miércoles, 26 de abril de 2017

¿Qué se puede esperar de la derecha venezolana? .


¿Qué se puede esperar de la derecha venezolana?

23 de Abril de 2017

Si algo queda claro tras 18 años, es que del oposicionismo venezolano cualquier hipótesis extremista que se teja queda no solo confirmada por la realidad, sino rápidamente superada.
En todo este tiempo lo han inventado todo y han hecho uso de todos los recursos posibles por no dejar gobernar y derrocar a los gobiernos legítimamente instituidos de Hugo Chávez, primero, y Nicolás Maduro, después: golpes de Estado, sabotajes petroleros, intentos de magnicidio, levantamientos insurreccionales, asesinato sistemático de líderes y militantes del chavismo, asesinato de militantes de la oposición de los cuales luego acusan al chavismo, infiltración de paramilitares colombianos, guerra económica y pare de contar. Todos y cada uno de estos hechos son públicos, notorios y comunicacionales, de los cuales existen pruebas y testigos cuando no directamente confesiones por parte de los involucrados. Y aún así, gracias a la alcahuetería de la prensa hegemónica así como de gobiernos e instancias internacionales -alcahuetería que en sí misma es un delito pues incita a mayor violencia-, insisten en hacerse ver como heroicas víctimas que luchan contra una feroz dictadura.
El último capítulo de esta telenovela tragicómica (más trágica que cómica) es el levantamiento que en las últimas semanas lleva a cabo la dirigencia oposicionista agrupada en la MUD (Mesa de Unidad Democrática), pero básicamente encabezada por su ala más extremista de derecha (los partidos Primero Justicia del gobernador CaprilesRadonsky y el diputado Julio Borges, y Voluntad Popular de Leopoldo López y Freddy Guevara). Este levantamiento ha dejado ya varias víctimas mortales, de las cuales solo una puede achacarse a la fuerza pública por uso excesivo de la fuerza (caso por el cual ya existen detenidos), mientras que otra fue producto de un extraño incidente protagonizado por un policía de tránsito (también detenido) que no estaba cumpliendo labores de control del orden público en contra un joven que no estaba manifestando y cuya familia –militantes chavistas- ha pedido a la dirigencia oposicionista no manipular su pérdida con fines políticos.
Las otras víctimas son todas achacables directamente a militantes del oposicionismo. Una señora murió al no poder ser trasladada a un centro asistencia por encontrarse el paso obstaculizado por manifestantes de derecha. La gran prensa afirmó en principio que murió por efecto de los gases lacrimógenos lanzados por la Policía Nacional Bolivariana, sin embargo, su propia familia salió a desmentir esta versión. Un joven comerciante fue asesinado en una urbanización de clase media alta del oeste de Caracas, al rodear unos escombros que obstaculizaban la vía. Fuerza de choque oposicionistas en motos de alta cilindrada lo alcanzaron y dispararon dentro de camioneta. Un niño de 12 años residente de un urbanismo de la Misión Vivienda, fue muerto por dos disparos cuando fuerzas de choque de la derecha atacaban las residencias por su reconocida filiación política (la Misión Vivienda, residencias de interés social construidas por el chavismo, son un emblema de la política social bolivariana).
Este 19 de abril fallecieron otras tres personas producto de la violencia de la derecha: un efectivo de la Guardia Nacional Bolivariana de un disparo en la urbanización de clase alta San Antonio de los Altos (cuya alcaldía es de Primero Justicia y queda en el estado Miranda, gobernado por Capriles); una señora que no participaba de ninguna de las manifestaciones convocadas para ese día pero que fue impactada en su cabeza por una botella de agua congelada lanzada desde un edificio de lujo contra la marcha chavista pasaba por la calle de abajo; y una joven en el estado Táchira que fue muerta por un disparo realizado por un reconocido empresario militante de extrema derecha. Hubo una cuarta víctima mortal este 19 de abril que fue también manipulada para culpar al gobierno, pero que en realidad se trató de un joven lamentablemente herido de un disparo para robarle la moto. La familia también exigió a la derecha no manipular el caso.
Lo más grave de todo este asunto, es que ya comporta un patrón de comportamiento de la derecha. Así por ejemplo, el 14 de abril de 2013, el gobernador Capriles Radonsky convocó a sus fuerza de choque a salir a las calles al no reconocer su derrota en las elecciones ganadas por Nicolás Maduro: 11 personas como consecuencia, todas militantes del chavismo incluyendo una niña arrollada junto a su familia por un camión cuando celebraban la victoria del candidato del PSUV. De la misma manera, durante las acciones terroristas de calles de 2014, enmarcadas en el plan de golpe de estado denominado La Salida (impulsado por Leopoldo López y María Corina Machado), de los 43 fallecidos resultantes, solo 5 fueron por el uso excesivo de la Fuerza Pública y 3 están en investigaciones, mientras que 35 fueron producto de los propios manifestantes violentos. De los fallecidos, 9 fueron funcionarios públicos: 6 militares, 3 policías nacionales y un fiscal del Ministerio Público. Valga acotar que los funcionarios policías y militares acusados de las muertes y maltratos sí están privados de libertad y siendo procesados.
De tal suerte, en la medida en que lejos de reconsiderar una estrategia que evidentemente no les da resultado pero que amenaza con llevar al país a escenario de mayor violencia, cabe preguntarse qué podemos esperar de la derecha venezolana: ya sabemos, ellos mismos lo han dicho, que no les interesa realmente que haya elecciones (por el cual nunca impulsó realmente el referéndum revocatorio en los lapso previstos por ley). Lo único que quieren que el presidente Maduro “se vaya ya”, que fue exactamente lo mismo que exigieron con Chávez durante sus 13 años de gobierno. Eso, claro, y que haya una invasión extranjera que subordine al país a autoridades foráneas. Por eso recurren a esta puesta en escena de autoagresión y agresión permanente, buscando crear las condiciones “objetivas” que justifiquen tal cosa.
En conclusión, dado su deambular entre el extremismo y la torpeza política, lo más probable es que asistamos a un recrudecimiento de su accionar terrorista. Hoy 20 de abril están convocando de nuevo a la calle, si bien con mucho menos poder de movilización) y han insinuado un paro nacional el cual no pareciera tener consenso entre los comerciantes, por más que como ha pasado en otras ocasiones cierren por miedo a represalias en aquellas zonas donde la derecha gobierna. De allí en adelante el escenario está abierto, lo que puede incluir hasta que en algún momento le de por declarar una especie de gobierno paralelo utilizando la Asamblea Nacional actualmente en desatado como mampara.
Mientras tanto, en la calle sigue la resistencia pasiva y activa de la población. Buen parte de la gente tratando de hacer su vida normal mientras el chavismo más militante está activado y movilizado. La concentración del 19 de abril fue de lejos la convocatoria del chavismo más grande de los últimos 4 años.
Luis Salas Rodríguez | CELAG


 Y ver ...


martes, 25 de abril de 2017

La victoria de Macron es la engañosa victoria que tranquiliza al "establishment" .






 
 Josetxo Ezcurra en Rebelión.

Macron: la engañosa victoria que tranquiliza






EL GANADOR DE LA PRIMERA VUELTA Y PROBABLE FUTURO PRESIDENTE, REPRESENTA TODO LO QUE HA FRACASADO EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS
No hubo sorpresas en la primera vuelta de las presidenciales francesas: el 7 de mayo los franceses deberán elegir entre el joven ex banquero y ex ministro liberal-europeísta, Emmanuel Macron, y la ultraderechista Marine Le Pen que defiende un programa de repliegue nacionalista. Será una opción entre una tranquilizadora continuidad y una ruptura destructiva.
Tranquilizadora porque todos los sondeos -y en estas elecciones sus pronósticos han sido bastante ajustados- indican que el 7 de mayo Macron batirá a Le Pen por 60% contra 40%, veinte puntos de diferencia. Eso quiere decir que Francia continuará por la senda de las últimas décadas, lo que es una buena noticia para los mercados, para la estabilidad de los grandes intereses financieros y empresariales, franceses, europeos e internacionales, y, naturalmente, para los medios de comunicación globales. Puede adelantarse que el peligro de una ruptura electoral se ha conjurado en Francia.
Pero vista con una perspectiva más amplia hay que reconocer que esta tranquilizadora victoria es al mismo tiempo engañosa. El más que probable futuro Presidente Macron representa y defiende un programa que intensifica todo eso que ha mostrado serias averías y disfunciones en los últimos treinta años a lo largo de los cuales se fraguó e incubó el  malheur de Francia y desembocó en la crisis financiera global de 2008, desencadenante a su vez del grave proceso desintegrador que se vive en la Unión Europea desde entonces. ¿Qué supone esta victoria en ese contexto?
Macron será el presidente que continuará la devaluación interna, el ajuste salarial vía subempleo y precarización en la carrera hacia la competitividad. A juzgar por su programa y manifestaciones todo apunta a que él es el candidato más conforme con la actual línea germano-europea.
“Francia solo podrá influir sobre Alemania si tiene credibilidad en el plan económico y financiero”, “seremos fuertes en Europa y en el mundo, porque habremos hecho reformas”. Y el signo de esas reformas es inequívoco: forzar, un poco más, -desde luego no tanto como pretendía el programa del candidato conservador, François Fillon- lo realizado e intentado hasta ahora.
Macron quiere llevar mucho más allá la reforma laboral, a la que se opusieron el 67% de los franceses sin que la mayoría de ellos se decidieran a salir a la calle la pasada primavera. Si el hollandismo tuvo que aplicar aquella reforma eludiendo al parlamento, vía el artículo 49/3 de la Constitución, Macron adelanta que transformará el código de trabajo por decreto. Una temeridad.
Las elecciones de ayer han confirmado la recomposición del panorama político francés. Por primera vez los dos partidos que dirigieron la política francesa y se alternaron en el poder durante medio siglo, socialistas y conservadores, no han pasado a la segunda vuelta. La descomposición del Partido Socialista es manifiesta (su candidato recibió ayer el 6% de los votos) y el fracaso de Fillon (en torno al 19,7%) anuncia algo parecido en Los Republicanos. Cualquiera de los cuatro contendientes con posibilidades ayer en liza, habría sido un presidente frágil, con un apoyo del 25% y tres cuartas partes del electorado en su contra. Los apoyos reales están en la primera vuelta, los de la segunda reflejan sobre todo impedir la victoria del otro, en este caso Le Pen. En este contexto de debilidad, Macron aparece sin partido que le respalde.
La candidatura y la victoria electoral de Macron han sido un éxito, pero ese éxito ha precisado la demolición del sistema de partidos francés. Durante treinta años esos partidos han escenificado la ilusión de una alternancia, ilusión porque en las grandes cuestiones que ahora están en crisis -el proyecto europeo y las líneas maestras de la política socio-económica- no era real. Macrón ha roto aquella apariencia: no es “ni de izquierdas, ni de derechas”, siendo las dos cosas a la vez. En esta operación, el sistema ha tirado por la borda el recurso a aquella alternancia. ¿Un último cartucho?
Vista con distancia, la situación es crítica: todo lo que en Europa está produciendo radicalización y contestación va a continuar. Eso significa que lo que ha ocurrido con el Brexit y con la victoria de Trump va a seguir avanzando en Francia. En 2002 el Frente Nacional fue derrotado por Jacques Chirac por una diferencia de 60 puntos en la segunda vuelta. Ahora Marine Le Pen será derrotada por 20 puntos de diferencia. En estas elecciones Le Pen ha ganado un millón de votos más respecto a 2012.¿Cómo evolucionará esa distancia en los próximos años si el sistema no cambia –y no hay el menor signo de ello? Mientras se felicita por ese margen, ¿ignora Francia que baila sobre un volcán?
Y mientras tanto, el panorama no se acaba con Le Pen. Surgen otras plataformas de ruptura altermundistas como la de Jean-Luc Mélenchon (que ayer obtuvo  alrededor del 19,2% de los votos, es decir  más de ocho puntos más que en 2012, un incremento muy significativo). La alternativa de Mélenchon no es destructiva sino transformadora, pese al absurdo signo de igualdad que se le pone con Le Pen en los medios de comunicación globales (“populismos” de uno u otro signo), pero preocupa, seguramente, aún más que Le Pen. Anoche había cierta decepción pero no ambiente de derrota en medios del movimiento altermundista la Francia Insumisa de Mélenchon.  A partir de ahora “la izquierda” son ellos, dicen, y su perspectiva de futuro no es mala. La izquierda francesa se ha reinventado en esta campaña.  Mélenchon se negó a dar una recomendación de voto para la segunda vuelta y anunció una “consulta pública” a su movimiento.
De cara a la segunda vuelta, la victoria de Emmanuel Macron reviste aspecto de trámite: va a recibir todo el voto del hollandismo y de la derecha. Así lo expresaron anoche el primer ministro Bernard Cazeneuve, su predecesor Manuel Valls, el candidato socilista, su rival conservador, François Fillon, las personalidades de su partido, Los Republicanos (Laurent Wauzquiez, François Baroin, Christian Estrosi), en definitiva el grueso de la clase política. François Hollande lo hará en los próximos días. Al lado de eso, el Frente Nacional solo recibirá algunos votos de la derecha  enfadada: “aquellos que tienen la sensación de que les han robado las elecciones”, dijo el vicepresidente del Frente Nacional, Florian Philippot, refiriéndose al escándalo del Penélopegate que en enero acabó con el indiscutible liderato de Fillon en esta carrera y que muchos de sus electores consideran una jugarreta planificada.
Ante 3000 seguidores centenares de periodistas, Macron, el joven brillante de 39 años que hace tres era un perfecto desconocido para los franceses, celebró su victoria. Saludó a sus diez contrincantes y agradeció al socialista Hamon y al conservador Fillon por pedir el voto para él el 7 de mayo.
“En un año hemos cambiado el rostro de la vida política francesa”, dijo. Beneficiado por el escándalo de Fillon, Macron ha mantenido una campaña políticamente hueca en la que él ha sido el principal producto y mensaje. Pero ha funcionado. La República se ha tragado el producto. Una gran cuestión. Anoche Macron negó que su movimiento sea un lobby ni una burbuja. “Quiero unir a los franceses”, dijo apelando a la “exigencia del optimismo y a la esperanza para nuestro país y para Europa”. “Quiero ser el presidente de los patriotas ante la amenaza de los nacionalistas”, siguió. “Refundar Europa”, “relanzar la construcción europea”, insistió.
La correlación de fuerzas en Francia se mide sobre el eje de la soberanía nacional. Los franceses están descontentos sobre todo porque la vida de la mayoría se degrada y porque su república no puede hacer nada contra eso. Todo lo que cuenta en cuanto a decisiones queda fuera del alcance de su voto y soberanía nacional. El euro impide ajustes y devaluaciones, los ministerios de economía son meros ejecutores de directivas decididas en la UE, la OMC, el FMI. El derecho europeo tiene mayor rango que el nacional, pese a carecer de un fundamento democrático: es legal, pero no legítimo. La política exterior y de defensa viene encuadrada por una estrategia (americana) organizada a través de la OTAN que es no solo exterior a la nación, sino a la propia UE. Y encima, toda esa desposesión ha sido santuarizada, blindada en normas y tratados para hacerla irreversible.
Esa situación hay que contrastarla con la correlación de fuerzas que han evidenciado estas elecciones: 8 de los 11 candidatos que concurrieron ayer son más soberanistas que mundialistas. El voto sumado de todos ellos supera  el 50% de lo expresado y el malestar por la desposesión de Francia va aún más allá.  La posición de Emmanuel Macron, el más claro representante de la Francia en la globalización, es, por tanto, extremadamente frágil y engañosa. Su victoria parece un último cartucho. Quizá sea el último recurso antes de la erupción.

domingo, 23 de abril de 2017

Francia 2016: La operación Emmanuel Macron.




Macron es lo típico, cómo vender lo viejo como si fuera nuevo y hacer ver que cambian cosas para que nada cambie, es increíble  la velocidad con que lo han fabricado , de meterselo a Hollande como ministro , no era socialista  ni del partido ,  era tecnócrata y sacar la ley de trabajo a  investigar a Fillón para que no ganara,  a la creación  de  todo lo mediático en torno a él ..En 2012, Macron se convierte en Young leader de la French-American Foundation   en la que aparecen como administradores Philippe Manière (director del Instituto Montaigne) y Alain Minc (tesorero de la Fondation Saint-Simon). Recomendado por el propio Alain Minc, Macron se convierte también en Research Fellow en la London School of Economics, cuando sale del Elíseo, en 2014.
En mayo-junio de 2014,La originalidad del partido de Macron es que, durante sus 8 primeros meses de existencia, sólo tiene un candidato a la elección presidencial… sin programa ni proposiciones.
 Emmanuel Macron es invitado a la reunión anual del Grupo de Bilderberg...el programa de Macron es el que ya tenían Jacques Delors y Dominique Strauss-Kahn. Hacer entrar a los franceses en la globalización ..

( ver el final del texto ) .









Cómo vender lo viejo como si fuera nuevo

De la Fondation Saint-Simon a Emmanuel Macron

La repentina aparición del nuevo partido político llamado En Marche! en la escena electoral francesa y la candidatura de su presidente, Emmanuel Macron, a la presidencia de República no tienen nada que ver con la casualidad. Está lejos de ser esta la primera maniobra de los partidarios de la alianza entre la función pública francesa y Estados Unidos.


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Henry Hermand, uno de los principales creadores de la Fondation Saint-Simon, ha sido el padrino de la carrera de Emmanuel Macron. Incluso actuó como testigo en su boda, en 2007. En 2012 lo metió en el equipo del presidente Francois Hollande y creó su partido político en el Instituto Montaigne, en 2016.
Es imposible comprender la súbita aparición en la escena política francesa del hoy candidato a la presidencia Emmanuel Macron sin conocer las maniobras anteriores a esta, orquestadas por Jacques Delors y Dominique Strauss-Kahn. Para entender lo que sucede detrás del escenario, es necesario mirar al pasado.

1982: la Fondation Saint-Simon

En 1982, personalidades del ámbito universitario y directores de grandes empresas francesas decidieron crear una asociación que favoreciera «el encuentro entre los investigadores de las ciencias sociales y los actores de la vida económica y social y difundir al público los conocimientos resultantes de las ciencias humanas y sociales». Esa asociación fue la Fondation Saint-Simon [1].
Por más de 20 años, la Fondation Saint-Simon impuso en Francia los puntos de vista de Washington, creando lo que sus críticos llamaron «el pensamiento único». Después de las huelgas de 1995 y el fracaso de la reforma del sistema de jubilación, esa fundación decidió disolverse, en 1999.
La Fondation Saint-Simon organizó 70 seminarios anuales en los que participaron siempre unas 40 personas. Publicó 110 Notas mensuales y alrededor de 40 libros. Más discretamente, organizó también una cena mensual en la que se reunían personalidades del medio universitario, jefes de empresas cotizadas en la Bolsa de París y los principales empresarios de la prensa francesa.
En el marco de aquellas cenas no sólo se acercaron los puntos de vista de los participantes sino que los patronos de la prensa decidían los temas que abordarían sus publicaciones y cómo enfocarlos. Poco a poco el pluralismo de la prensa fue cediendo su espacio al «deber de informar» y después ante el «poder de formar» las mentes.
La Fondation Saint-Simon había sido creada, de un lado, por el historiador Francois Furet y el sociólogo Pierre Rosanvallon, y del otro lado, por el cabildero Alain Minc, el industrial Roger Fauroux, el banquero Jean Peyrelevade y, finalmente, el editor Yves Sabouret y el intelectual Jean-Claude Casanova. Su financiamiento estaba concebido por Henry Hermand, una eminencia gris de la izquierda no comunista.
Eran notorios los vínculos de todas esas personalidades con un poderoso grupúsculo estadounidense: los neoconservadores. Estos últimos, intelectuales trotskistas, acababan de unirse entonces al presidente republicano Ronald Reagan. Dejando de lado los conceptos de «derecha» e «izquierda», decían luchar contra estalinismo y querer «democratizar» el mundo a toda costa. No disimulaban su admiración por el filósofo Leo Strauss, teórico de una dictadura global ilustrada. Algunos de ellos crearon la National Endowment for Democracy (NED) y el United States Institute of Peace. A pesar de las apariencias, estas dos últimas fundaciones fueron concebidas como instrumentos al servicio de los «Cinco Ojos», o sea del acuerdo existente entre los servicios secretos de Australia, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y el Reino Unido.
Al principio, la Fondation Saint-Simon recibió subvenciones de la John M. Olin Foundation, que había invitado a Francois Furet a impartir clases en Chicago. Este organismo estadounidense, considerado muy derechista, ya había financiado antes a los trotskistas neoconservadores. Rápidamente, la Fondation Saint-Simon se incorporó a The Hague Club (el Club de La Haya), una supraestructura de la Fundación Rockefeller encargada de financiar una treintena de asociaciones atlantistas europeas con fondos de la CIA y posteriormente de la NED.
Es por tanto con dinero de los servicios secretos estadounidense que se organizaron las cenas mensuales en las que personalidades del mundo universitario se reunían con los patronos del CAC40 (la Bolsa de París) alrededor de los directores de medios de prensa como revistas como Études, Esprit, la radio Europe 1, las publicaciones L’Expansion, L’Express, Le Figaro, Libération, Le Matin de Paris, Le Monde, el canal de televisión M6, el semanario Le Nouvel Observateur, la RTL y periodistas estrellas de las televisiones Antenne2 y TF1.
En los años 1990, cuando el sociólogo británico Anthony Giddens lanzó la «Tercera Vía» para adaptar la retórica socialista a la economía de mercado, la Fondation Saint-Simon celebró entusiasmada aquel acto de prestidigitación impulsado por el presidente estadounidense Bill Clinton y el primer ministro británico Tony Blair.
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Anne Sinclair, periodista estrella de la televisión francesa TF1 y miembro de la Fondation Saint-Simon, acompañada de su amigo Jacques Delors, candidato oficial de esa Fundación a la presidencia de la República Francesa.

1993: la operación de Jacques Delors y Martine Aubry

En 1993, los miembros de la Fondation Saint-Simon decidieron presentar su propio candidato a la presidencia de Francia: el entonces presidente de la Comisión Europea Jacques Delors. Simultáneamente, prepararon también el ascenso de la hija de su candidato, la ministra del Trabajo Martine Aubry, para convertirla en primer ministro de Delors.
El entonces socialista Jacques Delors había iniciado su carrera política en la derecha, en el gabinete del primer ministro Jacques Chaban-Delmas. Martine Aubry, entonces socialista, había hecho su debut como responsable de Relaciones Públicas del grupo industrial Pechiney, cuyo director, Jean Gandois, se convertirá en jefe del sindicato de patronos de Francia.
Mientras los medios de prensa cuyos directores eran miembros de la Fondation Saint-Simon comenzaban a cantar loas a la gloria de Jacques Delors y de su hija Martine Aubry, el tesorero de la fundación, Alain Minc, creaba, en los locales de la propia fundación, 2 organizaciones diferentes:
- la Asociación Nacional de Empresas por la Inserción (ANEI), para implicar grandes empresas en la campaña electoral de Delors;
- y la Asociación de Amigos de la Fundación Actuar Contra la Exclusión (FACE), para financiar el ascenso de Martine Aubry.
Después del fracaso de Francois Bayrou en el congreso de los demócrata-sociales (CDS), Jacques Delors se da cuenta de que resulta imposible crear una nueva mayoría que reúna a socialistas y centristas. Renuncia entonces a presentarse a la elección presidencial. La ANEI es disuelta y sus fondos se transfieren a la FACE.
El programa político de la Fondation Saint-Simon del padre y la hija –Jacques Delors y Martine Aubry– consistía en convertir a Francia en el pilar de la Unión Europea. Preveía transformar Francia en el «hub» europeo desarrollando los transportes por carretera transversales y basar la economía en un incremento de la mano de obra. Para eso resultaba conveniente mantener la incorporación de las mujeres al trabajo y aumentar la inmigración. Para contener el desempleo, durante el periodo de transición, sería necesario disminuir el tiempo de trabajo.
Ese programa llegó a aplicarse parcialmente, más tarde, bajo el gobierno de Lionel Jospin, aunque la coyuntura internacional ya había cambiado. En 1998 y en el año 2000, Francia adoptó la semana laboral de 35 horas, en contra de la opinión de los patronos que habían apoyado esa medida en 1993-1995 y aumentó la inmigración laboral.
Pero el resultado fue contrario al que se esperaba en 1993: el desempleo creció inexorablemente. Mantener las mujeres en el trabajo planteó nuevos problemas en materia de jardines de infancia o guarderías infantiles, de tiempo de trabajo de los niños en las escuelas y, finalmente, de reducción del nivel de los alumnos. En ese contexto, la presencia masiva de inmigrantes desestabilizó el sistema social en su conjunto.

1995: l operación Juppé-Notat para la reforma de las jubilaciones

El proyecto de ley del primer ministro de derecha Alain Juppé sobre la reforma de la jubilación contó con el apoyo de la revista Esprit y la CFDT (sindicato de izquierda), bajo la coordinación de la Fondation Saint-Simon.
Fue durante aquella campaña cuando el sociólogo Alain Touraine emergió como portavoz de los miembros de esa fundación.
Sin embargo, ante las gigantescas huelgas de diciembre de 1995, hubo que retirar el proyecto de ley. Víctima de su fracaso, la Fondation Saint-Simon no tardó en disolverse.

2000: el Instituto Montaigne

En el año 2000, el grupo asegurador AXA creó el Instituto Montaigne, un nuevo tanque pensante. El instituto publicó rápidamente un trabajo colectivo de personalidades universitarias y jefes de empresas titulado Le Courage de réformer [“La valentía de reformar”]. Posteriormente nombró como su director al periodista Philippe Manière. Este último fue formado por la Fundación Rockefeller en el Centro Bellagio, sede del Hague Club.
El Instituto Montaigne milita a favor de reformas económicas y sociales idénticas a las que pretendía implantar la Fondation Saint-Simon. En 2004, este instituto redacta la Charte de la diversité en entreprise [“Carta de la diversidad en la empresa”], que recibe de inmediato el respaldo de la FACE y que ha sido adoptada actualmente por numerosos grupos. En 2012, publica un segundo libro colectivo, Réformer par temps de crise [“Reformar en tiempos de crisis”]. Después de la salida de Claude Bebear de la dirección de AXA, su sucesor a la cabeza del grupo asegurador, Henri de Castries, se convierte en presidente del instituto.
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Otra vez Anne Sinclair, pero ahora con su esposo, Dominique Strauss-Kahn, candidato no oficial de Terra Nova a la presidencia de Francia.

2008: Terra Nova

En 2008, Olivier Ferrand, colaborador de Dominique Strauss-Kahn, crea la asociación Terra Nova utilizando locales prestados por Henry Hermand. Este nuevo tanque pensante introduce la modernidad estadounidense en la vida económica, social y política de Francia. Su funcionamiento sigue el modelo del Progressive Policy Institute creado por Bill Clinton y el senador estadounidense proisraelí Joseph I. Lieberman.
Como antes sucedió entre la Fondation Saint-Simon y el banco Crédit Lyonnais, Terra Nova mantiene estrechas relaciones con varios bancos, principalmente con Rothschild & Cie.
En 2011, Terra Nova organizó la primera elección primaria para designar el candidato del Partido Socialista a la elección presidencial, con ayuda de la National Endowment for Democracy (NED) que incluso envió a París a su especialista Tom McMahon. El objetivo era lograr que otros partidos, además del Partido Socialista, adoptaran como candidato único a Dominique Strauss-Kahn, para garantizar que este lograra pasar a la segunda vuelta de la elección presidencial y ganarla. «DSK», entonces director del Fondo Monetario Internacional (FMI), se encargaría de implicar a los franceses en la globalización.
Pero Strauss-Kahn es arrestado en Estados Unidos poco antes de la primaria y Martine Aubry toma su lugar. La hija de Jacques Delors pasa a la segunda vuelta de la primaria socialista, donde es derrotada por Francois Hollande.
Después del fallecimiento de Olivier Ferrand, secretario general de la CFDT, Francois Chereque pasa a ocupar la presidencia de Terra Nova.
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Mejor que Bill Clinton Y Tony Blair, Emmanuel Macron, es el yerno ideal.

2016: la operación Emmanuel Macron

Este largo preámbulo permite entender la operación Emmanuel Macron.
A su salida de la ENA [2], Emmanuel Macron inicia su carrera, en 2004, en el gabinete de Jean-Pierre Jouyet. Este último es un ex colaborador de Roger Fauroux –el presidente de la Fondation Saint-Simon– y de Jacques Delors –quien había sido el candidato de la fundación a la presidencia de Francia. Jouyet será ministro del presidente de derecha Nicolas Sarkozy, pero luego se convierte en secretario general de la presidencia de la República bajo el presidente socialista Francois Hollande.
Emmanuel Macron pasa entonces cierto tiempo en el banco Rothschild & Cie, antes de convertirse en miembro del equipo del presidente Hollande como adjunto de Jean-Pierre Jouyet, reemplazando en esa función a Francois Perol, otro gerente asociado de Rothschild & Cie.
En 2006, Emmanuel Macron entra al Partido Socialista y se hace miembro de la Fundación Jean-Jaures, cuyo financiamiento garantizan parcialmente los trotskistas neoconservadores de la NED. En 2007, se une también un grupo de ex patronos y altos funcionarios llamado Les Gracques, reunido alrededor de Jean-Pierre Jouyet. Esa asociación trata de organizar una alianza entre el Partido Socialista y los centristas.
En 2012, Macron se convierte en Young leader de la French-American Foundation [3], en la que aparecen como administradores Philippe Manière (director del Instituto Montaigne) y Alain Minc (tesorero de la Fondation Saint-Simon). Recomendado por el propio Alain Minc, Macron se convierte también en Research Fellow en la London School of Economics, cuando sale del Elíseo, en 2014.
En mayo-junio de 2014, Emmanuel Macron es invitado a la reunión anual del Grupo de Bilderberg. En el orden del día aparecían tanto el intercambio de información de inteligencia entre Estados como la estructura del Medio Oriente ampliado posterior a las “primaveras árabes”. Cabe recordar que el Grupo de Bilderberg fue creado al margen de la OTAN, que garantiza directamente la seguridad de sus encuentros sin importar en qué país se reúna. El presidente actual del Grupo de Bilderberg es el francés Henri de Castries, presidente-director general del grupo asegurador AXA y presidente del Instituto Montaigne.
En 2016, Macron crea su propio partido, En Marche!, en los locales del Instituto Montaigne y con ayuda de Henry Hermand –uno de los principales mecenas de la Fondation Saint-Simon y más tarde de Terra Nova [4]. Después de dar amplias explicaciones al respecto, Henry Hermand fallece en noviembre de 2016, a la edad de 92 años.
La originalidad del partido de Macron es que, durante sus 8 primeros meses de existencia, sólo tiene un candidato a la elección presidencial… sin programa ni proposiciones.
Pero eso no impide que le aporten su apoyo todo tipo de personalidades que evidentemente no necesitaban que les explicaran lo que ya sabían: el programa de Macron es el que ya tenían Jacques Delors y Dominique Strauss-Kahn.
Si bien la candidatura de Jacques Delors apuntaba a hacer de Francia el pilar de la Unión Europea, la de Emmanuel Macron –como antes la de Dominique Strauss-Kahn– pretende hacer entrar a los electores –ya nadie se atreve a decir «los franceses» en la globalizacion. El apoyo que aportan los medios de difusión resulta ahora más fácil que hace dos décadas debido a su concentración en unas pocas manos y al hecho que los 6 principales patrones de la prensa son favorables a la globalización.
Siendo ya Macron candidato a la presidencia, Martine Aubry renuncia esta vez a participar en la elección primaria del Partido Socialista. En febrero de 2017, Francois Bayrou, el hombre que no pudo lograr que los demócrata-sociales apoyaran a Jacques Delors, anuncia su respaldo a Emmanuel Macron.
Así es como se vende algo viejo haciendo creer que es nuevo.
Año tras año, los franceses celebran la fiesta del «beaujolais nouveau» y vuelven después a sus ocupaciones de siempre porque, contrariamente a la «France éternelle» de Charles De Gaulle, ese vinito puede parecer agradable... pero no se conserva.
 





El autor participó en numerosos seminarios de Fondation Saint-Simon durante una decena de años.
[1] «La face cachée de la Fondation Saint-Simon», por Denis Boneau, Réseau Voltaire, 10 de febrero de 2004.
[2] La ENA (Escuela Nacional de Administración) es el centro de estudios –extremadamente elitista– donde se forma la mayoría de los altos funcionarios y políticos de Francia. Nota del Traductor.
[3] «Caballo de Troya estadounidense en Francia: la French American Foundation», por Pierre Hillard, Red Voltaire, 7 de agosto de 2007.
[4] « Henry Hermand: "Mon soutien à Macron ne doit pas faire plaisir à Hollande" », Mathilde Siraud, Le Figaro, 18 de septiembre de 2016.

 Red Voltaire.


  y ver

Les vieux habits de l'homme neuf - Le Monde diplomatique

https://www.monde-diplomatique.fr/2017/03/DENORD/57249
Traducir esta página

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    Macron , al no tener un partido , no tendrá  mayoría parlamentaria ,  y ya se verá en las legislativas, entonces gobernara por decreto . El sistema presidencialista al no ser elegido el jefe  de estado por el parlamento lo propicia , además es como  gobernó Hollande .
Esa manera de gobernar sólo puede reservar todavía más espacio a los «expertos», reforzando la tendencia ya extremadamente fuerte a manejar los asuntos públicos mediante decretos y al empleo del artículo 49-3 de la Constitución francesa  , ya ampliamente utilizado bajo la presidencia de Hollande.  El artículo 49 acápite 3 de la Constitución de Francia permite al gobierno imponer un texto sin someterlo a la votación de los parlamentarios. Sólo queda entonces a la oposición la posibilidad puramente formal de presentar una moción de censura, con pocas posibilidades de que esta prospere. Pero además los  partidos tradiconales  de izquierda y derecha salieron  destrozados. El bipartidismo francés  se hundió. Es una operación de derechización  total del socialismo francés .
   Ver ...

http://www.voltairenet.org/article196078.html


 Nota    El unir  en el conservadorismo americano  el ex trosquismo y los neocon  ,   a algunos  les suena  a descalificación o conspiración  pero es cierto ..como sus enlaces con el sionismo , vease una  revista como está  que no seria " dudosa"  por no ser de izquierdas como lo  menciona.