jueves, 12 de agosto de 2021

El covid-19 y la democracia occidental

La crisis de la covid expone dolorosamente las tendencias pueriles de la democracia occidental


Fuentes: De Wereld Morgen



La política para la mitigación de la crisis del coronavirus de los gobiernos occidentales es en todo semejante al comportamiento infantil: busca la gratificación instantánea y tiende a quedarse todo para sí mismo. No es una buena señal para abordar el cambio climático o la próxima pandemia.

Es habitual asociar la gratificación instantánea con los niños. Ellos no pueden pensar a largo plazo y todavía no son capaces de controlar sus impulsos. Desconocen lo que significa aplazar algo, quieren tener todo lo antes posible.

Es posible observar esa misma tendencia en el modo en que Occidente está lidiando con la crisis del covid-19. No vemos el momento de poner fin a las medidas sanitarias. Cada cierto tiempo se anuncia el fin de la pandemia y se suavizan las medidas prematuramente, como ocurrió en otoño y posteriormente en Navidad del año pasado, lo que dio lugar a nuevas olas que provocaron decenas de miles de muertes evitables.

Probablemente ello se debe al hecho de que nuestras democracias se basan en el éxito electoral. El horizonte de los políticos es el de las siguientes votaciones y no un objetivo a largo plazo.

En todo caso, ese mismo pensamiento cortoplacista se ha visto reflejado en la falta de prevención en la actual crisis del covid. Desde que se produjeron los brotes de otros dos coronavirus, el SARS en 2002 y el MERS en 2012, los científicos nos han venido advirtiendo sobre la llegada de una nueva pandemia. Para evitarla era necesario la implantación de un paquete de medidas, cuyo coste se estimaba en 20.000 millones de dólares, o lo que es lo mismo, 800 veces menos dinero de lo que nos ha costado la crisis del covid-19 hasta ahora. Eso sin mencionar la tragedia humana que suponen los más 10 millones de muertes adicionales causadas por el covid-19. A pesar de ello, los gobiernos no han hecho nada.

Una segunda tendencia observada en los niños es que quieren todo para ellos. La campaña de vacunación global es otro irónico ejemplo de esto. Hasta ahora, el 84% de las vacunas han sido administradas en los países ricos. Los países de renta baja han tenido que apañarse con el 0,3% de las dosis. Mientras los países ricos tienen un superávit global de 2.500 millones de dosis y están planeando administrar dosis de refuerzo, solo una de cada diez personas estarán vacunadas a finales de 2021 en los 70 países más pobres.

El Acelerador del acceso a las herramientas contra el covid-19 (ACT) es una iniciativa global para distribuir tratamiento y vacunas a los países del Sur. A finales de junio el déficit para sufragar esta campaña se elevaba a 17.000 millones de dólares, lo que equivale al 0,1% de los recursos empleados para combatir la crisis del covid.

El comportamiento acaparador de los países occidentales no solo es pueril sino también miope. El virus no conoce fronteras y es un engaño pensar en lograr la inmunidad de rebaño en una sola nación. En nuestro mundo superconectado, la pandemia no se superará en ninguna parte hasta que se supere en todas partes. Los expertos advierten que estamos solo a unas pocas mutaciones antes de que el virus se haga resistente a las vacunas. Si eso llegara a ocurrir, estaríamos de vuelta en la casilla de salida. Edward Luce, del Financial Times lo explica de esta manera: “La prueba para Occidente es saber si actuará con el conocimiento de que este virus no conoce fronteras”.

Las tendencias pueriles de las democracias occidentales no son un buen presagio para encarar el cambio climático o la próxima pandemia. La iniciativa World Weather Attribution está formada por un grupo de destacados expertos que ha investigado la relación entre las emisiones de gases de efecto invernadero y los fenómenos meteorológicos extremos desde 2015. ¿Sabía usted que esta iniciativa lleva años sin financiación?

¿Cuántos devastadores incendios, inundaciones y sequías tendrán lugar antes de que despertemos y actuemos? Y lo mismo podemos decir respecto a la lucha contra los virus mortales. Ya se han producido más de 10 millones de muertes por el covid-19, pero todavía no hay planes para prevenir nuevas pandemias.

Según parece, nuestras democracias son incapaces de abordar los principales desafíos de este siglo. Nuestro sistema social necesita una exhaustiva reforma. Es hora de ponerse a ello. No nos queda mucho tiempo.

Este artículo está inspirado en Covid has shown up western democracy’s childish tendencies

Fuente: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2021/08/07/de-coronacrisis-heeft-de-kinderlijke-neigingen-van-de-westerse-democratie-pijnlijk-blootgelegd/

Traducido del inglés para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

FUENTE  en castellano .https://rebelion.org/la-crisis-de-la-covid-expone-dolorosamente-las-tendencias-pueriles-de-la-democracia-occidental/

miércoles, 11 de agosto de 2021

El futuro de China

 

 La edad  de China.

La opción de tres hijos por pareja intentará paliar el envejecimiento de la nación más poblada del mundo

Rafael Poch de Feliu

Occidente lleva varias décadas contemplando el pujante ascenso de China pero tiene dificultades para explicarlo y diagnosticarlo. Por ejemplo, ante la pregunta ¿cuál es la diferencia fundamental entre el sistema chino y los sistemas occidentales?, la ortodoxia liberal occidental suele responder hablando de “dictadura”, “derechos humanos” y “democracia”. La verdadera diferencia es la superior capacidad de gobierno. La política demográfica como ejemplo.

En todas partes los gobiernos gobiernan más o menos, en el sentido de que frecuentemente es la inercia, la corriente de las cosas y la fuerza de las circunstancias la que les gobierna a ellos. En China, desde luego, también. Pero menos. Porque el sistema político tiene las riendas de la gobernanza mejor sujetas. El poder político controla los nombramientos de los principales banqueros del país y los multimillonarios están sometidos sea cual sea su fortuna. El país está plenamente inserto en la globalización pero la propiedad extranjera de los principales bancos comerciales tiene un tope establecido, pese a las décadas de presiones occidentales para que se liberalice todo el sector.

No es una cuestión de “partido comunista”, “Estado autoritario” y demás, sino que es algo que viene de mucho más lejos: de la tradición de gobierno china en la que el estado regula el mercado y no al revés, como sucede actualmente en Occidente hasta el punto de que la canciller Merkel admite abiertamente propugnar una “democracia acorde con el mercado” (Marktkonforme Demokratie).

Planificación, anticipación

Aquí son los banqueros, y con ellos el casino, quienes gobiernan a los políticos, por decirlo de una manera esquemática, mientras que en la tradición china, mandan los políticos. Era así ya hace muchos siglos antes de que apareciera el Partido Comunista Chino. En las condiciones actuales, eso ofrece mucha mayor capacidad de gobernar. La posibilidad de planificación a veinte o treinta años, algo imposible en Occidente donde los cálculos políticos no suelen superar la perspectiva del quinquenio electoral, es consecuencia directa de dicha capacidad. Todo esto tiene una relación directa con los resultados del último censo de población chino.

Divulgados en mayo, esos resultados han confirmado una población de 1400 millones que ha seguido creciendo pero que está a punto de iniciar la curva del descenso, seguramente antes de diez años. Para entonces China ya no será el país más poblado del mundo, India la superará, y también África en su conjunto tendrá más habitantes que ella, lo que anuncia la multiplicación hacia Europa de la actual presión migratoria. (¿Tiene Europa alguna política de anticipación y capacidad de planificación en general, al respecto?)

Hace años que el gobierno chino tomó medidas para anticiparse a su actual tendencia demográfica que le dejará una estructura poblacional anciana muy parecida a la de Japón o Corea del Sur, con grandes implicaciones económicas y sociales.

Desde inicios del siglo se está poniendo en marcha un sistema de pensiones universal. A principios de año el gobierno confirmó su intención de retrasar algunos meses cada año la edad de jubilación, que desde hace cuarenta años es de 60 años para los hombres y 55 para las mujeres -50 en el caso de las funcionarias. La abandonada y en gran parte mercantilizada sanidad se está transformando en una dirección más social y la exitosa, aunque frecuentemente denostada en Occidente, política del hijo único lleva años modificándose.

Población y desarrollo

Desde tiempos inmemoriales la enorme población china ha sido doblemente clave para explicar tanto su potencia como su vulnerabilidad. En los inicios de la dinastía Ming, hacía 1390 China tenía entre 65 millones y 80 millones de habitantes, más que toda la población europea. En 1790 había sobrepasado los 300 millones, el doble que Europa. La gran población hizo posible los desarrollos que tanto admiraron a los viajeros occidentales a lo largo de los siglos en los que China fue el país más avanzado, pero también agravaban las consecuencias de los periodos de caos (Da luan). Entre 1620 y 1681, China perdió el 30% de su población, unos 50 millones, por causa de guerras, invasiones extranjeras, desastres naturales, bandidismo y epidemias. La abundancia de mano de obra que permitió grandes obras públicas de irrigación, frenó también la mecanización e incluso hizo superflua la tracción animal. En el inicio de la decadencia, el exceso de fuerza de trabajo humana fue un claro freno al desarrollo.

Después de la revolución, los primeros y defectuosos censos de población registraban un gran crecimiento: 582 millones en 1953 y 694 millones en 1964. Había diferencias entre los dirigentes sobre la conveniencia de introducir controles de natalidad (Zhu Enlai lo propugnaba desde 1956 pero su corriente fue purgada por “derechista”). Las nuevas libertades de la mujer, la caída drástica de la mortalidad infantil como consecuencia de mejoras sanitarias y el aumento de la esperanza de vida por una mejor alimentación, así como la prohibición de la prostitución y el cierre de conventos y monasterios, estimularon la demografía superando la catástrofe del Gran salto adelante (la mayor hambruna del siglo XX por la confluencia de desastres naturales y decisiones políticas), que dejó unos 20 millones de muertos.

La campaña del hijo único

En los sesenta y principios de los setenta, muchas familias tenían cinco y seis hijos. En 1982 se hizo el primer censo exacto, que arrojó más de 1000 millones de habitantes. Entonces se alcanzó el consenso entre los dirigentes de llevar a cabo un enérgico plan de control de población para evitar que los avances en desarrollo fueran devorados por el incremento demográfico, una trampa clásica en los países en desarrollo. La campaña no fue sencilla. Particularmente en el sur del país, la corrupción lograba que los pudientes torearan la ley que, por supuesto, incluyó coerción. Mucha gente huía cuando los equipos de esterilización llegaban a los pueblos para las llamadas “cuatro operaciones” (colocación del DIU, aborto, ligadura de trompas y vasectomía) y muchos funcionarios responsables del control tuvieron que trabajar con escolta armada, pero en su conjunto esa política fue un acierto que ahorró al país 400 millones de nacimientos potenciales que habrían superado la capacidad de abastecimiento del país.

La cancelación del límite de dos hijos, que a su vez fue una enmienda al precepto de un solo hijo, y la posibilidad de que las parejas tengan hasta tres hijos anunciada en mayo, es una anticipación a los problemas futuros de envejecimiento. Sus consecuencias están por ver. La gran urbanización de las últimas décadas ha cambiado profundamente la sociedad china. Los deseos de procrear de las parejas urbanas se someten a nuevos cálculos de costes y presupuestos domésticos. Así, una encuesta divulgada en junio por la agencia Xinhua reveló que el 90% de los jóvenes chinos consultados no consideran tener tres hijos. Demasiado costoso.

Mucha gente, poca tierra”

Superando los 1400 millones de habitantes, China está hoy muy cerca del tope de los 1600 millones más allá del cual el país carece de recursos alimentarios para abastecer a su población, según la estimación de la Academia de Ciencias. Todas las virtudes del sistema chino, que también tiene defectos sobrados, no impiden que en el ámbito de los recursos China esté llamada a enfrentarse a dilemas existenciales con una crudeza y gravedad desconocida en otras latitudes. La crítica relación entre su enorme población y la poca tierra cultivable que dispone es uno de ellos.

Conocido por la fórmula “mucha gente, poca tierra” (ren duo – tian shao), ese problema se resume en el hecho de que con solo el 6% de la tierra cultivable del mundo, China da de comer al 22% de la población mundial. Eso significa una ridícula proporción de tierra cultivable per cápita (0,093 hectáreas- media hectárea por explotación), es decir, menos del 40% de la media mundial, diez veces menos que la media rusa, ocho veces menos que la de Estados Unidos y la mitad que en India. Unido a la particular geografía china Este/Oeste (en el Este se encuentra la China relativamente llana, densamente poblada y Han, en el Oeste hay una China montañosa, desértica, pastoril, étnicamente más mestiza y diversa) y al desigual reparto de recursos hídricos (Norte/Sur), todo ello redunda en un delicado equilibrio.

Giro estratégico

Más allá de ese problema de seguridad alimentaria que el último plan quinquenal (2021-2025) ha colocado en el centro de las preocupaciones, el rápido envejecimiento que está por venir deja a China sin más alternativa aparente que la automatización doméstica a la japonesa y la deslocalización del trabajo intensivo en mano de obra hacia latitudes con poblaciones en edad laboral en dinámico crecimiento, como puede ser África.

La inversión china en África no es solo una estrategia nacional. También es un regalo a la Unión Europea a la que puede ahorrar muchos problemas de emigración en el futuro pese a lo cual esa intervención es vista con recelo en Bruselas, lo que nos lleva, de nuevo, al problema de los defectos e incapacidades de anticipación de la política occidental. China está invirtiendo fuertemente en robótica, medicina, biología sintética, células nanobóticas y otras tecnologías que pueden mejorar y extender la vida productiva de las personas mayores. Pero toda esta adecuación se inscribe dentro de un cambio fundamental y superior en la estrategia china de desarrollo para tiempos convulsos.

Los dirigentes chinos han comprendido que el propósito de Estados Unidos es aislar a su país para impedir su pujante ascenso, cuya siguiente fase apunta a un proceso no militarizado de integración mundial expresado en la llamada Nueva Ruta de la Seda. Para ello Estados Unidos utiliza una combinación de cercos y tensiones militares, campañas propagandísticas, sanciones y bloqueo de acceso a altas tecnologías. La línea emprendida desde 1980, de crecimiento intensivo en capital, exportación barata e importación masiva de tecnología, se ha agotado para China. La llamada estrategia de “doble circulación” anunciada el año pasado por el Presidente Xi Jinping, no rechaza la cooperación económica con el mundo exterior pero pone en primer plano la producción y el consumo interno.

Como dice Aleksandr Lománov, del Instituto de relaciones internacionales de Moscú (Imemo-Ran), “la política de apertura se combinará con la creación de industrias y tecnologías necesarias para proteger la soberanía económica”. No es un regreso a la era del aislamiento y la autosuficiencia de los años 1960 y 1970, pero es algo diferente de las aperturas que desembocaron en la “fábrica del mundo”.

Una nación prudente por lo anciana

China ya es anciana por la estructura de su pirámide demográfica: para el 2050, el 30% o 35% de su población tendrá más de sesenta años. Una estructura poblacional con pocos jóvenes es lo que los sociólogos consideran poco proclive a la violencia y la aventura. Pero China es también una anciana por su “edad histórica”, es decir como heredera de una tradición política continua de dos mil años y de una civilización de cuatro mil, lo que traducido es como si en nuestros días existiera el Imperio romano o como si el Egipto faraónico hubiera mantenido su identidad cultural. Esa capacidad de sobrevivir merece la pena de ser explorada sin prejuicios y con la mente abierta, precisamente ahora cuando la humanidad se enfrenta a amenazas existenciales creadas por ella misma, como el calentamiento antropogénico, la proliferación de recursos de destrucción masiva o las enormes desigualdades sociales y regionales.

El resurgir de China como potencia global no es un ascenso, sino un regreso: China ya fue en el pasado primera potencia. El dominio económico, político, militar y cultural de Occidente lleva durando solo unos doscientos años. Hasta hace unos doscientos años y a lo largo de dos mil, China era la civilización más potente y adelantada. Ser poderoso por primera vez no es lo mismo que volver a serlo. Lo primero suele llevar consigo la impulsiva euforia exploradora del pionero y un espíritu de juvenil revancha. Lo segundo incluye las enseñanzas de los fracasos, miserias, derrotas y humillaciones de la decadencia que en el pasado ya la descabalgaron una vez del primer puesto. El ascenso abre puertas a la vehemencia y la arrogancia. El regreso sugiere sensatez y consideraciones derivadas de la experiencia como la de evitar errores conocidos.

Al lado de la violenta e impetuosa juventud de Occidente, y en particular de la adolescencia norteamericana, la senectud asiática podría presentar ciertas ventajas de cara a una gobernanza global viable, es decir no militarizada e integradora.

(Publicado en Sapiens)

martes, 10 de agosto de 2021

Las eléctricas .- Capitalismo oligopólico y economía de mercado.

 

  Capitalismo regulado: de eléctricas y otros abusones

Albert Recio Andreu

I

El capitalismo no se puede confundir como una mera economía de mercados. Los mercados no existen sin instituciones que garanticen su funcionamiento. Tampoco sin un entorno natural y social que les dote de los materiales, la energía y las personas que constituyen la base de todos los procesos productivos. Es más, el funcionamiento real de las economías capitalistas no se puede confundir con un mero trasiego de compra y venta de mercancías. Las empresas capitalistas son organizaciones más o menos complejas, según su tamaño, organizadas verticalmente y con jerarquías. Su actividad se desarrolla a partir de un cierto nivel de planificación (que, como toda planificación, está expuesta a resultar errónea y experimentar complicaciones). Y, en su vida cotidiana, son frecuentes las luchas de poder, tanto en la estructura interna como en sus relaciones con otras empresas y el poder político. Las economías capitalistas reales no son el mundo del capitalismo competitivo que describen los manuales básicos de economía, sino uno en el que predominan grandes corporaciones, con una enorme capacidad para influir sobre reguladores, competidores y sociedad, con bastante capacidad para desarrollar estrategias complejas, y donde las luchas de poder y la intervención sobre la esfera pública forman parte de su día a día. Gran parte de la economía académica se ha dedicado a generar un relato falso sobre la naturaleza del capitalismo. Y la izquierda que confunde capitalismo con mercados ha caído en su falacia. 

La tendencia al oligopolio y al monopolio es innata a la dinámica de las empresas capitalistas. El crecimiento empresarial es tanto una muestra de su éxito como un mecanismo defensivo frente a la competencia. Existen muchas ventajas en crecer: desde la reducción de costes asociada a las economías de escala y de alcance, hasta la mayor facilidad para acceder a financiación y los mayores recursos para influir sobre el entorno político y social. Como ocurrió en la pasada crisis financiera, algunos bancos eran tan grandes que fueron salvados con dinero público para evitar que su caída tuviera un efecto arrastre al conjunto de la economía. Por otra parte, la actividad de las empresas genera impactos diversos sobre la naturaleza y la sociedad que en muchos casos pueden tener efectos muy negativos. Esto se debe a que una organización pensada para obtener beneficios monetarios tenderá a ignorar los efectos que provoca. De ello se deriva toda la problemática de los costes sociales (o las externalidades, en el lenguaje económico convencional) con sus múltiples vertientes: laborales, ecológicas, sanitarias, etc. Las regulaciones y las instituciones nacen precisamente de la necesidad de todo este complejo de rivalidades, estructuras de poder y efectos colaterales de la actividad empresarial. En muchos casos, la regulación de la actividad empresarial aparece como respuesta a las reacciones sociales que provocan los desmanes empresariales. En otros, simplemente para establecer reglas de juego que protejan a los propios capitalistas y ordenen lo que en otro caso sería un mundo económico caótico. 

Las leyes y regulaciones cumplen por tanto diferentes objetivos: garantizan los derechos de la propiedad capitalista, regulan el funcionamiento de los mercados, introducen límites a los derechos del capital, regulan las condiciones de la competencia capitalista, etc. Se trata, por tanto, de un campo propicio al conflicto y la acción política, puesto que la concreción de las regulaciones aumenta o limita los derechos de las empresas y los individuos. Una queja habitual del mundo empresarial es el exceso de regulaciones que coarta su libertad de acción, pero esta es una queja interesada, orientada a imponer el tipo de regulaciones más adecuada a sus intereses. 

Al inicio de la contrarreforma neoliberal, ésta se presentó como una demanda desreguladora, antiburocrática. Lo que en realidad introducían las reformas neoliberales era un cambio en la regulación más favorable a los intereses empresariales. Entre otras cosas, una de las innovaciones del período fue la creación de organismos reguladores de los mercados independientes del poder político, que son fácilmente cooptables por los sectores que en teoría deben controlar: muchos de sus miembros proceden de las propias empresas, y la filosofía económica que los domina es proclive a defender la primacía de los intereses del capital frente al resto de la sociedad. Hay que considerar también el papel que juegan los grandes despachos jurídicos en la elaboración de normas, en sus recursos ante los tribunales, en su papel de mediación en defensa de los intereses capitalistas. Así, por ejemplo, la presidenta de la Comisión Nacional de la Competencia proviene del despacho de abogados Cuatrecasas, lo que no es en absoluto baladí: está regulando a sus antiguos clientes. El conflicto real no es más o menos regulación, sino cuál es la regulación adecuada. 

La mayor parte de los conflictos de los últimos meses se centran básicamente en un conflicto regulatorio que vale la pena analizar. 

II

El precio de la luz puede resultar más dañino para el apoyo electoral al Gobierno que la aprobación de los indultos. En un mundo altamente electrificado, el impacto de la tarifa eléctrica ―sobre todo en los niveles de renta más bajos― es muy importante. El precio final al que se paga el recibo eléctrico es la suma de una enorme variedad de partidas que hacen difícil entender su lógica. Básicamente, se divide entre el precio de la electricidad que pagan las distribuidoras a los productores y unos costes regulatorios que incluyen costes fijos como el transporte por la red eléctrica, además de impuestos como el IVA. Este sistema es el resultado de toda la construcción de un modelo de regulación que en teoría se presentó como la creación de un mercado competitivo que conseguiría abaratar el precio del suministro. 

El sistema eléctrico español siempre ha sido oligopólico. Durante muchos años, de hecho, fue un monopolio puro y duro, pues las empresas se repartían el mercado nacional, establecían condiciones únicas de precios y suministro y actuaban coordinadas a través de la patronal UNESA. Hasta principios de los 80s estaba controlado básicamente por empresas privadas con fuertes vínculos con la banca. Entonces se produjo un cataclismo a causa de las inversiones nucleares y el encarecimiento del crédito internacional. Unas cuantas compañías estaban en situación de quiebra. Para salvar a la banca, el Estado salió al rescate comprando FECSA y Sevillana de Electricidad a través de Endesa. Después vinieron las privatizaciones de Endesa (actualmente controlada por la italiana Enel) y parte de la red de gas, que pasó a manos de Gas Natural. El proceso culminó con la fusión de Gas Natural y Unión Fenosa, dejando un mercado con tres grandes actores: Iberdrola, Endesa y Naturgy. Desde los tiempos de UNESA, el sector siempre ha tenido una enorme influencia sobre los ministerios encargados del tema energético y sobre los mecanismos reguladores. Es sobradamente conocido su peso en la Comisión de Seguridad Nuclear y el sistema de puertas giratorias colocando en sus consejos de Administración a políticos retirados (ver info infra). 

 

Altos cargos que relacionados con las grandes eléctricas 

Ex presidentes gobierno

José Maria Aznar (PP) – Consejero de actividad internacional Iberdrola

Felipe González (PSOE) – Consejero de Gas Natural (Naturgy)

Ex ministros

Ángel Acebes (PP) – Consejero Iberdrola

Fátima Báñez (PP) – Consejera Iberdrola

Juan Carlos Croissier (PSOE) – ex Director General Endesa

Luis de Guindos (PP) – Consejero de Endesa

Isabel García Tejerina (PP) – Consejera Neoenergia (filial brasileña de Iberdrola)

Cristina Garmendia (PSOE) – Consejera Naturgy

Rodolfo Martin Villa (PP) – Ex Presidente Endesa 1997-2002

Elena Salgado (PSOE) – Consejera Endesa

Narcís Serra (PSOE) – Ex consejero Endesa

Pedro Solbes (PSOE) – Consejero Enel (empresa italiana propietaria de Endesa) 

Ex altos cargos

Carlos Aguirre Calzada (ex jefe gabinete Secretaría Estado de Energía) – Director de ONIE (la empresa que organiza el mercado eléctrico)

Nemesio Fernández Cuesta (ex Secretario Estado Energía) – Consejero Gas Natural (Energy) 

Otros políticos

Manuel Marín, ex Presidente Congreso (PSOE) – Presidente Fundación Iberdrola

Miguel Roca Junyent, ex diputado (CiU) – Consejero Endesa 

Familiares directos

Ignacio López del Hierro (marido de Dolores de Cospedal) – Consejero Iberdrola 

 

Esta lista sólo incluye las relaciones con las tres grandes eléctricas. No se ha tenido en cuenta los numerosos políticos en los consejos de administración de Red Eléctrica y Enagás, dos empresas en las que el estado aún tiene participación, ni en otras energéticas como Repsol o Cepsa. 

El establecimiento de un mercado competitivo en estas condiciones suena a entelequia. Se hizo forzando a subdividir cada grupo en dos unidades en teoría independientes: la de producción y la de distribución, En teoría, son independientes, pero realmente obedecen a una misma dirección y nadie ha explicado cómo es posible que con esta situación donde los que compran y los que venden son el mismo, y el precio final se transmite al cliente final sin ningún poder efectivo, no haya espacio para manipulaciones de todo tipo.

Especialmente cuando, además, se estableció que el precio se fijaría por el coste marginal del último kilovatio comprado en el mercado, Esto funciona más o menos de la siguiente manera: imaginemos que la demanda final para el día cualquiera es de 680 GWh. Las empresas productoras ofrecen electricidad en función de su capacidad y sus costes. Pongamos que el precio del KWh es de 0,020€ para las hidroeléctricas, 0,025€ para las nucleares, 0,055€ para las eólicas, 0,065€ para las centrales solares, 0,100€ para las de ciclo combinado y 0,119€ para las de gas natural. Si toda la demanda de 680 GWh se abasteciera con lo que aportan las hidráulicas, nucleares y eólicas el coste final a pagar sería de 0,055 €/KWh, las hidráulicas tendrían un beneficio extraordinario de 0,035 € por KWh y las nucleares de 0,030€ por KWh. Pero si la última central que se pone en el mercado es de gas, el precio se dispara y el resto de centrales obtendrá un beneficio súper extraordinario. En teoría, el juego es limpio; a la demanda total se llega por el consumo de empresas y privados, y la oferta es el resultado de la estructura de centrales que tenemos en el país. Pero, en la práctica, es más fácil de manipular. Por ejemplo, una de las empresas productoras decide parar alguna central nuclear alegando algún pequeño problema o dejar inoperativa alguna planta eólica o solar alegando una climatología adversa, y consigue colocar los últimos MWh con alguna planta de gas y obtener un jugoso beneficio para el conjunto de sus instalaciones. Todo el sistema es desaforado, está diseñado para garantizar una alta rentabilidad de instalaciones antiguas altamente amortizadas (por eso las grandes empresas siguen peleando por prolongar la vida a las nucleares a costa de aumentar los residuos y el peligro de accidentes). Y, además, carece de un eficiente sistema de control para evitar las manipulaciones de un sector que ―a pesar de la liberalización, la entrada de nuevas distribuidoras y las productoras de energías renovable― sigue funcionando como un opaco mercado oligopólico. La enorme especulación, protagonizada por grandes grupos financieros y que existe en torno a las nuevas plantas eólicas y solares, debería constituir otro punto de alerta sobre el funcionamiento de un sector esencial y su relación con la especulación financiera. 

La forma como opera el mercado es sólo una de las muchas particularidades del sistema de fijación de las tarifas eléctricas. En todo el sistema de peajes y cargas regulatorias se pueden detectar otras muchas arbitrariedades y mecanismos de retribución al sector privado. Lo muestra el anuncio del gobierno de reducir la compensación al COa las centrales hidráulicas y nucleares, lo que supone una reducción de 600 millones de euros. Lo que la prensa económica afín a las eléctricas no ha dudado en calificar de “hachazo”. O todo el viejo problema del déficit tarifario. Y lo muestra también la morosidad y resistencia de la CNC (Comisión Nacional de Competencia) a investigar a fondo los posibles tejemanejes de las empresas. En el otro lado están los elevados dividendos y altas retribuciones a las cúpulas del sector. Así como la insuficiente inversión que se manifiesta periódicamente en forma de cortes y apagones que padecen muchas zonas del país. Ganar mucho no garantiza ni inversiones ni buen servicio (por ejemplo, Endesa ha dedicado la casi totalidad de beneficios a reparto de dividendos). Si un sector requiere una transformación a fondo de sus estructuras, regulaciones y controles, es el de las eléctricas. Llamar simplemente a la nacionalización puede resultar inútil cuando la única posibilidad real de hacerlo es mediante un costoso sistema expropiatorio que está fuera de las posibilidades presupuestarias. Reconstruir un sistema público a partir del control de las hidroeléctricas va a ser un proceso lento. Y, mientras tanto, hará falta una mejora sustancial de las políticas regulatorias que rompa el poder oligopólico actual y dé posibilidades al desarrollo de un sistema eléctrico democratizado. 

Combatir el oligopolio eléctrico no debe hacernos olvidar que subyace una cuestión de fondo que habitualmente se solapa en el debate energético. El desarrollo de los dos últimos siglos se ha fundamentado sobre un consumo energético desaforado, que es el causante de una parte del espectacular aumento de la productividad. La crisis energética y el cambio climático apuntan a que la continuidad de esta trayectoria no es ni posible ni deseable. Y que vamos a estar frente a una necesaria reorganización de la producción y el consumo donde la reducción del consumo energético juega un papel crucial. Un proceso de enormes dificultades vista la adicción de las sociedades desarrolladas al despilfarro energético. Una transición aceptable debe garantizar niveles esenciales de suministro a todo el mundo y reducir el resto. Requiere de propuestas en múltiples direcciones, pero es posible que también en este campo una buena política tarifaria constituya un instrumento básico. Y eso no pasa precisamente por electricidad barata para todo. 

III

Los problemas sociales generados por regulaciones favorables a los grandes grupos empresariales, o simplemente a los de los propietarios, están en casi todos los campos de la actividad económica. Y se encuentran presentes en los debates más relevantes de los últimos meses. 

Es el caso de las patentes y los contratos públicos con las empresas farmacéuticas, puesto de nuevo en evidencia en el caso de la vacuna contra el covid-19. Un ejemplo claro de enormes beneficios obtenidos sobre las espaldas de un enorme gasto público en inversión básica y una colosal cooperación científica internacional. Unas empresas que van a obtener enormes ganancias con las vacunas y que, en cambio, llevan tiempo desinvirtiendo en la investigación de antibióticos a pesar de las numerosas voces que alertan de que existen serias amenazas sanitarias en este campo. Las patentes siempre se justifican como un mecanismo para alentar la innovación, pero a la vista está que gran parte de la misma la realizan instituciones (e investigadores) públicos. Ante la evidencia de los enormes beneficios del “Big Pharma”, nadie parece interesado en averiguar cuál es el grado de incentivo necesario para que la cosa funcione bien sin excesos. No deja de ser curioso que la respuesta de las empresas a la propuesta de abrir las patentes de la vacuna haya sido utilizar uno de las clásicas retóricas de la reacción analizadas por Albert Hirschman: «No va a servir puesto que además de las patentes hace falta tener la tecnología y los conocimientos para producir las vacunas». Una media mentira (la industria farmacéutica india lleva muchos años produciendo fármacos sofisticados) que se coloca como cortafuegos para parar en seco cualquier avance desprivatizador. La reciente aprobación, sin estudios concluyentes, de un producto contra el Alzheimer por parte de la FDA estadounidense indica la capacidad de las grandes empresas del sector por influir sobre sus presuntos reguladores. 

El urbanismo y la vivienda son otro espacio donde las regulaciones juegan un papel crucial a la hora determinar poder de mercado. De hecho, una gran parte de la política urbanística se basa en diferente valor al suelo en función de la calificación urbanística. Aunque aquí no se agota su influencia. Por poner dos ejemplos que afectan a la vida urbana en los grandes centros turísticos: la posibilidad, o las condiciones, de convertir viviendas en apartamentos turísticos tiene una influencia importante a la hora de definir el precio de las viviendas; el derecho ―y las condiciones― a colocar terrazas a restaurantes y bares en la calzada pública influye no sólo en la ocupación del espacio público, sino también en el precio de los alquileres de estos establecimientos. Y este es un tema menor respecto a otros como los derechos de propietarios e inquilinos, las condiciones de desahucio, el control de alquileres… Es el núcleo de uno de los conflictos y de los dramas urbanos más sangrante, en el que los intentos de regular en beneficio de la comunidad suelen estar contestados por empresarios y economistas, con una retórica de que estas medidas «serán contraproducentes» y «se reducirá la oferta de vivienda y se agravarán los problemas». 

IV

La importancia de las regulaciones contradice la pretensión de empresarios y economistas de presentar el mercado real como un mecanismo neutro, apolítico. Los esquemas institucionales cuentan, y años de hegemonía capitalista los ha hecho complejos, densos, resistentes. Ante esto no podemos enfrentarnos con propuestas simplistas. Propugnar sin más cosas como la nacionalización de empresas o la fijación de precios de algún bien básico puede tener sentido en algunos casos, pero obliga a conocer el marco institucional en el que va a tener lugar esta iniciativa y los posibles efectos que generará. En el contexto actual, donde las perspectivas de cambios radicales están fuera de la realidad posible a corto plazo, es necesario desarrollar y dirigir parte de la acción política a generar cambios regulatorios (incluyendo en ellos transformaciones en las instituciones que los sustentan) en muchos campos esenciales. Cambios que deben estar planteados mediante estrategias que contemplen la complejidad de la mayoría de procesos productivos. Más allá de que puedan obtenerse resultados que mejoren aspectos sustanciales de la vida social, esta lucha puede servir también para afinar ideas y conocimiento para construir una alternativa real a la organización capitalista de la economía.


 Y ver...









domingo, 8 de agosto de 2021

Historia de las revueltas panafricanas, de CLR James .

 

Reseña de Historia de las revueltas panafricanas, de CLR James (Katakrak)

La resistencia de una raza oprimida

Fuentes: Rebelión

Historiador, activista y defensor de un marxismo que conjugaba revolución con democracia e internacionalismo, el antillano (de Trinidad) CLR James (1901-1989) nos dejó algunos textos imprescindibles para comprender las luchas sociales de nuestra era.

Entre ellos, deben destacarse La revolución mundial, 1917–1936: El auge y caída de la Internacional comunista, de 1937, donde analiza los hechos desde una perspectiva trotskista; Los jacobinos negros: Toussaint L’Ouverture y la revolución de Santo Domingo, de 1938, y el libro que reseñamos: Historia de las revueltas panafricanas, también de 1938.

Aparte de en su tierra natal, James vivió principalmente en Inglaterra y los Estados Unidos, y en todas partes desarrolló una intensa militancia política. Tras el trotskismo de sus comienzos, en los años 40 evolucionó hacia un rechazo del partido como vanguardia revolucionaria y un énfasis en los movimientos de liberación de los grupos oprimidos, aunque nunca dejó de considerarse leninista. Fue un adalid del panafricanismo, a cuyo bagaje teórico contribuyó con Nkrumah y la revolución de Ghana, publicado en 1977.

James demostró también extraordinarias dotes para la literatura. El callejón de la menta (Minty Alley), de 1936, es una novela sobre los humildes trabajadores de su tierra natal, y en 1934 y 1967 dio a las tablas sendas piezas sobre la Revolución haitiana. En 1953, mientras esperaba en la isla de Ellis para ser deportado, escribió un ensayo sobre Herman Melville y su Moby Dick, obra en la que veía un símbolo del anticomunismo que azotaba por entonces los Estados Unidos. Fue además autor de relatos cortos, y un apasionado del cricket, deporte que celebró en un texto autobiográfico: Más allá de un límite (Beyond a Boundary), que tuvo extraordinario éxito.

Un clásico del pensamiento socialista panafricano

Historia de las revueltas panafricanas vio la luz como decíamos en 1938, pero en 1969 reapareció ampliada y actualizada. Tras la muerte de James, fue reeditada en 1995 con una extensa introducción del historiador americano RDG Kelley, y de nuevo en 2012. La versión castellana que reseñamos (Katakrak, 2021, trad. de Gema Facal Lozano) recoge esta introducción.

En sus palabras liminares, Kelley nos adentra en el espíritu de la obra, adelantado a su tiempo al atacar un colonialismo del que su autor no encuentra formas “amables”, y reivindicar como esencial para la revolución mundial el impulso liberador de la raza negra y el protagonismo de las masas. Repasa Kelley también la biografía de James, con orígenes de clase media y marcado por un temprano amor por la lectura y un viaje en 1932 a Inglaterra que lo lleva al descubrimiento del marxismo, en versión trotskista y aplicado sobre todo a la lucha contra la opresión colonial. En los años 30, tras la triste experiencia de la invasión de Abisinia, el de Trinidad ve claro que sólo los africanos podrán articular su propia emancipación y con esa perspectiva nacen sus dos grandes trabajos de 1938, sobre Haití y las revueltas panafricanas. Firme defensor del potencial revolucionario de su raza, James se entusiasma ante el pujante Black Power de los años 60, y apoya su auto organización y su derecho a tomar sus propias decisiones. También colabora activamente en esta época con los procesos de descolonización en África, aunque lo decepcionan sus magros resultados. Todos estos aspectos están reflejados, como veremos, en el argumentario de Historia de las revueltas panafricanas.

James comienza la obra manifestando su propósito de analizar las revueltas negras a lo largo de los siglos, con lo que las que se dieron en la era de la esclavitud han de ser su primer objetivo. La resistencia de los cimarrones (esclavos fugitivos) fue común desde los inicios de la trata, pero la revuelta del Santo Domingo francés (ahora Haití) en 1791 supuso un hito esencial, por ser la única rebelión de esclavos que ha tenido éxito en toda la historia. A ella se dedica el primer capítulo, en el que a través del desarrollo torrencial y enmarañado de los acontecimientos es posible identificar las causas de este triunfo de los negros en su brava lucha, en la habilidad de líderes como Toussaint L’Ouverture y en el apoyo ocasional de la Francia revolucionaria. En 1804 se alcanza la independencia, que consolida la abolición de la esclavitud, aunque las condiciones de la explotación del trabajo siguen siendo penosas en una nueva era marcada por boicots externos y divisiones internas.

James nos acerca después a las revueltas en las colonias inglesas de Norteamérica. A comienzos del siglo XVIII se registran allí levantamientos constantes que son aplastados con facilidad, y de ellos se aportan ejemplos, así como de los salvajes castigos que se aplicaban contra cualquier desobediencia. Tras los sucesos de Haití, la lucha adquiere horizonte y se intensifica, llegándose ya en el siglo XIX a alianzas entre los negros y los blancos pobres. En esta época, los esclavos conseguían huir a veces a los estados del norte, donde eran libres. La Guerra de Secesión (1861-1865) mejoró la situación algo, pero no se libró por motivos humanitarios, sino para garantizar el dominio del norte capitalista en la expansión del país hacia el oeste. Merece recordarse que tras la derrota de la Confederación y hasta 1880 aproximadamente, en algunos estados del sur se incrementó la participación de los negros en las elecciones, y éstos accedieron, más que en cualquier otro tiempo, a puestos de gobierno, con lo que lograron dar forma a avances sociales, como la educación pública universal o la derogación de leyes con prejuicios raciales.

El siguiente escenario es África. Allí las agresiones esclavistas disminuyen a finales del siglo XIX, pero sólo para dejar paso a la invasión colonial, que impuso en una gran parte del territorio un régimen de terror y explotación. No obstante, se daban diferencias entre las áreas de dominio inglés, con racismo más sistemático, y las de dominio francés, donde éste era más atenuado. James analiza en primer lugar las revueltas en Sierra Leona, Gambia y Nigeria entre 1898 y 1931, en las que se observa un contraste entre la revolución social de los negros de las tribus y la lucha más “huelguística” de los urbanizados, aunque la solidaridad entre todos los “africanos” solía ser la norma. En Malaui, en 1915, y el Congo, en 1921, se produjeron levantamientos de negros cristianizados, con tintes de liberación religiosa. En el Congo también, hubo después revueltas en 1924, 1928 y 1930. En Kenia, en 1921, Harry Thuku lideró una protesta contra la explotación de los negros, que a pesar de ser ahogada prolongó su influencia hasta la independencia. Se estudian, por último, las insurrecciones de tribus de hotentotes en Sudáfrica en 1922, que coexisten con la agitación sindical en el país, muy activa hasta 1926, con dirigentes de talento, como Clements Kadalie.

Marcus Garvey (1887-1940) capitaneó a partir de 1918 en Estados Unidos un movimiento que atacaba la discriminación salvaje que sufrían los negros, sobre todo en el sur, pero se concentró en demandar una solución ciertamente absurda, que consistía nada menos que en el retorno a África de los afroamericanos. El proyecto fracasó a pesar de contar con millones de simpatizantes, pero demuestra, según James, el espíritu de revuelta que anidaba entre las masas negras.

El capítulo final de la versión original del libro (1938) está dedicado a los procesos más recientes. En los tres escenarios seleccionados: Trinidad, Ghana y Zimbabue, se observa cómo la explotación económica impuesta por el régimen colonial ha dado lugar a huelgas masivas que, sin embargo, no aciertan aún a exigir la independencia. La desesperación no se articula, según el autor, en unas demandas revolucionarias coherentes, y corre el peligro de abandonarse a la demagogia de líderes con facundia, pero escaso pensamiento y menos escrúpulos. La concienciación de estas gentes resultaba así la misión esencial.

Un epílogo añadido en la edición de 1969 analiza las novedades en diversos territorios. En Ghana la independencia se materializó en 1957 a través de huelgas, pero en Kenia, donde los blancos se habían apropiado de las mejores tierras, sólo se logró en 1963 tras una sangrienta guerra. Por todos los rincones de África el paisaje es al fin parecido, en cuanto que los gobiernos nacionalistas autóctonos dejan paso rápidamente a dictaduras militares que perpetúan la explotación económica con ropaje neocolonial. En Sudáfrica, los negros resultan imprescindibles para el funcionamiento del país, pero la resistencia a concederles derechos políticos es feroz, y se ha recurrido a su aislamiento en bantustanes. No obstante, la lucha armada sigue, y James profetiza el colapso del régimen de apartheid, “probablemente más temprano que tarde”; al fin hubo que esperar hasta 1992 para verlo. En América se reportan los avances del movimiento de derechos civiles en Estados Unidos, y en el Caribe se resalta la inestabilidad en muchos lugares en situación colonial o neocolonial y el aliento que aportó en 1959 la Revolución cubana.

James concluye su epílogo con una nota de esperanza, señalando lo alcanzado por Julius Nyerere al frente del gobierno de Tanzania y por Kenneth Kaunda en Zambia, con progresos hacia un socialismo cooperativo que hallaba su fundamento, además, en las estructuras tribales de apoyo mutuo tradicionales en África.

Historia de las revueltas panafricanas nos describe con precisión quirúrgica los variados rostros que ha tomado la resistencia de una raza oprimida, y deshace los mitos sobre la pasividad del negro y lo inevitable de su situación postergada. La realidad es que los africanos, conscientes y orgullosos de un pasado con espléndidos logros artísticos y culturales, nunca han aceptado las cadenas y han estado siempre en pugna por materializar su liberación, desde la era del viejo esclavismo hasta la del más sibilino de hoy mismo. James nos demuestra en este libro de forma irrefutable que “el único lugar donde los negros no se rebelaron es en las páginas de los historiadores capitalistas.

Blog del autor: http://www.jesusaller.com/

sábado, 7 de agosto de 2021

Lo que pide el gobierno de Cuba a los americanos .


Lo  que pide el gobierno de Cuba a los americanos

 Como mínimo y al amparo del Derecho Internacional, lo que Cuba tiene la legitimidad de reclamar al gobierno de los Estados Unidos son acciones tan sencillas y nada ambiciosas como las siguientes:

  • a) que ponga fin al bloqueo económico, a la injerencia en los asuntos internos de Cuba, al financiamiento millonario de la subversión política y a la tolerancia que disfrutan grupos terroristas que desde ese país actúan contra Cuba;
  • b) que abandone la persecución de los suministros de combustible a Cuba desde terceros mercados, de las transacciones financieras en terceros países y de las gestiones comerciales de nuestro país en cualquier rincón del planeta;
  • c) que cumpla sus compromisos con los acuerdos migratorios bilaterales, en particular la migración cada año de al menos 20 mil cubanos hacia los Estados Unidos;
  • d) que restablezca los servicios migratorios y consulares de su Embajada en La Habana, de la que dependen ciudadanos que habitan en ambos países;
  • e) que elimine las limitaciones a los viajes y la trasportación aérea entre los dos países;
  • f) que elimine la prohibición a las remesas que envían ciudadanos comunes desde los Estados Unidos a sus familiares y allegados en Cuba;
  • g) que devuelva a Cuba el territorio que desde 1902 ocupa la base naval estadounidense establecida en la provincia de Guantánamo.

 Y más..

Texto publicado en Facebook por la joven cubana Arianna Álvarez Avalo, profesora de clarinete en la Universidad de las Artes

¿Dónde estaban los que unen las palabras “ayuda” y “humanitaria” cuando Estados Unidos prohibió la entrada de un buque proveniente de China con insumos para enfrentar la Covid y ayudar al pueblo cubano? ¿Dónde estaban cuando Trump prohibió la ayuda monetaria a las familias en la isla, cuando recrudeció una política inhumana en medio de una crisis mundial y una enfermedad mortal, cuando prohibió la compra de ventiladores a empresas norteamericanas, cuando dejó barcos de petróleos en el mar? ¿Dónde estaban cuando más el pueblo los necesitó? La principal ayuda humanitaria para todos los cubanos sería la eliminación total del Bloqueo. Si no estás de acuerdo no eres humano, ni quieres ayudar a nadie. Casualmente son los mismos que pusieron el grito en el cielo cuando Cuba ayudó al buque Inglés porque nadie más quiso hacerlo…

Los cubanos somos solidarios de por sí. No necesitamos ningún corredor “humanitario” oportunista con claros fines políticos cuando tenemos miles de hermanos en todas partes siendo ese corredor humanitario sin tanto bombo y platillos por años. Hay organizaciones de solidaridad con Cuba que llevan años enviando donaciones y durante la pandemia no han cesado. Es público los proyectos, organizaciones, ONGs, iglesias y centros que envían ayuda a Cuba. Si quieren ayudar ¿por qué nunca se han puesto en contacto con estas organizaciones y grupos de cubanos? ¿Por qué ahora es que hacen directas y cartelitos haciéndose los héroes mientras han sido cómplices de los abusos más grandes contra el pueblo de Cuba? Desde Italia, Canadá, Islas Canarias, España, Inglaterra, Alemania, Panamá… han enviado insumos y ayuda verdaderamente humanitaria, desde medicamentos, jeringuillas, hasta dinero. Y siguen armando contenedores para enviar, esquivando las miles de trabas que impone el Bloqueo para poder hacer llegar el cargamento a puerto cubano. A todos ellos, nuestro más sincero agradecimiento.

Duele mucho cada vida que se pierde, duele mucho la situación de hospitales y centros de aislamiento, duele mucho la escasez pero no somos ni remotamente el peor país de la región. Y aunque la matemática me parece inoportuna cuando se trata de vidas humanas, es hora de mostrar algunos datos para quienes quieren vendernos el caos y el abandono. Estos datos son de ayer pero la situación no ha cambiado mucho, o al menos no para bien.

Miami Dade con solo 2 717 000 de habitantes ha tenido 504 mil casos de Coronavirus y 6472 muertes (1.28% de los casos confirmados).

En la Florida con el doble de habitantes que en Cuba solamente, han tenido 37 895 muertos. ¿Pedimos ayuda humanitaria para la Florida?

Madrid con 6 752 763 de habitantes ha tenido 739 000 casos y 15 469 muertos (2.09% de los casos confirmados).

Río de Janeiro con 6 748 000 de habitantes ha tenido 973 000 casos y 56 321 muertes (5.78% de los casos confirmados). De ayer para hoy casi 200 muertes más.

La Región metropolitana de Chile con 7 112 808 de habitantes ha tenido 661 000 casos y 17 377 muertes (2.62% de los casos confirmados)

Así podría seguir mostrando los datos de ciudades de la región y del Primer mundo donde, con muchos menos habitantes, el manejo de la pandemia ha sido catastrófico y nadie ha pedido la tan ansiada “intervención humanitaria”.

Luego está Cuba quien ha controlado esta pandemia por más de un año sin llegar al colapso de los sistemas de salud y que con 11 333 483 de habitantes ha presentado 218 396 casos y 1431 muertes (0.65% de los casos confirmados).

No tengo mucho más que decir… Cuba no tiene las condiciones necesarias ni está remotamente cerca, según la resolución de la ONU, para pedir o aceptar una intervención humanitaria. No hay un conflicto bélico, ni estamos cerca de la media del mal manejo pandémico en la región. No me voy a prestar para ingenuidades tontas y campañas orquestadas.

Ejemplos de sobra hay de “Ayudas humanitarias” que terminaron en intervenciones militares y derrocamientos de gobiernos con intereses económicos detrás y con miles de muertes de civiles, a pesar de que la ONU estipula que debe existir el respeto a la soberanía. Por solo citar algunos tenemos a Panamá, Yugoslavia, Haití, Irak, Libia, etc. ¿Que quién estuvo detrás, directa o indirectamente, de todas esas “ayudas humanitarias”? Pues los mismos abusadores de siempre que no nos dejan vivir en paz y que ahora dicen “preocuparse” por nuestro bienestar. Cinismo político y oportunismo imperial.

Me niego a ser utilizada. Toda la ayuda es bienvenida y el agradecimiento será eterno. La solidaridad de los grupos que se encuentran en el exterior y que no han parado de buscar las vías para enviarnos insumos son la verdadera ayuda humanitaria, son el único corredor humanitario que ha existido hasta la fecha. Las organizaciones están, las vías están, los mecanismos existen, la intención está. Si quieren ayudar a sus hermanos cubanos háganlo de corazón y desinteresadamente como solo puede ser la verdadera solidaridad. Cuba necesita de todos pero para hacer por ella. Dejen de figurar en redes que aquí hay vidas que salvar.

https://rebelion.org/joven-cubana-no-aguanto-mas-y-exploto-en-facebook/

viernes, 6 de agosto de 2021

Algo huele a podrido y no es Dinamarca

                                                                                       


Juan Carlos I intercedió con el Constitucional para librar a 'Los Albertos' de prisión el año que recibió 100 millones en una cuenta opaca

https://www.publico.es/politica/exclusiva-juan-carlos-i-ayudo-albertos-librarse-prision-ano-recibio-100-millones-dolares-fundacion-lucum-juan-carlos-i-intercedio-tc-librar-albertos-prision-ano-recibio.html

jueves, 5 de agosto de 2021

Y como tirando del hilo se llega al ovillo

                                                                   


Como blanquearon las cuentas suizas del rey emérito


Judit Pellicer .


Las cuentas suizas del rey emérito siguen levantando polvareda y arrastrando a todos aquellos que se encontraban alrededor. La lista de investigados se amplía para acoger a Yves Mirabaud, presidente del banco Mirabaud & Cie, donde se ingresó la  donación de 65 millones de euros provenientes de Arabia Saudí a una cuenta de la que era beneficiario Juan Carlos I. Según informa El País, el fiscal suizo que investiga las cuentas vinculadas al antiguo jefe de Estado español ha puesto a Mirabaud bajo sospecha por incumplir su deber de informar de este ingreso sospechoso en la cuenta del emérito al Money Laundering Reporting Office Switzerland (MROS), el organismo suizo para combatir el blanqueo de capital.

Desde el principio de la investigación el fiscal comunicó a los responsables del banco que Mirabaud & Cie, como entidad jurídica, comparecería en calidad de investigado por un presunto delito agravado de blanqueo de capital. Ahora, la investigación se diversifica sobre los antiguos hombres fuertes del banco que, según sospecha la Fiscalía, podrían haber mirado hacia otro lado ante las operaciones sospechosas del rey emérito.

De testigo a investigado

Mirabaud ha acabado en la lista de investigados después de que la Fiscalía volviese a tomar declaración a los principales actores implicados en el caso. El presidente del banco había prestado declaración sobre el caso, pero ahora pasa a estar bajo la lupa del fiscal suizo. De las declaraciones de Mirabaud se deducía que ni el departamento de cumplimiento de la entidad, que vela por la reputación de la institución, ni el departamento jurídico, conocían que detrás de la cuenta de una sociedad panameña se escondía Juan Carlos I.

Según declaró el mismo Mirabaud ante el fiscal, solo los miembros del Consejo de Asociados de la entidad conocían que el beneficiario final de la cuenta era Juan Carlos I. "La única razón por la cual se decide mantener la confidencialidad en el seno del banco del nombre de aquel beneficiario era la siguiente: se trataba de evitar una dispersión demasiado amplia entre los empleados con la intención de mantener la discreción", aseguró el banquero, según recoge El País.

En otras palabras, había personas de la entidad bancaria que sí que sabían que el rey emérito se encontraba detrás de una cuenta que recibía transacciones sospechosas. Ante eso el fiscal preguntó si alguien del Consejo puso en duda la legalidad de la donación de Arabia Saudí, a lo que Mirabaud se limitó a responder: "No recuerdo que hayamos pedido información a los asesores jurídicos para saber si su condición de rey de España le permitía recibir estos fondos".

La sorprendente "falta de interés" del presidente, quien presidió el comité antiblanqueo del banco entre el 2003 y el 2013, para averiguar la legalidad de la cuenta vinculada a Juan Carlos I sigue la tónica general de la entidad financiera. El fiscal ha podido acreditar que nadie del banco exigió que se declarara a la Hacienda española los 65 millones de euros.

Padre e hijo

La cuenta en disputa en esta investigación pertenecía a la sociedad panameña Lucum. Detrás de la pantalla de esta sociedad el principal beneficiario era Juan Carlos I y el segundo era Felipe VI. Desde la Casa Real se aseguró de que el actual jefe del Estado desconocía su presencia en los estatutos de esta sociedad, según recoge El País( nota del blog https://elpais.com/espana/2021-08-04/la-fiscalia-suiza-imputa-al-presidente-del-banco-mirabaud-donde-se-ingresaron-los-65-millones-del-rey-emerito.html )

https://www.elnacional.cat/es/politica/mas-presion-sobre-juan-carlos-i-imputado-un-banquero-por-los-65-millones-saudies_634574_102.html

Y ver  Alicia en el país de los compi yoguis  https://blogs.publico.es/dominiopublico/39312/compi-yoguis-de-espana-unio

La historia aun es mas larga.

https://www.publico.es/politica/exclusiva-juan-carlos-i-ayudo-albertos-librarse-prision-ano-recibio-100-millones-dolares-fundacion-lucum-juan-carlos-i-intercedio-tc-librar-albertos-prision-ano-recibio.html