miércoles, 22 de abril de 2020

¿Contra China todo vale ?.



Buscando culpables

Rafael Poch 

 Global 



El fiasco occidental en los inicios de la crisis del virus, se conduce hacia un incremento de la agresividad contra el nuevo enemigo chino
Con la economía mundial en ruta hacia su mayor depresión desde la gran crisis de 1929 (FMI dixit) y entre nerviosas advertencias de sus propios partidarios de que la superpotencia imperial por excelencia podría estar perdiendo terreno en esta crisis ante su principal adversario, se abre paso de manera frenética la búsqueda de un culpable.
En una acción sin precedentes que ha sido calificada de “crimen contra la humanidad” por Richard Horton, director de la revista médica The Lancet, el Presidente Trump ha suspendido la contribución de Estados Unidos a la OMS, acusándola de “mala gestión” y de haber “disimulado la propagación del virus”. El mismo personaje que desmintió la amenaza y cometió todas las torpezas y negligencias posibles, dispara contra el pianista en la pelea de Saloon que se anuncia por su comprometida reelección: “Muchas muertes han sido causadas por los errores de la OMS”, dice.
Demasiadas cosas en evidencia
La crisis pone en evidencia demasiadas cosas, así que la urgencia de desviar la atención hacia enemigos imaginarios a los que imputar la culpa es grande. Se buscan aquellos míticos judíos envenenadores de pozos de nuestra edad media. Y en este momento de la historia no hay mejor judío a mano que el chino. En abril la pandemia se ha convertido en boca del Presidente imbécil en el “virus chino”, el “virus de Wuhan” o el “Kung flu”. La máquina se ha puesto en marcha. El senador Ted Cruz anuncia una “Ending Chinese Medical Censorship and Cover Up Act 2020” que penalice a los funcionarios chinos responsables de la supuesta ocultación de información. Su colega de Misuri, Josh Hawley, quiere una “Justice for Victims of COVID-19 Act” para juzgar a los dirigentes del Partido Comunista Chino y el de Carolina del sur, Lindsey Graham propone  castigar a China cancelando su tenencia de bonos del tesoro de Estados Unidos. Como les corresponde, las correas de transmisión mediáticas han acudido inmediatamente a la llamada.
Lanzada como la habitual inocente filtración de un “informe secreto” de la CIA carente de toda prueba, la campaña mediática comenzó con la sospecha de la ocultación de la mortandad en Wuhan(1). A mediados de abril, las acusaciones de encubrimiento ya incluían la tesis de un virus creado y escapado por negligencia de un laboratorio chino y su tono adquiría rango de simple demencia en medios de comunicación como el canal Fox, que devuelve a los demócratas las leyendas del Russiagate. La ex jueza y “opinadora” Jeanine Pirro acusa en ese canal en tonos apocalípticos a China de querer “destruir este país y su modo de vida”. “Hemos luchado demasiado y muy duramente como para perderlos por un virus de Wuhan”. “Que China responda por lo que nos ha hecho a nosotros y al resto del mundo”, clama. En la misma cadena, el ex agente de la CIA Bryan Dean Wright explica a su entrevistador, que algunos dirigentes del Partido Demócrata “podrían ser agentes chinos del MSS, su servicio secreto”. De hecho los dos aspirantes a la Casa Blanca, Trump y Biden, rivalizan en sus acusaciones a China.
En un épico informe sobre las supuestas ocultaciones de las cifras reales de muertos en Wuhan, un tema que todos los grandes medios occidentales han evocado, Radio Free Asia informó el 6 de abril que los chinos “metían a gente que todavía se movía en las bolsas para cadáveres porque no había modo de salvarlos (…)  algunos se los llevaban a los crematorios cuando todavía estaban vivos”. La emisora, viejo aparato de la CIA, añadía candorosamente que no había podido “confirmar estos informes de forma independiente”.
Europa se suma
Como no podía ser de otra manera, en Europa siguen esa misma estela. “Washington, París y Londres se preocupan por las zonas de sombra de Pekín sobre el origen del virus”, titulaba Le Monde el 17 de abril, el mismo día en que Macron declaraba al Financial Times que, “hay cosas que no sabemos” (sobre la gestión china) y que sería “ingenuo” decir que ese país ha gestionado la crisis mejor que Francia. En Alemania, el principal diario, el infame Bild, se pregunta si no debería China “pagar indemnizaciones a los países afectados”.
Achacar en solitario a China las vacilaciones iniciales, los acosos a los denunciantes incómodos o los chanchullos de contabilidad con el número de afectados y muertos, prácticas que han sido, y son, generalizadas en occidente, o caracterizar como “totalitarias”, “autoritarias”, cuando no como grotescas cuando se aplicaron en China, las medidas de confinamiento y restricción de movimientos hoy vigentes en medio mundo, forma parte del abuso.
En lugar de adoptar rápidamente aquellas medidas eficaces -entre las diferentes y aplicadas a primera hora de la crisis- en lugares de Asia como, Corea del Sur, Taiwan, Hongkong o China, se prefirió perder un tiempo precioso y negar o desmentir la utilidad de ciertas prácticas -el uso de mascarillas, o la masificación de los test- únicamente porque no se disponían de los medios para aplicarlas. En lugar del simple y franco agradecimiento por la ayuda recibida de China (a 15 de abril; casi 4000 millones de mascarillas, 38 millones de trajes de protección, 2,4 millones de termómetros infrarrojos y 16.000 respiradores), muchos gobiernos europeos -y el propio responsable de la política exterior de la UE, Josep Borrell- han preferido responder con la sospecha de una maligna “diplomacia de la mascarilla” de Pekín. En definitiva, en lugar de concentrarse en las propias insuficiencias y los propios errores, se invita al público a sumarse a un necio y estéril ejercicio de denigración de China.
El mismo coro de siempre
Frecuentemente los protagonistas mediáticos de este gran rebuzno colectivo son los mismos que durante décadas han estado machacándonos con la necesidad de destruir el sector público. “Quienes durante treinta años han ocupado todo el espacio mediático, loando las bondades de la feliz mundialización, de la Europa de los mercados y del recorte de los déficits públicos” son llamados “a callarse en nombre del pluralismo y de la decencia más elemental”, clama un manifiesto francés  que da los nombres y apellidos de los principales “héroes nacionales” de esta liga (uno de ellos con altavoz en este mismo medio), fácilmente trasladables a la editocracia de cualquier país occidental.
Mientras en Estados Unidos se constata un gran aumento de veinte puntos en tres años de la opinión desfavorable hacia China (66%), una encuesta italiana de este mes identifica a China como “país amigo” (52%), a Rusia con un apoyo considerable (32%), mientras Estados Unidos solo recibe el 17% en esa consideración y otro 45% considera “país enemigo” a Alemania.
Más de lo mismo
Los motivos de esta fullera búsqueda de culpables son mucho menos histéricos de lo que sus formas sugieren. Y son bien conocidos. La emergencia de China como potencia y en particular su entendimiento con Rusia (hay que decirlo, entendimiento forjado por la estupidez de Estados Unidos), fueron designados hace años como la principal amenaza para la seguridad nacional de la primera potencia. El desarrollo económico y tecnológico de China es visto como el gran peligro. La pandemia, que de momento consagra la eficacia de la gobernanza en Asia Oriental frente a la negligencia occidental, incrementa la ansiedad. No sabemos si esta crisis acelerará los procesos de auge y caída de grandes potencias, pero lo que se lee en toda una serie de instituciones imperiales, desde la revista Foreign Policy, hasta en los documentos del Council on Foreign Relations por no hablar de las previsiones del propio FMI, así lo sugiere. El último World Economic Outlook del FMI (abril)  prevé para este año una caída del PIB 5,9% en Estados Unidos, del 7,5% en la eurozona y un crecimiento del 1,2% en China en la hipótesis de que la pandemia llegue a su culminación en este segundo trimestre del año. Si fuera así, el año que viene podría registrarse un crecimiento del 4,7% en Estados Unidos y la eurozona y de un 9,2 en China. Ya sabemos que esta contabilidad, que no cuenta lo esencial, vale lo mismo que la del Gosplan de la URSS, pero es en la que ellos se basan. Y no es tranquilizadora. Por eso hacen lo mismo que con el 11-S neoyorkino: aprovechar una crisis para acelerar su loca y agresiva carrera.
“Lo menos que podrían hacer los dirigentes de las grandes potencias sería recortar el gasto militar para financiar la seguridad humana y colectiva (solo suprimir los planes de rearme de la OTAN brindaría 400.000 millones a los 29 estados miembros en los próximos cuatro años), repensar todo el concepto de seguridad y enfocarlo hacia los retos del siglo: proporcionar alimento, agua, un medio ambiente limpio y asistencia sanitaria”, dice el anciano y ya frágil Mijail Gorbachov. El primer paso hacia una “nueva civilización” podría ser un recorte del 10% o el 15% del gasto militar, ha dicho este ruso universal. Pero no. A lo que se dedican es a incrementar la presión contra el adversario aun a riesgo de convertirlo en enemigo militar. No estamos muy lejos de ese desastre global al lado del cual la actual pandemia sería anecdótica.
(Publicado en Ctxt)

 NOTA DEL BLOG ...(1)

Propaganda al estilo americano  ............




¿ Creación de un fondo de reconstrucción europeo ? .





Una apuesta arriesgada que puede salir bien

 Juan Torres Lopéz

El Gobierno español ha mostrado por fin la propuesta que hará en el Consejo Europeo de mañana jueves para hacer frente a los efectos económicos de la pandemia. El presidente Sánchez propondrá la creación de un fondo de reconstrucción de 1,5 billones para realizar inversiones que, a partir de 2021, permitan reconstruir las economías dañadas como consecuencia del obligado cese de una gran parte de la actividad económica. Lo singular de la propuesta española (además de que, casi por primera vez, sea España quien lleve la iniciativa en un asunto de gran envergadura para el conjunto de la Unión Europea) es el modo de financiarla y el uso que se haría de los fondos.
Según lo que se ha informado, nuestro Gobierno propondrá que sea la Comisión Europea quien se endeude emitiendo deuda perpetua, lo que significa que no se devuelve su principal sino sólo los intereses, los cuales no deberían ser elevados dadas las condiciones actuales del mercado. Los fondos así obtenidos permitirían aumentar considerablemente el presupuesto europeo, casi doblarlo, y se repartirían después entre los diferentes países -con preferencia de los más afectados por la crisis- en forma de una especie de fondos estructurales que se recibirían a fondo perdido y que no habría que devolver.

Las principales ventajas e inconvenientes y los retos que plantea a España, tanto si se finalmente se aprueba como si no, me parece que son los siguientes.
Ventajas
La principal ventaja de la propuesta es que no aumentaría el endeudamiento de los países que reciban esos fondos, puesto que la deuda sería emitida por la Unión. Así se trataría de evitar la crisis financiera que llevaría consigo que Italia y España tuvieran problemas de sobreendeudamiento en mercados que, por mucho que intervenga el Banco Central Europeo, les impondrían un castigo severo. Si la crisis griega fue un lastre pesado para La UE y el euro, representando aquel país un magro 2% del PIB comunitario, una eventual crisis de España e Italia supondría un golpe de muerte para el proyecto europeo.
Una segunda ventaja de la propuesta española es que supone un reforzamiento sin precedentes del presupuesto de la Unión Europea. Lo cual, a su vez, tendría otras consecuencias positivas. Por un lado, el necesario mayor protagonismo de un Parlamento Europeo que es donde está representada la ciudadanía europea. Y, por otro, que la disposición de unos fondos tan importantes debería obligar, al menos, a repensar la puesta en marcha de una auténtica y necesaria hacienda europea.
En tercer lugar, con una cantidad tan ampliada de recursos, se abriría la posibilidad de que Europa por fin emprendiese con efectividad la reformas estructurales que se han estado dilatando y que, si eran urgente antes de esta crisis, ahora son ya imprescindibles. Me refiero a la reindustriaización sostenible, a la transición energética y tecnológica frente al cambio climático, al reto de la digitalización o a las que puedan frenar la divergencia progresiva entre territorios.
Finalmente, con un fondo de reconstrucción de esa naturaleza, que no suponga una sobrecarga de deuda para los países más afectados, se podría garantizar no sólo que se recobrase pronto una gran parte de la normalidad, sino que esos países tuvieran la posibilidad de acometer reformas de sus estructuras productivas, muy dañadas por las políticas europeas de los últimos años y, en el caso de España, por la desindustrialización y la especialización tan inadecuada de nuestra economía.
Inconvenientes
La propuesta española tiene, sin embargo, algunos inconvenientes importantes.
El primero de ellos es que implica dar por hecho que se va a sufrir un daño económico que podría haber sido mucho menor si se hubiera actuado en la dirección que venimos proponiendo muchos economistas, proporcionando ayudas directas y mucho más rápidas a empresas y familias, preferentemente mediante la intervención directa del Banco Central Europeo. Es cierto que esta era una medida que no hubiera podido emprender España por sí sola o que, de haberlo hecho, hubiera tenido un coste inicial muy elevado, pero no estoy seguro de que a la postre hubiera sido mayor que el que nos va a suponer el no haberla tomado.
El segundo inconveniente de la propuesta es que sigue el camino de hacer esclavas de la deuda a las economías. Es verdad que ahora no a cada una de ellas en concreto, aunque sí a la europea en su conjunto. Por esta última razón es por lo que creo que Alemania no va a aceptar la propuesta española tal y como se ha presentado. Pondrá objeciones a la cantidad y muchas más a la forma de financiarla. Y, si se acepta en esa cuantía o incluso en una menor, dejará a la Unión Europea sin munición para episodios futuros que, sin lugar a duda, van a darse bajo la forma de rebrotes de esta pandemia o de otras semejantes, de crisis climáticas, de inestabilidad social o de crisis financieras. No hay que olvidar que esta crisis del coronavirus se ha producido en medio de un proceso de debilitamiento generalizado de la industria y el comercio mundial que va a dilatar bastante la recuperación si ésta se hace bajo la misma lógica productiva anterior, en particular, en las economías con mayor dependencia de turismo y del resto de las actividades que implican consumo social.
En particular, hay que tener en cuenta que la propuesta española es una respuesta para el día después que no pone remedio a lo que está pasando en el de hoy, a saber, que tanto Italia como España están incurriendo en déficits que, en un cortísimo espacio de tiempo, van a incrementar su deuda sin que, para colmo, esta esté siendo suficiente para evitar la sangría que se produce en sus economías. Haber impuesto el "sálvese quién pueda" como plan de choque inmediato frente a la crisis se está pagando ya muy caro y su factura puede hacer inútil incluso una ayuda tan importante como la que supone la propuesta española.
El tercer inconveniente que la propuesta de nuestro Gobierno es que, si no se rediseñan al mismo tiempo el conjunto de las políticas e instituciones en que se ha basado la Eurozona, será inevitable que el incremento de los recursos aumente las divergencias que se vienen dando desde que el euro se puso en marcha. Sin un programa o estrategia bien diseñados de convergencia en la productividad, el crecimiento del PIB, la inversión o el empleo, lo que resultará de esta crisis, por muy abundante que sea el plan de reconstrucción, será una Europa todavía más deformada e insostenible. Aunque, dicho esto, es igualmente cierto que, sólo disponiendo de un gran volumen de nuevos recursos, como proporcionaría la propuesta española, se puede comenzar a cambiar la lógica y el diseño tan negativos e irracionales que gobiernan la Eurozona.
Por último, hay que señalar que la propuesta de España será exitosa para nuestro país si el Gobierno es capaz de liderar una buena estrategia de reactivación y reconstrucción. Y, al respecto, creo que hay algunos principios que no se debieran olvidar. Hay que involucrar para ello a toda la sociedad y no sólo a la clase política y me parece que es un gran error circunscribirse al ámbito parlamentario a la hora de diseñarla. El Gobierno debería lanzar desde este preciso momento una iniciativa nacional dirigida a reclamar ideas y a diseñar proyectos de relanzamiento económico y eso sólo lo pueden hacer quienes día a día ponen en pie a nuestro país, desde los más altos directivos empresariales a las trabajadoras y trabajadores más humildes, que son quienes conocen bien las cosas que funcionan bien y las que hay que cambiar. Sólo de esta forma, además, se podrán vencer las resistencias tan irresponsables que se están generando desde la oposición y muchos medios de comunicación y lograr un mayor consenso en la toma de decisiones.
Sin ese impulso y sin más acuerdo transversal, cualquier propuesta que Pedro Sánchez consiga que se apruebe mañana en el Consejo Europeo será improductiva. El punto de partida de la reactivación de nuestra economía y la garantía de que seamos capaces de reconstruir con éxito lo que desgraciadamente se nos ha venido abajo es la contribución activa de todos los españoles que a cada minuto sacan España adelante. El Gobierno debería empezar a trabajar inmediatamente en esa dirección.
En resumen, la propuesta española es arriesgada. No sólo porque es difícil que sea asumida, pues si bien no implica directamente la mutualización de la deuda que rechazan Alemania y otros países sí supone una carga fiscal común muy grande; sino porque, para ser efectiva, requiere reformas complementarias de gran calado que nunca hasta ahora se han puesto sobre la mesa en las instituciones europeas. Y, además, porque se basa en asumir que la propagación de la pandemia se va a detener pronto, que sus costes inmediatos no van a ser demasiado elevados, que la deuda nacional no se va a disparar y que la situación internacional no va a seguir deteriorándose, provocando problemas añadidos a los del virus.
En cualquier caso, es muy ingenuo creer que cuando uno se encuentra en una situación de emergencia se pueden tomar decisiones sin riesgo, sobre seguro. El Gobierno actual actúa y decide con una gran dosis de incertidumbre, tal y como le está ocurriendo a los demás y como le pasaría a cualquiera de otra tendencia política en España. Si logra hacerse cada día con más apoyo, si es capaz de mostrar cohesión, liderazgo, generosidad, capacidad de diálogo y humildad ante los errores que se puedan cometer, si es capaz de movilizar a quienes de verdad saben cómo funciona España y lo que hay que hacer para cambiar lo que está mal, si no se deja llevar por el sectarismo y la obsesión cainita de la oposición, sino que constantemente le tiende la mano a pesar de todo, España puede tener una oportunidad de oro para convertir esta situación desgraciada en el inicio de una nueva etapa de progreso. Si no lo hacemos bien, nuestros nietos se acordarán de nosotros.
 NOTA DEL BLOG .-
 Los 1,6 billones de euros propuestos por la Comisión Europea para toda la UE son análogos a los 1,5 billones de euros que  propone el  Banco de España, pero, eso sí, allí donde el texto español habla solo de una deuda perpetua, el documento bruselense la devalúa a una deuda a largo plazo parcialmente 

sábado, 18 de abril de 2020

Impedir que la gente piense: la política de la derecha ante la pandemia

Impedir que la gente piense: la política de la derecha ante la pandemia y el imperativo de defender y fortalecer lo público

 Carlos Frade .

Profesor de sociología, Universidad de Salford, Manchester (Reino Unido)


Evitar por todos los medios que la gente pueda pensar, pues si piensa no necesita ni reconoce amos ni señores: esa es la política de la derecha (es decir, de las fuerzas políticas que representan y defienden a la burguesía, y a las capas más oligárquicas con mayor empeño) en todo tiempo y lugar, en periodos normales y en momentos de crisis – solo que en tiempos de crisis esa política se intensifica y se hace mucho más visible. Además, y esto extremadamente revelador como veremos con todo detalle, esa política varía notablemente en cuanto al método en función de si la derecha está en la oposición (caso de España) o en el gobierno (caso del Reino Unido).
¿Por qué está la derecha tan nerviosa y tan acelerada, como si fuera a pilas (en España), y tan vacilante y zigzagueante, ellos, los que fanfarroneaban de doblegar, o al menos acosar, al mundo (en el Reino Unido)? La razón estriba en que efectivamente la derecha se ha encontrado con un problema, pues la pandemia derrumba de repente las pantallas de ocultamiento propias de los tiempos normales y fuerza a todo el mundo a ver y a vivir en sus propias carnes las consecuencias mortíferas de la política criminal que han practicado con la sanidad y los servicios públicos, sobre todo en la última década; además, obliga a darse cuenta de verdad, al menos por un instante, de la importancia absolutamente vital de lo público, es decir, de lo que es de todas y todos, en igual medida y sin excepción, y no una concesión o una ayuda de nadie; es más, la existencia de lo público, su sentido mismo, reside precisamente en ser la garantía de que nadie, ni individuo ni institución, pueda arrogarse la potestad de conceder o denegar nada de lo común que nos constituye como sociedad a nadie.
Éste es el punto crucial: el fogonazo que ilumina el valor irrenunciable de lo público. Es también el mejor momento para hacer hincapié en que el capitalismo no está en crisis. Es la burguesía capitalista la que tiene un constipado, aunque bastante molesto y potencialmente peligroso (de ahí el nerviosismo y los titubeos de sus servidores, los burócratas de la dominación) si esa posibilidad que la pandemia ha dejado entrever llega a articularse en una disyuntiva clara y de indudable interés político entre, por un lado, lo público y todo lo que conlleva en cuanto a solidaridad mutua, sororidad y fraternidad, y, por otro, la limosna o las donaciones ‘caritativas’ y todo lo que conllevan en cuanto a dominación, desigualdades brutales e individualismo necio.
Para que eso ocurra hace falta claridad sobre lo que pasa políticamente, y orientación sobre el modo de actuar en esta coyuntura. Este artículo es una contribución a esa labor de clarificación y orientación, y esto precisamente en el momento en que los dirigentes de la derecha y toda la gigantesca industria de defensa de la riqueza con la que trabajan están afanándose al máximo para ocultar, obscurecer, confundir y desorientar. La tarea que las fuerzas políticas emancipadoras (o progresistas, si se quiere) tienen por delante requiere no solamente sostener el fogonazo sobre la decisiva importancia de lo público, sino hacer ver la necesidad absolutamente imperativa de dar un paso más, el decisivo, y protegerlo y defenderlo activamente como el tesoro más preciado de la vida colectiva, al menos de una vida colectiva digna, en el sentido Kantiano de dignidad, como reza el epígrafe al comienzo del artículo.

Lo que la pandemia revela y la reacción instintiva de la derecha para ocultarlo, crear confusión e intoxicar

La pandemia del coronavirus expone a la vista de todos la política criminal de la derecha (a veces aplicada, e incluso en algún caso definitivamente asumida, por el centro-izquierda parlamentario) consistente en desmantelar la sanidad pública, ahogarla presupuestariamente y desprestigiarla (las dos cosas se refuerzan mutuamente), y finalmente apropiársela (‘privatizar’) para su beneficio privado. La expansión de la pandemia ha puesto de manifiesto unos países sumamente debilitados (España y el Reino Unido están entre los más debilitados de Europa con diferencia), faltos de personal sanitario y del equipamiento más básico para al menos moderar su brutal impacto. Y es en este mismo momento cuando, de súbito, esas cifras de recortes brutales que hasta hace poco tenían quizás un significado esencialmente técnico-contable (ver por ejemplo, esto, y también esto), adquieren un sentido real: nos dejan sin palabras y, mientras asistimos al horrible parte diario del número de muertos, nos fuerzan a preguntarnos: ¿cómo es posible que hayamos tolerado esta política criminal? Una pregunta ésta que nos deja perplejos y de nuevo nos hace enmudecer, lo cual es la mejor indicación de que nos aproximamos a lo real.
Pero la derecha sabe qué hacer en situaciones así, no necesita ni pensarlo, pues actúa por instinto: el instinto del propietario y amo, el que considera el país como su propiedad y trata a los habitantes como sus siervos, los cuales deben obviamente someterse sin pensarlo. Ese instinto, el instinto del que ve peligrar la dominación, se lanza inmediatamente a tapar el espacio-grieta que abre la tragedia del coronavirus para así ocultar su responsabilidad y evitar que nada cambie. Lo primero es imposible, pero lo que importa de verdad es evitar que nada cambie, un propósito par el cual el instinto dicta la reacción: obscurecer el pasado e intoxicar el presente para hacerlos ininteligibles. Para llevar esto a cabo la derecha tiene dos métodos diferentes, en verdad opuestos, a los que recurrir dependiendo de si está en la oposición (España) o en el gobierno (Reino Unido). Y la comparación entre estos métodos es tan reveladora e instructiva como necesaria – esto sin olvidar el objetivo final común al que ambos métodos sirven: mantener la dominación.

Método de la división agravante en contra del gobierno – para ser usado sólo cuando se está en la oposición: caso de España

Este método consiste, en primer lugar, en intoxicar la esfera pública con fango verbal: ‘palabras fango’ (‘venezuela’, ‘ETA’, que sigue estando en los primeros puestos, poco importa que haya desaparecido, y Pablo Casado, presidente del PP, es un profuso utilizador de este espantajo, la última vez en la sesión del congreso para extender el confinamiento) y ‘expresiones fango’ (como ‘gobierno bolivariano’ y otros sinsentidos semejantes) lanzadas contra el gobierno. Se trata de monstruosidades verbales ininteligibles utilizadas contra el rival político a fin de reducirlo a esa cosa aberrante y anómala; su uso marca expresamente la negativa a situarse en el ámbito de la razón y el entendimiento. Todo esto tiene lugar, segundo, en medio de acusaciones absolutamente increíbles contra el gobierno acompañadas de afirmaciones sobreactuadas de lealtad igual de creíbles, contradicciones descaradas (acusan al gobierno, hoy de ‘parapetarse en la ciencia’mañana de ‘anteponer la ideología a la ciencia’), y negaciones de lo más evidente y palpable. No hace falta decir que, en estas condiciones, la esfera pública se vuelve en gran medida una ciénaga en la que reina el sinsentido, la confusión y la desorientación – en fin, el terreno ideal cuando de lo que se trata es de tapar y ocultar. Y si no se puede tapar, pues entonces negar, negar lo que haga falta.
Y, efectivamente, a Casado le faltó tiempo para, con la típica desfachatez infinita de la derecha, negar que el PP haya hecho recortes en la sanidad, e incluso quejarse de que "se intenten dar datos falsos" sobre los recortes, cuando, uno, las imágenes que lo prueban son de ellos mismos fanfarroneando de ello cuando lo hacían, y, dos, los datos que lo muestran son oficiales. Esto es tan patético como si Casado nos dijera: ‘No es verdad que yo sea Pablo Casado, no me llaméis así, mentirosos, ya está bien de fake news y de dar información falsa sobre que si yo soy presidente del PP’. Grotesco; sin embargo, los dirigentes de la derecha lo hacen sin inmutarse.
Los ejemplos podrían multiplicarse ad infinitum. Añadamos solamente que la misma desvergüenza perenne de los burócratas de la dominación subyace al doble y contradictorio discurso del PP en relación con su actitud hacia el gobierno. La pregunta es obligada: ¿por qué el PP pone tanto empeño en mostrar la lealtad que no tiene a un gobierno que no la merece, puesto que, según el propio PP, es un gobierno deslealcómplice de la tragedia y responsable de muchos de los fallecidos?

Método de la unión asfixiante en torno al gobierno – para ser usado sólo cuando se está en el gobierno: caso del Reino Unido

Desde el gobierno las cosas son muy diferentes. Tan diferentes que se puede decir que la derecha en el Reino Unido ha campado a sus anchas, que son gigantescas, sobre todo durante las primeras semanas de la crisis, la etapa, bien conocida ahora en todo el mundo, de la ‘inmunidad de grupo’ – una etapa que desafortunadamente no parece haberse cerrado, pues todo apunta a que la inmunidad de grupo sigue siendo el desgraciado enfoque del gobierno de Boris Johnson. Esto aumenta el miedo de la gente, pues la ‘inmunidad de grupo’ (propagación supuestamente ‘controlada’ del virus) es un enfoque totalmente equivocado científicamente para atajar la pandemia y minimizar las muertes. Lo cual plantea la siguiente alternativa: o bien el gobierno de Boris Johnson es incompetente, o bien es inmoral pues sacrifica miles de vidas (las estimaciones oscilan entre el cuarto y el medio millón de muertos) a algún dios no declarado pero bien conocido, o bien – y al final esto parece lo más probable – combina diferentes dosis de ambas cosas.
A esto hay que añadir la confusión creada por un gobierno que titubea, cae en contradicciones y es incapaz de dar cuenta de lo que hace – incluso parte de la prensa más favorable al gobierno, temerosa de que el enfado de la gente se vuelva en su contra, lo ha criticado acerbamente, reprochándole ‘exceso de verborrea y confusión’. No es difícil ver que esto es un síntoma de algo más profundo y preocupante: de un gobierno básicamente perdido cuando se tiene que salir del guión trazado de antemano e incompetente para lidiar con lo imprevisto – características éstas que parecen chocar, en apariencia, con la actitud chulesca del repartidor de bravatas, faroles y humo en forma de buenos augurios que era la marca registrada del gobierno del brexit.
Para campar a sus anchas y generar una atmósfera uniforme y asfixiante de unidad hacen falta varias cosas. En primer lugar está la NHS (Servicio Nacional de Salud), la sanidad pública británica, la auténtica joya de la corona (y nunca mejor dicho), pues no hay cosa colectiva por la que los y las británicas profesen más amor, ni nada que las una más, que la NHS. Hacer creer a la gente que el gobierno defiende la NHS, lo que incluye borrar de su memoria un largo pasado de ataques brutales y un pasado reciente de austeridad letal, es un requisito imprescindible para crear cualquier atisbo de unidad. Pues bien, el rótulo con la inscripción ‘protege la NHS’, bien visible para el espectador, aparece todos los días en las ruedas de prensa del gobierno y en otros muchos carteles publicitarios. Sin embargo, la NHS, como todo el mundo sabe, estuvo en la mesa de negociaciones de los acuerdos de ‘libre’ comercio con EE. UU., es decir, está a la venta, y nadie puede dudar de que volverá a esa mesa – cinismo supremo del gobierno que, administrado a diario a los británicos a través de sus monitores, parece conseguir de momento el efecto buscado de aplacar a la gente y desactivarla políticamente.
Para esta labor el gobierno también cuenta con la ayuda inestimable de la prensa del odio (no sólo los ‘tabloides’), parte central de la industria de defensa de la riqueza cuya labor diaria consiste en esparcir culpa y odio horizontalmente entre la gente, para lo cual ofrecen personas particulares de entre esa misma gente como chivos expiatorios (en España la prensa del odio ofrece al gobierno para lo mismo). Es así como hace ininteligibles los problemas, pues los individualiza y desvía la atención de las instituciones, y evita que la culpa y el enfado se dirijan verticalmente hacia arriba, hacia el gobierno y los poderosos (todo lo cual aparece multiplicado exponencialmente en las redes sociales).
Otro aspecto fundamental en este intento de forzar una imagen de unidad estriba en descalificar y tratar de acallar las críticas, sobre todo las razonables y bien fundadas, y con especial empeño cuando se trata de voces significadas de políticos, columnistas de prensa o activistas. ‘No metas la política en esto’ o ‘no politices la crisis’ es la acusación más socorrida contra las voces discrepantes. Se trata de la acusación sintomática por excelencia, pues revela cosas fundamentales del que acusa, sobre todo sus temores, a la vez que pretende ocultar aspectos igualmente fundamentales del fenómeno en cuestión, sobre todo la naturaleza intrínsicamente política de las pandemias. En efecto, el carácter ‘brutalmente’ político de la pandemia del coronavirus se pone de manifiesto desde el principio mismo, desde las primeras decisiones sobre, primero, reconocerla, o al menos no negarla, o por el contrario negarla al principio y después, pues el negacionismo se despliega en varias etapas – no hace falta nombrar a los gobiernos y presidentes descerebrados que tanto abundan en nuestro mundo; pero sí que conviene recordar que las pandemias son especialmente peligrosas para los gobernantes autoritarios, tanto más peligrosas cuanto más autoritarios. Segundo: afrontarla mediante la propagación – supuestamente – controlada, es decir, el enfoque ‘inmunidad de grupo’ o mediante la máxima contención posible. Estas opciones es lo que trata de ocultar la acusación de politizar la pandemia. Y lo que revela es bastante obvio: el temor profundo del que acusa a que, precisamente debido al carácter fundamentalmente político de los pasos que se dan para afrontar la pandemia, se ponga de manifiesto su incompetencia, incluyendo la incompetencia cultivada (esa, por ejemplo, del desprecio a la ciencia) o la cerrazón ideológica.
Finalmente, el broche de oro a esta lógica unificadora asfixiante lo puso el discurso de la reina, que no ha dudado en utilizar las profundas emociones provocadas por la pandemia para tratar de confeccionar un sentimiento nacionalista, haciéndole así un gran favor (el enésimo) a la derecha, a la corona y al gobierno.

La disyuntiva planteada es clara: O bien lo público, o bien la donación ‘caritativa’

Esa es la sola disyuntiva, no hay otra. Pero se puede decir de muchas maneras: O bien dignidad, o bien limosna. Y también: O libertad, o servidumbre. Uno tiene que elegir ahora y asumir las consecuencias, porque la derecha lo tiene claro desde hace muchos años, en realidad siglos, pues constituye la esencia misma del sistema de dominación llamado con una cierta exageración ‘liberal’ (pues liberal es, pero sólo con el capital).
Esa es la razón por la que los dirigentes de la derecha en España están tan agitados elogiando al ‘sector privado’ y denunciando a voz en grito cualquier mención de ‘lo público’ como si fuera un crimen o una ideología. Alguien que se prodiga en esta actividad es Cayetana Álvarez de Toledo, portavoz parlamentaria del PP, para la cual el hecho de que el gobierno hable de la necesidad de reforzar lo público es un intento de imponer ‘soluciones claramente ideológicas y políticas’. Y mientras los que se dedican a hablar siguen ocupados en decir ‘n'importe quoi’ (lo que sea, sinsentidos), por expresarlo à la francesa, la que ha sido capaz de articular una operación consistente es la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, la cual no ha parado de anunciar una ‘gran donación’ tras otra, prácticamente cada día, de bancos, empresas y ricachones. En verdad Díaz Ayuso es una auténtica activista del régimen ‘liberal’: ha conseguido ‘8,5 millones en donaciones’ (desgravan al 35%), y preside una Comunidad que ‘perdona más de mil millones en impuestos a los ricos’.
Uno diría que Ayuso es una alumna aplicada del padre del régimen ‘liberal’ moderno, Adam Smith, famoso autor de La Riqueza de las Naciones, que fue quien puso la ‘caridad’ en su sitio, por así decir – pero él hablaba de ‘benevolencia’, pues caridad tiene unas connotaciones de relación fraternal (claro, es una práctica cristiana) que le parecían contrarias al sistema liberal-capitalista que defendía. La benevolencia es una cualidad individual que consiste en dar sin recibir nada a cambio, ‘por la cara’, o eso creía Smith (dar limosna, por ejemplo), y de forma voluntaria (no puede imponerse). Ahora bien, para entender el papel de la benevolencia hay que situarla en relación con la justicia, nada menos, que para Smith se reduce a lo que los clásicos denominaban ‘justicia conmutativa’, es decir, meramente mercantil o contractual, que regula los intercambios entre particulares. Smith no podía ver ni en pintura la justicia distributiva, la cual efectivamente es lo real, es decir, lo imposible del capitalismo, y cuyo rechazo justifica la existencia y los afanes del liberalismo.
Pero hay más, pues la justicia smithiana no se limita a eliminar cualquier idea de deber, sino que se fundamenta positivamente en dejar el deber al margen. Actuar justamente para Smith no tiene nada que ver con hacer el bien, sino que (cito) ‘sólo nos impide hacer daño a nuestros vecinos’, lo cual supone una gran rebaja de las exigencias morales cristianas o simplemente humanas – de ahí que esté justificado decir a los muchos defensores de este régimen que a menudo presumen de ser cristianos que lo suyo es un cristianismo de rebajas. Parcial o no, esta justicia es esencial para la existencia de la sociedad según Smith, de ahí que su observancia sea impuesta por el estado, mientras que la benevolencia no es esencial, sino sólo un ornamento del que se puede prescindir – y esto a pesar de que Smith deja a la gente común y a los pobres al cuidado de la benevolencia.
Smith sufre aquí un lapsus de consideración, pues los que pueden practicar la benevolencia, es decir, los ricos, no se conforman en modo alguno con ser ricos y mandar, sino que quieren que creamos que, si es así, la razón estriba en que son los mejores, los más capaces y por tanto los legítimos mandamases. Y el precio que tienen que pagar por ese reconocimiento consiste en ser benévolos, esto es, dar limosnas o hacer ‘gestos solidarios’. Contrariamente a lo que pudiera parecer, no es un precio bajo en absoluto, porque en realidad es una servidumbre – la primera servidumbre, la del que desea dominar y nos quiere vender gato (dinero, riqueza) por liebre (virtudes y excelencia personal), la cual es también la primera corrupción, que luego esparcen por toda la sociedad. Además, se trata de una servidumbre absolutamente necesaria, y no hay poder real, es decir, duradero o dominación que pueda sostenerse sin apoyarse también en un cierto consentimiento, al menos tácito, y por tanto en una cierta corrupción, al menos inducida.
De ahí el ajetreo que estamos observando durante el confinamiento, tanto en España como en el Reino Unido, con donaciones anunciadas a golpe de corneta mediática prácticamente a diario. En ambos países hemos podido ver cuan necesitados de reconocimiento están las celebridades o los famosos; conscientes de que su papel es hacer el idiota (idiota en el sentido original estricto), se apuntan a toda ocasión que se presente de salir de la idiotez y así ganar reconocimiento. No sabemos si obtienen esto último, pero lo que es prácticamente seguro es que, al hacerlo, introducen la idiotez en los asuntos públicos – éste es sin duda el mejor servicio que las celebridades prestan al régimen corrupto o servil en que vivimos, de ahí que éste los erija en sus emblemas.

Los aplausos: qué aplaudimos y a qué sirven los aplausos

Exactamente esto es lo que hemos podido ver en el Reino Unido con los aplausos, que fueron cooptados desde el principio mismo y se convirtieron, independientemente de los sentimientos y deseos de la gente, en aplausos al status quo. Es muy triste tener que decir esto, pero es necesario hacerlo. Quizás ayude a entenderlo si añado que yo también salgo a mi ventana en Edimburgo a aplaudir cada jueves (aquí no son diarios), y también me emociono al ver a los vecinos y sentir que compartimos algo importante – algo que, además, sabemos que da ánimos al personal sanitario que está en primera línea jugándose la vida.
El problema está en la emocionalidad amorfa y básicamente gregaria promovida de forma rutinaria por el sistema con sus devastadores poderes mediáticos para desviar la atención de las estructuras e instituciones que han diezmado y debilitado (por ejemplo, las sanitarias), y tapar su responsabilidad directa en estos desastres. Se trata de una emocionalidad sin pensamiento, huérfana de ideas, y por eso mismo dominada por emociones pasivas y tristes como el miedo, la esperanza y los buenos deseos que nos debilitan mientras nos hacen creer que nos fortalecen. En resumen: es una emocionalidad reforzadora del sistema y los desastres que nos afectan, y un enorme impedimento para evitar esos desastres en el futuro. La campaña británica de aplausos ejemplifica esto a la perfección, empezando por el nombre, ‘aplauso por nuestros cuidadores’ (clap for our carers), que focaliza la cuestión en las personas individuales, pero oculta las condiciones institucionales extremadamente precarias en que trabajan; que trata de encumbrar a los sanitarios como héroes, pero sin pensar mucho en esos héroes y heroínas y en porqué necesitamos su heroísmo. ¿Y quién puede ser tan desagradecido como para negar su heroicidad? Bueno, pues el gobierno y los ‘managers’ de la sanidad, esos que han presidido y ‘gestionado’ la devastación de la sanidad pública: Los profesionales sanitarios están siendo silenciados y amenazados con castigos por hablar públicamente sobre su trabajo durante el estallido del coronavirus (un caso similar de acoso y amenazas a un enfermero que criticó los recortes ocurrió en la Comunidad de Madrid, gobernada por la derecha). Lo que cuenta está claro: tapar a toda costa las condiciones terribles en que han dejado la sanidad pública, si hace falta a costa de amordazar a ‘nuestros cuidadores’. Pues bien, la pregunta es obligada: ¿queremos aplaudir a estos héroes de paja y sin voz que utilizan como señuelos contra la gente, o a los trabajadores sanitarios de carne y hueso, con don de la palabra y sentido heroico de su profesión que se juegan la vida cada día como si no hubiera un mañana?
Los aplausos en España han sido muy diferentes, pues partieron de una iniciativa popular, sin celebridades, que directa o indirectamente retomaba un pasado impresionante de luchas por la sanidad pública (la Marea Blanca, parte de una lucha más amplia y colorida por todo lo público cuyo nombre es Las Mareas). El impulso inmediato y predominante, sin ser homogéneo (el himno se pudo escuchar en barrios ricos), fue y es la defensa de la sanidad pública, lo que conlleva la defensa de los trabajadores sanitarios – de hecho ha habido propuestas de sindicatos para mejorar de verdad sus condiciones laborales, lo cual es lógico teniendo en cuenta que el sector ha sido enormemente precarizado. Se trata por tanto de una campaña no sólo con pasado, sino también con ideas de futuro y con un presente, al menos en parte, reivindicativo – en resumen: con contenidos y bastante ajena a la emocionalidad amorfa. Otro aspecto crucial es que, casi desde el principio, los aplausos se extendieron (en parte también en el Reino Unido) a todos los cientos de miles de trabajadoras y trabajadores (repartidoras, mensajeros, farmacéuticas, reponedores, cajeros, transportistas, etc.) que, en jornadas agotadoras y arriesgando también sus vidas, hacen posible que los que estamos confinados podamos comer y tener servicios básicos – en caso de que olvidemos: son el corazón de la clase obrera y por tanto de la sociedad; sin embargo tiene un empleo precario, a menudo basura total, y sin reconocimiento social.

Cuando todo esto empiece a pasar: el momento de las confinadas y confinados

Una vez que esto empiece a pasar, somos las que ahora hemos estado confinadas y siguiendo la terrible lucha desde nuestras casas (ya sea en España, en el Reino Unido, en China o en Brasil. No importa el continente ni el país en que estén esas casas) las que tenemos que tomar el relevo para una triple tarea: primero, para que la labor extraordinaria que están haciendo las que están en primera línea sea reconocida debidamente y no se quede en homenajes estériles llenos de palabras huecas; segundo, para que los que se han ido sean despedidos y recordados debidamente y no sean utilizados para lo que los muertos son siempre utilizados por los servidores de la dominación: para amordazar a los vivos, pues servir la dominación significa servir la muerte; y tercero, para que los que vengan después de nosotras nunca vuelvan a encontrarse ni toleren lo que nosotros hemos tolerado: que lo público en general y la sanidad pública en particular sean desarmados, diezmados y pisoteados.
En realidad, esas tres tareas se reducen una sola: reconstruir y fortalecer lo público, lo cual incluye (pero no se limita a) una sanidad pública robusta, por supuesto totalmente universal y no sometida a, ni por tanto corrompida por, la farmaindustria y la privada - ¿que no se puede? Los británicos construyeron so ‘joya de la corona’ en un país devastado por la guerra, victorioso, afortunadamente, pero destruido. Una única tarea, pero con tres significados distintos si bien profundamente complementarios: primero, construir una sanidad pública sólida a todos los niveles es el único homenaje real, substantivo a los que se han jugado la vida en primera línea. Segundo, asegurarse de que, si por desgracia otra tragedia vuelve a ocurrir en el futuro, podamos tener y disponer de todos los medios humanos, organizacionales y técnicos posibles para que no ocurran muertes evitables – esto, que no vuelva a ocurrir ni una sola muerte evitable, es lo único que puede constituir un homenaje real, substantivo a los que se han ido. Finalmente, ¿qué mejor legado a los que vengan después que una sociedad en la que lo público, lo común, sea respetado de verdad y protegido como lo mas valioso de la vida colectiva que nos constituye como sociedad? Esto requiere una labor enorme de educación política mutua, pues el respeto es un valor desconocido en un sistema que sólo sabe someterse al dinero y la riqueza.
Pero es necesario actuar ya, y hacerlo con firmeza si queremos una vida libre y digna. Porque a la derecha le ha faltado tiempo para, como diligentes servidores de la dominación, invocar a los muertos contra los vivos, mostrando así el respeto que tiene por ambos, los muertos y los vivos. ‘Banderas a media asta’, han gritado inmediatamente, y ‘luto oficial’, continúan gritando, pero contra el gobierno, no porque les duelan los muertos – exactamente igual que no han tenido escrúpulos en erigirse en portavoces de las familias y narradores de su sufrimiento, no porque les importen las familias y su sufrimiento, sino contra el gobierno y contra todas y todos. Se trata de pura necrofilia, puesta al servicio de la dominación. Y esas banderas y ese luto no son sino las mordazas que la derecha quiere utilizar para acallarnos. No debemos permitírselo.
¡Celebremos la vida de los que se han ido! Y empecemos ya a construir por todo el mundo los puestos avanzados (avant-postes, outposts) necesarios para reconstruir y defender lo público y lo común a todos los niveles, incluyendo el ámbito global – miles de puestos avanzados (de lucha y libertad, de experimentación y vigilancia, de declaraciones y proposiciones), construidos en miles de sitios (en la ciudad y en el campo, en la capital y en la provincia, online y sobre el terreno), y ocupados y defendidos permanentemente.

https://blogs.publico.es/dominiopublico/32137/impedir-que-la-gente-piense-la-politica-de-la-derecha-ante-la-pandemia-y-el-imperativo-de-defender-y-fortalecer-lo-publico/

viernes, 17 de abril de 2020

La orquesta del Titanic nunca tuvo tantos músicos como ahora.

No se están haciendo los deberes

JUAN TORRES LÓPEZ

A medida que pasan los días tenemos más datos y estimaciones sobre la magnitud del desastre que estamos viviendo.
Se acaba de saber que la economía china ha caído un 6,8% en el primer trimestre del año, el derrumbe más grande sufrido en los últimos cincuenta años. Pronto iremos teniendo noticias de lo que ha ocurrido en las demás economías en estos primeros tres meses del año, aunque, sean los datos que sean, no serán tan malos como los que se registrarán en el segundo trimestre.


El presidente del Banco de la Reserva Federal de St. Louis, James Bullard, declaró hace unos días que prevé que la tasa de desempleo suba al 30% en Estados Unidos y que el PIB caiga un 50% de abril a julio. Sería el gigantesco descalabro que, en mayor o menor medida, se va a producir en todas las economías del mundo y que a mí me parece que no está recibiendo el tratamiento de choque que sería necesario aplicar para evitar que se produzca una hecatombe global.
No he leído a nadie describir la situación tan claramente como lo hizo este último banquero: nos encontramos -dijo- ante "un cierre parcial, planificado y organizado de la economía" y el objetivo general debe ser "mantener a todos, hogares y empresas, enteros con el apoyo del gobierno".
En esta segunda frase es donde a mi juicio se encuentra la clave para saber si se está haciendo lo que hay que hacer para evitar la hecatombe: ¿se están manteniendo a flote las empresas y los hogares? Me parece evidente que no.
En miles de hogares está empezando a faltar la liquidez, no hay dinero para comer y los trámites de las ayudas se retrasan. La única forma de evitar la situación límite en la que pueden estar millones de personas es poner en su bolsillo dinero en efectivo para que puedan salir adelante. Un dinero que, de paso, iría directa e inmediatamente después a la caja de las empresas, ayudando así a que se pueda ir manteniendo el empleo en algunos sectores vitales.
Si se deja que esta situación se deteriore no sólo se va a producir un gran sufrimiento personal –lo que ya de por sí es tremendo– sino el brote de un descontento que antes o después se dejará notar en las calles, en la disciplina social y en la estabilidad política. El conservadurismo a la hora de determinar el modo de prestar ayuda a los hogares y la falta de decisión para recurrir a medidas de endeudamiento inmediatas que pudieran permitir hacerlo de la forma más efectiva posible va a pasar una factura grande en los próximos meses, si no en las semanas inmediatas.
Lo mismo se puede decir de las empresas. Es lógico que algunas tengan un colchón de liquidez más mullido que las familias, pero la gran mayoría de las microempresas, de las pequeñas y medianas y muchísimos trabajadores autónomos están acercándose al límite de lo que pueden resistir.
Como muchos economistas propusimos desde el comienzo de la crisis, la fórmula inteligente, me atrevería a decir que la de sentido común, para hacer frente al cierre forzado de la actividad tendría que haber sido que el gobierno se hiciera cargo de la mayor parte de la carga salarial de las empresas y les permitiese retrasar pagos a hacienda, para mantenerlas "congeladas" durante el periodo de encierro.
Ambas ayudas, a hogares y empresas, deberían de haberse hecho sin más trámite que el preciso para hacerlas efectivas inmediatamente, dejando para después el control y seguimiento de su justificación y uso. En lugar de eso, lo que se está haciendo, no sólo en España y tanto en el caso de los ERTES como de las ayudas familiares, conlleva un retraso demasiado grande que puede dar lugar a que, cuando se hagan efectivas las ayudas, sean todavía más insuficientes que cuando se puso en marcha el proceso para darlas.
Algo parecido está ocurriendo como consecuencia de haber recurrido al crédito de la banca privada para evitar que las empresas se vengan abajo. Los trámites engorrosos y las trabas de todo tipo, la falta de recursos y de eficacia de los bancos, la indecisión y el desconocimiento de muchas empresas, el temor a incrementar una deuda ya demasiado elevada en circunstancias tan desfavorables, la incertidumbre general o, sencillamente, la quiebra total que para miles de autónomos o microempresas supone el quedarse sin actividad solo unos pocos días, están haciendo que la financiación bancaria no resulte una vía efectiva de ayuda para miles de empresas y trabajadores autónomos.
Todo esto está ocurriendo, como he dicho, en toda Europa. Sus dirigentes parece que sólo se dieron cuenta de la gravedad de la situación en la retórica, pero no en la práctica. Y no entendieron, desde luego, que la única institución que puede garantizar que se pongan en marcha el tipo de ayudas inmediatas y efectivas que se necesitan es el Banco Central Europeo, financiándolas completa y directamente, con el apoyo –eso sí– de la Unión Europea en su conjunto, comprendiendo la situación y facilitando que el endeudamiento subsiguiente no se convierta en una losa definitiva para las economías.
El error que ha supuesto no tomar estas medidas de apoyo directo, proporcionando la liquidez suficiente e inmediata que pueda "mantener a todos los hogares y empresas", como decía el banquero de la Reserva de St. Luis, está ya tan admitido que hasta se manifiesta en el lenguaje: se habla de la necesidad de "reconstruir" las economías tras el coronavirus, dando por hecho que van a quedar destruidas. Y, lo que es peor, parece que por Europa se extiende la idea de que, antes que tomar las medidas de "mantenimiento" que deberían tomarse, lo mejor es ir terminando cuanto antes el encierro, minimizando la destrucción, y apostar a que el virus no vuelva a propagarse en una segunda oleada. La ruleta rusa como única alternativa.
Si su apuesta sale mal y la destrucción se generaliza no se deberá olvidar que fue como consecuencia de la incompetencia y de la irresponsabilidad de las autoridades europeas que no supieron hacer frente al sentido común de las cosas.
Yo creo que se está a tiempo todavía de rectificar. La Unión Europea tiene a su alcance medidas de mucha mayor eficacia para actuar, aunque sólo sea permitiendo a los gobiernos nacionales que intervengan con mucha más osadía y contundencia. Y el Banco Central Europeo podría poner en marcha en cuestión de días o incluso de horas programas de financiación, incluso mucho menos costosos que los que ha aprobado hasta ahora, para garantizar de verdad que miles de empresas no cierren y que millones de personas no caigan en la pobreza.
Naturalmente, nada de esto podrá ser efectivo si en el seno de cada país, como ocurre en España, se actúa sin unidad de escuadra, si se carece de solidaridad, si la emergencia simplemente se utiliza para agredirse unos a otros y si la sociedad civil no se moviliza y reclama que se actúe con más eficacia y contundencia.
La orquesta del Titanic nunca tuvo tantos músicos como ahora.

jueves, 16 de abril de 2020

¿Podemos Confiar en la OMS?

¿Podemos Confiar en la OMS?  ¿Quién es el Dr Tedros?



La organización más influyente del mundo con responsabilidad nominal en temas de salud global y epidemias es la Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas, OMS [WHO en inglés], con sede en Ginebra. Lo que pocos saben son los mecanismos reales de su control político, los chocantes conflictos de intereses, la corrupción y la falta de transparencia que impregnan a la agencia que se supone que es la guía imparcial que nos llevará a superar la actual pandemia de COVID-19. Lo siguiente es solo una parte de lo que ha salido a la luz pública.
¿Declaración de pandemia?
27 diciembre
Los primeros tres casos en Wuhan se informaron, oficialmente, el 27 de diciembre de 2019, un mes completo antes de la fecha. Todos los casos fueron diagnosticados con neumonía por una «novel» o nueva forma de coronavirus del SARS [Síndrome Respiratorio Agudo Grave ]. Es importante tener en cuenta que los mayores movimientos de personas anual en china, el Año Nuevo Lunar y el Festival de Primavera, durante el cual unos 400 millones de ciudadanos se mueven por toda la tierra para reunirse con sus las familias, fueron del 17 de enero al 8 de febrero.
23 enero
El 23 de enero, a las 2 de la madrugada, dos días antes del inicio de las festividades de Año Nuevo, las autoridades de Wuhan declararon un bloqueo sin precedentes de toda la ciudad de 11 millones de personas a partir de las 10 de la mañana de ese día. Para entonces, cientos de miles, si no varios millones de residentes habían huido presas del pánico para evitar la cuarentena.
30 enero
El 30 de enero, Tedros Adhanom, Director General de la Organización Mundial de la Salud de la ONU, declaró una Emergencia de Salud Pública de Preocupación Internacional o PHEIC [Public Heald Emergency of International Concern, es español pronuciación similar a fake]. Esto ocurrió dos días después de que Tedros se reuniera con el presidente de China, Xi Jinping, en Beijing para discutir el dramático aumento de casos severos de un nuevo coronavirus en Wuhan y áreas circundantes que habían alcanzado proporciones dramáticas. Al anunciar su declaración de emergencia de PHEIC, Tedros elogió las medidas de cuarentena chinas, medidas muy controvertidas en salud pública y nunca antes vistas en tiempos modernos aplicadas sobre ciudades enteras, y mucho menos a países. Al mismo tiempo, Tedros, curiosamente, criticó a otros países que se estaban moviendo para bloquear vuelos con China para contener la extraña nueva enfermedad, llevando a acusarles de defender indebidamente a China.
Cuando la OMS declaró la emergencia de salud pública de preocupación internacional el 30 de enero, ya se habían perdido semanas preciosas para contener la enfermedad. Sin embargo, Tedros elogió efusivamente las medidas chinas «sin precedentes» y criticó a otros países por poner un «estigma» a los chinos al reducir los viajes con esta nación.
[14 febrero
China cambia su sistema de clasificación de casos de covid19, que junto con drásticas medidas da comienzo a una recuperación estadística de la pandemia.]
23 febrero
En referencia a la propagación del COVID-19 en Wuhan y por qué la OMS no lo calificó de pandemia, el portavoz de la OMS, Tarik Jasarevic, declaró el 24 de Febrero: «No hay una categoría oficial (para una pandemia) … La OMS no utiliza el antiguo sistema de 6 fases – que clasifica desde la fase 1 (sin informes de influenza animal que cause infecciones humanas) hasta la fase 6 (una pandemia) – , con la que algunas personas pudieran estar familiarizadas con la gripe H1N1 en 2009».
11 marzo
Más tarde, el 11 de marzo, Tedros Adhanom anunció por primera vez que la OMS estaba llamando a la nueva enfermedad por coronavirus, ahora rebautizada como COVID-19, «pandemia global». En ese momento, la OMS dijo que había más de 118.000 casos de COVID-19 en 114 países, con 4,291 muertes.
Falsa Pandemia de la gripe porcina  H1N1 de la OMS en 2009
Desde el fiasco y escándalo anterior de la OMS en 2009 en su declaración de una pandemia mundial en torno a la «gripe porcina» o H1N1, como se denominó, la OMS decidió abandonar el uso del término pandemia. La razón es indicativa de la corrupción endémica de la institución de la OMS.
Apenas unas semanas antes de los primeros informes en 2009 de un niño mexicano que estaba infectado con un nuevo virus de la «gripe porcina» H1N1 en Veracruz, la OMS había cambiado silenciosamente la definición tradicional de pandemia. Ya no era necesario que una enfermedad reportada fuera extremadamente extendida en muchos países Y extremadamente mortal o debilitante. SOLO debía ser generalizada, como la gripe estacional, si los «expertos» de la OMS quisieran declarar una pandemia. Los síntomas de la H1N1 de la OMS fueron lo mismo que un resfriado fuerte.
Cuando la entonces directora general de la OMS, Dra. Margaret Chan, declaró oficialmente una emergencia pandémica global de fase 6, desencadenó programas nacionales de emergencia que incluyeron miles de millones de dólares en compras gubernamentales de presuntas vacunas contra la gripe H1N1. Al final de la temporada de gripe de 2009, las muertes por H1N1 fueron muy pocas en relación con la gripe estacional normal.
El Dr. Wolfgang Wodarg, médico alemán especializado en neumología, era entonces presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. En 2009, solicitó una investigación sobre presuntos conflictos de intereses en torno a la respuesta de la UE a la pandemia de gripe porcina.
El Parlamento de los Países Bajos también descubrió que el profesor Albert Osterhaus de la Universidad Erasmus de Rotterdam, la persona en el centro de la gripe porcina mundial H1N1 Influenza A 2009 como el asesor clave de la OMS sobre la gripe, estaba interesadamente posicionado para beneficiarse personalmente de los miles de millones de euros en vacunas presuntamente destinados a la gripe H1N1.
Muchos de los otros expertos científicos de la OMS que aconsejaron al Dr. Chan que declarara una pandemia estaban recibiendo dinero directa o indirectamente de los Big Pharma, incluidos GlaxoSmithKline, Novartis y otros fabricantes importantes de vacunas [Cinco expertos de la OMS vinculados con productores de vacunas 13 agosto 2010].
La declaración de la OMS de la pandemia de gripe porcina fue falsa. 2009-10 vio la gripe más leve en el mundo desde que la medicina comenzó a registrarla. Los gigantes farmacéuticos se llevaron miles de millones en el proceso.
Fue después del escándalo de la pandemia de 2009 la OMS dejó de usar la declaración de pandemia de 6 fases y se inclinó por la declaración de una «Emergencia de salud pública de preocupación internacional» totalmente vaga y confusa. Pero ahora, Tedros y la OMS decidieron arbitrariamente reintroducir el término pandemia, admitiendo sin embargo que todavía están en medio de crear una nueva definición del término. Una»pandemia» provoca más miedo que una»emergencia de salud pública de preocupación internacional».
La SAGE de la OMS todavía en conflicto
A pesar de los grandes escándalos de conflicto de intereses de 2009-10 que vinculan a los Big Pharma con la OMS, hoy la OMS bajo Tedros ha hecho poco para eliminar la corrupción y los conflictos de intereses.
El actual Grupo de Expertos en Asesoramiento Científico de la OMS (SAGE, [Sabios!?]) está plagado de miembros que reciben fondos «financieramente significativos» de los principales fabricantes de vacunas o de la Fundación Bill y Melinda Gates (BGMF) o Wellcome Trust.
En la última actualización de la declaración AQUI de conflictos de intereses de miembros de la SAGE de la la OMS del 30 de marzo de 2020, de los 15 miembros científicos de SAGE, no menos de 8 habían declarado interés, por ley, en posibles conflictos. En casi todos los casos, el importante financiador financiero de estos 8 miembros de SAGE incluyó la Fundación Bill y Melinda Gates, Merck & Co. (MSD), Gavi, la Alianza de Vacunas (un grupo de vacunas financiado por Gates), el Comité Asesor Científico de Salud Global de BMGF, Pfizer, Novovax, GSK, Novartis, Gilead y otros líderes en la comercialización de vacunas farmacéuticas. Esto en cuanto a la objetividad científica independiente en la OMS.
Gates y la financiación de la OMS
El hecho de que muchos de los miembros de SAGE de la OMS tengan vínculos financieros con la Fundación Gates es muy revelador, aunque no sorprendente. Hoy, la OMS está financiada principalmente no por los gobiernos miembros de la ONU, sino por lo que se llama una «asociación público-privada» en la que dominan las compañías privadas de vacunas y el grupo de entidades patrocinadas por Bill Gates.
En el último informe financiero disponible de la OMS, para el 31 de diciembre de 2017, un poco más de la mitad del presupuesto del Fondo General de la OMS de $ 2.000 millones provenían de donantes privados o agencias externas como el Banco Mundial o la UE. Muchos de los mayores donantes privados o no gubernamentales de la OMS son la Fundación Bill y Melinda Gates junto con la Alianza de Vacunas GAVI, financiada por Gates, el Fondo Global para la Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria (GFATM). Esos tres aportaron más de $ 474 millones a la OMS. Solo la Fundación Bill y Melinda Gates dio la friolera de $ 324,654,317 a la OMS. En comparación, el mayor donante estatal de la OMS, el Gobierno de los Estados Unidos, dio $ 401 millones a la OMS.
Entre otros donantes privados en abril de 2018 encontramos a los principales fabricantes de vacunas y medicamentos del mundo, incluyendo Gilead Science (actualmente presiona para que su medicamento sea el tratamiento electivo para el COVID-19), GlaxoSmithKline, Hoffmann-LaRoche, Sanofi Pasteur, Merck Sharp y Dohme, Chibret y Bayer AG. Los fabricantes de medicamentos donaron decenas de millones de dólares a la OMS en 2017.
Este apoyo privado de la industria pro-vacuna para la agenda de la OMS de la Fundación Gates y Big Pharma es más que un simple conflicto de intereses. Es un control de facto de la agencia de la ONU responsable de coordinar las respuestas mundiales a las epidemias y enfermedades. Además, la Fundación Gates, la más grande del mundo con unos $ 50.000 millones, invierte sus dólares exentos de impuestos en los mismos fabricantes de vacunas, incluidos Merck, Novartis, Pfizer, GlaxoSmithKline.
Tedros Adhanom, doctor en filosofía, no medicina!
En este contexto, no debería sorprender que el político etíope, Tedros Adhanom, se convirtiera en jefe de la OMS en 2017.
Tedros es el primer director de la OMS que no es médico a pesar de su insistencia en usar al Dr como título. Es doctor en filosofía de la salud comunitaria por «investigaciones sobre los efectos de las presas en la transmisión de la malaria en la región de Tigray en Etiopía» en el año 2000.
[Se convirtió en Ministro de Salud de 2005 a 2012 bajo el Primer Ministro Meles Zenawi. Allí conoció al ex presidente Bill Clinton y comenzó una estrecha colaboración con Clinton y la Fundación Clinton y su Iniciativa Clinton VIH / SIDA (CHAI). Who Is WHO’s Tedros Adhanom? The Wuhan Lockdown is Unprecedented – Global Research 20.2.2020]
Tedros, como también Ministro de Asuntos Exteriores de Etiopía hasta 2016, se reunió con Bill Gates cuando era Ministro de Salud de Etiopía y se convirtió en Presidente de la Junta del Fondo Mundial contra el VIH / SIDA, la tuberculosis y la malaria vinculado a Gates.
[En mayo de 2017 fue acusado de encubrir un brote de cólera en Etiopía, NYT. En enero de 2019 Tedros fue acusado  de de usar dinero para el Ébola en pagar el vuelos a su novia, lo cuál sirvió para pedir su destitución. The Guardian]
Bajo Tedros, la notoria corrupción y los conflictos de intereses en la OMS han continuado, incluso aumentado. Según un informe reciente de la auditora Australian Broadcasting Corporation, en 2018 y 2019 ya bajo el mandato de Tedros, el «Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS», la sección responsable de la respuesta global al COVID-19, fue citado con la calificación de riesgo más alta, lo que señala que la «falta de financiación adecuada del programa y operaciones de emergencia [riesgo] proporcionar inadecuados resultados a nivel de país «. El informe de ABC del 16 de febrero de 2020 descubrió además que también ha habido un «aumento en las denuncias de corrupción interna en toda la organización, con la detección de múltiples redes destinadas a estafar grandes sumas de dinero del organismo internacional». No muy tranquilizador.
A principios de marzo de 2020, la Universidad de Oxford dejó de utilizar los datos de la OMS en el seguimiento del COVID-19 debido a errores repetidos e inconsistencias que la OMS se negó a corregir. Los protocolos de prueba de la OMS para las pruebas de coronavirus han sido repetidamente citados por varios países, incluyendo Finlandia, por sus fallas, falsos positivos y otros defectos.
Esta es la OMS en la que ahora confiamos para guiarnos a través de la peor crisis de salud del siglo pasado.
Fuente- tarcoteca.blogspot.com/2020/04/podemos-confiar-en-la-oms-quien-es-el.html 7.4.202