miércoles, 10 de junio de 2020

El Pacto Molotov-Ribbentrop y sus Protocolos secretos


 El Pacto Molotov-Ribbentrop y sus Protocolos secretos

 Harold Bertot Triana 


Fuentes: La Cosa
Como ha expuesto Tony Judt, en su fundamental “Postwar: A History of Europe Since 1945”, entre los motivos de los primeros movimientos de revueltas en la región del Báltico a finales de la década de los 80, estuvieron aquellos que pusieron el foco en el aniversario del Pacto Molotov-Ribbentrop firmado entre Stalin y Hitler en 1939[1], que fue seguido de la anexión de los tres Estados del Báltico.
En 1989 ante el Segundo Congreso de Diputados Popular de la URSS, Alexandr Yákovlev, quien para algunos fue el “ideológo de la perestroika”, presentaría los resultados de una investigación realizada por la “Comisión para la evaluación política y jurídica del Pacto germanosoviético de no agresión de 1939”.
Se ha destacado que conllevó el primer reconocimiento oficial de la existencia de un Protocolo secreto adicional al Pacto. Éste dibujaría el reparto en zonas de influencia el mapa de Europa del Este, en un momento en que la historiografía soviética no había hecho nunca mención del referido protocolo secreto.[2] Sobre la base del Pacto hecho público es que la historiografía soviética defendió su importancia: logró retrasar la agresión, provocó la división en el bloque fascista, entre otras tantas valoraciones.[3]
Sin embargo, es cierto que la historia se torna un campo de batalla que muchas veces contiene la legitimación del presente en esa suerte de corsi et ricorsi entre fuerzas o poderes internacionales en pugna. En tiempos en que el presidente ruso Vladimir Plutin asume reencarnar la imagen de los hombres fuertes que forjaron esa gran nación y la mantuvieron en los tiempos difíciles, con un reposicionamiento de Rusia en los vaines geopolíticos actuales, no resulta ingenuo que la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa en 2006 aprobara una resolución condenando las “crímenes de los regímenes comunistas totalitarios” y en 2009 la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) aprobara en 2009 otra resolución equiparando el régimen nazi con el régimen de Stalin.[4]
En ese marco se creó en 2007 una comisión presidencial en Rusia para contrarrestar lo que entendía como la “falsificación de la historia en detrimento de los intereses de Rusia” y para el monitoreo de las publicaciones históricas de este período.[5] Como nos relata David Wedgwood Benn en su artículo “Russian historians defend the Molotov–Ribbentrop Pact”, aparecen en este contexto dos títulos publicados en Rusia con una defensa del Pacto y que, en verdad, echan por tierra todo el esfuerzo realizado a principios de los 90 de ubicar en su justo lugar el papel de aquel tratado en la historia de la Unión Soviética.[6]
En términos generales, estos caminos enrevesados de las interpretaciones históricas, con mucha utilidad para los tiempos presentes, hace que sea difícil para algunos aceptar -no son muy pocos- que los soviéticos funcionaron en muchos momentos, parafraseando a Raúl Roa, con la “política del disparo en la nuca”.
Existen hechos, muchos ya reconocidos y excusados, como la matanza de Katyn -que la Duma Estatal de Rusia reprobó en 2010 y que están investigados profundamente, entre otros, en el libro de Grover C.Furr, titulado “The Mystery of the Katyn Massacre: The Evidence, the Solution”[7] o en el libro de Anna M. Cienciala y de Wojciech Materski, “Katyn: a crime without punishment”[8], o los pillajes acontecidos con la toma de Berlín por las tropas soviéticas -como ha descrito Anthony Beevor en “Berlín: la caída, 1945”[9]-, o la posible masacre de Memmersdor[10] como se ha dado testimonio en el libro “The War of Our Childhood: Memories of World War II”.
En todo caso, y por otra parte, esa bibliografía en nada puede aminorar, en un balance histórico apegado a los hechos, la enorme contribución soviética en la derrota del nazismo, posiblemente la mayor que se hizo en esos momentos tan cruciales para la historia de la humanidad.
Para el juzgador del relato de los hechos relacionados con el Pacto Molotov-Ribbentrop y con sus protocolos secretos —que nunca es “aséptico”—, se le puede identificar al menos con dos espejuelos históricos: uno que valorará el Pacto desde la ética, desde los visión de los pueblos, desde las consecuencias nefastas para la humanidad y para los movimientos comunistas -tal vez ahí se pueda ubicar parte la opinión de Fidel Castro sobre el Pacto-[11]; y otro que valorará los hechos desde la geopolítica, de la potencia que jugó con las mismas armas y se ubicó en los marcos de un “expansionismo imperialista”, o, parafraseando también a Armando Hart, de una política exterior que minó con conceptos “geopolíticos” el “internacionalismo proletario”.
En todo caso, y en los marcos de esta suerte de realpolitik, cabe preguntarse, no obstante, el por qué de una alianza con los fascistas alemanes y no con aliados en un mundo tan convulso que avanzaba entre posicionamientos estratégicos con el ascenso del nazismo en Europa. ¿Fue realmente posible una alianza con occidente y no con los nazis? ¿Fue en todo caso “necesario” el Pacto dentro de este esquema geopolítico? ¿Pudo en verdad la Unión Soviética sacar alguna ventaja estratégica?
No creo que sobre estos hechos se puedan tener todas las certezas posibles ni que se pueda responder a todas estas preguntas sin que siempre queden lados flacos.
Al menos -y concéntrandonos solamente en esta suerte de realpolitik que se discute, no desde otro punto de vista, de inicio totalmente reprobable-, intentaré una reconstrucción de los hechos que tome en perspectiva las voces de los protagonistas de la época, de los que tomaron las decisiones más importantes en estos complejos escenarios y que engrosan la literatura historiográfica no soviética más seria que se pudiera consultar. Entre ellas, aquellas compuestas por los estadistas y militares más relevantes de la época, de los que por la cercanía con los hechos pudieron tomarle el pulso de los acontecimientos que se sucedían en tiempo real  ..
SIGUE ...



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