lunes, 2 de febrero de 2026

El final de Israel.

                                                                     



 Ilan Pappé: «Israel ya ha sellado su destino». 


Entrevista a Ilan Pappé 


01/02/2026


 «El Estado judío no es una democracia, sino un régimen de apartheid. El mundo dirá basta algún día, tal como ocurrió con Sudáfrica. Netanyahu sueña con otra Esparta. No se puede seguir así». El historiador israelí predice a The Post Internazionale (TPI) el derrumbe del sionismo y su visión de la paz: «El derrumbe se producirá desde dentro. La élite económica y cultural ya está abandonando el país, sin ella será difícil que todo funcione. ¿El futuro? Es necesario volver al mosaico étnico y cultural regional anterior, dentro de una estructura política flexible».

Ilan Pappé está convencido de ello: para Israel ha comenzado el principio del fin. «No sé exactamente cómo, pero llegará el momento en que los gobiernos del resto del mundo digan también que ya han tenido suficiente, tal como ocurrió con el apartheid en Sudáfrica», predice el historiador israelí en su entrevista con Andrea Lanzetta para TPI. Esta «descolonización» del Estado judío, tal como la define Pappé en su nuevo libro, «El final de Israel» [Akal, 2026], ni siquiera precisará de una guerra, sino de un «proceso largo y, por desgracia, doloroso», el cual, sin embargo, ya ha comenzado. El análisis del historiador israelí parte de la fractura, que nunca se ha soldado, ni siquiera tras el trauma del 7 de octubre y las matanzas de Gaza, entre dos entidades sionistas diferentes: el «Estado de Judea» y el «Estado de Israel». Si la primera se describe como el frente extremista de derecha, religioso y con rasgos mesiánicos aliado del primer ministro Benjamin Netanyahu, la otra sigue anclada en los valores liberales y laicos de la fundación y, a menudo, se alinea con la oposición. Sin embargo, ambos, aunque se disputan no sólo el poder, sino también el alma del Estado judío, seguirían unidos por el apoyo a un sistema que niega a los palestinos sus derechos civiles y humanos. Este único denominador común y la fractura entre los dos bandos opuestos contribuyen a la polarización política en Israel y acabarán, nos explica Pappé, determinando su fin. Un epílogo que, según el historiador, abrirá nuevas oportunidades para la paz.

Profesor Pappé, ¿ha llegado por fin el fatídico «día después» en Palestina?

En este momento estamos asistiendo al «día después de Trump» o al «día después de Qatar», cuando lo que necesitábamos era un «día después palestino». Sólo si realmente se basara éste en la justicia, la igualdad y la democracia, podría haber contribuido a galvanizar el apoyo regional e internacional a la paz y funcionar de verdad.

Empecemos por Israel, el único Estado democrático de la región. ¿La democracia de quién?

Una de las mayores invenciones del sionismo es que Israel es una democracia. Es cierto que no hay democracias en Oriente Medio, pero Israel tampoco es una democracia.

¿Por qué?

Yo enseño ciencias políticas y si alguno de mis alumnos me presentara un ensayo en el que llegara a la conclusión de que Israel es una democracia, lo suspendería. No desde un punto de vista ideológico o por puro espíritu polémico, sino porque nada demuestra esa tesis.

Los árabes israelíes, por ejemplo, pueden votar y ser elegidos para el Parlamento

El hecho de que en Israel algunos ciudadanos palestinos puedan votar o ser elegidos no es en sí mismo una prueba de que se trate de una democracia. En su día, en Rumanía se podía votar en las elecciones y, por eso, Ceaușescu la definía como una república democrática. Pero hay que examinar detenidamente la situación y reconocer que Israel es un régimen de apartheid que no garantiza la igualdad de derechos a las personas no judías. No hay un solo habitante palestino, ya sea de la Cisjordania ocupada o de la Franja de Gaza sitiada, que pueda decir que ha vivido desde 1948en una democracia. Un Estado que ocupa el territorio en el que viven millones de personas desde hace más de 58 años [desde 1967, nde (nota del editor)] no es una democracia. Un Estado que, por ley, considera a los no judíos como ciudadanos de segunda clase no puede ser una democracia. Antes lo era para los ciudadanos judíos, pero ahora tenemos que esperar y ver cómo evoluciona la lucha entre lo que yo llamo el «Estado de Judea» y el «Estado de Israel».

Gil Troy, historiador sionista de derechas, nos los describió como «dos «tribus» que se enfrentaron por la reforma judicial», pero que luego «dejaron de lado sus diferencias para salvar a Israel después del 7 de octubre». Dos años después, ¿quién ha ganado de las dos?

No estoy de acuerdo con Troy en que los contendientes hayan dejado de lado sus diferencias, sino todo lo contrario. Y tampoco creo que la lucha haya terminado debido a la guerra. La gran sorpresa es precisamente que, a pesar del trauma del 7 de octubre y del conflicto, la contienda haya continuado, a veces incluso de forma muy violenta. Tomemos el caso de los rehenes: el «Estado de Judea» [la extrema derecha religiosa, nde] pensaba que la mayoría de ellos pertenecía al «Estado de Israel» [el segmento liberal y laico de la sociedad israelí, nde] y no mostraba gran interés por su suerte, oponiéndose hasta el final a cualquier plan de intercambio con los presos políticos [palestinos, nde]. No sé si en Italia se entendió, porque el debate se desarrolló principalmente en hebreo, pero en estos dos años se han dicho cosas terribles sobre las familias de los rehenes. Por lo tanto, la fractura sigue siendo muy profunda.

¿Prevé una reconciliación?

No, al contrario. Esta división seguirá profundizándose y empeorará aún más. De hecho, con el alivio de la tensión bélica, se hará aún más evidente. El enfrentamiento seguirá en el ámbito del sistema judicial porque el «Estado de Judea» ya domina la política, los aparatos de seguridad y el ejército.

¿Cómo terminará todo esto?

No creo que el «Estado de Israel» tenga ninguna posibilidad. Creo que el «Estado de Judea» podría acabar engulléndolo, y que entonces el mundo tendrá que aceptar esta realidad, olvidando lo que sabía del antiguo Israel, con el que era más fácil tratar porque, al menos en su momento, respetaba ciertos valores de liberalismo, universalismo y, sobre todo, socialismo. Pero todo esto acabará desapareciendo.

¿Con qué resultado?

Israel se está convirtiendo en un régimen cada vez más teocrático, racista y religioso. Muchas personas que se consideran laicas y progresistas se marcharán en el futuro y muchas ya se han marchado. Ya está ocurriendo.

¿A qué conducirá esta especie de «revolución» demográfica?

Creará las condiciones para el auge de lo que yo llamo el «Estado de Judea», el cual, me temo, se mostrará especialmente feroz y brutal con los palestinos y aún más agresivo con los Estados árabes vecinos. Pero es solo una primera fase: las consecuencias de todo esto darán lugar a otra.

¿Cuál?

Esta situación no podrá durar mucho tiempo y entonces surgirán nuevas y diferentes oportunidades. Pero no mientras el «Estado de Judea», como yo lo llamo, se mantenga en el poder, sino solamente cuando éste se derrumbe, y no creo que sea capaz de mantenerse durante mucho tiempo.

¿Por qué?

El hecho es que la élite cultural y económica ya está abandonando el país. Sin estas personas, será muy difícil que el Estado, tal y como lo conocemos, siga funcionando. En segundo lugar, este Estado acabará aislado. Ahora está aislado de la sociedad civil, pero creo que, hasta por razones cínicas, los gobiernos y los políticos acabarán siguiendo a sus respectivas sociedades, tanto en el mundo árabe como en el resto de la comunidad internacional. Un Estado así no tiene ninguna posibilidad ni opción de seguir funcionando. Proseguirá, sin duda, fabricando armas y resulta extremadamente cínico por parte de las industrias militares seguir comerciando con una entidad así. Pero si miramos la historia, esto no es, desde luego, suficiente para sostener un Estado.

Israel ha ganado todas las guerras, pero nunca ha alcanzado la paz

Benjamin Netanyahu ha anunciado, como si fuera una noticia positiva, que Israel será una nueva Esparta, pero debería aprender historia. Sin embargo, estoy de acuerdo en que, como una especie de Prusia, está tratando de convertirse en ello. En lugar de un Estado, está tratando de ser un ejército con un Estado. Y esto puede continuar, pero solo por algún tiempo.

¿Cuándo y cómo debería producirse este derrumbe?

No sé exactamente cómo sucederá, pero imagino que ocurrirá en el momento en que los gobiernos del mundo digan que ya han tenido suficiente, como ocurrió con el apartheid en Sudáfrica, o cuando los Estados árabes vecinos se sientan obligados a escuchar a sus pueblos. No estoy diciendo que deban ir a la guerra: bastará con que planteen la hipótesis de recurrir a la fuerza si Israel continúa así. Todo esto puede provocar un derrumbe desde dentro».

¿Cómo se lo imagina?

No pienso en la típica caída de un régimen colonial, con un ejército de liberación que entra en la capital y expulsa a los antiguos amos franceses o ingleses. Creo que asistiremos a un proceso muy diferente y, por desgracia, mucho más largo y doloroso. En lugar de una ocupación palestina de Israel, se producirá un derrumbe interno. Pero creo que esto creará una nueva oportunidad.

¿Qué pasará entonces?

Sólo estoy seguro, tal como escribo en mi libro, de que llegará ese momento, pero no estoy nada seguro de que los palestinos sean capaces de llenar el vacío con un plan claro, no sólo de descolonización, sino también de postcolonialismo. Por ahora no lo tienen, pero espero que lo tengan algún día. Soy bastante optimista, pero necesitan un proyecto claro para lo que el mundo llama hoy en día cínicamente «el día después».

La diáspora judía, tal como destaca en su libro, también podría desempeñar un papel en este proceso, especialmente en Estados Unidos. Pero, ¿cuál?

Me ha inspirado y animado mucho la joven generación de judíos de Norteamérica. Es evidente que, a diferencia de sus padres, no creen que para identificarse como judíos norteamericanos haya que mostrar lealtad a Israel. Se puede identificar uno con su judaísmo sin ser practicante, sin profesar el sionismo. Además, para algunos, la salida del sionismo pasa también por el compromiso con el movimiento de solidaridad con los palestinos. Por lo tanto, espero que desempeñen un papel importante a la hora de enviar un mensaje a Israel: «No habléis en nombre del pueblo judío». Imaginemos lo que pasaría si muchos judíos del mundo afirmaran que Israel no es un Estado judío.

¿Qué pasaría?

Tomemos, por ejemplo, un país como Alemania, que basa toda su política proisraelí en el hecho de haberse comprometido con el pueblo judío. Una postura comprensible, teniendo en cuenta lo que hicieron [en la Segunda Guerra Mundial, nde]. Pero, ¿qué pasaría si los judíos —en gran número y no solo a través de algunas voces marginales, sino respaldados por figuras destacadas— le dijeran a Alemania: «Esto no es un Estado judío. Si se sienten responsables de los judíos del mundo, ayúdennos mejor en los Estados Unidos o aquí en Alemania». Imaginen lo que pasaría si los judíos del mundo empezasen a decir: «Lo que vemos no es un Estado judío, sino algo que, a nuestros ojos, es contrario a los valores del judaísmo».

¿Qué debería hacer el resto del mundo?

En primer lugar, creo que es necesario reconocer que Palestina forma parte del mundo árabe. El sionismo ha logrado convencer a todo el mundo de que Palestina no existe en el mundo árabe, sino sólo [en las protestas, nde] en Europa. Sin embargo, cuando se comprende que se trata de una realidad geográfica y no ideológica, Palestina pasa a formar parte de los problemas del mundo árabe y también de sus soluciones. Además, se descubre, como he escrito también en el libro, que el Líbano, Siria y Jordania tienen problemas similares a los de Palestina.

Usted habla de un futuro «postsionista». ¿Nos lo puede describir?

Después de la Primera Guerra Mundial, las potencias coloniales obligaron, en cierto modo, a un mosaico de diferentes grupos a construir Estados-nación siguiendo el modelo europeo. Un sistema que, como resulta evidente, no funciona del todo en esta región. Yo imagino más bien un retorno al mosaico anterior, obviamente sin una resurrección irrealista del Imperio Otomano, sino dentro de una estructura política muy flexible. No sé si se tratará de construir algo similar a la Unión Europea o una especie de Unión Árabe del Mediterráneo Oriental. Dejaría que fueran los propios pueblos los que decidieran. Sin embargo, tendrá que ser algo que permita a los distintos grupos, si así lo desean, mantener su identidad étnica y cultural, pero no a expensas de otros. Y, desde luego, sin el control de otro Estado. Este es el tipo de ideas que escucho de muchos jóvenes en Irak, Líbano, Siria y Jordania.

¿Qué pasaría entonces con Israel y sus casi diez millones de habitantes?

Los judíos de lo que hoy es Israel también podrían formar uno de estos grupos, pero no un pueblo separado que goce de privilegios excepcionales. Sin un desarrollo de este tipo, corremos el riesgo de que en el Líbano u otros países vecinos se repita lo que ha ocurrido en Siria en los últimos doce años. Creo que es la única manera de encontrar una salida a los graves problemas que asolan esta parte del mundo.

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lan Pappé  historiador y politólogo israelí, es profesor de la Facultad de Ciencias Sociales y Estudios Internacionales de la Universidad de Exeter (Reino Unido), director del Centro Europeo de Estudios sobre Palestina y codirector del Centro de Estudios Etnopolíticos de Exeter.

Fuente:

The Post Internazionale, 23 de enero de 2026

 

Traducción:Lucas Antón

domingo, 1 de febrero de 2026

La fabricación del " numero de muertos" en las protestas en Irán .

 

Las protestas en Irán y el juego sucio de las cifras: la fabricación del ‘número de muertos’


 



Robert Inlakesh



 31/01/2026 | 

El ecosistema financiado por Estados Unidos de «grupos de derechos humanos» iraníes, agentes israelíes y activistas monárquicos se ha convertido en una puerta giratoria de estadísticas no verificables y de una propaganda atroz.

Desde que la República Islámica de Irán impuso un apagón nacional de Internet para reprimir lo que calificó de disturbios respaldados por inteligencia extranjera y una insurgencia terrorista, las cifras de muertos y heridos no verificables se han difundido rápidamente.

Estas afirmaciones –ninguna de las cuales aporta pruebas creíbles– siguen circulando de forma coordinada, amplificadas tanto por los medios de oposición iraníes como por la prensa occidental dominante.

En medio de la oleada de cobertura occidental sobre las protestas iraníes, una ONG con sede en Toronto emitió una escandalosa afirmación: Irán había matado a 43.000 manifestantes y herido a otros 350.000. El grupo responsable de la cifra, el Centro Internacional de Derechos Humanos (CIDH) no ofreció imágenes, ni datos forenses ni pruebas verificables de forma independiente. Sin embargo, esta estadística —publicada en blog de 900 palabras— fue catapultada al debate público por el comediante británico-iraní y simpatizante de la oposición, Omid Djalili, quien la publicó en la parte superior de su perfil X.

Tal como se pretendía, la afirmación se viralizó. Lo mismo ocurrió con cifras de muertos similares o incluso más extremas. Influencers monárquicos las repitieron en redes sociales, medios de la oposición como Iran International las reciclaron y finalmente las introdujeron en la cobertura mediática corporativa occidental. Las cifras variaban enormemente —de 5.848 a 80.000 muertos— y carecían incluso de fundamento. Pero todas tenían un claro propósito político: justificar un cambio de régimen en la República Islámica.

Las fachadas de la CIA haciéndose pasar por grupos de derechos humanos

La estimación más baja de muertes en las protestas en Irán —5.848 personas— provino del grupo estadounidense Activistas de Derechos Humanos en Irán (HRAI), que admite que aún está investigando 17.000 casos adicionales. HRAI no es un árbitro independiente. En 2021, se asoció con la Fundación Nacional para la Democracia (NED), una herramienta estadounidense de poder blando creada durante el gobierno del expresidente Ronald Reagan para continuar el trabajo de la CIA bajo la cobertura de ONG.

Otra fuente frecuente de información sobre las cifras de muertos en Irán es el Centro Abdorrahman Boroumand para los Derechos Humanos en Irán, también financiado por la NED. Uno de sus miembros es Francis Fukuyama, firmante del infame proyecto neoconservador para la «Guerra contra el Terror», el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano (PNAC).

También está United Against Nuclear Iran (UANI), que  afirmó que 12.000 iraníes murieron en las últimas protestas. Este grupo de presión, que presionó con éxito al Foro Económico Mundial (FEM) para que desinvitara al ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, cuenta entre sus filas con el exjefe del Mossad, Meir Dagan; el actual secretario de Guerra de EE. UU., Pete Hegseth; y Dennis Ross, del grupo de expertos WINEP del lobby israelí.

Estas entidades alimentan una puerta giratoria de narrativas, todas diseñadas para deslegitimar a la República Islámica, descontextualizar el malestar interno y dar luz verde a la intromisión extranjera.

Máquinas de indignación y agitadores de guerra respaldados por Israel

La CIDH, el grupo responsable de la afirmación de las 43.000 muertes, tiene su sede en Canadá y se centra casi exclusivamente en Irán. Celebra abiertamente los asesinatos israelíes de líderes de la resistencia, como el difunto secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah, y elogia la creciente amistad entre Israel y la oposición iraní. Su director ejecutivo, Ardeshir Zarezadeh, ha publicado fotos suyas posando con banderas israelíes y monárquicas mientras brinda con vino.

La organización también emplea un lenguaje extremadamente sesgado políticamente, como etiquetar al gobierno iraní como “ el régimen criminal que ocupa Irán” en comunicados de prensa oficiales.

A pesar de su grandilocuencia, el informe de la CIDH no ofrece ninguna prueba. Se basa en un «análisis comparativo de investigación» no verificable y con fuentes anónimas, y afirma falsamente que el 95 % de los asesinatos ocurrieron en tan solo dos días. No hay imágenes que se acerquen a las cifras que alega.

Mientras tanto, el Centro de Documentación de Derechos Humanos de Irán (IHRDC), otra organización financiada por el Departamento de Estado de EE. UU., promovió en una ocasión la extraña afirmación de que un manifestante fingió su muerte y se escondió en una bolsa para cadáveres durante tres días. Incluso el IHRDC admitió no poder verificar la historia, pero el medio de oposición Iran International la difundió de todos modos, omitiendo que se trataba de una ficción.

Activistas de extrema derecha en Occidente, como  Tommy Robinson, e influencers monárquicos han difundido historias aún más descabelladas, incluyendo la acusación de que las fuerzas de seguridad iraníes asfixian a manifestantes metiéndolos vivos en bolsas para cadáveres. No se necesitan pruebas. Solo una nota de voz anónima.

El gobierno estadounidense tambien ha consultado al IHRDC para orientarles en su política de sanciones, incluyendo la creación de una lista negra de ciudadanos iraníes. Su director ejecutivo, Shahin Milani publicó recientemente en X las propuestas del presidente estadounidense Donald Trump advirtiendo que si los manifestantes no respaldan de manera abrumadora el apoyo estadounidense para debilitar a las fuerzas armadas del régimen, constituirían la mayor traición de Occidente a los iraníes.

Esto es parte de una  estrategia estadounidense más amplia mediante la cual Washington ha financiado a docenas de ONG centradas exclusivamente en Irán, desde organizaciones de derechos de las mujeres hasta grupos de defensa de minorías étnicas, todas ellas encargadas de alimentar la arquitectura narrativa de la necesidad de un cambio de régimen.

Fabricando atrocidades, blanqueando mentiras

El flujo de propaganda va desde influencers en línea hasta medios occidentales. Por ejemplo, la activista online Sana Ebrahimi  afirmó que 80.000 manifestantes habían sido asesinados, citando únicamente a un amigo «en contacto con fuentes dentro del gobierno». Su publicación obtuvo más de 370.000 visitas.

Poco después, la emisora ​​de radio británica LBC News  citó  a un activista iraní de derechos humanos llamado Paul Smith, quien elevó la cifra de muertos a entre 45.000 y 80.000. Resulta que Smith es un activista pro cambio de régimen en redes sociales que apoya la intervención militar estadounidense en Irán.

En octubre de 2025, el diario israelí Haaretz expuso cómo Tel Aviv financia granjas de bots de habla farsi para promover a Reza Pahlavi, el hijo exiliado del exmonarca iraní, y difundir propaganda antigubernamental. Estos mismos bots contribuyeron a inflar las narrativas de protesta en Irán en 2022. Se trata de una  campaña de guerra digital camuflada en la indignación popular.

La revista Time afirmó que  30.000 iraníes habían muerto, citando a dos funcionarios anónimos del Ministerio de Salud. Iran International superó esa cifra, citando sus propias fuentes no verificables para  afirmar más de 36.000 muertes.

Solo Amnistía Internacional, a pesar de su postura hostil hacia Teherán, se abstuvo de especificar una cifra, limitándose a afirmar que habían muerto «miles«. Esta estimación coincide aproximadamente con las cifras de Teherán: la Fundación Iraní para Asuntos de Mártires y Veteranos informa de 3117 muertes, incluidas 2427 civiles y personal de seguridad.

Cuando las mentiras se convierten en casus belli

Existen numerosas críticas legítimas al Estado iraní. Pero lo que presenciamos ahora es una ofensiva de desinformación coordinada impulsada por redes respaldadas por Washington, los brazos propagandísticos de Tel Aviv, monárquicos y otros opositores en el exilio, y la prensa corporativa complaciente. 

Las grotescas cifras de muertos y las historias fantasma de atrocidades que circulan siguen un clásico manual imperial: los bebés falsos de incubación en Kuwait en 1990, las falsas afirmaciones sobre armas de destrucción masiva en Irak en 2003, el inventado «genocidio» libio en 2011 y las interminables mentiras sobre armas químicas en Siria. En cada ocasión, el propósito fue el mismo: crear un «casus belli».

Las personas que murieron en las protestas en Irán se han convertido en elementos de otra guerra narrativa apoyada desde el extranjero, sentando las bases para una intervención selectiva disfrazada de preocupación humanitaria.

Fuente: https://thecradle.co/articles/irans-protests-and-the-dirty-numbers-game-the-manufactured-death-toll..

Traducido del inglés por Marwan Pérez para Rebelión

Las protestas en Irán y el juego sucio de las cifras: la fabricación del ‘número de muertos’ – Rebelion

 Nota del  blog .-A  esto se  agregó The Guardian , en realidad copiando pero con variaciones las mentiras de  Times ..Más de 30.000 muertos en Irán, dicen altos funcionarios | HORA.. y  en España  publicado en el Diario.es  Cuerpos desaparecidos y entierros masivos: cuál es el balance real de muertos en las protestas en Irán.

La revista Time alegó que Irán asesinó a 30 000 manifestantes en solo dos días, una falacia basada en una fuente vinculada al exiliado hijo del depuesto rey iraní.

Basándose en la afirmación de una única fuente muy cuestionable, un artículo de la revista TIME alega, sin prueba alguna, que el Gobierno iraní mató a 30 000 personas los días 8 y 9 de enero. Según la fuente, los datos se sustentan en declaraciones de “dos altos funcionarios del Ministerio de Salud del país”, aunque TIME reconoce que “no ha podido verificar la información de manera independiente”.

La única fuente identificada para esta falacia es un cirujano oftalmólogo germano-iraní, identificado como Amir Parasta, quien aseguró que el “recuento subrepticio de muertes registrado por los hospitales ascendía a 30 304 hasta el viernes (el 9 de enero)”.

Esto mientras la Fundación para Asuntos de Mártires y Veteranos de Irán declaró que unas 3117 personas perdieron la vida; 2427 eran civiles y fuerzas de seguridad del país, mientras que otras 690 eran terroristas.

Aparentemente, Parasta fue el responsable de que el informe fuera publicado en TIME, dado que compartió el reporte en Instagram y lo calificó de “nuestro informe”. El aludido hombre ha sido citado como una fuente autorizada sobre el número de manifestantes iraníes fallecidos en otros medios como DW, New York Post, Haaretz y The Times of London.

Sin embargo, un examen más detallado de Parasta revela que no se trata de un médico con probidad en el ejercicio de su labor, sino de un lobbista del hijo del último monarca de Irán, Reza Pahlavi, respaldado por Israel, así como de una operación estadounidense-israelí orientada a un cambio de gobierno en el país.

Parasta trabaja como “asesor en materia especializada” en la llamada Unión Nacional para la Democracia en Irán (NUFDI, por sus siglas en inglés), un grupo de lobby a favor del referido títere, apoyado por Israel y Estados Unidos, Reza Pahlavi.

Como mínimo The Guardian debía  de mencionar  la explicaciones del gobierno iraní .

Irán ha calificado de pura “mentira” al estilo del líder de Alemania Nazi Adolf Hitler un informe de Time que cifra en unos 30 000 los asesinados durante recientes disturbios en el país.

“Una GRAN MENTIRA al estilo Hitler”, ha escrito este domingo el portavoz de la Cancillería iraní, Esmail Baqai, en X, anexando una publicación de Open Source Intel en la que citó un informe de Time, que acusaba a las autoridades iraníes de matar a unos 30 000 manifestantes durante las protestas violentas acaecidas el 8 y 9 de enero en todo Irán.

El  portavoz de la Diplomacia  iraní ha recordado el apoyo de actores externos hostiles a actos violentos ocurridos en Irán a principios de este mes, afirmando que esta cifra podría ser “el número de personas que planeaban matar en las calles de Irán”.

Ha destacado que ese complot fracasó y señalado que los organizadores de disturbios “ahora intentan falsificarlo en los medios. ¡Una auténtica barbaridad!”.

A finales del mes pasado, las dificultades económicas, causadas y exacerbadas por años de sanciones occidentales, desencadenaron una ola de protestas pacíficas entre comerciantes en Teherán y otras ciudades, las cuales se tornaron violentas debido al apoyo político y armamentístico de Estados Unidos e Israel  protestas  violentas  destrozaron  propiedad pública y asesinaron a cientos de civiles y fuerzas del orden .

Las autoridades iraníes han contabilizado más de 3117 muertos, entre ellos 2427 son civiles y fuerzas de seguridad, y el resto son terroristas y agitadores.

O  sea que esta información  ya había salido en Times   y ahora The Guardian la repite   y retoca  con método de    storytelling con  informaciones  que  llama propias    y anónimas

Que   The Guardian se  añada  a esas manipulaciones  demuestra bien claro  la basura   desinformativa  en que se ha convertido..

Las campañas de desinformación divulgan muertes falsas para desacreditar a Irán, mientras las mentiras buscan sembrar caos y manipular la opinión publica internacional.

Uno de los varios casos más claros es el de una joven iraní que fue presentada falsamente como asesinada durante los disturbios. Tras recuperar el acceso a internet, la propia joven desmintió públicamente estas noticias.

La chica, que se llama Mobina Beheshti, asegura que le sorprende “quién ha hecho estas cosas y por qué las hacen”, cuando la persona está “a salvo”. “¿Por qué deberían difundirse fotos de mi muerte?”

Este episodio no es un hecho aislado. Medios  como Iran International y Manoto, junto con cuentas vinculadas al régimen israelí, han desempeñado un papel central en la amplificación de cifras exageradas, imágenes falsas y narrativas fabricadas para presentar una imagen distorsionada de la realidad en Irán. 

Esto no es el único caso. Una joven israelí se sorprendió al ver cómo la televisión del régimen la presenta como supuesta víctima de recientes sucesos en Irán para acusar al país persa de matarla. La joven llamada Noya Zion publicó el domingo un vídeo en la plataforma TikTok en el que se ve una foto suya en una emisión del Channel 12 de Israel difundido para expandir falsos informes de muertes en Irán.

En otro caso, la actriz turca Tuba Büyüküstün también fue declarada falsamente asesinada. Cuentas vinculadas a Israel circularon imágenes de “víctimas de protestas” sin pruebas. Esto es parte de una campaña mediática anti-Irán más amplia de Occidente, Israel y medios hostiles, usando información errónea para demonizar a Irán.

El Secretario del Tesoro en Estados Unidos, Scott Bessent, lo expuso de forma muy clara y explícita en Davos, casi de forma caricaturesca. El entrevistador le pregunta: «¿Qué quiere decir sobre las sanciones?. ¿Qué planea con respecto a Irán y su impacto allí? Bessent respondió : «Bueno, si miran un discurso que di en el Club Económico de Nueva York en marzo pasado, dije que creía que la moneda iraní estaba al borde del colapso. Que si yo fuera ciudadano iraní, retiraría mi dinero. El presidente Trump ordenó al Tesoro y a nuestra Oficina de Control de Activos Extranjeros, que ejercieran la máxima presión sobre Irán , y funcionó porque en diciembre su economía colapsó. El banco central comenzó a imprimir dinero. Hay escasez de dólares… Y por eso la gente salió a las calles. Así que esto es arte de gobernar económicamente. No hubo disparos y las cosas se están moviendo de manera muy positiva para nosotros” . Es una declaración escandalosa . Tan escandalosa que el New York Times no se atrevió a informarla. El Washington Post no se atrevió a informarla. Porque lo que Bessent explica es que Estados Unidos ha utilizado sus recursos financieros para derrocar al gobierno, sacar a la gente a las calles y provocar disturbios masivos. Pero ese método de cambio de régimen no ha funcionado. De ahí las amenazas de Trump  de atacar a Irán de nuevo si no negocia  , cuando en el anterior ataque estaban  negociando cuando bombardearon  apoyando a Israel que lo hizo para romper las negociaciones como  había hecho   ya lo mismo con las negociaciones con Hamas en Qatar , un importante aliado de EE.UU. y mediador clave en las conversaciones para un alto el fuego en Gaza..