martes, 23 de diciembre de 2025

Israel , crisis y genocidio .

Está la economía genocida israelí al borde del precipicio .  

Shir Hever

 

18/12/2025

Desde octubre de 2023, Israel se ha enfrentado a una convergencia de choques económicos. Decenas de miles de residentes han sido desplazados de las regiones fronterizas en el sur y el norte como resultado de las hostilidades con Hamas y Hezbolá, mientras que cientos de miles de reservistas fueron retirados de la fuerza laboral durante períodos prolongados, dejando a los sectores clave con poco personal y la productividad agotada. Los servicios públicos, la educación y la atención médica se han deteriorado a medida que el gasto estatal se ha desviado hacia la guerra, y casi 50.000 empresas han quebrado.

La huida de capital, particularmente en el sector de alta tecnología, junto con una creciente dependencia de los préstamos extranjeros, ha añadido una tensión significativa a la economía, y se espera que la deuda alcance el 70 por ciento del PIB en 2025. La posición internacional de Israel también se ha debilitado: los socios comerciales que alguna vez fueron estables están dando la espalda, las sanciones y los boicots se están expandiendo, y los principales inversores están empezando a buscar en otra parte.

Un informe anual sobre la pobreza publicado el 8 de diciembre por la ONG israelí Latet subraya la profundidad de la crisis social. Los gastos de los hogares han aumentado drásticamente desde la guerra, casi el 27 por ciento de las familias y más de un tercio de los niños ahora experimentan "inseguridad alimentaria", y alrededor de una cuarta parte de los beneficiarios de la ayuda son "nuevos pobres" empujados a la miseria en los últimos dos años.

Sin embargo, al mismo tiempo, la economía de Israel también ha mostrado signos de resiliencia. El shekel se ha apreciado casi un 20 por ciento frente al dólar estadounidense desde el comienzo de la guerra, y la Bolsa de Valores de Tel Aviv ha alcanzado máximos históricos, impulsada en parte por el gasto en tiempos de guerra y la intervención del banco central.

Para dar sentido a estas señales aparentemente conflictivas, el crecimiento de los mercados junto con la profundización de la agitación social y económica, es necesario mirar más allá de los indicadores tradicionales. El investigador económico israelí y activista de BDS Shir Hever argumenta que Israel ahora está operando en lo que él llama una "economía zombi", que siguió operando a través de gastos militares masivos, crédito extranjero y negación política.

Durante más de dos décadas, Hever ha examinado los vínculos entre la economía israelí, el militarismo y la ocupación. En una entrevista con Amos Brison para +972 Magazine, explica por qué la crisis económica de Israel no se puede medir simplemente en términos de PIB o inflación, y por qué los pilares que una vez sostuvieron su crecimiento (inversión extranjera, innovación tecnológica e integración global) están comenzando a erosionarse. También aborda la ilusión de una economía sostenible en tiempos de guerra, el coste social y económico de la movilización masiva prolongada y cómo el creciente aislamiento de Israel en los mercados globales puede indicar el inicio de un declive a largo plazo.

La entrevista ha sido editada para mayor longitud y claridad..

Israel: ¿Está la economía del genocidio al borde del precipicio? - Shir Hever | Sin Permiso



domingo, 21 de diciembre de 2025

Zelenski le ve las orejas al lobo

 


Europa ve lastrada su capacidad de apoyo a Ucrania y queda a merced de las decisiones de Trump
EEUU presiona a Ucrania para que acepte la cesión de territorios a Rusia ante la dura realidad de una Europa desunida y forzada a endeudarse para seguir ayudan
  •   Juan Antonio Sanz

  • 21/12/2025 
La lucha por la supervivencia de Ucrania es ya una carrera contra reloj. La paz vendida por el presidente estadounidense, Donald Trump, no le vale a Kiev, pues implica la renuncia a más de una quinta parte de su territorio ante Rusia. Pero además su posición en unas negociaciones de paz es cada vez más endeble. Ucrania necesita ingentes ayudas económicas en los próximos meses no solo para aguantar el embate militar ruso, sino también para garantizar la propia pervivencia financiera del Estado y sentar las bases de su reconstrucción. 
Europa va a seguir ayudando a Ucrania, sin ninguna duda, pero a un alto costo: con el propio endeudamiento multimillonario de los Veintisiete, la renuncia a la buscada humillación financiera de Rusia y la constatación de que tendrá que aceptar algunas de las duras reglas del juego que Trump y Moscú están poniendo para el diálogo. Reglas que quitan protagonismo a Bruselas a la hora de decidir sobre el futuro de Ucrania, pero que la convierten en el pagador de buena parte del desastre de casi cuatro años de guerra.
Falta de credibilidad europea  
El punto de vista de estadounidenses y rusos es en este aspecto el mismo: la incapacidad europea para tomar de forma cohesionada una medida de fuerza, con grandes riesgos ciertamente, como la utilización de los activos congelados rusos en Bélgica, para un préstamo destinado a paliar las necesidades de Ucrania en los próximos dos años, debería bajarle los humos a Bruselas. Si no hay unidad a la hora de adoptar una medida económica semejante, ¿qué capacidad de presión colectiva puede tener Europa, por ejemplo, en el ámbito de la disuasión militar, como han tratado de vender a bombo y platillo con su anunciado rearme las direcciones de la UE y la OTAN, ésta cada vez más desligada de EEUU?
La decisión tomada esta semana por la Unión Europea a la hora de buscar una salida digna a la ayuda destinada a Ucrania cerró de momento el uso para ese concepto de los activos financieros rusos, cerca de 210.000 millones de euros guardados en instituciones europeas. El paso, defendido a capa y espada por Alemania, fue bloqueado sin ambages por Bélgica, que tiene la mayor parte de esos activos inmovilizados, pero también hubo otros países, como Italia, que advirtieron del alto costo que tal medida, de facto una confiscación de fondos bancarios y su uso dudosamente legal, habría tenido para la credibilidad del sistema financiero europeo. Potencias económicas mundiales con grandes intereses financieros en Europa como China o la India miraban con un incómodo silencio qué dirección se tomaría finalmente.
Ante la incapacidad de los Veintisiete para arrostrar las consecuencias que habría tenido tal paso (incluida la confrontación con Rusia, que calificó esa eventual medida como una auténtica declaración de guerra), finalmente se decidió crear un fondo inicial de 90.000 millones de euros a partir del endeudamiento de los Veintisiete, para entregarlo como préstamo a Ucrania destinado a cubrir las necesidades bélicas y de otro tipo al menos para 2026 y 2027. Ese préstamo lo debería devolver Ucrania si Rusia, una vez alcanzada la paz, paga a Kiev las correspondientes reparaciones de guerra. Es decir, la UE se quedará sin ese dinero.
De esta forma, Bruselas ve reducida su capacidad de acción en unas negociaciones que este domingo continuaron a dos bandas en Florida y en las que ya venía siendo ninguneada por rusos y estadounidenses, y queda, si cabe, más sometida al papel que Trump le pueda dar. Europa se verá obligada a reconsiderar su estrategia de querer estar en primera fila en esas conversaciones so pena de que le pueda salir muy cara, económica y geopolíticamente, esa retórica contraria a cualquier trato con Moscú.
Y esta misma unidad en el rechazo a tratar con el Kremlin ya empieza también a hacer agua.
La cohesión europea ante Moscú se resquebraja  
Rusia ya está aprovechando la punta de lanza que significa ese fracaso de las posiciones más radicales en la UE, lideradas por Alemania, favorables a expropiar sus activos financieros. El pasado viernes, al terminar la cumbre europea, el presidente francés, Emmanuel Macron, ya dejó en el aire la posibilidad de reanudar el diálogo con Rusia, una propuesta inusitada, pues Francia abanderaba, junto a Alemania, los sentimientos europeos más furibundamente antirrusos. Macron, por ejemplo, es el principal defensor del despliegue de una fuerza europea en Ucrania incluso antes de alcanzar un armisticio.
El Kremlin parecía estar esperando un mensaje así y este domingo el portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov, daba una respuesta sin ambages: el presidente Vladímir Putin "ha expresado su disposición a dialogar con Macron". La última vez que ambos mandatarios hablaron, por teléfono, fue el julio pasado.
"Es bienvenido que el Kremlin haya dado su aprobación pública a esta iniciativa. En los próximos días decidiremos cuál es la mejor manera de proceder", indicó a su vez la Presidencia francesa en un comunicado. Según el Elíseo, "ahora que se perfila la perspectiva de un alto el fuego y una negociación de paz, vuelve a ser útil hablar con Putin. Eso es lo que ha dicho el presidente esta semana en Bruselas . En ese mensaje tras la cumbre de líderes de la UE, Macron abogó por una implicación europea en el diálogo directo con Putin si no se producían avances en las negociaciones dirigidas por EEUU. Era también una forma de tratar de salvar las apariencias tras el fracaso de la iniciativa destinada a confiscar los activos financieros rusos.
Zelenski le ve las orejas al lobo  
Este domingo, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ya percibió el peligro de que, al final, sea Ucrania la que quede expuesta a las decisiones tomadas por otros. Zelenski, receloso, abogó por continuar los cauces de diálogo abiertos, es decir, los liderados por EEUU y que este fin de semana se retomaron en Miami con la participación por parte de la Casa Blanca de Steve Witkoff y Jared Kushner, el yerno de Trump.
Tiene mucha razón Zelenski para mostrarse nervioso. Hasta ahora, Kiev había sustentado su oposición radical a una cesión de territorios a Rusia (los conquistados y todo el Donbás, incluso la parte que no ha sido ocupada) gracias al apoyo que en este sentido le había deparado Europa. Si ahora Francia negocia por su cuenta con Rusia y acepta en alguna medida esa parte del plan de paz lanzado por Trump en noviembre y que contemplaba esa entrega de territorios a Moscú, la suerte de Zelenski estará echada y de poco le valdría incluso celebrar un referéndum en Ucrania sobre esa cesión territorial.
La fórmula "territorios por paz" fue rechazada desde un principio por Zelenski y sus aliados europeos, y constituye el mayor escollo hasta el momento para alcanzar un mínimo consenso en una negociación. Hasta Trump ha recriminado en diversas ocasiones al líder ucraniano por negarse a reconocer el resultado de la guerra y alargar así la confrontación. La posición europea había sido única en este sentido, favorable a la soberanía ucraniana sobre todo su territorio.
Rusia ha hecho de esa reclamación territorial el puntal de su posición ante cualquier negociación para poner fin al conflicto de Ucrania: no solo quiere el reconocimiento de la anexión de las regiones de Lugansk, Donetsk, Zaporiyia y Jersón (además de Crimea, anexionada en 2014), sino que demanda también la parte de Donetsk (un 20% de su territorio) aún bajo control ucraniano.
Una nueva fórmula sobre los territorios en disputa  
Una de las posiciones sobre las que se ha trabajado en los nuevos contactos en Miami entre los representantes estadounidenses con los rusos y ucranianos por separado apunta a una posibilidad que permitiría de alguna forma salvar la cara a las partes. Rusia debería renunciar a su reclamación de todo el Donbás y dejar en manos de Ucrania esa cuarta parte de Donetsk aún controlada por Kiev. Posiblemente este sea uno de los puntos que podrían abordar también Putin y Macron en una eventual conversación próxima. Las posibilidades de éxito, no obstante, son exiguas.
El problema es que la ofensiva rusa sigue, lenta, pero sin denuedo. La intención del Kremlin es crear una larga zona de separación entre los territorios rusos y los ucranianos, y por eso está conquistando nuevas áreas en el norte de Ucrania, en las regiones de Sumi y Járkov; en el sur, en Dnipropetrovsk, y en Zaporiyia. Si hay negociaciones, sería más fácil para Moscú renunciar a esas zonas supuestamente desmilitarizadas que a cualquier área del Donbás, el territorio histórico prorruso reclamado por Moscú desde 2014. Los renovados ataques sobre la ciudad portuaria de Odesa, también muy rusificada en el pasado, añaden un punto más de tensión al panorama bélico, con acusaciones de Kiev sobre la intención de Moscú de cerrar todo acceso ucraniano al mar Negro.
En estas circunstancias, la posición ucraniana podría hacerse incluso más insostenible. El propio Zelenski teme que la nueva ayuda prometida por la UE no llegue a tiempo para sostener al ejército ucraniano en los próximos meses, claves para la contienda. Los expertos, en cambio, señalan que la economía de guerra rusa, pese a sus graves hándicaps, podría aguantar el tirón varios años más y aprovechar el desgaste creciente europeo para más adelante imponer condiciones draconianas a Kiev y Bruselas, incluso con el beneplácito travieso de Trump.
Periodista y analista para Público en temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar. Ha sido corresponsal de la Agencia EFE en Rusia, Japón, Corea del Sur y Uruguay, profesor universitario y cooperante en Bolivia, y analista periodístico en Cuba. Habla inglés y ruso con fluidez. Es autor de un libro de viajes y folclore.
Nota del BLOG .- Hay una información que no nos dicen y es que el presupuesto de KIEV para el año 2026 prevé unos ingresos de 2,9 billones de UAH (69 000 millones de dólares) y unos gastos de 4,9 billones de UAH. Y gran parte de la diferencia la cubrirán las potencias occidentales, y eso fue lo presentado ya por Zelenski pero la UE como no han logrado reunir la diferencia y solo 90 M M que ni llegan hasta la primavera,     Y es aberrante que la UE dedique ahora mas de 90 .Mil millones de euros y ya van 200 . M . M .sin control    y  a una guerra perdida y encima a un régimen corrupto de nacionalistas  de   derecha aliado a los nazis ucranianos  y que desde el 2021 durante los últimos casi 4 años de guerra encubierta con Rusia  la UE no hayan hecho ni una auditoria de ese dinero ..  como bien explicó  Regina Laguna  .... https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/control_12

La derrota en Ucrania abre las puertas a un mundo multipolar

 La derrota de las potencias occidentales en Ucrania abre nuevas puertas a un mundo multipolar

DMITRI KOVALEVICH

La guerra actual ni siquiera ha terminado (aunque le queda poco), pero los líderes europeos y sus siervos del régimen de Kiev sueñan abiertamente y hablan a diario de vengarse con una nueva guerra

Kiev está preparando discretamente a la opinión pública para la derrota, mientras vende el alto el fuego como una pausa antes de otra guerra, y los aliados occidentales buscan una salida que les permita salvar las apariencias.

A principios de diciembre, los funcionarios ucranianos comenzaron a preparar a su población, muy a su pesar, para la posibilidad (inevitabilidad) de una derrota militar a manos de las fuerzas armadas rusas. Pero, al mismo tiempo, están hablando de la necesidad de una nueva guerra que acabará llegando y, para ello, dicen, es necesario prepararse y hay que empezar a hacerlo (con sacrificios del pueblo).

Todo esto está relacionado con los avances pacientes y constantes de las fuerzas rusas en todos los frentes, combinados con la presión del Gobierno estadounidense (de nuevo, a regañadientes, aunque no lo digan) para que se acate el fin de la guerra antes de que la situación se deteriore hasta el punto del colapso.La publicación ucraniana en línea Strana escribió el 2 de diciembre que muchas figuras militares y analistas ucranianos afirman ahora que la situación en el frente se está volviendo catastrófica y que, si no se toman «medidas decisivas» en un futuro muy próximo para poner fin a los combates en Ucrania, el país, ahora reducido, se enfrentará a una derrota ya no táctica, sino estratégica.

También el 2 de diciembre, Taras Chmut, un voluntario que recauda fondos y apoyo para el ejército ucraniano y que también habla en nombre de la «Come Back Alive Foundation», escribió en Telegram que se está gestando una «crisis estratégica» en todo el frente y que una de sus consecuencias podría ser la pérdida de la soberanía ucraniana. «No hay perspectivas de cambio», escribió, y añadió: «Lo principal que falta en el frente es gente (es decir, soldados)».

La presión del Gobierno estadounidense para que se produzca un alto el fuego (al que los partidarios imperialistas del régimen de Kiev en Europa se oponen firmemente) se debe al hecho de que el ejército ucraniano ya no puede frenar el avance del ejército ruso.

Esto a pesar de todas las armas y fondos suministrados por los países de la OTAN, comenzando con el violento golpe de Estado paramilitar del Maidán en febrero de 2014. Ese suministro y financiación se aceleraron a partir de febrero de 2022, lo que provocó la decisión de Rusia de intervenir militarmente.

El régimen de Kiev es ahora reconocido indiscutiblemente por observadores serios, tanto dentro como fuera del país, como completamente y desesperadamente corrupto. Por el bien de las relaciones públicas y para vender una guerra cada vez más impopular en su país, Washington necesita distanciarse de Kiev, al menos temporalmente, para que los fracasos y reveses de su guerra por poder no dañen también la reputación militar y política del coloso estadounidense ni parezcan, ni siquiera indirectamente, una derrota de la alianza militar imperialista de la OTAN en su conjunto.

La caída del poder del eminencia gris de Kiev, Andriy Yermak

Una manifestación de la extrema presión que se ejerce sobre Washington son las investigaciones que están llevando a cabo las agencias «anticorrupción» del régimen, controladas por EEUU y Europa. A finales de noviembre esto dio lugar a la dimisión de Andriy Yermak, ahora exjefe de la oficina del «presidente» Volodomyr Zelensky. El mandato electoral de Zelensky y el de la legislatura ucraniana [Rada] en su conjunto expiraron hace 20 meses, en abril de 2024.

Desde su nombramiento por Zelensky en 2020, Yermak ha sido conocido y reconocido como la eminencia gris detrás del trono, monopolizando el poder y la influencia. Dado el papel que desempeñó bajo Zelensky y el poder que ejerció, ahora se habla en Ucrania de un colapso de toda la estructura de poder gobernante en Kiev.

El legislador Yaroslav Zheleznyak explicó en un mensaje de vídeo el 28 de noviembre que Yermak controlaba efectivamente a Zelensky y configuraba su círculo más cercano. La agencia de noticias Reuters ha informado, según ha publicado Strana en Telegram el 28 de noviembre, que la dimisión de Yermak es una señal de que el escándalo de corrupción se está cerrando sobre el propio Zelensky.

Yulia Mendel, antigua secretaria de prensa de Zelensky, es citada por Strana el 2 de diciembre diciendo que Yermak a menudo engañaba al presidente y también saboteaba sus órdenes. Afirma que ella y muchos otros funcionarios recibían regularmente llamadas de la oficina de Yermak pidiéndoles que se abstuvieran de llevar a cabo tareas solicitadas específicamente por Zelensky. «Ahora, al decir esto, tengo miedo. Entiendo que hoy nadie me creerá, y cada día le doy gracias a Dios por mantenerme con vida. Andrei Yermak es un hombre muy peligroso», subraya.

Según Mendel, en 2019, Yermak pidió consejo a un consultor político de EEUU sobre «cómo podía llegar a ser presidente». A principios de 2022, afirma, Yermak convenció a Zelensky de que no habría una invasión a gran escala del país por parte de Rusia.

Strana escribe en un extenso mensaje en Telegram el 28 de noviembre, utilizando como fuentes a políticos anónimos del círculo de Zelensky, que incluso después de su dimisión, Yermak sin duda tratará de mantener el control sobre la oficina de Zelensky nombrando a alguien cercano a él como su sucesor. La publicación explica que la dimisión de Yermak desencadenará inevitablemente un proceso por el que Zelensky perderá gradualmente el poder.

Como resultado, es posible que el sistema de poder se desmorone por completo y se vuelva inmanejable. Una consecuencia muy negativa será que nadie tendrá la autoridad necesaria para hablar y negociar con Rusia el fin de la guerra. El mensaje detalla cómo podría producirse el desmoronamiento del poder.

El anarquista de Odessa Vyacheslav Azarov escribió en Telegram el 28 de noviembre que la rápida dimisión de Yermak demuestra claramente lo fuerte que es el control de los principales funcionarios del país por parte del principal financiador y proveedor de armas de Ucrania, el Gobierno de EEUU. Escribe:

Sospecho que Yermak espera conservar una influencia informal en los procesos de Bankova [la sede del Gobierno en Kiev], porque hasta ahora no se vislumbra ningún funcionario igualmente duro que pueda sustituirlo y acabar con su influencia duradera».

Crisis política

La dimisión de Yermak ha provocado una profunda crisis política en Kiev. Los diputados y funcionarios de la Rada perciben la profunda inestabilidad del régimen de Kiev y se preocupan por su propio destino. Se apresuran a ocupar los puestos que antes eran designados por él. Su mayor preocupación, con diferencia, es la distribución de los fondos del presupuesto estatal ucraniano, el último de los cuales fue aprobado por la Rada el 3 de diciembre.

El presupuesto para el año 2026 prevé unos ingresos de 2,9 billones de UAH (69 000 millones de dólares) y unos gastos de 4,9 billones de UAH. Gran parte de la diferencia la cubrirán las potencias occidentales, pero estas aún no han dado su consentimiento.

Maksym Buzhansky, diputado del partido político «Siervo del Pueblo» de Zelensky, escribió en Telegram el 1 de diciembre (es decir, antes de la votación del presupuesto en la Rada el 3 de diciembre) que todos los gastos que los legisladores ucranianos quieren y esperan de sus señores occidentales deberían incluirse en el presupuesto ucraniano antes de que la Unión Europea apruebe su propio presupuesto, previsto para el 18 de diciembre.

Por alguna extraña razón, absolutamente todo el mundo, tanto en la Rada como en cualquier otro lugar, está ignorando por completo el hecho de que el proceso de asignación de la ayuda europea para financiar el presupuesto de Ucrania para 2026 está en el aire. Tenemos que aprobar nuestro presupuesto antes de que los europeos decidan su veredicto. Estoy seguro de que la aprobación de nuestro presupuesto influirá, en cierta medida, en su veredicto». Insta a que se apruebe rápidamente el presupuesto para que la UE se encuentre ante un hecho consumado, afirmando que entonces «debería» miles de millones de euros al régimen de Kiev.

El legislador ucraniano electo Artem Dmitruk, ex campeón mundial de halterofilia, escribe desde Londres el 3 de diciembre que, como parte del proceso presupuestario, sus colegas de la Rada votaron a favor de triplicar sus propios salarios a partir del 1 de enero de 2026. Esto se acordó para que los «servidores» votaran hoy a favor del presupuesto.En agosto de 2024 huyó de Ucrania, poco después de ser el único diputado que se pronunció en la Rada en contra de una ley que prohibiría la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, de la que es diácono, debido a sus estrechos vínculos teológicos con la Iglesia Ortodoxa Rusa.

El analista financiero ucraniano Daniil Monin cree que Ucrania no tendrá problemas para financiar una guerra continuada gracias a los barones europeos. Encontrarán los fondos necesarios a pesar de los escándalos de corrupción de alto nivel que corroen la imagen y el gobierno de Kiev, afirma.

Esto se debe a que, según escribe, «la guerra también es muy beneficiosa para los líderes europeos. A costa de destruir la economía ucraniana y perder a los mejores ciudadanos del país en combate, los líderes de la UE seguirán llevando una vida cómoda», escribe con pesar.

¿Quién iniciará una nueva guerra?

Debido a que las revelaciones sobre los planes de corrupción podrían afectar no solo al entorno de Zelensky, sino también al propio Zelensky, los políticos ucranianos han comenzado a debatir sobre un posible sucesor que continuaría la guerra o podría iniciar una nueva tras un lapso adecuado para un alto el fuego (al que Rusia sigue oponiéndose rotundamente, cabe señalar).

Para controlar el proceso de «cambio» en Kiev, Londres ha apresurado al antiguo comandante de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Valery Zaluzhny, embajador en Gran Bretaña desde 2023, a regresar a su patria para ayudar.

Antes de abandonar Londres, publicó un comentario en The Telegraph el 29 de noviembre en el que pedía el eventual despliegue de armas nucleares en suelo ucraniano. Evidentemente, no le importa o ignora el hecho de que esto garantizaría la destrucción de Ucrania por Rusia.

La Federación Rusa ha dejado muy claro desde 2022, si no antes, que utilizaría medios militares si fuera necesario para impedir que cualquier gobierno y Estado ucraniano poseyera armas nucleares.

El comentario de Zaluzhny decía que cualquier paz con Rusia sería temporal. «Nosotros, los ucranianos, por supuesto, luchamos por la victoria total y el colapso del Imperio ruso. Pero no podemos descartar la posibilidad de un fin de la guerra a largo plazo (de varios años), ya que esta es una forma muy común de poner fin a las guerras.

La paz a corto plazo, en previsión de la próxima guerra, ofrece una oportunidad para el cambio político, las reformas profundas, la recuperación completa, el crecimiento económico y el regreso de nuestros ciudadanos».

Mientras tanto, en medio del profundo escándalo de corrupción que envuelve a Kiev y la dimisión de Yermak, el expresidente corrupto y pro-occidental Petro Poroshenko (2014-2019) está tratando de vender a los patrocinadores occidentales la idea de un «gobierno de unidad nacional».

Como señaló el legislador Alexander Dubinsky, detrás de esa idea se esconde un plan europeo de «paz» que consiste en la continuación de la guerra con Rusia bajo los gritos de «solidaridad europea».

Poroshenko cita los acuerdos de paz de septiembre de 2014 y febrero de 2015 («Minsk 1» y «Minsk 2») como modelos a seguir. Esos acuerdos se alcanzaron durante su mandato y, como revelaron los acontecimientos posteriores, nunca tuvo intención de aplicarlos, al igual que sus astutos «socios» europeos en Berlín y París. Ahora propone utilizar el mismo truco.

El acuerdo Minsk 2 fue firmado el 12 de febrero de 2015 entre el régimen de Kiev, entonces liderado por Poroshenko como «presidente», y las fuerzas proautonomistas de la región de Donbass. Rusia, Alemania y Francia lo firmaron conjuntamente como garantes. El acuerdo fue respaldado por unanimidad por nada menos que el Consejo de Seguridad de la ONU cinco días después.

Una de sus medidas clave era un proceso por el cual se concedería autonomía en las esferas política, económica y cultural a las poblaciones de las oblasts de Lugansk y Donetsk de Ucrania (parte de la región histórica de Donbás).

Según sus propias declaraciones posteriores, los Gobiernos de Alemania y Francia consideraron el acuerdo como una forma de «ganar tiempo» para que Ucrania se rearmara y se preparara para relanzar la guerra civil contra las fuerzas autonomistas de Donbás y contra Crimea (cuya población votó en marzo de 2014 a favor de separarse de la Ucrania golpista y unirse a la Federación Rusa).

Como demostró la experiencia de la guerra contra las repúblicas de Donbás por parte del régimen liderado por Poroshenko, cuando la situación militar se vuelve difícil para las fuerzas armadas de la Ucrania golpista, los líderes ucranianos buscan el «alto el fuego» y las «negociaciones». Una vez que la situación militar se calma y se reponen los suministros de armas y la financiación de Occidente, la guerra contra los disidentes en Ucrania puede reanudarse.

El mero hecho de que Trump y los políticos ucranianos se sientan obligados a pronunciar una vez más palabras de «paz» pone de manifiesto la derrota real a la que se enfrentan.

Panorama de conflicto futuro

Fedir Venislavsky, miembro de la Rada del partido «Siervo del Pueblo» de Zelensky, ha declarado recientemente (con pesar) que la guerra actual está llegando a su fin y que espera que las hostilidades cesen a finales de marzo de 2026. Pero también ha escrito, el 2 de diciembre, que Ucrania debería proceder a la militarización total de la sociedad, incluido el reclutamiento de mujeres, una vez que se alcance un acuerdo de paz.

El oficial de las Fuerzas Armadas ucranianas Denis Yaroslavsky pinta un panorama de conflicto futuro que complacerá a los ultranacionalistas ucranianos. Declaró a un 'podcast' en España que Rusia puede acabar debilitándose, lo que permitiría a la Ucrania golpista recuperar cualquier territorio que hoy se vea obligada a ceder.

Ucrania ahora necesita arreglar sus líneas del frente y esperar el momento oportuno para reanudar el ataque a Rusia.Por ahora, dice, esto es imposible porque Ucrania carece de recursos y sus aliados occidentales no están dispuestos a proporcionar toda la financiación y el armamento necesarios.

Cuando hablo con mis amigos del frente, todos estamos de acuerdo en una cosa: hemos perdido esta guerra. ¿Cómo lo sabemos? Porque cada día es peor que el anterior. Cuando la dinámica militar empeora, se llama perder, afirma el oficial ucraniano.

A la luz de estos llamamientos a prepararse para una futura guerra con Rusia, aunque el conflicto actual aún no haya terminado, los comentaristas ucranianos se preguntan: ¿es el debate sobre el «alto el fuego» simplemente una táctica mediática para «vender» la idea de apaciguar a la extrema derecha y a los ultranacionalistas, o se está preparando realmente a los ucranianos para una nueva guerra tras un respiro?

El canal analítico de Telegram «Rubicon» señala en un extenso análisis del 12 de diciembre que los aliados occidentales de Kiev, que presionan para que se alcance un «acuerdo» de alto el fuego, y Moscú están haciendo hincapié en diferentes puntos del llamado plan de paz de Trump, de 28 puntos, lo que indica un malentendido estratégico entre ellos.

«Si se sigue la prensa estadounidense, se observa fácilmente que tanto los políticos liberales como los conservadores y los medios de EEUU hacen hincapié en la cuestión de los territorios... Pero el jefe del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, menciona constantemente la no entrada en la OTAN, la garantía de los derechos de la población rusa y rusoparlante de Ucrania, el cese de la persecución de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, la «desnazificación» y otros puntos similares.

La clase política estadounidense parece creer en su propia propaganda, afirmando que el principal objetivo de Rusia en el conflicto es la expansión territorial. Pero esto no tiene sentido. Rusia tiene territorio más que suficiente y más que suficientes problemas sociales y económicos que abordar allí (por no hablar de las inminentes preocupaciones medioambientales que amenazan no solo a Rusia, sino a todo el planeta).

Es difícil creer que los gobiernos de EEUU y Europa no hayan oído o no hayan prestado atención a los problemas existenciales que Rusia lleva desde finales de 2021 señalando enérgicamente a todo el mundo como fundamentales, a saber, la expansión de la OTAN con la incorporación de Ucrania, las ambiciones del régimen de Kiev de adquirir armas nucleares y la presencia de la ideología y el movimiento neonazis representados en el propio centro del poder en Kiev.

Después de todo, si Ucrania no es «pro-OTAN», sino simplemente «anti-Rusia», con su propio ejército (no controlado por Occidente) y su propio desarrollo de ciertos tipos de armas utilizando fondos occidentales, esto también será un problema muy grande para Rusia», concluye Rubicon.

Los medios occidentales están tratando de ocultar todo esto y mucho más con distracciones sobre cuestiones secundarias, como cuántos kilómetros cuadrados del antiguo territorio ucraniano capturado pasarán a formar parte de Rusia, cuál será el tamaño futuro de las Fuerzas Armadas ucranianas y si se mantendrá el servicio militar obligatorio. La guerra actual ni siquiera ha terminado, pero los líderes del régimen de Kiev sueñan abiertamente y hablan a diario de vengarse con una nueva guerra.

Última oportunidad para el imperialismo occidental

Para Occidente, un respiro en el conflicto ucraniano es ahora crucial, porque su credibilidad militar se ve expuesta cada día, poniendo en peligro sus esperanzas de continuar con la expansión económica y el saqueo. Y eso sin hablar del peligro de colapso económico por el peso aplastante de la creciente carga de la deuda.

En este sentido, cabe destacar el reciente reconocimiento de Alexander Stubb, presidente de Finlandia, partidario de Zelensky y admirador de Trump. En un comentario publicado en Foreign Affairs el 2 de diciembre, escribe sobre la «última oportunidad» que tiene Occidente para mantener su dominio, a medida que los países del Sur Global ganan más poder económico e influencia.

«El orden liberal basado en normas que surgió después de la II Guerra Mundial está muriendo... Vuelve la competencia entre las grandes potencias... Las potencias medias emergentes, como Brasil, India, México, Nigeria, Arabia Saudí, Sudáfrica y Turquía, están cambiando las reglas del juego».

El imperialismo occidental se enfrenta a su inevitable desaparición. El mundo está evolucionando y cambiando rápidamente bajo sus pies, para bien. Los países del Sur Global están reivindicando cada vez más sus derechos y logrando mejoras en la forma en que se deciden y se aplican las normas económicas y comerciales. Parece que los días de saqueo incontrolado del Sur Global están llegando a su fin.


El economista ucraniano Alexei Kushch escribió en Telegram el 2 de diciembre, con motivo de las visitas separadas a Moscú ese día del enviado especial de Trump, Steve Whitcoff, y del ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, que la guerra en Ucrania se ha convertido en una encrucijada crucial entre dos sistemas mundiales (haciéndose eco de la teoría de los sistemas mundiales de Immanuel Wallerstein). Esto está acelerando la llegada de un mundo multipolar y catalizando los procesos de transformación global.


«A veces me preguntan por qué en mis artículos defino el nuevo Rubicón de la historia mundial como uno de paz, abierto en 2020 por la pandemia mundial. Se ha abierto una nueva etapa en la historia mundial, que defino como guerras en busca de la paz que tienen lugar en un mundo multipolar en evolución.

La guerra en Ucrania se ha convertido en una encrucijada crítica de dos sistemas mundiales: acelerando el avance del mundo multipolar y catalizando una transformación del mundo en su conjunto. La derrota de Rusia en esta guerra podría retrasar durante mucho tiempo la fecha de inicio del sistema multipolar de paz, mientras que el fortalecimiento de la Federación Rusa tras la guerra acelerará el avance del mundo multipolar y el colapso del unipolar. Es decir, la guerra en Ucrania es la primera guerra sistémica mundial de la nueva era de un mundo multipolar, y es probable que esté lejos de ser la última».

Según Kusch, la victoria de Rusia abre caminos y oportunidades para un desarrollo normal y progresivo de aquellos países y partes del mundo que hasta ahora se veían obligados a una situación de subordinación. ¿Qué hay de malo en ello?

* Dmitri Kovalevich es un periodista ucraniano y activista de la organización comunista ucraniana prohibida 'Borotba'.

Al Mayadeen / observatoriodetrabajad.com


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Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/la-derrota-de-las-potencias-occidentales-en

jueves, 18 de diciembre de 2025

La guerra híbrida consumen la democracia y el mercado

 

«El gran mecanismo» y la guerra híbrida consumen la democracia y el mercado

   

 18/12/2025

Fin del mercado en la competencia mediática (El Tábano Economista)

Se ha configurado, ante nuestra mirada a menudo distraída o voluntariamente ciega, la arquitectura de un nuevo régimen de poder. No se trata de una conspiración en la sombra, sino de la consecuencia lógica, una nueva fase del capitalismo global, la emergencia de un sistema integrado de poder que podríamos denominar «El gran mecanismo», la convergencia de varios vectores del capitalismo: la financiarización total, la revolución digital, la crisis de la democracia representativa y la sed de hegemonía en un orden mundial multipolar.

Lo que emerge no es una simple alianza de intereses, sino la cristalización de un sistema integrado de dominación que podríamos denominar «La fábrica de la realidad». En su núcleo opera una unión geopolítica y financiera de una profundidad inédita, una simbiosis que trasciende lo puramente económico para soldar intereses que, en la superficie se presentan como antagónicos irreconciliables. Los fondos soberanos de las monarquías petroleras del Golfo —Arabia Saudita, Catar, Emiratos Árabes Unidos— se entrelazan ahora de manera orgánica y creciente con las agendas abiertamente proisraelíes de ciertos sectores del poder estadounidense. Esta fusión no es una anomalía, es la nueva norma.

Este nexo perverso entre actores estatales, corporaciones tecnológicas y conglomerados mediáticos forma lo que solo puede describirse como un «complejo tecno-militar-industrial-informacional». En este complejo, el control de la información —ejercido a través de medios tradicionales y redes sociales— se fusiona orgánicamente con las inversiones en complejo tecno-militar-industrial-informacional de doble uso, erosionando la soberanía nacional de los estados y fomentando una arquitectura global de vigilancia masiva y manipulación cognitiva.

Es la red definitiva del crony capitalism o capitalismo clientelista, donde el éxito económico depende no de la innovación o la eficiencia, sino de la proximidad al poder político y a los flujos de capital soberano. La disputa por Warner, por tanto, no es sobre quién tendrá los derechos de Harry Potter o de Superman; significa que la adquisición podría extender el control bélico-tecnológico directamente a las narrativas mediáticas masivas, creando un ecosistema perfecto donde, como bien se ha dicho, «la información es un arma, las redes sociales son campos de batalla y las inversiones soberanas financian la dominación«.

La tesis de que «la libre empresa y la competencia han desaparecido» encuentra un respaldo abrumador en la literatura económica más rigurosa de los últimos años, que documenta meticulosamente la concentración extrema del mercado, especialmente en Estados Unidos. Estudios como «Poder político y poder de mercado» de la Facultad de Derecho de Harvard y «El poder (de mercado) es poder (político)” de la Universidad de Cambridge, trazan el mapa de esta mutación estructural.

Se entiende ampliamente que las megafusiones transforman los mercados, aumentando el poder de fijación de precios y los márgenes de beneficio de forma artificial. Sin embargo, esta consolidación económica tiene una consecuencia política aún más profunda y duradera: una influencia desmedida sobre el Estado. Al presionar a los responsables políticos, contribuir con sumas astronómicas a las campañas y operar el lucrativo circuito de las puertas giratorias, las corporaciones dominantes pueden torcer las regulaciones para proteger y ampliar sus ventajas de mercado.

Este doble canal de influencia —el poder de mercado y el poder regulador— constituye el eje central de la captura institucional. Los regímenes políticos occidentales se asemejan cada vez más al principio de «un dólar, un voto», en lugar de «una persona, un voto». Los datos son incontrovertibles: desde finales de la década de 1990, la concentración del mercado ha aumentado de manera significativa en numerosas industrias estadounidenses. En sectores críticos, apenas cuatro empresas controlan más de dos tercios del mercado.

Esta concentración se correlaciona directamente con un aumento de las tasas de beneficio promedio y de los márgenes, el sello distintivo de los oligopolios y cuasimonopolios. Las industrias concentradas tienen el incentivo y la capacidad de realizar inversiones colosales en lobby, contribuciones a campañas y en el tráfico de exreguladores hacia sus filas. Esta dinámica crea un ciclo vicioso de retroalimentación positiva: el poder de mercado conduce a la influencia política, que genera favoritismo regulatorio, que a su vez consolida más poder de mercado. El resultado final es que el destino del mercado está determinado por maniobras políticas y conexiones, no por la eficiencia económica o la innovación.

El caso de la oferta de Paramount por Warner Bros Discovery es el ejemplo de manual, la radiografía perfecta de este nuevo orden. En su comunicado de prensa anunciando la oferta pública de adquisición  de 108.000 millones de dólares, Paramount omitió estratégicamente un dato tan significativo como revelador. La financiación proviene de una firma de capital privado propiedad de Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump, y de tres monarquías del Golfo: Arabia Saudita, Catar y los Emiratos Árabes Unidos. Estos mismos estados tienen, colectivamente, miles de millones de dólares en proyectos en curso vinculados a la empresa familiar Trump.  

La participación de Kushner coloca la transacción en el corazón mismo de un conflicto de interés estructural, un acuerdo comercial internacional de magnitudes colosales que, en última instancia, requerirá la revisión y aprobación regulatoria de la misma administración con la que Kushner mantiene vínculos familiares directos. La dinámica de presión es obscena. Además de presionar a los reguladores para que adopten una línea dura contra la oferta rival de Netflix, Trump y sus asesores podrían inclinar la balanza de innumerables maneras, por ejemplo, desestimando las preocupaciones de seguridad nacional que surgen naturalmente por la participación mayoritaria de fondos extranjeros.

Juntos, los tres fondos soberanos árabes se comprometieron a contribuir con 24.000 millones de dólares, casi tres quintas partes del capital total de la oferta. Normalmente, una participación extranjera de esta magnitud desencadenaría una revisión exhaustiva y potencialmente bloqueadora por parte del Comité de Inversión Extranjera en los Estados Unidos (CFIUS), el panel federal que evalúa los riesgos para la seguridad nacional. Sin embargo, Paramount arguye, con una lógica que huele a pretexto, que estos fondos han acordado «renunciar a sus derechos de gobernanza», pretendiendo con ello que el acuerdo no plantea problemas de seguridad y puede eludir el escrutinio.

La cuestión central, más allá del tecnicismo legal, es la participación explícita de individuos con vínculos directos y familiares con el poder ejecutivo en una transacción que redefine el paisaje mediático global. Pero el elenco de personajes se vuelve aún más revelador cuando miramos al otro lado: el dueño de Paramount es Larry Ellison, cofundador de Oracle, un ferviente seguidor de Trump y partidario militante de Israel, que ha donado millones al Ejército de israel (IDF) y es cercano al primer ministro Benjamin Netanyahu.

Por tanto, detrás de la oferta por Warner Bros. Discovery —y su preciado botín que incluye HBO, CNN y DC Comics— no parece haber solo un frío interés económico en escalar en la guerra del streaming. La verdadera agenda es la consolidación de un poder narrativo de escala planetaria. Se trata de controlar los mecanismos que moldean la opinión pública, especialmente entre las generaciones más jóvenes, para inclinarla a favor de agendas políticas específicas: narrativas profundamente proisraelíes, conservadoras y alineadas con los intereses geopolíticos de una élite transnacional.

Los fondos soberanos árabes son el vehículo perfecto para esta operación. A diferencia de los fondos de inversión tradicionales, obsesionados únicamente con el retorno financiero, estos fondos controlados por estados invierten con objetivos estratégicos explícitos: reducir la dependencia del petróleo dirigiendo sus fondos a sectores del futuro, adquirir activos en economías occidentales clave para aumentar su influencia blanda, y obtener acceso a la tecnología y la experiencia de las empresas de medios más poderosas del mundo.

La ramificación de este control se extiende más allá de las pantallas. Se integra con tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial, el big data y los algoritmos de manipulación informativa, transformando la información en un arma estratégica dentro de un ecosistema híbrido de guerra cognitiva. En este entorno, las redes sociales —X, TikTok, Facebook— dejan de ser plataformas de comunicación para convertirse en campos de batalla digitales primarios. Aquí, ejércitos de bots, algoritmos sesgados y campañas de influencia coordinadas amplifican mensajes bélicos, difunden desinformación, moldean percepciones globales en tiempo real y captan información.

La inversión en tecnología de doble uso (civil-militar) es clave: los mismos fondos que financian un estudio de cine pueden estar haciéndolo también con una startup que desarrolla herramientas de vigilancia masiva o de generación de contenido sintético (deepfakes), borrando por completo la línea entre la guerra cinética y la cognitiva. En este paradigma, controlar los flujos informativos se vuelve tan crítico, o más, que controlar territorio.

El vector de la tecnología bélica completa este círculo vicioso. Impulsado por el aumento masivo del gasto militar —especialmente en Europa tras la guerra en Ucrania—, el sector de la defensa ha dejado de ser un nicho para convertirse en un mercado de capitales colosal. Y aquí es donde la aparente contradicción árabe-israelí se resuelve en una sinergia perversa.

Tomemos el caso del Public Investment Fund (PIF) de Arabia Saudita. Este fondo soberano invierte masivamente en la industria de defensa estadounidense y, a través de complejos acuerdos comerciales y fondos intermediarios, termina financiando indirectamente capacidades israelíes. Es una estrategia de «cobertura» maestra: en público, la retórica puede ser propalestina; en la práctica, las prioridades económicas y de seguridad dictan una alianza tácita con los intereses estadounidenses e israelíes contra amenazas comunes como Irán. El PIF ha firmado acuerdos por 575.000 millones de dólares con empresas estadounidenses, muchos en el sector de defensa, buscando estabilidad regional y acceso a tecnología militar de punta. Pero el canal más revelador es, una vez más, Jared Kushner.

El PIF comprometió 2.000 millones de dólares a su fondo Affinity Partners de Jared Kushner, que a su vez dirige inversiones a startups israelíes de alta tecnología en sectores estratégicos como agricultura, energía y salud. Esta es la primera inyección directa conocida de capital saudí en la economía israelí, marcando una fusión de intereses que trasciende décadas de conflicto retórico. El dinero saudí, derivado de la renta petrolera, se entrelaza así con el ecosistema de innovación militar y de vigilancia israelí, famoso por su «mentalidad de startup» y su experiencia en ciberseguridad y guerra urbana.

En resumen, este «Gran mecanismo» unifica en una sola lógica operativa a las redes sociales y su flujo de información, a los medios de comunicación masiva tradicionales, y a la tecnología de guerra híbrida. La dominación ya no se busca principalmente a través de la conquista territorial clásica, sino mediante el control informativo total, financiado por capitales soberanos que priorizan el poder estratégico por encima de cualquier noción de transparencia o rendición de cuentas.

En el diseño de este ecosistema, la democracia liberal —con sus mercados teóricamente competitivos, su esfera pública deliberativa y sus separaciones de poder— no es un componente que mejorar, sino un obstáculo que se está eliminando. Es el fin del mercado como espacio de competencia y el comienzo del mercado como herramienta de dominación oligárquica y control cognitivo. Lo que estamos presenciando no es la evolución del capitalismo, sino su mutación en una forma de tecnofeudalismo global, donde unos pocos señores, armados con datos, algoritmos y narrativas, gobiernan sobre una población desorientada y fragmentada, creyendo aún que elige libremente en un mercado de ideas que hace tiempo dejó de existir.

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2025/12/17/el-gran-mecanismo-y-la-guerra-hibrida-consumen-la-democracia-y-el-mercado/

lunes, 15 de diciembre de 2025

Las falacias sobre el Memorándum de Budapest de 1994 .


 Uso de argumentos falsos del Memorándum de Budapest de 1994 

György Varga.(1)


24 de agosto de 2025 

El Memorándum de Budapest de 1994 es citado repetidamente por Occidente en el contexto de la guerra de Ucrania como un ejemplo de advertencia de la agresiva política exterior de Rusia y su desprecio por las garantías internacionales a Ucrania. El 20 de agosto, el primer ministro polaco Donald Tusk, en un mensaje en Channel X, se pronunció en contra de la elección de Budapest como sede de una cumbre entre Donald Trump, Vladimir Putin y Volodymyr Zelenskyy.[ 1 ] Sugirió que la ciudad representaba una violación del derecho internacional. En una entrevista publicada el 5 de enero con el podcaster estadounidense Lex Fridman, el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy dijo que "cualquiera que haya obligado a Ucrania a firmar el llamado Memorándum de Budapest merece estar en prisión".[ 2 ] Las observaciones de Tusk pasan por alto la complicidad de la política exterior polaca en los acontecimientos que llevaron a la violación del memorándum y al estallido de la guerra, una responsabilidad que él y su entonces ministro de Asuntos Exteriores, Radosław Sikorski, también tienen personalmente.

La responsabilidad de la guerra

La conexión entre el Memorándum de Budapest, la guerra y la cuestión de la responsabilidad está plenamente justificada. La petición de ayuda del primer ministro polaco ante el error cometido es perfectamente comprensible: cuando no se respetan los tratados internacionales y las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, las bombas caen después. Esto también ocurre hoy en Ucrania. El presidente ucraniano considera un error la firma del Memorándum de Budapest, y la diplomacia ucraniana mantiene firmemente su postura crítica respecto a que Rusia es responsable.

El primer ministro Tusk intenta, erróneamente, explotar esta narrativa en su propio beneficio. Su ya negativa actitud hacia la política exterior húngara lo lleva a oponerse a Budapest como sede de una cumbre destinada a poner fin a la guerra. La raíz del problema radica en que Ucrania renunció a sus armas nucleares en el Memorándum de Budapest, mientras que los Estados firmantes, a cambio, se comprometieron a respetar su soberanía y sus fronteras existentes.

Dado que mencioné la responsabilidad de la política exterior polaca en relación con el Memorándum de Budapest en mi introducción, también formularé mi argumento basándome en esta afirmación y basándome en hechos. Quisiera señalar el siguiente hecho al comienzo de mi texto:

  • El 18 de marzo de 2014, tras el referéndum del 16 de marzo, el presidente ruso Putin firmó la ley sobre la anexión de Crimea por parte de Rusia, lo que puede interpretarse como una violación del Memorándum de Budapest de 1994. Con ello, Rusia ignoró la integridad territorial y las fronteras existentes de Ucrania.
  • Sin embargo, la OTAN y sus estados miembros ya habían violado la soberanía estatal de Ucrania, que también estaba garantizada por el Memorándum de Budapest, dos veces anteriormente: en abril de 2008 y en febrero de 2014. Por lo tanto, la acción rusa de marzo de 2014 puede verse como una consecuencia directa de estos acontecimientos.

Con la declaración adoptada en Bucarest el 3 de abril de 2008, que establecía que «Ucrania y Georgia se convertirían en miembros de la OTAN», la OTAN violó la soberanía estatal de Ucrania. El primer ministro polaco, Tusk, y el ministro de Asuntos Exteriores, Sikorski, participaron personal y activamente en esta decisión históricamente errónea al representar a su país en la cumbre de la organización celebrada en Bucarest en abril de 2008. ¿Cómo llegamos a esta conclusión?

  1. El parlamento ucraniano adoptó la Declaración sobre la Soberanía Estatal de Ucrania el 16 de julio de 1990.[ 3 ] Establece que Ucrania será un estado permanentemente neutral que no participará en bloques militares y se adherirá a tres principios de no armas nucleares: no aceptar, producir o adquirir armas nucleares.
  2. El 24 de agosto de 1991, el Parlamento ucraniano adoptó la Declaración de Independencia de Ucrania.[ 4 ] El preámbulo de la declaración estipula como condición fundamental que la declaración de independencia ponga en práctica la soberanía estatal de Ucrania formulada en la declaración de 1990. Esto significa que se reafirmaron la neutralidad permanente y el estatus de no alineación de Ucrania como características clave de su Estado independiente y soberano.
  3. El 1 de diciembre de 1991, un referéndum en Ucrania confirmó los puntos contenidos en la declaración de independencia.[ 5 ] Según la OSCE (su predecesora fue la CSCE), el 84 % de los votantes elegibles participó y más del 90 % votó a favor de la independencia descrita en las declaraciones anteriores. Por lo tanto, el referéndum también confirmó la neutralidad permanente y el estatus de no alineamiento de Ucrania.
  4. Para Ucrania, cuyo estatus de neutralidad y no alineado se ha reafirmado en repetidas ocasiones, la Declaración sobre la Soberanía Estatal de 1990 estipuló un estatus libre de armas nucleares como compromiso voluntario. Siguiendo este camino, los presidentes de Estados Unidos, Rusia y Ucrania, junto con el primer ministro británico, firmaron el Memorándum de Budapest el 5 de diciembre de 1994.[ 6 ] En el Memorándum, Ucrania renunció a sus armas nucleares y, a cambio, los Estados firmantes reafirmaron su compromiso de respetar su independencia, soberanía y fronteras existentes.
  5. El Parlamento ucraniano adoptó la Constitución del país el 28 de junio de 1996. El preámbulo de la Constitución establece que el Parlamento basó su decisión en la declaración de independencia de 1991 y los resultados del referéndum del 1 de diciembre de 1991. De este modo, la Constitución ucraniana confirmó tanto la neutralidad permanente de Ucrania como su estatus de país no alineado.

El pueblo ucraniano y sus representantes han manifestado repetidamente su deseo de vivir en un país neutral y no alineado. El primer ministro polaco también debería ser consciente de que los firmantes del Memorándum de Budapest en 1994 firmaron un acuerdo con una Ucrania neutral y no alineada para "respetar su independencia, soberanía y fronteras existentes". Tusk también debería saber que a la OTAN no le preocupaban los obstáculos constitucionales y legales internacionales mencionados en 2008. Él y su ministro de Asuntos Exteriores podrían haber señalado en Bucarest: "¡No le hagan esto a Ucrania; el pueblo ucraniano no lo quiere!".

La OTAN –con la participación personal del Primer Ministro Tusk y el Ministro de Asuntos Exteriores Sikorski– no respetó:

  • las declaraciones sobre la neutralidad y el estatus de país no alineado de Ucrania adoptadas en 1990, 1991 y 1996, así como la actual Constitución ucraniana.
  • la voluntad del pueblo ucraniano, que en aquel entonces contaba con 52 millones de habitantes, confirmada también en el referéndum del 1 de diciembre de 1991 sobre neutralidad y no alineación (con más del 90 por ciento de votos "sí").
  • la soberanía de Ucrania, su derecho a determinar su futuro como Estado neutral y no alineado en el complicado entorno geopolítico entre Este y Oeste.

Seis meses después de la decisión de la OTAN en noviembre de 2008, el historiador húngaro y experto en Rusia Zoltán Sz. Bíró escribió en su publicación “El regreso de Rusia”[ 7 ] que la decisión de la OTAN se tomó sin el apoyo de la sociedad ucraniana:

Resulta revelador que, a principios de 2008, entre un cuarto y un tercio de la población ucraniana apoyara, como máximo, la adhesión del país a la OTAN. ... Y esta reticencia se debe, en gran medida, a que la mayoría de la sociedad ucraniana teme que unirse a la organización militar del mundo occidental tensará gravemente las relaciones ruso-ucranianas, con consecuencias directas para la vida cotidiana.

Golpe de Estado y Guerra Civil

La OTAN no respetó la soberanía de Ucrania en 2008, cuando designó a Ucrania como futuro miembro de la OTAN[ 8 ], ni en 2014, cuando los países de la OTAN estuvieron involucrados en la toma de poder contra el jefe de Estado y de gobierno elegido democráticamente.

En 2014, los países de la UE y la OTAN, bajo la coordinación de Estados Unidos y con la participación personal de la secretaria de Estado Victoria Nuland, apoyaron una transferencia de poder inconstitucional en la neutral Ucrania, que buscaba un equilibrio de poder entre Oriente y Occidente. La diplomacia polaca, con el entonces primer ministro Tusk y el ministro de Asuntos Exteriores Sikorski, desempeñó un papel activo en este proceso.

El entonces presidente Viktor Yanukovych y los líderes de la oposición, que luchaban contra las protestas apoyadas desde el extranjero, firmaron un acuerdo sobre una solución política el 21 de febrero de 2014. Los ministros de Asuntos Exteriores de los países de la UE/OTAN, incluido el ministro de Asuntos Exteriores polaco Sikorski y el entonces ministro de Asuntos Exteriores alemán Frank-Walter Steinmeier, firmaron voluntariamente el documento como garantes.[ 9 ] El golpe que siguió al día siguiente no fue condenado por las potencias garantes (Alemania, Francia, Polonia) ni por la OTAN o la UE.

Este golpe desembocó en una guerra civil, tras la cual la UE y la OTAN, basadas en valores, invirtieron sus roles. Según la narrativa occidental, quienes no reconocieron el liderazgo del golpe fueron criminalizados. Sin embargo, la población del este de Ucrania culpa a quienes instigaron, coordinaron y reconocieron la destitución inconstitucional y violenta de un jefe de Estado elegido democráticamente, sumiendo en el caos a un país soberano y neutral. Un mes después del golpe, Crimea se separó de Ucrania en un referéndum y se unió a Rusia. En el este de Ucrania, los procesos separatistas acabaron definitivamente con la capacidad de Kiev de controlar partes de las regiones de Luhansk y Donetsk.

Los gobiernos de Alemania, Polonia y Francia (el "Grupo de Weimar") incumplieron masivamente sus obligaciones de garantía, lo que condujo al estallido de una guerra civil en Ucrania después del 22 de febrero de 2014. Las potencias garantes engañaron al entonces jefe de Estado ucraniano, quien creyó injustificadamente en las garantías de los ministros de Asuntos Exteriores de la UE y la OTAN. Tras alcanzar un acuerdo político con la oposición en estas tranquilizadoras condiciones internacionales, silenció a las fuerzas de seguridad.

El primer ministro polaco, Tusk, evidentemente no tuvo en cuenta estas conexiones al oponerse a la elección de Budapest como sede de una cumbre destinada a poner fin a la guerra en Ucrania. Los vínculos polacos mencionados podrían impulsarlo a reconsiderar su postura sobre la decisión de la OTAN de 2008 y la firma, algo ignorada, de 2014 por el ministro de Asuntos Exteriores, Sikorski, como garante.

Si el primer ministro Tusk llega a estas conclusiones, se dará cuenta fácilmente de que su protesta contra Budapest como ciudad anfitriona era infundada.

Los verdaderos culpables de la guerra de Ucrania

Ni los autores ni firmantes del Memorándum de Budapest ni la ciudad de Budapest deben ser considerados responsables de la guerra en Ucrania y del desprecio por este documento internacional. Las causas de la guerra no residen en el Memorándum de Budapest, la Declaración de Independencia de Ucrania, la Constitución ucraniana ni los Acuerdos de Minsk refrendados por el Consejo de Seguridad de la ONU. Más bien, residen en los políticos que ignoraron estos documentos y la voluntad reiterada del pueblo ucraniano. Entre estos políticos se incluyen miembros activos del gobierno polaco, encabezado por el primer ministro Tusk.

Tusk podría ser de gran ayuda para el presidente Zelenski si, en su próxima reunión o en la próxima sesión del Consejo Europeo, revisara los estrechos vínculos entre la declaración de independencia de Ucrania, el referéndum de 1991, la Constitución de 1996 y el Memorándum de Budapest. Al considerar estos vínculos, reconocerían rápidamente las causas de la situación actual de una Ucrania neutral y no alineada, y quiénes son los verdaderos responsables de la destrucción de un país europeo y su nación.

Imagen de portada: El presidente estadounidense Bill Clinton, el presidente ruso Boris Yeltsin y el presidente ucraniano Leonid Kravchuk después de firmar la Declaración Trilateral del 14 de enero de 1994, en preparación para el Memorándum – dominio público