martes, 25 de febrero de 2020

El mito de la «revolución siria» .

El mito de la «revolución siria» fabricado ‎por el Reino Unido

por Thierry Meyssan


Se han filtrado nuevos documentos sobre la organización de la propaganda británica ‎contra Siria. Esos documentos permiten entender cómo fue posible que periodistas que ‎actuaban de buena fe fuesen engañados durante largo tiempo por el mito de la ‎‎«revolución siria» y por qué el Reino Unido se retiró de Siria, a pesar del éxito de ‎su operación. ‎

RED VOLTAIRE

La democracia incluye la posibilidad de poder debatir honestamente en público. ‎Por consiguiente, la propaganda sería sólo cosa de los regímenes no democráticos. ‎Sin embargo, la Historia nos enseña que la propaganda moderna se concibió durante la Primera ‎Guerra Mundial en el Reino Unido y en Estados Unidos mientras que la URSS y la Alemania nazi ‎no pasaron de ser pálidos imitadores. ‎
Desde el inicio de la guerra contra Siria, hemos explicado a menudo que la realidad en ‎el terreno no tenía nada que ver con la imagen que existía en Occidente sobre este conflicto. ‎Hemos denunciado repetidamente la fabricación de “pruebas” por parte de los servicios secretos ‎estadounidenses, británicos, franceses y turcos, que trataban de esconder la agresión ‎de Occidente contra Siria y de hacer creer que existía una revolución contra una dictadura. ‎
Ahora que el Reino Unido ya no está en el terreno, desde 2018, el periodista Ian Cobain acaba ‎de publicar en la publicación online ‎Middle East Eye varios documentos oficiales británicos que nos permiten ver más ‎claramente de qué manera Londres intoxicó masivamente a un gran número de periodistas de ‎buena fe y después se retiró del conflicto [1]. En 2016, Ian Cobain ya había publicado en el diario británico The Guardian‎ cierto número de ‎revelaciones sobre cómo el MI6 organizó esta‎ operación contra Siria [2].‎
Primero que todo, es importante recordar que los británicos no perseguían el mismo objetivo que ‎sus aliados estadounidenses. El Reino Unido, esperaba recuperar la influencia que había ejercido ‎en la época colonial, al igual que Francia. Londres no creyó que Estados Unidos ‎pretendiese destruir las estructuras de los Estados en los países de todo el Gran Medio Oriente (o ‎Medio Oriente ampliado), como se estipula en la estrategia Rumsfeld/Cebrowski [3]. Así que Londres concibió la operación de las ‎llamadas «primaveras árabes» según el modelo de la «Gran Revuelta Árabe», organizada en ‎otra época por Lawrence de Arabia, sólo que en la versión actual fue la Hermandad Musulmana la ‎encargada de interpretar el papel asignado a los wahabitas en tiempos de la Primera Guerra ‎Mundial. Debido a ello, la propaganda británica fue concebida siguiendo un guión sobre la ‎creación de una “nueva Siria” alrededor de la Hermandad Musulmana, mientras que lo que realmente ‎querían –y aún quieren– Estados Unidos y la CIA era desmembrar el país.‎
La opinión pública occidental ya había sido convencida de que en Túnez, en Egipto y en Libia ‎se habían producido revoluciones, y esa convicción errónea facilitaba la tarea de venderle otra ‎‎“revolución”, esta vez en Siria. ‎
Periodistas que actuaban de buena fe fueron llevados por supuestos revolucionarios –en realidad ‎eran agentes que trabajaban para los servicios secretos de Turquía y de la OTAN– a visitar una ‎‎“aldea revolucionaria”, Yabal al-Zauia, en suelo sirio. Allí se organizaban para ellos mítines del ‎‎«Ejército Sirio Libre» que podían filmar a sus anchas. Fueron muchos los periodistas así ‎engañados que creyeron que realmente existía un levantamiento popular. Cuando el periodista ‎español Daniel Iriarte denunció la farsa en el diario español ABC –porque reconoció a varios ‎yihadistas libios en la “aldea revolucionaria” siria [4]– ‎la prensa se negó a reconocer que se había dejado engañar. La incapacidad de los periodistas ‎para reconocer sus errores, incluso cuando son colegas quienes denuncian esos errores, sigue ‎siendo la mejor carta de triunfo de quienes se dedican a este tipo de propaganda. ‎
Como siempre, los británicos de la RICU (la Research, Information and Communications Unit) ‎recurrieron a un científico –en este caso un antropólogo– para que supervisara su operación de ‎propaganda. Y la ejecución estuvo en manos de varios “contratistas”, entre ellos un ‎‎«ex» oficial del MI6, el coronel Paul Tilley –la denominación de «ex oficial» resulta aquí muy ‎importante ya que se trata de poder refutar cualquier vinculación con el asunto si la operación ‎sale mal. Para estar más cerca del terreno, los intermediarios o contratistas del MI6 abrieron ‎‎3 oficinas en Estambul y Reyhanli (Turquía) y en Amman (Jordania), mientras que la CIA operaba ‎desde Alemania. ‎
Esta operación se inició con el asunto del ataque químico, atribuido al gobierno sirio, en el verano ‎de 2013, cuando la Cámara de los Comunes –recordando cómo había sido engañada en el ‎momento de la guerra contra Irak– prohibió estrictamente al ministerio de Defensa el despliegue ‎de tropas británicas en Siria. El gobierno británico evadió la prohibición incrementando el ‎presupuesto inicial de su ministerio de Exteriores, incremento que fue transferido a agencias canadienses y ‎estadounidenses para que se encargaran de la operación. ‎
A pesar de la prohibición emitida por la Cámara de los Comunes, la operación se desarrollaba ‎bajo el mando de un oficial del MI6, Jonathan Allen, quien acabó convirtiéndose en número 2 de ‎la delegación diplomática del Reino Unido en el Consejo de Seguridad de la ONU. ‎
‎La originalidad de esta operación, ejecutada entre otros por Innovative Communications ‎& Strategies (InCoStrat), reside en el hecho de haber sido presentada como una asociación ‎comercial no vinculada a las autoridades del Reino Unido. Los sirios que participaban en ella ‎no tenían la impresión de estar traicionando su país sino sólo de haber encontrado una buena ‎oportunidad de ganar dinero para sobrevivir a pesar de la guerra. Por supuesto, en comparación con ‎el nivel de vida normal de esos sirios, las remuneraciones que recibían eran considerablemente ‎elevadas. ‎
El sistema de los llamados «periodistas ciudadanos» resultaba sin embargo muy económico en ‎relación con el medio millón de libras esterlinas mensuales del presupuesto británico (entre 50 y ‎‎200 dólares por un video, entre 250 y 500 dólares por colaboraciones regulares) destinado a la ‎búsqueda de «informaciones» o de «pruebas» que demostrasen la represión del «régimen» ‎sirio contra su propio pueblo. Después de ser sometidos a una selección, el MI6 enviaba esos ‎materiales a la BBC, Sky News arabic, Al-Jazeera y Al-Arabiya, cuatro medios de difusión que ‎participan plenamente en el «esfuerzo de guerra» occidental, a pesar de que Al-Jazeera y Al-‎Arabiya pertenecen respectivamente a Qatar y a Arabia Saudita y de que esa actividad viola las ‎resoluciones de la ONU que prohíben la propaganda de guerra. Los colaboradores sirios tenían que ‎ comprometerse por escrito a mantenerse anónimos –con excepción de los que ‎contaban con una autorización expresa para darse a conocer– y no divulgar sus vínculos con ‎ninguna empresa. ‎
Los periodistas occidentales que actuaban de buena fe no podían llegar hasta los «periodistas ‎ciudadanos» sirios para verificar el contexto de los videos ni de otras «pruebas» –trabajo de ‎verificación que constituye la esencia misma de la actividad periodística– y simplemente ‎se dejaban convencer por el “ruido” de las cuatro televisoras antes mencionadas. ‎
Los documentos revelados por Ian Cobain demuestran que, además de apuntar a la opinión ‎pública internacional, esta operación estaba dirigida también contra la opinión pública siria. ‎Londres esperaba provocar en la opinión siria un cambio de actitud que debía favorecer a los ‎‎«moderados» ante los «extremistas». Sobre ese punto en particular, Middle East Eye ‎no parece haberse dado cuenta de que esas palabras no deben interpretarse siguiendo el ‎sentido que suelen tener sino en función de las decisiones del primer ministro británico Tony ‎Blair. ‎
Durante la elaboración del plan de las llamadas «primaveras árabes», Tony Blair había planteado ‎que el gobierno británico debía considerar como aliados a los líderes y grupos «moderadamente ‎antimperialistas», como la Hermandad Musulmana, mientras que los adversarios eran los ‎‎«antimperialistas extremistas», como el régimen nacionalista del partido Baas sirio [5].‎
El antropólogo que supervisaba el programa indicaba por demás que era necesario crear en el ‎terreno algunos servicios de urgencia –como la Free Police y los White Helmets ‎‎(“Cascos Blancos”) del «ex» oficial del MI6 James Le Mesurier– no tanto para ayudar a la ‎población sino para darle confianza en las instituciones que habrían de crearse después de la ‎derrota de la unión nacional surgida alrededor del Baas. Sobre ese punto, mencionó el plan de ‎rendición total e incondicional que se pretendía imponer a Siria, plan redactado por el alemán ‎Volker Perthes para el segundo principal funcionario de la ONU, el estadounidense Jeffrey ‎Feltman [6] y que los británicos interpretaron en forma errónea. ‎
Este desacuerdo fue la principal causa de los fallos de esta operación, cuando Washington trató ‎de crear el «Sunnistán», que debía ser gobernado por el Emirato Islámico (Daesh) y el «Kurdistán ‎libre», con el PKK (el partido kurdo surgido en Turquía) y el PDK (partido kurdo de Irak). ‎Considerando que aquello ya no era la guerra que ellos habían concebido, los británicos ‎decidieron salirse del juego. ‎
El programa del MI6 planteaba 3 aspectos diferentes:
- Identidad siria:
«Unir a los sirios mediante la afirmación positiva de culturas y prácticas comunes y restablecer la ‎confianza entre vecinos, aunque poniendo de relieve la fuerza numérica de los sirios.»‎
- Siria libre:
«Actuar para fortalecer la confianza en una futura Siria sin régimen extremista.»‎
- Socavamiento:‎
«Actuar para debilitar la eficacia de las redes extremistas violentas (EV) en Siria socavando la ‎credibilidad de las historias y de los actores EV y aislando a las organizaciones EV de la ‎población.»‎
Según los documentos que revela Ian Cobain, los contratistas o intermediarios del MI6 también ‎formaron a los voceros de la oposición siria, desarrollaron cuentas en las redes sociales y ‎organizaron oficinas de prensa que funcionaban las 24 horas del día. Los documentos ‎no mencionan el diseño de logos identificativos de grupos ni el montaje de las escenas ‎hollywoodenses que nosotros denunciamos a través de este sitio web, como el “desfile militar” ‎de un grupo armado, montado en la periferia de Damasco, con tanques y “combatientes” que ‎pasaban una y otra vez ante la cámara (ver video). ‎
El trabajo de las oficinas de prensa consistía en poner a los voceros de la oposición siria en ‎contacto con periodistas occidentales y en instruir a esos voceros sobre lo que debían decir en las ‎entrevistas. De esa manera, la prensa occidental creía obtener sus informaciones de fuentes ‎independientes y con un bajo costo. ‎
Al principio, durante la fase de desestabilización –que duró hasta mediados del año 2012–, todos ‎los medios de prensa internacionales enviaban reporteros al terreno, reporteros que ‎los británicos lograban manipular de la manera aquí descrita. Ahora ya no envían reporteros. ‎Los medios de prensa occidentales se han acostumbrado a aceptar como buena la “información” ‎que les ofrece la agencia de prensa creada en Londres por el MI6 y la Hermandad Musulmana –el ‎Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH)– a pesar de que esa “fuente” carece de los ‎recursos necesarios para tener conocimiento de los “hechos” que dice reportar. ‎
[1] “REVEALED: The British government’s covert ‎propaganda campaign in Syria”, Ian Cobain y Alice Ross, Middle East Eye, ‎‎20 de febrero de 2020.
[2] “How Britain funds ‎the ’propaganda war’ against Isis in Syria”, Ian Cobain, Alice Ross, Rob Evans, Mona Mahmood, The Guardian, 3 de ‎mayo de 2016.
[3] «El proyecto ‎militar de Estados Unidos para el mundo», por Thierry ‎Meyssan, Red Voltaire, 22 de agosto de 2017.
[4] «Islamistas libios se desplazan a Siria para ‎‎“ayudar” a la revolución», por Daniel Iriarte, ABC (España), 17 de diciembre de 2011.
[5Sous nos ‎yeux. Du 11-Septembre à Donald Trump, Thierry Meyssan, éditions Demi-Lune.
[6] «Alemania y la ONU contra Siria», por Thierry Meyssan, Al-‎Watan (Siria), Red Voltaire, 28 de enero de 2016. “Draft Geneva Communique Implementation ‎Framework”, “Confidence Building Measures”, “Essential Principles”, “Representativness and ‎Inclusivity”, “The Preparatory Phase”, “The Transitional Governing Body”, “The Joint Military ‎Council and Ceasefire Bodies”, “The Invitation to the International Community to Help Combat ‎Terrorist Organizations”, “The Syrian National Council and Legislative Powers during the ‎Transition”, “Transitional Justice”, “Local Governance”, “Preservation and Reform of State ‎Institutions”, “Explanatory Memorandum”, “Key Principles revealed during Consultations with ‎Syrian Stake-holders”, “Thematic Groups”, United Nations Department of Political Affairs (DPA), ‎‎2012-2014 (no publicado).

lunes, 24 de febrero de 2020

La CIA y el Sáhara Occidental .

La CIA desclasifica la razón por la que España “abandonó” el Sáhara Occidental

Los informes de estrategia y cables diplomáticos secretos reflejan la visión e influencia de la inteligencia norteamericana sobre el devenir del país en un momento clave de su historia como fue la Transición.
Según los documentos, Juan Carlos I se convirtió en uno de los informantes más valiosos de EE.UU, revelando información confidencial a su contacto en Madrid, el embajador norteamericano Wells Stabler.
Además, Juan Carlos habría pactado la entrega del Sáhara Occidental a Marruecos. Todo a cambio del apoyo norteamericano para convertirse en Rey.
Mediados de la década de los 70. La Revolución de los Claveles triunfa en Portugal. En Italia, los comunistas están muy cerca de llegar a formar parte del Gobierno.
En Grecia la dictadura militar se desmorona. Y en España, el dictador Francisco Franco está en las últimas. El panorama es muy preocupante para los intereses norteamericanos, que ven como sus aliados pierden fuerza.
Además del propósito global de frenar al comunismo y al socialismo, para EE.UU esta zona es especialmente importante a nivel geoestratégico.
En 1973 por ejemplo, los aviones norteamericanos que se dirigían a Oriente Medio para apoyar a Israel en la guerra del Yon Kippur solo consiguen autorización portuguesa para repostar, y es probable que a partir de ahora ya no sea así. Hay que hacer algo.
En 1975 se pone en marcha un proyecto secreto de la CIA que tiene como objetivo arrebatar la provincia número 53 de España: el Sáhara Occidental.
Se trata no solo de un un territorio rico en fosfatos, hierro, petróleo y gas, sino que es muy valioso a nivel geoestratégico.
La inestabilidad en España debido a la enfermedad del dictador Francisco Franco es clave para llevar a cabo esta operación, que consiste en invadir la provincia española mediante una marcha de unos 350.000 ciudadanos marroquíes que se harían pasar por antiguos habitantes de la zona.
Se trata evidentemente de la famosa Marcha Verde.
El 6 de octubre de 1975, los servicios de Inteligencia del Ejército español informan al dictador Francisco Franco de estos planes de “invasión pacífica” del Sáhara Occidental y le piden que mueva ficha.
Y aquí es donde entra en juego Juan Carlos I, que se convirtió en confidente de EE.UU, enviando información secreta de todos los movimientos que Franco realizaba en la provincia del Sáhara.
Es decir, el entonces príncipe Juan Carlos reveló información confidencial sobre los planes de España en el conflicto del Sáhara a una potencia extranjera que estaba jugando un papel clave en dicho conflicto.
Hay quien lo denominaría alta traición.
De este modo, Juan Carlos I se convirtió en aquel momento clave de la historia del país en informante de EE.UU, con la esperanza de lograr así el apoyo norteamericano tras la muerte de Franco.
Lo consiguió, y probablemente la historia de España sería muy diferente de no haber tomado esta decisión.
El contacto del entonces Príncipe era el embajador norteamericano en España, Wells Stabler, que tenía contacto directo con la Casa Blanca y con el jefe del Departamento de Estado, Henry Kissinger, quien le comunicó a este respecto en uno de los documentos ahora desclasificados:
“Tus contactos con el príncipe deben ser tratados con la mayor discreción. Estos informes tienen un grandísimo valor para EEUU y haremos lo que esté en nuestra mano para asegurarnos de que en el futuro se manejen de manera apropiada” – Henry Kissinger
31 de octubre de 1975, Juan Carlos asume la jefatura en funciones del Estado debido a la enfermedad del dictador Francisco Franco.
Uno de los temas más urgentes que debe tratar es respecto a la decisión del rey Hasan II de Marruecos de lanzar una ofensiva para reclamar una provincia española: el Sáhara Occidental.
El mismo día de la toma de posesión de su nuevo cargo, Juan Carlos preside su primer Consejo de Ministros, y muestra su intención de ponerse al cargo del asunto del Sáhara..
Pero no informa de que ya había enviado a Washington a su hombre de confianza, Manuel Prado y Colón de Carvajal, con la finalidad de conseguir el apoyo norteamericano y evitar así un conflicto con Marruecos que le podría costar su añorada Corona.
De este modo, Kissinger media con Hassan II y finalmente se firmaría el pacto secreto por el que Juan Carlos entregaría el Sáhara español a Marruecos, a cambio de que EE.UU se convierta en su aliado en el complejo futuro que tiene por delante.
El 2 de noviembre, Juan Carlos viaja a la capital del Sáhara Occidental, El Aaiiún, donde asegura ante las tropas españolas:
“Se hará cuanto sea necesario para que nuestro Ejército conserve intacto su prestigio y su honor”.
Hasta se permite decirles a los oficiales de sus tropas: “España no dará un paso atrás, cumplirá todos sus compromisos, respetará el derecho de los saharauis a ser libres”.
Y también: “No dudéis que vuestro comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo”.
Sin embargo, sabía que estaba mintiendo. Ya había pactado con Hassan II los términos de la entrega del Sáhara. En uno de los documentos desclasificados, el embajador de EE.UU en España comunica a Washington:
“Madrid y Rabat han acordado que los manifestantes sólo entrarán unas pocas millas en el Sáhara español y que permanecerán un corto periodo de tiempo en la frontera, donde ya no hay tropas españolas (…) El príncipe [Juan Carlos] ha añadido que una delegación representativa de unos 50 marroquíes tendrán permitido entrar en la capital territorial de El Aaiún”.
En el documento también se puede apreciar el temor de la inteligencia nortemericana a que se descontrolara la situación:
“La zona en la que no está prevista que caminen los manifestantes está claramente marcada como campos de minas. Juan Carlos dijo que las fuerzas españolas usarán cualquier medio a su disposición para evitar que los marroquíes crucen esta línea” …”Una vez que los manifestantes crucen la frontera, la situación puede descontrolarse fácilmente”.
Finalmente, el 6 de noviembre de 1975 la Marcha Verde invade la provincia española.
Todo estaba preparado de antemano. Los campos de minas y los legionarios se retiraron de la frontera. La ONU, atónita ante los acontecimientos, urge a Hassan II a retirarse y a respetar la legalidad internacional.
El Consejo de Seguridad se pronunció aprobando la resolución 380, en la que «deplora la realización de la marcha» e «insta a Marruecos a que retire inmediatamente del territorio del Sáhara Occidental a todos los participantes en la marcha», así como volver a hacer un llamamiento al diálogo.
Sin embargo, todo estaba pactado ya.
En plena Guerra Fría, Estados Unidos y Francia anhelaban la anexión marroquí del territorio, puesto que Argelia y el Frente Polisario eran cercanos a la Unión Soviética.
Hassan II, que atravesaba una compleja situación política interna, marcaba un tanto por la escuadra. Y España perdía un territorio clave, pero Juan Carlos I ganaba un reinado. Todos contentos.
Excepto, claro está, los habitantes del territorio en cuestión, que fueron las víctimas colaterales de este pacto/traición, y cuyo sufrimiento generado se ha alargado hasta nuestros días.
Este es un artículo original de Juan Teixeira, y ha sido extraído del portal informativo independiente Eulixe.
Fuentes: CIA // WikiLeaks // El Español // El Confidencial Saharaui
Fuente: ECSaharaui 
Para leer bien los textos ver el artículo original

domingo, 23 de febrero de 2020

Los petrodólares y el recurso del método de Trump en Irak

 Una sesión parlamentaria revela los auténticos objetivos de Trump en Irak

Whitney Webb  

 Fuentes: Mint Press News

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

 Estados Unidos insiste en que el asesinato de Qasem Soleimani y su negativa a salir de Irak responden a la necesidad de proteger a los estadounidenses, pero una sesión del Parlamento iraquí poco divulgada muestra que el reforzamiento de las relaciones de China con Bagdad podría ser la causa de la nueva estrategia estadounidense en la región.
 Desde que Estados Unidos asesinó al general iraní Qasem Soleimani y al líder de la milicia iraquí Abu Madhi al-Muhandis a mitad del pasado enero, la explicación oficial ha sido que sus muertes eran necesarias para prevenir una vaga (aunque supuestamente inminente) amenaza de violencia hacia los estadounidenses, aunque el presidente Trump ha afirmado que «en realidad no importa» si Soleimani o sus aliados iraquíes suponían una amenaza inminente.
Ahora que parece que la situación entre Irán, Irak y Estados Unidos se ha suavizado, al menos de momento, vale la pena repasar el factor desencadenante de las tensiones entre estos dos países e Irán que han conducido hasta el asesinato de Soleimani ordenado por Trump con el fin de comprender uno de los motivos más subestimados a la hora de explicar la política de Trump con Irak: evitar que China expanda su posición en Oriente Medio. De hecho, se ha sugerido que la elección del momento oportuno para el asesinato se relaciona con el papel diplomático que estaba ejerciendo Soleimani en Irak y con su apoyo a Irak para recuperar su independencia con el petróleo, empezando por la firma de un nuevo gran acuerdo petrolero con China.
Aunque últimamente los medios de comunicación parecían muy preocupados por el alcance de la influencia iraní en Irak, los acuerdos recientes firmados por este país con China (especialmente en el sector petrolero) son responsables de gran parte de lo acontecido en Irak en los últimos meses, al menos según el primer ministro iraquí Adil Abdul-Mahdi, actualmente en funciones.
 Al parecer, gran parte de la presión ejercida sobre el gobierno iraquí con respecto a China ha tenido lugar de manera encubierta y a puerta cerrada, manteniendo la preocupación de la administración Trump sobre el aumento de las relaciones entre China e Irak fuera del escrutinio público, quizás por temor a que un altercado público podrían agravar la «guerra económica» entre China y EE.UU. y poner en peligro las iniciativas para resolverla. En todo caso, y sean cuales sean las razones, las pruebas muestran que Estados Unidos está tan preocupado por la presencia china en Irak como con la de Irán. Esto se debe a que China tiene los medios y la capacidad para socavar espectacularmente no solo el control estadounidense sobre el sector petrolero iraquí, sino todo el sistema de petrodólares (¿?), del que depende directamente el estatus de Estados Unidos como superpotencia económica y militar.

Detrás del telón: un relato diferente de las tensiones EE.UU.-Irán

sigue.....

 https://rebelion.org/una-sesion-parlamentaria-revela-los-autenticos-objetivos-de-trump-en-irak/

 Nota . Según  RT  de esta semana Trump proyecta crear  tres bases mas en Irak

sábado, 22 de febrero de 2020

George Steiner .- La revelación en el lenguaje

 

George Steiner y la impertinencia


El crítico literario, fallecido el pasado 3 de febrero, se opuso a las más conspicuas tendencias de la modernidad haciendo gala de una deliberada ‘no-pertenencia’ al territorio configurado por esta

Ignacio Echevarría

De igual modo que durante la vejez asoma al rostro la calavera que determina sus rasgos, así también en todo pensamiento destacan con nitidez creciente sus propios fundamentos. En el caso de Goerge Steiner, nadie duda de que esos fundamentos eran de naturaleza religiosa, anclados en sus orígenes judíos. Conforme fue envejeciendo, esta evidencia fue emergiendo con perfiles cada vez más cortantes, desinhibiéndose en sus años de senectud, en los que la “pasión” que animó siempre la ensayística de Steiner fue revelándose gradualmente como una pasión teológica, empeñada en reconocer en un mundo laico los signos de una revelación trascendente.

En 1983 Steiner describía su propia obra como “un intento de descubrir en qué estructura racional es posible tener una teoría y práctica de la interpretación (hermenéutica) y una teoría y práctica de los juicios de valor (estética) sin sanción ni garantía teológica”. Él mismo, sin embargo, terminó por recurrir a esa sanción, movido, entre otras razones, por su creciente adhesión a sus orígenes judíos.



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Implacable observador de la cultura moderna, Steiner reveló para el reconocimiento y la formulación de los problemas que la acechan un talento comparable solo a su incapacidad para comprenderla

“Indagar sobre el estatus del libro y sobre el enigma de la revelación en el lenguaje significa toparse una y otra vez con el judaísmo y su trágico destino”, afirmaba Steiner al frente de Pasión intacta (1997). Justificaba así el creciente protagonismo que esta cuestión iba ocupando en sus reflexiones. Pero es importante distinguir –pues en ello se jugaba la difícil, contradictoria posición de Steiner– hasta qué punto el judaísmo, en su caso al menos, no formaba parte de la respuesta sino de la pregunta misma. Hasta qué extremo la razón de toparse una y otra vez con el judaísmo obedecía a la inconsecuencia de esa indagación fuera del marco filosófico, moral, ideológico, en suma, que este determina.

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Implacable observador de la cultura moderna, Steiner reveló para el reconocimiento y la formulación de los problemas que la acechan un talento comparable solo a su incapacidad para comprenderla. Dicho talento tenía que ver con el ascendente que sobre él tenía la tradición intelectual del judaísmo, tradición que, como él mismo afirmaba, de ningún modo puede juzgarse ajena a “la provocativa preeminencia de los judíos en la modernidad tanto en el terreno humanístico como en el científico”. Pero era un talento en buena medida coartado por el recalcitrante afincamiento de Steiner en las coordenadas espirituales de esa misma tradición, que si obtuvo dicha preeminencia fue por virtud –no hay que olvidarlo– de su insólita capacidad para germinar fuera de aquéllas.

“A lo largo de toda mi obra, he defendido que la iniciación judaica al monoteísmo ha ejercido una presión psíquica intolerable en la conciencia occidental”, aseguró Steiner. La tesis abre perspectivas apasionantes al análisis del desarrollo de la cultura europea. Pero cuando Steiner niega a esta toda posibilidad de recuperación —de redención, al cabo— que no pase por la aceptación, por parte del cristianismo, “de su propio papel seminal en el surgimiento de la Shoa”; cuando plantea Steiner el debate de la actual crisis cultural en términos de reparación, apelando con insistencia a criterios de resistencia y, sobre todo, de supervivencia, delata una radical obcecación

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Por repelente que resulte proponer metáforas a este propósito, debe considerarse si los hornos crematorios en que sucumbieron millones de judíos no fueron el altar en el que la modernidad sacrificó de una vez por todas los vínculos seculares de la cultura europea con la palabra. Si toda pregunta sobre el futuro de la cultura occidental, al igual que toda respuesta, no ha de elevarse en medio de ese silencio definitivo al que Adorno condenaba a los poetas después de Auschwitz.

Tenía razón Steiner: el Estado de Israel supuso, en última instancia, un intento de “nivelar a los judíos en el común denominador de la pertenencia moderna”. El repudio que esa sola posibilidad provocaba en Steiner tenía que ver, sin duda, con los procedimientos empleados al efecto. Pero alcanzaba también al hecho mismo de que esa posibilidad se suscitase. Y es por allí por donde asoma la cualidad más atractiva pero también más dudosa y conflictiva del pensamiento de Steiner: su jactanciosa impertinencia.
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Una impertinencia que, más allá del talante arrojadizo con que Steiner se oponía a las más conspicuas tendencias de la modernidad, remite a su deliberada no-pertenencia al territorio configurado por esta. Remite, en definitiva, a esa extraterritorialidad de la que Steiner hizo gala repetidamente, además de teorizar sobre ella, pero que en su caso quedaba cuestionada por lo que cabe denominar un patriotismo del alma, un nacionalismo de la palabra, una difícil suerte de fundamentalismo. Me refiero a todo aquello que en sus argumentos brotaba de esa condición de superviviente que el propio Steiner reclamó siempre para sí y que, conforme pasaban los años, fue imprimiendo a su discurso un aire cada vez más fantasmal, el patetismo conmovedor de aquellos oficiales japoneses que, perdidos en cualquier isla del Pacífico, prolongaron individualmente una guerra ya terminada y no solo perdida.

Él mismo se jactaba de no pertenecer plenamente al mundo en que vivía, al que afeaba el sentirse “ensuciado” por él. De ahí que llegara a declararse “contento” de su “edad avanzada”, pues “una humanidad que carece ya de sed de ideal no me tienta en absoluto”.

A la pasión crítica de Steiner, a su cultura y perspicacia admirables, escapaba una fibra principal de la modernidad: la ironía. Escapaba asimismo el resorte de esa resistencia al significado, esa rebelión contra el sentido que nace de la crítica de la razón y del lenguaje. Steiner ignoraba a Don Quijote y a Zaratustra. Al autor de páginas magistrales sobre Sófocles, sobre Racine, sobre Tolstoi o Dostoievski, la figura de Cervantes le era extraña, por razones que poco o nada tenían que ver, por cierto, con su sorprendente indiferencia hacia la literatura española.
Aborrecía la dispersión de la palabra tanto como su liberación. Él mismo lo decía: “Todas mis categorías son éticas”, vale decir, en su caso, religiosas. De ahí que se mostrara comprensivo con las severas reservas que Wittgenstein manifestaba a propósito de Shakespeare, reservas que apuntaban a la ausencia de un pensamiento religioso, de una filosofía y de una ética inteligibles en la obra del dramaturgo. Una actitud esta que por sí sola basta para trazar una profunda divisoria –casi podría decirse incompatibilidad, pese a su común judaísmo– entre el pensamiento crítico de Steiner y el de Harold Bloom.

La airada polémica que –al igual que Bloom—sostuvo Steiner con los representantes del “postestructuralismo”, de la “deconstrucción”, del “posmodernismo”, contra los paladines de lo que podría llamarse la democracia del significado, le condujo por su parte a una teoría de la trascendencia en la que no era difícil detectar cómo “el espíritu gime bajo su propio hechizo”. Sin obviar sus diatribas contra el bizantinismo académico, la “presión del significado” a la que se doblegaba Steiner abogaba por una restitución de la auctoritas de la que había de derivarse, a su vez, una rehabilitación de la condición del intelectual que no podía menos que suscitar sospechas por su arrogante elitismo.
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Como Kierkegaard, Steiner recorrió muy pronto el camino que va “de una posición estética a una ética, y de la ética a la religión”. Si de Husserl anotaba la afirmación de que “la filosofía genuina es eo ipso teología”, de Wittgenstein se quedaba con el postulado de que “la teología es una gramática”. En la telaraña trazada por estas identidades, Steiner caminaba “enfermo de Dios”, imbuido de la certeza de que, como en el léxico y la gramática de la Torá y de los Evangelios, habita en todo arte verdadero “un núcleo irreductible (y a menudo enigmático) de otredad significativa, de garantía trascendente”. De esa certeza arrancaba él su propia autoridad, solitaria y tronante, capaz de iluminaciones portentosas, dueña de una seductora, a menudo, irresistible elocuencia.

Con su ceño siempre enfurruñado, esa autoridad despertaba la mezcla de aprensión y respeto que despiertan los clérigos ensotanados. Y es que la “intacta pasión” de Steiner era también una pasión íntegra, por virtud de la cual él se mantenía en cierto modo a distancia de la tribu, apegado a una tierra de la que muchos de sus compatriotas se exiliaron definitivamente, buscando (por emplear unos hermosos versos de Mandelstam que él mismo citaba) improbables verdades “en algún lugar fuera de la gracia / sin sacerdotes que les guiaran”.


 https://ctxt.es/es/20200203/Culturas/30947/Ignacio-Echevarria-George-Steiner-critica-literaria-impertinencia.htm

 Y VER ..https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2020/02/08/la_europa_steiner_103752_2003.html

Francis George Steiner (Neuilly-sur-Seine23 de abril de 1929-CambridgeReino Unido3 de febrero de 2020 . Este  artículo de  Ignacio Echevarría se reproduce   en su recuerdo.  



viernes, 21 de febrero de 2020

Feijóo y el voto exterior venezolano


La embajada española en Venezuela destinó dólares del mercado negro para pagar favores electorales al PP en 2015 y 2016

El Partido Popular gallego se movilizó en diciembre para tapar con fondos de una fundación pública el agujero de 300.000 euros detectado por el Tribunal de Cuentas en las ayudas a emigrantes españoles en los años electorales de 2015 y 2016


Carlos Sosa





Cuando aPPestan las cloacas del Estado Español


jueves, 20 de febrero de 2020

Bancos, “fondos buitre” y desahuciados


El nuevo ciclo inmobiliario: bancos, “fondos buitre” y desahuciados


Fuentes: Rebelión
La compraventa de viviendas registradas en España –usadas y de mercado libre, la gran mayoría- ha pasado de 355.600 en 2015 a 501.100 en 2019, informó el Instituto Nacional de Estadística (INE) el pasado 12 de febrero.
Tras la crisis inmobiliaria, el punto más bajo en el precio medio de la vivienda (nueva y usada) se alcanzó en febrero de 2015; desde entonces y hasta febrero de 2020, se ha producido un incremento medio en los precios del 16,5%, según la empresa de tasaciones Tinsa.
Una de las tendencias significativas, tras la recesión de 2007, es el desarrollo del mercado de arrendamientos: el porcentaje de hogares con la vivienda en alquiler se situó en el 17,8% en 2018 (Encuesta Continua de Hogares del INE). En ese contexto, en el tercer trimestre de 2019 los desahucios por el impago de alquileres representaron el 68% -6.936 desahucios- del total de lanzamientos, según el balance del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). En enero de 2011, el precio medio de los pisos de alquiler era de 7,7 euros/metro cuadrado, mientras que en enero de 2020 el promedio había escalado hasta los 11 euros (18,9 en el barrio exclusivo de Salamanca, en Madrid), apunta el portal inmobiliario Idealista.com. En este contexto, el Sindicat de Llogateres de Catalunya ha convocado el 1 de marzo una manifestación en Badalona contra los “fondos buitre” y por la regulación de los precios del alquiler.
El geógrafo y profesor en la Universidad Complutense y el CSIC, Ricardo Méndez, analiza en el libro Ciudades en venta. Estrategias financieras y nuevo ciclo inmobiliario en España (Universitat de València, 2019) el papel de algunos actores. Entre otros la banca, y su relación con el negocio hipotecario (en 2006, antes que pinchara la burbuja, se firmaron 1,3 millones de hipotecas sobre viviendas, que descendieron hasta 199.703 en 2013 -el punto más bajo del ciclo-, mientras que en 2018 alcanzaron ya las 348.326); cuestión diferente son los créditos de la banca a las familias para que pudieran adquirir un piso, todavía no devueltos y que figuran en el pasivo de las entidades: sumaban en 2018 cerca de medio billón de euros (Banco de España, 2019).
Actualmente “la banca continúa siendo un actor importante como responsable del crédito a los promotores”, subraya Ricardo Méndez; los bancos se convirtieron, además, en propietarios de primer orden tras el estallido de la crisis, que dio lugar a una pesada transferencia: “La adjudicación de grandes bolsas de suelo y promociones inmobiliarias como contrapartida de los créditos impagados por las promotoras, junto a los cientos de miles de viviendas, locales, naves u oficinas desahuciados, supuso un peso muerto improductivo que lastraba sus balances y rentabilidad”. Para enajenar esta losa, los bancos constituyeron filiales inmobiliarias; por ejemplo Altamira Santander Real Estate (por el Banco Santander, en 2009); Solvia (Banco Sabadell, en 2008) Servihábitat (CaixaBank) o Anida (BBVA).
Las entidades han traspasado buena parte de los llamados activos inmobiliarios a fondos de inversión, actores de relieve en el nuevo ciclo. Por ejemplo, Caixabank vendió en junio de 2018 su negocio inmobiliario (valoración neta contable en cerca de 7.000 millones de euros) al fondo de inversión Lone Star, y en la nueva sociedad mantendría una participación del 20%. Tras la compra del Banco Popular, el Banco Santander acordó la venta -en agosto de 2017- del 51% de la cartera inmobiliaria del Popular al fondo Blackstone (el comunicado de la entidad financiera cifraba en 104.000 millones de dólares el negocio inmobiliario de Blackstone en Estados Unidos, Europa, Asia y América Latina). También el BBVA vendió, en octubre de 2018, el 80% de su negocio -“tanto los activos inmobiliarios como los empleados (para su gestión)”- a Cerberus Capital Management.
“Estas ventas han proliferado desde 2013, en mayor medida a partir de 2017, lo que ha generado cierta confusión, pues la búsqueda de rentabilidad a corto plazo multiplica las compraventas entre diferentes operadores”, explica el también autor de La telaraña financiera: una geografía de la financiarización y su crisis.
Tras la quiebra de algunos gigantes que hicieron fortuna durante el boom del ladrillo (la suspensión de pagos de Martinsa Fadesa se produjo en 2008 y la de Reyal Urbis, en 2013), han irrumpido en España grandes promotoras inmobiliarias controladas por fondos de inversión: Vía Célere (por el fondo estadounidense Värde Partners), que integró a la inmobiliaria Aelca y en 2019 entregó 1.241 viviendas principalmente en Madrid; Neinor Homes, cuya actividad se inició en mayo de 2015 cuando el fondo norteamericano Lone Star compró Neinor, inmobiliaria de Kutxabank; o Aedas Homes, en manos del fondo Castlelake; en otra de las grandes promotoras residenciales, Metrovacesa, el Banco Santander y BBVA suman el 70% de las acciones.
El libro de Publicacions de la Universitat de València (PUV) apunta ejemplos de complicidades y estrategias especulativas. En 2013, el antiguo Instituto de la Vivienda de la Comunidad de Madrid (IVIMA) vendió 2.935 pisos sociales de alquiler al banco de inversión estadounidense Goldman Sachs y el fondo Azora; el Tribunal Supremo anuló esta venta en diciembre de 2019. También en 2013, la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo (EMVS) enajenó 1.860 pisos de protección pública a Blackstone. El PP gobernaba entonces el Ayuntamiento (Ana Botella) y la Comunidad de Madrid (Ignacio González); “se privatizaron bastante por debajo de su valor real de mercado y con el consiguiente deterioro de la situación para los inquilinos”, concluye Méndez.
Los fondos de inversión adquirieron también hoteles, naves logísticas, centros comerciales y grandes inmuebles de empresas (en septiembre de 2018 el fondo Angelo Gordon compró al BBVA, por cerca de 100 millones de euros, la antigua sede en Bilbao del Banco de Vizcaya, una torre de 21 plantas). Asimismo, subraya el autor de El nuevo mapa geopolítico del mundo, “los fondos se han convertido junto con las SOCIMI en los principales caseros del país, con una presencia hegemónica en el mercado del alquiler” (los fondos de inversión poseían, a finales de 2018, más de 110.000 viviendas destinadas al alquiler). Las Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión Inmobiliaria (SOCIMI) se constituyen con un mínimo de cinco millones de euros, cuentan con beneficios fiscales y al menos el 80% de su cartera de inmuebles ha de dedicarse al alquiler, entre otras características.
España es el segundo país del mundo –tras Estados Unidos- en SOCIMI por número, aunque no en cuanto a capitalización. Merlin Properties es una SOCIMI que cotiza en el IBEX 35 y tiene como principal accionista al Banco Santander (22% de los títulos); la sociedad cuenta, según su página Web, con una cartera de activos inmobiliarios valorada en más de 12.300 millones de euros, entre otros 148 edificios de oficinas, 760 locales y 18 centros comerciales, 45 naves logísticas y tres hoteles. Inmobiliaria Colonial es otro de los colosos, con el Estado de Qatar y el grupo mexicano Finaccess como accionistas mayoritarios; Colonial tiene en propiedad 19 inmuebles en el centro de negocios de Barcelona (921 millones de euros), 26 en el de Madrid (1.783 millones) y 20 en el de París (6.144 millones), que destina al alquiler de oficinas. Asimismo el 10 de enero Blackstone anunció la creación de una nueva sociedad, Testa Home, con la que gestionar los 20.000 pisos de alquiler que tiene –a través de diferentes SOCIMI- en España.
Ricardo Méndez Gutiérrez del Valle apunta otro agente del ciclo inmobiliario actual, la Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria (SAREB), conocida como “banco malo”. Se constituyó en 2012, explica en su página Web, “para ayudaral saneamiento del sector financiero español y, en concreto, a las entidades que arrastraban problemas debido a su excesiva exposición al sector inmobiliario”; esta idea se concretó en la recepción, por parte de la SAREB, de préstamos “tóxicos” que los bancos rescatados habían concedido a los promotores inmobiliarios, además de viviendas, plazas de aparcamiento, suelos rurales e industriales, promociones a medio construir, hoteles y locales comerciales (valorados en 50.781 millones de euros), con un plazo de 15 años para su venta; la mayor parte (55%) del capital del “banco malo” es privado (con el Banco Santander y Caixabank como principales accionistas), mientras que el 45% es público a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB).
El autor de Ciudades en venta se refiere a la SAREB como “oportunidad perdida”. De hecho, explica Méndez, “se desestimó la oportunidad de constituir –al menos con la parte del dinero público invertido- un stock de vivienda social o de alquiler”; además, “a partir de 2015 la SAREB descentralizó la tarea de comercialización en promotoras inmobiliarias de bancos –Altamira, Servihábitat, Solvia, Haya-, lo que apunta una similitud en las estrategias de negocio”. El “banco malo” creó, a mediados de 2019, su promotora inmobiliaria –Árqura Homes-, que dice contar con suelos y obras sin terminar por valor de 800 millones de euros.
Sin embargo, la jerga especulativa, la inflación estadística y el trasiego inmobiliario tienen un reverso: en diciembre de 2019 una veintena de familias resistían al desahucio -con el apoyo de los movimientos sociales- en tres bloques de viviendas del barrio madrileño de Carabanchel, propiedad de la SAREB y en las que vivían de alquiler. En otro ejemplo de lucha, 232 familias de Barcelona, l’Hospitalet de Llobregat, Terrassa, Granollers y Badalona han iniciado, con el respaldo del Sindicat de Llogateres, una campaña contra el “fondo buitre” Azora, “ante las subidas salvajes que quiere hacer en las renovaciones de los contratos del alquiler

Los paraísos fiscales del IBEX 35

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La nueva lista de paraísos fiscales de la UE salpica al Ibex 35: diez compañías operan en ellos