábamos en la época de las no fronteras y de las soberanías compartidas. Es muy sorprendente escuchar a dirigentes políticos hablar de soberanías compartidas si hablan del marco europeo y en cambio cuando hablan del marco estatal se refieren a la soberanía como indivisible, absoluta e inalienable, algo prácticamente monárquico. Hay una dificultad enorme de aceptar la posibilidad de soberanías compartidas a nivel de Estado. Hacia arriba se ve muy claro que la construcción de un pacto se tiene que hacer a partir de compartir soberanías y hacia abajo no se acepta esa lógica. Cuanto más se habla de construir un proyecto de soberanías compartidas a nivel europeo más insostenible es seguir pensando que hay un solo demos existente en España.

 

 https://www.lavanguardia.com/politica/20200825/482911468868/xavier-domenech-proces-estado-plurinacionalidad.html


 Y Ver  .. Xavier Domènech: ''El coronavirus ha puesto de manifiesto que el sistema autonómico es fallido"

 https://cadenaser.com/ser/2020/08/18/cultura/1597750245_092410.html


 Nota del blog ..No   es solo el que habla del estado autonómico fallido por el coronavirus sino que la polémica esta en toda la prensa (1) Pero como bien dice ..en esta entrevista en la  SER...

" El estado autonómico está fallido, con los recortes draconianos de 2008, que afectaban directamente a las competencias de las comunidades. Es un estado que no ha renovado la financiación autonómica desde 2014, aunque por ley debía hacerlo. El coronavirus ha puesto en evidencia que el modelo está en crisis desde hace mucho tiempo."

(1) https://www.eldiario.es/contracorriente/tarde-jugando-fuego_132_6178247.html

 Y como dice un comentario 41 Adiro.."De esta pandemia tendremos que extraer importantes conclusiones, pero sin duda la primera de ellas debe ser que un Estado serio y fuerte debe mantener ciertos servicios esenciales de Protección Civil garantizados para momentos de emergencia nacional y crisis profunda. El Ministerio de Sanidad debe recuperar su papel como controlador, gestor y coordinador de unos recursos hospitalarios que han de llegar a todos los ciudadanos por igual. No se trata necesariamente de centralizar, sino de coordinar recursos humanos y materiales, de implantar protocolos de actuación de obligado cumplimiento, de redistribuir equitativamente los fondos siempre escasos. En definitiva, de organizar con racionalidad un Estado que al parecer no teníamos. Ni siquiera disponíamos de una tarjeta sanitaria común y válida para todos los ciudadanos en todo el territorio nacional, como ocurre en la mayoría de los países del mundo. También en eso somos raros. Es intolerable que mientras en una comunidad autónoma hay camas vacías de sobra en otra esté muriendo gente en los pasillos de los centros sanitarios por falta de asistencia. Como tampoco se puede admitir desde un mínimo sentido común que un presidente de comunidad autónoma, por muy nacionalista de lo suyo que sea, impida el paso de hospitales de campaña del Ejército o de unidades militares de desinfección que solo tratan de salvar vidas humanas. Por no hablar del desastre de las residencias de la tercera edad en la Comunidad de Madrid, donde más de 4.000 personas han perdido la vida en instalaciones privatizadas que ahora sabemos funcionaban en condiciones higiénicas tercermundistas".

 

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