lunes, 10 de julio de 2017

El franco africano impide el desarrollo de las ex colonias francesas.

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 El franco CFA, la vergüenza de Francia

Por Alexandre García
Al igual que el euro para los países de la eurozona, el franco CFA es una moneda común que condena el desarrollo de los países del África francófona. Su naturaleza genuinamente neo-colonial es un auténtico escándalo, y por ello son cada vez más las voces en África a favor de su eliminación.

Por Alexandre García
¿Sabían que todavía existen dos monedas coloniales en el mundo? Una es el franco CFA, que funciona en los antiguos territorios del imperio colonial de Francia en África –con la excepción de los países del Magreb, Mauritania, Madagascar, Yibuti y Guinea-Conakry– además de existir en Guinea-Bissau y Guinea Ecuatorial, que no eran colonias francesas. La otra es el franco comorense, que funciona en las islas Comores, y que tiene un valor ligeramente mayor.[1] Fabricadas en dos pequeñas ciudades de Francia, estas dos monedas son un verdadero instrumento de explotación neo-colonial de los países del África francófona.
El antecesor del franco CFA había sido la “zona franco”, creada en 1939 por Francia para asegurarse de que, aún en tiempos de guerra, las materias primas fuesen fácilmente disponibles y al precio más bajo. El 26 de diciembre de 1945 se creó oficialmente el franco CFA, adoptando el nombre de Franco Colonias Francesas de África, para contribuir al esfuerzo de reconstrucción de Francia tras la guerra.
En 1958, su nombre evolucionó en Franco de la Comunidad Francesa de África. Hoy se llama Franco de la Comunidad Financiera en los países de la Unión Económica y Monetaria de África Occidental (UEMOA) y Franco de la Cooperación Financiera en los países de la Comunidad Económica y Monetaria de África Central (CEMAC).
Cuatro fueron los principios de funcionamiento que se establecieron en el momento de crearse el franco CFA:
1) La libre convertibilidad del franco CFA en cualquier otra moneda del mundo. Esto, que parece estar bien, se permitía a condición de que se respeten las restantes condiciones:
2) La centralización de las reservas de cambio. Se trata de un mecanismo de inspiración nazi que la propia Francia había sufrido bajo la ocupación alemana. Por medio del mismo, los países de la zona franco CFA debían depositar la totalidad de sus recetas de exportación en una cuenta del Tesoro de Francia, llamada “cuenta de operaciones”. Esto permitía a Francia proveerse gratuitamente con materias primas. De esta manera, podía decirle a un país africano que necesitaba madera por un valor de –por ejemplo– 100 millones de euros, y una vez que el país hubiese exportado, en lugar de pagar por ello, los franceses cogían un bolígrafo y apuntaban un signo “+” en la cuenta del Tesoro. En cambio, si el país que exportaba era Ghana o Nigeria, Francia estaba obligada a sacar 100 millones de euros de las arcas del Estado.
Tras la descolonización, a partir de 1973 Francia empezó a conceder el 35% de las reservas de divisas a sus antiguas colonias, pero seguía llevándose el 65% restante. Esto duró hasta el 20 de septiembre de 2005, cuando el impuesto pasó a ser “sólo” del 50% (en el caso del franco comorense, el “impuesto colonial” sigue siendo del 65%). En el momento actual, si un país como Níger, que apenas puede pagar a sus funcionarios, exporta uranio a Francia por un valor de 1000 millones de dólares, automáticamente tiene que dejar 500 millones en Francia.
El profesor de economía marfileño Nicolas Agbohou relata que cuando le explicó todo esto al presidente sudafricano Jacob Zuma, éste no se lo podía creer: “¡Esto es exactamente lo que es el colonialismo, porque cuando usted es una colonia, usted que paga impuestos a los colonizadores!”.
Lo más perverso es que Francia se sirve de las divisas que obtiene mediante este mecanismo para financiar programas de cooperación y ayuda a través de distintos tipos de organismos: Ministerio de Cooperación, Banco Mundial, FMI, Alianza Francesa para el Desarrollo (AFD), Cooperación al desarrollo entre UE y países de África, Caribe y Pacífico (UE-ACP), Unión Africana (UA), Banca Africana para el Desarrollo, (BAD), Comunidad Económica de los Estados de África del Oeste (CEDEAO), asistencia militar a un gobierno en el poder o, si se tercia… a los rebeldes que haya que ayudar para derribarlo. Para que luego la izquierda reformista nos venga a hablar de 0,7% y “ayuda al desarrollo”.
3) La tasa de cambio entre el franco CFA y el franco es fija. Obviamente, esta tasa de cambio ahora es con respecto al euro: 1 euro = 665,957 francos CFA, tasa de cambio que ha sido la misma desde la creación del euro en 1999. La consecuencia de ello es que las fluctuaciones del franco CFA no están ligadas a las evoluciones coyunturales de la zona franco CFA, sino a las evoluciones de la zona euro. Antes de la llegada del euro, sólo Francia tenía derecho de supervisión sobre las economías de la zona franco CFA, pero ahora son todos los países de la eurozona.
Para asegurar la paridad fija con el euro, los países donde de la zona franco CFA están obligados a ejercer un control sobre la inflación: un máximo del 2% para los países de la UEMOA y un máximo del 3% para los países de la CEMAC. La consecuencia es que los bancos centrales prestan muy poco a las empresas locales: los préstamos representan solamente el 23% del PIB en la zona franco CFA, mientras que representan un 150% del PIB en Sudáfrica. Al haber menos crédito, hay menos inversión en infraestructura y por lo tanto menos desarrollo.
En cambio, gracias a la libertad total de circulación de capitales (en los países de la UE sufrimos el mismo problema por el artículo 63 del Tratado sobre el Funcionamiento de la Unión Europea), las empresas extranjeras pueden invertir libremente en África. Por ejemplo, en los países de la UEMOA, las empresas francesas llegan a representar el 50% de la inversión extranjera. En 2011, los bancos franceses BNP Paribas, Société Générale y Crédit Lyonnais representaban el 70% de los beneficios de toda la zona franco CFA. Acertaba Lenin en 1916 cuando caracterizaba al imperialismo como el dominio de los monopolios más la exportación de capitales.
Otro problema de los países donde circula el franco CFA, también muy familiar para lo que vivimos en la eurozona, es que el franco CFA está desconectado del contexto económico de los países donde circula. Al estar adosado al euro, se ha convertido en una moneda fuerte, lo cual limita enormemente las exportaciones y la producción local, siendo más rentable importar masivamente desde países como China. En la UEMOA, las importaciones desde China han pasado del 3.9% en 2005 al 11% en 2014. Esto frena el desarrollo de estos países.
Son muy interesantes al respecto las palabras de Kako Nubukpo, antiguo Ministro de Prospectiva y Evaluación de Políticas Públicas de Togo:
“Para el agricultor africano de la zona franco, el franco CFA es un ‘objeto institucional no identificado’, porque nunca lo ve. Si usted se da una vuelta por África, en el momento en que sale de las grandes ciudades, tiene la sensación de encontrarse en economías sin moneda, porque es una moneda tan fuerte que no existen transacciones en las aldeas a partir del franco CFA. Esto es dramático, porque significa que la gente no tiene una cuenta bancaria, no tiene acceso a la circulación monetaria formal […] estos países sólo subsisten gracias al trabajo de sus agricultores, gracias a la exportación del café, del algodón, del cacao… ¿Y quién lo produce? Los agricultores, pero a ellos no les llega absolutamente nada, en términos de servicios públicos: salud, educación, infraestructura, y lógicamente en términos de crédito para las empresas.”[2]
4) Las transferencias de capitales en la zona franco CFA son totalmente libres. Esto favorece la huida de capitales, y permite que políticos corruptos puedan viajar hasta París con maletas llenas de francos CFA para luego cambiarlos por euros o dólares. Si a esto le añadimos a) la libre transferencia de los activos de las multinacionales, favorecidas por una legislación que les exime de pagar impuestos, y b) la entrega sistemática del 50% de las recetas de exportación de las antiguas colonias, tenemos la consecuencia de que se limita enormemente la posibilidad de realizar ahorros públicos o privados. Esto obliga a los países de la zona franco CFA a pedir prestados los propios recursos que les han sido confiscados, condenándose a estar permanentemente endeudados. Es ilustrativo señalar que de los 15 países de la zona franco CFA, 13 están clasificados por el FMI como “países pobres altamente endeudados” (Heavily Indebted Poor Countries).[3]
Gracias al franco CFA, Francia obtiene suculentos recursos para colmar su déficit comercial o amortizar su deuda pública. Esto fue sido confirmado en 2008 por una confesión del ex-presidente francés Jacques Chirac:
“Nos olvidamos muchas veces de una cosa, que es que el dinero que está en nuestro monedero proviene precisamente de la explotación, desde hace siglos, de África… No únicamente de África, pero mucho proviene de la explotación de África… Entonces, haría falta tener algo de sentido común… No digo generosidad, sino sentido común, justicia, para devolverles a los africanos lo que les hemos arrebatado. Y es más, esto es necesario si queremos evitar las peores convulsiones y dificultades, con las consecuencias políticas que ello conllevaría en un futuro próximo.”[4]
Al controlar las divisas de los países de la zona franco CFA, Francia tiene el poder de chantajear a sus dirigentes. Si uno se vuelve demasiado rebelde o desobedece a las órdenes de Francia, París puede bloquear su reserva de divisas e incluso cerrar los bancos del país “rebelde”, organizando un caos socio-económico para que la población se vuelva en contra de este dirigente.
Esto fue lo que pasó en Costa de Marfil con Laurent Gbagbo, que ante la imposibilidad de obtener divisas de Francia, decidió crear una moneda nacional marfileña. Esto fue lo que provocó la intervención militar de Francia en Costa de Marfil para colocar en el poder al títere del FMI Alassane Ouattara. Anteriormente esto ya había ocurrido con el dirigente de togolés Sylvanus Olympio, que había tomado la decisión de crear su propia moneda, que debía ser emitida el 15 de diciembre de 1963. Dos días antes, fue asesinado.
Además, Francia está presente en las tres instituciones de franco CFA, a saber en el consejo de administración de sus tres bancos centrales –el Banco Central de los Estados de África Occidental, el Banco de los Estados de África Central y el Banco de las Comores– donde nombra a representantes que tienen un derecho de veto. Los textos que rigen el funcionamiento de estos bancos estipulan que “las decisiones se adoptan por unanimidad”, por lo que jamás podrán adoptarse políticas monetarias favorables a los países africanos que atenten contra los intereses de Francia (cosa que, curiosamente, también recuerda a los tratados europeos, que sólo pueden ser modificados por unanimidad, es decir, nunca).
La conclusión: ningún país africano puede ser emergente si sigue empleando el franco CFA. Tan es así que, haciendo abstracción de los problemas derivados de las relaciones norte-sur, los países de los antiguos imperios británico y portugués en África tienen un promedio de crecimiento mayor que el de los países del África francófona. (ver la siguiente gráfica).

Los datos hablan por sí mismos: de entre los 10 países con mayor previsión de crecimiento para el periodo 2011-2015, 7 son africanos, pero ninguno de ellos pertenece a la zona franco CFA (el Congo siendo la República Democrática del Congo, a no confundir con el Congo-Brazzaville).
Sin embargo, los tiempos que corren invitan al optimismo, porque el movimiento de protesta en África contra el franco CFA es cada vez más fuerte y llega a adquirir dimensiones panafricanistas. Ya en 2015, el presidente de Chad Idriss Déby hizo un llamamiento para deshacerse del franco CFA, haciendo las siguientes declaraciones: “No hay que buscarle tres pies al gato. Seguiremos de todo corazón manteniendo los lazos de amistad con Francia. Pero hará falta tener el valor de decir que ha llegado el momento de cortar con un cordón umbilical que impide el despegue de África.”[5]
En Costa de Marfil se ha creado el Movimiento por la Soberanía Económica y Monetaria Africana (MOSEMA), que ha instalado secciones en toda África. En Camerún se creó la Unión de Poblaciones Africanas, que se define como partido de la “vanguardia panafricanista”, que ya se ha presentado a las elecciones presidenciales en 1997, 2004 y 2011. Su líder Hubert Kamgang propone crear una nueva moneda camerunesa llamada Um, en homenaje al líder independentista Ruben Um Nyobe, asesinado por el ejército francés en 1958.
El pasado 11 de febrero, siguiendo el llamamiento de la ONG Urgences Panafricanistes, presidida por el activista francés de origen beninés Kemi Seba, fueron organizadas varias manifestaciones a lo largo de una treintena de ciudades en 25 países de África y del resto del mundo, en las que los asistentes bajaron pacíficamente por las calles “Stop CFA”. La siguiente etapa de esta campaña, el boicot a los productos franceses sobre el continente africano, ha obtenido rápidamente la adhesión de las masas populares en varios países africanos.
En un artículo reciente sobre la ineluctable explosión del euro, tuve la ocasión de decir que las monedas plurinacionales terminan siempre por desaparecer. Esto también vale para el franco CFA.
[1] Para una mayor sencillez, vamos a prescindir mencionar el franco comorense, para referirnos únicamente al franco CFA, incluyendo implícitamente el franco comorense en la misma categoría.
[4] Michaël Gosselin, 10 mai Africaphonie, 2008 https://www.youtube.com/watch?v=Qo7IxdzywXk
Fuentes:
  • Le franc CFA, une monnaie de plomb, Henri Poulain, Data Gueule, http://www.lidd.fr/lidd/21388-data-gueule-le-franc-cfa-monnaie-plomb
  • Le franc CFA, arme de destruction massive contre le développement africain, Ahoua Don Mello, Journal de l’Afrique nº30, Investigac’tion, 13 de abril de 2017.
  • Les derniers jours du franc CFA, Olivier Ndenkop et Carlos Sielenou, Journal de l’Afrique nº28, Investigac’tion, 28 de enero de 2017.
  • Les arguments politiques et juridiques pour se débarrasser du franc CFA, Hubert Kamgang, Journal de l’Afrique nº17, Investig’action, 5 de enero de 2016.
  • Aucun pays africain ne peut être émergent avec le franc CFA, entrevista a Nicolas Agbohou, Journal de l’Afrique nº03, Investig’action, 24 de octubre de 2014.
  • Je persiste et signe qu’il faut, au plus vite, répudier le franc CFA, entrevista a Nicolas Agbohou, Dakaractu, 27 de marzo de 2012.
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sábado, 8 de julio de 2017

El caso del Banco Popular

 
Incompetencia y oligarquía

STUART MEDINA MILTIMORE  
 Publicado: 8/7/2017
 Cuarto Poder.
Hubo un tiempo en el que el Banco Popular fue el más rentable de Europa. La entidad, fundada a principios del siglo XX, conoció una época dorada en la segunda mitad de esa centuria, cuando se admiraba su modelo de gestión bancaria caracterizado por la prudencia. Fue un banco mediano con un negocio muy orientado a las PYME, cuya gerencia mantenía conocidas vinculaciones con el Opus Dei.

Todo cambió con la burbuja inmobiliaria, esa epidemia de irracionalidad que se apoderó de los gestores bancarios inoculados por el virus “España va bien” liberado al medioambiente español por José María Aznar. El presidente más nefasto de nuestra historia inauguró un ciclo de crecimiento económico enfermizo y putrefacto que combinaba opacidad fiscal, especulación incontrolada con un bien de primera necesidad, liberalización del suelo y una gangrenosa corrupción de las administraciones locales.
En el pico de la burbuja, alcanzado en el año 2006, se constituyeron 1,3 millones de préstamos hipotecarios por valor de 138.300 millones de euros (¡más del 14% del PIB español de aquellos años!). Hoy cuesta recordar que en el año 2008 se estaban terminando entre 70.000 y 80.000 viviendas cada mes. La banca española se embarcó imprudentemente en este juego y el Popular no quiso perderse la fiesta.

La burbuja inmobiliaria es una manifestación de un proceso descrito como financiarización, un hallazgo de un capitalismo atlántico que ya no encontraba atractiva la inversión real. Es una estrategia de crecimiento dependiente de un endeudamiento masivo de los hogares y empresas con crédito destinado a la construcción y la especulación financiera. En el pico de la burbuja tres sectores, —financiero, inmobiliario y constructor— llegaron a suponer el 25% del valor añadido bruto total de nuestra economía.
El modelo estaba abocado a la crisis en el momento en que muchas de estas operaciones podían caracterizarse como inversiones Ponzi empleando la terminología de Hyman Minsky, es decir, se destinaban a la compra de activos que ni siquiera generaban caja suficiente para pagar los intereses. La inversión en suelo urbano o urbanizable es un ejemplo de capitalismo Ponzi, porque una parcela vacía no rinde nada.

Cuando estalló la crisis los bancos españoles acumulaban en sus carteras miles de millones de euros de inversiones inmobiliarias tipo Ponzi: parcelas sin construir, créditos a promotores insolventes, hipotecas concedidas a familias con todos sus miembros en paro. La morosidad y los préstamos fallidos lastraban los balances de los bancos españoles y en 2012 se produjo el primer episodio de crisis financiera, que llevó al rescate de las cajas de ahorros. Pero el rescate de 2012 no saneó los balances de todas las entidades bancarias.

Durante demasiados años nuestros políticos han jugado a darle patadas a la lata. Los sucesivos Gobiernos del Reino de España han echado un capote a la banca antes que permitir que reconociesen las pérdidas. Por ejemplo evitando que el valor en libros de muchos activos tóxicos fuera reconocido por su precio de mercado o subvencionando sus impuestos con el reconocimiento de unos créditos fiscales diferidos que permitían deducir unas pérdidas que aún no habían sido reconocidas. Pese a todo, una recuperación económica rápida habría podido sanearlos rápidamente.
Sin embargo un año antes, en 2011, el nefasto cuarteto integrado por José Manuel Durao Barroso (Comisión Europea); Jean-Claude Trichet (Banco Central Europeo); la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolas Sarkozy impuso el giro a la austeridad en los países de la periferia europea. Antepusieron la salvación de su propia banca nacional, que había prestado alegremente a los bancos de la periferia, para lo cual exigieron que todos los recursos públicos de los estados periféricos, se destinaran prioritariamente a amortizar deuda. La recaída en la recesión ha prorrogado nuestra crisis económica prácticamente una década.
 No hay balance bancario que pueda soportar una década de depresión económica sin peligro de caer en la insolvencia.
Crisis bancaria Jean-Claude Trichet, expresidente del Banco Central Europeo, y José Manuel Durao Barroso, expresidente de la Comisión Europea
Jean-Claude Trichet, expresidente del Banco Central Europeo, y José Manuel Durao Barroso, expresidente de la Comisión Europea. / World Economic Forum / Parlamento Europeo (Flickr)

Mientras tanto los gobiernos trataban de ganar tiempo. Fue el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero el que se prestó voluntariamente a un ejercicio de “transparencia”, los llamados test de esfuerzo que simulaban la resiliencia de los balances bancarios en un entorno adverso. Estas pruebas han demostrado ser perfectamente prescindibles.

 Alguien tendría que explicar por qué el Banco Popular superó las pruebas que la Autoridad Bancaria Europea le había impuesto el año pasado.

Al tiempo que las autoridades europeas llevaban las economías de la periferia a su segundo zambullido en la crisis se disparaba la llamada prima de riesgo, el diferencial que pagaba la deuda española respecto al rendimiento de la deuda alemana. Lejos de reconocer que la prima de riesgo fue consecuencia de una desdichada unión monetaria en la que se privaba de sus bancos centrales a unos estados que retenían sus competencias en el ámbito fiscal se atribuía este fenómeno un castigo de los mercados a estados derrochadores.
 Se quiso ver también un bucle diabólico entre bancos y estados.
 Los bancos necesitan presentar colateral de calidad, normalmente deuda pública, para acceder a la liquidez del banco central. Pero, si los mercados no querían comprar la deuda de los países periféricos, porque carecía del respaldo de un banco central, los bancos dejaban de tomar posiciones en esta deuda; precisamente en un momento en que esos mismos estados se veían obligados a destinar cuantiosos recursos financieros para rescatar a las entidades financieras.

¿La panacea universal?

La unión bancaria se nos ha vendido como la solución para romper este bucle diabólico. Entregar la supervisión bancaria al BCE y crear un mecanismo de resolución bancaria separaría definitivamente a los estados de los riesgos sistémicos originados en la banca privada.

La crisis del Banco Popular ha sido la primera oportunidad para que el mecanismo europeo de resolución bancaria demostrara su utilidad y ha fallado estrepitosamente. Se conocía desde hace meses que el Banco Popular tenía problemas de solvencia y liquidez. El supervisor bancario debe vigilar los ratios de liquidez que exigen las normas de Basilea III. El caso es que la liquidez del Banco Popular se secó más rápidamente que las aceras tras una tormenta de verano. Parece ser que en sus estertores finales la entidad estaba obteniendo financiación del BCE con un descuento del 90% sobre el valor nominal de los títulos que estaba presentado como colateral, lo cual quiere decir que estaba llevando a la ventanilla la poca morralla que aún quedaba en su cartera.
Según declaró el ministro Luis de Guindos las sucesivas recalificaciones a la baja por las entidades de rating provocaron una precipitada fuga de depósitos. Además la Agencia Reuters se hizo eco de una filtración procedente de Elke König, directora ejecutiva de la Junta Única de Resolución (SRB), que habría contribuido a acelerar la huida.

¿Cómo es que el supervisor europeo no activó las alarmas para una intervención oportuna? ¿Cómo se explica la pasividad de unas autoridades que dejaron que la situación se degradase a un punto tal que la entidad agotó su liquidez horas antes de la operación de venta al Banco Santander?

La unión bancaria europea está en pañales. En sus dos primeras pruebas, las crisis del Popular y de los bancos venecianos, entorpeció la búsqueda de una solución

En su intervención ante el Parlamento Europeo, Danièle Nouy, presidenta de la Junta de Supervisión Bancaria del BCE, reconoció que su organismo estuvo vigilando la liquidez de la entidad y, sin embargo, su entidad no llegó a actuar por problemas de diseño legal que exigen aplicar criterios de proporcionalidad. Nouy reconoció que no había diálogo entre el departamento del BCE que estaba descontando el papel basura del Popular y el suyo.
 El mecanismo de supervisión bancario tiene serias carencias y sigue sin ser operativo, porque le faltan componentes fundamentales como un seguro de garantía de depósitos europeo y un fondo europeo de resolución bancaria. La unión bancaria europea está en pañales y en sus dos primeras pruebas, la crisis del Popular y de los bancos venecianos, no solo no ha ayudado, sino que ha entorpecido la búsqueda de una solución.
 El supervisor europeo tiene pocos remedios que ofrecer más allá de liquidar instituciones bancarias con un elevadísimo coste para los fondos nacionales de garantía de depósitos.

La Unión Europea postula que sean los accionistas y bonistas de las entidades bancarias los que asuman el coste de los procesos de resolución bancaria, en primer lugar, para evitar problemas de riesgo moral. Parece un argumento impecable pero observemos que hay muchos pequeños ahorradores que han invertido en acciones y deuda subordinada de las entidades bancarias. Muchos carecen de la formación financiera para entender qué tipo de riesgos asumen y ciertamente no tienen ninguna capacidad de influir en la gestión de las entidades. ¿En qué clase de riesgo moral estaba incurriendo el abuelo que todavía confiaba en títulos de la entidad como producto de ahorro?

Una llamada de Emilio Saracho, el presidente de la entidad, fue la que alertó a Guindos de la falta de liquidez del banco. Fue finalmente el gobierno español quien resolvería la situación actuando de forma muy favorable a los intereses del Grupo Santander. La liquidación y venta precipitada del Popular al Grupo Santander por 1 euro plantea legítimas dudas acerca de la justicia del trato dado a unos pequeños inversores a los que se ha desplumado sin contemplaciones. La pregunta que nos hacemos es si la actuación de las autoridades nacionales y europeas revela incompetencia o conflicto de intereses o ambas cosas a la vez.

La cuestión de fondo es que un banco en realidad es una entidad público-privada. Sus accionistas pueden ser particulares pero un banco disfruta de privilegios que no tienen otras empresas privadas. Los bancos centrales tiene el poder de decidir su destino cuando incurren en problemas de solvencia y liquidez. Que quiebre o no una entidad bancaria es una decisión política dentro de un marco institucional establecido por ley. A finales de junio el gobierno italiano ha tenido que anticiparse de nuevo ante la lentitud del mecanismo de resolución bancaria europeo concediendo una ayuda de 17.000 millones de euros, entre garantías y dinero desembolsado, destinados a liquidar dos bancos venecianos. De nuevo una entidad privada, Intesa Sanpaolo, será el principal beneficiario de este paquete de ayuda, ya que se quedará con los activos buenos mientras que los “tóxicos” serán gestionados por un banco malo. El resultado habría podido ser una nacionalización, una liquidación ordenada o la venta a otra entidad bancaria, pero de nuevo se escogió la solución que más favorecía a una entidad privada y menos a los intereses generales.

Si el Santander ha pagado 1 euro por el Popular y Bankia acaba de quedarse con Mare Nostrum, no es descabellado pensar que el BBVA absorba a Bankia

Una nacionalización, sin embargo, parece que habría sido mal acogida por una opinión publicada contraria a la banca pública y a acusaciones de que el coste lo paga el contribuyente. Pero esto es sorprendente porque el diseño institucional y estos prejuicios ideológicos conducen a que el Banco Santander se quede con la entidad por 1 euro o que San Paolo reciba más de 17.000 millones de euros en ayudas públicas. ¿No habría sido más eficaz y justa una nacionalización? La fobia a lo público y la ideología del libre mercado ha impedido escoger una opción quizás superior.
La caída de las cajas se presentó como un ejemplo de nefasta gestión pública, que se quería contrastar con una superior administración privada. Ahora la caída del Popular desmonta el mito de la superior gerencia privada y nos plantea la pregunta de por qué sí se nacionalizan las cajas —que acabarán privatizando— y no se hace lo mismo con el Popular.

Se nos dice que la venta de Popular fue el resultado de un proceso competitivo pero solo consta que en la puja participaran BBVA, Bankia y Santander. Que el precio final haya sido un euro lo último que demuestra es que haya habido una subasta transparente y organizada con criterios de mercado. Más bien asistimos al reparto de un botín. Bankia acaba de quedarse con Mare Nostrum. No nos parece descabellado imaginar que BBVA acabe absorbiendo Bankia cuando se privatice.

El grupo Santander se hace con la cartera de préstamos provisionados y con los depósitos del Popular, limpios de polvo y paja, por un euro mientras que los accionistas y bonistas pierden toda su inversión. El resultado es el mayor grado de concentración bancaria de nuestra historia. Si la crisis de las cajas ha privado a muchas regiones de España de una entidad de crédito, esta última operación va a reducir aún más la competencia en el sector. Tras la fusión de Santander y Popular cinco entidades controlan tres cuartas partes del negocio bancario. Si BBVA adquiere lo que queda de Bankia el grado de monopolio será aún mayor. Podemos esperar mayores comisiones bancarias, márgenes de intermediación más elevados y una mayor dependencia del tejido empresarial español de un puñado de entidades financieras.

Es preocupante la colaboración del estado en la creación de gigantes bancarios, entidades demasiado grandes como para dejarlas caer (too big to fail). Los mecanismos de resolución bancaria europeos permiten la liquidación de bancos no sistémicos, pero esto monstruos no podrán ser liquidados. Tendrán que ser rescatados cuando algún día incurran en problemas financieros. El capitalismo europeo ha entrado en una fase de concentración oligopolística extrema lo cual nos convierte a todos en rehenes de sus decisiones.

Y ahora viene la crisis de Liberbank…
Stuart Medina Miltimore es interventor financiero en las filiales españolas de Kanthal AB y Genzyme Corporation

  https://www.cuartopoder.es/ideas/2017/07/08/crisis-bancaria-incompetencia-y-oligarquia/

 Nota .- Recordemos que el Banco Popular tenía también el Pastor.

 Y ver ..

 

 
 
  Y ver el caso italiano .