Para entender el comportamiento de Alberto Núñez Feijóo hay que recordar algo tan obvio como que la derecha, tanto en su versión conservadora, como reaccionaria o fascista, miente metodológicamente. Este quehacer mentiroso metódicamente cínico es una necesidad política imperiosa para la derecha porque si ella dijese lo que verdaderamente hace y quiere hacer llevaría a que la conflictividad social fuese una respuesta automática y no algo que se va gestando poco a poco al calor de las injusticias. Por lo tanto, Feijóo no es un bicho raro sino un representante típico de la derecha ya que asume la manipulación como una necesidad política. No obstante, la cuestión no es que Feijóo sea peligroso por ser un mentiroso compulsivo más de la derecha política sino que es peligroso porque ha sido capaz de retejer un entramado corrupto que ha alcanzado dinámica política y utiliza esa estructura corrupta para intentar llegar a presidir el gobierno del Estado, lo que tendría unos costes sociales para la clase trabajadora brutales.
El cinismo político de Feijóo ya es bien conocido desde que está en Madrid porque en la capital del Estado no tiene el paraguas mediático que le daba la pepera televisión gallega como presidente autonómico. Hoy ya sabemos que Feijóo es una persona sin palabra ya que un día dice una cosa y mañana su contrario y se queda tan ancho. Un ejemplo políticamente trascendente de este cínico proceder es que Feijóo dijo que nunca pactaría con Vox y hoy PP-Vox gobiernan en cuatro comunidades autónomas y, además, Feijóo afirma que sí pactaría con Vox para ser jefe del gobierno al mismo tiempo que con su cínica metodología viste este pacto con los neofascistas como un ejercicio democrático ya que se lo impondrían las urnas y él aceptaría esta supuesta imposición “porque soy un demócrata”.
Desde que está en Madrid también sabemos que su “programa de gobierno” es bajarle los impuestos a los ricos, defender la unidad de España, derogar leyes de derechos sociales como la eutanasia, reducir el derecho al aborto y rebajar todas las prestaciones sociales al máximo, aunque se haya visto obligado a decir por razones electorales que “mantendré las pensiones” cuando se percató que los pensionistas también votan y son 10 millones.
Pero lo que aún no conocemos de Feijóo es el entramado corrupto que ha creado en Galicia, entramado que saldría reforzado y ampliado si fuera jefe de gobierno y que lo perdería si no consigue serlo, de aquí su obsesión por llegar a la jefatura del gobierno. Unas pinceladas de este entramado clientelar con empresas legales y con sectores del hampa nos ayudarán a comprender que este señor es un peligro social existencial. Veamos. Feijóo es un señor que “apoya” a la familia, a la suya, y de esto no hay la menor duda porque su hermana Micaela llega en 2016 a directora de la sección noroeste del grupo EULEN gracias a que la Xunta de Feijóo riega a la compañía con contratos que sobrepasan los 6 millones de euros, al mismo tiempo que la empresa contrata personal en precario. Su prima Eloina es nombrada gerente del Complejo Hospitalario Universitario de Ourense en cuanto su querido primo es elegido presidente de la Xunta. Eloina no se dedicó precisamente a reforzar la sanidad pública sino a desmantelarla y este quehacer “democrático” le mantendrá en la jerarquía sanitaria como gerente del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago, entre otras jerarquías. Se puede afirmar con tranquilidad que la prima Eloina y su primo Feijóo tienen la misma espiritualidad ladrona y cínica en la denominada “colaboración público-privada”, es decir, lo público a lo privado pero que siga pareciendo algo público. En 2015 se inauguraba el hospital “público-privado” Álvaro Cunqueiro de Vigo que en el correr de los años costará unos 1.4000 millones de euros, mucho más de lo que costaría si se construyese sin “la colaboración” privada.
No obstante, Feijóo es tan buena persona que no solo “ayuda” a sus familiares sino también a sus amigos para lo que construye una red clientelar que lleva a políticos del PP a altos cargos en empresas privadas como pago a los servicios “públicos” prestados. Así, la Xunta de Feijóo financia empresas y a cambio sus políticos ascienden a cargos directivos en empresas como Greenalia, ENCE, Abanca, Ernst &Young España o BDO, entre otras. Además de lo apuntado, es conocida también la “amistad” de Feijóo con el presidente de Iberdrola Ignacio Sánchez Galán, escenificada en 2009 con un profundo abrazo de alegría en la Plaza do Obradoiro de Santiago de Compostela porque el PP de Feijóo ganaba por vez primera las elecciones autonómicas lo que estimularía los negocios de Iberdrola en Galicia. En fin, la dinámica es sencilla: las empresas fortalecen al PP mientras lo “público” fortalece a las empresas, una estructura simple y beneficiosa para las partes en la “democracia para ricos” en la que vivimos. Esta red clientelar Feijóo no la creó de la nada sino que la renovó ya que como nuevo “padrino” (presidente de la Xunta) tenía que actualizarla para controlarla. De esta dinámica “democrática” a la altura de 2006 el PP habría recibido 1.888.275€ de financiación por parte de empresas legales y para concretar los intereses de esta inversión, que el Capital nada regala, se hacen reuniones para actualizar “resultados”, una de ellas sería la que se viene organizando anualmente en una marisquería de Cedeira (A Coruña) desde 2015 con formato de comilona entre el empresario Florentino Pérez y los políticos “democráticos” Mariano Rajoy y Alberto Núñez Feijóo, entre otros asistentes.
Pero Feijóo, como sus antecesores del PP en la presidencia de la Xunta, va más allá de las empresas legalmente registradas ya que también accede al mundo del hampa, no se olvide que la “economía sumergida” es una parte muy rentable de la economía capitalista ya que no se pagan salarios por convenio ni se declaran los ingresos a Hacienda ni se cotiza a la Seguridad Social. Ya antes de ser presidente de la Xunta Feijóo entabló “amistad” con el entonces contrabandista Manuel Dorado. Por entonces Dorado lleva en su yate Oratus a Feijóo de excursión en varias ocasiones. Por aquel tiempo, Dorado le dará “trabajo” al chófer de Feijóo, un fascista llamado Manuel Cruz. Dorado dará el “salto” al narcotráfico por lo que será detenido en la Operación Nécora, primero, y después en relación a un alijo de 6 toneladas de cocaína; vamos, un “emprendedor” ya que cada vez las operaciones serán de mayor calado económico. Por cierto, a pesar de negarlo reiteradamente a estas alturas cronológicas Feijóo seguía manteniendo relación con el narcotraficante Dorado como acreditan las conversaciones grabadas por orden judicial y lo dicho por el propio Dorado. Anotar que las fotos de Feijóo con Dorado no son las únicas en el ambiente del hampa de miembros del PP ya que también hay una foto de Mariano Rajoy en el año 2009 en Cambados (Pontevedra) en el pesquero Moropa, propiedad de narcotraficantes. Así, la “amistad” de Feijóo con Dorado no le vendrá de la nada ya que Dorado formaría parte del mundo del hampa que financiaba al PP gallego como se deduce de lo que dijo el periodista Perfecto Conde, “llegó a haber una famosa reunión de capos en el Parador de Cambados en la que se discutieron las aportaciones que había que dar para la campaña de Alianza Popular”. Sí, el PP de Manuel Fraga en Galicia, que ganó sus primeras elecciones autonómicas por mayoría absoluta el 17 de diciembre de 1989, fue financiado por contrabandistas y narcotraficantes. Según el escritor Manuel Monge González, el PP de Manuel Fraga recibiría una financiación de contrabandistas y narcotraficantes de “1.000 millones de pesetas entre 1980 y 1990”. Si el PP en Galicia viene siendo financiado por el hampa desde Manuel Fraga es fácil deducir que las conexiones de Feijóo con Manuel Dorado forman parte de un tejido corrupto consustancial al PP de Galicia. Así, Feijóo no sería una excepción sino que formaría parte de la naturaleza corrupta del PP gallego, aunque el “Caso Bárcenas” y la “Trama Gürtel” nos informan que la corrupción del PP es sistémica, lo que ya puso de manifiesto en su día el juez José Castro cuando afirmó que “la del PP es una corrupción institucionalizada”, que el PP es “un partido corrupto hasta la médula”. Como estará el patio que en una investigación sobre el PP en Valencia la Guardia Civil afirmó que el PP valenciano actuó como una auténtica “organización criminal”. Llegados aquí anotemos para comprender adecuadamente el clima mafioso del PP que la corrupción es para la derecha una fuente de beneficios y una parte natural de la democracia…para ricos, claro.
Pero el entramado corrupto no es todo lo que puede “aportar” Feijóo ya que también puede aportar su absoluta falta de sensibilidad a todo lo social. Y esto lo podemos deducir de lo anterior y también de su proceder en Galicia con el idioma gallego y con el entorno ecológico gallego. Se puede comprender que un “facha” gallego quisiera en propiedad Galicia, su energía social para hacerse rico y su naturaleza para maravillarse de la hermosura poseída, pero lo que es inconcebible es que un supuesto gallego, Feijóo nació en Galicia, no defienda ni el idioma ni el entorno ecológico de su supuesta Tierra. Hoy en Galicia el idioma gallego pierde gallegos hablantes como nunca y sólo un 4% aprende gallego en su infancia mientras Feijóo y el gobierno de la Xunta, presidido ahora por el lacayo Rueda, se empeñan en que este fenómeno de pérdida de identidad cultural se acelere con sus leyes contra la propia lengua gallega. Si Galicia ya lleva décadas soportando calamidades ecológicas como la celulosa de Pontevedra hoy el PP de Feijóo y Rueda le han querido meter la bomba ecológica de la macrocelulosa de la empresa Altri que ha sido parada gracias a unas movilizaciones sociales permanentes. Y todo esto cuando Feijóo en la campaña para las elecciones autonómicas del 12 de julio de 2020 llevó el lema “Galicia, Galicia, Galicia” y afirmó que “mi partido se llama Galicia”, aunque no tardó ni dos años en irse a Madrid para ser elegido oficialmente presidente del PP el 2 de abril de 2022. Téngase en cuenta, pues, que de quien ha nacido en Galicia y no ama ni su idioma ni su naturaleza y no tiene palabra nada bueno socialmente se puede esperar de él en ninguna parte, ni en Madrid ni en el Infierno.
Lo que hemos apuntado sobre Feijóo y su entorno es tan solo una pincelada de su podrido mundo pero que ya nos permite afirmar que Feijóo como jefe de gobierno sería un peligro social porque es un reaccionario exento de escrúpulos, un agente inmisericorde del robo social.
El magnate neoyorquino había transformado esta elección legislativa en un plebiscito sobre su gestión en la Casa Blanca. Estos resultados arrojan, entre otras cosas, pesadas sombras de dudas sobre el futuro de James D. Vance y Marco Rubio, aspirantes a conducir a un barco seriamente averiado en medio de una tormenta perfecta en alta mar.
Donald Trump pone punto final a una semana aciaga para las extremas derechas. Comenzó el domingo 25 de octubre con la aplastante derrota sufrida por Flávio Bolsonaro a manos de Luiz Inácio “Lula” da Silva; siguió dos días después con la derrota política, si bien no electoral, de Benjamin Netanyahu en Israel: su rejunte de genocidas y violentos supremacistas obtuvo la mayoría de las bancas en el Kneset, 53, pero los 48 escaños obtenidos por el bloque de centro-derecha opositor tienen condiciones para formar gobierno si logra forjar una coalición con los mal llamados “partidos árabes” (porque incluyen algunas formaciones políticas judías y al Partido Comunista de Israel) que en una histórica performance se alzaron con 19 escaños. Netanyahu, en cambio, no tiene margen alguno para crear una alianza de gobierno. Y, por último, este martes 3 de noviembre, el electorado le dio la espalda a Trump, en una derrota aplastante.
El magnate neoyorquino había transformado esta elección legislativa en un plebiscito sobre su gestión en la Casa Blanca. Aunque “mi nombre no esté en las listas, saben que yo estoy detrás de cada candidato republicano”, y perdió sin atenuantes. De nada sirvió su demagógica oferta de retribuir con 5.000 dólares a cada ciudadano estadounidense si obtenía mayoría en ambas cámaras del Congreso. La población hizo oídos sordos a su promesa.
Particularmente dolorosa debe haber sido para él y sus multimillonarios compinches la derrota sufrida en Texas, uno de los principales bastiones de los republicanos. Trump se jugó entero en contra de James Talarico, el candidato demócrata que competía contra Ken Paxton, el tenebroso y ultraconservador abogado —¡y fiscal general del estado de Texas!— beneficiado con un generoso donativo de Elon Musk (190 millones de dólares), una cifra apenas levemente inferior a la que gastarían los demócratas en toda la campaña y casi la mitad de lo que el dueño de la red social X invirtió para “fortalecer” la democracia estadounidense, perdón. La “plutocracia” que rige los destinos de ese país, y que ascendió a 446 millones de dólares. Lo cierto es que con Talarico retorna al Senado un demócrata por primera vez desde 1988.
Hay que tener en cuenta que la importancia de Texas suele ser subestimada en muchos análisis sobre la política norteamericana: no tiene el atractivo de Nueva York o de California, lo cual es un grueso error. Con sus 32 millones de habitantes, es el segundo estado más grande de la Unión, solo superado por California con sus 39 millones de habitantes. El producto bruto de Texas es de unos 3 billones de dólares, superior al de Brasil (2.2 billones) y al de cualquier otra economía latinoamericana. Si hiciéramos un ranking de las principales economías del mundo, California estaría en el quinto lugar y Texas en el noveno, pisándole los talones a Francia. Además, en su extenso territorio se encuentran cuatro de las diez mayores ciudades de Estados Unidos: Houston, San Antonio, Dallas y Fort Worth.
Por otra parte, con sus 695 mil kilómetros cuadrados, es el segundo estado más grande del país, solo superado por Alaska, con sus 1.700.000 kilómetros cuadrados. Se entiende la desesperación del dueño de Tesla y Starlink y X por retener tan fabuloso emporio. Allí no solo se perdió un senador, sino también la gobernación del estado a manos de Regina “Gina” Hijojosa, de ascendencia mexicana, convertida en la primera latina que gobernará ese estado derrotando ampliamente a Greg Abbott, el gobernador republicano de los últimos diez años y fiel aliado de Trump. Junto con Texas, la otra obsesión de Trump era Kansas, un estado que desde 1932 había sido totalmente adverso a los demócratas, pero esa tradición fue quebrada este martes con el triunfo de un pastor metodista y escritor, Adam Hamilton. Talarico, conviene anotarlo, hasta ahora compartía su tiempo como legislador estatal y como estudiante en el Seminario Presbiteriano de Teología. Ambos se convirtieron en verdugos del magnate neoyorquino. Para colmo de males, el tan vilipendiado (por Trump) candidato demócrata de Michigan, Abdul El-Sayed, triunfó en las elecciones de ese estado, transformándose en el primer senador musulmán en la historia del Senado de Estados Unidos.
Trump es el gran perdedor de estas elecciones, pese a que se involucró como ningún otro presidente en una elección de medio término. Movilizó a sus amigos milmillonarios, que abrieron sus arcas para garantizar que los republicanos mantuvieran su predominio en el Congreso. Las cifras son escandalosas: a los 446 millones de Musk hay que sumar los aportes de Richard y Elizabet Uihlein, 150 millones, Jeff y Janine Yass, 110 millones, la zarina de los casinos Miriam Adelson, 67 millones. Todos esos fondos fueron para la campaña de los republicanos; los demócratas, a su vez, se beneficiaron de la generosidad de George Soros, que aportó 102 millones, Michael Bloomberg hizo una donación de 84 millones y Reid Hoffman y Michelle Yee (Linkedin) aportaron 41 millones de dólares. Si alguna evidencia era necesaria para ratificar la penosa involución de la democracia norteamericana en una oprobiosa plutocracia los datos del financiamiento de la elección de ayer hablan con una elocuencia irrefutable.
Las razones de fondo para esta debacle republicana son múltiples y serán examinadas en otro artículo. Entre ellas, las consecuencias económicas de la guerra que Trump y Netanyahu están librando en contra de Irán, desatando un aumento generalizado de precios debido a la duplicación del costo del galón de diésel con el consecuente recorte del poder adquisitivo de la población. A eso súmese la indignación provocada por la cruzada para cazar inmigrantes desatada por el ICE y el malestar (más bien la rabia) generalizada por esa política promovida desde la Casa Blanca, reflejada en los bajos niveles de aprobación popular de la figura del presidente, oscilando en torno al 32 o 35 por ciento, según las diversas encuestas.
Dadas estas circunstancias, la vieja teoría del “pato rengo” retoma plena vigencia después de estos resultados, que entre otras cosas arrojan pesadas sombras de dudas sobre el futuro de James D. Vance y Marco Rubio, aspirantes a conducir a un barco seriamente averiado en medio de una tormenta perfecta en alta mar. Y golpea además con mucha fuerza en contra del ya oxidado “Escudo de las Américas”, esa banda de fachos latinoamericanos de ultraderecha que ve que su jefe está groggy en un rincón del ring y rogando que no le asesten el puñetazo final. Igual de consternado debe estar en estas horas el besatraseros mayor del imperio, Javier Milei, viendo cómo se derrumba su alianza mafiosa con Bolsonaro, Bibi y ahora Trump. Por suerte, estará en España para irradiar su mística redentora y lograr que también en España sus amigos de Vox y el PP muerdan el polvo de la derrota.
Alejandro Marcó del Pont
| 26/10/2026
El poder detrás del espectáculo: caquistocracia, élites y la política de la distracción (El Tábano Economista)
En una de sus disertaciones, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han formuló una tesis incómoda: la democracia contemporánea no está al borde del abismo, sino que avanza hacia él con paso sostenido y buen ánimo. Los líderes que la conducen —impredecibles, estridentes y, sobre todo, abiertamente incompetentes— no son anomalías del sistema. Son su pararrayos funcional. Su visibilidad absorbe la indignación, el escrutinio y la energía política de la sociedad, mientras el poder administrativo real —bancos centrales, corporaciones, fondos de inversión, las élites en general— opera en una opacidad sin cámaras ni resistencia.
En ese esquema, Milei, Trump, Meloni o Abelardo de la Espriella no “podrían existir” como accidentes. Son necesarios para que el sistema siga funcionando sin que nadie pregunte quién redacta las leyes de desregulación o quién se queda con la privatización de un servicio público.
“El mundo está dirigido por personas que en cualquier otra profesión habrían sido despedidas en su primera semana laboral”, dice Han. “Para operar en un quirófano se necesita una década de formación; para pilotar un avión comercial, miles de horas de práctica supervisada. Pero para controlar arsenales nucleares, firmar órdenes de movilización que envían a miles de personas a morir o decidir qué industrias quiebran y cuáles reciben rescates multimillonarios, solo se necesita una cosa: saber aparecer en una pantalla”. Un comediante ucraniano que interpretaba a un presidente en una serie de televisión firma hoy decretos que determinan si habrá guerra o paz. Un magnate estadounidense cuya única experiencia administrativa real fue despedir participantes en un reality show controló los códigos nucleares de la mayor potencia militar del planeta. No son anomalías: es un patrón.
La sensación de que no hay ningún adulto en la sala —de que las decisiones que determinan si viviremos en paz o en crisis están en manos de personajes que parecen protagonistas de una sátira— nos lleva a preguntar cómo llegamos hasta aquí. Pero esa es la pregunta equivocada. La pregunta correcta es ¿para qué los necesitan?
El voto dejó de ser un acto cívico y se convirtió en un acto de consumo de imagen. Trump no llegó a la Casa Blanca para cambiar el sistema, llegó para ser su entertainer en jefe. Cada tuit polémico, cada declaración escandalosa, cada controversia fabricada cumplió el mismo propósito, mantener todas las miradas fijas en él mientras el poder real, detrás del escenario, hacía su trabajo sin interferencias. Trump desmontó regulaciones ambientales, firmó recortes fiscales para corporaciones, bombardeó países y nombró jueces que alterarán leyes por décadas. Pero lo que el público recordará son sus ataques de ira, sus insultos, sus peleas con celebridades y sus errores ortográficos en redes sociales. Nada de esto tiene discrepancia alguna con el accionar de Milei.
Zelenski, en cambio, es aún más revelador, aunque su caso merezca una precisión que la épica de guerra suele omitir. Interpretaba a un profesor de historia que, harto de la corrupción política, se convertía en presidente de Ucrania en una serie llamada Servidor del pueblo. La serie tuvo tanto éxito que creó un partido con el mismo nombre y ganó las elecciones. El pueblo no votó por un programa de gobierno: votó por la ficción, esperando que se hiciera realidad. La guerra transformó su función, pero no la lógica que lo llevó al poder, la política como continuación del espectáculo por otros medios.
Byung-Chul Han recupera el término griego caquistocracia —“gobierno de los peores”— no para lamentar una decadencia moral, sino para nombrar una mutación estructural. La caquistocracia contemporánea surge cuando las democracias degeneran en infocracias: regímenes donde el control social y político ya no se ejerce principalmente mediante la coacción física, sino a través de la gestión, saturación y manipulación de la información y los datos digitales. El discurso racional es sustituido por fake news, emotividad, escándalo y posverdad.
La hipótesis tiene una enorme fortaleza: los dirigentes autoritarios, estridentes o imprevisibles pueden convertirse en la cara visible de un sistema de poder cuyo funcionamiento real no depende de ellos. Su protagonismo concentra la atención pública, organiza las adhesiones y los rechazos, y convierte la política en un enfrentamiento permanente entre personalidades. La teoría del pararrayos atrae toda la electricidad de la indignación popular hacia su figura, mientras las miradas se concentran en el inútil incompetente. Las decisiones que afectan la distribución de la riqueza, el control de los recursos estratégicos, la regulación de los bienes primarios, el sistema financiero, la organización del Estado y el modelo de desarrollo del país se adoptan en otros espacios, menos visibles y mucho más difíciles de someter al control electoral.
La contribución de Han es importante porque permite salir de una explicación demasiado sencilla del autoritarismo contemporáneo. No alcanza con decir que determinados dirigentes engañan a los ciudadanos, que los medios manipulan la opinión pública o que los multimillonarios financian a la derecha. Hay que comprender cómo se transforma la propia relación entre los individuos, la información, el poder y la libertad en una sociedad capitalista organizada alrededor de la comunicación permanente.
Una sociedad puede estar políticamente sobreexpuesta y, al mismo tiempo, permanecer relativamente excluida de los centros donde se toman las decisiones sustantivas. Pensemos en una discusión pública sobre un ajuste económico. Durante un tiempo, la atención puede concentrarse en los insultos del presidente, las reacciones de la oposición, las provocaciones en redes sociales y las encuestas de popularidad. Pero las cuestiones decisivas son otras: quién recibe el ingreso transferido por el ajuste, quién pierde capacidad de negociación, qué empresas se benefician, cómo se modifica la estructura tributaria, quién controla los recursos y qué compromisos financieros condicionarán las políticas futuras.
Es el desplazamiento del homo sapiens por el homo videns, cuya mente se conforma por imágenes y no por conceptos. El absurdo como modelo de negocio anticipa la tesis central: el líder resonante no es el adversario de las élites, sino su dispositivo de supervivencia. La caquistocracia permite darle a esa intuición un nombre y un mecanismo, el pararrayos que permite que la casa siga en pie mientras la tormenta se consume en la pantalla.
En la fase actual —capitalismo financiero, tecnocracia digital y complejo militar— la captura del Estado se profundiza. Las decisiones estratégicas sobre minerales críticos, cadenas de suministro, datos, inteligencia artificial, sanciones y privatización de la seguridad se toman en directorios de corporaciones, think tanks, agencias no electas y redes transnacionales. El Estado se convierte en facilitador o garante de esos intereses más que en espacio de soberanía popular.
La distancia entre la visibilidad del poder —el presidente, el mitin, el tuit, el escándalo— y su ejercicio efectivo es deliberada. El poder real, como señala Han, brilla por su ausencia cuando es fuerte. Cuanto más necesita mostrarse, más debilitado está. El voto por imágenes, no por ideas o proyectos, es la consecuencia lógica. En la infocracia, la política se convierte en guerra de información y consumo de afectos. Las campañas se libran con algoritmos, polarización y performance. El ciudadano-consumidor elige una imagen —el outsider, el disruptor, el antisistema, el fuerte, el imprevisible— que promete ruptura, mientras las restricciones estructurales —deuda, mercados financieros, cadenas globales, aparatos de seguridad— permanecen intactas.
La articulación completa es esta, el poder efectivo se concentra en redes institucionales y de clase; los líderes electos visibles funcionan como pararrayos que absorben culpa y atención; cuando el sistema de selección política premia el espectáculo, la lealtad o la polarización por encima de la competencia técnica, emerge la caquistocracia; las estructuras permanentes —burocracia, finanzas, defensa, redes sociales— continúan operando aunque los rostros visibles sean imprevisibles o incompetentes.
Esto no implica una conspiración monolítica, sino un sistema de incentivos y estructuras que hace funcional, y a veces conveniente, la distancia entre la visibilidad del poder y su ejercicio real. Existe una literatura empírica que muestra una distribución extraordinariamente desigual de la capacidad de convertir preferencias en políticas públicas. Un estudio sobre Holanda encontró una respuesta política mucho más fuerte a las preferencias de los sectores de altos ingresos: cuando las preferencias de pobres y ricos discrepaban, las de los ricos eran las que tendían a correlacionarse con el cambio político. En Alemania se halló una inclinación similar hacia los grupos ocupacionales y educativos superiores. Y una investigación reciente utiliza directamente el concepto de “plutocracia electoral”, calculando que, en democracias parlamentarias, el peso electoral efectivo de los estratos más ricos puede ser desproporcionadamente mayor debido a la participación electoral y a la representación en coaliciones gubernamentales.
Lo interesante es el concentrador de responsabilidad. Si algo sale mal, el sistema puede sacrificar al mandatario; la estructura permanece. Elecciones mediante, hay renovación simbólica de legitimidad. Se sustituye al personaje sin necesariamente sustituir la propiedad, la arquitectura financiera, los tratados, las estructuras empresariales, la burocracia, el modelo de país ni las plataformas digitales. El dirigente funciona entonces como fusible institucional.
Una pieza extraordinaria para entender esto es Gobernar el vacío, de Peter Mair. Mair sostuvo que las democracias occidentales estaban sufriendo un vaciamiento, los ciudadanos abandonan progresivamente partidos y organizaciones políticas, pero, simultáneamente, las propias élites políticas abandonaban la sociedad civil y se refugiaban en el Estado. Su formulación era, prácticamente, democracia sin demos.
Mair observa además algo que encaja casi literalmente con nuestra idea. Cuando se vacía la política partidaria, aumentan el espectáculo político y la lógica de carrera de caballos. Eso permite construir una secuencia histórica: desindustrialización, debilitamiento sindical, profesionalización política, globalización, tecnocratización y pérdida de afiliación partidaria conducen al vaciamiento de la representación; luego a la personalización, a la política-espectáculo y, finalmente, a la aparición del empresario político capaz de colonizar el vacío.
Trump, Milei, Meloni o De la Espriella no aparecen entonces “porque la sociedad se volvió loca”. Aparecen porque las viejas estructuras de intermediación dejaron un espacio vacío que el líder puede ocupar directamente. Las élites armaron un ecosistema de poder: un poder económico (capital financiero, industria, grandes patrimonios), un poder tecnológico (plataformas, datos, infraestructura digital, inteligencia artificial), un poder burocrático (ministerios, reguladores, bancos centrales), un poder coercitivo (militares, inteligencia, policía), un poder epistemológico (universidades, consultoras, think tanks, expertos), un poder cultural (medios, entretenimiento, plataformas) y un poder electoral (partidos, candidatos, campañas). No hay necesariamente un director. No hay una sola elite, hay intersecciones, alianzas, disputas y dependencias.
Las demandas insatisfechas comienzan a articularse en una cadena de equivalencias, y con el protocolo diseñado por cada elite, el líder logra darles un nombre y un adversario. La población advierte que: “no puedo comprar una vivienda”, “su salario no alcanza”, “la industria desapareció”, “sus hijos viven peor que él”, “mi barrio cambió”, “los servicios funcionan mal”, “los políticos viven mejor que nosotros”. Las demandas son heterogéneas. El líder las unifica: todos tus problemas tienen un mismo responsable. Dependiendo del país: la casta, Bruselas, los inmigrantes, los progres, los comunistas, la burocracia, las feministas, los globalistas, algunos jueces, la prensa. Eso crea comunidad política. La paradoja es infinita: se llega con un discurso contra las élites y se termina siendo lo que las élites querían, su representante, o quizás el productor de nuevas élites.
El precio de este arreglo es una democracia que se vuelve puro espectáculo de la representación y una sociedad que, cuanto más se moviliza, más se aleja del lugar donde realmente se decide su destino. El enojo social no es una anomalía que el sistema no haya previsto: es el combustible que necesita para legitimar su reconfiguración. La movilización hacia la derecha no amenaza al poder efectivo; lo reoxigena. Cambia la fachada visible, no la estructura de mando. Mientras la tormenta se descarga sobre el bufón de turno, la casa sigue en pie. La tarea política no es, por tanto, elegir al bufón más entretenido ni al tecnócrata más presentable. Es volver a mirar la casa: quién la construyó, quién la habita, quién la heredará y por qué nos hemos acostumbrado a discutir solo el color de la cortina.
Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2026/10/25/los-bufones-del-poder-y-el-poder-de-los-bufones/
Michael Hudson y Radhika Desai: “Europa está cometiendo un suicidio económico”
...
Radhika Desai: Soy Radhika Desai, economista geopolítica.Mi invitado de hoy
es uno de nuestros colaboradores habituales, el profesor Michael Hudson.
Bienvenido, Michael. Michael Hudson: Es bueno estar de vuelta. Rusia, Ucrania,
el petróleo, el diésel y Trump Radhika Desai: Michael, hoy hablaremos de la
guerra de Ucrania, pero en particular de una curiosa tensión que está creciendo
a su alrededor. No cabe duda de que la guerra es impopular a ambos lados del
Atlántico. Por eso, el presidente Trump firmó el acuerdo sobre el diésel con el
presidente Putin, eximió a Rusia de nuevas sanciones… y amenazó con poner fin a
la ayuda de la inteligencia estadounidense si Ucrania continúa atacando la
infraestructura petrolera rusa. Incluso afirmó que Ucrania necesita un nuevo
presidente, alguien con quien Occidente debería negociar. Ha hecho todo esto
porque sabe que es necesario para ganar las elecciones de mitad de mandato.
Mientras tanto, aunque la gente en Europa está harta de la guerra de Ucrania,
los líderes europeos parecen empeñados en mantenerla. El primer ministro estonio
ha declarado que cuanto antes se destruyan las refinerías rusas, mejor. Kaja
Kallas, la jefa de la diplomacia de la UE, ha reiterado sus amenazas sobre los
activos rusos congelados y ha pedido a Trump que presione a Rusia. Y el Foro de
Seguridad de Varsovia propuso que Polonia y los países nórdicos y bálticos, se
conviertan en los principales artífices del futuro orden de seguridad europeo,
que se basaría en alcanzar los objetivos maximalistas que Kiev siempre ha
defendido. Como resultado la posición de Ucrania se está volviendo insostenible,
con su acceso a Starlink comprometido y la disminución de fondos y tropas. Así
pues, Michael, ¿qué crees que están pensando los líderes europeos? Michael
Hudson: Creo que ven que la guerra de la OTAN contra Rusia y la guerra de Trump
contra Irán son parte de la misma guerra en dos frentes que libra Estados Unidos
para controlar el comercio mundial de petróleo. ¿Qué tienen en común Rusia e
Irán? Son los dos principales exportadores de petróleo que quedan y que Estados
Unidos no controla, y si no puede controlarlos, la idea estadounidense era:
bueno, simplemente los eliminaremos para poder mantener nuestro monopolio. Esta
es la estrategia estadounidense a largo plazo de poder controlar el suministro
de petróleo. Y ahora entro en escena Donald Trump. El ha decidido que no puede
permitirse una guerra en dos frentes. ¿Qué va a hacer? Está totalmente
comprometido con la guerra contra Irán. Y lo que quiere evitar es que la guerra
contra Rusia e Irán, traerá una depresión mundial… y el, en lugar de pasar a la
historia como Napoleón dejará un mundo en crisis . Así que ha decidido dejar en
la estacada a los neoliberales y a los neoconservadores. Bueno, parece que eso
no le ha funcionado, porque mientras él finge, que Ucrania necesita un nuevo
presidente, la realidad es que la CIA y el Ejército no le prestan la menor
atención. Él no tiene el control. El Pentágono sigue enviando misiles para que
Ucrania los use para atacar la refinación de Rusia. Esa es la tensión actual.
Obviamente, se ve cómo el poder oculto en Estados Unidos intenta contraatacar, y
esto mientras Trump piensa: «Tengo dos semanas para intentar hacerle creer a la
población que voy a volver a la normalidad». Ese es el dilema que estamos
presenciando, y en Estados Unidos veremos lo mismo que ha ocurrido en Europa una
vez que suban los precios del petróleo tras el agotamiento de las reservas
estratégicas, y tras el absurdo acuerdo de Trump con Rusia para la compra de
petróleo refinado, que la OTAN intenta impedir dinamitando las refinerías rusas
y apoderándose de buques petroleros rusos en el Báltico. Esa es la dinámica.
Radhika Desai: Hay mucho de cierto en lo que dices, pero permíteme hacer un par
de aclaraciones. Trump quiere controlar el comercio mundial de petróleo, pero,
en primer lugar, simplemente no puede, porque gran parte del petróleo mundial
está en manos de países que se han enfrentado a Estados Unidos, ya sea Rusia o
Irán, e incluso, podría decir, Venezuela, (aunque esto último probablemente nos
llevaría a una discusión muy larga y compleja). Lo que Trump realmente necesita
desesperadamente es bajar el precio del petróleo a toda costa. E Irán, al igual
que Rusia y otros, y tienen la capacidad de seguir aumentando el precio del
petróleo, algo que de todos modos les beneficiará. Estarán encantados de tener
precios altos. Trump no está siguiendo ninguna estrategia más allá de lanzar
todo lo que tiene a su alcance para intentar ganar las elecciones. Les dice a
los estadounidenses que los precios del petróleo bajarán después del 3 de
noviembre. ¿Qué significa eso? Significa que no pregunten por precios más bajos
antes de esa fecha. Por otro lado, me pregunto si realmente está comprometido
con la guerra contra Irán. Ahora bien, no me malinterpreten, no dudo que exista
lo que llaman el «estado profundo», que yo veo como el Estado estadounidense
como un conjunto de fuerzas que no rinden cuentas. Es probable que diferentes
sectores del Estado estadounidense estén actuando en direcciones distintas.
Indudablemente existe un poderoso lobby dentro del Estado estadounidense que
desea continuar esta guerra en Irán, pero lo más importante para Trump con
respecto a la guerra en Irán es mantener las cosas bajo control, al menos hasta
las elecciones de mitad de mandato. Después de eso, todo dependerá de lo que
ocurra en las elecciones de mitad de mandato. Para Trump no se trata solo de una
cuestión de victoria o derrota, porque si las elecciones le son desfavorables,
podría intentar anularlas o revertir el resultado. Así que no sabemos qué pasará
entre ahora y el 3 de noviembre, ni inmediatamente después. Creo que lo que
realmente busca en la guerra contra Irán es al menos aparentar una victoria, y
ni siquiera eso se le va a conceder. A estas dos observaciones, añadiré una más.
Si nos fijamos en los países europeos, Ucrania necesita una cantidad enorme de
dinero, como 27.000 millones de dólares. Los europeos no lo tienen. Los europeos
no tienen suficiente dinero para sus propias necesidades. ¿De dónde van a sacar
ese dinero para Ucrania? Desde luego los europeos, no van a enviar hombres a la
guerra. Y lo único que están haciendo es librar lo que yo llamo una guerra de
fachada. Quieren aparentar que están en guerra. Europa aumenta su dependencia de
Estados Unidos Michael Hudson: Tienes toda la razón. Has centrado acertadamente
tu atención en la difícil situación fiscal que atraviesa Europa, lo que explica
el gran malestar que Europa siente por la presión que Trump ha ejercido para que
realice el intercambio de diésel. Europa ha salido perdiendo enormemente. Ahora
está vendiendo diésel, aunque se trate de una cantidad relativamente pequeña .
Sin embargo, es un acto simbólico muy costoso para Europa, porque esta vendiendo
sus reservas de petróleo, la está vendiendo a los precios actuales. Y estos
precios probablemente representan solo la mitad, quizás un tercio, de lo que
costará el diésel dentro de cuatro meses, cuando Europa tenga que recomprar este
diésel para sus reservas, especialmente con la llegada del invierno. Entonces ,
en unos pocos meses Europa tendrá que pagar dos o tres veces más de lo que ahora
vende el diésel, y esto supondrá otra presión fiscal para Europa. No tan grande
como el pago militar que mencionaste, para que Zelensky y su pandilla compren
más propiedades y aumenten sus cuentas bancarias en el extranjero para su
cleptocracia. Este asunto perjudica gravemente a Europa, y esto es lo que
señalan los opositores de Merz, Macron y del Partido Laborista británico. Así
que, Europa se ve claramente obligada a capitular ante las exigencias de Trump.
De hecho, una vez que los europeos asimilen las consecuencias de la interrupción
del suministro de petróleo del Golfo Pérsico, van a necesitar el petróleo y el
gas estadounidense. Mientras tanto Trump propone a Putin: ¿Por qué no venden las
participaciones rusas en Nord Stream a una empresa conjunta de mi yerno y mis
socios. Nosotros le compraremos el petróleo y el gas a Rusia y se los venderemos
a Europa? Supongo que Rusia dirá: de acuerdo, siempre y cuando entiendan que
vamos a vender el gas y el petróleo al precio mundial. No vamos a vender con
descuento para que ustedes puedan venderlo al precio mundial y obtener
ganancias. Venderemos al precio mundial, y ustedes pueden colocar el precio que
quieran a los europeos. No nos importa el mercado europeo. Estamos mirando hacia
el este. En resumen, Europa se está autodestruyendo política y económicamente.
Radhika Desai: Creo que Europa es un caso aparte, el Reino Unido, con Andy
Burnham, empieza a darse cuenta de lo que se avecina. El acaba de asumir el
cargo. Tendrá que enfrentarse al electorado, antes de 2029. La elecciones en el
Reino Unido están un poco más lejos que para los Merz, los Macron y los Meloni.
Los tres M, por así decirlo. Estos están en una situación mucho más complicada y
se enfrentan a elecciones prácticamente de inmediato. Ahora bien, lo realmente
interesante, y la razón por la que digo que Europa está librando una guerra
performativa, es que para ellos esta guerra se ha vuelto funcional al tipo de
neoliberalismo que practican. Porque el neoliberalismo no se trata de mercados
libres ni de libre comercio. Se trata, esencialmente, de favorecer a las grandes
corporaciones. Y bajo el pretexto del rearme, bajo el pretexto de la
reindustrialización, lo que estos gobiernos han querido hacer es inyectar más
dinero en las grandes corporaciones. Y claro, mientras la guerra continúe, les
resultará fácil reprimir la disidencia interna. Fíjense en las protestas que se
están produciendo ahora en Francia. No se trata solo de escuelas, no se trata
solo de universidades. Se trata del coste de la vida y de la oposición a la
guerra en la que sus gobiernos están gastando dinero. Pero en realidad, estos
gobiernos que dicen que gastan dinero en la guerra, en realidad lo gastan en sus
propias clases capitalistas corporativas, privando a la gente trabajadora de los
servicios que necesita, de la educación y la atención médica y la vivienda. Así
que creo que esta fase final del neoliberalismo será un momento decisivo, el
próximo año los tres gobiernos que mencionamos —Alemania, Italia y Francia— se
enfrentarán a elecciones. Por lo tanto, 2027 será un verdadero año de ajuste de
cuentas. Michael Hudson: Bueno, creo que tu énfasis en el papel de las
corporaciones nos da una pista clave para entender muchas cosas. Hablemos de los
principales intereses corporativos. Los intereses militares e industriales son
muy importantes. La semana pasada, vimos a los inversores vender acciones
militares europeas porque se dieron cuenta de que Europa no podía permitírselo.
Se están dando cuenta que el sueño de la OTAN no va a funcionar, así que
cualquier acción que la OTAN emprenda contra Rusia tendrá que basarse en sus
reservas actuales, que están muy mermadas. Las corporaciones estadounidenses son
las que están a cargo de esta política, y hay dos grandes poderes corporativos
en Estados Unidos. La primera es la industria petrolera, y la segunda es el
monopolio de la IA (Inteligencia Artificial). Quiero explicar brevemente esta
dinámica. Para la industria petrolera, los precios del petróleo y el gas van a
subir al reflejar la escasez de gas y al aumentar las tarifas de los buques
cisterna del Golfo Pérsico… y esto aunque no suba el costo de producción de
petróleo y del gas en Estados Unidos . Por eso Trump quiere seguir exportando
petróleo y gas a Europa aun este sea ruso. Esto es una bonanza para las
compañías petroleras. Imaginen precios mucho más altos su petróleo sin que
aumente su costo de producción. Esta es una enorme renta que hace que la
industria petrolera esté totalmente a favor de crear una escasez mundial. Pueden
imaginar el efecto negativo que esto tendrá en Europa. Pero el problema es que,
como resultado de estas exportaciones, los precios del petróleo estadounidense
también van a reflejar los precios mundiales. También existe exigencia de Trump:
Europa no debe tomar ninguna medida que perjudique el monopolio estadounidense
de la tecnología de la información y la IA. Trump afirma que los europeos no
pueden imponer un impuesto de sociedades a corporaciones como Google, Meta y las
demás grandes empresas tecnológicas. Además, Europa no puede, según Trump,
desarrollar una alternativa a los lanzamientos espaciales de Elon Musk. Tienen
que seguir dependiendo de Estados Unidos para la tecnología espacial y la
tecnología de la información, igual que dependen del petróleo. Así que Europa se
está dando cuenta que el resultado de esta guerra contra Rusia e Irán ha
aumentado enormemente su dependencia de Estados Unidos. Los aranceles de Trump a
Europa y la rendición de von der Leyen a las exigencias de Trump son parte de
ello. ¿Es China el enemigo de Europa? Pero ¿dónde está la industria europea que
ha estado sufriendo y que no la hacen competitiva? En realidad las grandes
empresarias europeas han elegido otro enemigo. Este enemigo es China . Y cuando
Europa dice: «China está aumentando su superávit comercial con nosotros, los
chinos responden: ustedes han estado aumentando sus costos para beneficio de
Estados Unidos. . No es culpa nuestra». Radhika Desai: Bueno, estas hablando de
las principales industrias, dominadas por grandes corporaciones en Occidente.
Pero, las acciones del complejo militar-industrial europeo han caído porque
nadie cree que Europa tenga el capital necesario para afrontar el gasto militar
que se esperaba. Esto está ocurriendo, y me pregunto cuándo afectará también a
Estados Unidos. Es decir, Estados Unidos dice que quiere gastar 1,5 billones de
dólares el próximo año en defensa, lo que debería ser una gran bonanza para las
acciones militares estadounidenses. Pero la realidad es que Estados Unidos no
podrá reunir ese dinero. Ya existen tensiones en el mercado de bonos del Tesoro
estadounidense. Así que un destino similar le espera al complejo
militar-industrial estadounidense. Por cierto, el sector petrolero
estadounidense está ganando muchísimo dinero, porque sus costes no han subido,
pero los precios siguen altos . Y Trump lo único que intenta es bajar los
precios internacionales del petróleo, o al menos aparentar que lo está haciendo,
con la esperanza de engañar al electorado. Pero analicemos también otro sector.
Todo el mundo habla que la burbuja de la IA va a estallar. Habrá un estallido de
la burbuja de la IA porque la gente empieza a dudar de las previsiones de
beneficios que han publicado las grandes corporaciones que invierten masivamente
en la IA. Lo mismo ocurre con el sector financiero, el de seguros y el
inmobiliario. Todos se asientan sobre una burbuja a punto de estallar. Así que,
las corporaciones estadounidenses en general también están en apuros.
Básicamente, el capitalismo a ambos lados del Atlántico no está nada bien. Pero
en ese contexto, su rivalidad se agudiza cada vez más. Antes de 1914, era muy
común hablar de rivalidad interimperialista. Pero, después de 1945, parecía que
la rivalidad imperialista había llegado a su fin. Occidente, las potencias
imperialistas, se habían unido bajo el liderazgo de Estados Unidos. Esto podría
ser la misma rivalidad interimperialista que se observó a finales del siglo XIX
y principios del X. Podría resurgir ahora, de una forma u otra, en la fase de su
declive. Porque el imperialismo está, sin duda, en declive, ¿y cómo negarlo
cuando países como Irán, Rusia o China pueden desafiarlo y derrotarlo
militarmente? Así pues, está claramente en declive, y en ese proceso estas
rivalidades bien podrían resurgir. Un ejemplo de ello será la desintegración de
la OTAN y la UE. ¿Qué opina usted? Michael Hudson: Coincido contigo en que la
OTAN parece estar en vías de disolverse, primero porque los países europeos
bloquean su principal objetivo: combatir a Rusia; segundo porque no pueden
costear el gasto total; y tercero porque EEUU se está separando. Todo esto está
llegando a un punto crítico. En la última semana, Trump ha propuesto varias
veces una reunión entre Estados Unidos, Putin y Xi. ¿Qué pretende?
Aparentemente, quiere dividir el mundo en esferas de influencia, La gran tensión
ahora mismo no es solo entre Estados Unidos y China, donde China básicamente ha
podido neutralizar cualquier agresión diciendo: podemos simplemente reducir
nuestras exportaciones de tierras raras y materias primas. Por otra parta, otra
gran disputa es entre China y la UE: la UE ha limitado la capacidad de China
para exportar automóviles, especialmente los híbridos eléctricos , reduciendo
drásticamente las exportaciones chinas de 800.000 a 350.000. La UE afirma que la
exportación producto de una sobreproducción es mala. Esto es absolutamente
absurdo. Ante estos argumentos China responde: “si no quieren nuestras
exportaciones, las cortaremos de raíz. Pero, el acuerdo que hicimos sobre el
comercio de automóviles es que tenemos el derecho a acudir a los tribunales
internacionales porque ustedes han establecido aranceles ilegales. Sin embargo
hemos cedido porque sabemos que sus propios automóviles depende de nuestras
baterías”. Ahora si la UE decide no comprar ningún producto Chino. Entonces, en
esa coyuntura China podría reducir sus exportaciones a Europa… Y en ese
escenario ¿con qué industria va a reemplazar Europa los productos cuándo la
mayoría de las industrias europeas están localizadas en China? En la balanza
comercial China ha adoptado una postura muy dura, señalando: «Un momento,
¿quieren exportar más a China? De acuerdo, pero, por lo menos, deben vendernos
las máquinas holandesas de grabado de chips. ¿Por qué no nos venden lo que
queremos? Están obedeciendo a Estados Unidos. No le venden a China nada de lo
que necesita , y quieren que les vendamos lo que ustedes quieren”. Así que
Europa no va a ceder. Creo que su odio racial, no solo contra China sino también
contra Rusia, está tan arraigado que están en camino de cometer un suicidio
económico, ya que van a adoptar una postura inflexible y el comercio se va a
reducir, dejando a Europa casi completamente dependiente de Estados Unidos.
Radhika Desai: Michael, los europeos están siendo extremadamente racistas con
China y le exigen que acepte restricciones a sus exportaciones. Por cierto,
Estados Unidos fue el primero en utilizar restricciones a la exportación de
automóviles japoneses, allá por la década de 1980. Y no cabe duda que los
estadounidenses también han impuesto restricciones a las importaciones de
vehículos eléctricos chinos, y han obligado a los canadienses a hacer lo mismo.
No cabe duda que existe un temor en los países occidentales, en los antiguos
países imperialistas, que estaban acostumbrados a dominar en las exportaciones
de alta tecnología. Ahora occidente no pueden creer que China lidera un sector
de exportación importantísimo. Por lo tanto, están haciendo todo lo posible por
proteger sus propias industrias. En este contexto, China lleva mucho tiempo
jugando con paciencia. Su objetivo es calmar a países grandes capaces de causar
mucho daño, así que intentan apaciguarlos. Este fue, en esencia, el propósito de
la visita de Xi a Washington el mes pasado. En lo que respecta a las esferas de
influencia, no estoy seguro que las potencias imperialistas sean capaz de
controlarlas ahora. Porque, si lo pensamos bien, Francia, durante décadas
después de la descolonización, logró, a través del franco, mantener control
sobre sus colonias. Pero, eso ha terminado en los últimos años; varias colonias
francesas de África Occidental se han alzado en armas. Por lo tanto, la
capacidad de Europa para controlar cualquier esfera de influencia es casi
inexistente. En lo que respecta a Estados Unidos, tenemos la Doctrina Donroe.
Pero esta doctrina exagera la capacidad de Estados Unidos para controlar lo que
sucede en su «patio trasero». Claro, tienen a Milei y a media docena de otros
déspotas de derecha en toda Latinoamérica, pero incluso ellos tendrán que
moderar sus políticas o sus gobiernos serán muy inestables. Porque lo que no se
puede detener es la marea de descontento popular. Por lo tanto, diría que, en su
declive, el imperialismo ni siquiera parece capaz de ejercer control sobre estas
supuestas esferas de influencia. El sector financiero de China Michael Hudson:
Tienes toda la razón, y cuando hablaba de esferas de influencia, me refería a la
presión que Donald Trump ejercía para que se celebrara la reunión. Eso es lo que
él quiere. ¿Y qué significa una esfera de influencia estadounidense? Significa
que debemos conservar lo que ya controlamos. Que debemos mantener el control
sobre Europa y evitar que Europa se vuelva hacia Rusia y China como áreas de
crecimiento. Que EEUU debe mantener el control sobre Japón y Corea del Sur. Que
no se vuelvan hacia China. Esta es la política de Trump . Estados Unidos debe
mantener el control sobre sus satélites europeos y Corea del Sur y Japón. En
términos generales, la superioridad del modelo económico, social y político de
China sobre Occidente provoca terror a Estados Unidos y Europa . En todos los
ataques de la UE contra China, argumentan que China es injusta porque subsidia
su industria. Como si Europa no subsidiara su agricultura e industria. Pero el
problema radica en que, si bien el subsidio a la industria fue la estrategia
principal del capitalismo industrial desde el siglo XIX hasta el XX, ya no lo
es. Nos encontramos en la era Thatcher-Reagan, caracterizada por un estado
reducido. China ha destinado mucho más presupuesto a la investigación y el
desarrollo que cualquier otro país. Ahora que el gobierno estadounidense ya no
lo hace, se lo ha dejado a las corporaciones. Y las corporaciones, como ya hemos
comentado, destinan el 94% de sus beneficios a la recompra de sus propias
acciones. Como se ven presionadas a generar riqueza para los accionistas, han
decidido no desarrollar la investigación a largo plazo. China invierte en
aumentar su producción. ¿Y cómo se logra eso? Aumentando la productividad y
proporcionando investigación y desarrollo. China es tan superior a las economías
occidentales, porque no tiene un sector financiarizado. Es la financiarización,
como hemos estado discutiendo durante años, la que ha desindustrializado a
Estados Unidos y Europa, y este es el verdadero contexto de esta división
geopolítica. Este es algo que ninguna esfera de influencia remediar. Este es el
problema de occidente . Y hasta que no terminen con la financiarizacion de la
economía , la economía mixta y socialista de China superará con creces a Europa
y Estados Unidos. Occidente se está quedando atrás en lo que será este nuevo
orden económico, liderado inicialmente por China, Rusia e Irán. Radhika Desai:
Básicamente, lo que estamos presenciando es el declive de Occidente. Todo el
caos que vemos en el mundo es el resultado de la agonía de la bestia del
imperialismo estadounidense y occidental, que lucha por sobrevivir. En las
próximos meses y años, veremos la desintegración de algunas de las instituciones
más importantes del imperialismo occidental, entre las que destacan la OTAN y la
UE. Sospecho que la OTAN, en particular, se desintegrará, no por una gran crisis
en la que un país sea atacado y otros no acudan en su ayuda. Se desintegrará
porque, uno tras otro, se elegirán gobiernos que se darán cuenta que la OTAN
siempre ha sido una organización agresiva y que está costando demasiado y
realmente no vale la pena. Creo que los países probablemente comenzarán a
abandonar la OTAN , y este proceso podría comenzar el próximo año, dependiendo
de qué tipo de gobiernos se elijan en Berlín, París, Roma. Michael Hudson:
Bueno, ese debería ser el título de nuestro programa de hoy: La decadencia de
Occidente y su capitalismo financiero. Radhika Desai: Si. La gente da por
sentado que el sector financiero es igual en todas partes. No comprende que el
sector financiero chino es fundamentalmente diferente del occidental, y que es,
literalmente, el motor que impulsa la economía china, mientras que nuestros
financieros son una carga que lastra nuestras economías y les impide avanzar.
Así que, sin duda, creo que este es el declive de Occidente. En lo que respecta
a la Unión Europea, creo que también se desintegrará, las presiones son
numerosas. Existe la presión popular que considera intolerable la disciplina
fiscal que la UE impone a sus Estados miembros en un momento en que todos estos
países necesitan aumentar su gasto. En segundo lugar, la capacidad de la UE para
controlar las acciones de cada Estado miembro está desapareciendo, ya que no
puede imponer la misma disciplina a los nuevos miembros. Y, en general, creo que
la capacidad de la UE para gestionar las contradicciones entre sus diferentes
miembros no perdurará. Por lo tanto, nos enfrentamos a un período muy difícil
para todas las instituciones del imperialismo occidental. Michael Hudson: Esa
es, en efecto, la situación general, y Occidente no puede resolverla mediante el
gasto militar. Radhika Desai: En efecto. Así que, Michael, muchas gracias por
acompañarnos de nuevo. Gracias a todos por estar aquí, y hasta la próxima..
https://observatoriocrisis.com/2026/10/23/michael-hudson-y-radhika-desai-europa-esta-cometiendo-un-suicidio-economico/
El último informe de Francesca Albanese sobre medios de prensa y el genocidio en
curso en Gaza
https://derechointernacionalcr.blogspot.com/2026/10/francesca-albanese-nuevo-informe-de.html
Lo que Iran sabe de la deuda estadounidense
Pablo de Melo
07/10/26
Durante ochenta años, cada vez que el mundo ha entrado en crisis, el dinero ha
buscado refugio en el mismo lugar: la deuda del Gobierno de Estados Unidos.
Ocurrió tras los atentados del 11 de septiembre, durante la quiebra de Lehman
Brothers en 2008 e incluso en 2011, cuando una agencia de calificación rebajó la
nota de la propia deuda estadounidense y los inversores, paradójicamente,
compraron todavía más. Esa deuda era el activo sin riesgo por definición, la
base sobre la que se construye el resto del sistema financiero. Lo que está
ocurriendo desde este verano pone en cuestión esa condición. En apenas un año,
lo que paga el Tesoro estadounidense por endeudarse a diez años ha pasado de en
torno al 4 % al 5,24 % que marcaba el 1 de octubre, con una subida especialmente
brusca desde mediados de agosto, cuando aún rondaba el 4,6 %. No superaba el 5 %
desde el verano de 2007, cuando empezaban a aflorar los primeros impagos de las
hipotecas basura que desembocarían en la gran crisis financiera. Conviene
detenerse en qué significa esto. Cuando un Estado gasta más de lo que ingresa,
cubre la diferencia pidiendo prestado, y lo hace emitiendo bonos: quien los
compra adelanta dinero hoy y el Estado se compromete a devolverlo en un plazo
fijo, pagando un interés mientras tanto. Ese interés no lo fija el Gobierno,
sino la subasta en la que los inversores pujan por los bonos. Cuando “confían”,
se conforman con poco; cuando “desconfían”, exigen más. Que el Estado más
poderoso del mundo tenga que pagar más de un 5 % significa que sus prestamistas
exigen ahora una compensación por riesgos que antes no veían: más inflación, más
deuda y más incertidumbre política. La deuda estadounidense, además, no es una
deuda cualquiera. Con cerca de 30 billones de dólares en circulación, es el
mayor mercado de deuda del planeta, y el interés que paga funciona como precio
de referencia del dinero en todo el mundo. A partir de él se calculan hipotecas,
préstamos a empresas y las condiciones a las que se financian otros Estados. En
Estados Unidos, el tipo fijo de una hipoteca a treinta años ya supera el 7 %.
Por qué está ocurriendo La primera causa es la guerra con Irán. Desde que
Teherán cerró el estrecho de Ormuz en febrero, el petróleo se ha movido en torno
a los cien dólares por barril, frente a los 72 de antes del conflicto. En
Estados Unidos, el gasóleo alcanzó el 22 de septiembre un récord histórico de
6,53 dólares por galón. El precio de la energía repercute en el resto de precios
mientras la inflación estadounidense se mantiene en el 3,4 %. La inflación
reduce lo que realmente gana quien tiene un bono: si cobra un 5 % pero los
precios suben un 4 %, su ganancia real es mínima, de modo que exige más interés
para compensar. La inflación ha empujado además a los bancos centrales a subir
los tipos de interés, justo lo contrario de lo que pide la Casa Blanca. El 16 de
septiembre, la Reserva Federal los elevó por primera vez desde 2023, hasta la
horquilla del 3,75 % al 4 %, y lo hizo por unanimidad, mientras Donald Trump
exigía públicamente que estuvieran “en el 1 % o menos”. Seis días antes, el
Banco Central Europeo había hecho lo mismo, situando su tipo de depósito en el
2,50 % con una inflación en la eurozona del 3,3 %. La segunda causa es más
profunda. La deuda federal superó en agosto los 40 billones de dólares. En los
once primeros meses del año fiscal que acaba de cerrar, el Estado pagó más de un
billón de dólares solo en intereses, algo que nunca había ocurrido. Es ya la
segunda partida del presupuesto federal, únicamente por detrás de las pensiones
públicas y por encima del gasto en defensa. A esa pila se suman las rebajas
fiscales aprobadas en 2025, que la Oficina Presupuestaria del Congreso calculó
que añadirían más de tres billones de dólares de deuda en una década, y ahora la
factura de la guerra: el Pentágono cifra el coste en 43.600 millones de dólares
hasta el 3 de septiembre y ha pedido al Congreso 67.100 millones adicionales. La
tercera causa es la menos conocida: quién compra esa deuda. Durante los años dos
mil, los grandes compradores eran los bancos centrales de China, Japón o los
países petroleros, que reinvertían en bonos estadounidenses los dólares que
ganaban exportando. Eran compradores pacientes, que guardaban los bonos durante
años. Ese flujo se ha ido secando y el hueco lo han ocupado los fondos de
inversión especulativos, los llamados hedge funds. Según la oficina de
investigación financiera del propio Tesoro estadounidense, estos fondos acumulan
ya unos dos billones de dólares en bonos, el 7 % del mercado, un récord absoluto
y casi el triple que hace cinco años. El problema es cómo los compran. Su
operación favorita consiste en adquirir un bono y, a la vez, vender un contrato
que fija su precio de entrega a futuro, embolsándose la pequeña diferencia entre
ambos precios. Como esa diferencia es minúscula, la única manera de ganar dinero
de verdad es repetir la operación muchísimas veces con dinero prestado, a menudo
a un solo día, dejando los propios bonos como garantía. Es un castillo de naipes
muy rentable mientras nada se mueve. Si el préstamo diario se encarece de golpe,
o si los mercados se agitan y los acreedores reclaman más garantías, el fondo
tiene que vender sus bonos de inmediato. Si muchos fondos venden a la vez, los
precios se desploman y el mercado se paraliza. No es una hipótesis, ocurrió en
marzo de 2020, al inicio de la pandemia, y la Reserva Federal tuvo que
intervenir de urgencia comprando hasta 75.000 millones de dólares en bonos al
día para evitar el colapso. En septiembre estos fondos han empezado a reducir
posiciones. Morgan Stanley estima que el volumen de esta operación ha caído un
20 % en lo que va de año, hasta unos 1,2 billones de dólares. Eso supone menos
apalancamiento, pero plantea otra cuestión: si los especuladores se retiran y
los bancos centrales extranjeros ya no vuelven, ¿quién va a comprar los bonos
que el Tesoro necesita colocar cada semana? El Gobierno de Trump ha intentado
calmar al mercado con medidas de urgencia. El 19 de agosto, el secretario del
Tesoro, Scott Bessent, duplicó las operaciones de recompra de deuda antigua,
hasta 4.000 millones de dólares por operación, con la intención de bajar el
interés de los bonos largos. El alivio duró menos de veinticuatro horas. Una
nueva operación el 10 de septiembre decepcionó y los intereses volvieron a
subir. Por qué debería importarnos Sería un error leer todo esto como un
problema doméstico de Estados Unidos con algunos ecos en Europa. Los bonos del
Tesoro son la pieza sobre la que descansa el sistema financiero internacional.
Son la garantía que bancos y fondos de todo el mundo entregan cuando piden
dinero prestado, una parte central de las reservas de los bancos centrales y la
referencia para fijar el precio de casi cualquier préstamo. El dólar interviene
en el 89 % de las operaciones de cambio de divisas que se realizan en el
planeta. Cuando cambia el precio de ese activo, cambia el precio del dinero en
todas partes. Es lo que ya está ocurriendo. En las mismas semanas en que el bono
estadounidense superaba el 5 %, el británico a treinta años alcanzaba el 6 % por
primera vez desde 1998, el japonés a diez años marcaba máximos desde 1996 y el
alemán, referencia de la zona euro, tocaba su nivel más alto en diecisiete años.
El bono español a diez años llegó al 4,14 %, el máximo desde enero de 2014,
cuando el país acababa de salir del rescate bancario, y hoy paga casi nueve
décimas más que hace un año. La diferencia con Alemania, la llamada prima de
riesgo, sigue siendo moderada: en agosto era de 44 puntos básicos, por debajo de
Italia o Francia. El encarecimiento no responde a una desconfianza específica
hacia España, sino a que el precio del dinero sube en todo el mundo a la vez. Se
trata de un coste importado. Ese coste acaba en las cuentas públicas. España
pagó en 2025 más de 40.300 millones de euros en intereses de su deuda, una
cantidad equivalente a todo lo que recauda por el Impuesto de Sociedades, y la
AIReF calculaba unos 43.300 millones para 2026 antes de la última subida de
tipos. Como la deuda española tiene una vida media de unos ocho años, el golpe
no llega de una vez: cada año vence una parte y se refinancia a los tipos del
momento. En 2025 el Tesoro emitía a un coste medio del 2,7 %; hoy el bono a diez
años supera el 4 %. Esa diferencia se traduce, año tras año, en miles de
millones que dejan de estar disponibles para sanidad, educación, vivienda o
dependencia, en el mismo momento en el que se negocia el nuevo Marco Financiero
Plurianual de la Unión Europea con la presión a los Estados miembros para que
aumenten el gasto militar. A los hogares les llega también por otra vía. La
inflación importada a través de la energía ha llevado al Banco Central Europeo a
subir los tipos dos veces este año, y esas subidas se trasladan al euríbor y, de
ahí, a las hipotecas variables y al crédito de familias y empresas. Buena parte
de las hipotecas vivas en España sigue referenciada al euríbor. Europa, además
de sufrir el contagio, es acreedora. Los inversores de la zona euro tienen unos
dos billones de dólares en bonos del Tesoro, una cifra récord, y los japoneses
otros 1,24 billones. Cuando sube el interés de un bono, baja el valor de los que
ya están en circulación, de modo que bancos, aseguradoras y fondos de pensiones
europeos acumulan pérdidas en esas carteras. También ha dejado de funcionar la
regla según la cual las caídas de la bolsa se compensaban con subidas de los
bonos: con el petróleo caro, ambos caen a la vez y los fondos de pensiones
pierden su principal amortiguador. El Reino Unido dio en 2022 un anticipo de lo
que eso puede suponer, cuando una venta brusca de deuda pública dejó al borde
del impago a fondos vinculados a los planes de pensiones y el Banco de
Inglaterra tuvo que intervenir de urgencia. En el propio Estados Unidos, la
factura tiene un reparto muy desigual. El billón de dólares anual en intereses
es dinero público que va a parar a quienes poseen la deuda, en general: grandes
fondos, bancos y patrimonios elevados. Al mismo tiempo, los precios suben por la
energía mientras el empleo se frena (en septiembre se crearon apenas 29.000
puestos de trabajo), una combinación que castiga principalmente a quien vive de
un salario. Queda, por último, la tentación política. Un Gobierno endeudado y en
guerra, con un presidente que exige tipos del 1 %, puede acabar presionando al
banco central para que compre deuda de forma masiva y la financie a intereses
artificialmente bajos. Es lo que se conoce como represión financiera: la
inflación reduce el peso real de la deuda a costa de los ahorros y los salarios,
un pago “encubierto” que recae sobre quienes no tienen activos con los que
protegerse. Y si las apuestas apalancadas de los fondos especulativos salen mal,
el precedente de 2020 indica que será el banco central, con dinero público,
quien acuda al rescate. Las ganancias de esas apuestas son privadas; el riesgo
de sus pérdidas lo asume el conjunto de la sociedad. La guerra con Irán y la
negociación de paz El mercado de bonos y la guerra están conectados de forma
directa. Irán sabe que el cierre de Ormuz golpea a Washington en el precio de la
gasolina, en la inflación y en el coste de su deuda, y que lo hace a un mes de
las elecciones legislativas del 3 de noviembre, con la aprobación de Trump en el
32 %, la más baja de su carrera y solo un 17 % de ciudadanos que aprueban su
gestión del coste de la vida. Desde septiembre, esa presión tiene un segundo
frente. Los hutíes de Yemen, aliados de Teherán, declararon en julio un bloqueo
naval del estrecho de Bab el-Mandeb contra Arabia Saudí, y entre el 10 y el 12
de septiembre tomaron la ciudad portuaria de Moca y las islas de Perim y Zuqar.
Con ello controlan toda la costa yemení del mar Rojo y la entrada sur del
estrecho. Por Bab el-Mandeb pasa en torno al 12 % del comercio mundial, el 11 %
del petróleo transportado por mar y el 8 % del gas natural licuado, y es la
puerta de acceso al canal de Suez, la ruta por la que llega a Europa buena parte
de lo que importamos de Asia. El movimiento desbarata la principal vía de escape
que Arabia Saudí había preparado para esquivar Ormuz, un oleoducto que atraviesa
el país hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, porque el crudo que llega a
Yanbu con destino a Asia tiene que salir igualmente por Bab el-Mandeb. Con los
dos estrechos que dan salida a la península arábiga bajo control de Irán y sus
aliados, el petróleo volvió a superar los cien dólares, y los buques que evitan
el mar Rojo deben rodear África por el cabo de Buena Esperanza, lo que añade
semanas de travesía y encarece fletes y seguros. Sobre el papel, esta presión
debería empujar a la Casa Blanca hacia un acuerdo. Pero lo ocurrido en las
últimas semanas apunta en otra dirección. Durante la Asamblea General de
Naciones Unidas, a finales de septiembre, tras la amenaza de Trump de llegar a
un acuerdo de paz o “aniquilar” Irán, la República Islámica presentó un plan de
siete días para reabrir el estrecho de forma escalonada, condicionado a que
Washington cumpla los compromisos del memorando de junio que acabó naufragando.
Teherán ha llegado a ofrecer el traslado de su uranio enriquecido al 60 % a un
tercer país, bajo supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica.
Trump rechazó la propuesta alegando que era “lo que quizá habríamos aceptado
hace un año”. Las conversaciones indirectas en Nueva York, con mediación de
Catar, no han dado fruto. Mientras tanto, la Administración refuerza su
despliegue militar. El portaaviones Theodore Roosevelt navega hacia la región,
la cúpula de seguridad nacional se reunió el 2 de octubre en Camp David para
abordar la guerra con Irán y el conflicto entre Arabia Saudí y los hutíes, y
Trump asegura que Irán está “a punto de rendirse” y que la victoria llegará
“justo después de las elecciones”. Desde Teherán, fuentes oficiales hablan de
prepararse para una “nueva gran ronda de combates”. El mercado de bonos influye
en la negociación. En primer lugar, funciona como un reloj. Cada semana con
Ormuz cerrado y el mar Rojo bloqueado añade inflación, mantiene altos los tipos
y encarece la deuda estadounidense. Para Irán, ese reloj es una baza. Según la
analista Negar Mortazavi, Teherán ha demostrado que está dispuesto a soportar un
enorme sufrimiento económico antes que negociar en los términos de Washington.
La inflación iraní ronda el 60-70 %, su economía se ha contraído alrededor de un
10 % y el rial ha caído a mínimos históricos. Washington confía en que la
economía iraní se derrumbe primero y Teherán confía en que lo hagan antes los
mercados y los votantes estadounidenses. Bab el-Mandeb añade otra complicación,
porque los hutíes tienen su propia agenda frente a Arabia Saudí y un acuerdo
entre Washington y Teherán sobre Ormuz no garantizaría por sí solo la reapertura
del mar Rojo. Una paz limitada a Ormuz sería incompleta, y cualquier negociación
seria tendrá que incluir a Arabia Saudí y la guerra de Yemen. En segundo lugar,
puede actuar como detonante. Si después de las elecciones Washington opta por
una nueva campaña de bombardeos, el petróleo volvería a dispararse y, con él,
los tipos de interés. En un mercado tan dependiente de apuestas apalancadas, un
sobresalto así podría desencadenar la venta en cadena que los supervisores
llevan meses temiendo, es decir, un accidente financiero en plena escalada
militar. Lo que viene Los próximos meses estarán marcados por tres citas: la
reunión de la Reserva Federal del 27 y 28 de octubre, en la que el mercado duda
ya de una nueva subida tras el mal dato de empleo; las elecciones del 3 de
noviembre, que Trump ha convertido en el horizonte de su estrategia militar; y
la evolución de la mediación catarí. En cualquier escenario, lo previsible es
que Estados Unidos tenga que financiarse más caro durante años, que se repitan
los episodios de tensión y que la tentación de cargar el coste sobre las
mayorías sociales, por la vía de los recortes o por la de la inflación, esté muy
presente. Para Europa, la situación confirma que su dependencia energética y
financiera de decisiones que se toman en Washington tiene un coste que pagan las
familias trabajadoras en la gasolinera, en la hipoteca y en los servicios
públicos. También refuerza la necesidad de que la Unión Europea ejerza todo su
peso diplomático a favor de una salida negociada que incluya Ormuz y el mar
Rojo, porque la factura de esta guerra ya forma parte de nuestros presupuestos.
Fuentes Reserva Federal: comunicado del FOMC, 16 de septiembre de 2026 y serie
H.15 de tipos diarios Oficina de Investigación Financiera: Las tenencias de
tesorería en efectivo de los fondos de cobertura alcanzan los 2 billones de
dólares (19 de agosto) Fundación Peter G. Peterson: Costos de interés de la
deuda nacional CRFB: El rendimiento de la subasta de bonos del Tesoro alcanza su
nivel más alto en 25 años (14 de agosto) Euronews: Bessent promete mayores
recompras después de que la caída de los rendimientos de los bonos anulara el
repunte de alivio del Tesoro estadounidense (21 de agosto) Reuters vía WTVB: Los
fondos de cobertura se muestran descontentos con las operaciones de arbitraje de
precios a medida que continúa la venta masiva de bonos del Tesoro (24 de
septiembre) Al Jazeera: La Reserva Federal de EE. UU. sube los tipos de interés
por primera vez en tres años (16 de septiembre) y ¿Está Irán perdiendo
influencia sobre el estrecho de Ormuz? (30 de septiembre) Lista de asistencia:
La última estimación del Pentágono sobre el coste de la guerra contra Irán:
43.600 millones de dólares (18 de septiembre) Yahoo Finanzas: La guerra con Irán
está impulsando la inflación al alza, y no solo por el petróleo. Perspectivas de
los asesores: Panorama general de los rendimientos de los bonos del Tesoro, 25
de septiembre de 2026 FXStreet: La rentabilidad de los bonos estadounidenses a
10 años vuelve a alcanzar los máximos de 2007 (28 de septiembre) Quartz: Los
rendimientos de los bonos del Tesoro caen tras el débil informe de empleo de
septiembre (2 de octubre) CBS News: negociaciones y propuesta iraní (28-29 de
septiembre) y reunión de Camp David (2-3 de octubre) The National: Irán se
prepara para una "gran ronda de combates" con EE. UU. (3 de octubre) Trading
Economics: bono español a 10 años (2 de octubre) Finect: el BCE sube tipos en
septiembre (10 de septiembre) Euronews: Los hutíes se apoderan de una isla
yemení en Bab el-Mandeb y toman el control del estrecho (12 de septiembre) Al
Jazeera: Las naciones del Mar Rojo observan cómo los hutíes se apoderan del
estrecho de Bab al-Mandeb (13 de septiembre) y controlan una ruta marítima clave
(11 de septiembre). NPR: Los hutíes declaran un bloqueo a Bab el-Mandeb (21 de
julio) Zona de guerra: El control de los hutíes sobre Bab al-Mandab se fortalece
(10 de septiembre) Diplomacia moderna: El Mar Rojo, no el Ormuz, ahora decide la
política exterior de Arabia Saudita (2 de octubre) UNCTAD: Un mundo de deuda
2025 Trading Economics: bonos a 10 años de Reino Unido, Japón y Alemania (2 de
octubre) Wolf Street: Los mayores tenedores extranjeros de valores del Tesoro
estadounidense, abril de 2026 Vozpópuli: El gasto en intereses de la deuda rompe
la barrera de los 40.000 millones El Español: España pagará más de 40.000
millones en intereses, el equivalente a la recaudación en Sociedades BCE: tipos
a largo plazo a efectos de convergencia, media de agosto de 2026 (prima de
riesgo frente al Bund, cálculo propio) Pablo de Mello Activista social y
analista internacional, amigo de Sin Permiso. Fuente: www.sinpermiso.info, 7 de
octubre 2026
La corrupción en la OTAN y el aumento del gasto militar desvían fondos públicos de la sanidad europea hacia un negocio bélico que la calle exige frenar.
El rearme europeo se ha convertido en la prioridad absoluta de las élites institucionales. Bajo la retórica de la seguridad continental, se ha institucionalizado una economía de guerra que exige desviar fondos masivos de la sanidad, la educación y la vivienda hacia los monopolios del complejo militar-industrial.
En los años 2025 y 2026, las instituciones comunitarias han intensificado el proceso de militarización de la Unión Europea bajo el pretexto de la «amenaza rusa». La cúspide de esta escalada se materializó en marzo de 2025, cuando se oficializó la decisión política de movilizar hasta 800.000 millones de euros para el rearme de los ejércitos continentales mediante la estrategia denominada «Readiness 2030» [1][2]. Esta cifra, sin embargo, no representa un fondo único de dinero nuevo: se compone de 150.000 millones en préstamos SAFE —deuda comunitaria emitida por la Comisión Europea— [3][4] y 650.000 millones en gasto nacional habilitado por la flexibilización de las reglas fiscales del Pacto de Estabilidad [1][2].
El gasto militar agregado de las naciones europeas alcanzó los 864.000 millones de dólares en 2025. Según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), esto representa el nivel más alto de militarización en el continente desde el final de la Guerra Fría, consolidando una década de incrementos ininterrumpidos que han terminado por duplicar el peso del sector defensa en las economías europeas respecto a los mínimos de la década anterior [5][6]. Pero este monumental esfuerzo financiero no garantiza una mayor seguridad colectiva y, al mismo tiempo, impone costes económicos y sociales abrumadores.
La historia económica y geopolítica ha demostrado de manera reiterada que las guerras, la tensión permanente y la histeria bélica generan negocios inmensamente lucrativos para Estados Unidos. Washington no solo moderniza y expande su complejo industrial militar a costa del erario ajeno, sino que, en el contexto de una crisis inducida y sostenida contra Rusia, ha encontrado un mecanismo para consolidar su influencia sobre los aliados europeos, imponiendo sus intereses a través de la dependencia y la presión política [5][7].
La excusa existencial
Los defensores del rearme esgrimen un argumento central: la agresión rusa contra Ucrania demostró que la amenaza es real y que Europa debe estar preparada para defenderse. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha advertido que Rusia podría estar en condiciones de atacar la Alianza en un plazo de cinco años. Desde esta perspectiva, el gasto militar no sería un capricho burocrático, sino una necesidad existencial.
Este artículo no niega la existencia de tensiones geopolíticas ni la complejidad del escenario post-Ucrania. Lo que cuestiona es que esas tensiones constituyan una amenaza existencial que justifique movilizar 800.000 millones de euros en armamento. La pregunta que formula es otra: ¿es la militarización acelerada y unilateral la respuesta adecuada a esas tensiones?
Los datos sugieren que no. Un aumento del gasto militar que se traduce en compras masivas a contratistas estadounidenses no construye una defensa europea autónoma; consolida la dependencia de Washington. Y un gasto que desvía fondos de la sanidad, la educación y la vivienda debilita la cohesión social, que es la primera línea de defensa de cualquier democracia [5].
Tensiones que, como se argumentará a lo largo de este texto, no nacen de una agresión rusa inminente, sino de la propia retórica de confrontación que las élites europeas han promovido.
Al militarizarse sin canales de comunicación directa con Moscú y sin marcos de control de armamentos, Europa no se protege, sino que precipita el conflicto que dice querer evitar. Como advirtió el Financial Times, se trata de una «profecía autocumplida»: la preparación para la guerra genera las condiciones de la guerra [8]. La carrera armamentística no responde a la amenaza; la produce.
La aritmética de la estafa
La principal preocupación que suscita esta cruzada armamentística es el impacto macroeconómico negativo que tiene el aumento del gasto militar en la economía civil. La nueva carrera armamentística exige desviar masivamente fondos públicos de ámbitos vitales como la educación pública, la sanidad, la cultura y la atención social.
Las enormes inversiones y el blindaje del complejo militar-industrial reducen las posibilidades de desarrollo tecnológico civil, obstaculizan el bienestar de los ciudadanos y lastran las bases para un crecimiento económico sostenible [7][9].
Para sostener este esfuerzo financiero, Europa ha desplegado una arquitectura fiscal sin precedentes:
Préstamos SAFE (Security Action for Europe): instrumento adoptado por el Consejo de la UE que utiliza la elevada calificación crediticia de la Comisión Europea (AAA por S&P, Moody’s y Fitch) para emitir bonos en los mercados de capitales y transferir préstamos a los Estados miembros para adquisición conjunta de armamento.
Diecinueve países han comprometido la totalidad del fondo [4][5]. El mecanismo, al mutualizar la deuda bajo el paraguas crediticio de Bruselas, permite a los Estados endeudarse a tipos inferiores a los que obtendrían individualmente —pero también transfiere el riesgo sistémico al conjunto de contribuyentes europeos, que asumirán el coste durante décadas independientemente de que los armamentos adquiridos generen o no la seguridad prometida.
Activación de la Cláusula Nacional de Salvaguardia: Bajo el marco revisado de gobernanza económica, se ha flexibilizado la aplicación del límite de déficit del 3% y deuda del 60% del PIB, catalogando el aumento del gasto militar como «circunstancia excepcional». Esta ventaja regulatoria se niega sistemáticamente a la inversión en escuelas, hospitales o transiciones ecológicas [1][2].
Reprogramación de Fondos de Cohesión y Competitividad: Partidas del FEDER y del Fondo de Cohesión están siendo transferidas hacia infraestructuras de movilidad militar y de doble uso [7].
El coste de oportunidad de esta orientación presupuestaria resulta revelador al contrastarlo con las urgencias materiales de la población europea:
El Banco Europeo de Inversiones (BEI) y Housing Europe estiman que la Unión Europea padece un déficit estructural acumulado de 2,25 millones de viviendas asequibles y sociales [10].
Cerrar esta brecha habitacional requeriría un desembolso estimado de 340.000 millones de euros [10].
El techo de gasto habilitado por el plan de rearme —800.000 millones, en el supuesto de que se agote todo el margen fiscal— equivale a 2,35 veces ese capital [7]. Pero incluso sin recurrir al techo máximo, la desproporción es elocuente: los 150.000 millones en préstamos SAFE, la única cifra de deuda comunitaria nueva y garantizada, representan ya el 44% de la inversión necesaria para cerrar la brecha habitacional europea.
Frontex y la proyección imperialista al Sur Global
A este despojo interno se suma su proyección imperialista hacia el Sur Global. Mientras se recortan drásticamente los presupuestos de cooperación al desarrollo, esos mismos recursos se reasignan para militarizar las fronteras del Mediterráneo, expandir las operaciones de Frontex y sostener a regímenes autoritarios en el norte de África como ‘socios de seguridad’.
El rearme europeo no es solo un negocio transatlántico; es la profundización de la violencia estructural contra los pueblos del Sur. La misma lógica que justifica comprar misiles a Washington justifica externalizar la violencia fronteriza y blindar la Fortaleza Europa.
Esta arquitectura de contención dinamita, además, cualquier remanente de credibilidad diplomática frente al Sur Global y el emergente bloque de los BRICS. Bruselas no puede seguir presentándose en los foros internacionales como adalid de los derechos humanos o mediador legítimo mientras asfixia sus propios fondos de cooperación para financiar armas. En el escenario multipolar, Europa ha dejado de ser un socio confiable para convertirse en un actor atrincherado y hostil.
El despojo —interno y externo— destruye el tejido laboral. Los estudios econométricos basados en matrices input-output demuestran que el gasto militar es intrínsecamente ineficiente en términos de empleo [9]:
Sector
Empleos por cada 1.000 M€
Educación primaria y secundaria
~16.500
Cuidados y sanidad pública
~13.200
Construcción de vivienda social
~11.800
Electrificación renovable
~9.800
Adquisiciones de defensa
~6.400 – 7.200
El mito del «keynesianismo militar»
La inversión en sectores civiles de bienestar genera de forma consistente entre un 35% y un 160% más puestos de trabajo por euro que la industria armamentística, según el sector comparado, como se desprende de la tabla anterior.
Además, la asignación propuesta de 131.000 millones de euros exclusivamente a la ventana de defensa comunitaria ilustra un trasvase de recursos que habría transformado el panorama social europeo.
Al consolidar esta inmensa partida dentro del Marco Financiero Plurianual (MFP) 2028-2034, las instituciones europeas revelan que el rearme no es una medida de emergencia temporal frente a la crisis de Ucrania, sino un secuestro financiero crónico.
La Unión Europea está hipotecando su presupuesto a largo plazo para la próxima década, institucionalizando una economía de guerra permanente que hará irreversible el desmantelamiento de la cohesión social.
Para dimensionar esta pérdida material, basta señalar que esos recursos habrían permitido [7]:
Financiar íntegramente los salarios y cotizaciones de 300.000 profesionales de enfermería en los hospitales públicos de la UE a lo largo de diez años.
Construir más de medio millón de viviendas sociales nuevas y energéticamente eficientes.
Rehabilitar térmicamente 6,5 millones de hogares, combatiendo la pobreza energética.
Estas cifras no son teóricas: se traducen en una compresión directa del nivel de vida y en tensiones inflacionarias. La competencia por materias primas encarece las cadenas manufactureras civiles [1], mientras la acumulación de deuda mediante SAFE compromete la capacidad tributaria futura [7].
Voces de gran autoridad moral han señalado esta contradicción. El Papa León XIV, en su discurso del 14 de mayo de 2026 ante estudiantes italianos, afirmó: «No llamemos ‘defensa’ a un rearme que aumenta la tensión y la incertidumbre, reduce las inversiones en educación y sanidad, socava la confianza en la diplomacia y enriquece a las élites, a las que no les importa el bien común» [12].
Frente a estas evidencias, los defensores del rearme recurren a la vieja tesis del “keynesianismo militar”: el gasto en defensa estimularía la demanda agregada, generaría empleo industrial y dinamizaría la innovación tecnológica.
Los datos desmienten esta premisa. Como evidencia la matriz de multiplicadores analizada, la economía de guerra resulta intrínsecamente ineficiente como motor laboral frente a la inversión pública civil. Y a esta debilidad estructural interna se suma una fuga de valor hacia el exterior: el dinero de los contribuyentes europeos financia empleos en Texas, Connecticut o Arizona, no en las regiones europeas que necesitan revitalización.
Incluso John Maynard Keynes, cuyo nombre se invoca para justificar el estímulo militar, dejó claro que el gasto bélico no era superior al civil. En un discurso radiofónico de la BBC en mayo de 1939, tras reconocer que el rearme podría aliviar temporalmente el desempleo, advirtió: «Si podemos curar el desempleo para los propósitos desperdiciados de los armamentos, podemos curarlo para los propósitos productivos de la paz» [13]. La lógica keynesiana, por tanto, no justifica el rearme: lo que justifica es la inversión pública, y el gasto civil es más eficiente que el militar.
Pero si el gasto militar no genera empleo neto ni fortalece la economía, ¿por qué se insiste en él? La respuesta exige examinar a los actores que capturan los beneficios y el argumento que los legitima.
Los dueños del negocio
Desmontada la coartada económica de la supuesta creación de empleo, el establishment europeo recurre a su segundo escudo ideológico: el argumento de la paz. Quienes defienden este relato sostienen que la OTAN y el gasto militar han garantizado la paz en Europa desde 1945. Sin la disuasión de la Alianza Atlántica, afirman, el continente habría vuelto a los conflictos que marcaron su dramática historia.
Este argumento confunde dos cosas: la existencia de una alianza defensiva y la militarización acelerada que hoy se promueve. La OTAN no fue creada como un club de paz, sino como una alianza militar con un propósito defensivo concreto: contener a la Unión Soviética.
Durante la Guerra Fría, la disuasión funcionó en gran medida porque existían canales de comunicación y marcos de control de armamentos que hoy se han desmantelado. La situación actual es diferente: la OTAN se expande hacia las fronteras rusas, Europa se militariza sin diálogo con Moscú, y la retórica belicista alimenta una espiral de hostilidad.
Además, la paz en Europa no se ha sostenido solo con armas. El proyecto europeo se construyó sobre la integración económica, la cooperación institucional y el Estado del bienestar. Desviar recursos de esos pilares para financiar armamento no refuerza la paz; debilita los fundamentos materiales de la convivencia democrática.
En estas circunstancias, los beneficiarios reales y tangibles de la política de bloques son los grandes monopolios del complejo militar-industrial. Consorcios europeos como Rheinmetall, Thales, BAE Systems, KNDS, Leonardo y Saab han multiplicado sus carteras de pedidos y sus valoraciones bursátiles a expensas directas del erario público [14][15][16]:
Entidad
Cartera de Pedidos (2021)
Cartera de Pedidos (2025/26)
Revalorización Bursátil (2022-26)
Rheinmetall AG (DE)
€24.500M
€63.800M
+540% a +580%
BAE Systems (UK)
£44.000M
£83.600M
+145% a +165%
Thales Group (FR)
€34.800M
€53.000M
+120% a +140%
KNDS / Leonardo / Saab
€31.000M (agreg.)
€62.000M
+180% promedio
Rheinmetall AG: se convirtió en el epicentro continental de la producción terrestre y de munición, capitalizando la escasez de proyectiles de 155 mm y elevando sus márgenes operativos por encima del 20% [14][17].
BAE Systems plc: cerró 2025 con una cartera histórica y ejecutó programas de recompra de acciones y distribución de dividendos por más de 1.500 millones de libras anuales, transformando presupuestos públicos en liquidez para fondos de inversión globales como BlackRock y Vanguard [15][18].
Thales Group: acumuló una cartera récord con márgenes de dos dígitos en sistemas de radar, guerra electrónica y ciberdefensa [16].
El espejismo de la autonomía y el vasallaje atlántico
Sin embargo, incluso con estos contratos para los magnates continentales, la conveniencia de realizar semejantes inversiones en defensa resulta dudosa. La proclamada «Autonomía Estratégica Europea» no se materializa en los flujos de contratación. La inmensa mayoría de las nuevas adquisiciones fluyen hacia el otro lado del Atlántico.
Los datos desclasificados por el SIPRI revelan que, entre 2021 y 2025, el 58% de las importaciones de armamento realizadas por los Estados europeos miembros de la OTAN procedió directamente de fabricantes de Estados Unidos. Francia proveyó únicamente el 9,8% y Alemania el 7,1% [5].
Producción UE dependiente de nitrocelulosa importada
Sistemas críticos como los cazas F-35 (Lockheed Martin), las baterías Patriot (Raytheon) o los lanzacohetes HIMARS dominan las compras de la UE. A esa dependencia estadounidense se suma una dimensión que el discurso oficial europeo silencia: la integración creciente de la industria militar israelí en la arquitectura de defensa continental.
El sistema Arrow 3, adquirido por Alemania como pieza central de su escudo antiaéreo, es un desarrollo conjunto de Israel Aerospace Industries y Boeing, probado operativamente contra objetivos en Gaza y Líbano. Elbit Systems, el mayor fabricante de drones de Israel, ha suministrado componentes electrónicos, sistemas de guía y municiones avanzadas a la NSPA y a varios ministerios de defensa europeos.
No se trata de una relación comercial neutra: las mismas plataformas que Europa adquiere para su «defensa» han sido ensayadas sobre población civil palestina.
El complejo militar-industrial israelí funciona como laboratorio del eje imperial: las armas se prueban en condiciones de ocupación, se validan como ‘probadas en combate’ y se venden a los ejércitos europeos con un sello de eficacia que solo la impunidad puede garantizar.
Comprar Arrow 3 o contratar a Elbit no es un acto técnico. Es complicidad estructural con un régimen cuyas políticas la Corte Internacional de Justicia, en su opinión consultiva de julio de 2024, declaró contrarias al artículo 3 de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial —el artículo que prohíbe expresamente el apartheid y la segregación racial—, y que organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han documentado sistemáticamente como un régimen de apartheid y ocupación ilegal [19][20][21].
Pero esta captura va mucho más allá de la chatarra balística; se adentra en el corazón de la soberanía digital. La guerra contemporánea es algorítmica, y el rearme europeo está hipotecando sus bases de datos a los gigantes del tecnocapitalismo militar. Las adquisiciones europeas integran masivamente plataformas de inteligencia artificial y procesamiento masivo de datos de corporaciones estadounidenses como Palantir y gigantes tecnológicos israelíes.
Europa está comprando «soberanía» entregando el cerebro de sus operaciones militares a sistemas de vigilancia y algoritmos predictivos diseñados, controlados y operados desde el extranjero. No hay autonomía estratégica posible cuando los datos de inteligencia de un continente se procesan en los servidores de potencias extracomunitarias.
El sistema logístico y de software centralizado (ODIN) del F-35 otorga al Pentágono y a Lockheed Martin el control del mantenimiento y la capacidad operativa en tiempo real [22].
Como señaló el diputado español Txema Guijarro en junio de 2025, los euroburócratas hablan de un objetivo arbitrario que no se basa en un análisis de las necesidades reales de seguridad y que contradice el rumbo hacia una mayor autonomía estratégica de Europa respecto a EE. UU. “¿Alguien cree de verdad que la Unión Europea va a ganar la tan ansiada autonomía estratégica aumentando el gasto en Defensa cuando la mayor parte de las compras van destinadas a empresas norteamericanas?” [23].
Lejos de rectificar este rumbo, y bajo presión directa de Washington, los líderes europeos se plegaron en la Cumbre de la OTAN, celebrada en La Haya en junio de 2025, comprometiéndose a invertir el 5% del PIB anual para 2035 —con al menos un 3,5% en defensa central y hasta un 1,5% en gastos relacionados con seguridad—.
No se trata de una obligación legal vinculante, sino de un compromiso político sujeto a revisión en 2029 [24]. Esta meta, en economías con crecimiento moderado (0,5%-1,2% en la eurozona) y ratios de deuda superiores al 100% en varios Estados miembros, implica una presión estructural sobre los presupuestos públicos.
Francia, Polonia y Alemania: tres rutas hacia la misma sumisión
El rearme europeo, sin embargo, no es un bloque homogéneo. Existen diferencias profundas entre los Estados miembros que conviene reconocer para no simplificar el análisis.
Francia es el caso más singular. Como única potencia nuclear de la UE, París ha impulsado una agenda de «autonomía estratégica» que busca reducir la dependencia de Washington. Francia y el Reino Unido establecieron en 2025 un marco de coordinación de sus fuerzas de disuasión nuclear, formalizado mediante la creación de un Grupo de Dirección bilateral (Nuclear Steering Group) que celebró su primera reunión en diciembre de ese año [25], y Macron ha propuesto extender el paraguas nuclear francés a otros socios europeos [26].
Esta retórica autonomista, no obstante, coexiste con una dependencia crítica de componentes y tecnologías estadounidenses en sectores decisivos. La autonomía francesa es más declarativa que efectiva.
Polonia representa el extremo opuesto. Con un gasto en defensa que alcanza el 4,5% del PIB en 2025 —el más alto de la OTAN—, Varsovia ha apostado por una modernización militar acelerada que combina compras masivas a Estados Unidos (HIMARS, Patriot, Apaches) con acuerdos con Corea del Sur (casi 1.000 tanques K2, más de 350 obuses K9) [27].
La memoria de la ocupación nazi y la dominación soviética es un hecho histórico. Pero esa memoria ha sido instrumentalizada por las élites polacas y el aparato atlantista para justificar un rearme que, lejos de garantizar la seguridad del país, lo encadena a la dependencia tecnológica y financiera de Washington.
El trauma histórico puede ser real; la conclusión que se extrae de él —comprar masivamente a Lockheed Martin, Raytheon y Hyundai Rotem— no es una respuesta de seguridad, sino una operación de captura. Polonia no responde a una amenaza presente: responde a un relato construido sobre una herida pasada, y ese relato beneficia a quienes venden las armas.
Alemania ocupa una posición intermedia y contradictoria. Tras décadas de «dividendo de la paz», Berlín aprobó en 2025 una reforma constitucional para permitir endeudamiento ilimitado en defensa, con un presupuesto que alcanzará los 108.000 millones de euros en 2026 y los 152.800 millones en 2029 [28].
Pero este rearme enfrenta obstáculos estructurales: dependencia de proveedores externos —entre ellos Israel, cuyo sistema Arrow 3 constituye la columna vertebral del escudo antiaéreo alemán—, problemas de reclutamiento por razones demográficas, y críticas sociales por el impacto en el gasto sanitario y educativo.
En definitiva, los tres modelos —la autonomía declarativa francesa, la compra masiva polaca y el rearme constitucional alemán— comparten un rasgo común: ninguno ha logrado traducir su esfuerzo financiero en seguridad proporcional. Francia sigue dependiendo de componentes críticos estadounidenses, Polonia compra a terceros lo que no produce, y Alemania no consigue construir una industria de defensa competitiva a pesar de su músculo presupuestario.
El resultado es un gasto militar que crece sin generar autonomía estratégica real. A esta sumisión bélica se suma el expolio energético, el verdadero motor no declarado del conflicto.
Al cortar los lazos con la energía barata rusa —el cimiento histórico de su competitividad industrial—, Europa cayó en un doble vasallaje frente a Washington: hoy no solo depende de Estados Unidos para armar a sus ejércitos, sino que está atada al costoso Gas Natural Licuado (GNL) norteamericano para evitar el apagón de sus fábricas. Es una pinza extractiva perfecta. Europa financia el rearme atlantista mientras sufre un proceso de desindustrialización acelerada provocado por los propios costes de la energía.
La sumisión no exige obediencia explícita: basta con que todas las opciones disponibles conduzcan al mismo lugar. Francia, Polonia y Alemania recorren caminos distintos, pero los tres desembocan en la dependencia tecnológica, financiera y operativa del complejo militar-industrial atlantista. No es sumisión voluntaria; es captura estructural.
El secuestro de las élites y el negocio del miedo
¿Por qué las élites europeas no logran —o no quieren— escapar de esta captura? No es solo por miedo a Rusia ni por incompetencia. Hay razones estructurales que conviene examinar.
Primero, la integración de las élites políticas y militares europeas en las redes transatlánticas: generaciones de funcionarios, diplomáticos y oficiales se han formado en instituciones estadounidenses y han hecho carrera en estructuras vinculadas a la OTAN, lo que genera una afinidad estructural difícil de romper.
Segundo, el peso del complejo militar-industrial: las empresas de defensa no solo venden armas, también financian campañas, colocan a exfuncionarios en puestos clave y participan en grupos de trabajo que definen las políticas de adquisición.
Tercero, la ausencia de un proyecto político alternativo: la socialdemocracia europea abandonó hace décadas el proyecto de transformación social y se ha integrado en el consenso neoliberal. Sin una alternativa, la militarización se presenta como la única respuesta posible.
Y cuarto, el miedo como herramienta de legitimación. La «amenaza rusa» no es un dato de la naturaleza, sino una construcción política sostenida por un lenguaje bélico incesante.
Las élites occidentales, amplificadas por los grandes grupos mediáticos, han normalizado un vocabulario de confrontación —hablan de «economía de guerra», de «victoria total», de «amenaza existencial»— que no solo justifica el gasto militar, sino que provoca la reacción defensiva y hostil de Moscú.
Es una profecía autocumplida orquestada desde las cancillerías y los platós de televisión: se tensa la cuerda retórica, se militariza la frontera, y cuando la contraparte responde a esa asfixia estratégica, se presenta su reacción como la prueba irrefutable de su agresividad. El miedo es funcional al sistema porque silencia el disenso y convierte la diplomacia en traición.
Esta paradoja no es casual. La opacidad que rodea a las adquisiciones militares —justificada por la «confidencialidad de defensa» y el secreto de Estado— impide el escrutinio público y parlamentario que toda inversión de esta magnitud exigiría. Y donde no hay control democrático, proliferan los intermediarios, el tráfico de influencias y las comisiones ilegales.
La falta de resultados tangibles en seguridad no es solo un problema de eficiencia: es el síntoma de un sistema de contratación capturado por redes de interés que anteponen el lucro privado al bien común. Es en ese caldo de cultivo donde estalla el escándalo de la Agencia de Apoyo y Adquisiciones de la OTAN (NSPA).
Las élites europeas han entregado la autonomía industrial y energética del continente a los monopolios atlantistas, justificando el saqueo bajo la coartada de una amenaza inminente. Pero este despojo no solo obedece a presiones geopolíticas; se sostiene sobre un andamiaje de sobornos y puertas giratorias.
En la segunda entrega de esta investigación, destaparemos la red de corrupción que sacudió los cimientos de la agencia de adquisiciones de la OTAN, la impunidad judicial que protege a Estados Unidos y las contundentes alternativas de seguridad que hoy exige la ciudadanía en las calles de Europa.
[6] Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). (2026). SIPRI Military Expenditure Database [Conjunto de datos / Dataset]. Solna: SIPRI Publications. Disponible en: https://milex.sipri.org/sipri
[7] Costs of War Project. Economic Costs: The Macroeconomic Opportunity Costs of Military Spending. Watson Institute for International and Public Affairs, Brown University. Disponible en: https://costsofwar.watson.brown.edu/costs/economic
[11] Watson Institute for International and Public Affairs – Brown University. (2025, Noviembre). The Costs of War: Profits of War and Corporate Monopoly in Western Rearmament Strategies. Providence: Brown University. Disponible en: https://home.watson.brown.edu/research/research-briefs/profits-war
[13] Keynes, John Maynard. «Will Re-armament Cure Unemployment?». The Listener, 1 de junio de 1939, pp. 528-532. Transmisión radiofónica de la BBC, 23 de mayo de 1939. Reimpreso en: The Collected Writings of John Maynard Keynes, Vol. XXI: Activities 1931-1939. Londres: Macmillan, 1982.
[15] BAE Systems plc. (2026, Febrero-Julio). Full Year Results 2025 and Half Year Results 2026: Order Backlog Analysis (£83.6bn) and Capital Allocation Report. Londres: BAE Systems Media Centre. Disponible en: https://investors.baesystems.com/why-invest-in-bae-systems
[19] Corte Internacional de Justicia (CIJ). Legal Consequences arising from the Policies and Practices of Israel in the Occupied Palestinian Territory, including East Jerusalem. Advisory Opinion, 19 de julio de 2024. La Haya: ICJ. Publicación ONU: 19 de diciembre de 2024. Disponible en: https://www.un.org/unispal/document/report-of-the-secretary-general-icj-19dec24/
[27] Yonhap News Agency. Hyundai Glovis completes delivery of K2 tanks, K9 howitzers to Poland. Seúl, 17 de noviembre de 2025. Disponible en: https://en.yna.co.kr/view/AEN20251117002500320