miércoles, 9 de marzo de 2016

Los encantadores de serpientes del cortijo nacional.




Josetxo Ezcurra



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Este es un país intervenido en fase  de descomposición no solo política ,   como   en el franquismo tardío que vivimos anteriormente, ya  en aquella época España era el problema y Europa la solución.


Repartiéndose así los papeles el PSOE y CS y  pretenden ofrecerse como promotores de la tan manida “segunda Transición”  o sea, de un nuevo “consenso constitucionalista ", si bien  parecen querer ejercer de Adolfo Suárez, avisando a Rajoy de los riesgos de asumir el papel de Fraga y pidiendo a Pablo Iglesias, como ya ha hecho Albert Rivera, que haga de Santiago Carrillo, o sea, de “hombre de Estado” dispuesto a sacrificar su voluntad rupturista anti austeridad del 2010 y la ruptura social global con la crisis del 2007. 

Sin embargo, ya se sabe que las repeticiones en la historia pueden convertirse en farsas y que ni el escenario de entonces (con un discurso del miedo y del consenso que acabó imponiéndose) es el de ahora  ,ni los actores son los mismos, justamente cuando además nos encontramos dentro de una Europa que, como ya se reconoce desde muy distintos lados, entonces era “la solución” al “problema de España” y ahora se ha convertido también en un gran problema…por eso   ese programa  y   más vuelven a la panacea de una futura reforma constitucional.. pura floritura.de descomposición recurriendo a un zombismo, como darle una pintada de cal a una pared vieja.

 ver ..http://www.vientosur.info/spip.php?article11047
Pero , ¿qué programa tiene el PP de reformas?. Si no es ni liberal , ni conservador ,sino profundamente reaccionario , peor que fascista , como los militares franquistas nacionales católicos . El PP no tiene programa , qué programa van acordar?...el programa CS PSOE , reforma algo del programa que hizo el PPSOE pero ni siquiera algunas cosas las sacan,  por eso tampoco es una cuestión de Rajoy si o no, ni siquiera que pongan a Soraya o a Feijoó, además Rajoy está como en un bunker , “hemos ganado, somos los que tenemos que formar gobierno , hay que votarnos , somos la estabilidad y lo hemos hecho muy bien y hay que seguir así “, y los del PSOE CS , es un pacto de debilidades y que voten al “mal menor” ,un gobierno en minoría, PSOE CS , con el programa que firmaron ni siquiera  va a ningún lado si el PP   lo bloquea, o  ¿iban a valerse del apoyo de Podemos si están en el gobierno?..
Ni el  Ibex 35 manda siquiera ya ,sino que es su cortijo castizo además .  hay un conglomerado de fondo de pensiones americano, que con la crisis estafa se hizo dueño de parte del capital nacional , y al igual esta muy bien representado en el sillón giratorio.. De las empresas privatizadas .
Simplemente esos políticos del PP. , PSOE  y CS son sus políticos   que las representan y aspiran a ser yupies de ellas,  que ya lo son y han entregado el país y ellos solo aspiran a mantener su  sueldo con los nuevos dueños , en  sus empresas , como se ve muy bien en lo de la marca España en Sudamérica , que encima buscan el pacto con lo peor de la oligarquía de allí a las ordenes subordinadas de los tratados económicos del gran hermano.

 Y Felipe y Aznar de la oligarquía dependiente de aquí aliados con la oligarquía extractiva dependiente de allí, como subcontratados del  hermano mayor donde colocan sus beneficos .

Pero además esas empresas debieron su expansión a  la burbuja..Caída está.. ya no pueden…Por eso cae la bolsa .

Y así en estos últimos cuatro años del PP hemos visto como liquidaban por ejemplo una industria  prospera de energías renovables que había en este país ,simplemente por  hacer competencia con las energías fósiles de su sillón giratorio . Y sobran otros ejemplos similares en la medicina pública o en otros sectores  como en la propia investigación científica o en presupuesto educativo que ya era bajo y encima bajo al 4% mientras más al norte está en el 6%  o es sagrado tocarlo en las políticas de austeridad.

Al igual que los bancos ,..al final concentrados en los dos grandes bancos como solución a la estafa anterior y la Caixa , que  son los dueños de la prensa , y de las empresas , pero que dependen de la liquidez del BCE.

Y le llaman eso si , “reformismo progresista” y es la  bunkerización  del establishment en su estatus quo..de renovar el régimen del 78 y cambiar algo para que nada cambie..

 Ya la Constitución del 78 en si misma fue desarrollada en sus leyes orgánicas de una forma determinada y cerrada a golpe de BOE, incluso manteniendo leyes pre constitucionales o con reformas a la carta como el articulo 135 que ni plantean derogarlo completo, como la ley mordaza .

  Es este cortijo nacional el que se sigue regodeando en los "males de la patria o problema de España" y incluso, "el carácter nacional" ,  desde el 1898 ,.con un montón de mandarines  orgánicos con pesebre colectivo en  el capitalismo de amiguetes


 Pura reacción, formando un bloque mediático , intentando mantener el estatus quo del cual  es un ejemplo perfecto  el periódico El País,  un periódico quebrado, pero lo sostienen  como propaganda  goebbelsiana al servicio de la marca España y cara a Sudamérica.


 Por eso buscan un gobierno de su salvación nacional .Y si no van aun a un  gobierno técnico por que no se atreven a llamarlo así y  porque aquí no hay un jefe de estado con esas funciones como en Italia, sino ya lo habrían hecho , pero si es necesario aun así también lo habilitaran ..antes de pactar con Podemos.. Ya en el País sonó Solana el de la OTAN.



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  Ver ...http://cort.as/ctrB

martes, 8 de marzo de 2016

El mandarinismo castizo en España.





Ignacio Sánchez-Cuenca (Madrid, 1966), profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid, ha decidido enfrentarse a los figurones de las letras y la cultura española. Su nuevo libro, La desfachatez intelectual. Escritores e intelectuales ante la política (Los Libros de la Catarata), es un ejercicio de crítica con nombres y apellidos que, como él mismo asume, “es raro e incómodo en nuestro país”. El ensayo, de algo más de 200 páginas, fija el foco en un grupo de escritores / comentadores políticos / todólogos, encabezado por Mario Vargas Llosa, en el que también figuran Antonio Muñoz-Molina, Fernando Savater, Félix de Azúa, Javier Cercas, Arturo Pérez-Reverte, Jon Juaristi y otros habituales de las páginas de opinión de El País y el ABC.

Este grupo de “santones”, que Sánchez-Cuenca emparenta con las generaciones del 98 y del 14, se forjó en los años noventa del siglo pasado, con el fin del periodo felipista y el empuje antiterrorista y españolista de Aznar, y comparte varios elementos comunes, explica el autor: “La impunidad con la que opinan, un estilo mucho más literario que analítico, su viraje desde la izquierda hacia posiciones reaccionarias y la insistencia en escribir desde la trinchera antinacionalista, incluso si no viene a cuento”.

Sánchez-Cuenca construye un alegato razonado contra “la cultura de amiguetes, que medra y se desarrolla en paralelo al capitalismo de amiguetes”. Con su claridad habitual, el autor mete el bisturí en artículos e intervenciones públicas, y los rebate con argumentos y datos. La buena noticia es que, en la cara opuesta a esa “cultura holística y sin datos”, afirma el politólogo, asoma hoy “una nueva generación de firmas, con una argumentación mucho más elaborada, y un aumento del pluralismo que debería marcar la agonía del figurón clásico de nuestras letras”. La entrevista fue realizada por Vanesa Jiménez y Miguel Mora.

Así que tenemos un grupo de intelectuales cuya característica principal es la desfachatez. ¿Forman una generación?

No estoy seguro. Lo que les une es la impunidad de sus opiniones y la mala conciencia por el rumbo ideológico que han adoptado. Cualquier cosa que huela a progresismo muchos de ellos lo ven como parte de sus ideas pasadas y en definitiva como algo que hay que superar; por eso tienen una actitud intransigente hacia quienes no siguen la misma trayectoria que ellos. Esa evolución hacia posiciones cada vez más conservadoras, cuando no reaccionarias, se debe a una especie de epifanía que tuvieron con el terrorismo y el nacionalismo en los años noventa. Llegaron a la conclusión de que la izquierda había estado ciega y que tenía responsabilidad tanto en los asesinatos que cometía ETA como en las tensiones centrifugas del país. A partir de ahí empiezan a ajustar cuentas con lo que han sido y representado, pasando a adoptar posiciones cada vez más dogmáticas, carentes de fundamento y de respaldo empírico.

¿La desfachatez, de qué se alimenta?

Fundamentalmente de la impunidad: de la expectativa de que, digas lo que digas, no te va a pasar nada, porque tu periódico y tu editorial no te van a dejar de lado. Eres un autor del grupo, ya sea mediático o editorial, y de ahí no te mueven. La impunidad está instalada en nuestra esfera pública: existe algo que podríamos llamar cultura de “amiguetes”. Algo parecido al capitalismo de amiguetes. Hay además una cierta colusión, se protegen y se jalean entre sí. Desde hace tiempo, en nuestro país se detecta una fuerte demanda para acabar con el capitalismo de amiguetes; algo similar, creo yo, debería suceder con la cultura de amiguetes.

Según argumenta en el libro, tiene que ver también con la falta de rigor.

Haber estado en primera fila mediática durante tanto tiempo les ha hecho pensar que nadie va a cuestionar sus tesis y si alguien lo hace suponen que es un necio o un trepa, alguien que quiere moverles la silla. No conciben la posibilidad de que alguien desmonte sus argumentos-eslogan. Aquellos a los que más critico en el libro han acumulado grandes dosis de soberbia. Se han acostumbrado a recibir todos los premios y reconocimientos y a tener un acceso privilegiado en los periódicos tradicionales. A veces esa soberbia se combina con mala educación, como sucede por ejemplo con Juaristi.

Otra característica es que no hay científicos o investigadores en sus filas. Todos son novelistas o ensayistas.

Bueno, es un reflejo del país, que está muy escorado hacia las letras. Su intervención en la esfera pública proyecta el estilo argumentativo del ensayismo, a diferencia de lo que sucede en los países anglosajones, donde la investigación tiene mayores peso y prestigio. Por investigación me refiero a que cada afirmación que hagas tiene que venir respaldada por datos o por argumentos ulteriores que a su vez dependen de datos. Se trata de un debate menos ideológico, más atento a la información empírica. Aquí estamos acostumbrados a que el tipo de querella política sea muy parecido a las querellas literarias, y así se degrada mucho el debate público.

¿Esa degradación va unida a la falta de masa crítica del país o se debe a que las figuras opacan todo?

Creo que tiene que ver con lo que a veces se  llama la maldición de los países de tamaño medio. Si eres un país muy grande, como Estados Unidos, la esfera pública es tan enorme y hay tantos participantes que apenas existen figurones o referentes. Si eres un país muy pequeño, estás obligado por necesidad a internacionalizarte, a abrirte al exterior, como les ocurre a Portugal u Holanda. El problema está en los países de tamaño medio --Francia, Italia, España-- donde la esfera pública es grande pero no lo suficiente para que haya pluralismo, y tampoco es tan pequeña como para que sea necesario abrirse al exterior. Entonces se forma una esfera pública muy introspectiva, donde los figurones adquieren un protagonismo exagerado y adoptan una posición “casticista”, que ignora lo que pasa más allá de nuestras fronteras..

Una de las críticas del libro es el localismo, la ausencia de referencias europeas en sus textos.

Eso se nota sobre todo en los debates acerca del regeneracionismo: es como si España tuviera un problema propio que no existe en el resto de países europeos. Lo podríamos llamar localismo, pero creo que en el fondo es el mismo “casticismo” intelectual que ya se impone con la Generación del 98.

¿Qué conexiones hay entre este grupo de intelectuales y el 98?

Hay muchos puntos en común, también con la del 14. Uno de los que me gustaría destacar es el de los grandes virajes ideológicos. En los de ahora, muchos empezaron de jóvenes en el marxismo-leninismo y han acabado firmando manifiestos con Federico Jiménez Losantos y Hermann Tertsch (como el de “Los libres e iguales”, promovido por Cayetana Álvarez de Toledo). Todos esos virajes responden a una cierta frivolidad intelectual, a una aproximación estética y moralizante a la política. Viene sucediendo así en muchos casos desde el 98.

¿Otra característica común es haber sido izquierdistas en la primera parte de la democracia y haber pasado al PP o a Ciudadanos?

Algunos se han pasado al PP sin complejos, como Juaristi; otros, como Savater y Azúa, han preferido guardar las formas y quedarse con sus juguetes, UPyD y Ciudadanos. Cambian en los años noventa, con la decadencia del felipismo; lo hacen siempre a favor de la corriente. Cuando llega Aznar, entran al juego: la derecha tenía necesidad de relegitimarse intelectualmente porque aún llevaba encima el estigma franquista. Y a propósito del terrorismo, el Partido Popular, con muchísima habilidad, consigue llevar a su terreno a muchos de los intelectuales que habían sido socialdemócratas en los 80 y revolucionarios en los 70. Ahí hay una ganancia mutua para las dos partes. El PP se presenta como un partido que defiende la democracia frente a la amenaza “totalitaria” de los etarras. Y ellos, los intelectuales, recuperan la figura del resistente que se opone al totalitarismo. Se producen situaciones que, vistas desde el presente,  son un poco grotescas, como transformar a Jaime Mayor Oreja en un referente de la democracia. La cuestión “nacional”, que es realmente lo único que aún les estimula (necesitan el plan Ibarretxe o el Procés de Mas para dar lo mejor de sí mismos) es la clave de todo. La crisis, en cambio, les resbala.

Ese proceso de derechización aguda es comprensible. Les pasa a muchos.

Es lógico que todo el mundo cambie de posiciones a lo largo de su ciclo vital. Lo que te hace sospechar es que no haya cambios en todos los sentidos, van coordinados. Apenas hay casos en la trayectoria contraria, de la derecha a la izquierda (una excepción podría ser Vestrynge). Se fueron desplazando tanto hacia posiciones liberales y conservadoras que reaccionaron con una virulencia inusitada durante la etapa de Zapatero: les sacaba de quicio el proceso de paz, el Estatuto catalán, la alianza de civilizaciones, la ley de memoria histórica… Cuando llega el PSOE en 2004 entran en fase de irritación permanente

Y luego, cuando gana Rajoy, todos a una convierten Cataluña en el único problema.

Hace poco le preguntaron a Fernando Savater en El Español: ¿Cuál es el problema principal que tiene España? Su respuesta: Cataluña. Sí, Cataluña es sin duda un problema, un problema que se arrastra desde hace muchas décadas… pero sabiendo cómo está el país de deshecho, las fracturas sociales que se han producido, las complicaciones para hacer política dentro del euro, el paro, la desigualdad y la pobreza… ¿Es realmente Cataluña el principal problema de España? Creo que esto da una idea de la burbuja en la que muchos de ellos están metidos desde los noventa. Cuando ETA empieza a matar políticos, se produce una gran reacción ciudadana y el grupo encabeza el movimiento cívico de resistencia. Aquello a mí me pareció admirable y creo que estuvieron a la altura de las circunstancias. Pero muchos se han quedado presos de los esquemas de entonces, se han enganchado a una guerra de trincheras contra el nacionalismo, con una pobreza argumental asombrosa.  Las cosas que dicen sobre el nacionalismo revelan poca preparación, poco rigor. En el libro desarrollo mucho esta cuestión. Baste un ejemplo un tanto superficial: Vargas Llosa y Savater llevan tiempo repitiendo eso de que  el nacionalismo se cura viajando. Sin embargo, hay nacionalistas acérrimos en Cataluña con una trayectoria mucho más cosmopolita que nuestros intelectuales “castizos”: son gente que ha viajado, que ha publicado en otros idiomas, que ha dado clases en universidades de élite… Como este, hay muchos otros tópicos que analizo y que cuando se examinan con un poco de calma se ve que no tienen base.

Por ejemplo, su actitud ante Podemos, que parece marcada por el odio.

Ya se vio cómo reaccionaban ante el 15M: con total condescendencia: “Estos pobres chicos, que no se enteran de nada y ahora quieren hacer ellos su protesta, cuando nosotros ya hicimos la nuestra, pero era contra el franquismo”. Puede que el 15M tuviera mucho de ingenuo, ¿pero oponerse al franquismo defendiendo el modelo maoísta era más lúcido? En cualquier caso, la aparición de Podemos les sirve para reafirmarse en lo bien que hicieron abandonando cualquier compromiso progresista.

¿Vargas Llosa es el líder espiritual?

No creo, solamente es el intelectual de mayor visibilidad internacional: se trata de un premio Nobel y de un novelista realmente excepcional. Soy un rendido admirador de su obra literaria. Pero cuando habla de política, lo hace de forma muy superficial, con gran osadía y sin demasiado amor por los hechos o la lógica. Releyendo artículos antiguos en los que ensalza a Rosa Díez o a Esperanza Aguirre --llega a decir que si la “Juana de Arco del liberalismo” hubiera gobernado, España habría evitado la crisis--, te das cuenta de la frivolidad con la que están escritos.

¿Qué papel juega Cercas en el grupo?

Él es más joven que los referentes clásicos de este grupo, y tiene posiciones más abiertas. También me encanta su literatura, pero no así sus artículos de opinión. En la cuestión del nacionalismo ha adoptado posiciones muy intransigentes en relación con el referéndum catalán. Ha tenido una evolución hacia un opinionismo cada vez más acusado, de tesis muy rotundas y sin mucho fundamento. Su afirmación enfática de que el derecho a decidir es incompatible con la democracia tiene, como intento mostrar en el libro, una base argumental muy endeble. También señalo una incoherencia divertida: cuando Mas propone realizar un referéndum, Cercas escribe diciendo que es una medida demagógica, que está sujeta a las pasiones del pueblo, y pide elecciones plebiscitarias. Y cuando por fin Mas convoca elecciones plebiscitarias dos años después porque no se puede hacer el referéndum en condiciones, Cercas publica un artículo quejándose de que los nacionalistas convoquen unas elecciones plebiscitarias y no un referéndum. Ese es el nivel del debate.

La cultura del “¡claro!”...

Sí, es lo que el sociólogo Diego Gambetta llama la cultura del “¡claro!”, que desarrolla a través del concepto de “machismo discursivo”: es la cultura de la afirmación lapidaria, de la sentencia tajante cargada de testosterona intelectual…

Azúa escribió un memorable artículo criticando a los líderes de Podemos como símbolo de la endogamia de la universidad española.

Es un clásico entre nuestros intelectuales estar todo el día quejándose de lo mal que está la educación. En el libro recuerdo que eso se remonta a Sócrates, que dice que la educación está en decadencia por culpa de los sofistas y desde entonces lo han repetido todas y cada una de las generaciones siguientes. Azúa tiene opiniones siempre muy extremas, pero en este caso concreto le superan colegas como Gabriel Albiac o Antonio Muñoz Molina; este último ha llegado a escribir que el objetivo de nuestros políticos es que perdure el analfabetismo. A ver quién es el listo que refuta una tesis así. Este tipo de afirmaciones tan exageradas no suele tener ningún respaldo empírico.  España, aunque les escandalice, no está tan mal en resultados educativos, como muestran las pruebas de PISA. Tenemos algunos problemas serios como el fracaso escolar, pero en logros de los estudiantes estamos a poca distancia de los países en cabeza. La universidad española sigue teniendo muchos problemas, pero ha mejorado espectacularmente en algunos centros y especialidades, por mucho que Azúa y los demás no quieran enterarse. El debate sobre la educación es uno de los que mejor refleja el estilo de intervención que tanto critico en el libro, en el que los intelectuales defienden tesis no para que avance el debate y se mejoren las cosas, sino para agrandar su propia figura y despertar la admiración del público.

¿Pérez-Reverte…?

Pertenece al género ínfimo. Por más que tenga amistad con algunos de los intelectuales más consagrados, no se le pude tomar en serio cuando interviene en el debate público. Que lance juicios sumarísimos y gravemente ofensivos sobre los políticos cuando él es un condenado por plagio (y sigue sentado en la Real Academia…). Pérez-Reverte es el caso más extremo y caricaturesco de “machismo discursivo”. 

En el libro no menciona a ninguna mujer.

Bueno, menciono a Edurne Uriarte y la “claridad moral” que practica. Pero es una excepción. Las mujeres no suelen caer en el vicio del “machismo discursivo”.

Usted les llama intelectuales “moralizantes”.

Me refiero a una aproximación puramente “moral” a la política. Hay algunos intelectuales que participan en el debate político sobre todo para resaltar sus cualidades morales frente a unos políticos que ellos consideran indignos. Es algo que ya detectó Javier Varela en su libro La novela de España. Me resulta fascinante que haya pasado un siglo desde el 98 y los intelectuales sigan en el mismo registro. Muñoz Molina, en este sentido, es una fuente permanente de ejemplos.  

El libro será molesto...

Es un libro duro en la crítica y entiendo que haya quien se sienta molesto. No obstante, creo que no es ofensivo. No ataco a personas ni sus obras literarias o filosóficas, me centro solamente en sus intervenciones públicas. En nuestro país la crítica intelectual rara vez se hace con nombres y apellidos. Hay poca costumbre. Se prefiere la alusión velada, para iniciados, o las frases del estilo de “hay en España quien piensa…”.

¿Cómo se explica la evolución desde que Aranguren dijo que El País era el intelectual colectivo hasta la situación actual, en la que el periódico de referencia ha girado a la derecha?

Yo creo que la línea de El País y de muchos de estos escritores ha ido en paralelo. Con una diferencia, y es que a los intelectuales les ha resbalado la crisis, mientras que El País adoptó una posición muy beligerante respecto al tipo de políticas que había que realizar. El País recibe con entusiasmo el ajuste de mayo de 2010 y dice que por fin desaparece el “populismo” del PSOE (la salida social de la crisis) y que por fin se van a hacer las políticas que necesita España. En ese momento entra en el discurso neoliberal del ajuste fiscal acompañado de reformas estructurales como forma de recuperar el crecimiento, y no se ocupa de las consecuencias sociales de esa estrategia (nada sobre los desahucios, la desigualdad, la pobreza energética…). Al mismo tiempo, adopta un tono un poco papanatas de aceptación incondicional de todo lo que provenga de Europa... Todo ello, me parece, le hace perder mucha credibilidad al periódico. 

¿Cómo están viviendo las estrellas la transición del mercado de la información?

Yo creo que no son del todo conscientes del cambio que ha tenido lugar. No se dan cuenta de que su estilo de intervención en la esfera pública se ha quedado caduco. No pueden seguir opinando con tanta frivolidad ahora que hay tanta gente tratando de aumentar el rigor de nuestro debate político. Por supuesto, los figurones siguen teniendo gran presencia mediática y el favor del establishment... Pero eso, en esta época, me temo, es poca cosa.

¿Estamos ante el ocaso de ese tipo de opinador?

Mi impresión es que, precisamente porque en la crisis han tenido más bien poco que decir, su reputación se ha resentido. Hoy hay muchísima gente escribiendo en blogs y plataformas digitales que aporta información y opinión mucho más elaborada que la de los figurones clásicos. Poco a poco estos jóvenes tienen que ir desplazando al intelectual caduco que opina sobre todo sin demasiado rigor.

Ignacio Sánchez Cuenca es consejero editorial y colaborador habitual de CTXT.
Fuente:

domingo, 6 de marzo de 2016

¿Pero quién manda en el IBEX 35 ?

Reino de España: De acuerdo, manda el IBEX... ¿Pero quién manda en el IBEX?

Rubén Juste de Ancos 05/03/2016


La agenda oculta de la investidura se juega en las tres galaxias de poder que dominan hoy el índice bursátil: el PP en funciones, La Caixa y el fondo estadounidense Blackrock

Vicente Aleixandre nos advertía: “No confundáis sus plumas, sus alisadas plumas, con el torso de una paloma. No penséis en el pujante acero del águila. Por el cielo las garras poderosas detienen el sol”. Hoy se acercan viejos fantasmas restauradores, maquilladores de la élite dirigente en diferentes periodos de la historia de España, aún activos gracias a los partidos emergentes y su necesidad de acercarse a su par ideológico. El empate técnico que dibujó el 20D y la consiguiente necesidad de generar alianzas ha hecho que todos participen en un juego de limpieza semántica del otro, de redefinición de los límites amigo-enemigo, reemplazando la crítica estructural del adversario (como expresión de unos intereses, como partido de clase, definido por una trayectoria histórica), por categorías líquidas político-partidarias (los partidos son sus líderes y sus votantes y, por tanto, susceptibles de cambios).

Esto refleja el predominio de una forma cinematográfica y épica de leer las negociaciones y sus aristas (Pablo el villano, Pedro el inocente, Rajoy el inconsciente), propia de series como Juego de tronos o House of cards. Como consecuencia, el conflicto político queda circunscrito a una pugna parlamentaria entre líderes, evitando ver su origen más allá de esta.

Como herramienta pedagógica, quizá sería bueno rescatar la serie televisiva producida por Martin Scorsese, Boardwalk Empire, para interpretar la situación actual. En ella se retrata la vida del tesorero de la próspera Atlantic City (Steve Buscemi) a inicios del siglo XX, un cargo público (menor) dedicado a gestionar las arcas de la ciudad. No obstante, detrás de su pretendida función, se manifiesta su rol como articulador de los negocios de la urbe. Como tal, recibe una renta de los negocios del lugar, promociona a aquellos que le han apoyado durante la campaña electoral, y hunde a aquellos que osan enfrentarse a él. Su posición viene facilitada por un hecho: él construyó aquel lugar y fue quien puso a cada uno de los que ocupan un puesto de importancia. Sin embargo, su poder se tuerce con la aprobación de la ley seca y la entrada de nuevos competidores.

Es la política vista desde el conflicto entre clases pudientes, y las transformaciones sociales que originaron dicho conflicto.

Siguiendo esta lectura, la política en España parece rodar hoy por similares derroteros. La corrupción estructural y las tres crisis sistémicas (del régimen político, del modelo financiero/económico, y del bloque mediático y propagandístico) que la acompañan así lo indican: en los últimos 25 años, la política (desde la monarquía hasta las pequeñas instituciones locales) ha servido para mediar y medrar entre empresarios necesitados de contratos, facilitando adjudicaciones, licencias, recalificaciones, favores, fusiones, tanto dentro como fuera del país.

Si apuntamos a la acumulación primigenia que ha resultado en esta capacidad intermediaria, veremos cómo los diferentes gobiernos de turno han facilitado durante décadas que gigantescos recursos (financieros, materiales, humanos) fueran desviados desde el Estado a determinadas manos.

Un ejemplo del peso de este capital transferido a manos privadas es que la capitalización de las seis empresas públicas que cotizaban en el Ibex35 en los años 90 (Fecsa, Repsol, Telefónica, Sevillana, Tabacalera y Endesa) suponía entonces casi el 40% de la capitalización del índice bursátil (38,14%); es decir, una sexta parte de las empresas concentraba más de un tercio de la capitalización del índice. Hoy, estas empresas siguen siendo fundamentales en el reparto de poder del Ibex. Pero la crisis ha movido las fichas y el poder se ha troceado entre distintas facciones.

Oligarquía política

Este capitalismo español concentrado ha ayudado a que los partidos y sus líderes se sitúen en una posición privilegiada dentro del poder económico, cual oligarquía perestroikiana, hasta ser un reflejo del mismo, ocupando así sus más altas posiciones. Los gobiernos de nuestra historia democrática y predemocrática se abrazan en el Ibex35, en un imparable juego de puertas giratorias. En el Grupo Santander están UCD, el PSOE y el PP: el actual vicepresidente, Matías Rodríguez Inciarte, fue ministro de la Presidencia con UCD; el consejero Guillermo de la Dehesa fue secretario de Estado de Economía y arquitecto de las privatizaciones en los 80 con el PSOE; Isabel Tocino, ministra de Medio Ambiente con el PP, también es consejera.

En Gas Natural, nuestro presidente más longevo (14 años), Felipe González, fue consejero hasta el año pasado; retrocediendo al Ibex de los años 90, encontramos a otro expresidente, Leopoldo Calvo Sotelo, como consejero de Ferrovial; y en otra gran constructora, OHL, se unen pasado y presente: su actual presidente y propietario, Juan Miguel Villar Mir, remite a la Transición --fue vicepresidente y ministro de Economía del primer Gobierno del Rey (1975)--; su actual CEO, peso pesado en los dos Gabinetes de Aznar, es Josep Piqué, ex ministro de Exteriores, Industria,  Ciencia y ex portavoz del gobierno.

Los políticos que acaban en el Ibex no son sujetos aislados, sino que tienen una singularidad y una unidad específica como grupo, lo que les constituye como un bloque de poder ‘económico’: se extienden por 29 de las 35 empresas del Ibex35 actual. Forman así parte de un grupo de presión muy relevante, pues el simple estornudo de estas empresas asusta a toda la economía: su cotización es una muestra de salud interna y muchas de ellas entran, por su riesgo sistémico, en la lista de las ‘entidades susceptibles de rescate’, las denominadas “too big to fail”.

Ese grupo de políticos/empresarios forma, junto a los empresarios puros, una clase pacíficamente desunida dentro del Ibex35, en el que hoy se cruzan alianzas y enfrentamientos y se desarrolla la pugna por conseguir la posición dominante en la economía. Hay mucho en juego. En un país vigilado muy de cerca por la Troika y más endeudado que nunca (casi el 100% del PIB), la capitalización de las 35 empresas del principal índice bursátil equivale a la mitad del Producto Interior Bruto español: 547.785 millones, aportando 18.173 millones (en 2014) a las arcas del Estado por impuestos de sociedades (un 40,5% de los 44.823 millones que se recaudaban al inicio de la crisis, en 2007, según un informe de CC.OO).

Durante dos largas décadas todo fue bien para las grandes empresas del Ibex y su imperio: la unidad del bloque estaba garantizada por el Estado y por las cajas de ahorro, es decir, por consejeros políticos y el riego de capital de las cajas y el Estado. Durante este tiempo, se repartieron el poder PP y PSOE, apoyándose en cajas de ahorros y en el control de la SEPI (el grupo industrial estatal, antes conocido como INI y INH) según el gobierno de turno. Pero la larga recesión y las medidas impuestas por Europa torcieron este equilibrio.



Reparto PSOE-PP

El reparto vigente en 2010 daba a los tecnócratas del PSOE influencia en un área del Ibex35 que incluía a las antiguas empresas públicas (Telefónica, Repsol, Endesa), las participadas por el Estado (Red Eléctrica o Enagás) y el Banco Santander, al cual benefició en los años 90 (concurso mediante) con la adjudicación de un Banesto expropiado, convirtiendo así el banco de la familia Botín en la mayor entidad financiera del país.

Los mandarines del PP, por el contrario, se habían ido extendiendo por múltiples sectores, constituyendo un holding de eléctricas, seguros, tecnológicas y alimentación, a partir de su control de Caja Madrid y Bancaja. Ambas cajas, controladas por el exvicepresidente del Gobierno y ministro de Economía, Rodrigo Rato y por José Luis Olivas (expresidente de la Generalitat Valenciana con el PP), y finalmente fusionadas en Bankia, disfrutaban en 2010, ya bien entrada la crisis económica, de una posición oligopólica en el Ibex35, con la participación en un total de ocho sociedades del índice (Indra, Iberia, Mapfre, Iberdrola, Ebro Foods, Enagás y BME), siendo dominantes en las tres primeras, e indirectamente, controlando un área mucho más amplia, a través de las participaciones de sus participadas. Sólo había un accionista con un poder similar en el Ibex35 en 2010: La Caixa (con seis participadas).

Ni siquiera el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero fue un problema para el poderío del PP/Ibex. El presidente socialista dio el visto bueno, aunque no fuera de su agrado, a la fusión de Bancaja y Caja Madrid en diciembre de 2010, las dos cajas madres del gran proyecto económico del PP y sus empresarios afines: Valencia y Madrid.

En Valencia, Bancaja siempre fue un fiel aliado para financiar el imperio del PP: fútbol, construcción, arte y espectáculos. Un ejemplo: la caja compró suelo –sin valor según el juez Andreu-- por valor de 86 millones a Enrique Ortiz, amigo de la alcaldesa alicantina Sonia Castelló y de Aurelio Izquierdo, director general de Bancaja, con el que compartía juergas en prostíbulos y yates. La caja se sumaba así al apoyo de la CAM, que había llegado a financiar con 150 millones al constructor. También insufló oxígeno a proyectos faraónicos, como Terra Mítica (200 millones junto a la CAM) o la Ciudad de la Luz (que costó una cifra similar y que estos días sale, por segunda vez, a subasta pública). La incursión de Bancaja en el fútbol no fue menor: colaboró como si no hubiera un mañana en la financiación del Valencia C.F., con el cual tenía en 2008 una deuda de 308 millones.

En el imperio levantino no se ponía el sol: la caja hizo inversiones hasta en el Caribe, en la sociedad Grand Coral, que operaba en México, con préstamos y compra de acciones por valor de 100 millones. A partir de maniobras fraudulentas de ampliación de capital, los socios alicantinos Juan Ferrí y José Baldó (dueños del 35% de Grand Coral) se embolsaron 47,4 millones de la caja, según un informe de Bankia. El presidente de Bancaja y posterior vicepresidente de Bankia, José Luis Olivas, está hoy imputado por estafa y malversación. Como medida de gracia, el juez Juan Pablo González le ha concedido el desbloqueo de 3.500 euros al mes.

Blesa, Aznar y compañía

En Madrid, la caja controlada por Miguel Blesa, el viejo amigo de José María Aznar, tuvo una actuación similar, aunque, dado su tamaño, el brazo financiero de la casa ayudaba a círculos empresariales más exclusivos. Ahí quedan los créditos a múltiples empresarios, algunos de ellos encarcelados hoy. Por ejemplo, a Díaz Ferrán, consejero en Bankia (131 millones, de los que el 15% ha quedado impagado); al exvicepresidente de la CEOE y también consejero en Bankia, Arturo Fernández (2 millones), o a los todopoderosos Florentino Pérez (620 millones, aún sin cuantificar los que proceden de Bankia), Esther Koplowitz (1.000 millones en créditos junto al BBVA, cuyo pago ha sido pospuesto a 2018), Villar Mir (344 millones al 0% de interés, concedidos mientras López Madrid, su yerno, era consejero) o al dueño de la quebrada Martinsa Fadesa, Fernando Martín (1.000 millones para la compra de Fadesa a Manuel Jové, autorizados por el responsable de créditos a empresas Carlos Vela, quien después pasó a ser CEO del grupo constructor).

Pero Caja Madrid no es sólo la gran acreedora de las fortunas del ladrillazo español. Su política como brazo financiero de proyectos de envergadura le llevó a igualar a su amiga valenciana, financiando un parque temático para Madrid, el Parque Warner, al cual concedió un crédito de 211 millones. O el fichaje de Cristiano Ronaldo (76,5 millones). O dando crédito a mansalva a medios de comunicación. Su radio de acción no sólo abarcaba la tierra patria. Su política de compras le llevó muy cerca de Bancaja, a Florida, donde se hizo con el City National Bank of Florida, por 1.134 millones, que finalmente fue vendido en 2013 por 683 millones, casi la mitad de lo que costó. Esta fue una operación investigada por el juez Elpidio Silva, que le supuso ser apartado de la carrera judicial.

El destino quiso que la unión en 2010 del imperio del PP en Valencia (Bancaja) y Madrid (Caja Madrid) se hiciera con la bendición del PSOE. No sólo dio su visto bueno en esta ocasión, sino que posteriormente, Elena Salgado (ministra de Economía, hoy en Enel) permitió su salida a Bolsa en mayo de 2011, en un proceso para el cual las cuentas fueron “maquilladas”, en palabras de los peritos del Banco de España al servicio de la Audiencia Nacional y del juez Andreu. Veredicto que no comparten el FROB y la CNMV, esta última investigada por la Audiencia Nacional por una presunta trama de cobros por la cual se pudo beneficiar a, entre otras, Bankia, en su salida a Bolsa. Están siendo investigados los responsables del presunto regulador desde la etapa de Zapatero: Manuel Conthe (hoy en Acerinox y participante en muchos de los actos de Ciudadanos), Julio Segura Sánchez (en el cargo durante la salida a Bolsa), y Elvira Rodríguez (actualmente en funciones).

El verdadero problema llegó con el rescate a Bankia. La casa Aznar había depositado ahí todas sus esperanzas de control y poder: ahí estaban todos los proyectos apadrinados durante tres lustros por el Partido Popular, y todos sus compañeros de viaje, empresarios, conseguidores y capitalistas, unos renombrados y otros menos conocidos. Ahí estaban los créditos concedidos a dedo, pero también las participaciones en empresas que permitían al Partido Popular mantener un gran poder intermediario dentro del Ibex35. Todos los indicios apuntan hoy a que Caja Madrid sirvió de tabla de salvación para el poder económico cuando llegó la crisis.

Pero dos años después, años de Púnica y Taula, todo se torció. Las pérdidas reales que anunció Bankia en diciembre de 2012, próximas a los 20.000 millones, quedaban fuera del alcance del FROB, así que el Gobierno Rajoy tuvo que acudir a un crédito concedido por el MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad). La aprobación del préstamo, que incluye tres tramos hasta llegar a los 100.000 millones (el 10% de la deuda pública actual), la realizó Mariano Rajoy en el momento de mayor especulación sobre la prima de riesgo, que había llegado a los 610 puntos en agosto de 2012.

Llegan los americanos

Ya en diciembre, con el rescate debajo del brazo, el Gobierno firma las condiciones incluidas en el memorando de entendimiento. Su aplicación implicaba limitar el control de las cajas de ahorros sobre las empresas en las que participaban (se reduce a cuatro), transformarlas todas en bancos (y a las fundaciones en tenedoras de acciones), y evitar la participación de políticos en ellas. Era el programa perfecto para limitar el poder de las cajas y facilitar la entrada de un nuevo competidor en el quebrantado pastel económico: los fondos y los bancos custodio estadounidenses.

Este hecho supuso un duro golpe para Aznar. Al aplicar esas condiciones a Bankia, Rajoy, su sucesor designado, le había robado el muñeco con el que había dominado el Ibex35. Rajoy defenestró a la cúpula de Bankia, retiró a Rato e impuso un consejo de administración dominado por un ex del BBVA, Ignacio Goirigolzarri. Indirectamente, con esa acción puso toda clase de información no solo en manos de la Troika sino también en manos de los competidores, los fondos de inversión que controlan el BBVA. Los mismos que hoy han logrado poner en su órbita de control a Bankia. Presionado por Alemania, Draghi y el FMI, el Gobierno de Rajoy se desprenderá unos meses después del holding Bankia: el 12% de IAG (junio de 2013), el 20,14% de Indra (agosto de 2013), el 4,94% de Iberdrola (abril de 2014), el 19,07% de Metrovacesa (diciembre del 2014), y la joya de la corona, el 15% de Mapfre (septiembre de 2014).

Sin mover una ceja, y quizá sin proponérselo, Rajoy había ganado la partida a su expatrón y a su gran enemiga, Esperanza Aguirre.

Aznar y la presidenta del PP madrileño se quedaron de repente sin su inmenso poder de intermediación, si bien es cierto que el cerebro de la operación todavía podía recurrir a sus delfines, Francisco González (BBVA), Pablo Isla (Inditex) y César Alierta (Telefónica), a los cuales colocó en puestos clave durante su mandato. Pero nada era lo mismo, pues sin dominar el aparato de créditos, favores y participaciones, ya no tenía poder económico sobre ellos.

Aznar respondió a la situación creando el Instituto Atlántico de Gobierno, en el cual reunió a sus otrora beneficiados y benefactores. En el consejo directivo del instituto que preside figuran numerosas autoridades “amigas” de empresas del Ibex35: Alierta (Telefónica), Borja Prado (Endesa), Josep Piqué (OHL), Javier Monzón (Indra), Javier Benjumea (Abengoa), Antonio Brufau (Repsol), María Dolores Dancausa (Bankinter) o Antonio Huertas (Mapfre).

Como consecuencia de la intervención de Bankia, la influencia del PP sobre el Ibex quedó en manos de Rajoy, quien a través de la SEPI controla (en funciones) Ebro Foods, Enagás, Indra y Red Eléctrica; y, a través del FROB, también Bankia y otras entidades financieras rescatadas, como Banco Mare Nostrum o Banco CEISS.

La consecuencia más inmediata de este cambio de cromos es que, si el PP no lograra acceder al Gobierno en las sesiones de investidura o elecciones venideras, quedará sin ninguna capacidad de control sobre un buen número de sociedades del Ibex35.

Y no sólo eso, sino que quien controle la galaxia Bankia controlará un sinfín de créditos que sostienen todavía a muchas de las grandes fortunas y empresas que van en dirección a la quiebra y cuya subsistencia depende del gran respirador artificial.

En el nuevo Ibex35 post Bankia, la partida ha pasado de ser un juego de dos (La Caixa y Caja Madrid como accionistas de múltiples empresas) a una que incluye a tres actores: un PP que se aferra a la SEPI y el FROB para no perder el control de lo que fue su imperio; un sector mayoritario, vinculado a las antiguas empresas públicas o concertadas (Telefónica, Repsol, Iberia, Endesa), hoy en la órbita del Santander, BBVA y los fondos de inversión (Chase Nominees, Bank of New York Mellon, State Street Bank), y en particular de Blackrock; y por último, un tercer sector de empresas, el único articulado por una entidad de capital nacional: La Caixa.

Blackrock, el actor emergente

El nuevo actor emergente, Blackrock, ha ganado terreno con la crisis y tiene hoy repartidos 12.000 millones por empresas del Ibex35. Su ascenso ha sido meteórico. En 2010 solo tenía participaciones en dos empresas (Telefónica y Gamesa); en 2013 tenía participación en doce sociedades del Ibex35, y en 2016 han pasado a ser 19. Sus principales referentes en España son el BBVA y el Santander, los cuales han tenido tradicionalmente bancos custodio como accionistas de referencia (State Street Bank y New York Mellon, y Chase Nominees, entre otros). Los bancos fueron los precursores de la invasión fondista, con Telefónica, la primera empresa del Ibex35 que introdujo a Blackrock como accionista.

El candidato Pedro Sánchez ha tenido varias ocasiones para conocerles. En junio de 2015, fue invitado a una reunión del Club Bilderberg (junto a Ana Patricia Botín y Juan Luis Cebrián) en la que estaba el vicepresidente de Blacrock, Philipp Hildebrand, aunque finalmente el líder socialista no acudió. No obstante, según la agenda del PSOE, dos meses después, el secretario de economía del PSOE, Manuel de la Rocha, se reunió con Jim Barry, responsable de Infraestructura de Blackrock, en Ferraz. Su presidente, Larry Fink, un asiduo al foro de Davos, es autor de varias frases memorables. Una afirma: “Hay que educar a la población [en Europa] para que vote al líder correcto que tome las medidas correctas”. En otra aconsejaba esperar el momento oportuno, cuando suceden fuertes caídas y hay pánico en las bolsas, para comprar acciones: “Antes de comprar hay que ver sangre en las calles”.

En una entrevista concedida a El País durante una visita a España en junio del año pasado, Fink advertía: “Quien gobierne en España (…) debe de ser responsable de los compromisos adquiridos, que son compromisos de Estado y no de un gobierno concreto”.

Blackrock es la mayor gestora de fondos del mundo: maneja una cartera de 4,2 billones de euros, cuatro veces el PIB español.

Galaxia Fainé

Otro de los actores poderosos del actual Ibex35 es Caixabank (La Caixa), el holding catalán comandado por el pío y opusdeísta Isidro Fainé. Es la única gran caja que no tiene participación del FROB, al igual que otras cajas menores reconvertidas, como Ibercaja, Kutxabank, Liberbank y Unicaja, cuyo accionista de referencia es la fundación. Fainé suele ser discreto con sus preferencias, y le cuesta entrar en el juego de apariencias y amistades madrileño, pero no ha podido ocultar su preferencia por un gobierno estable: “Si se hace un gobierno estable habrá inversiones”, dijo en la presentación de resultados de La Caixa en enero de este año.

Cabe recordar que Fainé conoce bien las virtudes y las debilidades de Albert Rivera porque fue su jefe (supremo) en La Caixa, y que fue el único patrón del Ibex (junto a Josep Oliú, del Sabadell, o Salvador Alemany, de Abertis) que no acudió en octubre, dos meses antes de las elecciones, a la reunión organizada por el lobby del Ibex35, Puente Aéreo, con el candidato de Ciudadanos. Fainé sabe lo importante que es 2016, con una agenda de fusiones recomendadas por la Unión Europea, que acercan a La Caixa al Banco Popular o Ibercaja.

Todos en el Ibex se juegan mucho con el próximo Gobierno, pues de él dependerá inclinar hacia un lado u otro la balanza de poder entre las tres galaxias dominantes (SEPI, Caixa, Blackrock). Se podría hacer una hipotética lectura de los bandos del Ibex35 y de sus preferencias políticas, aunque evidentemente nunca sería una correlación perfecta. Pero lo que se puede afirmar es que el núcleo de las grandes empresas españolas se ha dividido en tres zonas de influencia que coinciden con los tres partidos que hoy se postulan (entre trucos, silencios y teatro) para formar la gran coalición. También, que hay en curso un clima social y un choque de trenes entre las clases pudientes que amenaza con llevarse todo lo que fue --y también lo que puede llegar a ser-- el PP, y que de ello depende que este siga controlando los resortes del Estado y su gran caja fuerte, todavía en manos de Bankia-FROB.

Por otro lado, sorprende el mutismo en las negociaciones sobre el futuro de Bankia y otras entidades intervenidas por el FROB, ante la anunciada nueva fase de concentración del sector bancario.

Y por último, parece evidente que los grandes capitales del Ibex35 y sus gestores, ante la situación de parálisis política, no pueden dejar que sus padrinos se enfrenten --o peor, que opten por peligrosos derroteros--. De ahí su esfuerzo por mediar en su reconciliación, y su mal disimulado interés en apartar como sea a Podemos de un hipotético Gobierno de coalición.

Cada cual puede sacar sus propias conclusiones. Pero que nadie se equivoque: las negociaciones por la investidura de 2016 tienen detrás una agenda que no vemos. Y en la portada de esa agenda pone IBEX. Aunque el mundo cambia muy deprisa y, como sugería Aleixandre, cabe la posibilidad de que esas cuatro letras y dos números sean solo las marionetas (las plumas alisadas) de unos titiriteros más grandes, cuyo rostro y nombre apenas distinguimos...

Rubén Juste de Ancos Licenciado en Sociología. Ha realizado su tesis doctoral sobre puertas giratorias en el Ibex 35. Forzado a emigrar en 2010, primero a Australia, después a Paraguay y Ecuador, ha publicado diversos artículos sobre el ciclo político progresista en América Latina. La última colaboración, sobre cleptocracia y transnacionales en Paraguay, en el libro Descartes (Punto de encuentro, 2015).
Fuente:

Las milongas de Pedrito y el Pacto del 135 .

Las ‘pinzas’ del PSOE en el tendedero de las derechas: una lógica del ‘mal menor’ que es la del ‘Pacto del 135’

Por Kaos. Izquierda a debate ( sin autor)




La historia se repite, la primera como tragedia, la segunda como farsa, decía un clásico. Resulta inevitable acordarse de tan citada frase cuando vemos ahora al PSOE, tantos años después y con todo lo que ha llovido desde entonces, rememorar la famosa teoría de “la pinza” para intentar atacar a Podemos y su negativa a ponerse de rodillas ante los mandatos del PSOE.

El profético Anguita, la pinza y el espíritu del 15-M

El viejo Julio Anguita y su teoría de “las dos orillas” hicieron mucho daño al PSOE. Por primera vez en muchos años, una fuerza respaldada por millones de votos se atrevía a desafiar la hegemonía del PSOE desde la izquierda. Asimilar a PSOE y PP era entonces casi un sacrilegio para aquellos que seguían viendo al PSOE como el gran partido modernizador del Estado, capaces incluso de justificar lo injustificable llegado el caso. El PSOE puso en marcha toda su artillería mediática para tumbar a Anguita y sacarlo lo antes posible de la política activa. En el PSOE se temía que aquel discurso, tan real como profético, acabase calando en el electorado y la correlación de fuerzas se moviera a favor de los intereses de quien así osaba hablar. En aquel entonces, sin internet, con un dominio aplastante de los grandes medios, salió bien. La teoría tuvo su impacto y aquella IU, tal vez la más valiente de su historia, acabó sufriendo un injusto castigo por ello que debió hinchar de “orgullo y satisfacción” a los estrategas del PSOE.

Pero resulta que Anguita tenía razón. PP y PSOE iban de la mano en un mismo proyecto político y económico que estaba condenando al Estado español a ser presa de la ortodoxia neoliberal y a ceder buena parte de su soberanía a manos de poderes económicos y políticos no electos. Y resulta también que un 15 de Mayo de 2011, gobernando precisamente el PSOE, la gente así lo evidenció: millones salieron a las calles a decirles a PP y PSOE que eran lo mismo y que no los representaban, a denunciar esa sumisión de la política a intereses no electos. Si el PSOE cree que aquella tragedia de “la pinza” hoy se puede repetir de otra forma que no sea como mera farsa, es que no ha entendido nada de los ocurrido en estos últimos 5 años.

La lógica del “mal menor” que mueve la nueva teoría de la pinza no tiene el menor recorrido. Muchos millones de personas se cansaron ya de tener que elegir entre lo muy malo, lo más malo y lo peor. Así lo expresaron primero en las calles y después en las urnas, y, como a Zapatero en 2004, lo hicieron dando un mensaje claro a quienes debían ser los nuevos receptores de sus votos para, precisamente, no tener que volver a optar nunca más entre esas odiosas opciones: “No nos fallen”. Zapatero traicionó aquel mandato y lo pagó caro. Podemos no está dispuesto a hacer lo mismo y así lo ha dejado claro esta semana.

PSOE: la ideología del poder en la lógica de las derechas

Decir que el único responsable de que Rajoy siga siendo presidente del Gobierno es Podemos, es tan absurdo como intentar, a una misma vez, hacer creer que es compatible desarrollar una estrategia de “centro” y presentarla como de “oposición al PP”.

O centrismo o frentismo, señor Sánchez. Todo a la vez es imposible. O se pone usted como prioridad desterrar al PP y sus políticas del Gobierno, o se echa usted en manos de quien, en última instancia, acuerda con usted un pacto pensado en la posibilidad de incorporar al PP en él. Es tan obvio, tan evidente, tan elemental, que hasta pareciera que la estrategia de Sánchez la están marcando quienes quieren, precisamente, eliminar a Sánchez del poder en el PSOE. Por más que lo revistan de un desgastado discurso emocional de apelación a las referencias clásicas de la ideología socialdemócrata que el PSOE decidió abandonar por sí solo.

Lo que muestra la verdadera ideología del PSOE es el pacto con C’s, ese PP en diferido al que en campaña llamaban “las derechas”. Lo que habla por sí mismo de la naturaleza ideológica de ese partido es eso de que mientras simulas negociar con unos en una “mesa a cuatro” lleves a tus hombres fuertes a negociar tu pacto “real” en la habitación de al lado, con un agente político antagónico a las otras tres fuerzas sentadas en la “mesa a cuatro”. Lo que pone en duda la voluntad de acuerdo es el documento del Comité federal del PSOE en el que se pide un imposible: unir a C’s y Podemos en un mismo acuerdo. Y no la dureza que pueda haber en un determinado debate parlamentario o las promesas vagas que se puedan lanzar en él. El PSOE habla de izquierdas en campaña, o en intervenciones desesperadas en busca de una imposible investidura ya sabida, pero actúa y piensa como las derechas para todo lo demás. Ahora quiere también gobernar junto a ellas y que eso no se analice desde la “ideología”. El colmo.

El PSOE tiene como única ideología el poder, su lógica es la lógica del “pacto del 135” y lo ha vuelto a demostrar una vez más. Habla de medidas sociales pero jura y perjura que será el alumno más obediente de Bruselas y de Merkel, habla de sacar al PP del Gobierno pero se mete en la cama con C’s a negociar un pacto que dé continuidad a la esencia de las políticas de la Troika. Habla de “pinzas” estrambóticas entre Podemos y el PP, incluso es capaz de decir que Podemos ha traicionado a sus votantes por no investir a Sánchez, pero se olvida de que Podemos ha nacido precisamente como consecuencia de las diferentes traiciones que el PSOE lleva haciendo a sus votantes desde hace mucho tiempo ya, y que si alguna pinza existe es la que el PSOE acaba de hacer con C’s para seguir tendiendo de manera indefinida a la política económica del Estado español en el tendedero de la Troika, el pacto del 135 y las derechas. Poco futuro le auguramos al PSOE con esta farsa, por más palmeros que repitan el mensaje.

Hegemonía se escribe con H de Coherencia: Podemos no traiciona a su gente

En Podemos la hegemonía de la izquierda, esa tan citada por el PSOE tras las pasadas elecciones municipales y autonómicas para presentarse como partido hegemónico de la misma, se escribe con H, sí, pero con H de coherencia. Podemos no va a defraudar a sus votantes entregándose en manos de un PSOE rendido ante las derechas y de rodillas ante las imposiciones que le vienen dictadas desde las editoriales de El País y otros espacios del poder real del Estado (políticos, mediáticos y económicos). Podemos nació para desafiar esa lógica del “mal menor” que ahora el PSOE quiere convertir en “pinza” y, sobre todo, para acabar con la lógica del “pacto del 135” que intenta cerrar la puerta a toda alternativa.

Si a alguien temen los poderosos es a Podemos, y así lo están dejando claro. Pero el pueblo ya está harto de que los poderosos manden en sus vidas y en sus votos. Si Podemos traiciona ese mandato dejará de ser Podemos y sus votantes se sentirán de verdad traicionados. Por eso no va a hacerlo. Porque quiere seguir siendo Podemos y, sobre todo, porque le importa la gente y no el poder, porque su ideología es defender los intereses de la gente, de los perdedores de la crisis, de los que salieron a decir eso del “no nos representan” y eso de “no hay pan para tanto chorizo”, además de aquello de “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Podemos tiene a un líder que no va ceder, que no va tragar, que no se va a poner de rodillas y que no se va a callar las verdades. Y eso hace daño. No es de extrañar que el PSOE haya tratado de centrar en su figura, y no tanto en la del partido, los duros ataques lanzados tras la votación de este viernes y el nuevo NO al “más de lo mismo”.

Pero si creen que con eso siembran dudas en los principios de Podemos, es que no nos conocen. Tenemos un líder al que no le importará tener que regresar a dar clase a la universidad si es necesario, pero que lo hará con la cabeza alta por defender las ideas por las que nació Podemos. Otros prefieren abrirse puertas en consejos de administración, pero Pablo Iglesias lo tiene claro: nuestra gente, nuestro pueblo, nuestras ideas, nuestros principios, nuestra COHERENCIA. No cedemos, no nos humillamos, no nos resignamos al “mal menor” y al “no hay alternativas”. El NO de ayer al PSOE no lo dio Pablo Iglesias: lo dio todo Podemos, sus cinco millones de votantes al unísono y muchos más que lo han aplaudido desde fuera.

Podemos nació para ser alternativa y esa es su naturaleza principal, ha nacido para acabar con el “mal menor” y lo ha hecho para intentar ganarle las elecciones a los del “pacto del 135” y gobernar. Quien no haya entendido esto es que no ha entendido nada y la realidad lo pondrá en su correspondiente lugar. La única pinza de Podemos es, pues, con la gente.


Las “pinzas” del PSOE, en cambio, son con el PP –votan lo mismo en Europa más del 75% de las veces y votaron juntos las reformas del artículo 135, juntos han aplicado el austericidio de estas dos últimas legislaturas y un largo etc. que daría para un artículo entero–, con C’s –ahí tenemos su pacto “reformista” y “progresista”–, con el IBEX35 –el pacto con C’s es un compendio de medidas impulsadas por el ex FEDEA, fundación vinculada al IBEX, Garicano– y con Bruselas, Merkel y la Troika –de ahí su mensaje de obediencia debida que lanzan cada día al respecto de estos “actores” políticos y económicos–.

http://kaosenlared.net/las-pinzas-del-psoe-en-el-tendedero-de-las-derechas-una-logica-del-mal-menor-que-es-la-del-pacto-del-135/




 Y ver.."Repartiéndose así los papeles, ambos líderes pretenden ofrecerse como promotores de la tan manida “segunda Transición” (o sea, de un nuevo “consenso constitucionalista”/1), si bien los dos parecen querer ejercer de Adolfo Suárez, avisando a Rajoy de los riesgos de asumir el papel de Fraga y pidiendo a Pablo Iglesias, como ya ha hecho Albert Rivera, que haga de Santiago Carrillo, o sea, de “hombre de Estado” dispuesto a sacrificar su voluntad rupturista.
Sin embargo, ya se sabe que las repeticiones en la historia pueden convertirse en farsas y que ni el escenario de entonces (con un discurso del miedo y del consenso que acabó imponiéndose) es el de ahora (donde, como reconocía recientemente Fernando Vallespín, estamos ante disensos entrecruzados), ni los actores son los mismos, justamente cuando además nos encontramos dentro de una Europa que, como ya se reconoce desde muy distintos lados, entonces era “la solución” al “problema de España” y ahora se ha convertido también en un gran problema. Sin horizonte de expectativas de mejora que se pueda ofrecer desde arriba, a la vista de la nueva vuelta de tuerca austeritaria que se anuncia (todo el mundo sabe que desde Bruselas se insiste en un nuevo paquete de “recortes” sociales en torno a 10 000 millones de euros), no hay relato ilusionante posible para una “nueva transición” (¿hacia un paraíso… fiscal?), como se puede comprobar con las modestas propuestas de reforma hechas por C’s y recogidas por el PSOE en su Acuerdo.
Antonio Gramsci, “la clase dirigente tradicional, que tiene un numeroso personal adiestrado, cambia hombres y programas y reasume el control que se le estaba escapando con una celeridad mayor de cuanto ocurre en las clases subalternas; si es necesario hace sacrificios, se expone a un porvenir oscuro cargado de promesas demagógicas, pero se mantiene en el poder, lo refuerza por el momento y se sirve de él para destruir al adversario y dispersar a su personal directivo que no puede ser muy numeroso y adiestrado”."
http://www.vientosur.info/spip.php?article11047

viernes, 4 de marzo de 2016

Cambiar algo para que todo siga igual.


El bloque conservador encuentra el camino de la reforma

Miguel Manzanera Salavert
Rebelión


El 24 de febrero se anunció el pacto entre Pedro Sánchez y Albert Rivera para formar un gobierno en minoría, que necesitaría la abstención del Partido Popular. Ese pacto se anuncia como el primer intento para la reforma de la Constitución del 78: Rivera, en nombre del nuevo partido liberal surgido de la crisis, se compromete a sostener un gobierno del PSOE, con la condición de participar en el diseño del nuevo orden social. Una reforma del sistema monárquico-liberal que debe ser capaz de sacar el país del marasmo social en el que se ha hundido durante los últimos años.

La alianza entre PSOE Y C’s en la investidura de Sánchez repite un pacto que se ha desarrollado con éxito en Andalucía; con la no pequeña diferencia de que carece de votos suficientes para gobernar: depende de la abstención del PP en la cámara baja de las Cortes y de la venia del Senado donde la derecha pepera goza de mayoría absoluta. Eso explica las características del compromiso, que tiene en cuenta al partido conservador, aunque éste no haya estado en las conversaciones. Rivera está actuando de enlace entre los dos partidos rivales de la alternancia liberal, para terminar con un modelo obsoleto del juego político.

Tiene además a su favor que el nuevo monarca parece favorecer un gobierno reformista; el nuevo rey, en efecto, necesita un Estado acorde con los nuevos tiempos marcados por la crisis y el final de la bonanza económica; un Estado a su medida –y no a la medida de su padre-, que le proporcione una nueva administración diseñada para durar unos lustros al menos. El objetivo de ese gobierno sería la regeneración de las estructuras estatales profundamente dañadas por la corrupción y la creación de un nuevo modelo político y económico a través de aquellas reformas necesarias. Esto incluiría ciertos cambios constitucionales (ley de sucesión, artículo 135, revisión de la ley electoral, etc.), reformas importantes en las estructuras políticas (desaparición de las Diputaciones Provinciales, reducción o eliminación del Senado, supresión del aforamiento, etc.), reforma o abolición de algunas leyes recientemente aprobadas (modificación de la ley Mordaza, paralización de la LOMCE, remodelación ‘progresista’ –menos retrógrada, quiero decir- del sistema impositivo, medidas anticorrupción, etc.). Se corrige la política del gobierno anterior del PP, pero no se cambia lo sustancial: el acuerdo entre PSOE y C’s está hecho pensando en el tercer elemento del bloque monárquico liberal.

Pero el PP se resiste a abandonar el poder y Rajoy ha comentado en un ambiente semipúblico, que habrá nuevas elecciones el 26 de junio. Esa rebeldía debe ser domesticada; será difícil conseguir sumar al partido más conservador al carro reformista, pero es completamente necesario. Tal vez sea esa la explicación de que el PP haya tenido que soportar en el último mes un espectacular ataque en forma de denuncias por corrupción: hay que preparar a este partido para que acepte entrar en el juego de la alianza conservadora. Se trata de conseguir un gobierno de concentración nacional, o al menos un gobierno que sea capaz de establecer una política que contente a todos los componentes sociales de la derecha. Los dirigentes del PP –que ahora están bajo amenaza de parar con sus huesos en la cárcel-, tendrán que sumarse a un pacto que se ha hecho pensando en ellos. Estos personajes –Rajoy, Aguirre, Barberá,…- que se creían por encima de la ley –y lo estaban en la época del rey Juan Carlos-, ahora han sido puestos en la picota en pro de la necesaria reforma del Estado. La regeneración del Estado exige también una regeneración de los partidos políticos y de la propia cultura política de la derecha. Y parece que el PP, ante el empuje de C’s, ha emprendido también el camino de la reforma.

Pero el problema es que la regeneración del Estado puede exigir también un cambio en el sistema de poderes, liquidando la monarquía. La propia jefatura del Estado podría verse en cuestión si comienza un proceso de enjuiciamiento de altos cargos políticos. El procesamiento de la infanta Elena es un serio aviso sobre esta cuestión. Así que tenemos que volver a la cuestión que Anguita planteaba ante el caso del GAL: ¿quién es el señor X? Es decir, ¿dónde está el origen de la corrupción? La cuestión es hasta dónde tiene que avanzar la depuración de las instituciones y si la monarquía va a ser puesta en cuestión por la crisis del Estado.

Esa ruptura constituye el desafío que la izquierda –o como ahora se prefiere decir, los de abajo- debe afrontar en este año crucial: proponer un proceso constituyente con participación popular, que dé lugar a una transformación en profundidad del actual orden social. Y hemos de reconocer que la actitud de los dirigentes de los partidos que apuestan por ese proceso constituyente, ha sido cuando menos precavida y prudente. Tal vez se pueda decir que esa prudencia está en sintonía con el sentir popular. Pero las maniobras del tándem Podemos-IU para constituir un gobierno de progreso no han convencido a Sánchez: aparentemente, no había mayoría suficiente en las Cortes; pero aunque la hubiera, cuesta imaginar al PSOE haciendo política de izquierda al servicio de las clases populares. Ni siquiera lo hizo en Andalucía cuando gobernaba con IU, que ha quedado de ese modo en evidencia por su incapacidad para hacer cumplir sus pactos a su socio de gobierno. El PSOE no es como el partido socialista portugués, que gobierna con el apoyo y la vigilancia de la izquierda portuguesa (comunistas y bloquistas). Dicho sea de paso, en España todas las fuerzas políticas se deslizan hacia la derecha, en comparación con sus homólogos portugueses, lo que seguramente tiene que ver con la constitución monárquica del país. Una República federal, o mejor, una Confederación de Repúblicas Ibéricas, tendría la ventaja de estrechar lazos políticos y económicos con nuestros vecinos portugueses.


No hay margen para una política reformista de carácter socialdemócrata en el marco de la UE y con un Estado monárquico-liberal. Esa es la clave de la actual coyuntura política. El caso griego es un ejemplo claro y debemos sacar las conclusiones de esta lección. Aplicar un plan de reformas profundas en sentido socialista, requiere de rupturas para las cuales debemos empezar a prepararnos. Pero que todavía no están maduras; por eso todavía el sistema político español gira alrededor de la monarquía y el bloque reformista-conservador formado por el PPSOE, más el nuevo retoño liberal, C’s. Sin embargo, esas rupturas podrían llegar a plantearse como alternativa a lo largo de este año en Grecia, y de rebote en el resto de los países del sur europeo.